miércoles, 24 de febrero de 2016

Capitulo III

Antes de que Fabiola llegara, Luisa estaba en casa frente a la pantalla cambiando de canal buscando algo que ver y lo único que encontró que le llamara la atención fue una película. La empezó a ver, pero al rato perdió el interés y mejor optó por hacer algo de cenar, y ya que no era muy buena cocinando, solo hizo unos sándwiches, cuatro, dos para cada una y mientras terminaba de hacer el último, Fabiola entró al apartamento.
—hice la cena — gritó desde la cocina.
—estabas muy aburrida? — le sonrió un poco burlonamente.
—un poco — sonrió como sonríe una niña al ser descubierta tratando de hacer una travesura.
—estoy segura que son los sándwiches más delicioso del mundo — dijo con un poco de sarcasmo mientras se sentaba en la barra.
—lo son — le dio un plato y besó su nariz — que quieres de tomar?
—no sé, que hay?
—agua y… agua… no te creas — sacó una botella de vino — que tal esto?
—perfecto.
Mientras cenaban, Luisa le platicaba sobre su reunión con “los cuatro” y ella solo la miraba embelesada. Luisa no se daba cuenta de eso, ella solo le contaba emocionada como, por fin, había logrado imponerse a Paris, y mientras ella le contaba, de pronto Fabiola se levantó sin decirle nada, rodeó la barra y llegó hasta donde estaba ella, la agarró por la cintura y la besó tan apasionadamente que Luisa sintió que las rodillas le fallaban. Después de todo el tiempo que tenían juntas aún era capaz de hacerla temblar así y ella a su vez de provocarle esos arrebatos de pasión. Fabiola la guió hasta el cuarto sin dejar de besarla y una vez ahí cayeron en la cama y empezaron a repetir la noche anterior.

Al despertar, Fabiola trató de levantarse con cuidado para no despertar a Luisa pero ella la había sentido moverse desde que había despertado.
—ya tienes que levantarte? — dijo Luisa con voz ronca y tallándose los ojos.
—sí, de hecho estoy un poquito retrasada.
—y de que sirve ser la jefa de tu departamento si no puedes llegar tarde… o tomarte unas tres semanas? — se acostó de nuevo en la cama y la besó en la frente.
—precisamente por eso, no puedo hacer algo que les reprocho a los demás, no?
—y serias capaz de dejarme desnuda en la cama?
—no lo seria, pero debo irme, deja de tentarme así — Luisa se quitó de encima las sabanas — ¡no!, no hagas eso — recorrió su mano por en medio de los senos de Luisa hasta llegar a su entrepierna y ocasionando que riera — además Thomas seguro querrá verte… por cierto, no me dijiste por que estabas seria con él — le reclamó sonriendo.
—tienes razón, no puedes dar mal ejemplo en tu trabajo — Fabiola sonrió y se levantó dirigiéndose al baño.
—no me quedare así, ya me dirás cuando vuelva, esta vez no se me olvidara.
—puedo tratar de que así sea — dijo mientras la veía entrar al baño y ella se quedaba en la cama.
—lo mejor que te pudo pasar fue que te lastimaras verdad? — dijo Fabiola la salir del baño envuelta en una toalla — ahora estarás de floja por tres semanas — empezó a vestirse rápidamente — nos vemos más tarde y me contarás, ok? — la besó y salió corriendo.

Después de un rato de que se hubiera quedado sola, Thomas le marcó justo como había predicho Fabiola que lo haría y le dijo que debía ir al club, pero después recordó que no podía manejar y decidió pasar por ella. No le entusiasmo mucho la idea pero no podía evitarlo, quería decirle que no lo hiciera, seguía molesta con él y debido a eso él no se lo dejaría fácil.
Thomas le marcó desde el buzzer, le abrió y mientras él subía pensaba en cómo mantenerlo lejos del tema que quería evitar pero había llegado demasiado rápido hasta su puerta y ya estaba tocando y ella no tenía idea alguna de cómo hacerlo.
—hola — dijo con una gran sonrisa cuando entró — como sigues? — puso un snickers en su pecho.
—bien — le sonrió Luisa — a veces me duele un poco — agarró el chocolate y lo dejó entrar rindiéndose, así como había llegado su enojo, así se había ido.
—tomas las pastillas? — asintió entrecerrándole los ojos, Thomas solo se acercó a ella y empezó a examinar el yeso.
—no creo que puedas ver mucho a través del yeso.
—bueno, sabes qué? Te tengo buenas noticias… esta semana tendrás vacaciones — puso una gran sonrisa en sus labios — te cuidaran muy bien? — su tono dejaba saber que preguntaba por Fabiola y ella automáticamente borró la sonrisa sin decirle nada — bueno ven, vamos a pasear — no esperó su respuesta.
La llevó a un Starbucks que estaba en la calle Seymour. Luisa pidió un té chai frappe y Thomas pidió un white hot chocolate y se sentaron en una mesa cerca del rincón en la terraza del lugar donde podían tener a Ludovika sin que molestara a las demás personas. Hubo un momento en que Luisa se quedó contemplando su vaso mientras él la observaba dándole espacio para acomodar sus ideas, tenía la sensación de que estaba por escuchar lo que quería, pero si la presionaba esa oportunidad se iría, así que debía ser paciente.
—Fabiola y yo… bueno, creo que ya sabes que pasa entre ella y yo, no? — su voz temblaba, trataba de controlarlo pero no lo lograba del todo, Thomas asintió. Luisa seguía sin levantar la vista de su vaso y sentía que el cuerpo temblaba por estar diciéndole a alguien más, después de todos esos años, lo que realmente pasada entre Fabiola y ella — ella y yo nos conocimos en la universidad — Thomas estaba atento a lo que le empezaba a contar Luisa, ella no era muy abierta con respecto a su vida privada así que qué estuviera a punto de decirle era algo que pasaba solo una vez en la vida y no pensaba echarlo a perder bromeando o interrumpiéndola.

Por fin, después de toda mi vida estudiando en casa, estaba en la universidad tomando clases cómo alguien normalmente lo haría. Fue más por capricho mío que por otra cosa y mis papás terminaron cediendo pensando en que necesitaba ese descanso pues toda mi vida había sido tenis hasta ese momento y nada de vida para mí, bueno al menos de la normal, aunque si estaba algo atrasada, tres años para ser exacto.
Esos años de universidad fueron maravillosos, aunque al principio batallé con algunas materias debido al cambio de método, una vez que agarré el ritmo estuve bien. Pero luego llegó mi último año y con ello un pequeño problema que tenía con una materia que había tenido que tomar, en donde no era muy buena (apenas pasaba), pero el orientador de la universidad me había sugerido tomarla, y por sugerir era más bien obligarme. No lograba entender nada, además de que no ponía mucho de mi parte por hacerlo, y encima de todo odiaba la clase porque estaba alguien que me hacia la vida imposible cada vez que podía. No sabía por qué, pero se la pasaba dejándome en evidencia con el resto de los alumnos de la clase que no podía comprender nada y cuanta cosa más se le ocurría. Luego la maestra, viendo que apenas sacaba calificación aprobatoria (y para hacerme menos atractiva la clase aun) decidió que lo que necesitaba era una asesoría y pensó en la mejor de su clase. Yo lo único que podía pensar era en mi suerte, mala por supuesto, pues no sabía con qué cerebrito que solo me estaría criticando me pondría… era Fabiola.
Así de pronto, entre las prácticas del equipo de tenis (pues esa fue una condición de mis papás para entrar a la universidad, seguir jugando y yo opté por el equipo de la escuela), las clases y las asesorías, estaba de arriba para abajo con todo el día ocupada. Y un día, desesperada por tanto stress, decidí darme un tiempo y así se lo hice saber a Fabiola, necesitaba que me diera una tarde libre, para mi sorpresa ella aceptó y esa noche salí de antro con mis amigos. Ellos también estaban en el equipo de la escuela.
Esa noche en el antro recibí una sorpresa que no esperaba  al topármela ahí.
—vaya, pero si sabes divertirte — le dije en cuanto la vi.
—no te emociones mucho, me trajeron con engaños.
—que resignada te ves — yo pensaba que no sabía divertirse y era de esas que solo estudiaban y nada más, pero al tratarla en otro ambiente esa noche, me di cuenta que era muy agradable.
—mañana repondremos el tiempo, no puedo dejar que repruebes el próximo examen.
—ya veremos mañana — dije en tono despreocupado.
—no, ningún veremos — se las ingenió para quitarme el celular y me dio el suyo — mañana te marcare para despertarte y más vale que contestes.
—podría hacerlo… si no es muy temprano — le grité cuando me iba.

Y justo como me había dicho, me marcó, y muy temprano. Para cuando me desperté y escuché el teléfono ya había varias llamadas perdidas, nos quedamos de ver y al estar frente a frente me reclamó.
—es un milagro que haya despertado así que mejor ni quejarse — le dije medio dormida aun, pero el examen final estaba muy cerca ya, así que Fabiola me molestó toda esa mañana con cosas que ni siquiera entendía.
Y los días que siguieron no me dejaba ni respirar. Faltaban dos días ya y para colmo el último partido de la temporada lo tendría un día después del examen así que el entrenador tampoco me dejaba en paz.
El día del examen estaba algo nerviosa, tenía que pasarlo con buena calificación para que la maestra no tuviera excusa para dejarme sin créditos suficientes y no poder graduarme. Con los tres años que ya llevaba de desventaja uno más no me ayudaría mucho. Repartió el examen y antes de empezar, Fabiola me deseo suerte.
—cómo te fue? — me preguntó cuándo salía del salón (era de las ultimas en salir por supuesto) y con una sonrisita.
—pues… no lo sé — contesté con algo de frustración.
—como que no sabes? Te fue muy mal?
—pues… es que creo que si… creo que confundí las formulas al último… no sé, ya veremos qué pasa — dije haciendo gestos con las manos en el aire tratando de desenfadarme de eso — solo espero no quedarme muy corta con la calificación.
—no, ya verás que no — dijo al mismo tiempo que me presionaba en el brazo dándome ánimos.

Ahora solo faltaba el partido y estaría del otro lado del puente. Afortunadamente para mí, fueron en las canchas de la escuela, las cuales conocía muy bien, lo que me daría un poco de ventaja.
El partido estuvo relativamente fácil, fuera de una leve desconcentración que tuve en el tercer set que casi me llevó a perder y que provocó el cuarto, pero me recuperé y ganamos el trofeo de ese año. Por fin quedaba libre y fuera de stress, por un tiempo al menos, hasta recibir la calificación del examen.
Cuando iba saliendo de los vestidores me topé con Fabiola y me felicitó por haber ganado mientras nos encaminábamos de vuelta a la escuela.
—descubrí que verte jugar es bastante entretenido — la miré frunciendo el ceño — sí, es… diferente a lo que estoy acostumbrada a hacer.
—tú solo a estudiar te dedicas? — dije sin darme cuenta que lo decía hasta que era algo tarde.
—no… de vez en cuando te veo jugar… — soltó una risita — es broma. No, eso no es todo a lo que me dedico, también me gusta divertirme, el estudio no lo es todo, solo que a mí me resulta… relativamente fácil… volví a fruncir el ceño.
—pues que suerte, de no ser por eso te asignarían una asesora que no te deja ni respirar.
—bueno, veló de este modo, juegas bastante bien al tenis y a mí se me facilita la química, cada una destaca en su área.
—bueno, si lo pones así… pero donde yo fallo los maestros no dejan de presionarme por mejorar calificaciones.
—en unos días veremos si la maestra acertó al haberme puesto a ayudarte o solo me hizo hacerte sufrir — al entrar a la escuela choqué con la puerta junto con la maleta donde llevaba la raqueta y mis cosas del tenis. La maleta se me cayó y algunas pelotas rodaron, Fabiola me ayudó a recogerlas con expresión divertida.
—cómo puedes ser tan distraída y… algo torpe — dijo dándome las pelotas — y tan buena en la cancha — solo me encogí de hombros, no sabía que contestarle — por cierto, noté que puedes jugar con la mano izquierda como con la derecha.
—si — dije un poco apenada y bajando la cara tratando de ocultarla — a veces resulta útil poder utilizar ambas manos por igual — nos despedimos y cada una se fue por su lado.

Dos días después entregaban los resultados del examen y volví a verla. El ambiente en la escuela ya estaba algo relajado por el final del ciclo escolar pero yo no, yo estaba algo ansiosa por saber el resultado final, pero a la vez no quería saberlo.
La maestra comenzó a repartir los exámenes a cada uno pero el mío no salía y al entrenador se le ocurrió que era un buen momento para marcarme y tuve que salir del salón. Quería decirme que un agente estaba hablando con él, me había visto jugar y tenía interés en platicar conmigo por lo que le dije que iría saliendo de clase. Al volver al salón ya todos salían, incluyendo a Fabiola, quien me dijo que la maestra tenía mi examen. Miré dentro, pero estaba algo nerviosa y Fabiola se dio cuenta de eso.
—no te preocupes, de seguro pasaste — dijo tratando de calmarme.
—el problema no era ese,  debía subir el promedio… y si no lo subí? — estaba un tanto temerosa de no haberlo logrado.
—bueno, si ese llegara a ser el caso te ayudare para el ordinario y me aseguraré de que saques una muy buena calificación.
—no se supone que eso hacías ya?
—bueno… si, pero… esta vez en verdad no te dejare respirar… anda — me dio unas palmaditas en la espalda — ve por tu examen, aquí te espero — volteé de frente al salón rascándome la cabeza y entré, la maestra me esperaba sentada en el escritorio.
—llamada importante? — dijo en cuanto estuve parada a su lado.
—un poco… era el entrenador… aparentemente me buscaba… nadie, perdón por eso, no lo volveré a hacer.
—no, estoy segura de eso pero esta vez te la dejare pasar. Aquí tengo tu examen, el resultado de todo el trabajo que Fabiola te tuvo haciendo — estaba expectante y la maestra solo alargaba más la situación. Por fin extendió su mano y lo tomé sin saber que esperar — no estaba equivocada al hacer que Fabiola te ayudara — sonreía, la miré confundida y luego vi el examen, había sacado 95.
—es mío? — pregunté torpemente y ella se rió.
sí, es tuyo, ves? solo necesitabas trabajar más en clase. Ve a celebrar tu calificación… y el resultado del partido según escuché — sentí que tenía una enorme sonrisa en la cara.
Salí del salón casi corriendo y al salir me tropecé con una silla, Fabiola me esperaba afuera.
—cuidado princesa… — hizo ademan de detenerme pero alcancé a equilibrarme. Me había llamado princesa? — qué pasó? Como te fue? — le di el examen, lo vio y su cara hizo una gran sonrisa como la que yo tenía — y tú que estabas preocupándote por nada — ella extendió los brazos y yo salté sobre ella y me abrazó — por fin te libraste de mí.
—no eras precisamente una molestia — dije relajándome al fin — bueno, solo cuando me presionabas demasiado para estudiar… fuera de eso eres bastante tolerable.
ah, soy tolerable — dijo algo sentida.
—no, es broma, eres bastante agradable — sentí que me miraba directo a los ojos y yo me quedé mirándola igual y sin saber por qué ni que hacer, fue algo extraño y no sabía lo que pasaba exactamente. En eso, la maestra salía del salón y yo reaccioné rápidamente — bueno, me tengo que ir no vemos después, ok? — dije mientras me iba, ella solo movió su mano para decir adiós.
Fui directo a la oficina del entrenador en el gimnasio y ahí estaba, esperándome junto con el agente que me había dicho. Al parecer quería representarme para lograr que jugara profesionalmente, sin importar que ya estuviera un poco excedida de edad, me veía mucho menor de lo que realmente era y eso ayudaba a que esos años no pesaran. Me ofreció un contrato que, a primera vista, parecía muy bueno, pero dije que tendría que pensarlo, me dio su tarjeta y quedó en llamarme en unos días. Cuando el agente se fue el entrenador me dijo que esta podría ser una gran oportunidad si realmente quería llegar a ser profesional, la idea me entusiasmo mucho por lo que le dije al entrenador que revisaría la propuesta y después platicaría con el agente para llegar a un acuerdo.

Unos días después fui al gimnasio a recoger mis cosas del casillero y el entrenador quiso saber si ya había resulto lo del agente pero yo ni siquiera había pensado en eso y solo dije que en unos días lo haría.
—ok, mantenme al tanto.
Ya era tarde y debido al casi final de semestre la escuela estaba casi desierta por lo que el camino del gimnasio a la escuela estaba solo. Pero de pronto alcancé a ver a Fabiola de lejos y como no esperaba topármela fue algo... sorpresivo.
—hola — dijo en cuanto me vio — como te ha ido?
—bien… digo, por fin podre graduarme sin problemas… te debo una — dije guiñándole un ojo.
—no, no me debes nada… me hacías reír.
—ahh, tu bufón — puse cara de resentimiento justo como ella me había chantajeado el otro día y me pareció que se reía algo nerviosa pero no estaba segura.
—no, me hacías reír… me la pasaba bien contigo, asesorarte no fue tan… monótono como otras veces… lo disfruté.
—es bueno saberlo — se quedó mirándome fijamente a los ojos.
—oye, supe que un agente quiere llevarte a jugar profesionalmente — dijo acercándoseme un paso  y poniendo su mano sobre mi hombro presionándolo — felicidades — dijo sonriéndome.
—gracias…  — devolví la sonrisa, solo que me había puesto algo nerviosa pues en eso noté que empezó a acercarse más a mí, sus labios dibujaron una curva hacia arriba, como una sonrisa, que se borró rápidamente. Nerviosamente siguió acercándoseme más hasta que estuvo tan cerca que casi podía sentir su aliento, yo estaba paralizada, no sabía lo que pretendía. Y luego, tomándome totalmente desprevenida, se lanzó hacia mí poniendo sus labios sobre los míos. Me sorprendió, no sabía muy bien lo que estaba pasando, era como si hubiera perdido el control sobre mí y no era capaz de reaccionar, lo que si sentía era mi corazón que quería salirse de mi pecho. Estaba confundida pero reaccioné de golpe separando mis labios de los de ella y tirando el celular al piso.
—lo siento… perdóname de verdad… no, no sé, no sé lo que me pasó — dijo mientras yo me agachaba para levantar mi celular lentamente quedándome de cuclillas mientras que Fabiola no sabía qué hacer o que decir, incluso daba traspiés como los que yo acostumbraba a dar normalmente — perdóname — y se fue corriendo tirando uno de sus libros en su huida.
Cuando al fin pude reaccionar revisé el celular, no se había apagado pero apenas y lo veía, solo pensaba en lo que acababa de pasar. En eso sonó sacándome del trance en el que estaba, era Cinthia, estaba conmigo en el equipo de tenis y éramos muy buenas amigas.
—eyy esta noche hay fiesta, celebremos que te libraste de tu compañera que se la pasa molestándote.
—si — dije distraída.
—ok, iremos todos, te marco más tarde para decirte donde — seguía algo absorta y no me había dado cuenta de la conversación. Colgué y caminé, recogí el libro que Fabiola había tirado y lo guardé.

Llegué a mi casa en el mismo estado, fui directo a mi cuarto y me dejé caer en la cama viendo al techo. La cabeza me daba vueltas, que diablos estaría pensando Fabiola? porque habría hecho eso? y lo peor, que era lo que me estaba pasando? jamás pensé que me encontraría en una situación semejante, y por supuesto que tampoco jamás me pasó por la cabeza que a Fabiola le gustaran las mujeres.
Mi celular me hizo reaccionar de nuevo trayéndome de vuelta a la realidad y sacándome de mis pensamientos. Era Cinthia de nuevo, me estaban esperando en el bar pero yo lo había olvidado, incluso que me había hablado antes, no había sentido el paso del tiempo mientras miraba el techo.
qué onda?  No nos puedes dejar plantados — dijo en cuanto le contesté.
—lo siento, perdí la noción del tiempo.
—bueno, mientras vengas… dónde estás? — se escuchaba bastante ruido.
—en mi casa.
—ok, Sergio aun no llega, le diré que pase por ti, porque si no, eres capaz de no venir — colgó sin darme oportunidad a decir nada. Ni siquiera me levanté, solo deje caer la mano con el teléfono en la cama pero después de unos minutos me levanté con pesar y empecé a cambiarme lentamente. Sergio y yo habíamos salido unas cuantas veces, pero al final me había decidido por Alex (otro tenista), pero cuando el terminó la escuela nosotros también lo hicimos y Sergio y yo terminamos siendo muy buenos amigos sin intentarlo de nuevo.
Eran cerca de las diez y media cuando llegamos al bar y ya Sergio me había dicho que llegaríamos con toda la intención de alcanzar a los demás, él había notado que estaba un tanto distraída.
Y justo como había pensado, después de uno que otro trago, había olvidado lo que había pasado con Fabiola y no pensé en eso el resto de la noche, y por el contrario, me divertí con mis amigos.

Despertar sintiendo como la cabeza esta por estallarte y el estómago inestable es un castigo para la cual no hay suficiente delito, y lo peor es que debíamos estar aguantando las ultimas clases, clases sin sentido y sin provecho alguno (eran más un protocolo más que nada). Decidí saltarme las últimas horas, ya casi nadie estaba entrando de todos modos y mi ausencia no se notaría mucho, además, tenía que llegar temprano a mi casa, mi mamá me había dicho que tendríamos una comida familiar y me había pedido (más bien exigido) que llegara temprano, y así aprovecharía para escaparme de todos.
Fabiola estaba por el estacionamiento, pero no sabía si iba a su carro o llegaba a la escuela apenas, pero lo que si sabía era que no alcanzaba a llegar al mío sin toparme con ella, estaba a dos carros de distancia. Ella no me había visto y traté de seguir sin que me viera, pero al tratar de ir rápido y sin llamar la atención, me tropecé y el teléfono salió rodando. Con eso ella volteó y me vio y sin más remedio fui y lo recogí resignada, ya no podría evitarla.
—Luisa… quiero decirte algo... — dijo acercándoseme, yo levantaba el teléfono y la veía a través de los lentes de sol caminando hacia mí — no sé lo que me pasó…
—olvídalo — la interrumpí levantando los hombros haciendo como si no fuera nada lo que me decía pero mi voz apenas salió — no pasa nada – me levanté lentamente.
—no quiero que… que me…
—Fabiola… olvídalo — esta vez me escuché más segura que antes — haremos como si no pasó nada, ok?
—ok — su voz sonó algo más tranquila — me parece bien — ella no dejaba de mirar el suelo.
—no lo olvides — me miró desconcertada — aun te debo una – traté que sonara como si no hubiera tensión entre nosotras pero no sabía si lo había logrado.
—esto califica… si lo olvidas ya no…
—aun te debo una — dije poniendo mi mano frente su cara para interrumpirla — luego pensare como pagarte — empecé a sentir un nerviosismo que hacía que perdiera el control y decidí que lo mejor era irme — me tengo que ir, pero te buscare después, ok? — me fui directo a mi carro sin esperar a que me contestara, incluso se me olvido devolverle su libro. No sabía porque, pero no quería que pensara que estaba aterrada de ella por haberme besado y actuar como si no pasara nada era la mejor manera de fingir que aquello no había sucedido, por eso, estar aún en deuda con ella fue lo mejor que en ese momento se me había ocurrido para eso.

Volvieron a pasar algunos días después de ese encuentro, lo que me tenía algo sobresaltada, solo pensaba que me había portado bastante grosera con ella y la verdad no sabía si debía de llamarla o esperar a verla, lo cual ya era muy poco probable. Por esos días el agente también me había estado hablando, incluso había ido a mi casa y nos planteó la propuesta de contrato a mí y mis papás y parecía atractiva, como ya lo había notado antes. Su trabajo consistía en venderme a los patrocinadores y también, al principio, se encargaría de promoverme en los torneos, después, decía él, los organizadores de dichos torneos me invitarían a jugar, lo único que tenía que hacer era ganar, ganar y ganar y del resto él se encargaría así que aceptamos.

En el último día de clases me encontraba sentada en la oficina del entrenador, quien me estaba felicitando por haber “saltado” al mundo profesional del tenis junto con el director de la escuela. No lo decía, pero era obvio que se sentía responsable por eso, él había sido quien me había estado entrenando después de todo aunque yo sabía realmente que lo que me había llevado hasta ahí había sido lo que mis papás habían hecho antes de llegar a él, aun así, no rompí su burbuja, de todos modos no pensaba que podría llegar muy lejos, ese no era un deporte que destacara en el país.
Parecía que se había corrido la voz en la escuela y a los pocos que me topaba me miraban sin disimulo, algunos incluso llegaban a decirme algunas cosas pero yo solo sonreirá y trataba de alejarme rápido. Eso me ponía incomoda por lo que decidí tratar de permanecer oculta en la escuela, lo que a veces no lograba, pero más que nada lo hacía porque no quería toparme con Fabiola.
Pero al final del día todo el esfuerzo que había hecho no valió nada. Al ir saliendo de la biblioteca volví a verla, estaba cerca del laboratorio de química y ella iba saliendo de ahí, solo que no se fue, se detuvo buscando algo en su mochila. Justo como la última vez, no me había visto y de nuevo no sabía qué hacer, lo único que se me ocurrió fue limitarme a observarla de lejos y mientras tanto montones de pensamientos me pasaban por la cabeza hasta que decidí ponerle fin a eso, y en un arranque de valor caminé directo a ella.
—hola… como estas? — dije en cuanto estuve cerca de ella, la había tomado por sorpresa y se había sobresalto un poco.
—me asustaste… — parecía algo nerviosa y evitaba verme a la cara bien y tú?
—estaba bien… hasta que insinuaste que espanto — traté de sonar como si nada.
—no, no, lo que pasa es que me tomaste desprevenida… tu no podrías espantar en lo más mínimo… nunca — pareció como si su voz temblara en sincronía conmigo — bien, estoy bien… y tú?
—bien… oye toma — dije sacando su libro de mi mochila — lo olvidaste el otro día, por cierto, iré con Cinthia y los demás a un antro, y ya que te debo una, porque no vienes? es mañana en la noche — no contestó de inmediato solo se quedó pensativa.
—mañana? — dijo por fin — este… pues si…
—ok — la interrumpí antes de que pusiera excusas — mañana te marcó… nos vemos — presioné su hombro en un intento de quitar tensión, pero no sabía si lo había logrado y me fui de ahí antes que algo más pasara. Por lo menos al ir con todos no tendría la presión que tendríamos si estuviéramos ella y yo solas.

Mi mamá me esperaba cuando llegué, quería que la acompañara a casa de una tía a otra comida, parecía que en la familia también se había esparcido el chisme de mi nuevo contrato y ella parecía no entender que no quería ese tipo de atención sobre mí.
Al volver ya era algo tarde y me fui a mi cuarto a dormir sin escalas pero una vez que estuve en la cama no podía conciliar el sueño, estaba algo inquieta por lo del día siguiente y solo daba vueltas.
No me di cuenta cuando me quedé dormida por lo que cuando el celular empezó a sonar me despertó de golpe, era Cinthia, quería corroborar que iría con ellos en la noche. Vi el reloj y supe que era tarde y le dije que iría aun somnolienta y quiso saber si pasaba por mí y fue entonces que le dije que había invitado a Fabiola.
—no sabía que te llevabas con ella tan bien — dijo en tono de escepticismo.
—si… bueno, no precisamente tan bien, pero… el caso es que la invité y pues yo te aviso si pasas por mi o no más tarde, ok?
—ok — al colgar me quedé en la cama un rato más hasta que decidí levantarme y bajé a desayunar algo sencillo (ya no faltaba mucho para que mi mamá sirviera la comida) y me bañé.
Después solo me quedé pensando cómo sería mejor llegar en la noche, si pasaba por ella terminaríamos solas unos momentos, los cuales seguro que se me harían eternos. Podríamos también vernos allá, pero no sabía si eso le pareciera bien. Después de mucho rato de estarle dando vueltas seguía como al principio, sin saber qué hacer, pero armándome de nuevo de valor le marqué y ella resolvió el asunto sola diciéndome que pasaría por mí. No importó cuanto estuviera dándole vueltas al asunto para no quedarme a solas con ella, al final lo estaríamos de camino al antro… en su carro.

Iban a ser las diez y yo estaba algo retrasada para variar, no creía estar lista a tiempo así que empecé a hacer todo más rápido. A las diez pasaditas me marcó Fabiola al celular y como predije, no estaba lista.
—estas lista? — parecía algo nerviosa, casi tanto como yo.
—casi, ya vienes?
—casi… estoy afuera de tu casa.
—en serió? — pregunté asomándome por la ventana.
—si, en serió — me puse más nerviosa de lo que ya estaba.
—podrías esperarme cinco minutos? No tardare más, lo prometo.
-ok, no te preocupes, yo te espero — me terminé de alistar lo más rápido que pude y lo que mis nervios me dejaban, y para colmo aun no sabía que ponerme. Después de mirar por centésima vez el closet decidí ponerme una blusa morada en cuello V profundo péplum de encaje sin espalda, una falda negra que me llegaba a la mitad de los muslos y tacones negros.
Obviamente me había tardado más de cinco minutos por lo que cuando me subí al carro de Fabiola lo hice disculpándome por hacerla esperar, pero ella solo estaba sonriente y solo me dijo que no me preocupara.
De camino Cinthia me marcó al celular, habían llegado temprano al antro (no sabía porque seria) y se les había olvidado comprar cigarros y nosotras tuvimos que llegar por ellos.
Después de todo lo que había estado pensando, el camino al antro no había sido tan tenso como había supuesto y lo dejé todo atrás. Cuando llegamos no pude encontrarlos, tuvimos que dar una vuelta y al final, no era que no los encontráramos, yo iba distraída y los había pasado de largo.
Apenas estábamos acomodándonos cuando Sergio me servía un vaso de whisky con agua mineral y otro a Fabiola. Me estuve con ella, no conocía a nadie y se veía algo nerviosa debido a eso (o eso suponía yo) y no quería que se sintiera incomoda. Procuraba que no se sintiera fuera de lugar aunque era obvio que no era tan asidua a esos lugares como nosotros (dentro de lo que nos permitía el entrenador) pero trataba de encajar. Luego de un rato, Sergio se nos acercó y empezó a platicar con Fabiola y yo me relajé por completo, claro que el whisky ayudó bastante.
—parece que Sergio se está llevando muy bien con tu amiga — me Cinthia después de un buen rato.
—si… así parece — dije volteando a verlos pero en ese momento en que lo hice Fabiola volteaba también hacia donde estaba, lo único que atiné a hacer fue girar mi cabeza hacia otro lado rápidamente pero estaba casi segura que me había visto y para disimular le dije a Cinthia que me acompañara al baño y evitar más miradas incomodas.
Poco antes de que prendieran las luces anunciando el cierre, yo ya me estaba sintiendo algo mareada y parecía que Fabiola también y entonces me pregunto que si podíamos irnos ya, Cinthia y Sergio la alcanzaron a oír y me dijeron que ellos me llevarían pero primero querían ir a una fiesta, yo estaba algo cansada, y pensando que ya se había olvidado toda esa confusión entre Fabiola y yo decidí mejor irme con ella (que era la opción más directa y rápida a mi casa).
—espero te la hayas pasado bien — le dije en el camino de regreso a mi casa atropellando  un poco la lengua.
—sí, me divertí mucho… por cierto, no me dijiste cuanto fue de la cuenta — la calle estaba extrañamente sola para ser un sábado en la noche, o domingo mas bien.
—no te preocupes por eso — le sonreí despreocupada, la tensión había quedado atrás y volvíamos a estar como cuando me asesoraba, nada que una terapia de alcohol no pueda arreglar.
—no, cómo crees? quién pagó?
—no, te digo que así lo dejes, no te preocupes por eso — seguía sonriéndole divertida — Sergio pagó— dije inmediatamente después.
—por qué?
—dijo que él invitaba… o algo así, no le pregunté mucho la verdad, no me dio oportunidad, ellos siempre lo hacen de todos modos, no nos dejan pagar a nosotras… la verdad creo que lo impresionaste — dije en tono divertido pero no sé si me entendería muy bien.
—no, porque hizo eso? Además no creo haberlo impresionado como dices.
—porque no? créeme, creo que lo hiciste — íbamos casi llegando a mi casa — lo conozco bien y lo hiciste.
—no creo… además, no importa mucho… él no es a quien quiero impresionar… — dijo en tono serió y viéndome directamente, no estaba completamente segura de lo que me quería decir, o de eso me quería convencer yo.
Llegamos a mi casa y se estacionó, no dije nada y no sabía qué hacer.
—no… pues… por… — empecé a tartamudear incoherencias, en eso, sentí como ella se deslizaba hacia mi desde su asiento y ponía su mano en mi nuca moviendo mi cabeza hacia un lado para que la viera a la cara. Probablemente se estaba sintiendo envalentonada por lo que había tomado, y así como así sentí sus labios sobre los míos, como la última vez y yo, solo me quedé quieta de nuevo. Y entonces, cuando menos lo pienso, no sé si por el alcohol que había tomado o porque, comienzo a corresponderle y ella, al sentir que lo hago, puso su otra mano sobre mi pierna y yo subí la mía hasta su nuca aceptando su beso. Sus besos eran algo que jamás imaginé experimentar, no sabía lo que estaba sintiendo exactamente pero sí sabía que no me desagradaba del todo. Pero luego, con una sacudida a la realidad, reaccioné y separé mis labios de los suyos bruscamente, abrí la puerta del carro y me bajé rápidamente sin decirle nada. Buscaba las llaves en mi bolsa como loca frente a la puerta pero no las encontraba tan fácilmente, lo que le da oportunidad de alcanzarme.
—espera… no debí hacerlo — parecía lamentarlo de verdad, como la última vez — desde el otro día… debí dejarlo así, pero es que… — sé que quedó en silencio, no pudo seguir y yo aproveché para reclamarle.
—que era lo que pretendías? — dije, o más bien le grité — es que… no sé lo que… porque lo hiciste? — estaba enojada y necesitaba que me explicara por qué lo había hecho.
—no lo sé, es que… creo que me gustas — la miraba con los ojos bastante abiertos, aun sentía el efecto del alcohol pero no como antes — no sé exactamente cuándo pasó, solo sé que hace algún tiempo que siento algo por ti y no lo puedo evitar… y esta noche simplemente no me pude contener más…, desde el otro día en la escuela no puedo controlarme, lo siento — no le contesté nada solo me quedé así, mirándola directa y acusatoriamente esperando respuestas — no sé en qué momento me enamoré de ti.
—pero… cómo es posible que me hagas esto?… a mí no me gustan las mujeres… — tenía las manos cerradas en puños tan fuerte que los nudillos se me pusieron blancos — no sabía que a ti… creí que a… porque me haces esto? — estaba demasiado alterada — alguna vez te di algún motivo?
—no, no lo hiciste… solo sucedió, lo lamento, no pude evitarlo — sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas pero eso a mí no me importaba, yo estaba muy, muy enojada y quería desquitarme con alguien y ese alguien era ella.
—que era exactamente lo que estabas pensando cuando decidiste… besarme? — puse tal énfasis en la última palabra que Fabiola puso una cara de susto (peor que la que ya tenía) que no sabía que decirme para arreglar lo que había hecho.
—es que no estaba pensando, solo lo hice por impulso, perdóname, de verdad, no pretendía realmente nada — había empezado a llorar — pero… tú también me correspondiste — me dijo en un momento de valor, pero solo lo susurró — por un momento, pero lo hiciste, la culpa no es enteramente mía.
—¡NO!, no lo hice — dije completamente fuera de mi — todo fue producto de tu imaginación, jamás lo haría, a  mí no… — estaba trabada del coraje y negaba lo que ella me decía, de ese modo había decidido afrontar lo que había pasado dejándole toda la responsabilidad a ella, ni siquiera podía hilar las palabras y solo me limitaba a tener las manos en puño y presionando los dientes con bastante fuerza — creí que había quedado claro el otro día — dije por fin mientras seguía buscando en mi bolsa hasta que por fin, después de unos segundos que sentí como horas, encontré las llaves. Me metí y le cerré la puerta en la cara, subí las escaleras casi corriendo y entré en mi cuarto cerrando la puerta y recargándome en ella con el enojo atorado en el pecho, no podía creer lo que había pasado, dijo que estaba enamorada de mí? Cuando demonios pasó eso? simplemente no podía creerlo.
Me pude quedar dormida solo cuando logré calmarme un poco y el enojo comenzaba a ceder.

Cuando desperté estaba en la misma posición en la que me había quedado la noche anterior en la cama, sin despintarme ni desvestirme. Me quité las plastas de rímel, los lentes de contacto (ya me lastimaban) y me metí a bañar. En todo ese tiempo no hice más que pensar en lo que había pasado la noche anterior. Ya no sentía el enojo que sentí de momento, pero si sentía bastante confusión pues recordaba que le había correspondido, como ella me lo había dicho.
Todo el día me la pase acostada en la cama, estaba inapetente y sin ánimos de nada. Cinthia me había estado marcando pero no le había contestado y lo mismo pasó con Sergio. Pero como a la quinta llamada de Cinthia me cansé de escuchar el celular y tuve que contestar, solo quería saber a qué hora me había llevado Fabiola a la casa, como había llegado y que si quería ir a comer con todos. Yo no tenía ánimos de nada, aún estaba como en trance pero no se lo dije, solo dije que no y que le marcaria más tarde, no se había quedado muy convencida pero no insistió mucho debido a la cruda que tenía.

Pero conociéndome muy bien, Cinthia decidió ir a mi casa sin previo aviso cansada de que no le contestara el celular y sabiendo que cuando lo hiciera le daría más evasivas como la de la tarde.
—qué te pasa? A poco amaneciste tan mal que no puedes ni moverte de aquí? — dijo en cuanto entró a mi cuarto y me vio en la cama.
—no, no es eso… es que — no sabía que decirle, ni siquiera sabía si podría decirle lo que había pasado, sabía que no era de mente cerrada, pero no sabría cómo reaccionaría si le decía, y eso, me daba un poco de miedo — sí, me siento un poco mal.
—pues en lugar de haberte quedado aquí debiste de ir con nosotros, Sergio nos llevó a un lugar donde nos prepararon algo para la cruz que cargábamos… por cierto, parece que tu amiga Fabiola le gustó mucho — sentí una patada en el estómago al escuchar su nombre.
—sí, también lo noté, pero no le pregunté nada a Sergio — trataba de sonar lo más normal que podía solo que no sabía si lo había logrado ya que me vio con unos ojos interrogantes.
—yo sí, le pregunté que sí que tanto platicaba con ella anoche, no me quiso decir exactamente qué, pero si me dio a entender que le había gustado.
—pues… ella es bastante bonita, no? — ni siquiera podía decir su nombre sin sentir en el pecho ese resentimiento que tenía, pero a pesar de eso, no podía negar el hecho de que si era bastante bonita.
—si… es algo bonita — me sonrió y le devolví la sonrisa junto con un almohadazo.
—no te preocupes, no creo que te destronen — Cinthia me había levantado el ánimo.
—ven, alístate y vámonos — dijo levantándose de la cama y dándome la mano para levantarme.
—a dónde?
—no sé, Sergio me dijo que te sacara de aquí y luego le marcáramos, yo creo que a un bar o algo así.

Estaban en el tonic (un bar que tenía un decorado algo único, del techo colgaban adornos antiguos y parecía una pintura de esas que están llenas de cosas para buscar algo en específico). Estaban casi todos, solo faltaban dos o tres que no habían llegado aún y después de un rato de haber llegado, Sergio se me acercó sin disimulo alguno.
—y tu amiga? — me preguntó de golpe.
—mi amiga? — dije algo confundida.
—sí, la de ayer… Fabiola.
—ahh, pues en su casa supongo — no te hagas muchas ilusiones, pensé.
—y por qué no la trajiste ahora? — preguntó como si no fuera nada lo que decía.
—pues… no se… no tenía planeado salir, Cinthia me sacó por órdenes tuyas de la cama — Sergio se rió — solo hiciste que me trajera para traerla? — lo miré entrecerrando los ojos.
—no mi reina preciosa, tu eres la primera para mí — dijo en tono juguetón y dándome un beso en el cachete lastimándome un poco — es solo que… — Sergio estaba algo nervioso de pronto — tu procura traerla la próxima vez.
—y si mejor te doy su celular? — por nada quería volver a ponerme en la situación en la que había caído ayer.
—no se sentirá acosada?
—no… no creo.
—ok — se lo di y sonrió de oreja a oreja mientras guardaba el número en su celular.
El resto de la noche seguimos platicando y bebiendo pero ni eso me levantaba el ánimo, yo estaba tomando mucho menos que los demás, solo que ellos parecían no notarlo y eso a mí me convenía.
A la hora de que nos íbamos, Cinthia y Sergio no estaban muy bien que digamos y decidí quitarle las llaves a Cinthia, los llevé a sus respectivas casas y me fui a la mía en el carro de ella.
En mi casa todos nos habíamos quedado dormidos hasta tarde (y no es que yo batallara mucho) y yo, aunque si me había despertado algo temprano, me había quedado en la cama dando vueltas sin querer levantarme hasta que entró mi mamá, creía que, como el carro de Cinthia estaba afuera, ella estaría conmigo.
—porque está el carro de Cinthia afuera? preguntó con el ceño fruncido en cuanto entró y vio que estaba sola.
—se le pasaron las copas un poco y manejé yo.
—ay esa Cinthia… no quieres desayunar?
—ok, ahorita bajo — se dio media vuelta — cierra la puerta por fa — le dije antes de que se fuera, me miró extrañada pero no me dijo nada y se fue.
Bajé después de un rato, desayuné junto con mi mamá y mi hermano pues mi papá estaba de viaje, por lo que me había librado de su asedio con sermones de que no debía desvelarme ahora que debería empezar a entrenar y cosas por el estilo. Subí a mi cuarto cuando terminé y me puse a ver tele y al rato el celular empezó a volverse loco anunciando a Cinthia y su desesperación por no contestarle.
—mi carro lo tienes tú? — alcance a notar cierta preocupación en su voz solo que no sabía si era la cruda o de verdad estaba preocupada.
—no… Sergio me trajo.
—no me digas eso, en serió? — sí, era preocupación lo que había escuchado.
—si, en serió no quisiste darme las llaves.
—no puede ser, mi papá me va a matar — ahora estaba entrando en pánico.
—ay Cinthia — decidí entretenerme ese día jugándole una broma — voy por ti en un rato, ok? Mientras cálmate, no le digas a tu papá aun.
—pero…
—espérame, ok?
—ok, no tardes — me metí a bañar tomándome mi tiempo y una vez estuve lista me fui a su casa, cuando llegué apenas y toqué la puerta me abrió desesperada.
—porque tardaste tanto? Estoy entrando en una… ese es mi carro? — se interrumpió cuando alcanzó a ver el carro detrás de mí — eres una tonta — dijo algo enojada — como se te ocurre hacerme algo así? Hasta del estómago me enferme tonta — pasó casi atropellándome hasta llegar al carro — precioso chiquito — dijo echándose encima del carro — no te vuelvo a dejar… ser manejado por esa mala persona — me miró un tanto resentida pero yo no podía aguantar la risa, su cara de susto había sido muy graciosa.
Una vez que Cinthia se recuperó del susto nos fuimos a comer y nos reunimos con Sergio y los demás y esta vez no hicimos gran cosa, solo comer y después Sergio me llevó a mi casa en la noche sin dejar de decirme que no se me olvidara traer a Fabiola para la próxima vez, a lo que solo me limité a decirle que ya veríamos tratando de sonar normal.
Entré y subí directamente a mi cuarto, prendí la tele y me acosté en la cama pero no estaba viéndola realmente, Sergio solo había logrado que pensara en lo que había pasado con Fabiola de nuevo. El coraje que sentí en el momento en que Fabiola me besó se había ido por completo y fue cuando pensé que había reaccionado exageradamente con ella, incluso me sentía mal por eso, solo debía de haberle aclarado las cosas y no haber explotado como lo hice.

Cuando desperté aun pensaba en lo que había pasado, de hecho había tenido un sueño referente a eso, no lo recordaba muy bien, lo único que recordaba claramente era que estábamos en el edificio principal de la escuela Cinthia, Sergio y yo señalando a Fabiola, como juzgándola. Desperté con remordimientos y  sintiendo que eso era lo que yo había hecho con ella. Genial, ahora se me aparecía hasta en sueños. Y entonces, a consecuencia de ese sueño, me pasé el día pensando en sí debería de por lo menos mandarle un mensaje disculpándome por mi reacción, estaba confundida, no sabía porque me preocupaba tanto, solo me la pasaba pensando en la cara que había puesto cuando le grité.
Esa noche me acosté temprano y al hacerlo me tome unas pastillas para dormir y no estar pensando en nada y llegar hasta la mañana sin sueños.
Lo único que había conseguido era sentirme cansada, las pastillas en efecto me habían hecho dormir, más no descansar. Estaba molida y fue cuando caí en cuenta, no estaba enojada con Fabiola, estaba enojada, sí, pero había reaccionado así porque me sentía asustada por lo que había sentido, estaba enojada conmigo misma y me había desquitado con quien estaba más cerca de mí en ese momento, con ella.
A media mañana, después de haber hecho mi descubrimiento con lo que había pasado, me marcó el entrenador y me dijo que fuera a verlo a la escuela. Accedí pues no le vi problema alguno ya que la escuela estaba solitaria a esas alturas, salvo por algunos que tenían materias en extraordinarios, o incluso quienes no se resistían a dejar la escuela, los estudiosos.
—como esta mi superestrella — dijo como saludo el entrenador cuando entré a su oficina y me hizo señal de que me sentara, lo hice odiando el apodo.
—bien… usted?
—mejor que nunca… iré directo al grano, resulta que vino, tu ahora nuevo agente, y me pidió que te entrenara esta semana en lo que te acomoda en el club deportivo y el sábado te organizará un partido contra otra de sus clientes, que te parece?
—pues… bien, lo del partido no me hace mucha gracia.
no creo que tengas opción niña, pero ya veremos si puedo zafarte, por lo pronto, nos vemos mañana?
—ok… a qué hora?
—te espero a las 8 — ahí quedaban mis días de flojera.

Tuve que seguir yendo a la escuela pero el problema era que no podía concentrarme y la mayoría de las veces no me escapaba de varias llamadas de atención del entrenador.
Para el jueves y el viernes parecía que mejoraba la cosa, mi atención estaba más centrada y al ir saliendo el viernes el entrenador quiso hablar conmigo.
—al final no pude evitar que tu agente cancelara el partido de mañana.
—pero no estoy en condiciones para un juego.
—estos dos últimos días estuviste mejor, no al 100 por ciento de tu capacidad, pero creo que será suficiente, así que descansa hoy.
—ok, hasta mañana — dije resignada y un tanto de mal humor.
Me fui directo al estacionamiento y decidida a ir directo a mi casa y encerrarme hasta que tuviera que salir al partido, pero en el camino me habló Cinthia para decirme que saldríamos de antro.
—no puedo, mañana tengo un juego.
—en serio? Bueno, entonces iremos mañana a verte y en la noche saldremos.
—pero…
—sin peros, ya lo decidimos todos, nos vemos — colgó sin darme oportunidad a nada, que no todos me incluía a mí? seguí mi camino a mi casa. Llegué directito a mi cuarto y me acosté temprano y para mi sorpresa, dormí toda la noche. Era la primera noche de toda la semana que lo lograba así que me levanté de buen humor, me bañé, me alisté y bajé a desayunar, aunque no mucho pues tenía un nudo en el estómago.

Para cuando el juego comenzó era como si yo estuviera en otro lado. Sí, había logrado puntos muy buenos, pero mi contrincante había logrado la mayoría, lo que la llevó a ganar el partido, lo que hizo que el entrenador se me acercara al terminar.
—estuviste toda la semana distraída y hoy no fue la excepción, tienes algún problema?
—no — le mentí — no me sentía muy bien y no pude concentrarme del todo.
—no te preocupes — interrumpió el agente que venía con la otra jugadora — a todos los deportistas les llega a pasar, solo espero que logres poner en orden lo que te tiene así — dijo en tono de advertencia.
—yo también — dije en susurro para mí y bajando la mirada.
—sí, no te preocupes — dijo la otra jugadora sonriéndome — una vez que pongas tu cabeza en orden jugaremos de nuevo.
—me parece bien — sonreí intimidada.
Cinthia, Sergio, Carlos, Lorena, Jorge y Néstor estaban en las gradas esperándome.
Cinthia les dijo que jugaría y decidieron ir a verme y cuando llegué con ellos me animaron.
—no importa, en la noche lo olvidaras y la semana que entra empiezas desde cero — dijo Carlos dándome un abrazo y sonriéndome para levantarme el ánimo.
Así, quedamos para la noche ir al tonic solo que quedé en verlos ahí. Se suponía que no debía salir pero eso no me interesaba mucho en ese momento. A Sergio, Carlos y Cinthia no les pareció mucho eso de verlos allá, aseguraban que no iría por lo que les tuve que prometer que lo haría, no se quedaron muy conformes pero aceptaron de todos modos y luego Cinthia me acompañó a los vestidores.
—oye, te he notado bastante distraída esta semana y la prueba de ellos es el cómo jugaste hoy, así que no trates de negarlo — me dijo en cuanto estuvimos solas.
—no, si, bueno… si, unas… cosas, nada importante.
—y eso nada importante te ha tenido toda la semana en la luna?
—sí, dejé que llegara más lejos de lo que debía — traté de sonar convincente — pero ya lo resolveré, no te preocupes — le sonreí despreocupada, según yo — y si no, te pediré ayuda.
—ok — no estaba muy convencida — entonces te veo en la noche, no vayas a quedarnos mal — se fue apuntándome con el índice en señal de advertencia.
Después de que se fue me quedé un rato en los vestidores pensando en la inmortalidad del cangrejo, pero como eso no me llevaba a nada recogí mis cosas, las puse en la maleta y me dirigí al estacionamiento distraídamente, ya me bañaría en casa.
Solo que uno planea las cosas y pasan de diferente manera, de camino vi a Fabiola, no la había visto desde que me besara la última vez. Ella no me había visto aun, me puse los lentes de sol y me quedé observándola unos instantes desde lejos pero al fin decidí hablar con ella. Me acerqué hacia donde estaba, seguía sin verme hasta que prácticamente estuve junto a ella.
—quería decirte que lo siento — me miró sorprendida y al verme su cara era como si estuviera viendo a un fantasma, incluso creo que dio un paso hacia atrás — por como reaccioné la otra noche — me temblaban las manos pero gracias a que había decidió ponerme los lentes de sol podía esconder la mirada — no debí hacerlo, exageré, perdona.
—no, no te preocupes — dijo titubeante y mirando al suelo — fue totalmente mi culpa, no debí de… hacerlo — ni siquiera podía verme a la cara, a pesar de ser más alta que yo esta vez su estatura parecía menor que la mía. Estaba completamente retraída, no era la misma Fabiola que solía ser.
—sí, bueno, solo quería disculparme por mi abrupta reacción… me tengo que ir, nos vemos después, ok? — me fui hacia mi carro, me subí rápidamente y arranque. Ahora que me había disculpado esperaba poder dejar ese tema atrás.

Después de comer con mi hermano y mi mamá subí a mi cuarto y dormí un rato con la intención de despejarme un poco para la noche. Solo que al despertar me comencé a arreglar muy lentamente por que me sentía aletargada, Fabiola seguía en mi mente y no comprendía porque, si se trataba de lo mal que la había tratado ya lo había arreglado, pero al final no había funcionado, seguía en las mismas, sus palabras seguían rondando mi mente, aunque no me atreviera a decirlas en voz alta seguía recordándolas.
Para cuando terminé de arreglarme, ya era algo tarde y mi celular comenzaba a sonar, era Cinthia por supuesto.
—por qué no has llegado? no vayas a salir con que siempre no vienes — por el ruido que se escuchaba suponía que ya estaban en el tonic.
—no, si, ya voy.
ok, no te tardes — colgué con Cinthia y a los pocos segundos Sergio ya me estaba marcando, supongo que no dejarían de hacerlo hasta que llegara.
—ya voy saliendo, llego en un rato — dije al contestarle.
—más te vale, no nos puedes plantar, si no, iremos por ti a donde sea que te escondas.
—no, no, ya voy, bye — salí lo más rápido que pude y como supuse, todo el camino mi celular estuvo sonando hasta que llegué — ya estoy aquí afuera, ya dejen de marcarme — colgué pero antes de que entrara al bar Cinthia y Sergio habían salido.
—solo queríamos corroborar que en verdad habías llegado — dijo Cinthia, le di un golpecito en la nuca y entramos. Todos estaban ahí y al sentarme Sergio me dio una cerveza y el tiempo empezó a correr, lo mismo que las cervezas, pero cuando estaban por llegar las doce me quise ir, seguía con la cabeza inundada de pensamientos que no podía aclarar y me empezó a doler, y las cervezas parecían no estar ayudando mucho. Le dije a Sergio en el oído que me iba pero que no le dijera a Cinthia porque me haría una escena para obligarme a quedarme. Me hizo batallar un poco, pero lo haría, solo que también me chantajeó haciéndome prometerle que la próxima vez traería a Fabiola, le dije que sí, aunque no pensara hacerlo.
De camino a mi casa iba envalentonada por las cervezas que me había tomado (no estaba borracha, pero si un poco zaraza) y le marqué a Fabiola preguntándole si podía verla pues necesitaba hablar con ella, dijo que me vería a una cuadra de mi casa. Ni siquiera sé por qué lo hice pero tenía que aclarar algunas cosas con ella, aunque sabía que estando frente de ella no sabía si podría.
Cuando llegué ella ya estaba ahí, me estacioné detrás de ella, me bajé y subí a su carro. Estuvimos en silencio unos instantes, solo se escuchaba el sonido del radio que estaba bajo de volumen, creo que era la canción de bad romance, no la culpaba por ni siquiera mirarme.
—tenías razón — dije al fin con la vista fija en el tablero pero sentí como clavaba si mirada confundida en mi — la otra noche.
—no estoy… muy…
—desde entonces no hago más que estar… pensando en lo que pasó — seguía con la vista en el tablero — no me puedo concentrar en nada…
—pero… es que… — aún tenía ese tono de miedo, imagino que temía por mi reacción, se iba con mucho cuidado con lo que decía, solo que ahora la de la mirada escondida era yo — a que te refieres con que tenía razón? — me quedé callada por unos instantes y después volteé la cabeza y la vi directamente, pero solo por un par de segundos, luego volví a ver el tablero.
—si te contesté… el beso — me pareció ver que sus ojos brillaron un poco pero no estaba segura, de reojo no podía verla muy bien y no pude hacer más que bajar más aun la mirada ante su silencio. Empecé a perder el control de mi cuerpo y comencé a temblar. Instintivamente moví la mano para abrir la puerta y bajarme pero ella me detuvo, me agarró la cara entre sus manos, me acercó hacia ella con un poco más de seguridad que con la que había llegado, y puso sus labios sobre los míos. Comencé a sentir como si estuviera dando vueltas sin parar, no sabía si por el alcohol que había tomado o por lo que estaba pasando pero no podía calmar mi pulso acelerado, no podía hilar mis pensamientos.
—no, espera — me hice hacia atrás interrumpiendo su beso — me confundes, no sé lo que me pasa… me siento… no sé lo que siento — estaba algo alterada pero como aún me tenía sujeta de la cara me acercó de nuevo hacia ella terminando con el poco espacio que había hecho yo al interrumpirla y la sujete de las muñecas para detenerla.
—tienes que calmarte — dijo sin soltarme después de que la agarrara yo con fuerza, ahora estaba muy segura de lo que decía — no hay porque alterarse… dime que es lo que sientes.
—no se… no lo sé — estaba perdiendo el control pero trataba de no estallar — desde que me besaste no hago más que pensar en eso… me arruinaste la vida — había empezado a presionar sus muñecas con más fuerza pero parecía no importarle, no me soltaba la cara — no me concentro en nada, arruiné un partido y el agente estaba ahí.
—pero por qué…
—porque a mí no me gustan las mujeres — la interrumpí casi gritando y apreté aún más mi manos tratando de alejarla pero me detuvo poniendo sus dedos en mi nuca — y…
—y aun así estas aquí — me interrumpió casi susurrando. No parecía que me fuera a soltar ni a ceder espacio entre su cara y la mía, aunque era evidente (por la pequeña contracción de sus cejas) que la lastimaba, y mucho — porque te estás complicando tanto? Si, como dices, no te gustan las mujeres — dijo después de unos segundos — ese beso, incluso este no te…
—porque ese es el problema precisamente — la interrumpí de golpe — ese beso… incluso este… me confundió… y no sé por qué — habían comenzado a salir mis lágrimas — no sé qué me pasa.
—me parece que si lo sabes… solo que tienes miedo de aceptarlo — solo me observaba, expectante, no sabía cómo es que ella estaba tan calmada.
—no lo… no quiero… — dije por fin. Fabiola movió sus pulgares y los puso sobre mis labios, haciéndome callar. Recorrió mi cara con sus ojos y puso especial interés en mis labios pero luego los subió a mis ojos.
—piensa bien… porque estas tan confundida? — apreté aún más mis manos mientras negaba con la cabeza — no es el fin del mundo lo que te pasa, es solo...
—no sabes lo que me pasa — le dije a pesar de sus pulgares — no puedo con esto, no me puede estar pasando a mí.
—no puedes escoger, no puedes esconderlo, está visto que te afectó pero no puedes ignorarlo.
—sí, puedo… además… no es algo que me pase, simplemente... —  solté sus muñecas y conseguí sacar mi cara de sus manos por la sorpresa de mi brusco movimiento, abrí la puerta y me bajé, pero me quedé afuera del carro y luego de un par de segundos ahí parada, me acuclillé en la banqueta — no puedo hacer esto, va más allá de lo que puedo manejar.
—eso pensabas de la química — dijo desde su asiento con sus manos apoyadas en donde había estado sentada, mis manos estaban dibujadas perfectamente en sus muñecas.
—no me presiones, no sé qué voy a hacer, tengo la cabeza hecha un nudo enorme.
—no es algo que tengas que analizar, lo sientes o no — me levanté, cerré la puerta y me fui a mi carro. Al llegar a mi casa, me acosté en mi cama y solo lloré de la desesperación que sentía hasta quedarme dormida.
Al despertarme, Cinthia me había hablado al celular como loca, pero no tenía ganas de hablar con nadie, incluso vi que había llamadas de Fabiola pero no quise saber de nada ni de nadie y le dije a mi mamá que dijera que no estaba por si me hablaban o buscaban con la excusa de que necesitaba descansar, no me hizo preguntas y solo me sonrió.

El lunes en la tarde, como a las 5, ya más calmada y habiendo visto las cosas desde otro punto de vista, y con la cabeza un poco más fría, salí de mi casa sin rumbo fijo, cuando de pronto me di cuenta de que ya estaba tomando el camino a la casa de Fabiola.
Afuera dure un rato en el carro, su casa tenía un porche en la entrada con dos columnas a los lados escondiendo la puerta. Por fin me bajé, toqué y abrió casi inmediatamente, como si hubiera sabido que iría a verla. Solo nos quedamos mirándonos la una a la otra, sin decir nada pero yo no pude sostenerla mucho tiempo y la bajé. De pronto, después de unos segundos de estar así (y que sentí eternos), ella me agarró del brazo y me acercó hacia ella y con su mano libre me agarró de la quijada para levantar mi cara, acercó la suya a la mía y me besó. Al principio no reaccioné ni contesté el beso, pero poco a poco fue inevitable que no lo hiciera, después ella, sin dejar de besarme, me metió dentro de su casa y apoyándome sobre la puerta la cerró. El beso se fue haciendo más profundo cada segundo que pasaba, puse mi mano sobre su hombro y ella puso su mano con la que me había agarrado de la quijada en mi cintura pero después de un buen rato volví a reaccionar de golpe separándonos.
—espera… no se… — dije algo asustada — es que todo esto…  — soltó mi cintura y puso un dedo sobre mis labios.
—no tienes que saberlo… solo…
—es que no entiendes, yo nunca… — bajé la mirada sin saber que decirle — no sé porque vine, mejor me voy — traté de empujarla hacia atrás para que me dejara salir pero no me dejó.
—no, no te vayas, me alegra que hayas venido, no he dejado de pensar en ti. Cuando no me contestabas el celular me sentí fatal, fui a buscarte pero no me atreví a tocar tu puerta incluso he de aceptar que he estado dando vueltas por tu casa — había escondido mi cara de nuevo bajándola pero ella me la levantó como hacía rato — no tienes por qué estar asustada — había empezado a temblar otra vez y, puesto que me tenía prácticamente en sus brazos, se había dado cuenta de eso, apretó mi mano como calmándome — ven, vamos a sentarnos — me llevó hacia la sala.
—no, es que… — fue cuando pensé que alguien podría habernos estado viendo, me entró el pánico y miré a las escaleras como esperando que alguien bajara.
—relájate — dijo presionando mi hombro con su mano libre dándose cuenta de a dónde estaba viendo — estamos solas… siéntate, parece que estas a punto de desmayarte, soy buena besando pero creo que jamás había provocado un desmayo — dijo sonriendo nerviosamente.
—no es gracioso — dije entre medio molesta y aun asustada.
—relájate – dijo de nuevo acercándoseme y tomó mi cara entre sus manos (como empezaba a ser su costumbre últimamente) — no estoy tratando de reírme de ti, solo trato de que te calmes un poco.
—no funciona… porque me besaste? — me detuve de golpe, tenía un nudo en la garganta al preguntarle. Se quedó en silencio unos instantes, sin moverse y sin soltarme y luego se me acercó, estaba tan cerca de mí que podía jurar que ella podía escuchar como el corazón me golpeaba el pecho.
—no lo sé — dijo por fin y la miré interrogante — es que, ya te dije, empecé a… sentir algo por ti y no lo pude evitar — dijo después de una leve pausa — pero eso me aterraba, no podía estar cerca de ti sin que me pusiera nerviosa.
—pero nunca parecías estarlo… no pareces estarlo ahora — dije confundida y ella, al sentir que me relajaba un poquito, me siguió llevando a la sala.
—nunca lo notaste, estabas tan abstraída con tus problemas que no lo percibiste, pero era bastante obvio… aunque creo que de todos modos no te hubieras dado cuenta — terminó sonriéndome dulcemente.
—pero a mí no... yo nunca... como sabias que podías hacerlo? — estaba empezando a alterarme un poco de nuevo pero Fabiola parecía estar tan calmada que traté de calmarme también, no quería terminar gritándole de nuevo.
—no lo sabía, ya te lo dije, no lo planeé, solo lo hice llevada por un impulso que no pude contener, y yo no suelo dejarme llevar por mis impulsos — una de sus manos soltó mi cara y me acomodó el pelo detrás de la oreja.
—yo jamás había...
—ya lo sé — dijo interrumpiéndome — no tienes que preocuparte… no pasara nada si tú no quieres — su tono de voz era casi un susurro.
—no sé qué es lo que quiero… — empezó a acercar su cara a la mía lentamente esperando una reacción de mi — no sé qué va a pasar.
—no tienes por qué saberlo ahora — se acercó más y más, yo estaba algo confundida aun, apenas si sabía lo que hacía. Ella puso su mano en mi espalda y me acercó más a ella, y yo, poniendo mis manos sobre su nuca, me dejé llevar.
—no sé si pueda hacerlo — tenía su cara tan cerca de la mía que sentía su dulce aliento, diablos casi podía jurar que acababa de comer una pastilla de esas que huelen a fresa, pero como en ese momento no estaba segura de nada no podía asegurarlo, quizás así olía ella.
—no te preocupes… todo será como tú quieras — terminó recostándome sobre unos cojines que tenía el sillón y ella sobre mí y me besó lentamente, y esta  vez yo le correspondí  desde el principio. El beso rápidamente se hizo apasionado que me hizo sentir como si estuviera flotando.
No sé cuánto estuvimos besándonos pero fue mi celular sonando el que hizo que separara mis labios de los suyos y exaltada me senté intempestivamente. No alcancé la llamada, pero me levanté y le dije que me tenía que ir, no me dijo nada, solo asintió con la cabeza con expresión resignada. Al salir, sonó de nuevo, era Sergio.
—donde andas?
—en la calle — apenas me salió la voz — haciendo unos pendientes — estaba cerrando la puerta de la casa y me encaminaba a mi carro con el corazón latiéndome a toda prisa.
—quieres ir a casa de Carlos?
—por? que habrá? — abrí la puerta y me subí.
—una fiesta, resulta que hizo enojar a su papá y le quitó el carro y todo.
—qué hizo?
pues chocó el carro, pero el del papá — solté una risita, aun sentía algo de nervios — así que tendremos que ir ahí.
—y si está castigado como es que hará fiesta?
eso si no se, más bien es una reunioncita para que no se vuelva loco… oye podrías hacerme un favor y llevar a tu amiga... Fabiola — mi corazón aceleró más al escuchar su nombre.
—te di su número, márcale tú.
—ok, deja le marco, te hablo más tarde — colgué, cerré la puerta y prendí el carro solo para quedarme pensando en lo que me acababa de pedir Sergio. No sabía que iba a pasar después, y menos con el hecho de que a Sergio le gustaba Fabiola, le dirá ella lo que… realmente pasa? empecé a sentir pánico, en eso vi que Fabiola abría la puerta y se encaminó hacia donde estaba.
—acaba de hablarme tu amigo — dijo en cuanto bajé la ventana.
—si… me dijo que lo haría — mi voz temblaba y solo veía el volante.
—tú vas a ir?
—no lo sé… tu iras? — volteé a verla.
—yo no conozco a nadie ahí.
—entonces…
—si quieres que no vaya solo dilo — parecía que estaba temerosa de que dijera que era así.
—no, no… si quiero…  — que me pasaba? No podía terminar ninguna frase — en que quedaste con Sergio?
—dijo que si quería podría pasar por mí.
—y que le dijiste?
—que ya le confirmaría pero… yo preferiría ir contigo.
—ok… — en eso sonó mi celular de nuevo — es Sergio… bueno… si?… y que te dijo?… ok, yo le hablo y ya te aviso… a qué hora?… ok… bye. Me dijo que no le habías dicho ni sí ni no.
—entonces… paso por ti?
—ok… en dos horas?
—8:30?, ahí estaré.
—mejor a las 9 — asintió y me fui de ahí manejando algo distraída. No tenía muy claro en lo que me estaba metiendo, pero de pronto pensé que no importaba, cuando Fabiola me besó había sentido algo que no podía explicar y que jamás había sentido y quería averiguar de qué se trataba.
De camino le mandé un mensaje a Sergio diciéndole que Fabiola y yo iríamos juntas, contestó que por qué no pasaba él por Fabiola, después se corrigió y dijo que por las dos. Mi respuesta fue que Fabiola aún no se sentía con mucha confianza con todos y que por eso me lo había pedido y terminó conformándose con que ella fuera.
Tarde media hora en llegar a mi casa de las vueltas que di, iban a ser las 7. Apenas llegué, me metí a bañar y empecé a alistarme y mis manos seguían temblando. Conforme se acercaban las nueve mi nerviosismo aumentaba, bajé a la cocina y abrí la cava de mi papá, si hacia una botella de whisky perdidiza no creía que lo notara. Me serví un trago derecho, aunque no era nada buena para eso, lo hice, funcionó por unos momentos, cuando subía de nuevo a mi cuarto tocaron a la puerta, era Fabiola y los nervios volvieron de inmediato.
—pasa, ya solo me faltan unas cositas, pero ya termino… quieres algo? — traté de ocultar mi nerviosismo detrás de una sonrisa pero no sabía si lo había logrado.
—no, no, así estoy bien — me serví otro trago volteándome de espaldas para que no me viera y me lo tomé rápidamente sin poder evitar hacer muecas por lo fuerte que lo sentí.
—bueno, vamos — le hice señas de que me siguiera. El segundo trago de whisky estaba dando resultado — me quito las pantuflas, agarro mi bolsa y nos vamos.

El carro estaba inundado de un silencio bastante incómodo y para cortarlo Fabiola prendió el estéreo, traía un disco de muse y empezó a sonar resistence.
—me encanta esa canción — dije en cuanto la escuché.
—sí, es muy buena — dijo con una gran sonrisa mirándome a los ojos, en eso sonó mi celular.
—bueno… si… ya voy… no… viene conmigo jodón… ok, si, bye. Sergio no quita el dedo del renglón con respecto a ti — dije en cuanto colgué sonriéndole.
—sí, pero… a mí me gusta más su amiga — dijo en cuanto paramos en un semáforo con una sonrisa en sus labios, la luz roja del semáforo hacia que su piel dorada brillara más.
—no le vayas a decir eso — dije en tono serió mientras mi sonrisa se convertía en un gesto de súplica.
—no te preocupes — dijo poniendo su mano derecha sobre mi cachete izquierdo — no lo hare… te lo dije, no haré nada que no quieras — le sonreí tímidamente, el semáforo cambio a verde y ella arrancó el carro.
Iban a ser las diez cuando llegamos a casa de Carlos. Sergio casi saltó sobre nosotras en cuanto nos vio entrar.
—por qué tardaron? pensé que ya no venían, como ya no me llamaste — dijo en cuanto llegó junto con nosotras, pasó sus brazos alrededor de mi cintura y me besó en el cachete muy efusivo mientras me levantaba y yo pasaba mis brazos por su cuello y noté que Fabiola frunció el ceño un poco al ver que lo hacía.
—te dije que veníamos, no tardamos mucho — dije sonriéndole — pero ya estamos aquí — me bajó y besó a Fabiola en el cachete.
—Cinthia estaba hablando de ti — dijo con una sonrisa de complicidad, parecía que quería que lo dejara solo con Fabiola y yo no sabía si debía de hacer lo que me pedía con la mirada.
—en serió?  Mal o bien? — caminamos dentro de la casa y bajamos a la sala d juegos donde estaban los demás.
—deberías de preguntarle a Néstor — dijo señalándolo — para que no digas que estoy levantándole falsos — Cinthia volteó en ese momento y empezó a hacerme señas con las manos para que fuera.
—ok — Fabiola me miró directamente pero no supe que me quería decir, aunque suponía que era que no la dejara — vuelvo rápido — le dije — Sergio cuidara de ti — le guiñé un ojo y me fui sin darle oportunidad de decir nada y Sergio se quedó muy sonriente y complacido.
Estuve un rato platicando con Cinthia, Néstor y Carlos y de vez en cuando veía de reojo a Sergio y Fabiola, ella estaba de espaldas a mí pero a Sergio lo veía tan sonriente que no sabía si interrumpir o no. Mientras tanto, Cinthia me decía que Sergio había estado impaciente por que llegara y que había dejado claro que, si no llegaba con Fabiola, el mismo iría a buscarla, yo solo sonreí. También quiso saber de dónde Sergio estaba tan interesado en Fabiola y tuve que recordarle del día del antro. Estaba sintiendo que Cinthia me preguntaba por Fabiola demasiado y lo hacía no muy amigablemente, lo cual hizo que mi paranoia se activara, ya sabes, cuando tienes algo que esconder sientes que todo el mundo ya lo sabe, así me sentía con su interrogatorio, sospecharía algo o lo sabría con certeza? De pronto sentí pánico y lo que logra regresarme de vuelta a lo que Cinthia me decía es que de pronto noto que Fabiola me estaba viendo fijamente y me hace señas disimuladas para que fuera con ella.
—eres un mentiroso — dije mirando a Fabiola directamente — o tal vez ella — cambie la mirada hacia Sergio.
—definitivamente ella — contestó Sergio, era evidente que lo había interrumpido en su intento de conquista, pero no dijo más, Cinthia se nos acercó en ese momento.
—Carlos cree que deberíamos salir al tonic
—que no lo tienen castigado? — pregunté algo confundida.
—si — dijo Sergio pensativo. En eso escuchamos a Carlos gritar desde donde estaba, junto a la puerta del jardín que daba a la alberca.
—¡ya me canse, vámonos todos, no importa lo que me diga mi papá, estoy harto!
—desde cuando está encerrado? — pregunté y todos lo volteamos a ver con curiosidad.
—desde el día del antro, ese día fue cuando chocó — dijo Cinthia mientras Fabiola solo observaba todo con expresión divertida.
—iré a darle un zape para que se ubique — Sergio se fue algo intempestivo y nos dejó a las tres solas, lo cual aprovechó Cinthia y volteó de pronto hacia Fabiola y la observó inquisitivamente.
—Fabiola qué tal te fue con Luisa en sus clases? — su tono no era nada amigable y no sabía si Fabiola lo notaba como yo.
—bien, es solo una alumna incomprendida — dijo mirándome y poniendo una de sus manos sobre mi hombro presionándolo sugestivamente, como diciéndome otra cosa. A Cinthia no le pasó desapercibido el gesto y solo observaba a Fabiola con mala cara, lo que me ponía más nerviosa pero Fabiola tampoco parecía notar que Cinthia la veía de mala manera (o si lo hacía no le importaba), solo me miraba sonriente pero en eso Sergio llegó y yo respiré aliviada.
—sigue empeñado en salir, vamos?
—pues sus papás no están, no? a qué hora llegaran? — le pregunté mientras Cinthia seguía observando a Fabiola.
—ok, volveremos antes de que ellos, vámonos. Ustedes vienen conmigo? — me preguntó Sergio.
—si — contesté titubeante mirando a Fabiola.

Terminamos en el bacanno, que no estaba muy lleno cuando llegamos. Al sentarnos, Fabiola quedó enseguida de Carlos y yo enseguida de él y Cinthia junto a mí, Néstor, Lorena y Jorge quedaban enfrente y Sergio se acomodó frente a Fabiola y, aprovechando que Fabiola estaba platicando con Sergio, empecé a interrogar ahora yo a Cinthia.
—qué te pasa? Porque estas tan agresiva?
—no, no es cierto, por qué dices eso? — trató de fingir demencia pero yo la conocía bien, de la misma manera que me contestó le contestaba a sus novios cuando les decía que no estaba enojada.
—sí, no haces más que hacerle mala cara a Fabiola, que te pasa? — no se lo dije en mal tono, pero quería saber que era lo que le pasaba a como diera lugar y saber si sospechaba o sabía algo.
—nada… — tomó un gran trago de cerveza mientras yo solo la veía expectante hasta que por fin cedió — es que… desde que la conociste nos dejaste — la miré confundida — sí, no me mires así, ya no sales tanto con nosotros, últimamente estas distraída, la prueba es el partido que perdiste… y no me dices que te pasa — eso era lo que tenía. Respiré relajándome un poco, no es que supiera algo de lo que pasaba con Fabiola y yo, simplemente se sentía usurpada por ella, celosa — pasas más tiempo con ella que conmigo… con nosotros — Néstor y Lorena asintieron, ni siquiera me había dado cuenta que estaban escuchando.
—no… no es cierto — ni siquiera había estado con ella los días pasados — es solo que… últimamente he estado algo distraída, no pasara de nuevo, ok? Ya deja de estar atacando a Fabiola, si? Hazlo por mí, trata de llevarte bien con ella, es importante para mí.
—ok — dijo sonriéndome.
—y ustedes también ok? — apunte a Néstor y Lorena y ambos asintieron. Ellos no la habían atacado tan directamente como Cinthia, pero no se habían mostrado muy amigables con ella.
Platicamos de cosas sin importancia por un rato pero en eso, me doy cuenta de que Fabiola me estaba lanzado miradas de auxilio y tuve que decirle a Carlos que me cambiara de lado y, después de estar molestándome, me dejó su lugar, en ese momento Sergio se levantó al baño.
—porque me dejaste? — me reclamó en cuanto pudo hacerlo sin que la escucharan — tu amigo, Sergio está muy insistente — solté una risita.
—que te dice? Te está incomodando?
—un poco… no quiero darle un cortón feo pero no me deja mucha alternativa — le sonreí — no te rías — me presionó el brazo — es en serió.
—que quieres que le diga? — seguí sonriendo.
—pues…
—¡no! — le dije presionando ahora yo su mano que estaba sobre mi brazo, Carlos me escuchó y volteó a verme intrigado.
—cálmate, no lo hare — sonrió para calmarme un poco y Carlos no prestó más atención. Cuando Sergio volvió del baño y siguió con sus intentos de conquista con Fabiola pero como estaba yo junto a ella ya no pudo hacerlo tan descaradamente.
Cerca de la una de la madrugada Néstor nos dijo de pronto a todos que debíamos volver a casa de Carlos, a todos se nos había olvidado que debíamos volver antes que sus papás.
Fabiola y yo nos habíamos subido al carro de Sergio, igual que habíamos venido y Sergio empezó a decirle algunas cosas a Fabiola en el camino sin importarle que yo iba con ellos.
—de no ser porque Luisa es mala para la química no te habría traído nunca con nosotros.
—sí, es algo que me pagara de alguna manera — me reí junto con Sergio pero la mía era risa nerviosa.
—no somos tan malos — le dijo Sergio.
—nunca dije que lo fueran — veía de reojo como me miraba Fabiola desde atrás mientras fingí ver a Sergio.
—Fabiola, a donde solías ir antes de que Luisa te trajera?
—lo dices como si tuvieras la duda de que saliera.
—no, es que… la verdad si — me reí de nuevo y Sergio me miró confundido.
—eres igual que Luisa — la miró ahora a ella confundido por el retrovisor — ella me preguntó lo mismo — su expresión dejó ver que comprendía el porqué de mi risa.
—somos de lo peor — dijo mirándome.
—y Fabiola — parecía querer preguntarle algo pero no se animaba — tienes novio? — por fin lo hizo.
—no — contestó ella sonriéndole como si nada mientras yo solo miraba por la ventana tragando bolitas.
—y… sales con alguien? — Fabiola se quedó pensativa un par de segundos y yo sentí un hueco en el estómago.
—pues… creo — empecé a sudar frio.
—como que crees? –— preguntó confundido. Menos mal que no se daba cuenta de que estaba comenzando a sufrir un ataque de nervios por sus preguntas
—digamos que apenas… estoy en primera etapa?
—o sea que aun podrías darme una oportunidad?
—no lo sé Sergio — le sonrió — me gusta mucho…
—pero si solo te gusta eso puede cambiar — la veía por el retrovisor — o sientes algo por él?
—si… no lo puedo evitar.
—acabas de acabar con mis esperanzas — Sergio hizo gesto de tristeza — que suertudo tipo.

—entonces te estaba declarando su amor delante de él? — la interrumpió Thomas sorprendido y Luisa le asintió mientras daba un trago a su té chai — y tú qué hiciste?
—me retorcí en el asiento, moría de nervios y no sabía qué hacer.
—y que pasó después? — conforme avanzaba en su historia, Luisa comenzaba a sentirse mas confiada al estarle contando, él le había dad esa confianza con su actitud.
—nada, llegamos a casa de Carlos y yo me dirigí rápido al bar por un trago de whisky, necesitaba calmarme, y lo conseguí, pero también me empecé a marear. Fabiola se dio cuenta y preguntó que si nos íbamos ya y yo dije que sí. Cuando le dije a Cinthia que nos íbamos me miró reprochándome pero le dije que mañana le marcaria y siguió en lo que estaba, para mi fortuna estaba muy feliz bailando por todos lados.


Y de regreso en el carro el disco de muse seguía sonando, Fabiola no me dijo nada de lo que había pasado con Sergio, solo me preguntó que si podría ayudarla en un trabajo de química que tenía que entregar (no sé dónde pues ya no había escuela). Solo dije que, ella más que nadie sabía que no era la mejor ayudante pero no le importó y, así, quedamos de vernos al día siguiente en mi casa. Cuando estaba dejándome se acercó a mí y me preguntó que si podía besarme,  toda la noche había estado pensando en eso. Yo no le dije nada, solo me quedé mirándola unos segundos y luego le sonreí tímidamente, me sonrió de vuelta y me dio un gran beso, que sentí como si me llevara a pasear por las nubes de nuevo — Thomas fue por mas café y le llevó otro té a Luisa.

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