Para cuando Thomas terminó de explicarle por qué Fabiola había
decidido borrarle la memoria, Luisa seguía confundida, enojada y se sentía engañada…
todos esos sentimientos empezaron a invadirla sin poder dejarla articular
palabra alguna ni dejarla pensar claramente las cosas.
—cálmate — le dijo Thomas al ver que empezaba a temblar,
él supuso que por el enojo — no ganas nada poniéndote así, ordena tus
pensamientos primero antes de hacer cualquier cosa.
—porque pensó que esto era la mejor solución?
—ya te dije, se vio acorralada y eso le pareció lo mejor
en ese momento. Tuvo muy poco tiempo para pensar en algo mejor.
—porque la ayudaste?
—que querías que hiciera? — dijo exaltándose también — se
metió en problemas y me pidió ayuda, no tenía amistad con ella, solo te
teníamos a ti en común y los dos buscábamos el mismo fin — lo miró confundida —
tu bienestar… al explicarme lo que le pasaba decidí ayudarla.
—y todo este tiempo te lo callaste? Estuviste en contacto
con ella siempre?
—no… no la volví a ver desde el día en que te… borraron
hasta el día en que la vimos en el estacionamiento del club — Luisa trataba de
asimilar lo que le estaba diciendo, pero se le hacía muy de ciencia ficción
todo como para que le estuviera pasando en realidad.
—Cinthia sabe todo esto? — él solo se quedó mirándola, no
hizo falta que contestara nada, Luisa sabía que su amiga también estaba al
tanto de todo.
Se levantó del sillón, batallando, se fue a su cuarto y
se encerró hasta el día siguiente.
Solo le dijo a Thomas que la llevara con Fabiola, necesitaba
respuestas y Thomas no le decía más que lo mismo. Al verla tan decidida él la
llevó sin decir nada más.
Afuera del edificio del apartamento de Fabiola, Luisa le
dijo a Thomas que la esperara en el carro. Se bajó quitándole el celular y se
fue ayudada por las muletas, o más bien batallando pues a estas alturas aun no
podía dominarlas del todo.
Fabiola se sorprendió al abrir la puerta y verla ahí y
ella lo notó.
—porque lo hiciste? — preguntó sin darle tiempo de nada y
de manera hosca.
—porque no me resistí más, no…
—¡NO! — la interrumpió de golpe — porque decidiste…
borrarme?
—quieres pasar? — dijo Fabiola soltando un suspiro y
evitando la pregunta — es tu casa después de todo — le dio la espalda y caminó
dentro del apartamento mientras agarraba a Ludovika (que estaba ladrando) para
que se calmara.
—quiero que me expliques porque lo hiciste en lugar de
decírmelo — estaba muy alterada y Fabiola la conocía demasiado bien como para
saber que ella no entendería razones hasta que le dijera lo que quería saber. Se
sentó en el sillón de la estancia dejando a Ludovika junto a ella y subiendo
las piernas pegándolas a su pecho. Luisa entró por fin, pero se quedó en la
entrada.
—me dijeron que te lastimarían — dijo en cuanto cerró la
puerta empujándola con una de las muletas — si no hacia lo que me decían, yo no
hubiera podido soportar que te hubiera pasado algo por mi culpa, era preferible
saberte a salvo… viva… aunque no fuera conmigo.
—quienes? — seguía gritándole — quienes lo hicieron?
—un… terrorista.
—y como dio contigo?
—no lo sé, solo llegaron a mi oficina un día y me dijeron
que debía de fabricarles lo que me pidieran, al negarme… me amenazaron contigo.
—por qué no me lo dijiste?
—porque si te hubiera dicho algo seguramente habrías
hecho algo para evitarlo — Fabiola estaba conteniendo el llanto, le dolía
recordar todo eso — incluso dejar tu carrera, y yo sé cuánto te amas jugar,
simplemente no podía dejarte hacerlo… no por mi culpa… no otra vez.
—pero… otra vez?
—es mejor que te sientes — dijo señalándole la pierna,
pero Luisa no le hizo caso.
—no crees que esa era una decisión mí?
—tuve que tomarla por ti.
—sabes que no recuerdo… — su tono se había vuelto un poco
más arisco, como si tratara de lastimarla a propósito.
—ese era el propósito de…
—que estaba muy bien sin saber nada… ahora no sé qué es
real y que no lo es.
—tu insististe en que te dijéramos y Thomas pensó que era
mejor… que me trataras de nuevo antes de que lo supieras.
—tratar no es lo mismo que… besarme — Luisa bajó la
vista.
—antes no te molestaba — dijo casi susurrándolo.
—¡ANTES NO EXISTE PARA MÍ! — Fabiola solo se quedó en
silencio pero Ludovika se alteró un poco y Luisa empezó a sentirse frustrada,
dio media vuelta y salió por la puerta.
Cuando subió al carro no le dijo nada a Thomas, estaba
enojada con él también por no haberle dicho nada, incluso con Cinthia. Una vez
que llegaron a su apartamento lo único que Luisa hizo fue encerrarse en su
cuarto, alejando a Thomas de ella poniendo la puerta de por medio, que era lo
más podía hacer pues sabía que si le decía que se fuera él no lo haría.
Mientras tanto Fabiola necesitaba desahogarse y a quien
le marcó fue a Angélica y ella fue corriendo a consolarla. Le contó todo lo que
había estado pasando los últimos días y ella solo la consolaba diciéndole que
todo estaría bien, que la reacción de Luisa era normal y que solo necesitaba
darle tiempo a asimilar lo que estaba pasándole. Ella pensó por un momento que Angélica
tenía razón, pero estaba temerosa de que pudiera equivocarse. Le decía que esa
era la reacción ante lo desconocido, primero necesitaba asimilarlo, solo que en
el transcurso la estaba haciendo sufrir, como lo había hecho la primera vez que
la besara, y como en aquella ocasión, en el fondo tenía miedo de que jamás la
perdonara. También sabía que no era justo lo que le hacía a Angélica contándole
sus penas sabiendo lo que sentía por ella, pero Angélica era la única con la
que podía desahogarse y eso era lo único que le interesaba realmente en ese
momento.
Thomas comenzaba a preocuparse por Luisa, ya había pasado
un par de días que no le abría, no le contestaba, no le mostraba señales de
vida, nada. No había comido y Thomas estaba desesperado sin saber qué hacer,
así que, en su momento de desesperación decidió hablarle a Fabiola y decirle lo
que estaba pasando. Ella decidió ir aunque sabía que era muy probable que no
quisiera ni verla.
Trató de abrir la puerta del cuarto de pero estaba
cerrada.
—te lo dije, está encerrada — Fabiola suspiró y tocó la
puerta pero no recibió respuesta alguna.
—no tienes la llave? — Thomas negó — tírala entonces — él
la miró confundido — sí, tírala.
—pero…
—bueno entonces que propones? — se quedó viéndola y después
de pensarlo unos cuantos segundos creyó que esa era la mejor solución. Estando
a punto de darle un buen golpe a la puerta se detuvo acordándose de unas
herramientas que había dejado ahí hacía tiempo y fue por ellas. Consiguió un
desarmador y aflojó la chapa de la puerta logrando abrirla. Fabiola entró al
cuarto, estaba obscuro, las persianas de la ventana estaban completamente
cerradas y Luisa estaba recostada en la cama. Quiso saber si estaba bien y le
dijo también que debía de salir de ahí pero solo recibía el silencio como
respuesta. Después de ella lo intentó Thomas pero obtuvo el mismo resultado. lo
intentaron por un par de días pero no cambio el resultado.
Dejaron pasar un día más y Fabiola lo volvió a intentar recibiendo
la misma respuesta, solo que esta vez la
ignoró y Luisa, al ver que no se iba, por fin le dijo algo, le dijo que se
fuera pero ella no lo hizo, era la más indicada para hacerse escuchar y decidió
intentarlo.
—no puedo — dijo sentándose en la cama, quedando espalda
con espalda con Luisa — no puedo dejar que te abandones de esta manera.
—no tuviste problema para hacer lo que me hiciste antes,
esto te será mucho más fácil — sintió que ese había sido un golpe bajo.
—no, si los tuve… eres lo que más amo y no puedo permitir
que te estés haciendo esto.
—sabes que lo que me dices no significa nada para mí? No
recuerdo nada —sintió un golpe en el estómago, pero ella no sabía que Luisa le
estaba mintiendo, ella recordaba, los últimos días había estado recordando,
aunque no todo, pero lo suficiente como para estar completamente confundida, y
conforme los días pasaban, más cosas recordaba.
—ok, si así lo dices — sabia por Thomas que la droga ya
no le estaba haciendo el mismo efecto, pero aún seguía en su organismo, era
cuestión de tiempo que recordara solo que no sabía cuánto tiempo exactamente,
ella creía que lo que le decía en ese momento era cierto y eso le dolió en el
alma — lo que importa ahora es que te levantes y salgas de aquí.
—vete por favor.
—lo hare… pero levántate primero — Luisa no le dijo nada
— por favor.
—si lo hago te irás? —
por fin un avance.
—si — soltó un suspiro y se colocó boca arriba. Fabiola
se levantó y la observó mientras se sentaba en la cama y trataba de levantarse
pero batalló un poco, y ella la ayudó agarrándola del brazo, quiso soltarse
pero no se lo permitió y cerró más su mano aferrándose a Luisa y ella, al verse
vencida, solo dejó de resistirse y bajó la mirada sintiéndose derrotada y
cerrando los ojos. Fabiola se sentó junta a ella soltándole el brazo para
agarrarle la cara entre sus manos. Ella abrió los ojos y agarró a Fabiola por
las muñecas fuertemente, teniendo otro flashazo de recuerdos en su cabeza.
—te amo, nada, ni nadie, ni aunque pasen mil años, van a
cambiar eso, y si hice lo que hice fue por eso… porque te amo… lo hice porque
preferí saber que estabas viva donde quiera que estuvieras aunque no fuera
conmigo — a Fabiola empezaron a rodarle
unas lágrimas por los cachetes mientras Luisa seguía presionándole las muñecas.
Se sentía como en un deja vu pero la confusión la estaba envolviendo y no le dijo
nada a Fabiola, ella simplemente la soltó y Luisa también lo hizo y salió del
cuarto. Thomas la esperaba afuera y al decirle a grandes rasgos lo que había
pasado él solo suspiró y entró al cuarto mientras Fabiola salía del apartamento.
Se dirigió al suyo en modo automático, se sentía aturdida
por lo que había pasado, jamás pensó que estarían separadas cuando logró que
Luisa la aceptara.
Entró a su apartamento y se sentó en la estancia frente
al televisor pero no la prendió, Ludovika exigía su atención pero ella apenas
si la notaba. Y de pronto, algo vino a su mente y recordó algo de lo que Luisa
le había dicho el día que había estado exigiéndole respuestas.
—sabes que no
recuerdo…
—ese era el
propósito de…
—que estaba muy
bien sin saber nada… ahora no sé qué es real y que no lo es.
Entonces se dio cuenta que Luisa le había mentido, estaba
recordando y cayó en cuenta del porque estaba reaccionando así. Angélica tenía
razón, estaba asustada por lo que estaba recordando, solo esperaba que Thomas
pudiera ayudarla a aclarar su mente. Fabiola sabía por qué estaba reaccionando
de ese modo, no había contado con que esta vez fuera igual, y comenzó a desear con
todas sus fuerzas que resultara como la última vez que Luisa la había tratado
así y corriera a sus brazos al final. Pero prefería no hacerse ilusiones, había
pasado demasiado tiempo desde aquella vez y habían pasado demasiadas cosas
también y no sabía si terminaría volviendo a buscarla justo como aquella vez.
***
Thomas entró a ver a Luisa y la encontró sentada en la
cama, justo como Fabiola la había dejado. Se sentó junto a ella y solo la abrazó
y ella empezó a llorar.
—cálmate, no pasa nada — había apoyado su cabeza en su
hombro y le acariciaba el pelo — todo va a estar muy bien, solo tienes… que
recordar un poco.
—no quiero seguir… no quiero recordar — dijo entre
sollozos pero a Thomas no le pasó desapercibido que ella había dicho “seguir”.
—una vez que recuperes todos tus recuerdos esto será solo
un trago amargo que tuviste que pasar.
—no tuve por qué haberlo pasado.
—tu insististe en que te lo dijéramos.
—no tenía idea de que era algo como esto lo que
escondían… ahora sé porque se me hacía conocida cuando la veía — Thomas soltó
una risita.
—porque insistes en decirle que no recuerdas nada? — le preguntó
de golpe.
—no recuerdo — dijo más calmada y sonando muy segura,
tanto que casi convence a Thomas.
—a mí no tienes por qué mentirme Luisa.
—no lo hago.
—solo Fabiola te conoce tan bien como yo, y tal vez… solo
tal vez pudiste engañarla a ella, pero a mí no — Luisa se levantó de la cama y
se dirigió a la cocina con él siguiendo sus paso. Una vez ahí, agarró una
botella de agua del refri, la abrió y la tomó casi hasta el final — tienes
hambre? — solo se quedó mirándolo — iré por comida, algo en especial?
—una hamburguesa con queso.
—Burguer King? — le asintió — con coca?... no crees que
sea muy pesado después de estos días sin comer? — se encogió de hombros — bueno,
a ver qué pasa.
Después de que comieron (Luisa había dejado la mitad), se
sentaron frente a la tele y Thomas empezó a acosarla de nuevo.
—entonces… por qué le haces creer a Fabiola que no
recuerdas nada? — no contestó, solo tomó el control de la tele y empezó a
cambiarle — sabes que tarde o temprano se dará cuenta? — silencio de nuevo,
actuaba como si no estuviera diciéndole nada. Thomas soltó un suspiro desesperado
y le arrebató el control — quiero saber.
—¡qué?! — le dijo exaltada — que quieres saber?
—porque lo haces? — él también alzó la voz — porque le
dices que no recuerdas?
—por qué no, porque no lo hago.
—no lo haces? — la agarró de los hombros — no sigas más
con eso, necesito que reacciones y salgas de la burbuja en la que te metiste,
yo sé que si recuerdas — y una vez más nada, solo silencio de parte de Luisa — no
entiendo por qué esconder lo que recuerdas.
—¡PORQUE ESTOY ENOJADA CON ELLA, ESTOY ENOJADACONTIGO,
CON CINTHINA INCLUSO… PORQUE ME HICIERON ESTO? PORQUE NO ME DIJERON LO QUE
PENSABAN HACER?! — gritó zafándose de su apretón en que la tenía y prefirió esperar
a que se calmara un poco pues al fin había obtenido una respuesta.
—por qué te conocemos demasiado bien y casi podíamos
adivinar lo que hubieras hecho — le dijo calmadamente.
—¡qué?, que era lo que, según ustedes, habría hecho?!
—habrías dejado todo de lado y ella no quería eso, o incluso
hubieras sido capaz de provocar que cumplieran la amenaza llevando las cosas
demasiado lejos… si no te hubiéramos borrado la memoria no habrías querido
separarte de Fabiola y eso era un riesgo que ninguno de los dos estaba
dispuesto a correr — Luisa se quedó mirándolo aun con los ojos encendidos del
enojo pero no dijo más.
Luego, Thomas vio como volvió a su burbuja poco a poco y no
quiso sacarla, no por el momento, no quería desgastarla más. La agarró entre
sus brazos y la llevó al cuarto, la recostó en la cama y le acomodó la pierna
izquierda a modo que estuviera cómoda y luego se recostó enseguida de ella y la
abrazó hasta que se logró quedarse dormida.
***
Fabiola estaba en su cama acostada tratando de dormir,
pero no lo conseguía. Su teléfono sonó en eso y evitó que siguiera con su pobre
intento de quedarse dormida.
—te desperté? — era Thomas.
—no, no puedo dormir. Qué pasó?
—nada… pero al fin conseguí que comiera.
—como lo lograste?
—fuiste tú de hecho, al irte fui con ella, salió por su
propio pie… cojeando — Fabiola soltó un intento triste de una risita — y comió.
—bien…
—no vendrás mañana?
—no.
—porque no?
—no quiero… enfrentarme más a ella — su voz tembló un
poco y él lo notó.
—no tienes por qué hacerlo… ya lo hice por ti.
—por mí? — se notaba confundida.
—sí.
—cómo?
—eso no importa, el caso es que debes seguir
presionándola.
—no… no quiero que me siga diciendo… esas cosas, no sé si
lo soportaría.
—está enojada por lo que le hicimos, por eso te las dice,
pero sabes que cuando el enojo empiece a ceder ella vera las cosas desde otro
punto.
—si recuerda? — fue más confirmando lo que ya sospechaba
que una pregunta.
—sí, recuerda, la droga deja de hacer efecto más rápido
de lo que esperábamos — el corazón de Fabiola dio un brinco al escucharlo decir
“si” — no todo, pero tiene algunos recuerdo — él no la veía pero sabía que estaba
sonriendo — vendrás a verla?
—sí, pero mañana no… y probablemente pasado tampoco.
—quieres esperar a que se le pase el enojo? — su tono
ahora era un poco burlón.
—si — Thomas notó que su voz sonaba distinta a como le
contestó — cuando se enoja así tarda en que se le pase el enojo… no sabes lo
que ha recordado?
—no, no he querido preguntarle.
—ok, no importa… solo… cuídala bien, ok?
—por supuesto, nos vemos en dos días.
Siguió sin poder dormir después de colgar pero ahora era por
la emoción que sentía, Luisa recordaba lo que habían vivido y para ella no
existía mejor noticia que esa.
***
Fabiola se mantuvo alejada de Luisa como lo había dicho,
aunque moría de ganas de ir a verla, solo que sabía que debía de darle espacio
para dejar pasar su enojo y de paso que recordara más cosas. Mientras tanto, se
dedicó de lleno a trabajar en el laboratorio, y por supuesto Román notó
inmediatamente su cambio de actitud, aunque no llevara su sonrisa dibujada en
los labios, su mirada era diferente.
—que has estado haciendo? — le preguntó parado desde la
puerta de su oficina.
—haciendo de qué? — contestó levantando la vista de la
laptop algo confundida.
—no se… te noto… diferente.
—diferente cómo?
—no se explicártelo, pero pareciera que sonríes?
—eres un tonto — dijo sonriendo — siempre sonrió.
—no, antes si, hace mucho tiempo, pero ya no…
—exageras.
—ok sí, pero, no sé, lo que estés haciendo sigue
haciéndolo, eres hermosa cuando sonríes — ella volvió a sonreírle — tú y tu
amiga volvieron a verse?
—aun no, pero quizá pronto.
—no lo olvides, quisiera conocerla por fin — ella asintió
y Román se fue su oficina dejándola volver a su trabajo.
Incluso Angélica había notado su cambio de humor y cuando
se lo hizo saber, Fabiola no pudo evitar mostrarle una gran sonrisa contándole
todo, aunque ella aun la rechazaba, tenía confianza en que volvería a sus
cabales, para ella no existía la posibilidad de que Luisa ya no la amara.
***
Tan solo unos días habían pasado desde que Fabiola
obligara a Luisa a salir de su burbuja (aunque allá sido por unos momentos), ella
seguía en su mismo estado de ánimo pero ya no estaba tan enojada con Thomas ni
se la pasaba encerrada, ya comía, no como de costumbre, pero Thomas no la
quería obligar, se conformaba con que ya lo hiciera, aunque fuera un poco.
—Oliver ha estado marcándote muchas veces — dijo mientras
desayunaban sentados en la mesa cerca de la cocina, pero Luisa no dijo nada, ni
siquiera despegó la vista de su plato — la próxima vez no te cubriré.
—deberías hacerlo, me debes una grande — dijo en tono
molesta y sin voltear a verlo.
—y estar de tu niñero no es suficiente? — contestó
sarcásticamente.
—no — contestó pensativamente — no lo es.
—no lo es? ok, entonces piensa en esto, qué harías un día
sin que yo te esté ayudando? — Luisa lo fulminó con la mirada — no sería nada
fácil verdad?
—no lo sé — seguía diciendo las palabras tono monótono —
aun así creo que no alcanza para lo que mi hiciste.
—pero es que no te hice nada.
—sí, tú y… ella confabularon en contra mía.
—no, eso no es confabular… ok, a lo mejor sí, pero fue por
tu bien.
—no importa las intenciones que hayan tenido, me hicieron
a un lado y me ocultaron todo.
—o sea que lo que te molesta de todo esto es que te
hayamos hecho a un lado?
—no, bueno si un poco, pero no tanto como el hecho de que
me lo ocultaran… que no fueran capaces de confiar en mí — ahora había un poco
de emoción en su voz y Thomas pensaba aprovechar la recta.
—no es que no fuéramos capaces de confiar en ti, ya te
dijo Fabiola, ella no quería, que por su culpa, o al menos ella así se sentía,
dejaras lo que más te gusta en la vida — Luisa se quedó pensativa durante unos
minutos.
—pero… — en eso sonó el teléfono interrumpiéndolos.
Thomas se levantó a contestar y después de unos segundos volvió con el teléfono
en la mano.
—es Oliver.
—por qué no le dijiste que no estaba? — preguntó
susurrando, él solo se encogió de hombros sosteniéndole el teléfono — bueno.
—Luisa, hasta que
puedo encontrarte, donde te habías metido?
—por aquí y allá… ya sabes.
—me imagino… como
es que Thomas te deja andar de arriba para abajo con la rodilla así?
—pues no sé, sabe que puedo manejarme sola — Thomas la
miró entrecerrando los ojos.
—probablemente...
bueno hablo para ver si, en tu tan ocupada agenda, puedes ir a comer conmigo,
tal vez ahora? O mañana, como te sea mejor.
—pues no lo sé, deja preguntarle a Thomas si no hay nada
para mañana — lo miró buscando apoyo.
—no, mañana estas libre — lo miró desafiante pero él
estaba como si nada.
—mañana será entonces — dijo resignada.
—perfecto, paso por
ti a las dos.
—ok, nos vemos.
—a lo mejor no es con quien deberías salir, pero es una
solución temporal — dijo sonriéndole burlonamente.
—por qué no inventaste algo?
—no quieres salir con él?
—no quiero salir, punto.
—porque no? es lo que necesitas, aunque repito, él no es
la mejor opción.
—y con quien debería salir, según tú?
—con Fabiola — Luisa puso una expresión seria que él no
pasó por alto — pero por lo pronto él bastara — se levantó y puso los platos en
el lavavajillas.
—no lo hare — se movieron a la estancia y se pusieron a
ver tele.
—tu otro apartamento es más grande que este — le dijo sin
más y Luisa lo miró confundida — el de Fabiola — Luisa se quedó en silencio —
tan solo por eso deberías de dejar ese enojo de lado.
—no… es tan simple.
—porque no? una extraña para ti no es.
—sí lo es.
—si buscas bien adentro de aquí — le dijo señalándose la
sien — te darás cuenta de que no.
—que puedo buscar ahí?
—el complemento de los recuerdos que te han estado
llegando — lo miró entre sorprendida y confundida — si Luisa, sé que estas
recordando y no, no soy el único que lo sabe.
—y por qué no me lo dice? — le preguntó de pronto.
—porque no quiere presionarte demasiado — Luisa se quedó
mirando el vacío y no dijo más.
Thomas se acercó a ella y la abrazó besándola en la
cabeza muy paternalmente.
Oliver llegó por Luisa puntualmente y como siempre ella
no estaba lista. Peleaba con Thomas por haberla hecho salir con él, ella aún no
se sentía con ánimos de hacerlo pero no tenía más remedio, así que salió (mas a
empujones de Thomas que por animo propio) a donde la esperaba.
Fueron a un restaurant italiano y mientras ordenaban, Oliver
pidió una botella de vino, el mesero la llevó y les sirvió la primera copa en
lo que la comida estaba lista.
***
Fabiola estaba en su oficina bastante concentrada en su
trabajo, lo había tenido un poco abandonado y estaba poniéndose al día. Aunque
no estaba retrasada para nada, siempre tenía todo adelantado al estar todo el
día metida en el laboratorio o su oficina. En eso, Román entró
intempestivamente sacándola de concentración.
—el jefe quiere que vayamos a comer.
—por qué? — lo miró confundida.
—no lo sé, es bueno que ahora tengas
ese humor… diferente, porque no creo que de esta nos podamos zafar.
—seguro? Tengo que hacer algunas cosas aun.
—no creo que eso te sirva de excusa — en eso su jefe,
Martyn Douglas, entró en la oficina.
—qué bueno que los veo juntos, necesito platicar con
ustedes dos, vamos a comer y les digo todo ahí.
—pero estoy actualizando las cosas de la semana pasada
de…
—no, no — agitó su mano para interrumpirla — eso puede
esperar, es importarte discutir algunas cosas — sin más remedio salieron de la
oficina siguiendo a su jefe.
***
Llegó el mesero con la orden, Luisa había pedido
hand-roller gnocchi, aunque en realidad quería pedir un corte pero mejor optó
por ese plato. Oliver ordenó un tenderloin de 10 onzas. Inmediatamente que el
mesero se fue Luisa metió su tenedor en el plato de él y le robó unos
espárragos sonriéndole.
—no comprendo cómo es que te gustan esas cosas — Luisa se
encogió de hombros y siguió comiéndolos.
En otra mesa del mismo restaurant, no cerca pero si a la
vista, Fabiola estaba sentándose junto con su jefe Martyn Douglas y Román Smith, su compañero. Les tomaron la
orden y Martyn Douglas empezó a
contarles la urgencia que tenía.
—los registros de la semana pasada pareciera que tienen algunos
cambios. Tu Fabiola, que estabas haciendo las actualizaciones, debiste de
haberte dado cuenta.
—sí, de hecho había una que otra incoherencia pero como
no había avanzado mucho pensé que sería algún error mío.
—no, de hecho está plagado de esos cambios intencionales una
vez que te fijas bien — Martyn Douglas se quedó observándola — evidentemente
hay alguien que está provocándolos,
probablemente con la intención de retrasarnos y sacar la información
correcta del laboratorio y entorpecer nuestro trabajo — esperó a ver como
reaccionaban antes de seguir pero los dos solo lo miraban expectantes — y
tenemos que averiguar de quien se trata.
—entonces está diciendo que confía en nosotros? —
preguntó Román.
—si… sé que no es ninguno de los dos — les dijo al fin.
—y como puede estar tan seguro? — preguntó Fabiola
confundida.
—por qué los he estado vigilando de cerca a los dos.
—desde cuándo?
—hace algunas semanas — Fabiola se sintió como un niño
atrapado en la travesura, había estado faltando mucho los últimos días.
—entonces, fuera de nosotros dos, todos son sospechosos?
— Martyn Douglas asintió — y cómo piensa encontrarlo?
—ahí es dónde ustedes van a ayudarme — los señaló a ambos
con el índice y ambos lo miraban expectantes — van a actuar como si nada y como
tu Fabiola estas actualizando todo, deberás darte cuenta de lo que les digo. No
dirás nada, solo se lo comentaras a Román de vez en cuando frente a algunos, el
siguiente frente a otros y así sucesivamente. Tendrán que estar atentos de la
reacción de todos y decirme que opinan. Como solo los jefes de departamento
tienen su computadora propia es imposible saber quién hace los cambios, incluso
aunque encontremos la máquina de la que lo hicieron.
—pero por la hora puede saberse quien fue, no? — preguntó
Román.
—eso pensé, pero no podemos acusar al que este frente a
la computadora en ese momento. Pudieron haber puesto cierta clave que, al
acceder cualquiera, los cambios se realizan, o pueden incluso hasta ser dos los
que trabajan en la misma computadora. No podemos más que hacer una
investigación a fondo solo nosotros tres.
—y solo nosotros sabemos de esto? — preguntó Fabiola.
—otro directivo, pero él lo dejó en nuestras manos, no es
muy hábil para esas cosas — dijo sonriéndoles. Luego siguió diciéndoles lo que
tenía pensado hacer, pero Fabiola empezó a distraerse de la plática cuando
alcanzó a distinguir a lo lejos sentada en una mesa a Luisa, estaba con el tipo
con el que la había visto el día de su cita con David.
La veía que estaba comiendo del plato de él y veía como
le sonreía al hacerlo y sintió unos celos incontrolables. Luisa solía hacer eso
con su plato y sabía también que no lo hacía con cualquiera, él tenía que ser
alguien muy cercano a ella y eso fue terrible, la felicidad que había estado
sintiendo los últimos días se esfumó así de fácil.
***
Luisa no se sentía incomoda estando con Oliver pero no tenía
muchas ganas de platicar. El parecía entenderlo y no lo tomó personal cuando la
notaba un poco seria. Se sentía bien cuando robaba sus espárragos y las
brúcelas de su plato y le sonreía, a él no le gustaban, y aunque así fuera, no
le importaría dárselas.
Casi había terminado su plato cuando comenzó a tener la
sensación de ser observada. Al principio pensó que era paranoia por haber
estado encerrada algunos días, pero después lo sintió más intensamente y
mientras Oliver le contaba lo que le había pasado, localizó la fuente de
aquella sensación. Fabiola estaba como a cinco o seis mesas de ella, y por un par
de segundos, las dos se miraron a los ojos provocando que el corazón de ambas se
acelerara.
—te aburro? — le preguntó Oliver sacándola del trance.
—no — le sonrió pero luego borró la sonrisa — claro que
no.
—qué pasa? Porque de pronto te pusiste… más seria?
—nada, no pasa nada… estaba pensando cuanto más tendría
que aguantar la férula — Luisa decidió ignorar a Fabiola y no mirarla más y actuar
como si no estuviera ahí y de hecho mostrarse más amigable con Oliver — me
siento algo cansada, podemos irnos ya? — pero prefirió no soportar
más aquello, aunque ella decidiera ignorarla presentía que Fabiola no lo haría.
—pero… ok — le hizo señas al mesero para que le trajera
la cuenta, aún no habían terminado, les faltaba poco, pero Oliver no dijo nada,
Luisa le había dado una gran sonrisa y eso lo desarmó.
Se levantaron, él ayudó a Luisa con las muletas y
salieron del restaurant. Luisa no volteó a ver a Fabiola para nada pero sentía
su mirada sobre ella.
***
A partir de eso, Fabiola se quedó en completo silencio, Román
lo notó pero no dijo nada hasta que su
jefe se levantó al baño y aprovechó el momento.
—qué pasó? Te cayó de peso lo que nos dijo? De pronto te
pusiste seria… igual que antes.
—que antes? — dijo distraídamente.
—si… cuando lo único que hacías era trabajar.
—no, sigo igual… igual que ayer y que siempre.
—no, ayer no eras igual que siempre, pero hoy si estas
igual que siempre.
—no, no es cierto — seguía distraída — imaginas cosas.
—no, no lo hago… cuando te conocí eras una persona muy
alegre. Te fuiste de “vacaciones”, que por cierto, nadie sabe que trabajó hiciste
para el jefe durante cuatro años, y cuando regresaste tu humor era taciturno,
como este que tienes. Por qué no me dices lo que te pasa, que es lo que te
tiene con esos altibajos? A donde fue que fuiste?— Fabiola se quedó observándolo.
Iba a hacerlo, iba a decirle todo, abrió la boca para contarle por fin que era
lo que le pasaba y a donde había ido, pero su jefe arruinó la oportunidad al
llegar en ese momento. Román solo maldijo entre dientes, sabía que había perdido la oportunidad, única
tal vez, de que Fabiola le dijera que era lo que estaba pasando con ella y se
lamentó enormemente.
***
En el camino de regreso, Luisa iba muy seria, ya no
sonreía como lo hizo en el restaurant, incluso lo ignoraba, y cuando Thomas la
vio entrar con la cara hasta el suelo, Oliver le contó a grandes rasgos que
había pasado sin que ella se diera cuenta, estaba algo seria pero platicaba y
de pronto se puso pálida y se quiso ir y así es como estuvo todo el camino.
—se puso pálida? — le preguntó algo preocupado — se
sintió mal?
—no me dijo nada, solo que se quería ir y eso hicimos.
—iré a ver que tiene.
—me avisas? — Thomas le asintió y se dirigió a verla
mientras Oliver se iba.
Al entrar al cuarto ella estaba sentada en la orilla de
la cama con la mirada como perdida.
—te sentiste mal? — se sentó junto a ella y puso su mano
en la frente de Luisa.
—no.
—entonces que pasó? — se quedó observándola mientras Luisa
decidía si decirle o no, pero luego de pensarlo bien decidió hacerlo pues seguramente
Fabiola lo haría de todos modos.
—la vi… a Fabiola — la miró con el ceño fruncido — en el
restaurant — dedujo al instante lo que había pasado pero quiso escuchar su
versión.
—y que pasó? Te dijo algo?
—no… solo me miraba… desde su mesa.
—y que hiciste?
—nada… hice lo mismo, no podía creer que me la topara ahí
— Luisa bajó su cara apoyando su frente en la palma de su mano y Thomas sonrió
divertido.
—y que pasó?
—nada, solo eso, pero no me quise quedar y le dije a Oli que
me trajera.
—ese Oliver — le dijo sin poder quitar su sonrisita —
haces lo que quieres con él. Sigues enojada conmigo? — Luisa asintió — y con Fabiola?
— volvió a asentir — más con ella que conmigo? — le pregunto aun sonriendo y
después de pensarlo un par de segundos Luisa negó con la cabeza — y si te doy
esto? — sacó un snicker de la bolsa de la pantalonera que traía.
—lo pensare — dijo agarrando el chocolate.
—que tal con Cinthia?
—ella me las va a pagar en cuanto venga.
—sabes que ella no tiene la culpa de nada, verdad?
—aun así, me lo ocultó igual que ustedes.
El celular de Thomas sonó en eso en la estancia y el
corrió a contestarlo.
—es una broma? —
le dijo Fabiola en cuanto le contestó — la
saco de su burbuja para que salga con él?
—no deberías de verlo desde ese punto.
—entonces de cuál?
—que él la está sacando de la burbuja a la que se metió
de nuevo — Fabiola se quedó callada — sí, volvió a meterse ahí después de que
la sacaras, por eso insistí en que saliera… aunque fuera con él.
—estaba comiendo de
su plato — le dijo con desesperación.
—a veces hace eso con él.
—ella no come del
plato de nadie que no sea cercano.
—lo sé.
—a él le gusta… vi
como la miraba — dijo más calmada.
—sí, le gusta — de nuevo silencio de parte de ella — por
eso deberías de apresurar tus movimientos.
—a que te refieres?
— preguntó intrigada.
—tú lo dijiste, a él le gusta y ella está enojada… eso
deberá de hacértelo interesante — quiso saber si con eso dejaría la indecisión
y enfrentara de una buena vez a Luisa — por qué no lo haces ahora mismo?
—no creo que sea
oportuno — Fabiola ya estaba algo más calmada, parecía que su plan había
funcionado.
—así no llegaras a ningún lado.
—ya veremos mañana
— Fabiola dedujo lo que intentaba hacer.
—ven, habla con ella.
—me tengo que ir,
nos vemos mañana.
—ok — contestó sonriéndose a sí mismo al ver que Fabiola
no había caído en su pequeño juego.
***
De vuelta en el laboratorio, Fabiola y Román no podían
evitar mirar a todos sus compañeros de diferente manera. Lo que el jefe les había dicho los había
regresado con una desconfianza hacia todos.
—ahora hasta siento que me ven raro — le dijo Román a Fabiola.
—a ti siempre te ven raro.
—a que te refieres?
—a nada — le sonrió.
—no, cómo raro?
—bueno, siempre andas de aquí para allá, haces gestos
graciosos y tus comentarios a veces están fuera de contexto — la miró
confundido — nadie los entiende.
—por eso me ven raro? — entraron a la oficina de Fabiola
y Román cerró la puerta.
—bueno, más bien es por tu hiperactividad pero lo demás
también influye.
—y por qué no me lo habías dicho? — le preguntó
sentándose frente a su escritorio.
—no lo sé, tú le dirías a… ok a lo mejor tu si — dijo después
de pensarlo rápidamente — pero los demás que tenemos un poco de sentido común
no lo hacemos, decimos indirectas.
—a mí me está pareciendo muy directo — Fabiola sonrió.
—te lo digo porque, a pesar de todo, me caes bien.
—en serió? — preguntó algo escéptico y ella asintió — que
sería si no te cayera bien?
—no te hagas el mártir, a mí no me parece irritante tu
forma de ser.
—eso quiere decir que has convivido con alguien como yo.
—no, nadie es como tu… pero si, unas poquitas de tus…
cualidades las tiene… vete a trabajar — de pronto su estado serió volvió de
nuevo.
—quien, quien las tiene?
—nadie, vete.
—tu amiga? Luisa? — Fabiola lo miró seria y Román se dio
cuenta que había tenido su segunda oportunidad en el día de saber algo más de Fabiola,
pero ella había cambiado de opinión en el último momento y ahora solo lo miraba
con el brazo extendido señalándole la puerta.
Pasaron los días siguientes haciendo lo que su jefe les
había dicho que hicieran, pero no habían visto nada fuera de lo normal. Algunas
veces preguntaban a los demás cosas que pudieran decirles algo, pero nada escuchaban
que les hiciera pensar que alguien estuviera cambiando la información o algo por
el estilo.
Fabiola había vuelto al modo en el que solo el trabajo
existía para ella desde el día en que viera a Luisa en el restaurant. Sentía
una especie de opresión en el pecho cuando recordaba cómo le sonreía a ese
tipo, era lo único en lo que pensaba, estaba muriendo de celos a pesar de que ella
nunca había sido celosa ni posesiva, pero desde esa tarde, lo era. No hacía más
que imaginarla feliz y sonriente, como era ella, con él.
—volviste a tener esa… actitud — Román la sacó de sus
pensamientos. Ella solo lo miraba en la puerta — desde el otro día, en el
restaurant.
—porque preguntas tanto sobre mis cambios de actitud?
—porque, y aunque no lo creas, me importa lo que te pase
— Fabiola soltó un profundo suspiro.
—no puedo decirte lo que me pasa — dijo por fin
recargándose en su silla y soltando la pluma.
—porque no?... tu eres el infiltrado?
—no — le sonrió.
—la sonrisa no te dura como hace días.
—vaya… quien diría que fueras tan perceptivo.
—es que ahora solo en ti puedo confiar.
—un día te lo diré… todo.
—ok, es una promesa… mientras tanto, David quiere salir
contigo.
—no… no puedo.
—porque no? que tienes que hacer? — no le contestó, solo
se quedó mirando la nada — ahh, David tiene competencia — de nuevo silencio —
quién es?
—nadie.
—vamos, jamás me tomaste por tonto.
—no, jamás lo hice…
—entonces dime.
—no, no puedo.
—se quién es — Fabiola lo miro directamente y un tanto
nerviosa — Angélica está enamorada de ti, lo sabias? — respiro relajándose.
—por qué lo dices?
—he visto cómo te mira, ella te ama — solo le sonrió,
ella lo sabía, él no obtendría mucho de Fabiola por ese momento — oye, hace
días quería preguntarte — dijo cambiando de tema drásticamente — tu amiga, la has visto? — Román hizo que Fabiola
sintiera nervios de nuevo pero lo disimuló, si tan solo él supiera que era ella
quien le robaba la tranquilidad.
—la vi, poco.
—nunca me dijiste porque te peleaste con ella, es por eso
que recuperaste tu humor?
—no me peleé con ella, solo… dejamos de vernos.
—aja, te lo repito Fabiola, no soy un tonto, tu tuviste
una discusión con ella, fue por algún tipo? Por eso te empeñas en no salir con
nadie? — se levantó de la silla y rodeó el escritorio.
—vamos, hay que ir con el jefe.
—no me dirás que pasó? — negó con la cabeza y Román la
siguió resignado.
No comprendía porque Fabiola tenía tanto secretismo
respecto a su vida. Lo pensó detenidamente y se dio cuenta que, durante los años
que habían trabajado juntos (eso sin contar las “vacaciones” tan largas que se
había tomado) sabía muy poco de su vida personal. Todo lo que sabía era contado
por ella, pero no era nada importante. Sabia donde vivía pero no si lo hacía
con alguien, las pocas veces que fue a su casa parecía estar sola. También sabía
que le gustaba la comida china y creía recordar que alguna vez le dijo que le
gustaba cocinar. Le gustaba el tenis pues la había encontrado algunas veces
viendo algún partido, sabía que Angélica y ella eran muy unidas, y sabia
también de su amistad con la tenista famosa pero no sabía por qué habían dejado
de frecuentarse. Nada más y entonces decidió ponerse la tarea de que lograría
que le contara todo de ella.
***
Casi una semana había pasado desde que se topara en el
restaurant con Fabiola, por fin había salido de su burbuja, solo que seguía con
el ánimo por los suelos, aunque su cabeza no dejaba de pensar en lo que estaba
pasándole. Mientras tanto, Thomas le hacía compañía en su casa.
Esa tarde estaban viendo un capítulo de los Simpson y él
pensaba en cómo seguir provocándola para que reaccionara. Pero en eso, y
tomándolo por sorpresa, se levanta intempestivamente del sillón, caminó hacia la
puerta y salió sin decirle nada. Él no sabía lo que se proponía por lo que
salió detrás de ella pero se frenó al verla esperando el elevador, ella lo
sintió llegar pero ni siquiera volteó a verlo.
—a dónde vas?
—necesito ir… a un lado.
—no quieres que te lleve?
—no…
—segura? — negó con la cabeza, el elevador abrió las
puertas — espérame, te llevaré — cuando volvió con las llaves del carro ella seguía
igual que como la había dejado.
—no sé si quiera que me lleves — tenía una expresión de
confusión.
—a dónde vas?
—no sé si deba ir — Thomas la miró confundido.
—quieres ir con Fabiola? — negó con la cabeza sin
convicción — ven — le extendió la mano — yo te llevaré cuando estés lista…
mañana, tal vez — entraron al apartamento y se volvieron a sentar en el sillón
a ver la tele, solo que no la veían realmente.
El resto de la tarde ella volvió a ensimismarse, más de
lo que ya había estado. Thomas sabía lo que pasaba por su cabeza pero prefirió
que ella sola se las arreglará sola esta vez y esperó el momento oportuno para
hablarle.
—quieres que le hable y le diga que venga? — ella solo
negó con la cabeza.
—qué crees que debo hacer? — le preguntó después de unos
minutos con expresión confusa.
—no puedo decirte que hacer Luisa… tu qué quieres hacer?
— solo se quedó mirando hacia al frente — mira, es obvio que tus recuerdos
volvieron y por eso estas confundida, pero si aún sientes lo que sentías por
ella pues no sé qué es lo que estás haciendo aquí sentada pensándolo tanto.
—no sé qué es lo que siento… — Luisa lo miró desesperada —
no sé qué es lo que sentía…aun no tengo las cosas claras.
—debes de tenerlas claras… concéntrate — puso sus dedos
índices sobre las sienes de Luisa y empezó a hacer círculos — que te dice tu
cabeza?
—no… se… ella y yo estuvimos juntas… hace mucho… en ese apartamento…
y…
—quieres que la llame? — habían empezado a salir lágrimas
de sus ojos y no le contestó — si?
—y que le digo?
—no le tienes que decir nada solo deja que ella te diga
lo que tiene que decirte.
—no sé si quiera estar con ella.
—bueno, pues no lo sabrás hasta que no hables con ella…
si descubres que no quieres ahí estaré.
—no sé si sea capaz de sentir lo que sentía… puede pasar
eso?
—si — dijo algo consternado — puede ser que la hayas
olvidado… que no la quieras —
—me hicieron lo que Clementine hizo para olvidar a Joel —
Thomas no pudo evitar reír.
Se quedaron los dos en silencio sentados hasta que Thomas
tomó el teléfono sin decirle nada y marcó.
—puedes venir?... si… pues no mucho… confundida — Luisa
volteó a verlo al comprender con quien hablaba y negaba con la cabeza pero él
no le hizo caso — aja… si, mejor de una vez… ok… bye.
—te dije que no.
—es mejor así, confía en mí.
—empiezo a dejar de hacerlo — el a miró profundamente.
—no deberías — se levantó y fue a la cocina volviendo a
los pocos segundos con un vaso con agua una pastilla.
—qué es?
—un calmante — le dijo sonriendo.
***
Fabiola estaba en su oficina y en cuanto colgó con Thomas
guardó todo lo que estaba haciendo y salió al estacionamiento. Román trató de
preguntarle qué pasaba pero ella solo siguió caminando sin decirle nada. Subió
a su carro mientras los nervios la mataban, un camino que generalmente
recorrería en menos de 20 minutos lo hizo casi en media hora. No sabía que
esperar cuando llegara pero, si Thomas le había dicho que fuera, era porque Luisa
estaba más calmada.
Una vez que estuvo frente a la puerta del apartamento se
quedó parada ahí, solo mirando la puerta y, después de estar otros quince
minutos pensándolo, decidió irse, dio dos pasos para atrás y luego se detuvo y
volvió a observar la puerta desde ahí. ¡Qué demonios!, pensó para sí y se lanzó
sobre la puerta tocándola en un acto de pura impulsividad.
Thomas abrió y la hizo pasar, Luisa estaba en el sillón
acostada con la pierna lastimada del lado del respaldo del sillón, parecía
estar dormida.
—le di un calmante, pero creo que me excedí.
—sí, ya veo — dieron unos pasos en dirección al sillón y
se quedaron los dos parados viéndola. En eso abrió los ojos y vio que la
miraban pero como no veía muy bien tuvo que esperar a que su vista se enfocara.
Giró la cabeza y buscó sus lentes en la mesita, Thomas se acercó para alcanzarlos
y dárselos y luego se fue a la cocina dejando a Fabiola ahí.
Fabiola avanzó unos pasos y se sentó en la esquina de la
mesita lentamente. Luisa se puso los lentes sin levantarse e inmediatamente su
vista se aclaró.
—sigues… sin querer verme? — su voz temblaba un poco pero
Luisa no le dijo nada — porque yo…
—podrías decirme si, después de todo este tiempo, aun…
sientes algo… — su tono era calmado, nada que ver con la histeria que había estado
en su voz los últimos días, el calmante que le había dado Thomas surtía efecto.
—sí… aun te amo, te lo dije, eres lo único en lo que
pensaba durante este tiempo.
—pero no sabías si volverías a verme.
—no lo sabía, pero eso no importaba.
—y por qué decidiste aparecer de nuevo? — Luisa no se
había levantado, solo se limitaba a interrogarla desde su posición nerviosa,
incluso sus manos temblaban un poco, solo que Fabiola tenía sus propios
pensamientos en la cabeza como para darse cuenta de eso.
—no lo decidí a la ligera, cuando menos pensé ya estaba
en el estadio, y en el momento en que te vi de nuevo sentí como mi mundo se
estremecía… eso es lo que me ocasionas — Luisa movió su cabeza de un lado a
otro y se quedó mirando el respaldo del sillón.
—no pensaste que yo podría haber tenido una vida hecha…
sin ti?
—sí, lo pensé, lo creí de hecho… pero lo único que quería
era verte, desde que vi ese anuncio en el periódico y vi tu nombre empecé a
actuar sin sentido.
—evidentemente — susurró pero Fabiola la escuchó.
—no quise provocarte ningún problema pero…
—pero solo pensabas en ti.
—no, eso no es cierto. Durante 6 años solo he pensado en
ti, me distancie de ti porque creí que era lo mejor, pero simplemente ya no
pude más… y Thomas pensó lo mismo — Luisa se levantó un poco recargándose en
sus codos.
—esa no es excusa... — seguía calmada pero Fabiola notaba
que aún estaba algo enojada, su cara estaba roja por el coraje que sentía, era
como si hubiera viajado en el tiempo cuando se enamoró de ella y Luisa estaba
confundida y asustada por descubrir que ella también de Fabiola — moviste todo
lo que pensaba había hecho… y ahora ya no sé qué creer.
—no tienes más que saber la verdad — Fabiola se movió un
poco a la izquierda quedando más cerca de su cara — y la verdad es esta… te
amo, siempre lo he hecho y jamás dejare de hacerlo. No sabes el esfuerzo que
tengo que hacer para no lanzárteme encima y besarte, y acariciarte, y amarte
como antes, pero tengo que detenerme, lo hago porque es lo que necesitas y yo
daría lo que fuera por darte todo lo que quieras y necesites, sin importar que
lo que yo necesite.
—pero… — Luisa había empezado a perder el control y su
corazón se aceleraba — aún no se… que es lo que…
—no tienes que saberlo ahora, no pienso presionarte de
ninguna manera, solo quería decirte todo esto.
—ok — apenas le había salido la voz — pero aun así… que
pasará cuando lo recuerde todo y descubra que no… siento lo mismo… que antes?
—entonces simplemente te dejare en paz — Luisa notó como
la voz de Fabiola se quebraba, las dos quedaron en silencio durante un buen
rato.
—el día del restaurant… que hacías ahí? — rompió el
silencio y volvió a recostarse en el sillón.
—estaba con mi jefe y un compañero del trabajo.
—si — dijo para sí misma — trabajas en un laboratorio?
—si… ese día me sentí… fatal — Luisa la miró confundida —
ese día estabas con él… y ya te había visto antes con él también, caminando de
su mano en la calle… sonriéndole, el solo hecho de que pudieras estar con él…
solo pensaba en que antes habías sido mía y eras feliz en mis brazos — las lágrimas
de Fabiola empezaron a rodar por sus cachetes sin que pudiera controlarlas — y
mientras yo estaba sufriendo por ti tú podrías estar con alguien más… con él —
Luisa se alegró, su plan había funcionado, la había hecho sentir celosa.
—eso que me dices no lo recuerdo — a Luisa le tembló la
voz al decir esa mentira, ese día había estado teniendo recuerdos fugaces de lo
que le estaba diciendo.
—tú y yo… teníamos algo — Fabiola sospechó que lo que le
decía no era cierto, pero no estaba 100 por ciento segura y no quiso
confrontarla — vivíamos juntas — buscó algo en su bolsa y se deslizó aún más
hacia la cara de Luisa para dárselo, era un portarretrato, el mismo que había
estado con ella durante ese tiempo que estuvieron separadas — nunca fui celosa
ni posesiva, los celos siempre me parecieron algo estúpido e inmaduro, y ahora
no puedo evitarlos, no importa quien se te acerque, yo muero de celos — su voz
sonaba algo alterada pero era obvio que se estaba controlando con todas sus
fuerzas — eras mía y me dijiste que siempre lo serias, y ese día cuando te vi
de nuevo con él en el restaurant me volví loca, quise levantarme en ese momento
y tomarte entre mis brazos… como antes… pero no podía — Luisa se quedó acostada
sin decirle nada, lo que le había dicho lo recordaba, y claramente, ahora que
se lo había contado.
Estiró su mano para agarrar la de ella, pero al tocarla,
Luisa sintió una descarga eléctrica que la hizo quitarla inmediatamente. Fabiola
la conocía muy bien y sabía por lo que debía estar pasando, justo como la
primera vez, debía darle su espacio para que asimilara todo, si es que, como le
había dicho, no había dejado de sentir lo que solía sentir por ella. Se asustó
de tan solo pensar que así fuera, dejó el portarretrato sobre la mesa, se
levantó y se encaminó a la puerta en silencio.
—me moriría si al final descubres que todo este tiempo
hizo que dejaras de amarme — dijo de frente a la puerta antes de irse — pero si
es así, no sabrás de mi jamás — Luisa temblaba, y al escucharla decir eso, casi
siente como se le detiene el corazón al escuchar el sonido de la puerta al
cerrarse cuando Fabiola salió del apartamento.
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