Fabiola estaba en su oficina concentrada por completo en
una secuencia viral en que estaba trabajando cuando sonó su teléfono. Era la
recepcionista del edificio diciéndole que unos tipos querían hablar con ella.
—quiénes son?
—solo dijeron que
venían de parte de Marcus Alexander.
—quien es él?
—no lo sé.
—ni yo, diles que estoy en una junta y que vengan otro
día.
—ok— siguió trabajando
en la laptop y olvidó el asunto casi inmediatamente.
Después de un rato su celular la distrajo de su trabajo,
no iba a contestar pero luego pensó que podría ser Luisa.
—bueno.
—que haces? Estas
ocupada? — era Luisa efectivamente.
—no — dibujó una enorme
sonrisa en su cara e inmediatamente se olvidó que lo que estaba haciendo era
importante.
—a qué hora llegarás?
—no sé.
—tarde?
-creo… tienes pensado hacer
una fiesta?
—sí, será demasiada gente y quería saber si puedes traer una botella,
pero si llegaras tarde no tiene caso.
—no te alcanza con las que
tienes ahí?
—no creo.
—trataré de llegar temprano — dijo
riéndose.
—que tan temprano? porque mi amor, si no es temprano dime y voy por ti en este instante.
—creo que mejor vienes — se
sintió derretir al escucharla decirle “mi amor”, cada nunca que lo hacía
sucedía.
—en serió llegaras tarde? — el tono de Luisa cambio a desilusionada.
—que tienes planeado Lulú? —
preguntó un poco más en serio.
—nada — pero por el tono en que le contestó Fabiola supo que Luisa
tenía algo en mente.
—dime.
—no— Luisa estaba riéndose e iba a soltarle un pequeño sermón, pero el
teléfono de Fabiola sonó de nuevo.
—espera, no me cuelgues.
Bueno… en serió?... mmm no, diles que vengan mañana, ahora estoy muy ocupada…
si quieren esperar que esperen… ok. Listo.
—quien era?
—la recepcionista, no sé quién
me está esperando ahí, pero ya le dije que no y dice que siguen esperando.
—qué raro.
—sí, algo.
—bueno, volviendo a lo nuestro — Fabiola sonrió automáticamente — si llegaras tarde entonces?
—creo que si princesa.
—mmm te propongo
algo, porque no renuencias?
—y me dedico a verte jugar el
resto de lo que nos queda de vida?
—bueno, no sé si pueda seguir jugando el resto de nuestras vidas pero
si, a mí me parece un buen plan.
—ok, como tú digas.
—entonces…
—solo termino una serie y voy
para allá — dijo cediendo.
—ok, te espero.
Fabiola se concentró de nuevo
en la laptop para terminar pronto, aunque, como siempre, había decidido
llevarse trabajo a casa. Se levantó y fue a con Román a verificar el estado del
virus en el que trabajaban y estuvieron hablando acerca de su evolución.
—por qué tan sonriente? —
cambió el tema de golpe.
—por nada.
—tu novio te espera? — Fabiola
le sonrió. Román no sabía quién era con quien su compañera compartía su vida,
pero le alegraba que ella fuera feliz, aunque no quisiera hacerlo participe de
esa felicidad. Su insistencia en que le presentara a su novio era mucha pero él
ya había perdido las esperanzas, solo escuchaba lo que ella le decía pero jamás
lo había conocido, lo único que el sabia de su vida era su amistad con la
tenista famosa, era todo.
Después de un rato, fue a su
oficina, apagó la laptop y la guardó en su maletín, cogió su portafolio y apagó
las luces y se dirigió al estacionamiento.
Al llegar al apartamento Ludovika
fue quien la recibió saltando y ladrando
y se encontró con Luisa en la cocina. Dejó su portafolio y el maletín de la
laptop sobre la mesita de la estancia y caminó hacia donde estaba Luisa. Ella volteó
al escucharla y al verla le sonrió.
—que estás haciendo?
—nada…
—segura? — Luisa le sonrió y
después negó con la cabeza. Fabiola se acercó a ella y la agarró de las manos —
se te pasó la mano con el whisky?
—un poquito — acercó su cara a
la de Fabiola y puso sus labios en la punta de su nariz dándole un tierno beso,
ella cerraba los ojos sonriendo mientras lo hacía.
—y yo que pensaba llegar
tarde. Ven, vamos a la cama — le dio un apretón en las pompis.
—sí, vamos — entonces Luisa se
abalanzó sobre Fabiola y la besó comenzando lo que tenía en mente.
Fabiola nunca podía resistirse
a Luisa y terminó correspondiéndole de la misma manera.
A tropezones llegaron al cuarto y de igual manera se
dejaron caer en la cama. Luisa desnudó a Fabiola y viceversa y una vez que
estuvieron las dos desnudas Luisa consiguió lo que buscaba.
Luisa estaba de espaldas y ambas respiraban agitadamente
y poco a poco Luisa fue cayendo en los brazos de Morfeo mientras Fabiola la
contemplaba. La respiración de Luisa empezó a hacerse más profunda y Fabiola
supo que ya estaba profundamente dormida y no tardaría en escuchar sus leves
ronquidos. Se levantó y fue por la laptop, volvió a la cama, la prendió y
siguió trabajando en lo que se había quedado en la oficina al lado de su bella
durmiente, que roncaba.
El sol empezó a entrar por la ventana despertando a Fabiola
mientras Luisa seguía dormida, boca abajo y completamente desparramada y Fabiola
no pudo contener una sonrisita en sus labios. Luisa siempre se movía demasiado
cuando dormía, las sabanas terminaban en el suelo la mayoría de las veces,
excepto cuando lo hacía rodeada por sus brazos. Fabiola sabía que nada más
podría hacerle tan feliz como era en ese momento, no cambiara nada de su vida, incluso
se sentía como en un cuento de hadas, con su princesa a su lado.
Se levantó tratando de no hacer ruido, se metió a bañar y
cuando se estaba vistiendo Luisa despertó.
—ya amaneció?
—sí.
—tan pronto? — Fabiola, volteando a verla, gateó sobre la
cama hasta quedar sobre Luisa.
—sí, pero como la princesa estuvo tomando anoche y se le
pasaron las copas…
—es que tardaste demasiado, en algo tenía que ocuparme — Fabiola
le sonrió y luego dándole un beso siguió vistiéndose.
—no vuelvas a tomar sin mí.
—bueno eso dependerá que no llegues del trabajo tarde
nunca más — Luisa se levantó y se puso una bata y salieron a la cocina
—no harás nada en especial hoy? — Luisa empezó a comer de
la fruta que Fabiola había sacado del refri.
—sí, tengo que ir a entrenar.
—volverás hasta la tarde entonces? — Luisa asintió — ok,
trataré de llegar junto contigo.
—ok, aquí nos veremos — Fabiola la besó de nuevo, pero
esta vez se tomó su tiempo haciendo que las rodillas de Luisa flaquearan. No la
soltó hasta que estuvo segura de que tenía el control de nuevo y entonces Luisa
besó su nariz a modo de despedida.
Fabiola agarró su portafolio y el maletín de la laptop y
salió del apartamento. Luisa se quedó un rato sentada en la cocina, después de
darle de comer a Ludovika volvió a la cocina, prendió la tele y se sentó en uno
de los bancos de la barra. Veía Lost, un capitulo repetido, y en uno de los
anuncios que dieron se levantó y se metió a bañar y dejó, como siempre, que se
le hiciera algo tarde, por lo que se vistió rápido y salió corriendo hacia el
sótano para dirigirse en su mustang hacia el club.
Fabiola llegó a laboratorio y del estacionamiento subió
directamente a su oficina y justo cuando entró
y se sentó en el escritorio sonó su teléfono.
—ocupada? — era
la recepcionista.
—no, vengo llegando.
—bien, aquí están
los tipos que te buscaban ayer.
—quienes? — de momento no recordaba de quienes le hablaba
la recepcionista.
—los que vienen de
parte del tal Marcus Alexander.
—mmm, no creo saber quiénes son… no sabes a qué viene?
—dicen que tienen
que hablar contigo, nada más.
—ok—dijo no muy convencida —hazlos subir — prendió la
laptop y revisaba algunas notas que Román le había dejado sobre el escritorio,
parecía que el si se había quedado hasta tarde el día anterior y comenzó a concentrarse
en eso y, por un momento, olvidó que estaban subiendo los dos tipos a verla y
de pronto se le ocurrió una idea de cómo cambiar la secuencia genética del
virus con el que estaba batallando. Parecía una buena idea lo que le proponía
Román y se distrajo introduciendo dichas sugerencias y empezó a teclear en la
laptop poniendo los cambios propuestos cuando tocaron a su puerta
interrumpiendo sus pensamientos. Eran dos tipos de traje, altos los dos y
lentes obscuros, uno se veía más musculoso que el otro, los dos con el pelo
corto y de facciones duras.
—es usted la doctora Fabiola Martorelli? — le preguntó el
no tan musculoso.
—si… quienes son ustedes?
—queremos que trabaje con nosotros — le dijo el mismo,
directo al grano e ignorando la pregunta que Fabiola les había hecho.
—con ustedes?... no estoy buscando trabajo.
—necesitamos que desarrolle un virus para nosotros – el
tipo no tan musculoso le hablaba con tono firme.
—un virus? — Fabiola no sabía exactamente si se trataba
de una broma, pero el tipo era algo intimidante, su acompañante no había dicho
nada ni se había movido.
—si — le contestó secamente.
—qué tipo de virus? — su confusión aumentaba.
—eso no podemos decírselo.
—no puedo aceptar un trabajo si no se dé que se trata.
—no se lo estamos ofreciendo — le dijo en tono amenazador
y Fabiola lo miró más detenidamente — lo mejor es que haga lo que le pedimos.
—no, absolutamente no, ni siquiera se dé que laboratorio
son, pero no creo que su oferta me interese — les dijo levantándose algo
alterada.
—necesitamos que comprenda lo que le decimos — le dijo
algo amable, pero seguía teniendo ese dejo de amenaza en su voz – no le estamos
ofreciendo otro trabajo.
—pero…
—el virus que desarrollara deberá expandirse por aire.
—expandirse por aire?… de que…
—y deberá ser… mortalmente efectivo.
—no, no, no sé lo que pretenden pero yo jamás haría algo
así.
—sería mejor que pensara mejor las cosas — le dijo
después de observarla durante unos segundos. El musculoso, que no había dicho
nada hasta ahora, le pasó una carpeta al no tan musculoso, este la abrió y
después de hojear su contenido lo extendió en el escritorio frente a Fabiola —
si no, ella pagaría las consecuencias — Fabiola observó el contenido de la
carpeta, eran unas fotos — sería una pena perder a una tenista tan buena como
ella — Fabiola agarró una de las fotos estupefacta. Era de ella con Luisa, otra
de Luisa jugando y otra más de las dos en el carro de Luisa. Fabiola se sentó
lentamente sosteniendo las fotos — a mí en lo personal me gusta mucho — Fabiola
sentía que entraba en pánico.
—está bien— dijo después de varios minutos, su voz apenas
fue audible — lo hare — Fabiola aceptó sin pensarlo más.
—es lo mejor para todos, incluso recibirá una generosa
recompensa.
—no quiero su dinero… solo asegúrenme que si hago lo que
me piden a ella no le pasara nada.
—no se preocupe, haga lo que le piden y ella ni se
enterará de nada y al terminar su tarea todo será como ahora.
—y que hay de mi conciencia?... es obvio que lo que me
pide que haga no es para nada bueno.
—no se preocupe por eso, ninguna ciudad se verá afectada…
una con muchos habitantes no al menos.
Los tipos de traje se fueron dejando a Fabiola en estado
de shock observando las fotos. Se sentía acorralada, tendría que hacer lo que
le pidieran si no lastimarían a Luisa y eso no lo podía permitir, no importara
que perdiera su integridad en su carrera y como persona, debía hacer lo que
fuera por protegerla.
En eso, Román entró a su oficina para preguntarle qué tal
habían resultado sus sugerencias, pero al entrar y verla como en estado de
trance viendo unas fotos supo que algo pasaba.
—que sucede? — Fabiola no le contestó ni se movió, ni
nada — Fabiola? — apenas levantó la cara para verlo y se fijó en que estaba
pálida, se preocupó inmediatamente — que sucede?
—nada — dijo visiblemente consternada.
—pero… si estas hasta pálida, que pasó? Introdujiste mi
cadena en el virus? Lo eché a perder?
—no, no… pasa nada… no alcancé a teclearla toda — Fabiola
seguía como ida.
—entonces que te pasa? Te sientes mal?
—nada te digo.
—Fabiola — Román dejó caer sus manos en el escritorio
haciendo que Fabiola saliera de ese estado aletargado volteando a verlo de
golpe — que sucede? Parece que hubieras visto a un fantasma así que no me digas
que no pasa nada — Fabiola soltó un suspiro, sabía que no podría convencer a
Román que nada pasaba.
—es… unos problemas que tengo.
—que problemas?
—no puedo decirte — contestó después de pensar unos
segundos si contarle todo o no.
—porque no?
—es algo que resolveré, no te preocupes.
—pues parece que no, dime y te ayudo.
—ojala pudieras — dijo aguantando el llanto pero el notó
que se le había quebrado la voz.
—porque no? de verdad que lo haría.
—lo sé, gracias — dijo sonriéndole apenas — pero es algo
que tengo que hacer sola… sin involucrar a nadie — Román se dio cuenta que Fabiola
estaba en graves problemas pero no podía imaginarse de que se trataba. Comenzó
a guardar rápidamente las fotos en la carpeta esperando que Román no las
hubiera visto.
—ok… pero deberías de decirme por lo menos.
—lo pensare — dijo en susurro. Román dio media vuelta y
se dirigió hacia la puerta para ir a su oficina, pero Fabiola lo detuvo antes
de que saliera — Román, si puedes ayudarme en algo, me duele la cabeza, podrías
cubrirme este día? — él sabía que mentía, pero ya la presionaría después para
que le contara que pasaba.
—seguro, no hay problema — al salir Román de la oficina Fabiola
volvió su vista a la carpeta abriéndola y mirando las fotos de nuevo, sintió
una opresión en el pecho de impotencia y desesperación. Cerró la carpeta y la
guardó en su portafolio, se levantó y se dirigió paso a paso hacia el estacionamiento.
Luisa estaba algo cansada y no quería decirle a Thomas la
verdadera razón de ese cansancio. Pero él sabía que no se había portado muy
bien precisamente así que la presionaba un poco más de lo normal.
—no, ya no más, ya me canse — Luisa se quejó con el
después de haberla puesto a hacer fondos en la cancha — me va a dar un paro respiratorio.
—no, no es cierto, termínalos.
—no, ya no puedo más.
—termínalos.
—que no — Thomas la agarró del brazo y empezó a llevarla
por la cancha a rastras y Luisa hacia fuerza para no dejarse llevar.
—tienes que hacerlos.
—es que ya no puedo — Luisa se dio cuenta en ese instante
que Fabiola estaba sentada en una de las bancas que había cerca — necesito
descansar.
—necesitas dejar de portarte mal, que hiciste anoche?
—nada… unos tragos coquetos pero es todo.
—con eso bastó para que no rindieras hoy — Thomas la
miraba con expresión seria — no lo vuelvas a hacer — caminó hacia los
vestidores pero no llegó ahí, solo se detuvo a hablar por teléfono, estaba
claramente enojado con ella.
Entonces, en cuando se vio libre de él, Luisa caminó
hacia las bancas donde estaba Fabiola sentada y se sentó junto a ella pasando
una pierna por sobre la banca y así quedar de frente a ella.
—qué pasa? — preguntó besándole la nariz saludándola como
siempre.
—nada… quería verte pelear con Thomas — le sonrió.
—ahh eso? es solo que esta de nefasto conmigo — dio un
gran trago de agua mientras Fabiola la contemplaba.
—su modo de hacerte pagar el que te portaras mal?
—así es —puso su mano sobre el muslo derecho de Luisa.
—tiene razón entonces — Fabiola le sonrió y ella asintió
lentamente. Empezó a subir su mano lentamente deteniéndose justo en donde el
short de lycra que tenía debajo de la falda empezaba y empezó a hacer círculos
con el pulgar en la parte interna del muslo.
—qué te pasa? Estas como… distraída.
—no — trató de sonreír nuevamente pero no podía
sostenerla — no pasa nada.
—al fin renunciaste? — tenía una gran sonrisa. El pulgar
de Fabiola que daba círculos en su muslo interno empezó a hacerla sentir un hormigueo.
—no princesa…
—entonces?
—tenía ganas de verte y no me podía esperar — Luisa se
quedó mirándola unos segundos.
—sé que escondes algo — Fabiola inmediatamente sonrió
pues entendió lo que trataba de decirle. —no puedo creer que aun la recuerdes.
—claro, porque habría de olvidarla? — Fabiola suspiró —
tenía unos problemas en el trabajo y decidí salir a despejarme y cuando menos
pensé ya estaba aquí.
—es todo? — Fabiola asintió — son muy graves?
—no, nada que no pueda arreglar, no te preocupes por eso.
—ok — Thomas había empezado a gritarle a Luisa buscándola
— demonios, te quedaras?
—un rato más, te veo después en casa?
—si — Luisa se acercó y la besó en la nariz, ella no
retiró su mano de su muslo hasta que se levantó y cayó por si sola y vio como
contoneaba su trasero al caminar.
Se quedó un rato más viendo como Thomas le decía a Luisa
lo que tenía que hacer, parecía ya no estar tan estricto como hacía unos
momentos. Se fue después de una hora más, llegó al apartamento y se sentó en la
estancia a pensar en lo que había pasado en su día. Se sentía atada de pies y
manos, si no hacia lo que le decían, Luisa pagaría las consecuencias y eso era
un precio demasiado alto que no estaba dispuesta a pagar. Ludovika brincó a sus
piernas clamando por su atención y ella
empezó a acariciarla distraídamente.
Cuando Luisa llegó la encontró sentada en la estancia a
obscuras, Fabiola ya había decidido que hacer.
—qué haces ahí sentada en la obscuridad? — prendió las
luces y dejó caer su maleta en el camino. Ludovika saltó de con Fabiola y
corrió a los pies de Luisa y ella la agarró en sus brazos sin muchas ganas.
—trataba de averiguar por qué le tienes miedo — le dijo
con una sonrisa floja.
—eso
no lo sabrás nunca — se dejó caer junto a ella en el sillón.
—por qué? — Fabiola levantó su brazo y Luisa puso la
cabeza en sus piernas.
—porque ni yo lo sé.
—eso no creo que sea verdad.
—pues créelo bomboncito porque lo es.
Antes de dormir, Luisa se metió a bañar y, estando dentro,
Fabiola se le unió. Lo que debió haber sido un baño simple se tornó en largos
momentos en los que Fabiola hacia suyo el cuerpo de Luisa, lo reclamaba como de
ella y Luisa solo se dejaba poseer. Luisa trató varias veces de tocarla, pero
ella tomaba sus manos llevándolas por encima de su cabeza y no la dejaba, solo se
limitaba a darle placer hasta que las rodillas le empezaron a fallar y ya no
podía sostenerse sola. Salieron de la regadera y al empezar a secarse, Fabiola la
llevó hacia la cama recostándola boca abajo acariciando su trasero y besándolo
y luego de un rato la volteó para poder seguir recorriendo todo su cuerpo, como
si quisiera memorizar cada centímetro de él, a pesar de conocerlo
perfectamente, una y otra vez se dedicó solo a eso.
—Faby… no puedo… no puedo más — le dijo apenas entre
jadeos agitados — van a ser
las cuatro, tenemos desde las diez así.
—lo sé… pero no puedo dejar de tocarte… no me puedo
contener — se quedó concentrada en su estómago, pasando sus manos sobre él y
besándolo. Luisa respiró profundamente ante el descanso que le daba.
—entre Thomas y tú me van a matar de cansancio extremo —
le dijo aun agitada, pero Fabiola no dijo nada.
—si me dijeras que mañana no iras a entrenar te dejaría
dormir una hora, o dos quizás — dijo en tono serió.
—piensas seguir… drenándome?
—si pudiera lo haría de aquí hasta mañana… pero no me
dejas— por su tono, sabía que hablaba en serio.
—ya te llevaste todo lo que tenía — seguía desfallecida
pero comenzaba a recobrar el aliento— por qué quieres hacérmelo hasta la
muerte?
—esa no es una palabra que deberías usar.
—por qué?... espera, no me contestaste.
—no… por nada en especial… solo que
no me canso de ti.
—y por qué no debería de usar… — Fabiola estiró su mano y
la puso sobre los labios de Luisa — esa palabra? — Luisa estaba confundida por
como actuaba Fabiola desde que había ido al club.
—no la uses… no me gusta — Fabiola estaba con el ánimo
decaído y había sentido, al escuchar esa palabra, la relacionaba
automáticamente con ella y las amenazas que le habían hecho en la mañana, y esa
sensación la tenía al borde del llanto, pero se contenía frente a Luisa.
—Fabiola… tienes algún problema?
—no — le contestó después de quedarse viéndola unos segundos
con su barbilla apoyada en el estómago de Luisa — nada que no se resuelva con
uno de tus orgasmos — trató de sonreír pero Luisa supo que estaba fingiendo.
—ya te di cuatro… ahora dime qué te pasa?
—cinco, porque estas convencida de que me pasa algo?
—tus ojos… no concuerdan con la sonrisa que tratas de
hacer.
—vamos a dormir… mañana continuo con el sexto —ignoró por
completo lo que le decía.
—no quiero un sexto… o tal vez sí, pero quiero que me
digas lo que te pasa.
—duerme… el cansancio te hace ver cosas que no son —
estiró su mano y la puso sobre los ojos de Luisa cerrándolos. No batalló para
lograr que se durmiera y Fabiola, aun con la barbilla en el estómago de Luisa,
se quedó observándola, observando sus pechos, los cuales se movían hacia arriba
y abajo, junto con su cabeza, movidos por cada exhalación que ella hacía. Luego
Fabiola se fue quedando dormida poco a poco después de mucho rato arrullada por
su respiración acompasada y uno que otro ronquido de Luisa.
Luisa no se había despertado a tiempo al día siguiente y
la llamada a Thomas, por supuesto que no se hizo esperar para decirle que se
sentía mal y no entrenaría ese día, al fin y al cabo lo único que la tenía
haciendo era correr prácticamente. No podría agarrar una raqueta hasta que la muñeca
estuviera arreglada y no quería arriesgarse a que se lastime de nuevo a pesar
de poder usar la mano izquierda. Después de haberse hecho el difícil un poco, Thomas
terminó aceptando.
Fabiola también tenía planeado quedarse todo el día en el
apartamento, pero ya había pensado las cosas muy seriamente, había llegado a
una determinación, aunque no le gustara y pesándole dejar a Luisa sola pudiendo
tenerla para ella, como la noche anterior, se alistó y salió determinada antes
de cambiar de opinión.
—tengo que salir a hacer una cosas — le dijo al tomarla
en sus brazos y besándola — pero no tardo — Luisa la siguió y la vio tomar algo
de la mesita de la estancia pero no supo qué, y después Fabiola se dirigió a la
puerta — mejor que me esperes con el atuendo que traes… sin la bata — Luisa se rió
y asintió.
Fabiola subió a su lexus y sacó el teléfono de Luisa, que
había tomado de la mesita de la estancia antes de salir, y buscó en internet la
dirección del CSIS (servicio de inteligencia canadiense de la seguridad), pero resultó
que no venía, así que marcó el número y se la proporcionaron. Introdujo la
dirección de la agencia que le dieron en el GPS y arrancó, tenía que ir hasta burnaby, así que, después de dar vueltas y
vueltas y estar segura de que no la seguían nadie, llegó a su destino.
Al entrar a las oficinas del CSIS preguntó en la
recepción sin desvíos y directo al grano.
—necesito ayuda con… algo que me quieren obligar a hacer —
le dijo a la recepcionista, quien parecía no darle mucha importancia a Fabiola.
—que es lo que la obligan a hacer? — el tono que uso era
de fastidio y ni siquiera se molestó en voltear a verla.
—solo sé que se trata de un virus… pero me imagino que no
será un antigripal — la recepcionista se dignó a observarla al fin y vio como Fabiola
la miraba y entonces supo que no estaba jugando y dejó de lado su actitud.
—la hare pasar con uno de nuestros agentes.
Después de unos minutos la llevaron a una oficina algo
pequeña, y mientras esperaba, le llegó un mensaje a su celular:
Mail
Solo esa palabra decía, el número de donde venía era desconocido y probablemente
de un celular desechable, en eso entró un hombre como de 35 años y atrajo su
atención de momento.
—soy Benjamín Sanders, y usted es…?
—Fabiola Martorelli.
—mmm su nombre me suena… no es usted la doctora que está
haciendo un virus importante o algo así? — Fabiola asintió lentamente — bueno, entonces…
me dicen que tiene un problema — se dirigía a Fabiola con algo de indiferencia.
—sí, llegaron ayer a mi oficina a decirme, o más bien
exigirme, que debía de crear un virus. No me dieron especificaciones, fue todo
lo que dijeron… les dije que no y me amenazaron.
—la amenazaron? — Fabiola asintió — con qué?
—si no hacia lo que me pedían — Fabiola estaba indecisa a
decirle, pero debía hacerlo — lastimarían a… Luisa — Fabiola sacó la carpeta y luego
la foto donde aparecía Luisa jugando y se la dio.
—la tenista? — preguntó algo incrédulo. Fabiola asintió
de nuevo y Benjamín Sanders se mostró un poco más interesado— y usted y ella…
son?
—pareja… si — dijo dudando.
—vaya, no se la pasa saliendo con un desfile de hombres? eso
no lo sospeché nunca — Fabiola le dio una mirada amenazadora — y sabe el nombre
de quien la está chantajeando?
—dijeron a la recepcionista que venían de parte de Marcus
Alexander — el agente se quedó mirándola sin poder creer lo que había escuchado.
—Marcus Alexander? Esta segura? — el agente se había
puesto rígido de pronto.
—sí.
—no puede ser, es una amenaza bastante seria la que le
hicieron, él es un criminal muy buscado.
—porque cree que vine en primer lugar — el sarcasmo de Fabiola
fue demasiado.
—sí, disculpe, es la sorpresa… vera, hemos estado detrás
de este terrorista durante mucho tiempo, lo hemos estado vigilando, y con lo
que me está diciendo está confirmando las sospechas que teníamos de él de que
está planeando un ataque, pero no sabíamos cómo lo haría ni dónde. El hecho que
allá llegado usted con esta información ha sido un golpe de suerte para
nosotros. Necesitamos ir en este momento con mi jefe a decirle todo lo que me
acaba de decir.
En la oficina del jefe del agente Benjamín Sanders, el
director de CSIS Markus Martell, Fabiola empezó a relatar de nuevo el encuentro
que había tenido con los hombres que la habían visitado, estuvo cerca de una
hora contestando a las preguntas que le hacían hasta que quedaron satisfechos con
lo que les decía. Después le ofrecieron café y ella pidió agua y la dejaron
unos momentos sola para volver después de media hora.
—debe aceptar trabajar para ellos — le dijeron al entrar —
hacerles creer que cooperará mientras nos dice lo que pasa dentro, será nuestra
agente encubierta. Esta es la mejor oportunidad que se nos ha presentado.
—pero yo no sé nada de eso — a Fabiola lo único que le
preocupaba era Luisa y estaba dispuesta a hacer lo que querían pero tenía mucho
miedo. No había ido a eso precisamente, pero si era necesario para protegerla,
lo haría.
—no tiene de que preocuparse, el agente Sanders será su
contacto con nosotros y él la guiara en todo lo que necesite.
—pero…
—en el momento en que su vida esté en peligro la
sacaremos de ahí — el director Martell se acercó a ella y puso su mano sobre el
hombro de Fabiola — esta operación, junto con usted, se ha convertido en
nuestra prioridad a partir de este momento — Fabiola se quedó pensativa durante
un par de minutos, en los cuales, podía sentir la mirada de los dos hombres.
—tengo una condición — dijo por fin.
—cuál es?
—tienen que ponerla a salvo — Fabiola sonó algo
desesperada, y el director la miraba sin ninguna expresión en su cara — si no,
no hay trato… ella no debe enterarse de esto.
—no hay problema.
—no debe recordarme… borren su mente y sáquenme de su
vida, solo así cooperare con ustedes.
—ok — dijo el director pensando en la mejor manera de
hacerlo — lo podemos arreglar.
Fabiola salió del edificio de la CSIS con paso lento.
Había actuado como mejor le pareció para no arriesgar la vida de Luisa, aunque
eso le partiera el alma. Subió a su lexus y sacó el iPhone y empezó a buscar en
la agenda hasta que encontró lo que buscaba. Se quedó viendo el celular durante
unos segundos presa de la desesperación y sabiendo que tenía que actuar cuanto
antes y marcó el número que tenía en la pantalla.
—creí que ya no me
llamarías y estarías de floja el resto del día — dijo Thomas en cuanto le
contestó.
—Thomas? Necesito hablar contigo, es urgente.
—quien habla?
—Fabiola — Thomas no supo exactamente que decirle de
momento.
—qué pasa? Le paso
algo a Luisa?
—no, ella está bien, pero yo si necesito habar contigo
urgentemente, podemos vernos?
—si — le dijo
algo dudoso, no se le ocurría para que necesitara hablar con él si nunca, jamás
en la vida habían estado en una habitación juntos — podemos vernos en media hora.
—Starbucks en robson y burrard st.
Fabiola ya lo esperaba cuando Thomas llegó, nunca se
habían conocido, pero ambos sabían quiénes eran, el por las ocasionales fotos
que sacaban de las dos juntas la prensa.
—Fabiola? — Fabiola lo volteó a ver saliendo de sus
pensamientos y le asintió — perdona, se me hizo tarde.
—no te preocupes — Thomas aun no podía imaginarse para
que necesitaba su ayuda.
—cuál es la emergencia? Por qué necesitas hablar conmigo?
— preguntó al sentarse frente a ella.
—tranquilo — le dijo Fabiola al ver como la miraba — Lulú
me dijo que te contó.
—bueno — le sonrió algo intimidado por ella, pues en
persona se veía más bonita que en las fotos del periódico, incluso pensó que
tenía el mismo tipo de Giselle Bundchen, pelo rubio, su piel también asemejaba
su color pero sin el glamour de ser modelo — así no tendremos que fingir no
saber que sucede — Fabiola le sonrió pero no pudo sostener la sonrisa mucho
tiempo.
Fabiola le contó lo que pasaba y lo que tenía pensado
hacer sin rodeos, y le dijo que necesitaba de su ayuda para con Luisa. Le
explicó que pensaba borrar su mente y sacarla a ella de ahí, era en lo que lo
necesitaba, no debía mencionarle a Luisa nada, en lo más mínimo que tuviera que
ver con ella.
—pero… debe de haber otra forma.
—no, no la hay, es la mejor solución.
—pero...
—si no me borro de su mente y le cuento todo, ella podría
hacer algo, sabes cómo es, incluso podría hasta dejar su carrera y eso no puedo
permitirlo… créeme esta es la mejor solución.
—pero… — sabía que Fabiola tenía razón.
—si tienes una mejor solución te escucho — le dijo Fabiola
con la mirada perdida en la mesa, pero a Thomas no se le ocurrió nada y solo se
quedó callado.
—no estoy muy seguro de lo que te propones hacer.
—pero me ayudaras?
—si — le dijo soltando un suspiro — lo hare.
—bien, entonces mañana, o pasado mañana, a más tardar, te
diré lo que tendrás que hacer – se levantó de la silla – te marcaré.
—ok, nos veremos después — Thomas vio como Fabiola se iba
y se quedó sentado pensado en lo que le había dicho. Seguía sin estar seguro,
pero a falta de una mejor solución, cooperaría con ella.
Fabiola volvió al apartamento y, al entrar, escuchó la
tele del cuarto. Dejó el celular de Luisa en la mesita de la estancia de donde
lo había agarrado y fue directo a buscarla y seguir en su tarea de memorizar
cada centímetro de su cuerpo.
—que haces? — le preguntó recargándose en el marco de la
puerta. Luisa estaba acostada tapada completamente y Ludovika estaba al pie de
la cama.
—estaba esperándote… pero tardaste demasiado y tuve que
vaciar el jacuzzi.
—en serió? Bueno, a lo mejor puedo hacer que la espera
valga la pena.
—que tienes en mente? — Fabiola puso cara pensativa y se
dirigió a la cocina, volviendo con una botella de vino y se la mostro a Luisa —
eso parece prometer — le dijo sonriente. Se destapó y Fabiola vio que estaba
desnuda. Pasó su mirada por cada centímetro de su cuerpo lentamente, sus ojos
brillaban de deseo y la poca distancia que las separaban le pareció demasiada.
—como poder resistirme a eso — se encaminó a la cama y se
colocó a horcajadas sobre Luisa y la besó — o sea que no te has levantado en
toda la mañana?
—si… fui por un cereal, me bañe y…
—eres de lo peor — le dijo riendo.
No salieron de la cama en lo que restaba de día. Fabiola
no dejaba de pasar sus manos por todo el cuerpo de Luisa, tomándose su tiempo
en sus pompis que la enloquecian, solo que en una de esas veces, Luisa la
empezó a desvestir a ella, ella se dejó llevar, y, una vez que Fabiola estuvo
desnuda, Luisa la puso boca arriba y empezó a acariciarla, haciéndola sentir que
la piel le hormigueaba, y esa sensación le recorrían el cuerpo por donde ella la
tocaba. Cuando Luisa alcanzó sus pechos, se entretuvo con ellos pasando sus
manos alrededor, luego sus labios sustituyeron sus manos, y estas, empezaron a
bajar por su estómago, entreteniendo en su ombligo una mientras la otra bajaba
lentamente a su entrepierna. Cuando Luisa llegó a su objetivo, Fabiola soltó un
gemido inconscientemente al sentir su dedo recorrer su entrada, provocando que Luisa
sonriera. Al mismo tiempo en que entraba en ella, agarraba uno de sus pechos
entre sus labios y Fabiola no pudo evitar estremecerse al sentirla. Entonces
comenzó a mover su mano y su lengua rítmicamente, según le indicaba Fabiola con
sus movimientos de cadera. Entonces Luisa, con su pulgar, comenzó a estimular
su muy hinchado y sensible clítoris, empujó sus caderas contra la mano que le
daba tanto placer. Estaba a punto de llegar, y Luisa lo sabía, así que aceleró
su movimiento hasta que Fabiola arqueó la espalda y soltó un gran gemido
dejándole saber que lo había conseguido. Luego, se dejó caer en la cama
exhausta, con su amante sobre ella, mientras sacaba su mano lentamente.
Una vez que Fabiola se recuperó, siguió en su tarea de la
noche anterior y empezó a quedarse un orgasmo tras otro de Luisa.
—vas a seguir con la misma rutina de anoche? — le preguntó
agitada.
—si… hasta que sienta que ya tuve suficiente de ti.
—ya te di suficientes…
—no — la expresión que Fabiola tenia no le dejó lugar a
dudas de que algo pasaba — no quiere perder tu esencia, tu olor…
—Fabiola — se sentó en la cama interrumpiéndola, y la
levantó de los brazos, dejándola cara a cara con ella — que es lo que sucede?
Porque esta desesperación tuya? — Fabiola solo la observaba.
—porque… creo que… saldré de viaje pronto y quiero
tenerte grabada en mi cabeza — no pudo decirle lo que realmente pasaba, aunque tendría
que hacerlo tarde o temprano.
—a dónde?
—Ontario.
—no… segura que no me mientes? — la veía con cierta
sospecha.
—si… segura — Luisa se quedó observándola profundamente,
no sabía si creerle o no.
—cuando he viajado tú no te pones así, y sabes la fecha
desde antes, ahora ni siquiera estás segura de sí lo harás o no.
—sí, tienes razón — sabía que tenía que ser muy
convincente si quería que le creyera porque Luisa, ahora, estaba prestando
demasiada atención y le sería difícil lograr convencerla — precisamente por
eso, no quiero pasar los días pensando en tu sorprendente cuerpo y saber que
pude haber hecho algo para llevarme tu recuerdo bien grabado.
—empiezo a sentirme irritada — la miraba profundamente. Fabiola
no sabía si había logrado engañarla — por qué no tomas una foto — le dijo
sonriendo. La actuación de Fabiola había sido muy buena y había conseguido
convencerla de que lo que le decía era cierto, y cuando le dijo lo de la foto,
ella se relajó, le había creído, al parecer.
—parece buena idea — Fabiola se levantó y fue por su
celular y, al volver, se paró al borde de la cama y apuntó hacia ella.
—lo decía en broma — le dijo tapándose.
—yo no, acomódate muy sexy.
—no sé cómo — rió nerviosamente — tal vez debas de venir
y decirme como — Fabiola la agarró del tobillo y la jaló lentamente hasta que
quedó donde, a ella, le parecía que saldría mejor en la foto, y Luisa, al ver
que acomodaba el celular para tomar la foto, no le quedó más remedio que solo
sonreír.
—wow, creo que ira de fondo en mi laptop.
—no, no la pongas ahí.
—calma, solo es para mí —la foto quedo grabada en una
memoria extraíble, la sacó y la guardó.
—ok, ya conseguiste lo que querías, ahora ven aquí — Fabiola
volvió a la cama con Luisa y continuo con su labor, a pesar de que ella le dijera
varias veces que ya no podía más, aun así se las ingenió para lograr que
siguiera terminando.
Fabiola se despertó con Luisa entre sus brazos y no
quería levantarse, quería que ese momento durara por siempre, pero tenía que ir
al laboratorio, pues había tomado dos días libres y no se molestó ni siquiera
en avisar más que a Román y debió de haberle dicho a su jefe también, así que se
levantó con pesar, se bañó y se vistió. Luisa seguía dormida, estaba exhausta
por la noche que había tenido, por lo que le dejó una nota y bajó al sótano por
su carro para dirigirse a su oficina.
Al verla entrar, Román fue a su encuentro rápidamente
acosándola a preguntas, preguntas que ella no quería ni tenía tiempo de
contestar.
—que pasó contigo? Me dijiste que solo te tomarías un
día, eso fue antier.
—sí, necesite otro… te iba a avisar pero la verdad se me
olvidó.
—tuve que inventarle una mentira al jefe y tú sabes
cuánto me cuesta hacerlo.
—sí, lo sé — le contestó con el mismo sarcasmo.
—ok, me tengo que ir, pero mejora ese humor, ok? — Román salió
y dejó a Fabiola con sus pensamientos. Prendió su laptop y revisó el correo, tenía
algunos, pero le llamó la atención la dirección de uno en específico.
En dos días pasaran por usted para traerla a su nuevo trabajo
Era todo lo que decía, y entonces recordó el mensaje que
le llegó al celular del número desconocido, era obvio que la dirección la
habían creado solo para eso. Le marcó al agente Sanders y le informó lo que
pasaba y entonces cayó en cuenta, el mail se lo habían mandado el día anterior,
eso la dejaba con muy poco tiempo debiendo de acelerar todo y debía de salir de
nuevo del laboratorio para, probablemente no volver. No le agradaba eso, pero
ya nada podía hacer. Tomó sus cosas y salió sin decirle a nadie, después le
mandaría un mensaje explicándole (o inventándole) algo a Román.
Fue hacia el estacionamiento de metrotown, donde debía
verse con el agente Sanders.
—hemos hablado con tu jefe y lo hemos puesto al tanto de
todo — Fabiola lo miró confundida — el señor Douglas se mostró muy cooperativo,
te guardara tu puesto, y de hecho se molestó bastante cuando supo que te
estaban obligando a hacer esto, seguirás con él después de que todo esto
termine.
—y cuándo será eso?
—no lo sabemos — el agente Sanders notaba que Fabiola no
quería dejar todo, dejarla a ella, pero ya no había marcha atrás — por cierto,
traje el suero — sacó del carro un estuche y se lo dio a Fabiola — para que le
expliques a… su entrenador como hacerlo. Es en realidad muy simple, solo la
inyecta en el brazo y listo.
—sin problema?
—sí, bastante sencillo, pero tendrá que ser cada mes.
—ok, le diré.
—se le mandaremos puntualmente hasta que nos indiques que
no lo hagamos más.
—ok.
—cuando necesites comunicarte con nosotros lo harás mandando
un mail a esta dirección — le dio pedazo de papel en la mano con la dirección
de mail, minders@hotmail.com —
apréndetela, nadie debe saberla.
—las ultimas letras de tu nombre y apellido.
—vaya, lo notaste.
—es todo?— Fabiola empezaba a sentir la presión del
tiempo sobre ella.
—si, por el momento es todo, nos veremos más tarde en el
CSIS cuando la traigas — Fabiola subió a su carro y se fue directo a su casa donde
la esperaba Luisa, debía despedirse de ella.
Abrió la puerta rápidamente y entró buscándola con
desesperación pasando directamente al cuarto, Ludovika le ladró al verla pasar
corriendo alterada.
—Faby… que pasa? — Luisa estaba en la cocina y al pasar
corriendo no la vio.
—no te vi… que haces?
—nada… vine por agua, necesito recuperarme —dijo
sonriente.
—necesito decirte algo… y no sé cómo.
—qué cosa? — Luisa dejó la botella de agua sobre la barra
y se acercó a ella.
—tengo un problema… uno grande.
—es lo que te ha tenido tan rara estos días — Fabiola
asintió — me dijiste que no era nada.
—mentí.
—lo supuse — dijo algo molesta — porque me mentiste? Creí
que no lo hacías.
—necesito que me acompañes – Fabiola empezaba a perder un
poco el control, sentía la presión de todo encima.
—a dónde? Qué te pasa? — Luisa estaba molesta y el que
estuviera evadiendo sus preguntas no ayudaba en nada.
—Lulú por favor, solo escúchame, necesito que vengas
conmigo, te diré lo que quieras en el camino, pero por favor, ven conmigo — fue
cuando Fabiola estalló en una pequeña crisis de desesperación y Luisa se dio
cuenta que estaba casi al borde de la histeria.
—que sucede? — le dijo dejando de lado un poco su
molestia — que problemas tienes?
—ven — dijo estirando la mano — acompáñame — Luisa puso
su mano sobre la de ella y se dejó llevar. Subieron al lexus de Fabiola y ella
tomó camino hacia burnaby.
—que es lo que pasa? — Luisa rompió el silencio.
—resulta que me amenazaron — la miró sorprendida y
asustada.
—como que te amenazaron?
—tengo que hacer un virus.
—pero eso es lo que haces — estaba confundida.
—este virus no es como los que hago — Fabiola no la
volteaba a ver, se limita a manejar, pero por la velocidad que llevaba hizo el
recorrido en menos tiempo — una especie de arma biológica…
—pues no lo…
—y si no hago lo que me dicen… te lastimaran — las lágrimas
empezaron a rodar por la cara de Fabiola — tengo que hacerlo, prefiero que me
odies por ceder a ellos a saber que por mi culpa… — Fabiola estacionó el carro
y se bajó impulsivamente, Luisa la siguió.
—¡Fabiola! — le gritó para detenerla y fue hasta donde
estaba ella — yo jamás podría odiarte — Luisa tomó su cara entre sus manos,
como Fabiola lo hacía siempre.
—eso no lo sabremos hasta que lo haga… por eso decidí
mantenerte alejada — Fabiola vio por como la mirada de Luisa cambio y por encima
de su hombro vio que Benjamín se acercaba a ellas.
—alejada? — Luisa no comprendió de momento lo que trataba
de decirle, nada tenía sentido — que estás diciéndome? Por qué? Por qué tenías
que ser tan malditamente inteligente? — Luisa estaba enojada y desesperada y
comprendió de pronto que estaba por separarse de Fabiola por culpa de su
habilidad y empezó a golpearla en los brazos — por qué? — Fabiola la tomó de
las muñecas tratando de calmarla hasta que logró hacerlo, la abrazó dejando que
Luisa se desahogara de la desesperación que sentía llorando en su pecho.
—cálmate, todo estará bien.
—pero me estás diciendo que quieres alejarte de mí, como es
que estará todo bien? — empezó a descontrolarse de nuevo soltándose del abrazó
de Fabiola, y ella vio, que Benjamín ya estaba muy cerca de ellas — dónde
estamos?
—Lulú te amo – evadió su pregunta tomándola por la
cintura y la besó — siempre lo hare — Luisa sintió un piquete en el hombro y al
voltear a ver que era, pero su visión empezó a hacerse borrosa y comenzó a
perder el sentido. Benjamín la alcanzó agarrar en sus brazos para evitar que se
cayera y lo último que vio fue a Fabiola llorando.
—vaya, es más bonita en persona — no le dijo nada, solo
veía a Luisa en los brazos del agente.
—puse su vida en sus manos… si algo le pasa el trato…
—no te preocupes… la estaremos vigilando para que nada le
pase, puedes confiar en mí. Su entrenador ya está al tanto? — Fabiola asintió —
ok, entonces es todo por ahora. El mismo correo para el si necesita alguna vez
contactarme.
Fabiola se quedó parada ahí viendo como se la llevaba,
hasta que él entro al edificio del CSIS con Luisa en brazos, alejándola de ella
y llevándose su felicidad, esa sería la última vez que la vería.