jueves, 14 de abril de 2016

CAPITULO VI

Fabiola estaba en su oficina concentrada por completo en una secuencia viral en que estaba trabajando cuando sonó su teléfono. Era la recepcionista del edificio diciéndole que unos tipos querían hablar con ella.
—quiénes son?
—solo dijeron que venían de parte de Marcus Alexander.
—quien es él?
—no lo sé.
—ni yo, diles que estoy en una junta y que vengan otro día.
—ok— siguió trabajando en la laptop y olvidó el asunto casi inmediatamente.
Después de un rato su celular la distrajo de su trabajo, no iba a contestar pero luego pensó que podría ser Luisa.
—bueno.
que haces? Estas ocupada? — era Luisa efectivamente.
—no — dibujó una enorme sonrisa en su cara e inmediatamente se olvidó que lo que estaba haciendo era importante.
—a qué hora llegarás?
—no sé.
tarde?
-creo… tienes pensado hacer una fiesta?
sí, será demasiada gente y quería saber si puedes traer una botella, pero si llegaras tarde no tiene caso.
—no te alcanza con las que tienes ahí?
no creo.
—trataré de llegar temprano — dijo riéndose.
—que tan temprano? porque mi amor, si no es temprano dime  y voy por ti en este instante.
—creo que mejor vienes — se sintió derretir al escucharla decirle “mi amor”, cada nunca que lo hacía sucedía.
en serió llegaras tarde? — el tono de Luisa cambio a desilusionada.
—que tienes planeado Lulú? — preguntó un poco más en serio.
—nada — pero por el tono en que le contestó Fabiola supo que Luisa tenía algo en mente.
—dime.
no— Luisa estaba riéndose e iba a soltarle un pequeño sermón, pero el  teléfono de Fabiola sonó de nuevo.
—espera, no me cuelgues. Bueno… en serió?... mmm no, diles que vengan mañana, ahora estoy muy ocupada… si quieren esperar que esperen… ok. Listo.
quien era?
—la recepcionista, no sé quién me está esperando ahí, pero ya le dije que no y dice que siguen esperando.
qué raro.
—sí, algo.
bueno, volviendo a lo nuestro — Fabiola sonrió automáticamente — si llegaras tarde entonces?
—creo que si princesa.
mmm te propongo algo, porque no renuencias?
—y me dedico a verte jugar el resto de lo que nos queda de vida?
bueno, no sé si pueda seguir jugando el resto de nuestras vidas pero si, a mí me parece un buen plan.
—ok, como tú digas.
—entonces…
—solo termino una serie y voy para allá — dijo cediendo.
—ok, te espero.
Fabiola se concentró de nuevo en la laptop para terminar pronto, aunque, como siempre, había decidido llevarse trabajo a casa. Se levantó y fue a con Román a verificar el estado del virus en el que trabajaban y estuvieron hablando acerca de su evolución.
—por qué tan sonriente? — cambió el tema de golpe.
—por nada.
—tu novio te espera? — Fabiola le sonrió. Román no sabía quién era con quien su compañera compartía su vida, pero le alegraba que ella fuera feliz, aunque no quisiera hacerlo participe de esa felicidad. Su insistencia en que le presentara a su novio era mucha pero él ya había perdido las esperanzas, solo escuchaba lo que ella le decía pero jamás lo había conocido, lo único que el sabia de su vida era su amistad con la tenista famosa, era todo.
Después de un rato, fue a su oficina, apagó la laptop y la guardó en su maletín, cogió su portafolio y apagó las luces y se dirigió al estacionamiento.

Al llegar al apartamento Ludovika  fue quien la recibió saltando y ladrando y se encontró con Luisa en la cocina. Dejó su portafolio y el maletín de la laptop sobre la mesita de la estancia y caminó hacia donde estaba Luisa. Ella volteó al escucharla y al verla le sonrió.
—que estás haciendo?
—nada…
—segura? — Luisa le sonrió y después negó con la cabeza. Fabiola se acercó a ella y la agarró de las manos — se te pasó la mano con el whisky?
—un poquito — acercó su cara a la de Fabiola y puso sus labios en la punta de su nariz dándole un tierno beso, ella cerraba los ojos sonriendo mientras lo hacía.
—y yo que pensaba llegar tarde. Ven, vamos a la cama — le dio un apretón en las pompis.
—sí, vamos — entonces Luisa se abalanzó sobre Fabiola y la besó comenzando lo que tenía en mente.
Fabiola nunca podía resistirse a Luisa y terminó correspondiéndole de la misma manera.
A tropezones llegaron al cuarto y de igual manera se dejaron caer en la cama. Luisa desnudó a Fabiola y viceversa y una vez que estuvieron las dos desnudas Luisa consiguió lo que buscaba.
Luisa estaba de espaldas y ambas respiraban agitadamente y poco a poco Luisa fue cayendo en los brazos de Morfeo mientras Fabiola la contemplaba. La respiración de Luisa empezó a hacerse más profunda y Fabiola supo que ya estaba profundamente dormida y no tardaría en escuchar sus leves ronquidos. Se levantó y fue por la laptop, volvió a la cama, la prendió y siguió trabajando en lo que se había quedado en la oficina al lado de su bella durmiente, que roncaba.

El sol empezó a entrar por la ventana despertando a Fabiola mientras Luisa seguía dormida, boca abajo y completamente desparramada y Fabiola no pudo contener una sonrisita en sus labios. Luisa siempre se movía demasiado cuando dormía, las sabanas terminaban en el suelo la mayoría de las veces, excepto cuando lo hacía rodeada por sus brazos. Fabiola sabía que nada más podría hacerle tan feliz como era en ese momento, no cambiara nada de su vida, incluso se sentía como en un cuento de hadas, con su princesa a su lado.
Se levantó tratando de no hacer ruido, se metió a bañar y cuando se estaba vistiendo Luisa despertó.
—ya amaneció?
—sí.
—tan pronto? — Fabiola, volteando a verla, gateó sobre la cama hasta quedar sobre Luisa.
—sí, pero como la princesa estuvo tomando anoche y se le pasaron las copas…
—es que tardaste demasiado, en algo tenía que ocuparme — Fabiola le sonrió y luego dándole un beso siguió vistiéndose.
—no vuelvas a tomar sin mí.
—bueno eso dependerá que no llegues del trabajo tarde nunca más — Luisa se levantó y se puso una bata y salieron a la cocina
—no harás nada en especial hoy? — Luisa empezó a comer de la fruta que Fabiola había sacado del refri.
—sí, tengo que ir a entrenar.
—volverás hasta la tarde entonces? — Luisa asintió — ok, trataré de llegar junto contigo.
—ok, aquí nos veremos — Fabiola la besó de nuevo, pero esta vez se tomó su tiempo haciendo que las rodillas de Luisa flaquearan. No la soltó hasta que estuvo segura de que tenía el control de nuevo y entonces Luisa besó su nariz a modo de despedida.
Fabiola agarró su portafolio y el maletín de la laptop y salió del apartamento. Luisa se quedó un rato sentada en la cocina, después de darle de comer a Ludovika volvió a la cocina, prendió la tele y se sentó en uno de los bancos de la barra. Veía Lost, un capitulo repetido, y en uno de los anuncios que dieron se levantó y se metió a bañar y dejó, como siempre, que se le hiciera algo tarde, por lo que se vistió rápido y salió corriendo hacia el sótano para dirigirse en su mustang hacia el club.

Fabiola llegó a laboratorio y del estacionamiento subió directamente a su oficina y justo cuando entró  y se sentó en el escritorio sonó su teléfono.
—ocupada? — era la recepcionista.
—no, vengo llegando.
—bien, aquí están los tipos que te buscaban ayer.
—quienes? — de momento no recordaba de quienes le hablaba la recepcionista.
—los que vienen de parte del tal Marcus Alexander.
—mmm, no creo saber quiénes son… no sabes a qué viene?
—dicen que tienen que hablar contigo, nada más.
—ok—dijo no muy convencida —hazlos subir — prendió la laptop y revisaba algunas notas que Román le había dejado sobre el escritorio, parecía que el si se había quedado hasta tarde el día anterior y comenzó a concentrarse en eso y, por un momento, olvidó que estaban subiendo los dos tipos a verla y de pronto se le ocurrió una idea de cómo cambiar la secuencia genética del virus con el que estaba batallando. Parecía una buena idea lo que le proponía Román y se distrajo introduciendo dichas sugerencias y empezó a teclear en la laptop poniendo los cambios propuestos cuando tocaron a su puerta interrumpiendo sus pensamientos. Eran dos tipos de traje, altos los dos y lentes obscuros, uno se veía más musculoso que el otro, los dos con el pelo corto y de facciones duras.
—es usted la doctora Fabiola Martorelli? — le preguntó el no tan musculoso.
—si… quienes son ustedes?
—queremos que trabaje con nosotros — le dijo el mismo, directo al grano e ignorando la pregunta que Fabiola les había hecho.
—con ustedes?... no estoy buscando trabajo.
—necesitamos que desarrolle un virus para nosotros – el tipo no tan musculoso le hablaba con tono firme.
—un virus? — Fabiola no sabía exactamente si se trataba de una broma, pero el tipo era algo intimidante, su acompañante no había dicho nada ni se había movido.
—si — le contestó secamente.
—qué tipo de virus? — su confusión aumentaba.
—eso no podemos decírselo.
—no puedo aceptar un trabajo si no se dé que se trata.
—no se lo estamos ofreciendo — le dijo en tono amenazador y Fabiola lo miró más detenidamente — lo mejor es que haga lo que le pedimos.
—no, absolutamente no, ni siquiera se dé que laboratorio son, pero no creo que su oferta me interese — les dijo levantándose algo alterada.
—necesitamos que comprenda lo que le decimos — le dijo algo amable, pero seguía teniendo ese dejo de amenaza en su voz – no le estamos ofreciendo otro trabajo.
—pero…
—el virus que desarrollara deberá expandirse por aire.
—expandirse por aire?… de que…
—y deberá ser… mortalmente efectivo.
—no, no, no sé lo que pretenden pero yo jamás haría algo así.
—sería mejor que pensara mejor las cosas — le dijo después de observarla durante unos segundos. El musculoso, que no había dicho nada hasta ahora, le pasó una carpeta al no tan musculoso, este la abrió y después de hojear su contenido lo extendió en el escritorio frente a Fabiola — si no, ella pagaría las consecuencias — Fabiola observó el contenido de la carpeta, eran unas fotos — sería una pena perder a una tenista tan buena como ella — Fabiola agarró una de las fotos estupefacta. Era de ella con Luisa, otra de Luisa jugando y otra más de las dos en el carro de Luisa. Fabiola se sentó lentamente sosteniendo las fotos — a mí en lo personal me gusta mucho — Fabiola sentía que entraba en pánico.
—está bien— dijo después de varios minutos, su voz apenas fue audible — lo hare — Fabiola aceptó sin pensarlo más.
—es lo mejor para todos, incluso recibirá una generosa recompensa.
—no quiero su dinero… solo asegúrenme que si hago lo que me piden a ella no le pasara nada.
—no se preocupe, haga lo que le piden y ella ni se enterará de nada y al terminar su tarea todo será como ahora.
—y que hay de mi conciencia?... es obvio que lo que me pide que haga no es para nada bueno.
—no se preocupe por eso, ninguna ciudad se verá afectada… una con muchos habitantes no al menos.
Los tipos de traje se fueron dejando a Fabiola en estado de shock observando las fotos. Se sentía acorralada, tendría que hacer lo que le pidieran si no lastimarían a Luisa y eso no lo podía permitir, no importara que perdiera su integridad en su carrera y como persona, debía hacer lo que fuera por protegerla.
En eso, Román entró a su oficina para preguntarle qué tal habían resultado sus sugerencias, pero al entrar y verla como en estado de trance viendo unas fotos supo que algo pasaba.
—que sucede? — Fabiola no le contestó ni se movió, ni nada — Fabiola? — apenas levantó la cara para verlo y se fijó en que estaba pálida, se preocupó inmediatamente — que sucede?
—nada — dijo visiblemente consternada.
—pero… si estas hasta pálida, que pasó? Introdujiste mi cadena en el virus? Lo eché a perder?
—no, no… pasa nada… no alcancé a teclearla toda — Fabiola seguía como ida.
—entonces que te pasa? Te sientes mal?
—nada te digo.
—Fabiola — Román dejó caer sus manos en el escritorio haciendo que Fabiola saliera de ese estado aletargado volteando a verlo de golpe — que sucede? Parece que hubieras visto a un fantasma así que no me digas que no pasa nada — Fabiola soltó un suspiro, sabía que no podría convencer a Román que nada pasaba.
—es… unos problemas que tengo.
—que problemas?
—no puedo decirte — contestó después de pensar unos segundos si contarle todo o no.
—porque no?
—es algo que resolveré, no te preocupes.
—pues parece que no, dime y te ayudo.
—ojala pudieras — dijo aguantando el llanto pero el notó que se le había quebrado la voz.
—porque no? de verdad que lo haría.
—lo sé, gracias — dijo sonriéndole apenas — pero es algo que tengo que hacer sola… sin involucrar a nadie — Román se dio cuenta que Fabiola estaba en graves problemas pero no podía imaginarse de que se trataba. Comenzó a guardar rápidamente las fotos en la carpeta esperando que Román no las hubiera visto.
—ok… pero deberías de decirme por lo menos.
—lo pensare — dijo en susurro. Román dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta para ir a su oficina, pero Fabiola lo detuvo antes de que saliera — Román, si puedes ayudarme en algo, me duele la cabeza, podrías cubrirme este día? — él sabía que mentía, pero ya la presionaría después para que le contara que pasaba.
—seguro, no hay problema — al salir Román de la oficina Fabiola volvió su vista a la carpeta abriéndola y mirando las fotos de nuevo, sintió una opresión en el pecho de impotencia y desesperación. Cerró la carpeta y la guardó en su portafolio, se levantó y se dirigió paso a paso hacia el estacionamiento.

Luisa estaba algo cansada y no quería decirle a Thomas la verdadera razón de ese cansancio. Pero él sabía que no se había portado muy bien precisamente así que la presionaba un poco más de lo normal.
—no, ya no más, ya me canse — Luisa se quejó con el después de haberla puesto a hacer fondos en la cancha — me va a dar un paro respiratorio.
—no, no es cierto, termínalos.
—no, ya no puedo más.
—termínalos.
—que no — Thomas la agarró del brazo y empezó a llevarla por la cancha a rastras y Luisa hacia fuerza para no dejarse llevar.
—tienes que hacerlos.
—es que ya no puedo — Luisa se dio cuenta en ese instante que Fabiola estaba sentada en una de las bancas que había cerca — necesito descansar.
—necesitas dejar de portarte mal, que hiciste anoche?
—nada… unos tragos coquetos pero es todo.
—con eso bastó para que no rindieras hoy — Thomas la miraba con expresión seria — no lo vuelvas a hacer — caminó hacia los vestidores pero no llegó ahí, solo se detuvo a hablar por teléfono, estaba claramente enojado con ella.
Entonces, en cuando se vio libre de él, Luisa caminó hacia las bancas donde estaba Fabiola sentada y se sentó junto a ella pasando una pierna por sobre la banca y así quedar de frente a ella.
—qué pasa? — preguntó besándole la nariz saludándola como siempre.
—nada… quería verte pelear con Thomas — le sonrió.
—ahh eso? es solo que esta de nefasto conmigo — dio un gran trago de agua mientras Fabiola la contemplaba.
—su modo de hacerte pagar el que te portaras mal?
—así es —puso su mano sobre el muslo derecho de Luisa.
—tiene razón entonces — Fabiola le sonrió y ella asintió lentamente. Empezó a subir su mano lentamente deteniéndose justo en donde el short de lycra que tenía debajo de la falda empezaba y empezó a hacer círculos con el pulgar en la parte interna del muslo.
—qué te pasa? Estas como… distraída.
—no — trató de sonreír nuevamente pero no podía sostenerla — no pasa nada.
—al fin renunciaste? — tenía una gran sonrisa. El pulgar de Fabiola que daba círculos en su muslo interno empezó  a hacerla sentir un hormigueo.
—no princesa…
—entonces?
—tenía ganas de verte y no me podía esperar — Luisa se quedó mirándola unos segundos.
—sé que escondes algo — Fabiola inmediatamente sonrió pues entendió lo que trataba de decirle. —no puedo creer que aun la recuerdes.
—claro, porque habría de olvidarla? — Fabiola suspiró — tenía unos problemas en el trabajo y decidí salir a despejarme y cuando menos pensé ya estaba aquí.
—es todo? — Fabiola asintió — son muy graves?
—no, nada que no pueda arreglar, no te preocupes por eso.
—ok — Thomas había empezado a gritarle a Luisa buscándola — demonios, te quedaras?
—un rato más, te veo después en casa?
—si — Luisa se acercó y la besó en la nariz, ella no retiró su mano de su muslo hasta que se levantó y cayó por si sola y vio como contoneaba su trasero al caminar.

Se quedó un rato más viendo como Thomas le decía a Luisa lo que tenía que hacer, parecía ya no estar tan estricto como hacía unos momentos. Se fue después de una hora más, llegó al apartamento y se sentó en la estancia a pensar en lo que había pasado en su día. Se sentía atada de pies y manos, si no hacia lo que le decían, Luisa pagaría las consecuencias y eso era un precio demasiado alto que no estaba dispuesta a pagar. Ludovika brincó a sus piernas  clamando por su atención y ella empezó a acariciarla distraídamente.
Cuando Luisa llegó la encontró sentada en la estancia a obscuras, Fabiola ya había decidido que hacer.
—qué haces ahí sentada en la obscuridad? — prendió las luces y dejó caer su maleta en el camino. Ludovika saltó de con Fabiola y corrió a los pies de Luisa y ella la agarró en sus brazos sin muchas ganas.
—trataba de averiguar por qué le tienes miedo — le dijo con una sonrisa floja.
eso no lo sabrás nunca — se dejó caer junto a ella en el sillón.
—por qué? — Fabiola levantó su brazo y Luisa puso la cabeza en sus piernas.
—porque ni yo lo sé.
—eso no creo que sea verdad.
—pues créelo bomboncito porque lo es.
Antes de dormir, Luisa se metió a bañar y, estando dentro, Fabiola se le unió. Lo que debió haber sido un baño simple se tornó en largos momentos en los que Fabiola hacia suyo el cuerpo de Luisa, lo reclamaba como de ella y Luisa solo se dejaba poseer. Luisa trató varias veces de tocarla, pero ella tomaba sus manos llevándolas por encima de su cabeza y no la dejaba, solo se limitaba a darle placer hasta que las rodillas le empezaron a fallar y ya no podía sostenerse sola. Salieron de la regadera y al empezar a secarse, Fabiola la llevó hacia la cama recostándola boca abajo acariciando su trasero y besándolo y luego de un rato la volteó para poder seguir recorriendo todo su cuerpo, como si quisiera memorizar cada centímetro de él, a pesar de conocerlo perfectamente, una y otra vez se dedicó solo a eso.
—Faby… no puedo… no puedo más — le dijo apenas entre jadeos agitados van a ser las cuatro, tenemos desde las diez así.
—lo sé… pero no puedo dejar de tocarte… no me puedo contener — se quedó concentrada en su estómago, pasando sus manos sobre él y besándolo. Luisa respiró profundamente ante el descanso que le daba.
—entre Thomas y tú me van a matar de cansancio extremo — le dijo aun agitada, pero Fabiola no dijo nada.
—si me dijeras que mañana no iras a entrenar te dejaría dormir una hora, o dos quizás — dijo en tono serió.
—piensas seguir… drenándome?
—si pudiera lo haría de aquí hasta mañana… pero no me dejas— por su tono, sabía que hablaba en serio.
—ya te llevaste todo lo que tenía — seguía desfallecida pero comenzaba a recobrar el aliento— por qué quieres hacérmelo hasta la muerte?
—esa no es una palabra que deberías usar.
—por qué?... espera, no me contestaste.
no… por nada en especial… solo que no me canso de ti.
—y por qué no debería de usar… — Fabiola estiró su mano y la puso sobre los labios de Luisa — esa palabra? — Luisa estaba confundida por como actuaba Fabiola desde que había ido al club.
—no la uses… no me gusta — Fabiola estaba con el ánimo decaído y había sentido, al escuchar esa palabra, la relacionaba automáticamente con ella y las amenazas que le habían hecho en la mañana, y esa sensación la tenía al borde del llanto, pero se contenía frente a Luisa.
—Fabiola… tienes algún problema?
—no — le contestó después de quedarse viéndola unos segundos con su barbilla apoyada en el estómago de Luisa — nada que no se resuelva con uno de tus orgasmos — trató de sonreír pero Luisa supo que estaba fingiendo.
—ya te di cuatro… ahora dime qué te pasa?
—cinco, porque estas convencida de que me pasa algo?
—tus ojos… no concuerdan con la sonrisa que tratas de hacer.
—vamos a dormir… mañana continuo con el sexto —ignoró por completo lo que le decía.
—no quiero un sexto… o tal vez sí, pero quiero que me digas lo que te pasa.
—duerme… el cansancio te hace ver cosas que no son — estiró su mano y la puso sobre los ojos de Luisa cerrándolos. No batalló para lograr que se durmiera y Fabiola, aun con la barbilla en el estómago de Luisa, se quedó observándola, observando sus pechos, los cuales se movían hacia arriba y abajo, junto con su cabeza, movidos por cada exhalación que ella hacía. Luego Fabiola se fue quedando dormida poco a poco después de mucho rato arrullada por su respiración acompasada y uno que otro ronquido de Luisa.

Luisa no se había despertado a tiempo al día siguiente y la llamada a Thomas, por supuesto que no se hizo esperar para decirle que se sentía mal y no entrenaría ese día, al fin y al cabo lo único que la tenía haciendo era correr prácticamente. No podría agarrar una raqueta hasta que la muñeca estuviera arreglada y no quería arriesgarse a que se lastime de nuevo a pesar de poder usar la mano izquierda. Después de haberse hecho el difícil un poco, Thomas terminó aceptando.
Fabiola también tenía planeado quedarse todo el día en el apartamento, pero ya había pensado las cosas muy seriamente, había llegado a una determinación, aunque no le gustara y pesándole dejar a Luisa sola pudiendo tenerla para ella, como la noche anterior, se alistó y salió determinada antes de cambiar de opinión.
—tengo que salir a hacer una cosas — le dijo al tomarla en sus brazos y besándola — pero no tardo — Luisa la siguió y la vio tomar algo de la mesita de la estancia pero no supo qué, y después Fabiola se dirigió a la puerta — mejor que me esperes con el atuendo que traes… sin la bata — Luisa se rió y asintió.
Fabiola subió a su lexus y sacó el teléfono de Luisa, que había tomado de la mesita de la estancia antes de salir, y buscó en internet la dirección del CSIS (servicio de inteligencia canadiense de la seguridad), pero resultó que no venía, así que marcó el número y se la proporcionaron. Introdujo la dirección de la agencia que le dieron en el GPS y arrancó, tenía que ir hasta burnaby, así que, después de dar vueltas y vueltas y estar segura de que no la seguían nadie, llegó a su destino.
Al entrar a las oficinas del CSIS preguntó en la recepción sin desvíos y directo al grano.
—necesito ayuda con… algo que me quieren obligar a hacer — le dijo a la recepcionista, quien parecía no darle mucha importancia a Fabiola.
—que es lo que la obligan a hacer? — el tono que uso era de fastidio y ni siquiera se molestó en voltear a verla.
—solo sé que se trata de un virus… pero me imagino que no será un antigripal — la recepcionista se dignó a observarla al fin y vio como Fabiola la miraba y entonces supo que no estaba jugando y dejó de lado su actitud.
—la hare pasar con uno de nuestros agentes.
Después de unos minutos la llevaron a una oficina algo pequeña, y mientras esperaba, le llegó un mensaje a su celular:

Mail

Solo esa palabra decía, el número  de donde venía era desconocido y probablemente de un celular desechable, en eso entró un hombre como de 35 años y atrajo su atención de momento.
—soy Benjamín Sanders, y usted es…?
—Fabiola Martorelli.
—mmm su nombre me suena… no es usted la doctora que está haciendo un virus importante o algo así? — Fabiola asintió lentamente — bueno, entonces… me dicen que tiene un problema — se dirigía a Fabiola con algo de indiferencia.
—sí, llegaron ayer a mi oficina a decirme, o más bien exigirme, que debía de crear un virus. No me dieron especificaciones, fue todo lo que dijeron… les dije que no y me amenazaron.
—la amenazaron? — Fabiola asintió — con qué?
—si no hacia lo que me pedían — Fabiola estaba indecisa a decirle, pero debía hacerlo — lastimarían a… Luisa — Fabiola sacó la carpeta y luego la foto donde aparecía Luisa jugando y se la dio.
—la tenista? — preguntó algo incrédulo. Fabiola asintió de nuevo y Benjamín Sanders se mostró un poco más interesado— y usted y ella… son?
—pareja… si — dijo dudando.
—vaya, no se la pasa saliendo con un desfile de hombres? eso no lo sospeché nunca — Fabiola le dio una mirada amenazadora — y sabe el nombre de quien la está chantajeando?
—dijeron a la recepcionista que venían de parte de Marcus Alexander — el agente se quedó mirándola sin poder creer lo que había escuchado.
—Marcus Alexander? Esta segura? — el agente se había puesto rígido de pronto.
—sí.
—no puede ser, es una amenaza bastante seria la que le hicieron, él es un criminal muy buscado.
—porque cree que vine en primer lugar — el sarcasmo de Fabiola fue demasiado.
—sí, disculpe, es la sorpresa… vera, hemos estado detrás de este terrorista durante mucho tiempo, lo hemos estado vigilando, y con lo que me está diciendo está confirmando las sospechas que teníamos de él de que está planeando un ataque, pero no sabíamos cómo lo haría ni dónde. El hecho que allá llegado usted con esta información ha sido un golpe de suerte para nosotros. Necesitamos ir en este momento con mi jefe a decirle todo lo que me acaba de decir.

En la oficina del jefe del agente Benjamín Sanders, el director de CSIS Markus Martell, Fabiola empezó a relatar de nuevo el encuentro que había tenido con los hombres que la habían visitado, estuvo cerca de una hora contestando a las preguntas que le hacían hasta que quedaron satisfechos con lo que les decía. Después le ofrecieron café y ella pidió agua y la dejaron unos momentos sola para volver después de media hora.
—debe aceptar trabajar para ellos — le dijeron al entrar — hacerles creer que cooperará mientras nos dice lo que pasa dentro, será nuestra agente encubierta. Esta es la mejor oportunidad que se nos ha presentado.
—pero yo no sé nada de eso — a Fabiola lo único que le preocupaba era Luisa y estaba dispuesta a hacer lo que querían pero tenía mucho miedo. No había ido a eso precisamente, pero si era necesario para protegerla, lo haría.
—no tiene de que preocuparse, el agente Sanders será su contacto con nosotros y él la guiara en todo lo que necesite.
—pero…
—en el momento en que su vida esté en peligro la sacaremos de ahí — el director Martell se acercó a ella y puso su mano sobre el hombro de Fabiola — esta operación, junto con usted, se ha convertido en nuestra prioridad a partir de este momento — Fabiola se quedó pensativa durante un par de minutos, en los cuales, podía sentir la mirada de los dos hombres.
—tengo una condición — dijo por fin.
—cuál es?
—tienen que ponerla a salvo — Fabiola sonó algo desesperada, y el director la miraba sin ninguna expresión en su cara — si no, no hay trato… ella no debe enterarse de esto.
—no hay problema.
—no debe recordarme… borren su mente y sáquenme de su vida, solo así cooperare con ustedes.
—ok — dijo el director pensando en la mejor manera de hacerlo — lo podemos arreglar.

Fabiola salió del edificio de la CSIS con paso lento. Había actuado como mejor le pareció para no arriesgar la vida de Luisa, aunque eso le partiera el alma. Subió a su lexus y sacó el iPhone y empezó a buscar en la agenda hasta que encontró lo que buscaba. Se quedó viendo el celular durante unos segundos presa de la desesperación y sabiendo que tenía que actuar cuanto antes y marcó el número que tenía en la pantalla.
creí que ya no me llamarías y estarías de floja el resto del día — dijo Thomas en cuanto le contestó.
—Thomas? Necesito hablar contigo, es urgente.
—quien habla?
—Fabiola — Thomas no supo exactamente que decirle de momento.
—qué pasa? Le paso algo a Luisa?
—no, ella está bien, pero yo si necesito habar contigo urgentemente, podemos vernos?
—si — le dijo algo dudoso, no se le ocurría para que necesitara hablar con él si nunca, jamás en la vida habían estado en una habitación juntos — podemos vernos en media hora.
—Starbucks en robson  y burrard st.
Fabiola ya lo esperaba cuando Thomas llegó, nunca se habían conocido, pero ambos sabían quiénes eran, el por las ocasionales fotos que sacaban de las dos juntas la prensa.
—Fabiola? — Fabiola lo volteó a ver saliendo de sus pensamientos y le asintió — perdona, se me hizo tarde.
—no te preocupes — Thomas aun no podía imaginarse para que necesitaba su ayuda.
—cuál es la emergencia? Por qué necesitas hablar conmigo? — preguntó al sentarse frente a ella.
—tranquilo — le dijo Fabiola al ver como la miraba — Lulú me dijo que te contó.
—bueno — le sonrió algo intimidado por ella, pues en persona se veía más bonita que en las fotos del periódico, incluso pensó que tenía el mismo tipo de Giselle Bundchen, pelo rubio, su piel también asemejaba su color pero sin el glamour de ser modelo — así no tendremos que fingir no saber que sucede — Fabiola le sonrió pero no pudo sostener la sonrisa mucho tiempo.
Fabiola le contó lo que pasaba y lo que tenía pensado hacer sin rodeos, y le dijo que necesitaba de su ayuda para con Luisa. Le explicó que pensaba borrar su mente y sacarla a ella de ahí, era en lo que lo necesitaba, no debía mencionarle a Luisa nada, en lo más mínimo que tuviera que ver con ella.
—pero… debe de haber otra forma.
—no, no la hay, es la mejor solución.
—pero...
—si no me borro de su mente y le cuento todo, ella podría hacer algo, sabes cómo es, incluso podría hasta dejar su carrera y eso no puedo permitirlo… créeme esta es la mejor solución.
—pero… — sabía que Fabiola tenía razón.
—si tienes una mejor solución te escucho — le dijo Fabiola con la mirada perdida en la mesa, pero a Thomas no se le ocurrió nada y solo se quedó callado.
—no estoy muy seguro de lo que te propones hacer.
—pero me ayudaras?
—si — le dijo soltando un suspiro — lo hare.
—bien, entonces mañana, o pasado mañana, a más tardar, te diré lo que tendrás que hacer – se levantó de la silla – te marcaré.
—ok, nos veremos después — Thomas vio como Fabiola se iba y se quedó sentado pensado en lo que le había dicho. Seguía sin estar seguro, pero a falta de una mejor solución, cooperaría con ella.

Fabiola volvió al apartamento y, al entrar, escuchó la tele del cuarto. Dejó el celular de Luisa en la mesita de la estancia de donde lo había agarrado y fue directo a buscarla y seguir en su tarea de memorizar cada centímetro de su cuerpo.
—que haces? — le preguntó recargándose en el marco de la puerta. Luisa estaba acostada tapada completamente y Ludovika estaba al pie de la cama.
—estaba esperándote… pero tardaste demasiado y tuve que vaciar el jacuzzi.
—en serió? Bueno, a lo mejor puedo hacer que la espera valga la pena.
—que tienes en mente? — Fabiola puso cara pensativa y se dirigió a la cocina, volviendo con una botella de vino y se la mostro a Luisa — eso parece prometer — le dijo sonriente. Se destapó y Fabiola vio que estaba desnuda. Pasó su mirada por cada centímetro de su cuerpo lentamente, sus ojos brillaban de deseo y la poca distancia que las separaban le pareció demasiada.
—como poder resistirme a eso — se encaminó a la cama y se colocó a horcajadas sobre Luisa y la besó — o sea que no te has levantado en toda la mañana?
—si… fui por un cereal, me bañe y…
—eres de lo peor — le dijo riendo.
No salieron de la cama en lo que restaba de día. Fabiola no dejaba de pasar sus manos por todo el cuerpo de Luisa, tomándose su tiempo en sus pompis que la enloquecian, solo que en una de esas veces, Luisa la empezó a desvestir a ella, ella se dejó llevar, y, una vez que Fabiola estuvo desnuda, Luisa la puso boca arriba y empezó a acariciarla, haciéndola sentir que la piel le hormigueaba, y esa sensación le recorrían el cuerpo por donde ella la tocaba. Cuando Luisa alcanzó sus pechos, se entretuvo con ellos pasando sus manos alrededor, luego sus labios sustituyeron sus manos, y estas, empezaron a bajar por su estómago, entreteniendo en su ombligo una mientras la otra bajaba lentamente a su entrepierna. Cuando Luisa llegó a su objetivo, Fabiola soltó un gemido inconscientemente al sentir su dedo recorrer su entrada, provocando que Luisa sonriera. Al mismo tiempo en que entraba en ella, agarraba uno de sus pechos entre sus labios y Fabiola no pudo evitar estremecerse al sentirla. Entonces comenzó a mover su mano y su lengua rítmicamente, según le indicaba Fabiola con sus movimientos de cadera. Entonces Luisa, con su pulgar, comenzó a estimular su muy hinchado y sensible clítoris, empujó sus caderas contra la mano que le daba tanto placer. Estaba a punto de llegar, y Luisa lo sabía, así que aceleró su movimiento hasta que Fabiola arqueó la espalda y soltó un gran gemido dejándole saber que lo había conseguido. Luego, se dejó caer en la cama exhausta, con su amante sobre ella, mientras sacaba su mano lentamente.
Una vez que Fabiola se recuperó, siguió en su tarea de la noche anterior y empezó a quedarse un orgasmo tras otro de Luisa.
—vas a seguir con la misma rutina de anoche? — le preguntó agitada.
—si… hasta que sienta que ya tuve suficiente de ti.
—ya te di suficientes…
—no — la expresión que Fabiola tenia no le dejó lugar a dudas de que algo pasaba — no quiere perder tu esencia, tu olor…
—Fabiola — se sentó en la cama interrumpiéndola, y la levantó de los brazos, dejándola cara a cara con ella — que es lo que sucede? Porque esta desesperación tuya? — Fabiola solo la observaba.
—porque… creo que… saldré de viaje pronto y quiero tenerte grabada en mi cabeza — no pudo decirle lo que realmente pasaba, aunque tendría que hacerlo tarde o temprano.
—a dónde?
—Ontario.
—no… segura que no me mientes? — la veía con cierta sospecha.
—si… segura — Luisa se quedó observándola profundamente, no sabía si creerle o no.
—cuando he viajado tú no te pones así, y sabes la fecha desde antes, ahora ni siquiera estás segura de sí lo harás o no.
—sí, tienes razón — sabía que tenía que ser muy convincente si quería que le creyera porque Luisa, ahora, estaba prestando demasiada atención y le sería difícil lograr convencerla — precisamente por eso, no quiero pasar los días pensando en tu sorprendente cuerpo y saber que pude haber hecho algo para llevarme tu recuerdo bien grabado.
—empiezo a sentirme irritada — la miraba profundamente. Fabiola no sabía si había logrado engañarla — por qué no tomas una foto — le dijo sonriendo. La actuación de Fabiola había sido muy buena y había conseguido convencerla de que lo que le decía era cierto, y cuando le dijo lo de la foto, ella se relajó, le había creído, al parecer.
—parece buena idea — Fabiola se levantó y fue por su celular y, al volver, se paró al borde de la cama y apuntó hacia ella.
—lo decía en broma — le dijo tapándose.
—yo no, acomódate muy sexy.
—no sé cómo — rió nerviosamente — tal vez debas de venir y decirme como — Fabiola la agarró del tobillo y la jaló lentamente hasta que quedó donde, a ella, le parecía que saldría mejor en la foto, y Luisa, al ver que acomodaba el celular para tomar la foto, no le quedó más remedio que solo sonreír.
—wow, creo que ira de fondo en mi laptop.
no, no la pongas ahí.
—calma, solo es para mí —la foto quedo grabada en una memoria extraíble, la sacó y la guardó.
—ok, ya conseguiste lo que querías, ahora ven aquí — Fabiola volvió a la cama con Luisa y continuo con su labor, a pesar de que ella le dijera varias veces que ya no podía más, aun así se las ingenió para lograr que siguiera terminando.
Fabiola se despertó con Luisa entre sus brazos y no quería levantarse, quería que ese momento durara por siempre, pero tenía que ir al laboratorio, pues había tomado dos días libres y no se molestó ni siquiera en avisar más que a Román y debió de haberle dicho a su jefe también, así que se levantó con pesar, se bañó y se vistió. Luisa seguía dormida, estaba exhausta por la noche que había tenido, por lo que le dejó una nota y bajó al sótano por su carro para dirigirse a su oficina.

Al verla entrar, Román fue a su encuentro rápidamente acosándola a preguntas, preguntas que ella no quería ni tenía tiempo de contestar.
—que pasó contigo? Me dijiste que solo te tomarías un día, eso fue antier.
—sí, necesite otro… te iba a avisar pero la verdad se me olvidó.
—tuve que inventarle una mentira al jefe y tú sabes cuánto me cuesta hacerlo.
—sí, lo sé — le contestó con el mismo sarcasmo.
—ok, me tengo que ir, pero mejora ese humor, ok? — Román salió y dejó a Fabiola con sus pensamientos. Prendió su laptop y revisó el correo, tenía algunos, pero le llamó la atención la dirección de uno en específico.


En dos días pasaran por usted para traerla a su nuevo trabajo

Era todo lo que decía, y entonces recordó el mensaje que le llegó al celular del número desconocido, era obvio que la dirección la habían creado solo para eso. Le marcó al agente Sanders y le informó lo que pasaba y entonces cayó en cuenta, el mail se lo habían mandado el día anterior, eso la dejaba con muy poco tiempo debiendo de acelerar todo y debía de salir de nuevo del laboratorio para, probablemente no volver. No le agradaba eso, pero ya nada podía hacer. Tomó sus cosas y salió sin decirle a nadie, después le mandaría un mensaje explicándole (o inventándole) algo a Román.
Fue hacia el estacionamiento de metrotown, donde debía verse con el agente Sanders.
—hemos hablado con tu jefe y lo hemos puesto al tanto de todo — Fabiola lo miró confundida — el señor Douglas se mostró muy cooperativo, te guardara tu puesto, y de hecho se molestó bastante cuando supo que te estaban obligando a hacer esto, seguirás con él después de que todo esto termine.
—y cuándo será eso?
—no lo sabemos — el agente Sanders notaba que Fabiola no quería dejar todo, dejarla a ella, pero ya no había marcha atrás — por cierto, traje el suero — sacó del carro un estuche y se lo dio a Fabiola — para que le expliques a… su entrenador como hacerlo. Es en realidad muy simple, solo la inyecta en el brazo y listo.
—sin problema?
—sí, bastante sencillo, pero tendrá que ser cada mes.
—ok, le diré.
—se le mandaremos puntualmente hasta que nos indiques que no lo hagamos más.
—ok.
—cuando necesites comunicarte con nosotros lo harás mandando un mail a esta dirección — le dio pedazo de papel en la mano con la dirección de mail, minders@hotmail.com — apréndetela, nadie debe saberla.
—las ultimas letras de tu nombre y apellido.
vaya, lo notaste.
—es todo?— Fabiola empezaba a sentir la presión del tiempo sobre ella.
—si, por el momento es todo, nos veremos más tarde en el CSIS cuando la traigas — Fabiola subió a su carro y se fue directo a su casa donde la esperaba Luisa, debía despedirse de ella.

Abrió la puerta rápidamente y entró buscándola con desesperación pasando directamente al cuarto, Ludovika le ladró al verla pasar corriendo alterada.
—Faby… que pasa? — Luisa estaba en la cocina y al pasar corriendo no la vio.
—no te vi… que haces?
—nada… vine por agua, necesito recuperarme —dijo sonriente.
—necesito decirte algo… y no sé cómo.
—qué cosa? — Luisa dejó la botella de agua sobre la barra y se acercó a ella.
—tengo un problema… uno grande.
—es lo que te ha tenido tan rara estos días — Fabiola asintió — me dijiste que no era nada.
—mentí.
—lo supuse — dijo algo molesta — porque me mentiste? Creí que no lo hacías.
—necesito que me acompañes – Fabiola empezaba a perder un poco el control, sentía la presión de todo encima.
—a dónde? Qué te pasa? — Luisa estaba molesta y el que estuviera evadiendo sus preguntas no ayudaba en nada.
—Lulú por favor, solo escúchame, necesito que vengas conmigo, te diré lo que quieras en el camino, pero por favor, ven conmigo — fue cuando Fabiola estalló en una pequeña crisis de desesperación y Luisa se dio cuenta que estaba casi al borde de la histeria.
—que sucede? — le dijo dejando de lado un poco su molestia — que problemas tienes?
—ven — dijo estirando la mano — acompáñame — Luisa puso su mano sobre la de ella y se dejó llevar. Subieron al lexus de Fabiola y ella tomó camino hacia burnaby.
—que es lo que pasa? — Luisa rompió el silencio.
—resulta que me amenazaron — la miró sorprendida y asustada.
—como que te amenazaron?
—tengo que hacer un virus.
—pero eso es lo que haces — estaba confundida.
—este virus no es como los que hago — Fabiola no la volteaba a ver, se limita a manejar, pero por la velocidad que llevaba hizo el recorrido en menos tiempo — una especie de arma biológica…
—pues no lo…
—y si no hago lo que me dicen… te lastimaran — las lágrimas empezaron a rodar por la cara de Fabiola — tengo que hacerlo, prefiero que me odies por ceder a ellos a saber que por mi culpa… — Fabiola estacionó el carro y se bajó impulsivamente, Luisa la siguió.
—¡Fabiola! — le gritó para detenerla y fue hasta donde estaba ella — yo jamás podría odiarte — Luisa tomó su cara entre sus manos, como Fabiola lo hacía siempre.
—eso no lo sabremos hasta que lo haga… por eso decidí mantenerte alejada — Fabiola vio por como la mirada de Luisa cambio y por encima de su hombro vio que Benjamín se acercaba a ellas.
—alejada? — Luisa no comprendió de momento lo que trataba de decirle, nada tenía sentido — que estás diciéndome? Por qué? Por qué tenías que ser tan malditamente inteligente? — Luisa estaba enojada y desesperada y comprendió de pronto que estaba por separarse de Fabiola por culpa de su habilidad y empezó a golpearla en los brazos — por qué? — Fabiola la tomó de las muñecas tratando de calmarla hasta que logró hacerlo, la abrazó dejando que Luisa se desahogara de la desesperación que sentía llorando en su pecho.
—cálmate, todo estará bien.
—pero me estás diciendo que quieres alejarte de mí, como es que estará todo bien? — empezó a descontrolarse de nuevo soltándose del abrazó de Fabiola, y ella vio, que Benjamín ya estaba muy cerca de ellas — dónde estamos?
—Lulú te amo – evadió su pregunta tomándola por la cintura y la besó — siempre lo hare — Luisa sintió un piquete en el hombro y al voltear a ver que era, pero su visión empezó a hacerse borrosa y comenzó a perder el sentido. Benjamín la alcanzó agarrar en sus brazos para evitar que se cayera y lo último que vio fue a Fabiola llorando.
—vaya, es más bonita en persona — no le dijo nada, solo veía a Luisa en los brazos del agente.
—puse su vida en sus manos… si algo le pasa el trato…
—no te preocupes… la estaremos vigilando para que nada le pase, puedes confiar en mí. Su entrenador ya está al tanto? — Fabiola asintió — ok, entonces es todo por ahora. El mismo correo para el si necesita alguna vez contactarme.

Fabiola se quedó parada ahí viendo como se la llevaba, hasta que él entro al edificio del CSIS con Luisa en brazos, alejándola de ella y llevándose su felicidad, esa sería la última vez que la vería.