Había estado todo el día
en la oficina por razones que ni siquiera tenían que ver con ella pero al fin
iba de camino a su casa. Manejaba más despacio de lo que acostumbraba, estaba
cansada y lo que quería era llegar ya y dejarse caer en la cama, pero iba
posponiendo el momento de su encuentro, a veces la abrumaba con tanto afecto
que le daba. Daba vueltas por la ciudad esperando que al llegar Morfeo hubiera
llegado antes que ella a su casa.
Luisa pensó que lo había
conseguido al entrar y encontrar todo a obscuras. Entró a la cocina y se tomó
una pastilla para el dolor de cabeza y de ahí fue hacia el cuarto dispuesta a
dormir hasta que el mundo se acabara.
La cama estaba vacía, lo
que se le hizo raro. No era que Morfeo hubiera llegado primero, es que el
apartamento estaba solo, por eso la obscuridad. Entró al baño a quitarse los
lentes, se puso la pijama y fue a perderse en la cama.
—preciosa, ya llegué — le
dice su esposo al entrar al cuarto y hace por entrar a la cama — como te fue
hoy? — no puede creer que estuvo a punto de lograrlo.
—bien — contesta sonriéndole
sosamente — a ti?
—también pero moría por
llegar y encontrarte despierta y besarte — se le acerca y, uniendo la acción a
la palabra, la besa — casi no te vi en el club.
—estuve todo el día con
Paris.
—está tratando de robarme
a mi esposita?
—solo me usa para atraer
más clientes, pero me resulta muy cansado a veces.
—bueno, descansa — dijo
con algo de decepción. Había estado esperando todo el día para verla y
estrecharla en sus brazos y solo tuvo que conformarse con besarla — esperemos y
mañana te deje descansar.
—tengo que ir de nuevo
mañana pero quisiera mejor escaparme.
—entonces te llevaré a la
playa.
—no tienes que ir al club?
—me escaparé por ti —
Luisa le sonrió pensando rápido en una mentira.
—no te preocupes, le diré
a Cinthia que me acompañe ella, creo que está aquí.
—segura? No me importaría
hacerlo yo.
—sí, iremos tu y yo,
después — volvió a besarla y ella se durmió rápidamente.
El pato se despertó antes
que Luisa. Se levantó sigilosamente y salió de la cama dándole un leve beso en la
frente. Ella ni cuenta se dio de eso y apenas despertó le mandó un mensaje a
Paris diciéndole que estaba indispuesta y no podría ir por un par de días. Su
llamada no tardó y le inventó algún malestar. Después de mucho estar peleando
por eso, él al final cedió de mala gana.
Cada vez que Luisa le
hablaba a Cinthia ella corría a su lado desde donde estuviera, y esta vez no
fue la excepción, solo que ahora lo haría desde México, había tocado la mala
suerte que no estaba en Vancouver en ese momento.
Siempre había sido muy
protectora con ella, pero hacia cinco años que lo era de más.
Luisa se iría adelantando
a Victoria. Cuando Cinthia llegó no lo hizo sola, Sergio iba con ella, lo que
fue una agradable sorpresa para Luisa, hacía mucho que no lo veía.
A el aún le gustaba mucho
Fabiola pero hacia mucho que había perdido esperanzas.
Una vez que estuvieron los
tres juntos fueron a cenar y ponerse al corriente de lo que pasaba. Cinthia
sabía que Luisa quería escaparse de su realidad, la mayoría de las veces que lo
hacia la llamaba para eso (cuando no se iba sola), pero con Sergio ahí no
tendría mucha oportunidad de saber que le pasaba.
—el otro día vi que Thomas
subió una foto de Dany, está muy grande ya —
trataba de preguntar cosas sin importancias para que no llegaran a donde
no querían.
—sí, es como si creciera
casi todos los días.
—lo ves a diario — Luisa negó.
—es el pato quien lo ve más. Thomas lo
lleva con regularidad al club, yo casi ya no voy.
—es muy parecido a él, de verdad que es
suyo — Luisa medio sonrió.
—no has visto a Fabiola? —
preguntó de pronto Sergio. Hacía mucho que no le preguntaba por ella y eso la
tomó por sorpresa. Afortunadamente Cinthia estaba ahí y pudo salir en su ayuda.
—no puede ser que aun
preguntes por ella — trataba de atraer la atención de Sergio, Luisa había
colgado la cara hasta el suelo.
—jamás dejare de hacerlo,
fue la única que se me escapó.
—volverás a acosarla
entonces?
—dejare que sola venga a
buscarme.
—eres un tonto, lo sabias?
— parecía que había funcionado. La veía de reojo y estaba cabizbaja con su
mirada triste, aun no podía escuchar su nombre sin que le afectara.
—sí, lo sabía, pero eso no
te molesto antes.
—no que tú supieras.
—admítelo, sin mi morirías
de aburrimiento.
—no lo haría — Sergio le
sacó la lengua y la discusión terminó.
—tu esposo nos alcanzara?
— no lo escuchó. Cinthia tuvo que darle un leve golpecito en la pierna para que
reaccionara.
—qué pasa?
—el pato, vendrá?
—no, tiene compromisos en
el club.
—bueno, seremos los tres
solamente, mejor así, no es que me caiga mal, pero te robo de mí y eso no se lo
perdonare — logró que Luisa sonriera.
Ahora sería tarea de
Cinthia que no se deprimiera si no quería que Sergio empezara con sus preguntas
de niño de 4 años acerca de por qué Fabiola y ella ya no eran amigas, o lo que
Sergio no sabía, novias.