Fabiola Martorelli es ingeniera en química, y es bastante
prestigiosa por su trabajo en la elaboración de algunos virus con diferentes
usos.
Desde que su vida personal se viera afectada
drásticamente por culpa precisamente de su trabajo, no volvió a relacionarse
con nadie jamás. Y no precisamente por falta de postulantes, pero cada vez que
lo había salido con alguno (sin muchos ánimos y por insistencia de sus
compañeros), nunca tuvo problemas en encontrarles defectos y los desestimaba
casi de inmediato. Lo que ella buscaba, con quien fuera que saliera, no lograba
encontrarlo en nadie. Buscaba de quien se había enamorado, y nadie podía
competir con eso. Había tenido que dejar ir al amor de su vida sin remedio, y
ahora, todo su tiempo se lo dedicaba de lleno a su trabajo, era la primera en
llegar y la ultima en irse habiendo ocasiones en que se quedaba sin regresar a
su casa en días. Siempre tenía cambios de ropa en su oficina y se bañaba en el laboratorio
para esas veces pues estar en su apartamento se le hacía casi imposible, solo
le recordaba a quien había perdido y ya no estaba a su lado y a veces no lo
soportaba, por lo que muchas veces decidía trabajar más de 24 horas seguidas
para llegar rendida y solo dormir sin tener que deambular por el apartamento,
donde todo le recordaba a esa persona. Pero irse a otro apartamento jamás fue una opción,
no podía deshacerse de ese lugar, ahí había pasado sus momentos más felices y,
aunque a veces no lo soportara, era su único recuerdo, y simplemente no podía
dejarlo ir. Así como no los soportaba, no podía vivir sin sus recuerdos
tampoco.
Una de esas noche en que no podía conciliar el sueño, a
pesar de que estaba exhausta, decidió ver la tele en la estancia del apartamento,
pero nada le atraía, y después de darle vuelta a los canales, agarró el
periódico de la mesa que estaba frente a ella (de unos días pasados) y se puso
a hojearlo sin mucho interés. Pero de pronto una nota le llamó la atención, al parecer
el Vancouver open estaba cerca de su realización y la nota tenía información
sobre el torneo, la fecha y horarios de los primeros partidos, así como la
lista de los jugadores que participarían. A Fabiola le dio un vuelco el corazón
cuando se fijó en un nombre en particular de la lista y se quedó en shock.
Estuvo sentada con el periódico en la mano por unos segundos mientras que miles
de pensamientos y sentimientos rondaban su cabeza.
Los días que siguieron, los que faltaban para que el torneo
comenzara, Fabiola estuvo bastante distraída en su trabajo. Moría de ganas por
ir al torneo pero se resistía, sabía que no podía ceder, no podía tirar por la
borda todo el esfuerzo que había hecho hasta ese día por un momento de
debilidad y se aferraba a eso para no sucumbir.
Pero el día que comenzaba el torneo llegó y ella no pudo
resistir más y sin planearlo siquiera terminó manejando al Hollyburn Country Club sin imaginarse lo que eso empezaría. Había
pensado que al quedarse en la distancia, sin contacto de ningún tipo, era lo
mejor, solo ver a lo lejos, y así lo hizo. Entró a la cancha y se dirigió a las
gradas donde se llevaría a cabo el partido entre dos jugadoras: Misaki Doi,
japonesa y Luisa Licano, mexicana, pero había sido nacionalizada por Canadá
para jugar como canadiense hacia bastante tiempo.
El partido terminó con una victoria por parte de Luisa
Licano y tratando de no distraerse mucho trató de salir lo más rápido que pudo,
pero algunos espectadores la detenían para que les diera su autógrafo, lo que
hacía con la mirada baja.
Fabiola hizo lo propio y trató de salir del estadio pero
la gente estaba amontonada y parecía que
iban caminando disfrutando del paisaje pues iban demasiado lento. Al fin logró
llegar al estacionamiento, y al dirigirse a su carro distraídamente alcanza a
escuchar una voz que le parece conocida, no, no le parece, la conoce perfectamente,
es una de las jugadoras que acababa de ver
jugar, Luisa Licano, quien iba con su entrenador, Thomas Ferrón. Al
parecer llevaban algo de prisa, y Fabiola solo los observó desde donde estaba
sin hacer algún movimiento que la delatara. Pero el entrenador alcanza a verla,
y él se queda viéndola con la mirada
fija, lo que provoca que Luisa se dé cuenta de que Thomas esta distraído con
algo, voltea a ver de qué se trata, y al ver a Fabiola, le sonríe tímidamente a
modo de saludo creyendo que es una espectadora que él conoce, Thomas se da
cuenta de eso y luego ambos siguen su camino.
—la conoces? — le preguntó intrigada a Thomas.
—no… creí que era alguien que conocía, pero me equivoqué,
cuando veras a Cinthia? — quiso cambiar de tema rápido.
—mañana — Fabiola alcanza a escucharlos, pero simplemente
se va a su carro y de ahí a su apartamento.
Al llegar ya es de noche, sale al balcón y contempla la
ciudad y sus luces y se fuma un cigarro. Ella no fue nunca de ese vicio, pero los
últimos años había desarrollado ese hábito con bastante frecuencia, lo había
adquirido por la convivencia diaria de quien ahora estaba ausente (aunque esa
persona no lo hiciera siempre y a pesar de que no debía), dejándola con ese
vicio.
Estando ahí, entre el humo del cigarro, la compañía de
Ludovika, su perrita pug, y la imagen de las luces de la ciudad a sus pies, se
reprendió a sí misma, no debió de haber ido, Thomas la había visto, pero
simplemente no se había podido resistir. Es una de esas cosas que sabes que no
debes de hacer pero terminas haciéndolo de todos modos porque, a veces, el
sentido común pierde ante la impulsividad de ese momento del ser humano.
Al segundo día del torneo, Fabiola iba llegando al laboratorio
donde trabajaba, y en cuanto lo hizo se le acercó uno de sus compañeros para
decirle que le había conseguido una cita con un amigo suyo.
—necesitas distraerte, no haces más que trabajar, y los
últimos días has estado tan distraída que creo que ya te afectó el encierro.
—no, no quiero — le contestó a Román, su compañero, algo
distraída y cortante.
—no interesa lo que quieras.
—las citas a ciegas no me gustan mucho.
—te niegas a ir a las reuniones que organizamos, como vas
a conocer a alguien aquí encerrada si a todos los que se animaron a invitarte los
encontraste no dignos de ti — dijo en tono de burla.
—eso no es cierto, solo… fue falta de afinidad.
—y si no pones de tu parte no encontraras esa afinidad
que buscas, por lo que mañana iras a cenar con mi amigo.
—no busco afinidad con nadie — dijo más para ella que
para Román.
—pasara por ti a las 8, más vale que estés lista, ok?
—ok — dijo al fin a regañadientes pero ella solo tenía en
la mente el partido de segunda ronda que se aproximaba.
Mientras Thomas esperaba a que Luisa llegara al
restaurant para comer con él. Contemplaba con demasiado detenimiento un estuche
de madera, el cual, contenía una droga que venía inyectándole a Luisa mensualmente.
La observaba dubitativo de si usarla o no, no veía el caso de seguir dándosela,
pero aun así, no sabía si debía seguir haciéndolo. En eso Luisa llegó corriendo
sacándolo de sus pensamientos, Thomas guardó el estuche sin decirle nada y
dejando de lado ese asunto por el momento.
El juego de
segunda ronda de Luisa comenzaba y era contra Stephanie Dubois, también de Canadá. El juego comenzó sin contratiempos y
ambas jugadoras estaban intercambiando golpes. Pero en unos de los cambios de
cancha, al ir caminando hacia su banca, Luisa voltea a las gradas, como hacía
en algunas ocasiones en los partidos, pero esta vez había sido porque uno de
los espectadores le grita algo que no alcanzó a escuchar muy bien, cerca de ese
espectador gritón alcanza a ver la cara de Fabiola. Luisa no sabe quién es,
pero su cara la recuerda de algún lado, solo que no sabe muy bien de dónde. Ese
pensamiento se queda en su cabeza no dejándola concentrarse en el juego y hace
que casi pierda el partido, pero se recupera y gana haciendo que su compañera
sea descalificada.
Al salir de la cancha, sigue pensando en lo mismo, solo
que no se lo dice a Thomas y se queda con eso el resto del día, hasta que por
la noche, al dormir, logra olvidarlo.
Al otro día ella no tiene juego y Ulises, un amigo de
Paris (su agente) la invita al cine y como falta un día para su próximo juego y
su amiga Cinthia se había ocupado, acepta ir con él.
Luisa había salido con Ulises desde hacía algún tiempo,
pero ella no se decidía a hacerlo exclusivamente con él y tener una relación
seria, a pesar de los muchos intentos de él, lo que, de hacerlo, pondría fin a
las habladurías de la prensa de que no formalizaría jamás con alguien. Ulises,
por lo pronto, había decidido dejar de presionarla en ese sentido y le daba su
espacio, pero estaba decidido a conseguir que ella lo acepte al fin y se valía
un poco de Thomas para eso.
Fueron al cine scotiabank theatre que estaba en la
esquina de burrard y smithe. Se estacionaron cerca de ahí y fueron caminando. De
pronto, de la nada, esa cara familiar se le viene a la cabeza y recuerda cómo
es que Thomas se había quedado mirándola, y trata con todas sus fuerzas en
recordar si ella la había visto antes de ese día, o si Thomas le había dicho
algo de ella, seguro era con alguien que había salido pero no habían acabado
bien y por eso el fingió no saber quién era, eso debía ser, el problema era que
ella no recordaba que Thomas se la hubiera mencionado antes. Se había quedado tan abstraída en sus
pensamientos hasta que Ulises la hizo volver a la realidad para cruzar la calle
y entrar al cine, y una vez sentados en la sala, con la película comenzada ya, Luisa
apenas presta atención devanándose la cabeza tratando de recordar, aunque fuera
algún comentario, y relacionarlo con su cara pero nada, pasó la mitad de la
película cuando por fin se dio por vencida, por el momento.
—quieres ir a cenar?— le preguntó Ulises al salir de la
película — hay un restaurant italiano aquí cerca.
—no, mejor otro día, estoy algo cansada.
—ok, pero sin excusas ni pretextos iremos después — Luisa
sonrió asintiendo. Caminaron hasta donde habían dejado el carro de Ulises y
después fue y la llevó a su casa.
Fabiola estaba en su cita con David Escarcega, era muy
alto, con el pelo negro y lacio. El tipo no estaba nada mal, y parecía tener
una conversación interesante, por lo menos en los momentos en que Fabiola le
prestaba atención, así le pareció, pero la mayoría del tiempo estaba pensando
en los encuentros que había propiciado.
—tan aburrido soy? — David la sacó de sus pensamientos de
golpe.
—qué?... no, no, para nada… es que… tengo unas… cosas en
la cabeza, no eres tú, créeme.
—que bien, comenzaba a pensar que te estaba aburriendo —
dijo con una gran sonrisa.
—no, no lo pienses, soy yo… discúlpame, pero no puedo
sacarme… esos problemas de la cabeza.
—me lo advirtió Román — Fabiola lo miró confundida — te
enfrascas demasiado en tu trabajo que no puedes dejar de pensar en el — terminó
sonriéndole mientras Fabiola asintió sonriendo también, y pudo ver que David
tenía una sonrisa encantadora.
Terminaron de cenar y después caminaron por burrard st. Fabiola
trataba de prestar más atención a lo que David le decía, pero, al parecer, ella
no estaba de humor para fingir que tenía interés en él y David no quiso
insistir más por lo que decidió llevarla a su casa. De camino, el corazón de Fabiola
empezó a acelerarse con demasiada fuerza al ver la cara de Luisa caminando con
algún tipo que ella no conocía. Ella no la había visto, pero tan solo verla
bastó para que el resto del tiempo Fabiola estuviera más abstraída de lo que
había estado y David se lamentó un poco decepcionado.
—tienes algún problema en tu trabajo? — le preguntó
cuándo estaban en la puerta de su apartamento.
—no — contestó distraídamente — unos pendientes, pero no
puedo… dejarlos así — terminó sonriéndole.
—bueno, espero y no sea nada grave… puedo llamarte otro
día? — sabía que esa cita había sido un fracaso, pero en verdad le había
gustado Fabiola y quería intentarlo seriamente con ella.
—si — contestó después de pensarlo unos segundos.
—ok, nos vemos otro día entonces — se despidió de ella
besándola en el cachete y se fue.
Fabiola entró a su solitario apartamento, se sentó en el
sillón de la estancia que estaba en la entrada con Ludovika en sus piernas y se
quedó ahí pensativa hasta que se dio cuenta que era algo tarde y se fue a dormir.
Fabiola llegó al laboratorio al día siguiente de su cita
y se dirigió a su oficina. Apenas se había sentado en su escritorio cuando
Román entró.
—según David tienes un problema grave en el trabajo —
Fabiola suspiró mientras lo escuchaba — y tuve que decirle que sí. Por qué
estabas tan distraída? Aquí no hay problemas.
—evidentemente no — dijo prendiendo su laptop.
—entonces?
—unas cosas que ocupan mi mente, es todo.
—qué cosas? Si lo único que haces es trabajar — lo miró
pensativamente.
—unas cosas, no seas preguntón.
—tienes una vida secreta de la que no se nada? — quiso
saber en tono de complicidad y con algo de sarcasmo.
—evidentemente — contestó Fabiola sonriéndole.
—tiene que ver con tu amiga? hace mucho que no se ven,
no?
—el destino nos llevó por caminos separados — trató de
sonar normal.
—pues ahora que está en la ciudad deberías verla, me
llevas cuando lo hagas, soy su fan.
—lo recuerdo.
—nunca me la presentaste, y no por falta de insistencia.
—lo recuerdo también — al ver que no pudo hacer que
Fabiola le dijera nada más desistió y volvió a su oficina.
Pero inmediatamente de irse Román, Angélica entró a su
oficina, como si estuvieran tomando turnos.
—por fin vuelves — dijo Fabiola en cuanto entró — como te
fue? — Angélica se sentó frente a ella.
—bien, aunque tuvimos algunos problemas, pero se
solucionaron.
—que bien.
—qué te pasa? Te notó… rara — preguntó después de
quedarse mirándola un par de segundos.
—eres igual que Román — dijo con una leve sonrisa al
verse descubierta — es Lulú… la vi, es como si el tiempo no pasara por ella.
—donde? — preguntó bastante sorprendida e inclinándose
hacia adelante.
—en el club… fui a un partido suyo, y desde entonces no
me he podido contener y evitar seguir yendo.
—y ella te vio?
—si… pero, según Thomas, no me recuerda.
—y a que fuiste en primer lugar? Creí que no volverías a
buscarla.
—no pude evitarlo… cuando menos pensé, ya estaba ahí...
si hubieras estado aquí probablemente me hubieras convencido de no ir, pero el
destino quiso que, justo estos días, tuvieras que salir fuera.
—y que pasó?
—nada… solo la vi… anoche también.
—anoche?
—fui a cenar con el amigo de Román y la vi en la calle
caminando con un tipo, no sé quién era.
—Thomas que te dice?
—no lo he visto, pero imagino que no debe tardar en
hablarme.
Casi como si lo hubiera invocado su celular recibió una
llamada, de Thomas. Fabiola le mostró el celular a Angélica sonriéndole.
—bueno… lo se… tu dime… si, está bien… espero que me
confirmes… ella… nada… está bien, adiós.
—que te dijo?
—nada, sigue dándole la droga para bloquear su memoria,
pero parece que ya no es tan efectiva como al principio… me dijo que le contaría
una historia, no sé de qué — Angélica no le dijo más, solo se quedó pensando lo
que Fabiola acababa de decirle.
—y que piensas hacer? — dijo después de unos segundos.
—nada.
—no le dirás quién eres? — Fabiola negó con la cabeza
lentamente — deberías hacerlo.
—no… no necesita que le complique la vida de esa manera.
—no creo que lo que piensas sea la mejor opción — dijo
levantándose y saliendo de la oficina, y justo en la puerta se detuvo — lo que
quieres realmente es tratar de recuperarla… debes hacerlo y no dejar escapar la
oportunidad — y salió sin más.
El resto del día Fabiola estuvo en su oficina, salió
exclusivamente para lo necesario, todo el tiempo solo pensaba en lo que
Angélica le había dicho, debía volver al club al siguiente partido?
En los siguientes dos partidos, Luisa juega de lo más
normal. Derrota a sus oponentes y avanza en el torneo, pero en ambos partidos
había visto la misma cara que le causó una desconcentración que casi la lleva a
perder el segundo día. Esta vez no fue la excepción, Luisa no comprendía el por
qué la molestaba el verla y empieza a sentirse intrigada, provocando que en
este partido pasara lo que había pasado lo que en el segundo, pero alcanzó a
salvarlo en el último set, de nuevo.
—te acuerdas del primer partido? — le preguntó a Thomas al
salir de los vestidores — cuando te pregunté si conocías a alguien que te
quedaste mirando? — Thomas asintió — quien era?
—porque preguntas? —Thomas se sobresaltó.
—por nada… la conocías?
—no recuerdo de quien me hablas — le mintió y Luisa lo
miró profundamente no muy convencida de lo que le decía.
—en serió? — su tono era de escepticismo — deberías, la
observaste muy detenidamente… como si la conocieras.
—seguro estas confundida.
—puede ser — dijo algo pensativa y optó por dejarlo así.
Si él decía que no lo recordaba dudaba que lo pudiera hacer que le dijera que
así era, pero Thomas sabía muy bien a quien se refería Luisa y estaba dudoso en
si decirle quien era Fabiola o no. Por el momento había conseguido algo de
tiempo para pensar que hacer.
Lo resolvió unos cuantos días lo hizo y, después de darle
vueltas al asunto una vez más, Thomas quedó de verse con luisa en un Starbucks
cerca de su casa.
Solo que antes de eso, él está sentado en el carro de Fabiola
cerca de donde vería a Luisa, no lo creía, pero si a ella se le ocurría llegar
temprano probablemente lo podría ver bajarse de ahí, estaba en plena calle sin
ninguna precaución ni nada, aun así, decidió correr el riesgo ateniéndose a que
era tardada.
—justo el día que te vi comencé a pensar en si debía
seguir dándole la droga o no… y al salir del, juego te veo.
—coincidencia — dijo Fabiola monótonamente — se la diste?
—no… estoy a punto de contarle una historia… crees que
deba seguir dándosela?
—qué historia es esa esa historia? Por qué se la contaras?
— la evadió la pregunta de Thomas.
—porque me empieza a acosar con preguntas sobre ti, vio
que me quedé mirándote.
—y eso se lo aclarara?
—no lo sé, pero le dará algo en que pensar mientras tanto
— se quedaron en silencio.
—nunca intentaste nada con ella? — preguntó de pronto sin
quitar la vista del tablero.
—no — dijo después de unos segundos — no quería salir de
su vida y eventualmente me habría sacado.
—no… si hubieras logrado que…
—no — interrumpió a Fabiola de golpe — se dónde está su
corazón y a quien le pertenece… aunque ella no lo sepa… o no lo recuerde.
—solo te dedicaste a verla salir con todos esos tipos?
—imagino que sabes lo que sentía — trató de ser gracioso,
pero Fabiola ni siquiera sonrió — te enteraste de todos?
—de todos los que la prensa captaba… faltó alguno?
—algunos… los que ni siquiera llegaban a las dos semanas...
pero con ninguno se acostó — Fabiola no volteó a verlo, solo abrió los ojos un
poco por la sorpresa al escuchar eso, quería preguntárselo ella, pero no sabía
cómo y él le dio lo que quería sin siquiera pedirlo.
—como lo sabes?
—los dos la conocemos bastante bien, nunca me lo dijo,
pero yo lo sabía. Esa reacción que tiene, que solo si la conoces perfectamente,
lo sabes… sabes que el primer año fue bastante difícil? — dijo cambiando de
tema.
—por qué?
—estuvo de un humor pésimo, no te recordaba a ti en específico,
pero sabía que algo le faltaba, parece que lograste borrarte de su mente pero
su corazón te recordaba. Benjamín me hizo darle una sobredosis de esa droga, después
de unos días que estuvo bastante mal, todo volvió a la normalidad.
—y desde entonces…
—no ha habido problemas.
—como arreglaste lo de Cinthia?
—tuve que decirle que pasaba, resulta que es muy
preguntona y quería saberlo todo… pero al final, ella, de mala gana, aceptó no hablarle
de ti.
—bien.
Fabiola terminó diciéndole que confiaba en él y su criterio,
a Thomas no le agradó mucho eso, pero no tuvo más remedio que estar de acuerdo,
se despidió de ella y se fue. Luego Fabiola se dirigió a su apartamento y
empezó a alistarse para su otra cita con David sin muchos ánimos.
A pesar de todo, Thomas llegó antes que Luisa al
Starbucks y, mientras ella llegaba, él pidió un espresso y le pidió un caramel
a ella. Llegó quince minutos después de que él se sentara en una mesa y se
pusiera a hojear una revista que estaba ahí.
—tarde como siempre — dijo Thomas en cuanto se sentó frente
a él.
—había mucho tráfico — se excusó, Thomas la miró entrecerrando
los ojos sabiendo que mentía. Le dio su vaso y dejó la revista — que me querías
decir?
Thomas soltó un gran suspiro, pensó en no decirle nada al
último, pero lo pensó de nuevo y comenzó a contarle una historia entre dos personas.
Lo hacía como si estuviera contándole un libro muy emocionante. Le contó detalles
sobre cómo se conocieron esas dos personas, donde se conocieron y como su
relación evolucionó. Luisa estaba confundida, no comprendía porque Thomas le
contaba eso, era eso lo que él quería decirle? Y con qué fin? Thomas estaba tan
concentrado contando la historia y cuidando que no se le escapara algún detalle,
que Luisa no lo interrumpió.
—eso era lo que me querías decir? — preguntó cuándo
Thomas terminó.
—si… no te gustó?
—si… digo, es bastante entretenida, pero que tiene que
ver eso conmigo?
—aquí fue donde me la contaron — ignoró la pregunta de Luisa
— y no se me olvidó al parecer.
—entonces descartó la idea de que se trate de ti — dijo
en tono sarcástico y él asintió sonriéndole traviesamente — y quiénes son?
—eso te lo diré después.
—por qué no ahora?
—una
historia a la vez es más que suficiente.
—no lo creo… me lo cuentas y luego no me dices de quien
se trata?
—se dice el pecado, no el pecador — Thomas seguía
sonriendo.
—no, eso no me parece muy justo, primero me haces
escuchar toda esa historia, que no era corta eh, y luego no me dices de quien
se trata?
—quien dijo que la vida era justa? — Luisa, frustrada, le
dio un golpe en el brazo.
—no seas así, dime — Thomas negó con la cabeza — pues
entonces para que me la contaste? no comprendo.
—eso te lo dejo de tarea — dijo guiñándole un ojo y Luisa
se cruzó de brazos resignada y haciéndole mala cara.
Thomas agarró entonces uno de sus brazos y lo estiró
sobre la mesa, sacó el estuche que había estado contemplando el otro día, lo
puso junto a su brazo y sacó la jeringa, agarró el brazo de Luisa de nuevo y la
inyectó al tiempo que Luisa fruncía el ceño por el piquete.
—no crees que ya no las necesito? — Thomas levantó la
vista para verla a los ojos — demasiadas vitaminas, no?
—crees que sabes mejor que yo lo que necesita tu cuerpo
para no desgastarse tanto? — Luisa titubeo un poco — bueno, entonces, confía en
mí.
—me tengo que ir — dijo levantándose al tener esa batalla
perdida — me veré con Cinthia, pero no me dejaras con la duda como crees — le
apuntó con el índice y el solo le sonrió.
Y después de tantas vueltas de pensar en si debía o no
volver al estadio, había ganado la impulsividad del primer día y había estado
siguiendo los partidos constantemente, simplemente no podía resistirse. Thomas la
había visto en cada ocasión, nunca le dijo nada fuera de la vez que se habían
visto, en el club solo intercambiaba miradas con ella.
Un día, estando Fabiola en su apartamento contemplando la
ciudad desde el balcón, Angélica llegó a visitarla sin previo aviso, sabía que
podía estar pensando y pensó que podría necesitar ayuda de persuasión. Fabiola
y Angélica se habían conocido hacia seis años mientras estaban, en contra de su
voluntad, pasando un tiempo aisladas del mundo y de sus vidas, tenían una
amistad muy fuerte, a pesar de que Fabiola sabía lo que Angélica sentía por
ella, pero Angélica sabía también que jamás volvería a tener con ella lo que
había tenido, solo su amistad.
Estuvo dándole ánimos, sabía que ir a los partidos no le
hacía bien, pero no podía evitar que fuera, a menos que la vigilara las 24
horas del día, aunque si las cosas no se componían y empeoraban eso terminaría
haciendo.
Luisa estaba muy cerca de su meta de ganar el torneo
llegando a los cuartos de final.
Jugaba su pase a la semifinal y, al ir ganando el primer
set, y en ventaja en el segundo por 4 juegos contra 2, empezó a sentir que la
rodilla izquierda le molestaba, una vieja lesión que no había dejado sanar bien.
No le prestó mucha atención al principio pero, cuando la jugadora contraria le
había lanzado una bola cerca de la red, había corrido desde el fondo de la
cancha para lograr alcanzarla, ocasionando que la punzada que sentía aumentara.
Decidió seguir jugando, pero inmediatamente se empezó a notar en su juego, dejaba
pasar algunas pelotas que, en teoría, eran fáciles de alcanzar, pero Luisa no
corría para llegar a ellas.
Thomas sabía que se había lastimado, pero en ese momento
era ella quien tenía la última palabra. Mientras estaban en uno de los descansos,
el esperaba que ella volteara a verle, al fin lo hizo pero sus señas no
llegaron. Se reanudó el juego, ahora estaban 4 juegos contra tres, seguía
ganando.
Al servir, Luisa sintió la punzada de nuevo, cada vez era
más fuerte, y parecía que su contrincante se había dado cuenta de eso, pues la trajo
por toda la cancha, aunque Luisa le ganó dos puntos y estando 30-0 sirvió de
nuevo con un as, quedando en game point. Sirvió de nuevo potentemente, pero la
otra jugadora le había contestado su servicio con debilidad en un error que
cometió, haciendo que la pelota tocara la red, con suerte para ella, y pasando
apenas al lado de Luisa, ella corrió para alcanzar la pelota consiguiendo darle
un raquetazo con su cambio de mano en el último momento, pero esa corrida le
había costado, la otra jugadora ya estaba esperando la pelota y contestó al
lado contrario al que se encontraba Luisa y está ya no pudo alcanzarla. Esa
corridita le estaba cobrando cara la factura, ahora no era solo una punzada lo
que sentía, era como si le enterraran un cuchillo en la rodilla cada vez que la
flexionaba al caminar o apoyaba en ella.
Sirvió de nuevo, pero estrelló la pelota en la red y tuvo
que hacerlo de nuevo con un saque muy débil, el cual su contrincante devolvió con
mucha facilidad. Luisa ya no estaba a su altura de juego normal y apenas
alcanza a devolver la pelota, y una vez más, la recibió de nuevo alcanzándola en
el último momento, pero la pelota quedó en la red. Sirvió y recibió la pelota
que su contrincante respondió, por el momento, con algunos trucos que había
sacado debajo de la manga, había logrado mantener el control de ese punto y no
estaba sacrificando la rodilla demasiado, pero aun sentía ese dolor
atravesándole. Su oponente, en un golpe demasiado bueno, cambio eso, y puso a Luisa
a correr golpeando la pelota en un golpe que apenas alcanzó, la suerte estuvo
de su lado por fin, y cuando devolvía de nuevo, la pelota rozó el cintillo de
la red logrando cruzar y ganando el juego.
Al sentarse en su banca, volteó a verlo y el, con solo
ver su expresión supo que no podía seguir. Hubo que retirarse y perder el
partido a pesar de que Luisa no quería.
Fabiola había visto todo y sabía, desde que Luisa había
comenzado a renguear, que algo no estaba bien y apenas notificaron su retirada,
salió del club antes de que ellos lo hicieran. Manejaba por la ciudad sin rumbo
aparente, pero al final terminó yendo al hospital donde sabía que irían.
Mientras Luisa estaba sentada en una camilla de un cuarto
esperando a que Thomas regresara de hablar con el doctor, y batallando para
acomodarse pues la rodilla estaba doliéndole mucho. Mientras pensaba cómo hacer
para que Thomas volviera, esa cara que tanto había estado negando Thomas en
aceptar que conocía los últimos días, entra por la puerta. Fabiola le sonríe y ella
le contesta la sonrisa algo confundida y un tanto cohibida.
—te conozco? — preguntó Luisa cuando se le acercó.
—no, no creo… pero yo a ti si — estaba realmente
confundida, quien era ella? porque Thomas había fingido no recordarla? Hubo un
momento en que sintió que podía saber quién era, pero ahora ese momento se
había ido, ahora, lo único que recordaba, era haberla visto esa tarde en que
Thomas comenzó a actuar raro cuando de ella se trataba — disfruto mucho verte
jugar.
—no soy tan buena — dijo Luisa sonriéndole algo apenada y
sonrojándose y bajando la cara en un
intento pobre de esconderla. Siempre se ponía nerviosa cuando algo así pasaba,
nunca le había gustado esa parte de su carrera, era tímida y no sabía manejar
la atención del público hacia ella — basta y sobra que me acabo de lastimar la
rodilla en un mal paso que di — dijo señalando su rodilla inmóvil.
—pero ya te la habías lastimado antes, no? — dijo
mientras sacaba una bolsa fría y se la ponía con cuidado en la rodilla lastimada
— puede ser por eso — Fabiola estaba temblando.
—como sabes eso? — preguntó intrigada.
—te lo dije — Luisa la miró confundida — me gustas mucho…
como juegas y todo eso… me tengo que ir — dijo Fabiola de golpe y antes que Luisa
pudiera decirle algo — nos vemos — se dio media vuelta y se fue casi corriendo
dejándola bastante confundida con su rápida visita.
—oye pero… espera — Fabiola no se detuvo y Luisa alcanzó
a ver que aceleraba el paso, como si no la hubiera escuchado, en eso Ulises entró
al cuarto.
—quien era?
—alguien del estadio — dijo distraídamente observando hacia
afuera del cuarto buscándola, pero ya se había ido.
—bueno, vengo de con Thomas y el doctor, resulta que a lo
mejor te tienen que operar.
—operar? — Luisa volteó rápidamente a verlo y Ulises
asintió — y cuanto tendré que estar fuera?
—pues como dos meses creo?
—dos meses? — dijo casi gritando — me perderé el torneo
key biscayne y ahí estará Isela y tengo que ganarle.
—lo sé, pero eso no es tan importante ahora como que te
recuperes.
—pero…
—mira, mejor dejemos que Thomas y el doctor vengan a
decirnos a ciencia cierta cuál es el estado real de tu rodilla.
A Luisa no le pareció lo que le había dicho Ulises, pero
no tenía más remedio que hacer lo que el doctor dijera, aun así, guardaba la
pequeña esperanza de que el pronóstico que Ulises le dijo estuviera un poco
errado, y tal vez, no necesitaría la operación. No podía dejar que se le
escapara Isela de nuevo, la última vez le había ganado por muy poco y quería la
revancha a como diera lugar. En eso entró Thomas seguido del doctor.
—has corrido con mucha suerte — dijo el doctor — no
necesitaras cirugía — Luisa miró a Ulises con mirada matadora y él le sonrió
traviesamente — tus radiografías muestran que solo tienes luxada la rótula,
pero si tendré que poner férula. Necesitaras estar en reposo, hielo, compresión
y elevación de la rodilla, y usaras muletas.
—por cuánto tiempo? — preguntaron al mismo tiempo Thomas
y Luisa.
—digamos un mes y medio para reafirmar la mejoría.
—la férula será fija? — preguntó Thomas y el doctor
asintió.
Mientras los tres salían del hospital (Luisa en silla de
ruedas), Thomas recibió una llamada, se quedó atrás a propósito al contestar
mientras Ulises llevaba a Luisa hasta el carro.
—si… no, parece que solo es una lesión… necesitara
reposo… si, no la dejare… ok… parece que te sobrepasas un poco no?... bueno
está bien… nos vemos, bye.
—quien era? — le preguntó Luisa en cuanto entró al carro.
—nadie — dijo secamente.
—como que nadie?
—una… amiga.
—que amiga? La del estadio? — Thomas se quedó callado sin
saber que decirle — es ella? la vi ahora, sabes?
—y que te dijo? — preguntó volteándola
a ver algo tenso.
—pues no mucho, de hecho creí que la habías mandado tú,
me dio una bolsa fría.
—pero que te dijo? — estaba impaciente por saber y Luisa
lo notó, incluso Ulises.
—pues nada, que le gustaba como jugaba y sabía que ya me
había lesionado la rodilla antes — dijo un tanto confundida.
—es todo?
—si… porque te pones así? — Ulises solo los escuchaba.
Thomas se relajó un poco y soltó un suspiro.
-por nada.
-pero… ok – no quería seguir preguntándole a Thomas
delante de Ulises y dejó el tema de lado por el momento.
Ayudó a Luisa a entrar a su apartamento, iban solos ya,
pues habían dejado a Ulises en su carro, y fue cuando decidió seguir
interrogándolo.
—entonces… quién es? — preguntó mientras la ayudaba a
sentarse en un sillón de la estancia.
—quien es quién? — Thomas fingió demencia.
—quien te habló? Quién era?
—no vas a dejarlo por la paz, verdad?
—no.
—era… una amiga — dijo por fin suspirando — que… hacia
mucho que no veía.
—es la misma del estadio?
—si — Thomas suspiró de nuevo — la misma que dices que te
dio la bolsa fría.
—y de donde la conoces? Porque tanto misterio con ella? — Luisa de pronto se aceleró un poco.
—me la presentaron… hace tiempo.
—quien?
—porque tantas preguntas de pronto Luisa? — dijo algo
exasperado al verse acorralado.
—porque tanto misterio con ella?
—sabes que le pasó al gato? — Thomas le acomodó la pierna
dejándola de lado del respaldo recostando a Luisa en el sillón.
—si… pero a mí no me matara.
—no lo sabemos, la curiosidad es muy engañosa.
—no, dime — en este punto Luisa empezaba a desesperarse por
no poder obtener respuestas concretas de Thomas.
—hoy no, mañana.
—qué diferencia hace de hoy a mañana?
—que mañana tendré tiempo de inventarme una mentira — Luisa
le aventó un cojín pero la posición en la que estaba no la ayudó mucho y falló —
era broma, si te diré, pero dame unos días.
—dijiste que mañana.
—bueno ahora digo que unos días, no me presiones, si te
lo diré, ok?
—es una promesa? — Thomas asintió — te quedaras conmigo?
—no prefieres a Ulises? — dijo en tono de broma y Luisa
le dio una mirada fulminante — ok, me quedaré, aunque tu sillón no es muy
cómodo. Porque no le dices a Cinthia?
—le diré que se quede mañana, esta noche hazlo tú por
favor.
—está bien.
Luisa no se había quedado muy conforme con que Thomas le
diera largas a su explicación, pero no le quedó más remedio que esperar.
El problema era que ahora que estaba en reposo, se
aburría de estar todo el día en su apartamento, por lo que Thomas decidió
llevarla a dar la vuelta para que respirara otro aire, había estado encerrada
tres días (Cinthia no había hecho más que estar con ella, estaba descansando
también y no habían salido mucho, nada) y aprovecharía para darle algo en que
pensar con respecto a sus preguntas.
La llevó a la playa de english bay, solo que tuvo que
ayudarla a llegar hasta ahí pues, por las muletas, no podía caminar muy bien
sobre la arena. Escogieron un lugar donde había un tronco cerca del mar, Thomas
extendió una manta en la arena y ayudó a Luisa a que se sentara con el tronco
de respaldo. La dejó por unos instantes en lo que iba al Starbucks de la calle davie y denman.
Mientras tanto, Luisa observaba a unos niños que jugaban
en el mar, el sol estaba especialmente fuerte y sentía que los lentes de sol que
traía puestos no ayudaban mucho.
—tomando el sol en días de descanso? — escuchó que decían
a su espalda, era Fabiola, que en ese momento se sentaba sobre el tronco
sonriéndole.
—sí, me dejaron aquí — Luisa le sonrió de vuelta.
—me dijeron que has estado preguntando… sobre mí — Fabiola
miraba hacia el mar.
—si… es todo ese secretismo que Thomas está teniendo… contigo…
de donde se conocen? — Luisa la veía directamente mientras Fabiola seguía
mirando al frente.
—es difícil de explicar.
—lo que me sobra ahora es tiempo si es una historia larga
— Fabiola soltó una risita — entonces… me dirás? O harás lo que Thomas y solo
me darás largas?
—probablemente te de largas.
—no… que es lo que pasa entre ustedes? Están saliendo?
—no — Fabiola no pudo evitar soltar una risa nerviosa — compartimos
un secreto — dijo cuándo se controló.
—sobre qué?
—nunca pudiste contenerte cuando sabias que alguien tenía
un secreto, no? — dijo Fabiola más para ella que para Luisa.
—no, nunca he podido… como sabes?
—Thomas me dijo — se apresuró a decir Fabiola.
—te dije que? — dijo Thomas detrás de Fabiola con tres
vasos en la mano.
—la gran curiosidad que tiene Lu… isa — cuando Fabiola la
llamo Lu, Luisa sintió como una
patadita en el estómago y no supo porque.
—si — dijo Thomas mirando a Fabiola rápidamente — ya se
lo dije, pero sigue empeñada.
—si me lo dijeran de una vez no me tendrían preguntando
tanto — dijo Luisa en tono mortificante. Thomas miró a Fabiola en busca de
aprobación y ella movió la cabeza disimuladamente de un lado a otro, pero Luisa
se dio cuenta.
—sería demasiado para tu cabecita ahora que estas
lesionada — Thomas le dio unas palmaditas sobre su cabeza levemente.
—no, eso no es cierto, me lastimé la rodilla — el gesto que
hizo Luisa frunciendo el ceño, Fabiola lo recordaba perfectamente, y sonrió con
nostalgia — no la cabeza.
—toma, no insistas, te dije que te lo diría, pero no
ahora — le dijo pasándole un vaso — mejor comamos — y comenzó a sacar unos
sándwiches que había llevado.
Después de comer, Fabiola y Thomas fueron a tirar la
basura y él aprovechó que estaban solos para decirle lo que pensaba.
—no sé si hacemos bien — Fabiola lo miró detenidamente —
sabes que en cuanto sepa todo se enojara bastante, no? — ella asintió – por que
fuiste al partido ese día? — dijo con desesperación.
—no me pude resistir cuando vi en el periódico que la
habías inscrito en el torneo.
—no fue mi idea, de hecho no lo habría hecho, pero en el
club sugirieron que participara y bastó con eso para que ella se empeñara en
hacerlo… cuando te vi al salir, ella lo notó y unos días después lo recordó, me
preguntó quién eras y no ha dejado de hacerlo desde entonces… debí disimular
mejor.
—no es tu culpa… que le dijiste?
—le di largas, pero tú sabes como es. Piensas decirle
todo?
—no lo sé… no quería… que le has dicho tú?
—le conté la historia que ella me contó, pero está
confundida, no sabe porque se lo dije, incluso creo que ya la olvidó — ella
solo asintió — pienso que deberías decirle ya.
—no lo sé — solo eso le respondió.
—entonces mejor esperemos a que termine acostumbrándose a
ti — le dijo al final.
Mientras tanto, Luisa se había quedado pensando en Fabiola,
había cosas que no le cuadraban del todo, su repentina aparición o su amistad
con Thomas, ella sabía que él no tenía demasiados amigos, o amigas, de donde
había salido Fabiola?
—porque te me haces tan conocía? — le preguntó directamente
a Fabiola, antes si quiera de que se sentara al volver.
—yo? — Luisa asintió lentamente — no lo sé — dijo algo
nerviosa.
—no te conozco de antes?
—no lo creo — sus nervios aumentaban.
—sí, tu cara se me hace demasiado conocida para tan solo
haberte visto unas cuantas veces.
—probablemente sea que tengo una de esas caras parecida a
la de alguien más.
—no, no lo creo… lo recordaré, ya lo veras — sabía que
cuando Luisa se obsesionaba con algo no descansaba hasta obtener lo que quería,
por lo pronto contaba con el efecto de la droga que le había inyectado Thomas,
pero ese efecto pasaría, aun ahora no hacia al 100% su trabajo, y entonces sus
preguntas no pararían.
Cuando empezó a anochecer decidieron irse. Fabiola ayudó
a Thomas con las cosas que habían llevado y las muletas, mientras él llevaba a Luisa
cargándola hasta el carro.
Una vez que Luisa estuvo a solas con Thomas, empezó de
nuevo su interrogatorio.
—por qué no me dices quien es realmente?
—porqué esa obsesión que te hiciste con ella?
—porque esa terquedad de no decirme quién es?
—a veces actúas como niña.
—a lo mejor, pero tú también… dime quien es.
—por qué no puedes esperar unos días?
—por qué unos días? Qué diferencia hace de ahora?
—que ahora no sé qué decirte — lo miró entrecerrando los
ojos — no sé cómo decírtelo — corrigió dejándola aún más intrigada de lo que ya
estaba.
—ok — se rindió por fin — pero no esperaras a que se me
olvide, verdad?
—no — le contestó sonriendo — lo prometo.
Fabiola llegó al laboratorio al día siguiente con un
humor diferente que todos notaron inmediatamente, y Román no dejaría pasar la
oportunidad de hacérselo saber.
—vaya, parece que David logró lo que esperábamos — dijo
entrando a su oficina y sentándose en la silla frente al escritorio.
—a que te refieres? — preguntó un tanto confundida.
—ayer, por primera vez en demasiado tiempo, no estuviste
en el laboratorio en casi toda la tarde, y ahora parece que estas sonriendo,
David hizo bien su trabajo? — le guiñó un ojo.
—eres un tonto, no
he visto a tu amigo David desde que fuimos a cenar.
—entonces que pasa?
—no puedo estar de buen humor así, sin más?
—no, en ti no es normal eso — Fabiola lo miró directo a
los ojos — bueno si, pero estas… diferente.
—diferente cómo?
—no lo sé, pero sea lo que sea, te sienta bien — le
sonrió y salió de su oficina.
Un rato después, Angélica
entró con unas dudas que tenía sobre un virus que estaba desarrollando y en el
que Fabiola le asesoraba, lo hizo distraída y sin poner atención realmente a
ella como para notar su cambio.
—ayer la volví a ver — le dijo antes de que ella dijera
algo.
—a quién? — dijo algo confundida — a Lulú? — Fabiola
asintió — donde?
—Thomas me dijo que estarían en la playa y que fuera.
—y luego? que pasó?
—nada, estuvimos solo ahí, comimos… está muy intrigada de
donde nos conocemos Thomas y yo.
—y que le dicen?
—Thomas solo le da largas.
—entonces, le dirás?
—aun no lo sé, sigo pensando que meterme así como así en
su vida no es justo para ella, pero es que ya no puedo resistir estar alejada
de ella — Angélica vio como los ojos de Fabiola se tornaron tristes — no sabes
lo que tuve que hacer para no abrazarla y besarla, no sé cómo pude contenerme.
—lo sé — dijo con un poco de melancolía, lo sabía
perfectamente — dile todo y recupérala, junto con todo lo que tenías con ella.
—y si no me acepta de nuevo? Y si dejó de amarme? No
recuerda que lo hizo, ni recuerda que fui parte de su vida.
—entonces quiere decir que es una tonta que no sabe lo
que hace y vivirá para arrepentirse de eso — se quedó pensando en lo que le
dijo Angélica por un par de segundos sin decirle nada, ni siquiera reclamarle
por decirle tonta a Luisa — hazlo, ve y dile todo — después salió de la oficina
y se fue a la suya matando sus escasas esperanzas en el camino.
Tenía dos horas que la habían dejado sola y estaba muy
concentrada en su trabajo cuando recibió una llamada a su celular de Thomas preguntándole
si podían verse para comer. Aceptó de inmediato y antes de salir, se dirigió
con Román y le pidió de favor que la cubriera el resto del día. Él, sonriéndole
con complicidad, le dijo que sí, sospechaba que su amiga tenía, por fin, algo
más en su vida que trabajo y eso le daba mucho gusto, creía que era David, pero
estaba equivocado.
Thomas llevó a Luisa al restaurant wings que estaba en la
calle granville, a ella le gustaba mucho ir a comer en ese restaurant y el solo
quería complacerla.
—aún no han pasado los días? — le preguntó cuándo él se
sentó frente a ella después de ayudarla a sentarse.
—no, aun no.
—como cuanto tardaran en pasar?
—no te desesperes — le dijo sonriendo — estar de niñero tuyo
me tiene cansado, te abandonaré con Cinthia por completo y que ella te cuide.
—pero por qué? si no doy problemas, además ella no me
cuidaría tan bien como tú, podría lastimarme, eso sin mencionar que aún no sale
del torneo.
—estoy dispuesto a arriesgarme, no paras de interrogarme
y Cinthia, bueno, pues ella podría cuidarte al salir de sus partidos
—pues dime lo que quiero saber y te dejó de preguntar,
ella sabe de Fabiola? — Thomas la miró con los ojos entre cerrados —, eso
significa que no? — siguió mirándola igual — ok, esperare — le dijo al fin y en
eso el mesero les llevó los menús.
—necesito quien me ayude contigo — sacó su celular, le
marcó a Fabiola y le dijo dónde estaban.
Cuando Fabiola llegó ya les habían servido a los dos,
pero el mesero se acercó de nuevo al verla llegar y Fabiola ordenó rápido. Mientras
tanto, Luisa miraba directamente a Fabiola y Thomas pasó su mano frente a su
cara para llamar su atención.
—no te presiones, ya lo sabrás a su tiempo — dijo
sonriéndole. Luisa tomó su coca cola y le dio un trago resignada, pero no
dejaba de verla con detenimiento, su
memoria no daba para mucho y eso estaba frustrándola, pero la sensación de
conocerla no se iba.
Estuvieron toda la tarde ahí, pero cuando iban a ser las cinco,
Thomas dijo que tenía que ir a hacer unas cosas y volvería al rato.
—acaso es algo maquiavélico lo que traman? — le preguntó a
Fabiola con tono de misterio cuando estuvieron solas.
—no — dijo sonriéndole como si tuviera quince años, era
feliz tan solo con verla y hablar con ella. Pero Luisa se quedó atrapada en su
sonrisa.
—entonces, por qué no me dicen? — Luisa volvió en si
rápidamente y su tono hizo que Fabiola
se quedara mirándola, a punto estuvo de decirle todo, pero se contuvo en el
último momento.
—mira, si no te lo dice, o lo descubres en una semana, te
lo diré yo.
—lo descubriré? — preguntó algo entusiasmada.
—yo creo que sí — sabia como ganar un poco de tiempo
antes de terminar cediendo con ella, y también sabía que en una semana, ella no
lograría recordar, así que, para entonces, tendría que tener algo o no se la
quitaría de encima, porque Fabiola sabía también que era cuestión de tiempo
antes de que Luisa lograra convencerla, y más le valdría tener algo listo.
—bueno dime de qué se trata al menos.
—no puedo, pero si te diré que tienes que atar cabos con
lo que Thomas te ha dicho — confiaba en que Thomas tuviera razón y la historia
que le había contado la hubiera olvidado.
-cabos? Cuáles cabos? Además, no me ha dicho nada — dijo
frunciendo el ceño.
—es todo lo que te diré.
—pues no es mucho… una semana?
—lo prometo — Luisa dejó de lado ese tema y se quedaron
platicando mientras esperaban a Thomas. A Fabiola le temblaban las manos y las
escondía debajo de la mesa, pero fuera de eso, estuvieron como si nada. Luisa
no sospechaba nada por el momento.
Después de que Thomas llegara, Cinthia le habló y platicó
con ella un momento y quedaron de verse más tarde en su apartamento, estuvieron
un rato más para luego irse, se despidieron y Thomas llevó a Luisa a, solo que
esta vez no se quedó con ella.
Cinthia lo hizo y fue como cuando estaban en la escuela.
Pero Luisa tenía una espinita clavada en su curiosidad y debía tratar de
sacarla por lo que, a pesar de que Thomas le dijera que ella no sabía nada, le
pregunto por Fabiola. Le pareció raro que de pronto se pusiera seria y le
dijera que no la conocía, ahí había gato encerrado. Trató de que lo olvidara,
pero Luisa no se había quedado muy conforme con su respuesta, aunque eso no
importaba, si ya le había dicho Cinthia que no la conocía no la sacaría de ahí,
pero sabía que sí, su curiosidad estaba matándola.
Esa semana estuvieron los tres conviviendo mucho y Luisa
empezaba a sentirse a gusto con Fabiola, el cual era el propósito de Thomas. Pero
también se estaba confundiendo, se sentía demasiado a gusto con ella, no sabía
explicarlo, pero siempre quería estar a su lado, tanto así que le decía a
Thomas que le dijera que se vieran cuando él no lo proponía, mientras el, solo
sonreía y hacia lo que le decía. Cinthia por otro lado, había ganado el torneo
y ahora tenía tiempo de sobra para estar con su amiga, pero no quería ver a Fabiola y solo se veían cuando ella no
estaba, se sentía un poco molesta por lo que le había hecho a Luisa, trataba de
comprenderla, pero su enojo podía más y estaba segura de que no podría
disimular delante de Luisa y terminaría reclamándole a gritos.
Y, al parecer, su plan estaba dando resultado, trataban
que Luisa descubriera por si sola lo que había pasado entre ellas, aunque para
eso tomara un par de meses al menos, mientras tanto, ella empezaba a sentirse más
cómoda con Fabiola y sus encuentros era cada vez más y más frecuentes.
Todo cuanto pasaba entre ellas, Fabiola corría a
contárselo a Angélica muy entusiasmada, y ella se emocionaba por Fabiola
genuinamente, pero en el fondo, también le entristecía un poco. Siempre la
apoyaba, incluso cuando empezaba a tener dudas de si seguir adelante con volver
a su vida de antes, ella le decía que no debía preocuparse por nada, si estaba
destinado, todo saldría bien. Aun así, Fabiola estaba dudosa, pero no había
porque, lo que las había separado había quedado en el pasado y no volvería a
amenazarlas.
Angélica le preguntó entonces, qué había pasado cuando la
prensa había sacado notas de ellas juntas por su amistad, solo sabía que Thomas
se las había ingeniado para que ella no se enterara, no sabía cómo, solo sabía
que así era y Cinthia le había ayudado en eso. Además de que estaba el hecho de
que Luisa no prestaba atención a las noticias que decía la prensa sobre ella. Fabiola
simplemente no había querido saber nada de como la habían mantenido fuera de su
vida.
Por otro lado, Luisa le contaba a Cinthia de como se la
pasaba con Fabiola y ella, haciendo acopio de toda su destreza para disimular,
la escuchaba atentamente y se alegraba cuando le decía de lo que platicaban, e
incluso, sentía que ya no estaba tan enojada, aun así, prefería mantener su distancia
aunque sabía que eso no podría hacerlo por siempre.
Y entonces, por fin pasó lo que Thomas estaba esperando, Luisa
y empezó a avanzar en su trato con Fabiola a tal grado que parecía que ya
Thomas no hacía falta en ese trió.
—estoy aburrida — dijo Luisa una esas tardes a Thomas en
su apartamento.
—ya se — dijo algo distraído con unas hojas que tenía en
la mano.
—quieres llevarme al cine?
—no puedo preciosa — sacó su cara de las hojas — Cinthia está
ocupada? — ella asintió — dile a Fabiola
que te acompañe entonces.
—podrá? — preguntó después de pensarlo unos segundos.
—yo creo que si — dijo en el mismo tono distraído —
márcale — volvió a centrar su atención a las hojas.
—que tienes que hacer tu? — de pronto se sintió algo
nerviosa ante la posibilidad de salir con Fabiola sin Thomas, era la primera
vez que lo haría y de pronto los nervios saltaron.
—unos cosas en el club, tu lesión movió todo, incluido el
entrenamiento, pero eso lo veremos en cuanto puedas mover la rodilla. Entonces,
le marcamos?
—ok — dijo después de pensarlo.
Fabiola llegó por ella y se dirigieron al Scotiabank
theatre, el mismo cine al que Luisa
estaba acostumbrada a ir siempre. Llegaron un poco antes de que empezara la
función, lo que les vino muy bien ya que por las muletas no era fácil el
moverse. Afortunadamente el cine contaba con escaleras eléctricas para acceder
a las salas. Compraron palomitas y refrescos, Luisa pidió coca cola, como
siempre y Fabiola una sprite. Entraron en la sala y se sentaron en las butacas
de abajo, era a lo más que podía hacer Luisa y como Thomas no había ido para
llevarla más arriba, se tuvo que conformar con sentarse ahí.
Fabiola se sentía como en las primeras citas que habían
tenido, nerviosa y con su corazón acelerado en todo momento.
Al sentarse, Luisa se dejó caer en la butaca, ocasionando
que le doliera la rodilla y soltó un leve gemido de dolor. Fabiola dejó la
charola con las cosas a un lado y puso su mano sobre la férula que tenía Luisa
preocupada de que se hubiera lastimado más y sin fijarse, de momento, donde la
estaba poniendo.
—te lastimaste?
—no — dijo frunciendo el ceño — solo fue un tironcito,
nada serió.
—segura? — presionó su mano sobre la rodilla cuando se dio
cuenta donde estaba para evitar que Luisa notara que empezaba a temblarle.
—si — contestó algo nerviosa por el apretón de mano que estaba
sintiendo.
Luisa se quedó viéndole la mano y luego levantó la mirada
lentamente, las dos se quedaron mirando a los ojos sin decir nada pero como en
eso empezó la película, Fabiola se sentó en su lugar y le pasó su refresco y
puso las palomitas en medio de las dos, todo en silencio.
Luisa no puso mucha atención a la película después de que
empezara, pero conforme avanzaba atrajo su atención y se interesó al fin. Fabiola
por otro lado no pudo, toda la película estuvo distraída y viéndola de reojo, veía
como turnaba las palomitas con la coca cola.
Saliendo del cine, Luisa le propuso a Fabiola caminar por
la calle, aunque Fabiola le dijo que seguramente el caminar mucho no era lo más
recomendable, Luisa terminó convenciéndola y se dirigieron caminando rumbo a
robson st.
Fabiola estaba seria y solo contestaba a lo que Luisa le
preguntaba o seguía su conversación casi en automático. Ocasionalmente, ella
platicaba de cosas que pasaban a su alrededor en el momento, pero era todo, su
mente estaban en otro lado, controlando sus deseos, moría de ganas de besarla, de
tomarla de la mano, abrazarla y presionarla contra su pecho tan fuerte y no
dejarla ir jamás, pero sabía que no podía. De pronto, una idea pasó por la
mente de Fabiola.
—sabes? tengo unas cosas en las que estoy algo atrasada,
podrías ayudarme? — pensó, si ya había funcionado una vez, podría funcionar de
nuevo.
—claro que sí, que cosas? De trabajo? — ella asintió — en
que trabajas?
—en un laboratorio químico — dijo sonriéndole.
—de verdad? — volvió a asentir — que haces ahí?
—trabajo en el desarrollo de un virus, pero estoy algo atrasada
con la papelería y es en lo que quiero que me ayudes.
—y crees que puedo ayudarte? La química nunca fue mi
fuerte — Fabiola lo sabía y solo sonrió.
—sí, es fácil — trató de disimular su sonrisa.
—ok, si tú lo dices — Luisa la notó de pronto rara pero
no supo a que se debía.
La llevo de vuelta
a su apartamento, Thomas iba llegando en ese momento y las ayudó.
—hasta mañana — se despidió Fabiola muy sonriente y se
fue.
—que harán mañana? — le preguntó mientras la ayudaba a
sentarse en el sillón de la estancia.
—quiere que le ayude en no sé qué de su trabajo — Thomas sonrió
comprendiendo lo que Fernanda se proponía — pero no creo que le pueda ayudar
mucho, aunque está convencida de que si — siguió sonriendo.
—si ella lo cree es por algo — Thomas no podía imaginar cómo
era que Luisa aun no ataba cabos después de que el mismo le había dicho
prácticamente todo, pero al parecer, la droga seguía surtiendo efecto en ella.
—porque estas tan sonriente?
—por nada — se fue a la cocina antes de que le preguntara
otra cosa.
Cinthia estaba con Luisa, ahora que había ganado el
torneo tenía más tiempo para estar con ella antes de regresar a su casa, ese
día había ido a verla porque sabía que Fabiola iría y tenía que hacerle saber
algunas cuantas cosas. Entonces Fabiola llegó y tocó la puerta, Thomas le abrió
y la miró de forma traviesa.
—qué pasa?
—Cinthia está aquí — Fabiola no supo que decirle. No es
que se cayeran mal ni nada por el estilo, pero habían tenido un comienzo un
tanto interesante, y Fabiola sospechaba que Cinthia no estaría en la mejor
disposición hacía ella después de lo que había hecho.
—creí que ya se había ido — solo eso atinó a decir. El
negó con la cabeza aun sonriéndole y luego le hizo señas para que pasara.
—podrás aprovechar que no podrá reclamarte nada para al
fin enfrentarla — solo se quedó mirándolo — ven, está ayudando a tu princesa a
bañarse — Fabiola se quedó inmóvil cuando le dijo eso — de hecho podrías
ayudarle — Fabiola sintió su corazón acelerarse de pronto, la estaba ayudando a
bañarse, para eso tendría que estar desnuda, no? en ese momento sus
pensamientos eran muchos y un poco de celos aparecieron también. Entró al
cuarto con paso lento y después se dirigió al baño, pero en el último momento
se detuvo. Podía escucharlas, Cinthia se quejaba de que Luisa la estaba mojando
toda y ella solo reía. Su risa la hizo sonreír y no se dio cuenta que Thomas
estaba detrás de ella — Fabiola llegó, podría ayudarlas para que terminen más
rápido — volteó a verlo con los ojos completamente abiertos por la sorpresa y
comenzó a negar con la cabeza rápidamente. Por otro lado, en el baño se dejó de
escuchar la voz de Cinthia y la risa de Luisa.
—es buena idea, dile que venga — dijo Luisa después de unos
segundos — aunque ya casi terminamos.
—estar de niñera de Luisa va más allá de mis responsabilidades
— dijo Thomas mientras estiraba su brazo indicándole que debía entrar.
—como si sufrieras mucho — dijo al fin reaccionando y
apretándole de brazo con fuerza. El solo le sonrió y le dio un empujoncito.
Al entrar vio que Cinthia le ayudaba a ponerse la parte
de arriba de un bikini dentro de la regadera, se quedó sin poder moverse pues
alcanzó a ver la silueta de su pecho derecho. El bikini era negro y la parte de
abajo tenía alrededor de la cintura una franja blanca. La piel blanca de Luisa (de
donde no le daba el sol) contrastaba con el bikini — yo la detengo y tú le
pasas todo? — Cinthia la sacó de su ensimismamiento y ni siquiera se dio cuenta
que su tono de voz era cortante.
—si — apenas le salió la voz.
Al ver el cuerpo escultural de Luisa, mientras gotas de
aguas le caían sobre el, Fabiola sintió como las mariposas de su estómago
mandaban esa sensación hacia su entrepierna que hacía que sus rodillas
temblaran, solo pensaba en tocar ese cuerpo que ella conocía perfectamente, pero
la realidad la golpeó cuando le cayó un salpicón de agua en la cara que Cinthia
le aventó mientras se quejaba de que Luisa lo estaba mojando toda y haciendo un
tiradero de agua por todo el baño, Fabiola salió de su trance y solo sonrió.
Al terminar, Cinthia la ayudó a salir mientras Fabiola le
pasaba la toalla alrededor de su espalda, pero como había demasiada agua en el
piso Cinthia resbaló, alcanzó a detenerse pero ocasionó que Luisa perdiera el equilibrio,
se hubiera caído de no ser porque Fabiola la alcanzó a detener desde atrás. La
sostuvo entre sus brazos unos segundos, pero esos segundos sintió como le
tembló todo el cuerpo, luego Cinthia las ayudó y Luisa se puso de pie
trabajosamente.
Una vez en el cuarto, se sentó en la cama y comenzó a
secarse mientras las dos salían e iban a la estancia. Había sido un milagro que
Fabiola pudiera contenerse después de haberla visto así, aun podía sentir su
corazón brincando rápidamente.
—piensas volver para hacerle lo mismo? — le dijo Cinthia
en cuanto estuvieron lejos de la puerta.
—puedes estar completamente segura que no voy a
lastimarla — dijo después de un par de segundos. Fabiola lo miró a los ojos y
que estaba enojada con ella, y mucho.
—eso ya lo había escuchado antes.
—era verdad entonces y es verdad ahora.
—y entonces por qué volviste? — se cruzó de brazos
esperando respuestas, Thomas solo era espectador de todo y no estaba seguro si
debía interrumpir, aun no por lo menos, él también quería saber que pasaba
exactamente por la mente de Fabiola.
—no lo hice con esa intensión si es lo que te preocupa.
—entonces por qué?
—piensas decirle todo? — ahora intervenía Thomas, Cinthia
no apresuraba las cosas y Luisa podría salir en cualquier momento y
escucharlos.
—no lo sé… pero no creo que nos permita el no decirle —
le contestó Fabiola en tono serió y pensativo.
—si… que era lo que pensabas cuando decidiste ir al
partido? — preguntó una vez más desesperado.
—no estaba pensando claramente, ya te lo dije — Cinthia
iba a decirle algo más pero en eso salió Luisa del cuarto, enredada en la
toalla.
—por qué no te cambiaste? — le preguntó Thomas como si la
regañara.
—resultó muy difícil y decidí quedarme así — fue a
sentarse en el sillón y al dejarse caer en el, la toalla se le corrió un poco
dejando ver que aun traía el bikini puesto. Cinthia se dio cuenta a donde veía
la mirada de Fabiola y de inmediato se interpuso en su camino.
—si quieres te ayudo — dijo sentándose junto a su amiga.
—no, así está bien, tenía calor de todos modos.
—segura? — acomodó su pelo detrás de la oreja mientras
Fabiola la veía entrecerrando los ojos y sintiendo celos nuevamente. A su vez,
Thomas veía todo desde donde estaba parado un tanto divertido.
—sí.
—está bien. Me tengo que ir ya, pero tratare de volver en
cuanto pueda para ver como sigues y no creas que no sé qué te lastimaste porque
tuviste miedo de enfrentarme — la besó en el cachete y se levantó, se paró
frente a Fabiola y dándole la espalda a Luisa — tu y yo no hemos terminado —
dijo sentenciándola y solo para ella y luego se encaminó a la puerta — cuídala
bien Thomas — gritó antes de salir.
—qué pasa con ustedes? — preguntó Luisa a Fabiola.
—que pasa de qué?
—qué fue lo que te dijo sentenciándote? Me dijo que no te
conocía.
—y no la conozco, tampoco me sentenciaba — se sentó junto
a ella y rozo “accidentalmente” su pierna con su mano — estas lista? Segura que
no quieres cambiarte?
—no, así estoy bien.
—ok — Thomas le pasó sus cosas y comenzó a sacarlas — nos
ayudas?
—ok, les ayudare un poco, pero después tendré que ir al
club por unos pendientes, pero tranquilas, regresare — dijo Thomas guiñándoles
un ojo.
Fabiola no podía concentrarse en lo que estaban haciendo,
los pensamientos en su cabeza daban demasiadas vueltas para que lo lograra. Le
explicó a Luisa y Thomas lo que quería que hicieran, que era básicamente llenar
los informes con los datos de la computadora. Ambos lo hicieron, cuando se
confundían con algún dato le preguntaban y por un rato los tres estuvieron haciendo
sus deberes, bueno, al menos Thomas y Luisa, Fabiola solo estaba cometiendo
errores que normalmente no hubiera cometido, pero la toalla que Luisa traía
había caído un poco más y su pierna visible tenía a Fabiola idiotizada.
Pero luego llegó el momento en que Thomas se tuvo que ir y
Fabiola se puso un poco más nerviosa. En
cambio Luisa parecía no darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Varias
veces Fabiola la tuvo que ayudar a acomodar la pierna en alto, al principio
todo estaba normal, pero poco a poco empezó a sentir que su corazón se aceleraba
un poco cada vez que Fabiola le tocaba la pierna y no sabía por qué. Hasta que llegó
el momento en que se cansó de estar en el sillón y Fabiola la ayudó a moverse
al piso, ahí podía subir la pierna más fácilmente hacia arriba, pero cuando la
estaba ayudando a acomodarse, Fabiola tropezó sus manos con los cojines y
terminó cayendo entre las piernas de Luisa. Se quedaron mirando a los ojos un
par de segundos, ninguna de las dos se movía y la tensión subió al máximo en
ese momento entre las dos. Fabiola trató de levantarse, pero al tratar de
hacerlo, solo dejó su mano sobre la pierna que Luisa tenía en el suelo, ella
sintió un hormigueo ahí donde Fabiola la tocaba y ella a su vez sentía que la
mano le empezaba a quemar. Para romper el momento, Thomas entró en ese momento
en el apartamento, Fabiola volteó y lo miró en la puerta y se levantó
lentamente para sentarse sobre el sillón mientras que Luisa se quedó tal y como
estaba, con la mirada perdida y confundida. Thomas solo sonrió traviesamente a Fabiola
desde la puerta y después entró cerrándola detrás de él.
—cómo van? — preguntó fingiendo que no se había dado
cuenta de nada.
—bien… sin problemas — reaccionó rápidamente Fabiola, a diferencia
de Luisa, que seguía igual. Thomas la vio ida, pero cuando se arrodilló junto a
ella, Luisa volteó a verlo y ella le sonrió.
—qué pasa? Fabiola te hace trabajar demasiado? — Thomas
sonó como si un papá hablara con su hija pequeña, Luisa asintió haciendo un puchero
de niña regañada y él sonrió derrotado — que te hizo?
—solo trabajo y más trabajo — Thomas seguía sonriéndole, buscó
en la bolsa de su chamarra y sacó un snickers dándoselo, ella lo cogió
lentamente. Fabiola solo los observaba desde el sillón.
Ahora que Thomas había llegado la tensión había
disminuido un poco pero el nerviosismo de Fabiola seguía estando presente, la
imagen del cuerpo de Luisa en bikini la tenía por completo distraída.
Y así, entre ayudas en su trabajo o salidas a comer iba
pasando el resto de la semana y con ella el plazo que Fabiola le había dado a Luisa
para decirle, por fin, el secreto que tenía con Thomas y eso la ponía mas
nerviosa aun. Por otro lado, Luisa empezaba a darse cuenta que la presencia de Fabiola
la ponía nerviosa e incluso, se ponía un tanto cuando ella no estaba. No se lo
había dicho a nadie, ni siquiera a Cinthia que seguía al pendiente de ella
marcándole casi todos los días como se lo había prometido.
Fabiola se había vuelto más osada en sus acercamientos
hacia Luisa, aprovechaba cualquier oportunidad para tocarla, ya sea la pierna
cuando traía short (que era casi siempre), o cuando era más cautelosa, solo le
tocaba un brazo sugestivamente, o incluso había llegado a acomodarle el pelo
detrás de la oreja como lo había hecho Cinthia, solo que de modo y con intensiones muy diferentes, y como
veía que ella parecía no rechazarla eso la animaba a seguir haciéndolo. Pero así
como se arriesgaba más, también ponía cautela
de por medio, no sabía si llegar más allá y siempre lo dejaba a medias, sin
atreverse a mas, dejando que los momentos pasaran, a pesar de que Angélica la
animaba para que se decidiera por fin, pero ella seguía dudando.
Un día antes de que su plazo acabara, Fabiola había
estado algo atareada en el laboratorio, pero no había querido quedarse ahí y se
llevó trabajo a su apartamento. Thomas le habló apenas entraba, y al decirle
que estaba algo ocupada, él le dijo que le llevaría a Luisa para que la cuidara
un rato en lo que salía.
—los dos sabemos
que no podemos dejarla sola, se quitara la férula o no sé qué haga — le dijo Thomas.
—sí, lo sé… puedes traerla aquí? — dijo sin más remedio,
necesitaba terminar su trabajo y ella sabía que con Luisa ahí no lo haría.
—no te molestará?
—sabes que no.
—ok, entonces la
llevó en dos horas.
—perfecto.
E inmediatamente después de colgar su celular volvió a
sonar, era como si estuvieran de acuerdo para llamarle.
—me tienes
preocupado.
—por qué? — preguntó distraída.
—tienes toda la
semana viniendo solo en las mañanas, eso no es normal en ti, tú venías hasta sábados
y domingo.
—he estado ocupada con algo — seguía distraída.
—David es quien te
tiene ocupada? — su tono era algo travieso.
—no… es… otra cosa.
—debe de ser muy
importante, tu por nada del mundo dejas de venir.
—no tienes una idea.
—bueno, mientras no
tengas algún problema.
—sí, todo está bien.
—este fin de semana
no vendrás entonces?
—a lo mejor mañana, tengo que llevar los reportes.
—sí, yo también,
bueno entonces nos vemos mañana.
Thomas llegó con Luisa puntual a la hora que le había
dicho pero Fabiola había estado tan concentrada en sus reportes que no había sentido el paso del tiempo (por
primera vez desde hace días, a pesar de saber que llegarían) y cuando Thomas
tocó la puerta ya estaba muy avanzado su trabajo.
Al entrar al apartamento, Luisa sintió una sensación extraña,
no sabía porque, pero sentía como si ya hubiera estado ahí a pesar de que era
la primera vez que entraba, pero decidió ignorar eso y tampoco quiso
comentárselo a Thomas.
—si no hubieras hecho que me pusieran una férula fija no
batallaríamos tanto — Luisa se quejaba con Thomas cuando Fabiola abrió la
puerta, parecía que no venia de muy buen humor.
—si no tuvieras la férula fija, seguro ya te habrías
lastimado más — le decía Thomas ayudándola a entrar, él no venía de muy buenas
tampoco.
—cómo eres exagerado… y no soy una pelota para que me
pasen de un lado a otro.
—no exagero, te conozco y tomo precauciones — la ayudó a
sentarse en el sillón de la estancia.
La estancia estaba entrando al apartamento, tenía una
pantalla frente al sillón y una mesa en el centro de madera, a la derecha del
sillón de tres plazas, donde sentó a Luisa, había uno de dos. Fabiola no había
dicho nada, solo sonreía mientras los veía pelear — bueno, me voy, volveré más tarde…
si no cambio de parecer — dijo al irse en tono de fastidio.
—recuerda que tú también te puedes lastimar — le grito Luisa
antes de que se fuera y Thomas se volvió y le sonrió.
—no tienes frió? — le preguntó Fabiola cuando Thomas se fue
al notar que solo traía un short que le llegaba un poco más arriba del medio
muslo y una chamarra rompe vientos.
—un poco, pero con esta férula no puedo ponerme otra
cosa.
—ok — contestó sonriéndole — quieres que te traiga una
cobija?
—no, así está bien.
—ok, iré a la oficina por los informes para que me sigas
ayudando. Cuando volvió, se sentó junto a Luisa y le dio una parte de lo que le
faltaba, que no era mucho. En eso, Ludovika apareció y se quedó mirando a Luisa
un poco recelosa, Fabiola volteó a verla al escucharla ladrar y le extendió los
brazos y la perrita saltó hacia ellos —esta es Ludovika.
—no sabía que tenías perrita — dijo haciéndose
inconscientemente un poco hacia atrás — no me gustan mucho los perros.
—Ludovika no es como todos los perros, ella te encantará.
—sí, bueno, ya veremos — dijo no muy convencida y
haciéndose un poco más hacia atrás.
Fabiola dejó a Ludovika en el suelo y comenzaron su
trabajo, lo que les llevó terminarlo solo un rato, Fabiola había hecho casi
todo antes que llegara.
Luego sonó el teléfono del apartamento de Fabiola y al
contestar se puso a hablar un largo rato. Mientras tanto, Luisa prendió la tele
y se puso a verla con Ludovika sentada a sus pies, no se le acercaba mucho, pero
parcia que Ludovika la reconocía, le pareció un poco extraño Luisa, pero, como
lo otro, decidió no ponerle atención.
—tienes hambre? — le preguntó Fabiola al colgar después
de casi 20 minutos.
—no, solo un poco de sed.
—que quieres? — estaba parada detrás del sillón.
—tienes coca? — Luisa estaba recargada en el respaldo
mirando a Fabiola hacia arriba.
—ok — dijo sonriendo.
Después de servirle, se sentó a ver la tele un rato para
después Luisa preguntarle sobre su trabajo.
—demonios — dijo de pronto y Fabiola volteó a verla
confundida — estoy empezando a sentir un calambrito en la pierna — dijo señalándola.
—pues movámosla — pero solo se quedó pensativa — no
estarías más cómoda si te recuestas en la cama?
—mmm… no sé, puede ser.
—allá también hay una tele — dijo sonriéndole.
—ok, vamos — al inclinarse frente a Luisa, y poner la
mano en su pierna derecha, el tocar su piel, hizo que Fabiola sintiera una
descarga eléctrica quedándose sin poder moverse y su cara justo frente a la de Luisa,
no muy cerca, pero si lo suficiente para dejarla hipnotizada por unos segundos.
Solo que pudo reaccionar rápido cuando Luisa pasó su brazo alrededor de su
cuello para apoyarse, ella no se había dado cuenta. La ayudó a pararse, casi se
caen, pero Fabiola alcanzó a rodearla por la cintura para detenerla acercándola
a su cuerpo. Luisa sintió algo extraño en su estómago cuando lo hizo, pero
decidió confundirlo que era por la misma caía inminente.
—Thomas no dejó mis muletas — dijo Luisa una vez que
estaba en equilibrio un tanto nerviosa y rodeada por los brazos de Fabiola.
—sí, creo que acabo de notarlo también — la voz de Fabiola
temblaba un poco y su pulso estaba descontrolado.
La llevó al cuarto apoyándola sobre ella, con el temor de
caerse, y cuando por fin llegaron, al ayudarla a sentarse la cara de Fabiola
quedó de nuevo frente a la de Luisa, esta vez las dos quedaron como
magnetizadas mirándose la una a la otra directo a los ojos. Fabiola empezó a
bajar pasando sus manos por las piernas de Luisa hasta quedar en cuclillas sin
mover su mirada. Luego, puso sus rodillas en el suelo y empezó a subir sus
manos por la pierna derecha de Luisa recordando el contacto con su piel. Fabiola
amaba sus piernas perfectamente torneadas y su perfecto cuerpo delineado y estaba
dejándose llevar por el impulso y las ganas de tocarla y no pensaba
racionalmente al hacerlo. Luisa por otro lado, estaba inmóvil, no sabía que
pretendía Fabiola pero tampoco hacía mucho para detenerla. Cuando Fabiola
alcanzó su rodilla se detuvo, la rodeó con las manos para luego sentarse junto
a ella con la mirada en el piso, reaccionando de pronto. Luisa seguía en la
misma posición, hasta que sintió que Fabiola volteó su cabeza hacia ella y ella
hizo lo mismo y volvieron a mirarse. Entonces Luisa notó como, de pronto, se acercaba
a ella lentamente, subió su mano sobre el cachete izquierdo de Luisa y, cuando
ella menos pensó, Fabiola estaba a unos milímetros de su cara y, así sin más,
puso sus labios sobre los de ella perdiendo nuevamente la razón. Luego se
detuvo por unos segundos, segundos en los que Fabiola miraba sus ojos esperando
una reacción de su parte, reacción que no apareció nunca. El corazón de Luisa
estaba a punto de atravesarle el pecho de lo rápido que latía, no sabía
exactamente qué pasaba, bueno sí, lo sabía, lo que no sabía era por qué estaba
pasando eso y por qué estaba sintiendo lo que estaba sintiendo y por qué era
que no podía reaccionar. Tantos por qués estaban inundando sus pensamientos,
que de pronto, Fabiola la besó de nuevo, pero esta vez no solo junto sus
labios, la beso tiernamente, era un beso en toda la extensión de la palabra, justo
como hacia tantos años lo hacía y entonces, por fin daba rienda suelta a sus
deseos que había estado conteniéndose todos esos días. Luisa, sin saber por qué,
le correspondió, aunque apenas. En eso, y como por arte de magia, empezó a
tener flashes en su cabeza de imágenes que no comprendía, la sensación que tuvo
al entrar al apartamento, y cuando Ludovika parecía reconocerla, se le hacía
presente de nuevo, era la primera vez que estaba con ella, en ese apartamento,
en esa cama y en sus brazos, pero las imágenes de su cabeza le decían otra cosa,
algunas de las imágenes eran de ella y Fabiola en esa cama, desnudas, pero lo
que más la asustó es que no eran solo imágenes, eran recuerdos. Luisa se hizo
hacia atrás separándose de sus labios y entró en un estado de pánico.
—no se… que… de… — jaló aire profundamente para tratar de
dejar de tartamudear — es la primera vez que… — retrocedió un poco más — pero
de pronto me vinieron unas imágenes que no eran imágenes, eran… — Fabiola la
miraba directamente guardando la distancia que ella había hecho — que me sucede?
me estoy volviendo loca?
—no — dijo Fabiola soltando un suspiro después de unos
segundos que Luisa sintió eternos — no te estás volviendo loca… antes lo
estabas — Luisa se confundió — pero por mí — eso fue el colmo para Luisa,
estaba muy confundida.
—que quieres decir? — dijo tratando de levantarse, pero
como no podía Fabiola trató de ayudarla, Luisa no la dejó. Como pudo se levantó
ella sola y trabajosamente salió del cuarto arrastrando la pierna con la férula,
Fabiola la veía y trató de ayudarla una vez más.
—no — puso su mano delante de ella en señal de alto — no
me sigas por favor — se dio media vuelta y salió del apartamento con mucho
trabajo. Ludovika la había visto salir y se había quedado algo alterada y no
paraba de ladrar.
Un elevador jamás había tardado tanto en subir como el
que esperaba Luisa afuera del apartamento de Fabiola y solo rogaba para que
ella no saliera. Por fin llegó, entró y cerraron las puertas y fue cuando Luisa
dio rienda suelta a su histeria y empezó a temblar. Al abrirse las puertas salió
intempestivamente y se topó con alguien pero ni se fijó en quien, para su
suerte era Thomas. Él, preocupado al verla así, la abrazó y empezó a
consolarla, no le preguntó nada, solo la llevó al carro, la subió y manejó al apartamento
de Luisa. Al llegar, la cargó hasta la estancia y la puso en el sillón, le
prendió la tele, a pesar de que sabía que no la vería por el estado aletargado
en el que estaba. Fue a la cocina y empezó a preparar algo para cenar.
Al terminar, fue a sentarse enseguida de ella sin decirle
nada, parecía estar más calmada.
Y de pronto, ella empezó a decirle lo que había pasado
con Fabiola alterándose de nuevo. Thomas solo la escucha atentamente y cuando ella
terminó, él se levanta sin decirle nada y va al cuarto en el que dormía cuando
se quedaba con ella y busca entre las páginas de un libro que tiene enseguida
de la cama para después volver junto a Luisa. Le extiende la mano y le muestra
una foto, Luisa confundida la toma y la observa, ella estaba en la foto con Fabiola,
estaba recargada en el cachete de Fabiola, quien estaba detrás de ella, con la
cabeza en su hombro, ambas viendo hacia la cámara y sonrientes. Luisa no
comprende lo que pasa hasta que de pronto ata cabos y recuerda que fue eso lo
que Fabiola le dijo que hiciera y empieza a comprender que la historia que Thomas
le había contado hacia unos días se refería a ella… a ella y Fabiola.
—pero no recuerdo nada de eso — seguía mirando la foto.
—Fabiola lo hizo, lo que te inyecto en el brazo cada mes
es en realidad una droga para que no la recuerdes, ni a ella ni a todo lo que
viviste con ella pero, al parecer, tu cuerpo a comenzado a asimilarla y ya no
hace el mismo efecto, más duradero quiero decir — dijo serenamente, los ojos de
Luisa lo miraban atentamente — al ver que no lograbas atar cabos pensé que la
droga funcionaba como debía pero al parecer me equivoqué — dejó la foto de lado
y Thomas vio que lo miraba sintiéndose traicionada.
—jamás creí que tú podrías hacerme algo como esto — su
tono era de decepción, lo que le dolió.
—lo hice por ti.
—por qué?
—porque me importas demasiado… no quería que te pasara
nada.
—nada de qué? — su cabeza empezaba a sumergirse en una
enorme confusión, lo que Thomas le estaba diciendo no tenía ninguna coherencia
lógica para ella y sentía que se estaba volviendo loca.