miércoles, 24 de febrero de 2016

Capitulo III

Antes de que Fabiola llegara, Luisa estaba en casa frente a la pantalla cambiando de canal buscando algo que ver y lo único que encontró que le llamara la atención fue una película. La empezó a ver, pero al rato perdió el interés y mejor optó por hacer algo de cenar, y ya que no era muy buena cocinando, solo hizo unos sándwiches, cuatro, dos para cada una y mientras terminaba de hacer el último, Fabiola entró al apartamento.
—hice la cena — gritó desde la cocina.
—estabas muy aburrida? — le sonrió un poco burlonamente.
—un poco — sonrió como sonríe una niña al ser descubierta tratando de hacer una travesura.
—estoy segura que son los sándwiches más delicioso del mundo — dijo con un poco de sarcasmo mientras se sentaba en la barra.
—lo son — le dio un plato y besó su nariz — que quieres de tomar?
—no sé, que hay?
—agua y… agua… no te creas — sacó una botella de vino — que tal esto?
—perfecto.
Mientras cenaban, Luisa le platicaba sobre su reunión con “los cuatro” y ella solo la miraba embelesada. Luisa no se daba cuenta de eso, ella solo le contaba emocionada como, por fin, había logrado imponerse a Paris, y mientras ella le contaba, de pronto Fabiola se levantó sin decirle nada, rodeó la barra y llegó hasta donde estaba ella, la agarró por la cintura y la besó tan apasionadamente que Luisa sintió que las rodillas le fallaban. Después de todo el tiempo que tenían juntas aún era capaz de hacerla temblar así y ella a su vez de provocarle esos arrebatos de pasión. Fabiola la guió hasta el cuarto sin dejar de besarla y una vez ahí cayeron en la cama y empezaron a repetir la noche anterior.

Al despertar, Fabiola trató de levantarse con cuidado para no despertar a Luisa pero ella la había sentido moverse desde que había despertado.
—ya tienes que levantarte? — dijo Luisa con voz ronca y tallándose los ojos.
—sí, de hecho estoy un poquito retrasada.
—y de que sirve ser la jefa de tu departamento si no puedes llegar tarde… o tomarte unas tres semanas? — se acostó de nuevo en la cama y la besó en la frente.
—precisamente por eso, no puedo hacer algo que les reprocho a los demás, no?
—y serias capaz de dejarme desnuda en la cama?
—no lo seria, pero debo irme, deja de tentarme así — Luisa se quitó de encima las sabanas — ¡no!, no hagas eso — recorrió su mano por en medio de los senos de Luisa hasta llegar a su entrepierna y ocasionando que riera — además Thomas seguro querrá verte… por cierto, no me dijiste por que estabas seria con él — le reclamó sonriendo.
—tienes razón, no puedes dar mal ejemplo en tu trabajo — Fabiola sonrió y se levantó dirigiéndose al baño.
—no me quedare así, ya me dirás cuando vuelva, esta vez no se me olvidara.
—puedo tratar de que así sea — dijo mientras la veía entrar al baño y ella se quedaba en la cama.
—lo mejor que te pudo pasar fue que te lastimaras verdad? — dijo Fabiola la salir del baño envuelta en una toalla — ahora estarás de floja por tres semanas — empezó a vestirse rápidamente — nos vemos más tarde y me contarás, ok? — la besó y salió corriendo.

Después de un rato de que se hubiera quedado sola, Thomas le marcó justo como había predicho Fabiola que lo haría y le dijo que debía ir al club, pero después recordó que no podía manejar y decidió pasar por ella. No le entusiasmo mucho la idea pero no podía evitarlo, quería decirle que no lo hiciera, seguía molesta con él y debido a eso él no se lo dejaría fácil.
Thomas le marcó desde el buzzer, le abrió y mientras él subía pensaba en cómo mantenerlo lejos del tema que quería evitar pero había llegado demasiado rápido hasta su puerta y ya estaba tocando y ella no tenía idea alguna de cómo hacerlo.
—hola — dijo con una gran sonrisa cuando entró — como sigues? — puso un snickers en su pecho.
—bien — le sonrió Luisa — a veces me duele un poco — agarró el chocolate y lo dejó entrar rindiéndose, así como había llegado su enojo, así se había ido.
—tomas las pastillas? — asintió entrecerrándole los ojos, Thomas solo se acercó a ella y empezó a examinar el yeso.
—no creo que puedas ver mucho a través del yeso.
—bueno, sabes qué? Te tengo buenas noticias… esta semana tendrás vacaciones — puso una gran sonrisa en sus labios — te cuidaran muy bien? — su tono dejaba saber que preguntaba por Fabiola y ella automáticamente borró la sonrisa sin decirle nada — bueno ven, vamos a pasear — no esperó su respuesta.
La llevó a un Starbucks que estaba en la calle Seymour. Luisa pidió un té chai frappe y Thomas pidió un white hot chocolate y se sentaron en una mesa cerca del rincón en la terraza del lugar donde podían tener a Ludovika sin que molestara a las demás personas. Hubo un momento en que Luisa se quedó contemplando su vaso mientras él la observaba dándole espacio para acomodar sus ideas, tenía la sensación de que estaba por escuchar lo que quería, pero si la presionaba esa oportunidad se iría, así que debía ser paciente.
—Fabiola y yo… bueno, creo que ya sabes que pasa entre ella y yo, no? — su voz temblaba, trataba de controlarlo pero no lo lograba del todo, Thomas asintió. Luisa seguía sin levantar la vista de su vaso y sentía que el cuerpo temblaba por estar diciéndole a alguien más, después de todos esos años, lo que realmente pasada entre Fabiola y ella — ella y yo nos conocimos en la universidad — Thomas estaba atento a lo que le empezaba a contar Luisa, ella no era muy abierta con respecto a su vida privada así que qué estuviera a punto de decirle era algo que pasaba solo una vez en la vida y no pensaba echarlo a perder bromeando o interrumpiéndola.

Por fin, después de toda mi vida estudiando en casa, estaba en la universidad tomando clases cómo alguien normalmente lo haría. Fue más por capricho mío que por otra cosa y mis papás terminaron cediendo pensando en que necesitaba ese descanso pues toda mi vida había sido tenis hasta ese momento y nada de vida para mí, bueno al menos de la normal, aunque si estaba algo atrasada, tres años para ser exacto.
Esos años de universidad fueron maravillosos, aunque al principio batallé con algunas materias debido al cambio de método, una vez que agarré el ritmo estuve bien. Pero luego llegó mi último año y con ello un pequeño problema que tenía con una materia que había tenido que tomar, en donde no era muy buena (apenas pasaba), pero el orientador de la universidad me había sugerido tomarla, y por sugerir era más bien obligarme. No lograba entender nada, además de que no ponía mucho de mi parte por hacerlo, y encima de todo odiaba la clase porque estaba alguien que me hacia la vida imposible cada vez que podía. No sabía por qué, pero se la pasaba dejándome en evidencia con el resto de los alumnos de la clase que no podía comprender nada y cuanta cosa más se le ocurría. Luego la maestra, viendo que apenas sacaba calificación aprobatoria (y para hacerme menos atractiva la clase aun) decidió que lo que necesitaba era una asesoría y pensó en la mejor de su clase. Yo lo único que podía pensar era en mi suerte, mala por supuesto, pues no sabía con qué cerebrito que solo me estaría criticando me pondría… era Fabiola.
Así de pronto, entre las prácticas del equipo de tenis (pues esa fue una condición de mis papás para entrar a la universidad, seguir jugando y yo opté por el equipo de la escuela), las clases y las asesorías, estaba de arriba para abajo con todo el día ocupada. Y un día, desesperada por tanto stress, decidí darme un tiempo y así se lo hice saber a Fabiola, necesitaba que me diera una tarde libre, para mi sorpresa ella aceptó y esa noche salí de antro con mis amigos. Ellos también estaban en el equipo de la escuela.
Esa noche en el antro recibí una sorpresa que no esperaba  al topármela ahí.
—vaya, pero si sabes divertirte — le dije en cuanto la vi.
—no te emociones mucho, me trajeron con engaños.
—que resignada te ves — yo pensaba que no sabía divertirse y era de esas que solo estudiaban y nada más, pero al tratarla en otro ambiente esa noche, me di cuenta que era muy agradable.
—mañana repondremos el tiempo, no puedo dejar que repruebes el próximo examen.
—ya veremos mañana — dije en tono despreocupado.
—no, ningún veremos — se las ingenió para quitarme el celular y me dio el suyo — mañana te marcare para despertarte y más vale que contestes.
—podría hacerlo… si no es muy temprano — le grité cuando me iba.

Y justo como me había dicho, me marcó, y muy temprano. Para cuando me desperté y escuché el teléfono ya había varias llamadas perdidas, nos quedamos de ver y al estar frente a frente me reclamó.
—es un milagro que haya despertado así que mejor ni quejarse — le dije medio dormida aun, pero el examen final estaba muy cerca ya, así que Fabiola me molestó toda esa mañana con cosas que ni siquiera entendía.
Y los días que siguieron no me dejaba ni respirar. Faltaban dos días ya y para colmo el último partido de la temporada lo tendría un día después del examen así que el entrenador tampoco me dejaba en paz.
El día del examen estaba algo nerviosa, tenía que pasarlo con buena calificación para que la maestra no tuviera excusa para dejarme sin créditos suficientes y no poder graduarme. Con los tres años que ya llevaba de desventaja uno más no me ayudaría mucho. Repartió el examen y antes de empezar, Fabiola me deseo suerte.
—cómo te fue? — me preguntó cuándo salía del salón (era de las ultimas en salir por supuesto) y con una sonrisita.
—pues… no lo sé — contesté con algo de frustración.
—como que no sabes? Te fue muy mal?
—pues… es que creo que si… creo que confundí las formulas al último… no sé, ya veremos qué pasa — dije haciendo gestos con las manos en el aire tratando de desenfadarme de eso — solo espero no quedarme muy corta con la calificación.
—no, ya verás que no — dijo al mismo tiempo que me presionaba en el brazo dándome ánimos.

Ahora solo faltaba el partido y estaría del otro lado del puente. Afortunadamente para mí, fueron en las canchas de la escuela, las cuales conocía muy bien, lo que me daría un poco de ventaja.
El partido estuvo relativamente fácil, fuera de una leve desconcentración que tuve en el tercer set que casi me llevó a perder y que provocó el cuarto, pero me recuperé y ganamos el trofeo de ese año. Por fin quedaba libre y fuera de stress, por un tiempo al menos, hasta recibir la calificación del examen.
Cuando iba saliendo de los vestidores me topé con Fabiola y me felicitó por haber ganado mientras nos encaminábamos de vuelta a la escuela.
—descubrí que verte jugar es bastante entretenido — la miré frunciendo el ceño — sí, es… diferente a lo que estoy acostumbrada a hacer.
—tú solo a estudiar te dedicas? — dije sin darme cuenta que lo decía hasta que era algo tarde.
—no… de vez en cuando te veo jugar… — soltó una risita — es broma. No, eso no es todo a lo que me dedico, también me gusta divertirme, el estudio no lo es todo, solo que a mí me resulta… relativamente fácil… volví a fruncir el ceño.
—pues que suerte, de no ser por eso te asignarían una asesora que no te deja ni respirar.
—bueno, veló de este modo, juegas bastante bien al tenis y a mí se me facilita la química, cada una destaca en su área.
—bueno, si lo pones así… pero donde yo fallo los maestros no dejan de presionarme por mejorar calificaciones.
—en unos días veremos si la maestra acertó al haberme puesto a ayudarte o solo me hizo hacerte sufrir — al entrar a la escuela choqué con la puerta junto con la maleta donde llevaba la raqueta y mis cosas del tenis. La maleta se me cayó y algunas pelotas rodaron, Fabiola me ayudó a recogerlas con expresión divertida.
—cómo puedes ser tan distraída y… algo torpe — dijo dándome las pelotas — y tan buena en la cancha — solo me encogí de hombros, no sabía que contestarle — por cierto, noté que puedes jugar con la mano izquierda como con la derecha.
—si — dije un poco apenada y bajando la cara tratando de ocultarla — a veces resulta útil poder utilizar ambas manos por igual — nos despedimos y cada una se fue por su lado.

Dos días después entregaban los resultados del examen y volví a verla. El ambiente en la escuela ya estaba algo relajado por el final del ciclo escolar pero yo no, yo estaba algo ansiosa por saber el resultado final, pero a la vez no quería saberlo.
La maestra comenzó a repartir los exámenes a cada uno pero el mío no salía y al entrenador se le ocurrió que era un buen momento para marcarme y tuve que salir del salón. Quería decirme que un agente estaba hablando con él, me había visto jugar y tenía interés en platicar conmigo por lo que le dije que iría saliendo de clase. Al volver al salón ya todos salían, incluyendo a Fabiola, quien me dijo que la maestra tenía mi examen. Miré dentro, pero estaba algo nerviosa y Fabiola se dio cuenta de eso.
—no te preocupes, de seguro pasaste — dijo tratando de calmarme.
—el problema no era ese,  debía subir el promedio… y si no lo subí? — estaba un tanto temerosa de no haberlo logrado.
—bueno, si ese llegara a ser el caso te ayudare para el ordinario y me aseguraré de que saques una muy buena calificación.
—no se supone que eso hacías ya?
—bueno… si, pero… esta vez en verdad no te dejare respirar… anda — me dio unas palmaditas en la espalda — ve por tu examen, aquí te espero — volteé de frente al salón rascándome la cabeza y entré, la maestra me esperaba sentada en el escritorio.
—llamada importante? — dijo en cuanto estuve parada a su lado.
—un poco… era el entrenador… aparentemente me buscaba… nadie, perdón por eso, no lo volveré a hacer.
—no, estoy segura de eso pero esta vez te la dejare pasar. Aquí tengo tu examen, el resultado de todo el trabajo que Fabiola te tuvo haciendo — estaba expectante y la maestra solo alargaba más la situación. Por fin extendió su mano y lo tomé sin saber que esperar — no estaba equivocada al hacer que Fabiola te ayudara — sonreía, la miré confundida y luego vi el examen, había sacado 95.
—es mío? — pregunté torpemente y ella se rió.
sí, es tuyo, ves? solo necesitabas trabajar más en clase. Ve a celebrar tu calificación… y el resultado del partido según escuché — sentí que tenía una enorme sonrisa en la cara.
Salí del salón casi corriendo y al salir me tropecé con una silla, Fabiola me esperaba afuera.
—cuidado princesa… — hizo ademan de detenerme pero alcancé a equilibrarme. Me había llamado princesa? — qué pasó? Como te fue? — le di el examen, lo vio y su cara hizo una gran sonrisa como la que yo tenía — y tú que estabas preocupándote por nada — ella extendió los brazos y yo salté sobre ella y me abrazó — por fin te libraste de mí.
—no eras precisamente una molestia — dije relajándome al fin — bueno, solo cuando me presionabas demasiado para estudiar… fuera de eso eres bastante tolerable.
ah, soy tolerable — dijo algo sentida.
—no, es broma, eres bastante agradable — sentí que me miraba directo a los ojos y yo me quedé mirándola igual y sin saber por qué ni que hacer, fue algo extraño y no sabía lo que pasaba exactamente. En eso, la maestra salía del salón y yo reaccioné rápidamente — bueno, me tengo que ir no vemos después, ok? — dije mientras me iba, ella solo movió su mano para decir adiós.
Fui directo a la oficina del entrenador en el gimnasio y ahí estaba, esperándome junto con el agente que me había dicho. Al parecer quería representarme para lograr que jugara profesionalmente, sin importar que ya estuviera un poco excedida de edad, me veía mucho menor de lo que realmente era y eso ayudaba a que esos años no pesaran. Me ofreció un contrato que, a primera vista, parecía muy bueno, pero dije que tendría que pensarlo, me dio su tarjeta y quedó en llamarme en unos días. Cuando el agente se fue el entrenador me dijo que esta podría ser una gran oportunidad si realmente quería llegar a ser profesional, la idea me entusiasmo mucho por lo que le dije al entrenador que revisaría la propuesta y después platicaría con el agente para llegar a un acuerdo.

Unos días después fui al gimnasio a recoger mis cosas del casillero y el entrenador quiso saber si ya había resulto lo del agente pero yo ni siquiera había pensado en eso y solo dije que en unos días lo haría.
—ok, mantenme al tanto.
Ya era tarde y debido al casi final de semestre la escuela estaba casi desierta por lo que el camino del gimnasio a la escuela estaba solo. Pero de pronto alcancé a ver a Fabiola de lejos y como no esperaba topármela fue algo... sorpresivo.
—hola — dijo en cuanto me vio — como te ha ido?
—bien… digo, por fin podre graduarme sin problemas… te debo una — dije guiñándole un ojo.
—no, no me debes nada… me hacías reír.
—ahh, tu bufón — puse cara de resentimiento justo como ella me había chantajeado el otro día y me pareció que se reía algo nerviosa pero no estaba segura.
—no, me hacías reír… me la pasaba bien contigo, asesorarte no fue tan… monótono como otras veces… lo disfruté.
—es bueno saberlo — se quedó mirándome fijamente a los ojos.
—oye, supe que un agente quiere llevarte a jugar profesionalmente — dijo acercándoseme un paso  y poniendo su mano sobre mi hombro presionándolo — felicidades — dijo sonriéndome.
—gracias…  — devolví la sonrisa, solo que me había puesto algo nerviosa pues en eso noté que empezó a acercarse más a mí, sus labios dibujaron una curva hacia arriba, como una sonrisa, que se borró rápidamente. Nerviosamente siguió acercándoseme más hasta que estuvo tan cerca que casi podía sentir su aliento, yo estaba paralizada, no sabía lo que pretendía. Y luego, tomándome totalmente desprevenida, se lanzó hacia mí poniendo sus labios sobre los míos. Me sorprendió, no sabía muy bien lo que estaba pasando, era como si hubiera perdido el control sobre mí y no era capaz de reaccionar, lo que si sentía era mi corazón que quería salirse de mi pecho. Estaba confundida pero reaccioné de golpe separando mis labios de los de ella y tirando el celular al piso.
—lo siento… perdóname de verdad… no, no sé, no sé lo que me pasó — dijo mientras yo me agachaba para levantar mi celular lentamente quedándome de cuclillas mientras que Fabiola no sabía qué hacer o que decir, incluso daba traspiés como los que yo acostumbraba a dar normalmente — perdóname — y se fue corriendo tirando uno de sus libros en su huida.
Cuando al fin pude reaccionar revisé el celular, no se había apagado pero apenas y lo veía, solo pensaba en lo que acababa de pasar. En eso sonó sacándome del trance en el que estaba, era Cinthia, estaba conmigo en el equipo de tenis y éramos muy buenas amigas.
—eyy esta noche hay fiesta, celebremos que te libraste de tu compañera que se la pasa molestándote.
—si — dije distraída.
—ok, iremos todos, te marco más tarde para decirte donde — seguía algo absorta y no me había dado cuenta de la conversación. Colgué y caminé, recogí el libro que Fabiola había tirado y lo guardé.

Llegué a mi casa en el mismo estado, fui directo a mi cuarto y me dejé caer en la cama viendo al techo. La cabeza me daba vueltas, que diablos estaría pensando Fabiola? porque habría hecho eso? y lo peor, que era lo que me estaba pasando? jamás pensé que me encontraría en una situación semejante, y por supuesto que tampoco jamás me pasó por la cabeza que a Fabiola le gustaran las mujeres.
Mi celular me hizo reaccionar de nuevo trayéndome de vuelta a la realidad y sacándome de mis pensamientos. Era Cinthia de nuevo, me estaban esperando en el bar pero yo lo había olvidado, incluso que me había hablado antes, no había sentido el paso del tiempo mientras miraba el techo.
qué onda?  No nos puedes dejar plantados — dijo en cuanto le contesté.
—lo siento, perdí la noción del tiempo.
—bueno, mientras vengas… dónde estás? — se escuchaba bastante ruido.
—en mi casa.
—ok, Sergio aun no llega, le diré que pase por ti, porque si no, eres capaz de no venir — colgó sin darme oportunidad a decir nada. Ni siquiera me levanté, solo deje caer la mano con el teléfono en la cama pero después de unos minutos me levanté con pesar y empecé a cambiarme lentamente. Sergio y yo habíamos salido unas cuantas veces, pero al final me había decidido por Alex (otro tenista), pero cuando el terminó la escuela nosotros también lo hicimos y Sergio y yo terminamos siendo muy buenos amigos sin intentarlo de nuevo.
Eran cerca de las diez y media cuando llegamos al bar y ya Sergio me había dicho que llegaríamos con toda la intención de alcanzar a los demás, él había notado que estaba un tanto distraída.
Y justo como había pensado, después de uno que otro trago, había olvidado lo que había pasado con Fabiola y no pensé en eso el resto de la noche, y por el contrario, me divertí con mis amigos.

Despertar sintiendo como la cabeza esta por estallarte y el estómago inestable es un castigo para la cual no hay suficiente delito, y lo peor es que debíamos estar aguantando las ultimas clases, clases sin sentido y sin provecho alguno (eran más un protocolo más que nada). Decidí saltarme las últimas horas, ya casi nadie estaba entrando de todos modos y mi ausencia no se notaría mucho, además, tenía que llegar temprano a mi casa, mi mamá me había dicho que tendríamos una comida familiar y me había pedido (más bien exigido) que llegara temprano, y así aprovecharía para escaparme de todos.
Fabiola estaba por el estacionamiento, pero no sabía si iba a su carro o llegaba a la escuela apenas, pero lo que si sabía era que no alcanzaba a llegar al mío sin toparme con ella, estaba a dos carros de distancia. Ella no me había visto y traté de seguir sin que me viera, pero al tratar de ir rápido y sin llamar la atención, me tropecé y el teléfono salió rodando. Con eso ella volteó y me vio y sin más remedio fui y lo recogí resignada, ya no podría evitarla.
—Luisa… quiero decirte algo... — dijo acercándoseme, yo levantaba el teléfono y la veía a través de los lentes de sol caminando hacia mí — no sé lo que me pasó…
—olvídalo — la interrumpí levantando los hombros haciendo como si no fuera nada lo que me decía pero mi voz apenas salió — no pasa nada – me levanté lentamente.
—no quiero que… que me…
—Fabiola… olvídalo — esta vez me escuché más segura que antes — haremos como si no pasó nada, ok?
—ok — su voz sonó algo más tranquila — me parece bien — ella no dejaba de mirar el suelo.
—no lo olvides — me miró desconcertada — aun te debo una – traté que sonara como si no hubiera tensión entre nosotras pero no sabía si lo había logrado.
—esto califica… si lo olvidas ya no…
—aun te debo una — dije poniendo mi mano frente su cara para interrumpirla — luego pensare como pagarte — empecé a sentir un nerviosismo que hacía que perdiera el control y decidí que lo mejor era irme — me tengo que ir, pero te buscare después, ok? — me fui directo a mi carro sin esperar a que me contestara, incluso se me olvido devolverle su libro. No sabía porque, pero no quería que pensara que estaba aterrada de ella por haberme besado y actuar como si no pasara nada era la mejor manera de fingir que aquello no había sucedido, por eso, estar aún en deuda con ella fue lo mejor que en ese momento se me había ocurrido para eso.

Volvieron a pasar algunos días después de ese encuentro, lo que me tenía algo sobresaltada, solo pensaba que me había portado bastante grosera con ella y la verdad no sabía si debía de llamarla o esperar a verla, lo cual ya era muy poco probable. Por esos días el agente también me había estado hablando, incluso había ido a mi casa y nos planteó la propuesta de contrato a mí y mis papás y parecía atractiva, como ya lo había notado antes. Su trabajo consistía en venderme a los patrocinadores y también, al principio, se encargaría de promoverme en los torneos, después, decía él, los organizadores de dichos torneos me invitarían a jugar, lo único que tenía que hacer era ganar, ganar y ganar y del resto él se encargaría así que aceptamos.

En el último día de clases me encontraba sentada en la oficina del entrenador, quien me estaba felicitando por haber “saltado” al mundo profesional del tenis junto con el director de la escuela. No lo decía, pero era obvio que se sentía responsable por eso, él había sido quien me había estado entrenando después de todo aunque yo sabía realmente que lo que me había llevado hasta ahí había sido lo que mis papás habían hecho antes de llegar a él, aun así, no rompí su burbuja, de todos modos no pensaba que podría llegar muy lejos, ese no era un deporte que destacara en el país.
Parecía que se había corrido la voz en la escuela y a los pocos que me topaba me miraban sin disimulo, algunos incluso llegaban a decirme algunas cosas pero yo solo sonreirá y trataba de alejarme rápido. Eso me ponía incomoda por lo que decidí tratar de permanecer oculta en la escuela, lo que a veces no lograba, pero más que nada lo hacía porque no quería toparme con Fabiola.
Pero al final del día todo el esfuerzo que había hecho no valió nada. Al ir saliendo de la biblioteca volví a verla, estaba cerca del laboratorio de química y ella iba saliendo de ahí, solo que no se fue, se detuvo buscando algo en su mochila. Justo como la última vez, no me había visto y de nuevo no sabía qué hacer, lo único que se me ocurrió fue limitarme a observarla de lejos y mientras tanto montones de pensamientos me pasaban por la cabeza hasta que decidí ponerle fin a eso, y en un arranque de valor caminé directo a ella.
—hola… como estas? — dije en cuanto estuve cerca de ella, la había tomado por sorpresa y se había sobresalto un poco.
—me asustaste… — parecía algo nerviosa y evitaba verme a la cara bien y tú?
—estaba bien… hasta que insinuaste que espanto — traté de sonar como si nada.
—no, no, lo que pasa es que me tomaste desprevenida… tu no podrías espantar en lo más mínimo… nunca — pareció como si su voz temblara en sincronía conmigo — bien, estoy bien… y tú?
—bien… oye toma — dije sacando su libro de mi mochila — lo olvidaste el otro día, por cierto, iré con Cinthia y los demás a un antro, y ya que te debo una, porque no vienes? es mañana en la noche — no contestó de inmediato solo se quedó pensativa.
—mañana? — dijo por fin — este… pues si…
—ok — la interrumpí antes de que pusiera excusas — mañana te marcó… nos vemos — presioné su hombro en un intento de quitar tensión, pero no sabía si lo había logrado y me fui de ahí antes que algo más pasara. Por lo menos al ir con todos no tendría la presión que tendríamos si estuviéramos ella y yo solas.

Mi mamá me esperaba cuando llegué, quería que la acompañara a casa de una tía a otra comida, parecía que en la familia también se había esparcido el chisme de mi nuevo contrato y ella parecía no entender que no quería ese tipo de atención sobre mí.
Al volver ya era algo tarde y me fui a mi cuarto a dormir sin escalas pero una vez que estuve en la cama no podía conciliar el sueño, estaba algo inquieta por lo del día siguiente y solo daba vueltas.
No me di cuenta cuando me quedé dormida por lo que cuando el celular empezó a sonar me despertó de golpe, era Cinthia, quería corroborar que iría con ellos en la noche. Vi el reloj y supe que era tarde y le dije que iría aun somnolienta y quiso saber si pasaba por mí y fue entonces que le dije que había invitado a Fabiola.
—no sabía que te llevabas con ella tan bien — dijo en tono de escepticismo.
—si… bueno, no precisamente tan bien, pero… el caso es que la invité y pues yo te aviso si pasas por mi o no más tarde, ok?
—ok — al colgar me quedé en la cama un rato más hasta que decidí levantarme y bajé a desayunar algo sencillo (ya no faltaba mucho para que mi mamá sirviera la comida) y me bañé.
Después solo me quedé pensando cómo sería mejor llegar en la noche, si pasaba por ella terminaríamos solas unos momentos, los cuales seguro que se me harían eternos. Podríamos también vernos allá, pero no sabía si eso le pareciera bien. Después de mucho rato de estarle dando vueltas seguía como al principio, sin saber qué hacer, pero armándome de nuevo de valor le marqué y ella resolvió el asunto sola diciéndome que pasaría por mí. No importó cuanto estuviera dándole vueltas al asunto para no quedarme a solas con ella, al final lo estaríamos de camino al antro… en su carro.

Iban a ser las diez y yo estaba algo retrasada para variar, no creía estar lista a tiempo así que empecé a hacer todo más rápido. A las diez pasaditas me marcó Fabiola al celular y como predije, no estaba lista.
—estas lista? — parecía algo nerviosa, casi tanto como yo.
—casi, ya vienes?
—casi… estoy afuera de tu casa.
—en serió? — pregunté asomándome por la ventana.
—si, en serió — me puse más nerviosa de lo que ya estaba.
—podrías esperarme cinco minutos? No tardare más, lo prometo.
-ok, no te preocupes, yo te espero — me terminé de alistar lo más rápido que pude y lo que mis nervios me dejaban, y para colmo aun no sabía que ponerme. Después de mirar por centésima vez el closet decidí ponerme una blusa morada en cuello V profundo péplum de encaje sin espalda, una falda negra que me llegaba a la mitad de los muslos y tacones negros.
Obviamente me había tardado más de cinco minutos por lo que cuando me subí al carro de Fabiola lo hice disculpándome por hacerla esperar, pero ella solo estaba sonriente y solo me dijo que no me preocupara.
De camino Cinthia me marcó al celular, habían llegado temprano al antro (no sabía porque seria) y se les había olvidado comprar cigarros y nosotras tuvimos que llegar por ellos.
Después de todo lo que había estado pensando, el camino al antro no había sido tan tenso como había supuesto y lo dejé todo atrás. Cuando llegamos no pude encontrarlos, tuvimos que dar una vuelta y al final, no era que no los encontráramos, yo iba distraída y los había pasado de largo.
Apenas estábamos acomodándonos cuando Sergio me servía un vaso de whisky con agua mineral y otro a Fabiola. Me estuve con ella, no conocía a nadie y se veía algo nerviosa debido a eso (o eso suponía yo) y no quería que se sintiera incomoda. Procuraba que no se sintiera fuera de lugar aunque era obvio que no era tan asidua a esos lugares como nosotros (dentro de lo que nos permitía el entrenador) pero trataba de encajar. Luego de un rato, Sergio se nos acercó y empezó a platicar con Fabiola y yo me relajé por completo, claro que el whisky ayudó bastante.
—parece que Sergio se está llevando muy bien con tu amiga — me Cinthia después de un buen rato.
—si… así parece — dije volteando a verlos pero en ese momento en que lo hice Fabiola volteaba también hacia donde estaba, lo único que atiné a hacer fue girar mi cabeza hacia otro lado rápidamente pero estaba casi segura que me había visto y para disimular le dije a Cinthia que me acompañara al baño y evitar más miradas incomodas.
Poco antes de que prendieran las luces anunciando el cierre, yo ya me estaba sintiendo algo mareada y parecía que Fabiola también y entonces me pregunto que si podíamos irnos ya, Cinthia y Sergio la alcanzaron a oír y me dijeron que ellos me llevarían pero primero querían ir a una fiesta, yo estaba algo cansada, y pensando que ya se había olvidado toda esa confusión entre Fabiola y yo decidí mejor irme con ella (que era la opción más directa y rápida a mi casa).
—espero te la hayas pasado bien — le dije en el camino de regreso a mi casa atropellando  un poco la lengua.
—sí, me divertí mucho… por cierto, no me dijiste cuanto fue de la cuenta — la calle estaba extrañamente sola para ser un sábado en la noche, o domingo mas bien.
—no te preocupes por eso — le sonreí despreocupada, la tensión había quedado atrás y volvíamos a estar como cuando me asesoraba, nada que una terapia de alcohol no pueda arreglar.
—no, cómo crees? quién pagó?
—no, te digo que así lo dejes, no te preocupes por eso — seguía sonriéndole divertida — Sergio pagó— dije inmediatamente después.
—por qué?
—dijo que él invitaba… o algo así, no le pregunté mucho la verdad, no me dio oportunidad, ellos siempre lo hacen de todos modos, no nos dejan pagar a nosotras… la verdad creo que lo impresionaste — dije en tono divertido pero no sé si me entendería muy bien.
—no, porque hizo eso? Además no creo haberlo impresionado como dices.
—porque no? créeme, creo que lo hiciste — íbamos casi llegando a mi casa — lo conozco bien y lo hiciste.
—no creo… además, no importa mucho… él no es a quien quiero impresionar… — dijo en tono serió y viéndome directamente, no estaba completamente segura de lo que me quería decir, o de eso me quería convencer yo.
Llegamos a mi casa y se estacionó, no dije nada y no sabía qué hacer.
—no… pues… por… — empecé a tartamudear incoherencias, en eso, sentí como ella se deslizaba hacia mi desde su asiento y ponía su mano en mi nuca moviendo mi cabeza hacia un lado para que la viera a la cara. Probablemente se estaba sintiendo envalentonada por lo que había tomado, y así como así sentí sus labios sobre los míos, como la última vez y yo, solo me quedé quieta de nuevo. Y entonces, cuando menos lo pienso, no sé si por el alcohol que había tomado o porque, comienzo a corresponderle y ella, al sentir que lo hago, puso su otra mano sobre mi pierna y yo subí la mía hasta su nuca aceptando su beso. Sus besos eran algo que jamás imaginé experimentar, no sabía lo que estaba sintiendo exactamente pero sí sabía que no me desagradaba del todo. Pero luego, con una sacudida a la realidad, reaccioné y separé mis labios de los suyos bruscamente, abrí la puerta del carro y me bajé rápidamente sin decirle nada. Buscaba las llaves en mi bolsa como loca frente a la puerta pero no las encontraba tan fácilmente, lo que le da oportunidad de alcanzarme.
—espera… no debí hacerlo — parecía lamentarlo de verdad, como la última vez — desde el otro día… debí dejarlo así, pero es que… — sé que quedó en silencio, no pudo seguir y yo aproveché para reclamarle.
—que era lo que pretendías? — dije, o más bien le grité — es que… no sé lo que… porque lo hiciste? — estaba enojada y necesitaba que me explicara por qué lo había hecho.
—no lo sé, es que… creo que me gustas — la miraba con los ojos bastante abiertos, aun sentía el efecto del alcohol pero no como antes — no sé exactamente cuándo pasó, solo sé que hace algún tiempo que siento algo por ti y no lo puedo evitar… y esta noche simplemente no me pude contener más…, desde el otro día en la escuela no puedo controlarme, lo siento — no le contesté nada solo me quedé así, mirándola directa y acusatoriamente esperando respuestas — no sé en qué momento me enamoré de ti.
—pero… cómo es posible que me hagas esto?… a mí no me gustan las mujeres… — tenía las manos cerradas en puños tan fuerte que los nudillos se me pusieron blancos — no sabía que a ti… creí que a… porque me haces esto? — estaba demasiado alterada — alguna vez te di algún motivo?
—no, no lo hiciste… solo sucedió, lo lamento, no pude evitarlo — sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas pero eso a mí no me importaba, yo estaba muy, muy enojada y quería desquitarme con alguien y ese alguien era ella.
—que era exactamente lo que estabas pensando cuando decidiste… besarme? — puse tal énfasis en la última palabra que Fabiola puso una cara de susto (peor que la que ya tenía) que no sabía que decirme para arreglar lo que había hecho.
—es que no estaba pensando, solo lo hice por impulso, perdóname, de verdad, no pretendía realmente nada — había empezado a llorar — pero… tú también me correspondiste — me dijo en un momento de valor, pero solo lo susurró — por un momento, pero lo hiciste, la culpa no es enteramente mía.
—¡NO!, no lo hice — dije completamente fuera de mi — todo fue producto de tu imaginación, jamás lo haría, a  mí no… — estaba trabada del coraje y negaba lo que ella me decía, de ese modo había decidido afrontar lo que había pasado dejándole toda la responsabilidad a ella, ni siquiera podía hilar las palabras y solo me limitaba a tener las manos en puño y presionando los dientes con bastante fuerza — creí que había quedado claro el otro día — dije por fin mientras seguía buscando en mi bolsa hasta que por fin, después de unos segundos que sentí como horas, encontré las llaves. Me metí y le cerré la puerta en la cara, subí las escaleras casi corriendo y entré en mi cuarto cerrando la puerta y recargándome en ella con el enojo atorado en el pecho, no podía creer lo que había pasado, dijo que estaba enamorada de mí? Cuando demonios pasó eso? simplemente no podía creerlo.
Me pude quedar dormida solo cuando logré calmarme un poco y el enojo comenzaba a ceder.

Cuando desperté estaba en la misma posición en la que me había quedado la noche anterior en la cama, sin despintarme ni desvestirme. Me quité las plastas de rímel, los lentes de contacto (ya me lastimaban) y me metí a bañar. En todo ese tiempo no hice más que pensar en lo que había pasado la noche anterior. Ya no sentía el enojo que sentí de momento, pero si sentía bastante confusión pues recordaba que le había correspondido, como ella me lo había dicho.
Todo el día me la pase acostada en la cama, estaba inapetente y sin ánimos de nada. Cinthia me había estado marcando pero no le había contestado y lo mismo pasó con Sergio. Pero como a la quinta llamada de Cinthia me cansé de escuchar el celular y tuve que contestar, solo quería saber a qué hora me había llevado Fabiola a la casa, como había llegado y que si quería ir a comer con todos. Yo no tenía ánimos de nada, aún estaba como en trance pero no se lo dije, solo dije que no y que le marcaria más tarde, no se había quedado muy convencida pero no insistió mucho debido a la cruda que tenía.

Pero conociéndome muy bien, Cinthia decidió ir a mi casa sin previo aviso cansada de que no le contestara el celular y sabiendo que cuando lo hiciera le daría más evasivas como la de la tarde.
—qué te pasa? A poco amaneciste tan mal que no puedes ni moverte de aquí? — dijo en cuanto entró a mi cuarto y me vio en la cama.
—no, no es eso… es que — no sabía que decirle, ni siquiera sabía si podría decirle lo que había pasado, sabía que no era de mente cerrada, pero no sabría cómo reaccionaría si le decía, y eso, me daba un poco de miedo — sí, me siento un poco mal.
—pues en lugar de haberte quedado aquí debiste de ir con nosotros, Sergio nos llevó a un lugar donde nos prepararon algo para la cruz que cargábamos… por cierto, parece que tu amiga Fabiola le gustó mucho — sentí una patada en el estómago al escuchar su nombre.
—sí, también lo noté, pero no le pregunté nada a Sergio — trataba de sonar lo más normal que podía solo que no sabía si lo había logrado ya que me vio con unos ojos interrogantes.
—yo sí, le pregunté que sí que tanto platicaba con ella anoche, no me quiso decir exactamente qué, pero si me dio a entender que le había gustado.
—pues… ella es bastante bonita, no? — ni siquiera podía decir su nombre sin sentir en el pecho ese resentimiento que tenía, pero a pesar de eso, no podía negar el hecho de que si era bastante bonita.
—si… es algo bonita — me sonrió y le devolví la sonrisa junto con un almohadazo.
—no te preocupes, no creo que te destronen — Cinthia me había levantado el ánimo.
—ven, alístate y vámonos — dijo levantándose de la cama y dándome la mano para levantarme.
—a dónde?
—no sé, Sergio me dijo que te sacara de aquí y luego le marcáramos, yo creo que a un bar o algo así.

Estaban en el tonic (un bar que tenía un decorado algo único, del techo colgaban adornos antiguos y parecía una pintura de esas que están llenas de cosas para buscar algo en específico). Estaban casi todos, solo faltaban dos o tres que no habían llegado aún y después de un rato de haber llegado, Sergio se me acercó sin disimulo alguno.
—y tu amiga? — me preguntó de golpe.
—mi amiga? — dije algo confundida.
—sí, la de ayer… Fabiola.
—ahh, pues en su casa supongo — no te hagas muchas ilusiones, pensé.
—y por qué no la trajiste ahora? — preguntó como si no fuera nada lo que decía.
—pues… no se… no tenía planeado salir, Cinthia me sacó por órdenes tuyas de la cama — Sergio se rió — solo hiciste que me trajera para traerla? — lo miré entrecerrando los ojos.
—no mi reina preciosa, tu eres la primera para mí — dijo en tono juguetón y dándome un beso en el cachete lastimándome un poco — es solo que… — Sergio estaba algo nervioso de pronto — tu procura traerla la próxima vez.
—y si mejor te doy su celular? — por nada quería volver a ponerme en la situación en la que había caído ayer.
—no se sentirá acosada?
—no… no creo.
—ok — se lo di y sonrió de oreja a oreja mientras guardaba el número en su celular.
El resto de la noche seguimos platicando y bebiendo pero ni eso me levantaba el ánimo, yo estaba tomando mucho menos que los demás, solo que ellos parecían no notarlo y eso a mí me convenía.
A la hora de que nos íbamos, Cinthia y Sergio no estaban muy bien que digamos y decidí quitarle las llaves a Cinthia, los llevé a sus respectivas casas y me fui a la mía en el carro de ella.
En mi casa todos nos habíamos quedado dormidos hasta tarde (y no es que yo batallara mucho) y yo, aunque si me había despertado algo temprano, me había quedado en la cama dando vueltas sin querer levantarme hasta que entró mi mamá, creía que, como el carro de Cinthia estaba afuera, ella estaría conmigo.
—porque está el carro de Cinthia afuera? preguntó con el ceño fruncido en cuanto entró y vio que estaba sola.
—se le pasaron las copas un poco y manejé yo.
—ay esa Cinthia… no quieres desayunar?
—ok, ahorita bajo — se dio media vuelta — cierra la puerta por fa — le dije antes de que se fuera, me miró extrañada pero no me dijo nada y se fue.
Bajé después de un rato, desayuné junto con mi mamá y mi hermano pues mi papá estaba de viaje, por lo que me había librado de su asedio con sermones de que no debía desvelarme ahora que debería empezar a entrenar y cosas por el estilo. Subí a mi cuarto cuando terminé y me puse a ver tele y al rato el celular empezó a volverse loco anunciando a Cinthia y su desesperación por no contestarle.
—mi carro lo tienes tú? — alcance a notar cierta preocupación en su voz solo que no sabía si era la cruda o de verdad estaba preocupada.
—no… Sergio me trajo.
—no me digas eso, en serió? — sí, era preocupación lo que había escuchado.
—si, en serió no quisiste darme las llaves.
—no puede ser, mi papá me va a matar — ahora estaba entrando en pánico.
—ay Cinthia — decidí entretenerme ese día jugándole una broma — voy por ti en un rato, ok? Mientras cálmate, no le digas a tu papá aun.
—pero…
—espérame, ok?
—ok, no tardes — me metí a bañar tomándome mi tiempo y una vez estuve lista me fui a su casa, cuando llegué apenas y toqué la puerta me abrió desesperada.
—porque tardaste tanto? Estoy entrando en una… ese es mi carro? — se interrumpió cuando alcanzó a ver el carro detrás de mí — eres una tonta — dijo algo enojada — como se te ocurre hacerme algo así? Hasta del estómago me enferme tonta — pasó casi atropellándome hasta llegar al carro — precioso chiquito — dijo echándose encima del carro — no te vuelvo a dejar… ser manejado por esa mala persona — me miró un tanto resentida pero yo no podía aguantar la risa, su cara de susto había sido muy graciosa.
Una vez que Cinthia se recuperó del susto nos fuimos a comer y nos reunimos con Sergio y los demás y esta vez no hicimos gran cosa, solo comer y después Sergio me llevó a mi casa en la noche sin dejar de decirme que no se me olvidara traer a Fabiola para la próxima vez, a lo que solo me limité a decirle que ya veríamos tratando de sonar normal.
Entré y subí directamente a mi cuarto, prendí la tele y me acosté en la cama pero no estaba viéndola realmente, Sergio solo había logrado que pensara en lo que había pasado con Fabiola de nuevo. El coraje que sentí en el momento en que Fabiola me besó se había ido por completo y fue cuando pensé que había reaccionado exageradamente con ella, incluso me sentía mal por eso, solo debía de haberle aclarado las cosas y no haber explotado como lo hice.

Cuando desperté aun pensaba en lo que había pasado, de hecho había tenido un sueño referente a eso, no lo recordaba muy bien, lo único que recordaba claramente era que estábamos en el edificio principal de la escuela Cinthia, Sergio y yo señalando a Fabiola, como juzgándola. Desperté con remordimientos y  sintiendo que eso era lo que yo había hecho con ella. Genial, ahora se me aparecía hasta en sueños. Y entonces, a consecuencia de ese sueño, me pasé el día pensando en sí debería de por lo menos mandarle un mensaje disculpándome por mi reacción, estaba confundida, no sabía porque me preocupaba tanto, solo me la pasaba pensando en la cara que había puesto cuando le grité.
Esa noche me acosté temprano y al hacerlo me tome unas pastillas para dormir y no estar pensando en nada y llegar hasta la mañana sin sueños.
Lo único que había conseguido era sentirme cansada, las pastillas en efecto me habían hecho dormir, más no descansar. Estaba molida y fue cuando caí en cuenta, no estaba enojada con Fabiola, estaba enojada, sí, pero había reaccionado así porque me sentía asustada por lo que había sentido, estaba enojada conmigo misma y me había desquitado con quien estaba más cerca de mí en ese momento, con ella.
A media mañana, después de haber hecho mi descubrimiento con lo que había pasado, me marcó el entrenador y me dijo que fuera a verlo a la escuela. Accedí pues no le vi problema alguno ya que la escuela estaba solitaria a esas alturas, salvo por algunos que tenían materias en extraordinarios, o incluso quienes no se resistían a dejar la escuela, los estudiosos.
—como esta mi superestrella — dijo como saludo el entrenador cuando entré a su oficina y me hizo señal de que me sentara, lo hice odiando el apodo.
—bien… usted?
—mejor que nunca… iré directo al grano, resulta que vino, tu ahora nuevo agente, y me pidió que te entrenara esta semana en lo que te acomoda en el club deportivo y el sábado te organizará un partido contra otra de sus clientes, que te parece?
—pues… bien, lo del partido no me hace mucha gracia.
no creo que tengas opción niña, pero ya veremos si puedo zafarte, por lo pronto, nos vemos mañana?
—ok… a qué hora?
—te espero a las 8 — ahí quedaban mis días de flojera.

Tuve que seguir yendo a la escuela pero el problema era que no podía concentrarme y la mayoría de las veces no me escapaba de varias llamadas de atención del entrenador.
Para el jueves y el viernes parecía que mejoraba la cosa, mi atención estaba más centrada y al ir saliendo el viernes el entrenador quiso hablar conmigo.
—al final no pude evitar que tu agente cancelara el partido de mañana.
—pero no estoy en condiciones para un juego.
—estos dos últimos días estuviste mejor, no al 100 por ciento de tu capacidad, pero creo que será suficiente, así que descansa hoy.
—ok, hasta mañana — dije resignada y un tanto de mal humor.
Me fui directo al estacionamiento y decidida a ir directo a mi casa y encerrarme hasta que tuviera que salir al partido, pero en el camino me habló Cinthia para decirme que saldríamos de antro.
—no puedo, mañana tengo un juego.
—en serio? Bueno, entonces iremos mañana a verte y en la noche saldremos.
—pero…
—sin peros, ya lo decidimos todos, nos vemos — colgó sin darme oportunidad a nada, que no todos me incluía a mí? seguí mi camino a mi casa. Llegué directito a mi cuarto y me acosté temprano y para mi sorpresa, dormí toda la noche. Era la primera noche de toda la semana que lo lograba así que me levanté de buen humor, me bañé, me alisté y bajé a desayunar, aunque no mucho pues tenía un nudo en el estómago.

Para cuando el juego comenzó era como si yo estuviera en otro lado. Sí, había logrado puntos muy buenos, pero mi contrincante había logrado la mayoría, lo que la llevó a ganar el partido, lo que hizo que el entrenador se me acercara al terminar.
—estuviste toda la semana distraída y hoy no fue la excepción, tienes algún problema?
—no — le mentí — no me sentía muy bien y no pude concentrarme del todo.
—no te preocupes — interrumpió el agente que venía con la otra jugadora — a todos los deportistas les llega a pasar, solo espero que logres poner en orden lo que te tiene así — dijo en tono de advertencia.
—yo también — dije en susurro para mí y bajando la mirada.
—sí, no te preocupes — dijo la otra jugadora sonriéndome — una vez que pongas tu cabeza en orden jugaremos de nuevo.
—me parece bien — sonreí intimidada.
Cinthia, Sergio, Carlos, Lorena, Jorge y Néstor estaban en las gradas esperándome.
Cinthia les dijo que jugaría y decidieron ir a verme y cuando llegué con ellos me animaron.
—no importa, en la noche lo olvidaras y la semana que entra empiezas desde cero — dijo Carlos dándome un abrazo y sonriéndome para levantarme el ánimo.
Así, quedamos para la noche ir al tonic solo que quedé en verlos ahí. Se suponía que no debía salir pero eso no me interesaba mucho en ese momento. A Sergio, Carlos y Cinthia no les pareció mucho eso de verlos allá, aseguraban que no iría por lo que les tuve que prometer que lo haría, no se quedaron muy conformes pero aceptaron de todos modos y luego Cinthia me acompañó a los vestidores.
—oye, te he notado bastante distraída esta semana y la prueba de ellos es el cómo jugaste hoy, así que no trates de negarlo — me dijo en cuanto estuvimos solas.
—no, si, bueno… si, unas… cosas, nada importante.
—y eso nada importante te ha tenido toda la semana en la luna?
—sí, dejé que llegara más lejos de lo que debía — traté de sonar convincente — pero ya lo resolveré, no te preocupes — le sonreí despreocupada, según yo — y si no, te pediré ayuda.
—ok — no estaba muy convencida — entonces te veo en la noche, no vayas a quedarnos mal — se fue apuntándome con el índice en señal de advertencia.
Después de que se fue me quedé un rato en los vestidores pensando en la inmortalidad del cangrejo, pero como eso no me llevaba a nada recogí mis cosas, las puse en la maleta y me dirigí al estacionamiento distraídamente, ya me bañaría en casa.
Solo que uno planea las cosas y pasan de diferente manera, de camino vi a Fabiola, no la había visto desde que me besara la última vez. Ella no me había visto aun, me puse los lentes de sol y me quedé observándola unos instantes desde lejos pero al fin decidí hablar con ella. Me acerqué hacia donde estaba, seguía sin verme hasta que prácticamente estuve junto a ella.
—quería decirte que lo siento — me miró sorprendida y al verme su cara era como si estuviera viendo a un fantasma, incluso creo que dio un paso hacia atrás — por como reaccioné la otra noche — me temblaban las manos pero gracias a que había decidió ponerme los lentes de sol podía esconder la mirada — no debí hacerlo, exageré, perdona.
—no, no te preocupes — dijo titubeante y mirando al suelo — fue totalmente mi culpa, no debí de… hacerlo — ni siquiera podía verme a la cara, a pesar de ser más alta que yo esta vez su estatura parecía menor que la mía. Estaba completamente retraída, no era la misma Fabiola que solía ser.
—sí, bueno, solo quería disculparme por mi abrupta reacción… me tengo que ir, nos vemos después, ok? — me fui hacia mi carro, me subí rápidamente y arranque. Ahora que me había disculpado esperaba poder dejar ese tema atrás.

Después de comer con mi hermano y mi mamá subí a mi cuarto y dormí un rato con la intención de despejarme un poco para la noche. Solo que al despertar me comencé a arreglar muy lentamente por que me sentía aletargada, Fabiola seguía en mi mente y no comprendía porque, si se trataba de lo mal que la había tratado ya lo había arreglado, pero al final no había funcionado, seguía en las mismas, sus palabras seguían rondando mi mente, aunque no me atreviera a decirlas en voz alta seguía recordándolas.
Para cuando terminé de arreglarme, ya era algo tarde y mi celular comenzaba a sonar, era Cinthia por supuesto.
—por qué no has llegado? no vayas a salir con que siempre no vienes — por el ruido que se escuchaba suponía que ya estaban en el tonic.
—no, si, ya voy.
ok, no te tardes — colgué con Cinthia y a los pocos segundos Sergio ya me estaba marcando, supongo que no dejarían de hacerlo hasta que llegara.
—ya voy saliendo, llego en un rato — dije al contestarle.
—más te vale, no nos puedes plantar, si no, iremos por ti a donde sea que te escondas.
—no, no, ya voy, bye — salí lo más rápido que pude y como supuse, todo el camino mi celular estuvo sonando hasta que llegué — ya estoy aquí afuera, ya dejen de marcarme — colgué pero antes de que entrara al bar Cinthia y Sergio habían salido.
—solo queríamos corroborar que en verdad habías llegado — dijo Cinthia, le di un golpecito en la nuca y entramos. Todos estaban ahí y al sentarme Sergio me dio una cerveza y el tiempo empezó a correr, lo mismo que las cervezas, pero cuando estaban por llegar las doce me quise ir, seguía con la cabeza inundada de pensamientos que no podía aclarar y me empezó a doler, y las cervezas parecían no estar ayudando mucho. Le dije a Sergio en el oído que me iba pero que no le dijera a Cinthia porque me haría una escena para obligarme a quedarme. Me hizo batallar un poco, pero lo haría, solo que también me chantajeó haciéndome prometerle que la próxima vez traería a Fabiola, le dije que sí, aunque no pensara hacerlo.
De camino a mi casa iba envalentonada por las cervezas que me había tomado (no estaba borracha, pero si un poco zaraza) y le marqué a Fabiola preguntándole si podía verla pues necesitaba hablar con ella, dijo que me vería a una cuadra de mi casa. Ni siquiera sé por qué lo hice pero tenía que aclarar algunas cosas con ella, aunque sabía que estando frente de ella no sabía si podría.
Cuando llegué ella ya estaba ahí, me estacioné detrás de ella, me bajé y subí a su carro. Estuvimos en silencio unos instantes, solo se escuchaba el sonido del radio que estaba bajo de volumen, creo que era la canción de bad romance, no la culpaba por ni siquiera mirarme.
—tenías razón — dije al fin con la vista fija en el tablero pero sentí como clavaba si mirada confundida en mi — la otra noche.
—no estoy… muy…
—desde entonces no hago más que estar… pensando en lo que pasó — seguía con la vista en el tablero — no me puedo concentrar en nada…
—pero… es que… — aún tenía ese tono de miedo, imagino que temía por mi reacción, se iba con mucho cuidado con lo que decía, solo que ahora la de la mirada escondida era yo — a que te refieres con que tenía razón? — me quedé callada por unos instantes y después volteé la cabeza y la vi directamente, pero solo por un par de segundos, luego volví a ver el tablero.
—si te contesté… el beso — me pareció ver que sus ojos brillaron un poco pero no estaba segura, de reojo no podía verla muy bien y no pude hacer más que bajar más aun la mirada ante su silencio. Empecé a perder el control de mi cuerpo y comencé a temblar. Instintivamente moví la mano para abrir la puerta y bajarme pero ella me detuvo, me agarró la cara entre sus manos, me acercó hacia ella con un poco más de seguridad que con la que había llegado, y puso sus labios sobre los míos. Comencé a sentir como si estuviera dando vueltas sin parar, no sabía si por el alcohol que había tomado o por lo que estaba pasando pero no podía calmar mi pulso acelerado, no podía hilar mis pensamientos.
—no, espera — me hice hacia atrás interrumpiendo su beso — me confundes, no sé lo que me pasa… me siento… no sé lo que siento — estaba algo alterada pero como aún me tenía sujeta de la cara me acercó de nuevo hacia ella terminando con el poco espacio que había hecho yo al interrumpirla y la sujete de las muñecas para detenerla.
—tienes que calmarte — dijo sin soltarme después de que la agarrara yo con fuerza, ahora estaba muy segura de lo que decía — no hay porque alterarse… dime que es lo que sientes.
—no se… no lo sé — estaba perdiendo el control pero trataba de no estallar — desde que me besaste no hago más que pensar en eso… me arruinaste la vida — había empezado a presionar sus muñecas con más fuerza pero parecía no importarle, no me soltaba la cara — no me concentro en nada, arruiné un partido y el agente estaba ahí.
—pero por qué…
—porque a mí no me gustan las mujeres — la interrumpí casi gritando y apreté aún más mi manos tratando de alejarla pero me detuvo poniendo sus dedos en mi nuca — y…
—y aun así estas aquí — me interrumpió casi susurrando. No parecía que me fuera a soltar ni a ceder espacio entre su cara y la mía, aunque era evidente (por la pequeña contracción de sus cejas) que la lastimaba, y mucho — porque te estás complicando tanto? Si, como dices, no te gustan las mujeres — dijo después de unos segundos — ese beso, incluso este no te…
—porque ese es el problema precisamente — la interrumpí de golpe — ese beso… incluso este… me confundió… y no sé por qué — habían comenzado a salir mis lágrimas — no sé qué me pasa.
—me parece que si lo sabes… solo que tienes miedo de aceptarlo — solo me observaba, expectante, no sabía cómo es que ella estaba tan calmada.
—no lo… no quiero… — dije por fin. Fabiola movió sus pulgares y los puso sobre mis labios, haciéndome callar. Recorrió mi cara con sus ojos y puso especial interés en mis labios pero luego los subió a mis ojos.
—piensa bien… porque estas tan confundida? — apreté aún más mis manos mientras negaba con la cabeza — no es el fin del mundo lo que te pasa, es solo...
—no sabes lo que me pasa — le dije a pesar de sus pulgares — no puedo con esto, no me puede estar pasando a mí.
—no puedes escoger, no puedes esconderlo, está visto que te afectó pero no puedes ignorarlo.
—sí, puedo… además… no es algo que me pase, simplemente... —  solté sus muñecas y conseguí sacar mi cara de sus manos por la sorpresa de mi brusco movimiento, abrí la puerta y me bajé, pero me quedé afuera del carro y luego de un par de segundos ahí parada, me acuclillé en la banqueta — no puedo hacer esto, va más allá de lo que puedo manejar.
—eso pensabas de la química — dijo desde su asiento con sus manos apoyadas en donde había estado sentada, mis manos estaban dibujadas perfectamente en sus muñecas.
—no me presiones, no sé qué voy a hacer, tengo la cabeza hecha un nudo enorme.
—no es algo que tengas que analizar, lo sientes o no — me levanté, cerré la puerta y me fui a mi carro. Al llegar a mi casa, me acosté en mi cama y solo lloré de la desesperación que sentía hasta quedarme dormida.
Al despertarme, Cinthia me había hablado al celular como loca, pero no tenía ganas de hablar con nadie, incluso vi que había llamadas de Fabiola pero no quise saber de nada ni de nadie y le dije a mi mamá que dijera que no estaba por si me hablaban o buscaban con la excusa de que necesitaba descansar, no me hizo preguntas y solo me sonrió.

El lunes en la tarde, como a las 5, ya más calmada y habiendo visto las cosas desde otro punto de vista, y con la cabeza un poco más fría, salí de mi casa sin rumbo fijo, cuando de pronto me di cuenta de que ya estaba tomando el camino a la casa de Fabiola.
Afuera dure un rato en el carro, su casa tenía un porche en la entrada con dos columnas a los lados escondiendo la puerta. Por fin me bajé, toqué y abrió casi inmediatamente, como si hubiera sabido que iría a verla. Solo nos quedamos mirándonos la una a la otra, sin decir nada pero yo no pude sostenerla mucho tiempo y la bajé. De pronto, después de unos segundos de estar así (y que sentí eternos), ella me agarró del brazo y me acercó hacia ella y con su mano libre me agarró de la quijada para levantar mi cara, acercó la suya a la mía y me besó. Al principio no reaccioné ni contesté el beso, pero poco a poco fue inevitable que no lo hiciera, después ella, sin dejar de besarme, me metió dentro de su casa y apoyándome sobre la puerta la cerró. El beso se fue haciendo más profundo cada segundo que pasaba, puse mi mano sobre su hombro y ella puso su mano con la que me había agarrado de la quijada en mi cintura pero después de un buen rato volví a reaccionar de golpe separándonos.
—espera… no se… — dije algo asustada — es que todo esto…  — soltó mi cintura y puso un dedo sobre mis labios.
—no tienes que saberlo… solo…
—es que no entiendes, yo nunca… — bajé la mirada sin saber que decirle — no sé porque vine, mejor me voy — traté de empujarla hacia atrás para que me dejara salir pero no me dejó.
—no, no te vayas, me alegra que hayas venido, no he dejado de pensar en ti. Cuando no me contestabas el celular me sentí fatal, fui a buscarte pero no me atreví a tocar tu puerta incluso he de aceptar que he estado dando vueltas por tu casa — había escondido mi cara de nuevo bajándola pero ella me la levantó como hacía rato — no tienes por qué estar asustada — había empezado a temblar otra vez y, puesto que me tenía prácticamente en sus brazos, se había dado cuenta de eso, apretó mi mano como calmándome — ven, vamos a sentarnos — me llevó hacia la sala.
—no, es que… — fue cuando pensé que alguien podría habernos estado viendo, me entró el pánico y miré a las escaleras como esperando que alguien bajara.
—relájate — dijo presionando mi hombro con su mano libre dándose cuenta de a dónde estaba viendo — estamos solas… siéntate, parece que estas a punto de desmayarte, soy buena besando pero creo que jamás había provocado un desmayo — dijo sonriendo nerviosamente.
—no es gracioso — dije entre medio molesta y aun asustada.
—relájate – dijo de nuevo acercándoseme y tomó mi cara entre sus manos (como empezaba a ser su costumbre últimamente) — no estoy tratando de reírme de ti, solo trato de que te calmes un poco.
—no funciona… porque me besaste? — me detuve de golpe, tenía un nudo en la garganta al preguntarle. Se quedó en silencio unos instantes, sin moverse y sin soltarme y luego se me acercó, estaba tan cerca de mí que podía jurar que ella podía escuchar como el corazón me golpeaba el pecho.
—no lo sé — dijo por fin y la miré interrogante — es que, ya te dije, empecé a… sentir algo por ti y no lo pude evitar — dijo después de una leve pausa — pero eso me aterraba, no podía estar cerca de ti sin que me pusiera nerviosa.
—pero nunca parecías estarlo… no pareces estarlo ahora — dije confundida y ella, al sentir que me relajaba un poquito, me siguió llevando a la sala.
—nunca lo notaste, estabas tan abstraída con tus problemas que no lo percibiste, pero era bastante obvio… aunque creo que de todos modos no te hubieras dado cuenta — terminó sonriéndome dulcemente.
—pero a mí no... yo nunca... como sabias que podías hacerlo? — estaba empezando a alterarme un poco de nuevo pero Fabiola parecía estar tan calmada que traté de calmarme también, no quería terminar gritándole de nuevo.
—no lo sabía, ya te lo dije, no lo planeé, solo lo hice llevada por un impulso que no pude contener, y yo no suelo dejarme llevar por mis impulsos — una de sus manos soltó mi cara y me acomodó el pelo detrás de la oreja.
—yo jamás había...
—ya lo sé — dijo interrumpiéndome — no tienes que preocuparte… no pasara nada si tú no quieres — su tono de voz era casi un susurro.
—no sé qué es lo que quiero… — empezó a acercar su cara a la mía lentamente esperando una reacción de mi — no sé qué va a pasar.
—no tienes por qué saberlo ahora — se acercó más y más, yo estaba algo confundida aun, apenas si sabía lo que hacía. Ella puso su mano en mi espalda y me acercó más a ella, y yo, poniendo mis manos sobre su nuca, me dejé llevar.
—no sé si pueda hacerlo — tenía su cara tan cerca de la mía que sentía su dulce aliento, diablos casi podía jurar que acababa de comer una pastilla de esas que huelen a fresa, pero como en ese momento no estaba segura de nada no podía asegurarlo, quizás así olía ella.
—no te preocupes… todo será como tú quieras — terminó recostándome sobre unos cojines que tenía el sillón y ella sobre mí y me besó lentamente, y esta  vez yo le correspondí  desde el principio. El beso rápidamente se hizo apasionado que me hizo sentir como si estuviera flotando.
No sé cuánto estuvimos besándonos pero fue mi celular sonando el que hizo que separara mis labios de los suyos y exaltada me senté intempestivamente. No alcancé la llamada, pero me levanté y le dije que me tenía que ir, no me dijo nada, solo asintió con la cabeza con expresión resignada. Al salir, sonó de nuevo, era Sergio.
—donde andas?
—en la calle — apenas me salió la voz — haciendo unos pendientes — estaba cerrando la puerta de la casa y me encaminaba a mi carro con el corazón latiéndome a toda prisa.
—quieres ir a casa de Carlos?
—por? que habrá? — abrí la puerta y me subí.
—una fiesta, resulta que hizo enojar a su papá y le quitó el carro y todo.
—qué hizo?
pues chocó el carro, pero el del papá — solté una risita, aun sentía algo de nervios — así que tendremos que ir ahí.
—y si está castigado como es que hará fiesta?
eso si no se, más bien es una reunioncita para que no se vuelva loco… oye podrías hacerme un favor y llevar a tu amiga... Fabiola — mi corazón aceleró más al escuchar su nombre.
—te di su número, márcale tú.
—ok, deja le marco, te hablo más tarde — colgué, cerré la puerta y prendí el carro solo para quedarme pensando en lo que me acababa de pedir Sergio. No sabía que iba a pasar después, y menos con el hecho de que a Sergio le gustaba Fabiola, le dirá ella lo que… realmente pasa? empecé a sentir pánico, en eso vi que Fabiola abría la puerta y se encaminó hacia donde estaba.
—acaba de hablarme tu amigo — dijo en cuanto bajé la ventana.
—si… me dijo que lo haría — mi voz temblaba y solo veía el volante.
—tú vas a ir?
—no lo sé… tu iras? — volteé a verla.
—yo no conozco a nadie ahí.
—entonces…
—si quieres que no vaya solo dilo — parecía que estaba temerosa de que dijera que era así.
—no, no… si quiero…  — que me pasaba? No podía terminar ninguna frase — en que quedaste con Sergio?
—dijo que si quería podría pasar por mí.
—y que le dijiste?
—que ya le confirmaría pero… yo preferiría ir contigo.
—ok… — en eso sonó mi celular de nuevo — es Sergio… bueno… si?… y que te dijo?… ok, yo le hablo y ya te aviso… a qué hora?… ok… bye. Me dijo que no le habías dicho ni sí ni no.
—entonces… paso por ti?
—ok… en dos horas?
—8:30?, ahí estaré.
—mejor a las 9 — asintió y me fui de ahí manejando algo distraída. No tenía muy claro en lo que me estaba metiendo, pero de pronto pensé que no importaba, cuando Fabiola me besó había sentido algo que no podía explicar y que jamás había sentido y quería averiguar de qué se trataba.
De camino le mandé un mensaje a Sergio diciéndole que Fabiola y yo iríamos juntas, contestó que por qué no pasaba él por Fabiola, después se corrigió y dijo que por las dos. Mi respuesta fue que Fabiola aún no se sentía con mucha confianza con todos y que por eso me lo había pedido y terminó conformándose con que ella fuera.
Tarde media hora en llegar a mi casa de las vueltas que di, iban a ser las 7. Apenas llegué, me metí a bañar y empecé a alistarme y mis manos seguían temblando. Conforme se acercaban las nueve mi nerviosismo aumentaba, bajé a la cocina y abrí la cava de mi papá, si hacia una botella de whisky perdidiza no creía que lo notara. Me serví un trago derecho, aunque no era nada buena para eso, lo hice, funcionó por unos momentos, cuando subía de nuevo a mi cuarto tocaron a la puerta, era Fabiola y los nervios volvieron de inmediato.
—pasa, ya solo me faltan unas cositas, pero ya termino… quieres algo? — traté de ocultar mi nerviosismo detrás de una sonrisa pero no sabía si lo había logrado.
—no, no, así estoy bien — me serví otro trago volteándome de espaldas para que no me viera y me lo tomé rápidamente sin poder evitar hacer muecas por lo fuerte que lo sentí.
—bueno, vamos — le hice señas de que me siguiera. El segundo trago de whisky estaba dando resultado — me quito las pantuflas, agarro mi bolsa y nos vamos.

El carro estaba inundado de un silencio bastante incómodo y para cortarlo Fabiola prendió el estéreo, traía un disco de muse y empezó a sonar resistence.
—me encanta esa canción — dije en cuanto la escuché.
—sí, es muy buena — dijo con una gran sonrisa mirándome a los ojos, en eso sonó mi celular.
—bueno… si… ya voy… no… viene conmigo jodón… ok, si, bye. Sergio no quita el dedo del renglón con respecto a ti — dije en cuanto colgué sonriéndole.
—sí, pero… a mí me gusta más su amiga — dijo en cuanto paramos en un semáforo con una sonrisa en sus labios, la luz roja del semáforo hacia que su piel dorada brillara más.
—no le vayas a decir eso — dije en tono serió mientras mi sonrisa se convertía en un gesto de súplica.
—no te preocupes — dijo poniendo su mano derecha sobre mi cachete izquierdo — no lo hare… te lo dije, no haré nada que no quieras — le sonreí tímidamente, el semáforo cambio a verde y ella arrancó el carro.
Iban a ser las diez cuando llegamos a casa de Carlos. Sergio casi saltó sobre nosotras en cuanto nos vio entrar.
—por qué tardaron? pensé que ya no venían, como ya no me llamaste — dijo en cuanto llegó junto con nosotras, pasó sus brazos alrededor de mi cintura y me besó en el cachete muy efusivo mientras me levantaba y yo pasaba mis brazos por su cuello y noté que Fabiola frunció el ceño un poco al ver que lo hacía.
—te dije que veníamos, no tardamos mucho — dije sonriéndole — pero ya estamos aquí — me bajó y besó a Fabiola en el cachete.
—Cinthia estaba hablando de ti — dijo con una sonrisa de complicidad, parecía que quería que lo dejara solo con Fabiola y yo no sabía si debía de hacer lo que me pedía con la mirada.
—en serió?  Mal o bien? — caminamos dentro de la casa y bajamos a la sala d juegos donde estaban los demás.
—deberías de preguntarle a Néstor — dijo señalándolo — para que no digas que estoy levantándole falsos — Cinthia volteó en ese momento y empezó a hacerme señas con las manos para que fuera.
—ok — Fabiola me miró directamente pero no supe que me quería decir, aunque suponía que era que no la dejara — vuelvo rápido — le dije — Sergio cuidara de ti — le guiñé un ojo y me fui sin darle oportunidad de decir nada y Sergio se quedó muy sonriente y complacido.
Estuve un rato platicando con Cinthia, Néstor y Carlos y de vez en cuando veía de reojo a Sergio y Fabiola, ella estaba de espaldas a mí pero a Sergio lo veía tan sonriente que no sabía si interrumpir o no. Mientras tanto, Cinthia me decía que Sergio había estado impaciente por que llegara y que había dejado claro que, si no llegaba con Fabiola, el mismo iría a buscarla, yo solo sonreí. También quiso saber de dónde Sergio estaba tan interesado en Fabiola y tuve que recordarle del día del antro. Estaba sintiendo que Cinthia me preguntaba por Fabiola demasiado y lo hacía no muy amigablemente, lo cual hizo que mi paranoia se activara, ya sabes, cuando tienes algo que esconder sientes que todo el mundo ya lo sabe, así me sentía con su interrogatorio, sospecharía algo o lo sabría con certeza? De pronto sentí pánico y lo que logra regresarme de vuelta a lo que Cinthia me decía es que de pronto noto que Fabiola me estaba viendo fijamente y me hace señas disimuladas para que fuera con ella.
—eres un mentiroso — dije mirando a Fabiola directamente — o tal vez ella — cambie la mirada hacia Sergio.
—definitivamente ella — contestó Sergio, era evidente que lo había interrumpido en su intento de conquista, pero no dijo más, Cinthia se nos acercó en ese momento.
—Carlos cree que deberíamos salir al tonic
—que no lo tienen castigado? — pregunté algo confundida.
—si — dijo Sergio pensativo. En eso escuchamos a Carlos gritar desde donde estaba, junto a la puerta del jardín que daba a la alberca.
—¡ya me canse, vámonos todos, no importa lo que me diga mi papá, estoy harto!
—desde cuando está encerrado? — pregunté y todos lo volteamos a ver con curiosidad.
—desde el día del antro, ese día fue cuando chocó — dijo Cinthia mientras Fabiola solo observaba todo con expresión divertida.
—iré a darle un zape para que se ubique — Sergio se fue algo intempestivo y nos dejó a las tres solas, lo cual aprovechó Cinthia y volteó de pronto hacia Fabiola y la observó inquisitivamente.
—Fabiola qué tal te fue con Luisa en sus clases? — su tono no era nada amigable y no sabía si Fabiola lo notaba como yo.
—bien, es solo una alumna incomprendida — dijo mirándome y poniendo una de sus manos sobre mi hombro presionándolo sugestivamente, como diciéndome otra cosa. A Cinthia no le pasó desapercibido el gesto y solo observaba a Fabiola con mala cara, lo que me ponía más nerviosa pero Fabiola tampoco parecía notar que Cinthia la veía de mala manera (o si lo hacía no le importaba), solo me miraba sonriente pero en eso Sergio llegó y yo respiré aliviada.
—sigue empeñado en salir, vamos?
—pues sus papás no están, no? a qué hora llegaran? — le pregunté mientras Cinthia seguía observando a Fabiola.
—ok, volveremos antes de que ellos, vámonos. Ustedes vienen conmigo? — me preguntó Sergio.
—si — contesté titubeante mirando a Fabiola.

Terminamos en el bacanno, que no estaba muy lleno cuando llegamos. Al sentarnos, Fabiola quedó enseguida de Carlos y yo enseguida de él y Cinthia junto a mí, Néstor, Lorena y Jorge quedaban enfrente y Sergio se acomodó frente a Fabiola y, aprovechando que Fabiola estaba platicando con Sergio, empecé a interrogar ahora yo a Cinthia.
—qué te pasa? Porque estas tan agresiva?
—no, no es cierto, por qué dices eso? — trató de fingir demencia pero yo la conocía bien, de la misma manera que me contestó le contestaba a sus novios cuando les decía que no estaba enojada.
—sí, no haces más que hacerle mala cara a Fabiola, que te pasa? — no se lo dije en mal tono, pero quería saber que era lo que le pasaba a como diera lugar y saber si sospechaba o sabía algo.
—nada… — tomó un gran trago de cerveza mientras yo solo la veía expectante hasta que por fin cedió — es que… desde que la conociste nos dejaste — la miré confundida — sí, no me mires así, ya no sales tanto con nosotros, últimamente estas distraída, la prueba es el partido que perdiste… y no me dices que te pasa — eso era lo que tenía. Respiré relajándome un poco, no es que supiera algo de lo que pasaba con Fabiola y yo, simplemente se sentía usurpada por ella, celosa — pasas más tiempo con ella que conmigo… con nosotros — Néstor y Lorena asintieron, ni siquiera me había dado cuenta que estaban escuchando.
—no… no es cierto — ni siquiera había estado con ella los días pasados — es solo que… últimamente he estado algo distraída, no pasara de nuevo, ok? Ya deja de estar atacando a Fabiola, si? Hazlo por mí, trata de llevarte bien con ella, es importante para mí.
—ok — dijo sonriéndome.
—y ustedes también ok? — apunte a Néstor y Lorena y ambos asintieron. Ellos no la habían atacado tan directamente como Cinthia, pero no se habían mostrado muy amigables con ella.
Platicamos de cosas sin importancia por un rato pero en eso, me doy cuenta de que Fabiola me estaba lanzado miradas de auxilio y tuve que decirle a Carlos que me cambiara de lado y, después de estar molestándome, me dejó su lugar, en ese momento Sergio se levantó al baño.
—porque me dejaste? — me reclamó en cuanto pudo hacerlo sin que la escucharan — tu amigo, Sergio está muy insistente — solté una risita.
—que te dice? Te está incomodando?
—un poco… no quiero darle un cortón feo pero no me deja mucha alternativa — le sonreí — no te rías — me presionó el brazo — es en serió.
—que quieres que le diga? — seguí sonriendo.
—pues…
—¡no! — le dije presionando ahora yo su mano que estaba sobre mi brazo, Carlos me escuchó y volteó a verme intrigado.
—cálmate, no lo hare — sonrió para calmarme un poco y Carlos no prestó más atención. Cuando Sergio volvió del baño y siguió con sus intentos de conquista con Fabiola pero como estaba yo junto a ella ya no pudo hacerlo tan descaradamente.
Cerca de la una de la madrugada Néstor nos dijo de pronto a todos que debíamos volver a casa de Carlos, a todos se nos había olvidado que debíamos volver antes que sus papás.
Fabiola y yo nos habíamos subido al carro de Sergio, igual que habíamos venido y Sergio empezó a decirle algunas cosas a Fabiola en el camino sin importarle que yo iba con ellos.
—de no ser porque Luisa es mala para la química no te habría traído nunca con nosotros.
—sí, es algo que me pagara de alguna manera — me reí junto con Sergio pero la mía era risa nerviosa.
—no somos tan malos — le dijo Sergio.
—nunca dije que lo fueran — veía de reojo como me miraba Fabiola desde atrás mientras fingí ver a Sergio.
—Fabiola, a donde solías ir antes de que Luisa te trajera?
—lo dices como si tuvieras la duda de que saliera.
—no, es que… la verdad si — me reí de nuevo y Sergio me miró confundido.
—eres igual que Luisa — la miró ahora a ella confundido por el retrovisor — ella me preguntó lo mismo — su expresión dejó ver que comprendía el porqué de mi risa.
—somos de lo peor — dijo mirándome.
—y Fabiola — parecía querer preguntarle algo pero no se animaba — tienes novio? — por fin lo hizo.
—no — contestó ella sonriéndole como si nada mientras yo solo miraba por la ventana tragando bolitas.
—y… sales con alguien? — Fabiola se quedó pensativa un par de segundos y yo sentí un hueco en el estómago.
—pues… creo — empecé a sudar frio.
—como que crees? –— preguntó confundido. Menos mal que no se daba cuenta de que estaba comenzando a sufrir un ataque de nervios por sus preguntas
—digamos que apenas… estoy en primera etapa?
—o sea que aun podrías darme una oportunidad?
—no lo sé Sergio — le sonrió — me gusta mucho…
—pero si solo te gusta eso puede cambiar — la veía por el retrovisor — o sientes algo por él?
—si… no lo puedo evitar.
—acabas de acabar con mis esperanzas — Sergio hizo gesto de tristeza — que suertudo tipo.

—entonces te estaba declarando su amor delante de él? — la interrumpió Thomas sorprendido y Luisa le asintió mientras daba un trago a su té chai — y tú qué hiciste?
—me retorcí en el asiento, moría de nervios y no sabía qué hacer.
—y que pasó después? — conforme avanzaba en su historia, Luisa comenzaba a sentirse mas confiada al estarle contando, él le había dad esa confianza con su actitud.
—nada, llegamos a casa de Carlos y yo me dirigí rápido al bar por un trago de whisky, necesitaba calmarme, y lo conseguí, pero también me empecé a marear. Fabiola se dio cuenta y preguntó que si nos íbamos ya y yo dije que sí. Cuando le dije a Cinthia que nos íbamos me miró reprochándome pero le dije que mañana le marcaria y siguió en lo que estaba, para mi fortuna estaba muy feliz bailando por todos lados.


Y de regreso en el carro el disco de muse seguía sonando, Fabiola no me dijo nada de lo que había pasado con Sergio, solo me preguntó que si podría ayudarla en un trabajo de química que tenía que entregar (no sé dónde pues ya no había escuela). Solo dije que, ella más que nadie sabía que no era la mejor ayudante pero no le importó y, así, quedamos de vernos al día siguiente en mi casa. Cuando estaba dejándome se acercó a mí y me preguntó que si podía besarme,  toda la noche había estado pensando en eso. Yo no le dije nada, solo me quedé mirándola unos segundos y luego le sonreí tímidamente, me sonrió de vuelta y me dio un gran beso, que sentí como si me llevara a pasear por las nubes de nuevo — Thomas fue por mas café y le llevó otro té a Luisa.

viernes, 5 de febrero de 2016

Capitulo II

Mientras esperaba que se diera la hora de ir a la oficina, Luisa estaba sentada en un Starbucks tomando un moka. Iría con su agente, Paris, quien le había dicho que estuviera puntual, tenían cita con unos patrocinadores que querían contratarla para ser la imagen de su producto. A Luisa no le agradaba demasiada tanta publicidad, pero Paris decía que era bueno para su carrera y muchas de las veces terminaba accediendo sin protestar mucho por evitarse el discurso que siempre le daba.
Alternaba el moka con el periódico de ese día, no había encontrado nada mejor que leer pues las noticias no eran algo que le llamara mucho la atención, siempre se encontraba con una de ella y eso la llenaba de pena. En el periódico había un artículo sobre una científica que estaba implementando un virus que había desarrollado recientemente, el cual estaban utilizando para un tratamiento para combatir el cáncer. El artículo decía que apenas empezaba con la investigación pero prometía mucho, incluía una foto de la científica sonriendo, con el pelo suelto más rubio que castaño, pero sin llegar a serlo del todo, algunos de sus cabellos caían sobre su hombro derecho, su piel, dorada, contrastaba a la perfección con su pelo y al final de la nota la mencionaban a ella solo como referencia a su amistad.
—es muy guapa — escuchó de pronto que le decían sobre el hombro — la científica — dijo un tipo que estaba sentado detrás de ella apuntando la foto del periódico. Era atractivo, tenía los ojos verdes, el pelo negro y la piel blanca — inteligente y muy guapa, una combinación letal — Luisa soltó una risita por su comentario.
—sí, bastante letal.
—crees que lo logre? — Luisa lo miró confundida — prevenirlo? — dijo señalando el artículo de nuevo.
—pues podría ser, no? tu qué opinas? — dijo volviendo la vista al periódico.
—pues si lo logra será algo grandioso, no?
—sí, ya lo creo que sí… esperemos y lo consiga.
—si… me llamo Sebastián — dijo tendiéndole su mano — y tú?
—Luisa — también le dio la mano sonriéndole después de pensarlo unos segundos.
—mucho gusto Luisa… podrías decirme que hace alguien tan bonita como tu leyendo el periódico aquí sola?
—estoy haciendo tiempo — la miró intrigado — tengo una cita.
—no me digas que es con tu novio — sonrió divertida.
—no, no, es… del trabajo.
—ah menos mal, ya estaba lamentándome.
—lamentándote? — preguntó frunciendo el ceño.
—sí, si tenías cita con tu novio no aceptarías salir conmigo —ella rió.
—y que te hace suponer que saldré contigo?
—oh vamos, no seas así, no podrías negármelo.
—si — dijo en tono pensativo — de hecho si podría — parecía que el tipo no la reconocía, eso fue lo que hizo que Luisa siguiera platicando con él.
—ay no, serias tan cruel conmigo? — fingió decepción.
—sí, sí podría… me gusta ser cruel — dijo levantando las cejas y reclinándose hacia el cómo diciéndole un secreto.
—no puede ser, tan bonita y tan cruel, es peor que la combinación de la científica — dijo sonriendo y haciéndola reír de nuevo. En ese momento sonó el celular de Luisa, era Paris, quería recordarle la cita que tenían y asegurarse que no se le olvidara. En cuanto colgó, Sebastián le quitó el celular al tratar de guardarlo en la bolsa.
—que haces?, dámelo — Luisa estaba algo sorprendida por lo que el tipo había hecho.
—espera — se puso a moverle al celular pero vio que tenía clave — que desconfiada eres, porque lo tienes con clave?.
—por si me lo quita en una cafetería algún acosador.
—vaya, así que atraes a puros acosadores? con más razón necesito tener tu teléfono y tú el mío, en caso de que te encuentres alguna otra vez en esa situación y que harás? Me llamas inmediatamente — volvió a reír — o cuando quieras ir al cine y no tengas con quien ir — terminó diciéndole con una gran sonrisa, Luisa se quedó mirándolo un par de segundos pensativa y luego accedió.
—tienes razón, algún día de estos puede ser que me encuentre aburrida sin saber qué hacer.
—de acuerdo.
—me tengo que ir — dijo en cuanto le dio su número.
—pero por qué? Si ya conseguiste darme tu número — ella volvió a reír.
—sí, pero recuerdas la cita que te mencioné? — asintió — era del trabajo de donde me hablaron, así que ya me tengo que ir — tomó lo que le quedaba del moka y se levantó, él lo hizo junto con ella — me hiciste pasar un buen rato.
—ok, eso es bueno,  entonces quedamos para cuando estés aburrida, ok?
—ok.
—me alegró conocerte, nos vemos.
—adiós — Luisa salió de la cafetería, subió a su carro y se dirigió a la oficina de Paris.

Su representante la esperaba ansioso y cuando entró estaba dando vueltecitas por la oficina, al verla respiró aliviado, los patrocinadores aún no llegaban.
—bien, que bueno que llegaste, déjame decirte rápido lo que pasa. Los patrocinadores son de una embotelladora y quieren que representes un jugo de frutas.
—un jugo? — el tono de Luisa sonó algo exasperado — por un jugo tendré que salir corriendo de aquí al juego?
—demonios es verdad, a qué hora?
—a las 4:30.
—bien, tenemos tiempo… ahora el jugo.
—no creo que el jugo sea una buena opción.
—no lo rechaces de entrada — dijo Paris acomodándose la corbata frente a un espejo que tenía arriba del sillón que había en su oficina — a lo mejor ofrecen una buena suma.
—a ti solo te interesa el dinero.
—igual que a ti reina.
—sí, pero no tanto como a ti, yo sí puedo dejar pasar algunas ofertas, tú en cambio quieres que las acepte todas.
—bueno… si, pero deja que lleguen y veamos si nos conviene.
—no lo sé, creo que esta vez yo decidiré, lo del cereal en el que te empeñaste en aceptar… aun lo lamento — Luisa lo señalaba con el dedo índice a modo de advertencia.
—bueno, pero pagaron bien.
—no importa, otra de esas no lo aceptaré.
—bueno ya, esperemos a que vengan… ahora, que tal se ve esta corbata — preguntó después de haber estado todo ese rato jugando con ella.
—bien… por qué? — preguntó distraídamente — quieres impresionarlos?
—no, es que iré al dentista más tarde.
—ahh, ok… entonces, tu dentista debe de ser muy guapa? — dijo en tono de burla.
—sí, es muy guapa — dibujo una gran sonrisa.
—creí que salías con… Denise?
—sí, bueno… ya no, ahora me gusta Cristina.
—es difícil seguirte el paso — hizo un ademan con la mano de desenfado.
—mira quien lo dice, tu deberías de dejar de tener solo citas y enseriarte con alguno.
—yo no salgo solo en citas.
—si tú lo dices, yo en cambio sí planeo tener algo serió con Cristina.
—a pesar de lo que ella diga?
—no, pero voy a insistir mucho… como sea, como me veo?
—bien — apenas lo miró. Traía un traje gris obscuro, con una camisa morada, la corbata también gris y zapatos negros. París era alto, delgado, era blanco y el cabello lo tenía castaño claro, lo usaba en puntas hacia arriba, muy moderno, según él.
En ese momento la secretaria entró avisándoles que los patrocinadores habían llegado y Paris le dijo que los hiciera pasar. Cuando entraron, Luisa seguía sentada en el sillón debajo del espejo donde Paris se había arreglado la corbata. Eran cuatro los que entraron y Paris los presentó inmediatamente. Al primero que mencionó dijo llamarse Héctor Grant, era gordito, calvo y parecía tener unos cincuenta años. El segundo era Gavin Holt, más joven, como de treinta y cinco años, delgado y muy alto, como Paris. Del tercero y cuarto no escuchó los nombres porque en ese momento sonó su celular, lo puso en silencio rápidamente y pretendió que había captado sus nombres, el tercero era como de cuarenta años, pensó que se veía atractivo, el cuarto era el más joven, tendría veintiocho o veintinueve años a lo mucho y Luisa notó que usaba el pelo parecido al de Paris.
—ella es Luisa Licano — dijo Paris.
—mucho gusto — dijeron todos.
—soy tu fan, me gusta mucho como juegas — añadió el número cuatro un tanto nervioso.
—no soy tan buena — dijo Luisa bajando la cara sonrojada.
—sí, si lo eres, ganaste el abierto de estados unidos como prueba.
—si… — sentía que le ardía la cara de la pena y volteó a ver a Paris para que la auxiliara.
—bueno señores — dijo antes de que el número cuatro pudiera decir algo mas — no trato de presionarlos pero al hacer esta cita olvidé por completo que Luisa tenía un partido a las 4:30 — su tono sonó algo apenado, aunque Luisa sabía muy bien que lo fingía — así que… hablemos de negocios.
—sí, de acuerdo — dijo el mayor de todos quisiéramos que nuestro producto llevara su imagen en el empaque y que realizara algunos comerciales — directo al grano, pensó Luisa.
—en concreto, nos gustaría que fuera la imagen de la compañía — dijo el tercero.
—pero al ser la imagen de la compañía representaría a todos sus productos, no? — dijo Luisa antes que empezara de nuevo el gordito calvo — o sea que podrían usar mi imagen en cualquier producto que lancen? — volteó a ver a Paris, quien también parecía algo confundido.
—señores — al fin intervino — ustedes me dijeron que solo la querían para el jugo, no?
—sí, así es — dijo el numero uno — así era en un principio, pero nuestro joven amigo — dijo señalando al número cuatro — nos ha mostrado por que propuso a la señorita Licano como posible representante del producto y a todos nos pareció mejor idea que representara a toda la compañía.
—sí, pero eso terminaría en una propuesta diferente de la que le planteé a la señorita Licano.
—sí, lo sabemos y nos disculpamos por eso, lo acabamos de decidir esta mañana — iban a ser las tres de la tarde y Luisa le hizo señas a Paris mostrándole el reloj disimuladamente para decirle que no debía extenderse.
—ok señores, hagamos esto, les parece si preparan la propuesta en forma tal y como la pensaron esta mañana y la mandan para que la revisemos y mientras tanto, quisieran acompañarnos al juego de ahorita? — los ojos del número cuatro se abrieron desmesuradamente, lo mismo que los de Luisa.
—en serió? — dijo sorprendido.
—sí, vamos? — preguntó Paris a los demás, el número cuatro esperaba ansioso por que los demás aceptaran, al fin el numero uno aceptó y Paris hizo los arreglos.
—oye pero traigo mi carro — le dijo apartándolo de los cuatro con una sonrisa — y que si te veo allá?
—y me dejaras con ellos solo? — puso cara de incomodidad.
—si…
—mejor vente con nosotros y así te van dando una idea de lo que propondrán.
—no, mejor ve tú con ellos y después me platicas, pero que quede claro, pasara por mi aprobación antes esta vez, ok? — dijo señalándolo con el dedo de nuevo advirtiéndole.
—ok, ok… ya veremos — se entretuvo un poco en la oficina disimuladamente en lo que Paris se iba con los cuatro. Luisa bajó en el elevador después hasta el estacionamiento y de ahí fue al club.

Al llegar al club deportivo, Luisa se estacionó en el lugar que tenía reservado y Thomas ya la esperaba. Bajó rápido, cogió sus cosas de la cajuela  y corrió a los vestidores, se cambió rápido y salió a la cancha para empezar a calentar. Thomas estaba detrás de ella al entrar a la cancha, donde ya estaba su contrincante. Empezó con los ejercicios de calentamiento, la jugadora contraria estaba haciendo lo mismo, aunque no era un partido muy importante, y en si el torneo que había organizado el club tampoco, debía quedar bien con los de la mesa directiva por lo que se había visto obligada a participar, según le había dicho Thomas, y con tal de evitarse la discusión, aceptó sin más. Luisa suponía que su oponente estaba en la misma situación que ella pues era otra de las jugadoras del club, pero no se llevaba mucho con ella. Después del calentamiento requerido, el árbitro hizo indicaciones que se prepararan para empezar.
El primer servicio fue de la otra jugadora  e inmediatamente después de contestar dicho saque Luisa supo que el haberse desvelado hacia dos días, y no recuperarse debidamente, le dificultaría su desempeño durante el partido, debió de haberse tomado más en serió este torneo. Jugó con un esfuerzo más del normal, lo que se notó al ganarle en un cerrado marcador que quedó en dos sets a favor de Luisa en contra de uno. Se saludaron y Luisa fue a su banca a recoger sus cosas y cuando iba a los vestidores Paris la hizo llegar antes junto a los cuatro patrocinadores y algunos espectadores se acercaron a pedirle autógrafos y ella, tímidamente, los daba.
—vaya, parece que ella te la puso difícil — dijo el número cuatro.
—si… bueno en parte es mi culpa, desvelarse dos días seguidos es malo para el rendimiento y tuve que pagar las consecuencias — dijo sonriéndole.
—bueno, para el próximo no lo harás imagino — dijo el número tres.
—sí, aprendí mi lección — Paris la miró de un modo extraño, casi podía adivinar que estaba pensando en cómo usar esto para que aceptara la oferta que le ofrecían aquellos cuatro, e inmediatamente concretó una nueva cita con ellos y luego se fueron.
—no me digas nada, esperemos a ver qué es lo que proponen — dijo Paris adelantándose en cuanto estuvieron solos — nos vemos mañana? — Luisa asintió — ok, me tengo que ir, se me hace tarde para mi cita con la dentista — se fue muy sonriente y saludó a Thomas rápido de camino.

Estaba por subirse a su caro cuando una niña, seguida de su mamá, se le acercó. Eran socias del club y la conocían bien. La niña traía un perrito chiquito en los brazos y le dijo que quería regalárselo. Luisa al principio se negó pero la niña y su mamá insistieron tanto que no le quedó más remedio que aceptarla, era una perrita de raza pug. A Luisa no le agradaban mucho los perros pero este era de raza pequeña y la niña le había asegurado que eran muy bien portados por lo que terminó aceptándola.

No había nadie cuando entró a su apartamento, así que puso a la perrita sobre una caja en el estudio y le puso un plato de agua. Desde que Fabiola había sido ascendida en su trabajo, el tiempo que pasaba en el laboratorio era demasiado y ahora estaba a la par que su compañero Román en puesto. A Luisa le parecía muy bien eso, su única queja era el tiempo que no pasaba con ella.
Se sentó frente a la pantalla de la estancia a ver la tele pero después de pasar por varios canales, y no encontrar algo que le llamara la atención, fue a bañarse dejando la tele prendida. Se puse la pijama y volvió a la estancia, sabía que si se recostaba a verla en el cuarto seguro se dormiría. Tenía hambre también pero estaba lo suficientemente cansada como para no ir a la cocina y buscar algo de comer. No tardó mucho e empezar a sentirme adormilada pero en ese momento entró Fabiola.
—hola — le sonrió en cuanto entró — como te fue?
—bien — contestó Fabiola también sonriéndole — a ti?
—más o menos.
—por qué?
—hoy estuve en una cafetería en lo que pasaba el tiempo antes de ir con Paris — Fabiola la miraba expectante — estaba leyendo el periódico mientras tanto, un artículo sobre ti… y un tipo enseguida  de mi vio tu foto y me dijo que eras muy guapa.
—en serió? — preguntó algo sorprendida.
—si… sentí celos — sonrió aún más y dejó su portafolio en la mesa del centro de la estancia y se acercó a Luisa sentándose a horcajadas sobre ella.
—bueno… no tienes que sentirlos — agarró sus cachetes entre sus manos — a mí solo me gustas tú — la besó tiernamente además, a mí siempre me dicen eso sobre ti y yo solo me aguanto.
—eso no creo que sea del todo cierto — dijo con algo de escepticismo. Sabía que Luisa no era muy consciente de lo hermosa que era.
—sí, es cierto — puso cara pensativa — los de la oficina lo dicen todo el tiempo, y de hecho, en algunos de tus partidos he escuchado a algunos espectadores lo que dicen de ti, y yo solo quisiera decirles que yo, y solo yo puede besarte — unió la acción a la palabra — y tenerte — hizo una expresión traviesita.
—y quisieras hacerlo? — dijo después de unos segundos algo seria — decírselo a todos? — cada cuando Luisa le preguntaba lo mismo.
—si… lo sabes, no me causaría ningún problema, y de hecho sería feliz diciéndoles a todos que eres mía — le sonrió mientras lo decía — pero a ti te causaría problemas, así que entonces no. Lo único que quiero es estar contigo y que tú seas feliz conmigo y nada más… y si para eso tengo que actuar como si solo fuéramos amigas estando en público, entonces que así sea, ya te lo he dicho muchas veces.
—estás segura? —pasó su índice por el cuello de Fabiola y bajaba lentamente por su brazo, observando el recorrido.
—completamente… además, tampoco me sería muy fácil que digamos — su tono trataba de quitarle la seriedad al asunto, pero Luisa seguía pensativa, así que Fabiola llamó su atención — en que piensas?
—en nada, no te preocupes — pero no era del todo cierto, pensaba en lo que ella acababa de decirle acerca de ese tema. Sonrió y ella se levantó, le preguntó si tenía hambre y Luisa asintió.
—te hare una cena deliciosa — dijo encaminándose a la cocina — casi puedo apostar que ni siquiera has venido a la cocina.
—estaba muy cansada — dijo sonriendo.
Fabiola preparó una pasta al pomodoro, el cual Luisa disfrutó mucho, aunque a ella todo lo que Fabiola cocinaba se le hacía delicioso, por simple que fuera. La pasta la acompañaron de una botella de vino. Terminando de cenar se fueron a la recamara para dormir pero en eso Luisa recordó la perrita que le regalaron y salió de pronto del cuarto dejando a Fabiola un poco desconcertada.
—se me olvidaba, te traje algo.
—en serió? — dijo mientras la veía salir del cuarto para regresar con la perrita en los brazos — no puedo creerlo, y ese perrito?
—es perrita, me la regalaron, te gusta?
—está preciosa — dijo agarrándola y empezando a jugar con ella — quien te la dio?
—una niña del club.
—como se llama?
—no sé, creo que no tiene nombre aun.
—que nombre te gusta? — Fabiola no podía dejar de juguetear con la perrita.
—es tuya, tu escógelo.
—no lo sé, lo pensare.
Fabiola estuvo jugando con la perrita un buen rato en lo que Luisa se quedó dormida y después la llevó a donde la había puesto antes.

Al día siguiente Luisa no tendría juego, por lo que estaría todo el día de floja, y como la perrita no las había dejado dormir al llorar toda la noche, aprovecharía muy bien ese descanso.
Fabiola en cambio sí había tenido que levantarse a la misma hora de siempre, se bañó y se vistió mientras Luisa preparaba café en la cocina lentamente.
—que harás hoy? — le preguntó mientras veían un programa de repetición de Lost, Fabiola tomaba café y Luisa leche.
—me quedare todo el día descansando — dijo sonriendo — cuidando a la que no tiene nombre.
—que rico — dijo Fabiola mirándola como reprochándole algo y con algo de envidia.
—quédate haciéndome compañía — trató de tentarla — tienes demasiado trabajo?
—no mucho… cuando es tu próximo juego?
—el sábado.
—ok — dijo pensativa — ese día me escapare del laboratorio, que te parece?
—perfecto — contestó Luisa. Fabiola agarró su portafolio, la besó y se encaminó hacia la puerta.
—me dejaras aquí solita? — gritó antes que Fabiola saliera.
—no hagas travesuras mientras no estoy — dijo desde la puerta con una gran sonrisa.
tratare.
—volveré temprano, traeré la cena.
—ok, que te vaya bonito.
Luisa estuvo todo el día descansando justo como había dicho y de vez en cuando checaba a la perrita, no quería apenas ganar en su próximo partido como había pasado el día anterior así que dormitó casi todo el día.
 A media tarde Fabiola llegó y rompió su monotonía.
—saliste temprano?
—si — le sonrió — decidí volver antes de que se te ocurriera hacer algo — la miró entrecerrando los ojos — tienes todo el día encerrada aquí — dijo Fabiola levantando los hombros y las cejas, como justificándose — tu cerebro no tardaría en pensar en hacer algo que probablemente nos provoque problemas a las dos… si es que no la hiciste ya — Luisa la miraba con una sonrisa traviesa.
—no — le dijo después de algunos segundos — apenas iba hacia el balcón.
—llegué a tiempo entonces — dijo dejando su portafolio en la mesa de la entrada junto con sus llaves y luego Luisa se le acercó y la besó en la nariz tiernamente — ya tengo un nombre —la miraba expectante — Ludovika, te gusta?
—esta gracioso… si, me agrada.
—perfecto, Ludovika será entonces… quieres ir a cenar o cenamos aquí? — se quedó pensativa y Fabiola decidió antes — mejor vamos, para que salgas a dar la vuelta — dijo burlonamente — solo hago unas cositas rápido en la laptop y salimos.
—perfecto.
Mientras hacía eso, Luisa se bañó, se vistió y una vez que estuvieron listas las dos, bajaron al sótano por el carro de Fabiola, un lexus LS hibrido negro. Mientras decidían entre italiana y japonesa Fabiola daba la vuelta por la ciudad, estaba obscureciendo y el poco sol que había salido, dejaba paso a las primeras estrellas de la noche
—entonces, que será? — dijo mientras pasaban por robson st. — japonesa? — la miró a tratando de convencerla.
—mejor italiana, no?
—pero ayer cenamos pasta.
—pero ahora también queremos — recargó su cabeza en su hombro izquierdo y puso la mano en su rodilla.
—queremos? — empezaba a ceder, aunque aún seguía resistiéndose un poco.
—sí, vamos, ándale — presionó la rodilla con su mano y estuvo perdida.
En el restaurant  se sentaron en una mesa medio escondida y mientras cenaban, Paris habló al celular de Luisa para decirle que los cuatro patrocinadores del día anterior habían mandado la propuesta.
—la mandaron algo tarde, no?
—no, de hecho yo soy el que te llama tarde, perdona, vienes en la mañana o te la llevo a tu casa.
—mejor nos vemos en tu oficina… que tal se ve?
—pues no esta tan mal… nada mal.
—ok, mañana la veo, bye.
—Paris quiere otra comisión? — preguntó Fabiola cuando colgó mientras partía en varios pedazos una albóndiga de su plato.
—sí, pero no estoy muy segura de que me convenga… como que es demasiada publicidad ya, no crees?
—te están explotando — medio se burló de ella.
—sí, definitivamente me sobreexplota — dijo mientras metía su tenedor en el plato de Fabiola robándole un pedazo de albóndiga, ella solo le sonrió.
Acabando de cenar fueron a dar una vuelta y después al apartamento, como ya iban a ser las 11 se lavaron los dientes, se pusieron la pijama y se metieron en la cama y una vez acostadas Fabiola sacó su laptop y trabajó un poco en lo que Luisa veía la tele un rato.

Al despertar, Fabiola saltó de la cama y corrió a bañarse, se había quedado dormida. Se cambió y salió corriendo hacia el laboratorio. En cambio Luisa decidió quedarse un rato más en la cama y una hora más tarde se levantó para desayunar un cereal, luego de bañarse y vestirse bajó al sótano por su carro, un mustang rojo convertible (siempre le había gustado ese carro, a pesar de que Fabiola no era muy fan de ellos, por eso ella se había decidido por el hibrido, pero no pensaba así cuando paseaban con la capota abajo por la ciudad) y se dirigió a la oficina de Paris. Llevaba a Ludovika pues aún no se atrevía a dejarla sola.
—aquí tengo la propuesta — Paris le dio una carpeta apenas entró por la puerta — revísalo y me dices que piensas, aunque creo que es bueno. Quien es esa preciosura? — mientras Luisa leía la propuesta Paris jugaba con Ludovika.
—tú solo estas interesado en el dinero, no quiero anunciar tantos productos, no me gusta tanta publicidad, ya te lo he dicho — dijo en tono molesto.
—la publicidad es buena, no la rechaces a la primera.
—pero ya son varios productos, los tenis,  el refresco, la marca de ropa,  incluso un teléfono, mejor este lo dejamos pasar —puso la carpeta sobre el escritorio.
—no podemos rechazarlos.
—porque no?
—la oferta es muy tentadora.
—eso dijiste de los demás productos.
—es que este es muy bueno en verdad — la agarró del brazo para hacerla verlo a la cara.
—no, mejor no, con los demás basta.
—no, como que no, necesitamos más publicidad.
—MAS? — casi gritó — pero si ya es demasiada.
—no creo que sea demasiada.
—tú no, yo sí, mejor no.
—pero…
-pero nada, querían que representara a toda la compañía, no solo un producto — se quedó mirándola y soltó un gran suspiro.
—pero… está bien — al fin se dio por vencido — les diré que siempre no quisimos — dijo resignado.

Manejó de vuelta al apartamento y al llegar decidió ir a correr, por lo que se puso unos leggins deportivos negros que le llegaban abajito de la rodilla, una camiseta tipo polo morada, los tenis y un rompe vientos negro. Agarró su iPhone de la mesita de la estancia (donde casi siempre estaba) y se dirigió al elevador bajándose en el lobby del edificio. El parque Stanley estaba a 15 minutos, por lo que se fue caminando y una vez ahí corrió 10 km. No creía que en ese ratito le pasara algo a Ludovika, además le serviría para que se fuera acostumbrando a estar solita y portarse bien, aunque para eso habría que educarla, pero pensó que Fabiola seria quien se encargaría de eso, ella no tenía la menor idea de cómo hacerlo.
El camino de regreso lo hizo trotando lentamente, debió de haber ido al club deportivo para entrenar, pero le pareció que con esa corrida que acababa de hacer sería suficiente para no cansarse demasiado.
Al estar como a cinco minutos para llegar al edificio Thomas le marcó al celular.
—que pasa contigo, porque no viniste a entrenar?
—no quería estar demasiado cansada mañana — estaba algo agitada, había bajado la velocidad pero no se había detenido  — pero si corrí 10 km.
—menos mal que no estuviste de floja, para la otra avísame que no vendrás  en eso empezó a llover.
—si te avisaba no lo hubieras permitido.
—bueno, mañana llega como dos horas antes, ok? No quiero contratiempos ni nada, ya deja de correr que empezó a llover y no quisiera que te enfermes.
—ok, ahí estaré, bye — llegó al apartamento y se metió a bañar. Después fue a la cocina para contemplar el interior del refri y tratar de ver que comía, no era buena cocinando, eso siempre se le dio mejor a Fabiola por lo que al final abrió una lata de atún, le puso algo de mayonesa y zanahoria rallada y apio picado y lo sirvió en un plato, sirvió un poco de coca y fue a la estancia a comerlo mientras veía la tele. No encontraba nada interesante que ver hasta que se topó con un capítulo de criminal minds, era repetido pero igual y lo vio. Después de estar sentada un rato creyó escuchar su celular pero no estaba muy segura, lo escuchaba lejos. Lo buscó por el sillón pero no lo encontró, se levantó y fue a buscarlo en el cuarto, pero al entrar se tropezó con los tenis que había dejado a mitad del cuarto y cayó sobre su mano derecha, sintiendo el dolor en la muñeca.
—estoy por llamar a Héctor Grant — dijo Paris cuando contestó — estás segura de que no queremos esta propuesta, verdad?
—si… completamente… demonios.
qué te pasa? — su tono sonó preocupado de pronto.
—me caí… sobre la muñeca…
en serió? Cuando?
—no, solo estoy jugando… claro que es en serió… me caí ahorita, justo antes de contestarte.
—como te caíste?… Thomas va a matarme.
—me tropecé con los tenis.
esa costumbre tuya de dejar todo tirado por ahí.
—y tu como sabes?
Thomas se queja que siempre lo haces… no te lastimaste?
—no sé, me duele un poco pero creo que es el golpe.
iré por ti para llevarte al hospital, no quiero riesgos.
—no, no creo que me haya lastimado, de todos modos me pondré hielo.
—estás segura? Si quieres puedo mandar a Thomas a que te revise.
—sí, de verdad.
—ok… entonces… de verdad no quieres que le llame?
תsegura, nos vemos mañana, ok?
—ok, ponte algo más que hielo.
—lo prometo, bye — era raro que Paris se preocupara por algo, pero tratándose de alguna lesión de Luisa lo hacía en verdad, y casi peor que Thomas y Fabiola, aunque Luisa pensara que era por interés, Paris de verdad apreciaba mucho a Luisa y se preocupaba por ella genuinamente cuando algo le pasaba.
Cuando colgaron, fue directo a la cocina y llenó una bolsita ziploc con hielo, la acomodó alrededor de su muñeca lo mejor que pudo y se sentó frente a la tele. Al principio sentía que el hielo le quemaba pero una vez adormecida la muñeca pudo soportarlo.
Al derretirse el hielo fue a la cocina tirar la bolsita en la basura pero en eso llegó Fabiola encontrándola ahí.
que haces tú en la cocina? — preguntó con asombro.
—tirando… esto — le enseñó la ziploc.
—que había ahí?
—hielo — la miró desconcertada — me… caí y me lastime la muñeca, me puse hielo — le mostró la mano y su muñeca estaba aún roja por el hielo.
—ay princesa, déjame ver, te duele?
—ya no — movió la muñeca de Luisa en círculos pero ella ya no sentía tanto dolor.
—de todos modos te pondré algo, déjame ver que tenemos — buscó en un cajo de abajo enseguida del refri y sacó un tubo de crema con desinflamatorio — ven, solo iré por algo para cubrirte y te arreglo — la llevó hasta el cuarto y la sentó en la cama — no puedo dejarte sola — dijo sonriéndole — si no haces alguna travesura, te lastimas.
—no es cierto, esto fue un accidente — también le sonreía algo apenada mientras le untaba el des inflamatorio.
—segura? — miró alrededor del cuarto y vio los tenis atravesados — te tropezaste con los tenis? — casi era una afirmación.
—no…
—no, como voy a creer eso, verdad? — empezó a enredarle una venda y le apretó en el primer giro — ves, por eso no debes de ser tan desordenada.
—prometo poner más atención la próxima vez.
—en lugar de recoger tus cosas y ponerlas en su lugar — dijo moviendo su cabeza de un lado a otro — por cierto, no le hiciste nada a Ludovika?
—no, está en el balcón.
—sana y salva? — Luisa asintió sonriente — ok.
—se me había olvidado reclamarte — la miró acusantemente en cuanto recordó algo — dijiste que te escaparías del laboratorio para ir al juego, pero tú los sábados no vas a trabajar — Fabiola solo le sonreía. Le terminó de poner la venda y la agarró de la mano para llevarla a la cocina.
—que comiste? — preguntó tratando de cambiar de tema.
—atún — sonrió y no le reclamó más. Se sentó en unos de los bancos de la barra que había en la cocina — pero no me lo comí — dijo señalando la mesa de la estancia de la entrada, Fabiola se puso pensativa pues había pensado hacer una ensalada de atún.
—ok, cómelo entonces — Luisa la miró entrecerrando los ojos no?
—no, mejor mañana.
—entonces pollo será.
—no tuviste mucho trabajo? No quieres que mejor pidamos algo o salgamos?
—no princesa, prefiero cocinar — le pellizcó el cachete izquierdo sonriéndole.
—de verdad? A mí no me importa salir.
—ya sé, si dependiera de ti, viviríamos ordenando o cenando fuera — le dio unos golpecitos en la frente con una cuchara — además a mí me gusta cocinar — cerró la discusión y sacó un paquete con pechugas de pollo del refri. Luisa la ayudó con las verduras (que en realidad solo las bajó del congelador y las cuidó en el sartén).
Terminando de cenar, Fabiola ayudó a Luisa a meter los platos al lavavajillas por miedo de que terminara quebrándolos todos y una vez que los platos estaban dentro se sentaron a ver la tele un rato en la estancia, pero más que verla Fabiola le platicaba como había estado su día. Estaba algo frustrada con un químico que trabajaba con ella, ya que era demasiado terco y, según creía, estaba creando conflictos entre los demás en el laboratorio y no sabía si despedirlo o qué hacer con él, Luisa se limitó a decirle que lo despidiera, pero solo como sugerencia, al final ella sabría qué hacer. A Luisa no le gustaba opinar sobre su trabajo ya que no entendía mucho y prefería mantenerse al margen, después Fabiola le preguntó que había hecho, le platicó a grandes rasgos y siguieron con cosas sin importancia. Luego fueron al cuarto y se metieron en la cama, Fabiola la abrazó por la espalda y se quedaron dormidas.

Luisa se despertó al escuchar el despertador a las seis y media de la mañana. Quería quedarse en la cama un rato más, pero sabía que si lo hacía se le haría tarde. Sin más remedio se levantó apesadumbrada y se dirigió al baño. Abrió la regadera, entró y estuvo solo ahí parada debajo del agua aun medio dormida, pero Fabiola sabiendo que podría estar pasando, entró, dio unos golpecitos en el cancel para que volteara a verla.
—es mejor dormir ahí que en la cama?
—el agua está muy rica y no lo pude evitar — dijo sonriéndole.
—y planeas quedarte ahí toda la mañana?
—eso había pensado pero luego recordé el partido — Fabiola le sonrió.
—no piensas ir a jugar entonces?
—sí, creo que sí.
—como amaneciste de la muñeca?
—pues, ya no me duele — dijo levantando la mano y mirándola. Fabiola abrió el cancel y agarró su mano para asegurarse de que no estuviera lesionada sin importarle mucho que se salpicara con el agua cayendo — no quieres acompañarme? — le preguntó Luisa y ella sonrió pensando en la proposición.
—si quiero princesa, pero si lo hago se te va a hacer tarde y lo lamentarás — sacó fuerzas de donde pudo para resistirse.
—no, no lo creo — seguía sonriéndole maliciosamente.
—cuando volvamos entramos al jacuzzi, te parece? — le propuso guiñándole un ojo y cerrando el cancel.
—es una promesa — gritó cuando Fabiola salía del baño.
Luego de que Luisa terminara entró Fabiola y luego desayunaron juntas, faltaban quince minutos para las nueve y Thomas le había dicho a Luisa que llegara dos horas antes al club deportivo.
—no se te hace tarde?
—si — se levantó de la barra de la cocina al mirar el reloj del microondas.
—como pierdes el tiempo — dijo más para sí que para ella.
Fue al baño casi corriendo a lavarse los dientes, tomó su maleta y le dio una revisada rápida por si le faltaba algo y se dirigió a la puerta.
—vas a ir? — le preguntó al abrir la puerta.
—claro… ahí estaré — dijo con una gran sonrisa.
Bajó hasta el sótano y puso su maleta en la cajuela del convertible rojo y se dirigió al club deportivo. Estaba a 25 minutos de su apartamento y evidentemente no llegaría a las nueve por lo que la llamada de Thomas no se hizo esperar.
—dónde estás? Porque me pones nervioso a propósito?
—se me hizo un poquito tarde pero ya voy para allá.
—quiero que estés aquí ya, te estoy esperando en el estacionamiento.
—pero el partido es a las once, cálmate aún hay tiempo suficiente.
—no puedo calmarme, me acaba de hablar Paris y me dijo que te habías lastimado la muñeca.
—ese chismoso… le dije que no era nada, Fab… me puse un desinflamatorio ayer y amanecí muy bien, sin dolor ni nada — se puso nerviosa por ese momento de descuido que había tenido al casi mencionar el nombre de su novia.
—no importa, quiero revisarla y asegurarme personalmente que no tienes nada — Thomas no se había dado cuenta de nada por estar con la preocupación de que se haya podido lastimar.
—ok — dijo más calmada al ver que se había puesto nerviosa por nada — ya casi llego.
—aquí estoy esperándote.
Llegando al estacionamiento del club deportivo Thomas la esperaba, justo como había dicho cruzado de brazos.
—enséñame la muñeca — le dijo abriendo la puerta del convertible. Luisa se la mostró sin bajarse del carro — porque no me hablaste en cuanto pasó? — estaba molesto y preocupado.
—porque no sentí que me hubiera lastimado, me puse hielo y el desinflamatorio.
—y no te duele, ni nada?
—no.
—bájate, vamos adentro — Luisa abrió la cajuela y Thomas sacó su maleta y la llevó por ella.
La llevó directo a la enfermería donde prosiguió con su revisión lo mejor que podía en ese momento. Movía la muñeca de Luisa en círculos, justo como Fabiola había hecho la noche anterior, pero él además agarró la raqueta de la maleta de Luisa y se la dio.
—extiende tu brazo y sostén la raqueta — lo hizo y parecía que no había problemas — ok, ahora haz círculos con la raqueta — hizo lo que le decía solo que ahora, al girarla en contra de las manecillas del reloj, sintió una punzada — te dolió? — preguntó algo preocupado.
—no… fue más una punzada solamente — la vio con reproche, sabía que podía estar lesionada.
—no creo que debas jugar hoy — se quedó observándola pensativo — hagamos unos ejercicios de calentamiento para ver qué tal te sientes — le dijo no muy convencido.
Los ejercicios que Thomas le había puesto parecían que lograban su cometido, pero Thomas aún estaba dudando en dejarla jugar. En eso llegó Paris, también algo preocupado.
—qué pasó? se lesionó?
—creo… aunque con estos ejercicios de calentamiento parecer ir todo bien — el semblante de Thomas era el mismo que el de Paris y por esta vez, Luisa pensó que tal vez su manager estaba realmente preocupado por ella — qué opinas? — le preguntó Thomas, Luisa solo se limitaba a observarlos.
—es tu decisión, lo que sea que decidas, te apoyo.
—tu cómo te sientes? — quiso saber Thomas tomándolo en cuenta por fin.
—a mí no me duele.
—puedes jugar? — ella asintió.
—siempre puedo usar la otra mano — ambos soltaron una risita.
—bueno, en cuanto sientas el menor dolor o punzada o algo nos retiramos, ok? — Luisa asintió de nuevo, Thomas le puso una muñequera para asegurarla  y los tres se dirigieron a la cancha.

Fabiola salió del apartamento después de asegurarse de que Ludovika tenía agua en su plato, ya había comido y como estaba haciéndole horario su próxima comida seria hasta la noche, debía buscar tiempo para entrenarla, sabía que si se lo dejaba a Luisa la perrita crecería desordenadamente.
Bajó al sótano para subir a su carro y dirigirse al club deportivo, no le gustaba mucho que Luisa y ella tuvieran vidas separadas, pero no podía hacer nada, Luisa no quería anunciarlo (o más bien no podía) y ella no quería presionarla con eso, sin importar que de vez en cuando ella dijera que no le molestaba, en el fondo sabía que eso no era cierto. Luisa ya había renunciado a mucho por ella y nunca se lo había echado en cara así que no haría algo que sabía que la afectaría sin importar cuanto lo deseara.
Al llegar al club deportivo buscó sentarse no muy cerca de la cancha, en las gradas ya empezaba a acumularse gente y la oponente de Luisa estaba ya en su banca sacando su raqueta de la maleta, acababa de llegar también. Las dos empezaron a calentar y practicar sus saques y después de unos minutos, el árbitro principal les marcó que el juego empezaría.
—no te aguantes el dolor — le dijo Thomas desde las gradas gesticulando bastante obvio, ella solo le asintió.
Las dos jugadoras fueron a su respectivo lado de la cancha para comenzar el partido. Las gradas habían acumulado más gente, aunque no estaba lleno, si era considerable la gente que había ido al partido.
Luisa empezó sirviendo, no sintió nada en la muñeca, aunque no la sentía tan fuerte como siempre y se notaba en sus saques, como no tenía fuerza al servir, tendría que jugar los puntos a ganar.
Iba arriba con los primeros cinco juegos del primer set contra tres de su contrincante y al iniciar el otro juego empezó a sentir que la muñeca no respondía del todo como ella quería, al forzarla en uno de sus servicios la movió mal y a consecuencia de eso, se lastimó, provocándole un dolor que hizo que frunciera el ceño dándole a saber a Thomas lo que pasaba. Pero ella decidió no hacerle mucho caso y continuó jugando, gran error. Como no podía mover demasiado la muñeca sin ocasionarse dolor empezó a perder el control de la bola y a perder puntos, lo cual resultó muy evidente, lo que aprovechó su oponente para tratar de alcanzarla en el marcador, llevándolo a cinco juegos cada una dejándolas empatadas. Ya había empezado a jugar solo con la mano izquierda prácticamente, Thomas quería sacarla pero ella le hacía señas para que no lo hiciera y jugó como si fuera zurda, solo que involuntariamente cambiaba a la derecha y eso provocaba que se lastimara, y por ende, se ocasionaba más dolor. Es cuando Thomas decide ignorarla y avisa que se retirara del juego, perdiendo automáticamente y dándole el pase a la siguiente ronda a su rival.
—mejor dejemos pasar este torneo, en dos meses es el abierto de EU y no quiero que te lesiones de mas — dijo Thomas en cuanto salieron de la cancha como restándole importancia a ese torneo. Luisa, con ayuda de Thomas, recoge sus cosas y los dos se encaminan al estacionamiento seguidos de Paris, y en el camino suena el celular de Luisa, era Fabiola.
—estas bien?
—sí, solo vamos al hospital para que Thomas se asegure que no es nada serió — dijo en un tono burlón más para Thomas que para ella — dónde estás?
—saliendo al estacionamiento… justo detrás de ti de hecho — no podía voltear a pesar de querer hacerlo.
—ven, vamos al hospital.
—no, mejor te espero en casa, seguro que Ludovika está deseando que lleguemos — Luisa creyó notar que trataba de disimular su decepción por su tono de voz, y así era, pero Fabiola jamás se lo haría saber.
—segura? — se detuvo dudando y Thomas le hacía señas impaciente parea que siguiera caminando.
—sí… segura, ve, serian demasiadas explicaciones — Fabiola trató de no darle importancia al asunto.
—pero...
no, de verdad Lulú, te espero en casa — la interrumpió e inmediatamente después colgó para no darle oportunidad a decirle más.

Fabiola  fue a dar una vuelta por la ciudad al salir del club deportivo, buscaba que llevar para cenar pero después pensó que lo más probable seria que Luisa llegara tarde y sin hambre. Compró una hamburguesa y se la llevó al apartamento para comerla ahí, pero apenas y la mordisqueó.
Estaba sentada en la estancia frente a la pantalla, solo mirando su celular tentada a marcarle, pero sabía que era muy probable que fuera Thomas o Paris quien contestara, no se sentía celosa porque ellos estuvieran con ella, era de suya y de nadie más y era quien podía recorrer su cuerpo con sus labios, aun así, deseaba estar con Luisa en esos momentos y saber cómo estaba.
No se atormentaría más con eso, prendió la laptop y se puso a trabajar y después de un rato se puso la pijama, se metió en la cama y siguió tecleando en la laptop esperando que Luisa llegara y la sacara de su monótona tarde. Aun, al solo verla, Luisa podía hacer que todos sus problemas desaparecieran.

En el hospital, Thomas se encargó de que ingresaran a Luisa a radiografía lo más pronto posible. El doctor Jackson la examinó meticulosamente y diagnosticó un esguince grado II, lo cual llevó a enyesar la muñeca y parte de la mano para evitar que la moviera. Le informaron a Thomas que por un mínimo de tres semanas tendría que tener el yeso, continuando con inmovilizaciones de forma intermitente por otras tres semanas, luego Luisa comenzó a quejarse de mucho dolor y el doctor le dio un sedante algo fuerte y luego les dio una receta para ibuprofeno. Thomas le preguntó al doctor a solas si al dejar la mano completamente inmóvil podría recuperarse más rápido, le dio la opción de usar corticoides para acelerar la recuperación, pero también le dijo que eso podría provocar artrosis y Thomas no quiso arriesgarse más y prefirió dejar las cosas así.
Saliendo del hospital Thomas le dijo a Paris que el la llevaría a su casa y Paris aprovechó para ir a una cita con Cristina, ya le había cancelado pero corrió para alcanzarla.
—mañana tu amiga… Fabiola puede ayudarte con tu carro — le dijo a Luisa cuando iban de camino. Luisa sintió una punzada en el estómago, a pesar de ir algo atontada por los medicamentos que le habían dado — seguro tu no podrás manejar — le sonrió para quitarle la tensión al ambiente que había creado cuando mencionó a Fabiola, pero Luisa se había quedado en silencio un buen tramo del camino hasta que Thomas decidió romperlo.
—Luisa, tu sabes que no solo soy tu entrenador — ella escondía la cara de Thomas mirando por la ventana — y si no me quieres decir que pasa con… tu vida, está bien, probablemente no me he ganado tu confianza como quisiera — no decía nada ni movió la cabeza — pero quiero que sepas que tú siempre serás la misma para mí y siempre seré tu amigo incondicional, sin importar nada — Luisa no cambiaba su actitud y Thomas no sabía si le había parecido mal que le dijera todo eso, pero él no podía seguir haciendo como si no supiera nada, o al menos lo que sospechaba que pasaba con Luisa.
—no es que no te quiera decir — dijo por fin sin dejar de ver la ventana y Thomas se relajó un poco al escuchar su voz — es solo que…
—tranquila — dijo poniendo su mano sobre su rodilla — no me tienes que decir nada en este momento, esperare a que estés lista — Luisa giró la cabeza por fin para verlo y le medio sonrió, y él le sonrió de vuelta y siguió manejando hasta el apartamento de Luisa dejándola en la puerta.
—segura que puedes tu desde aquí? Estas algo… mareada — dijo sonriéndole y conteniendo una risita.
—sí, segura — Thomas se despidió de ella dándole un fuerte abrazo y se fue.

Fabiola la estaba recostada en la cama con la tele prendida y la laptop en las piernas cuando Luisa entró buscándola.
—que te dijeron? — preguntó dejando la laptop de lado al verla y levantándose para acercarse a ella mientras, Luisa se sentaba sobre la cama para quitarse los tenis torpemente.
—me esquincé la muñeca — le mostró el yeso — tengo que usarlo por tres semanas… y luego otras tres semanas.
—o sea que al final si te lastimaste ayer?
—pues sí… y con el peso de la raqueta y el golpeteo de la bola de hoy me la lastimé más.
—pobrecita — se acercó junto a ella — y te duele mucho? — dijo sosteniéndole la muñeca con cuidado.
—ya no — sacó una bolsita que contenía la receta y las pastillas que le había dado el doctor.
—y con estas te pusiste así? — le dijo sonriéndole.
—no, esas fueron otras, estas son las que deberé tomar — dijo señalando torpemente la receta que sostenía Fabiola en la mano.
—que suertuda, seguro te dieron de las buenas, con razón tienes la mirada como perdida.
—ahh, es que las tomé con un poco de vino.
—no, creo que es por las pastillas — dijo en tono de seriedad fingida — Thomas jamás te dejaría hacer eso.
En eso, Luisa se levantó de la cama para ponerse la pijama pero tropezó y casi cae sobre la muñeca recién enyesada en la cama, pero Fabiola la alcanzó a detener — si sin estar drogada te tropiezas con todo, ahora que si estas, corremos peligro no solo tú, si no quien este a tu alrededor — dijo riéndose y Luisa le respondió con un leve pellizco en el brazo — perdón, las cosas se ponen en tu camino.
Fabiola la ayudó a desvestirse y ponerse la pijama, incluso le quitó los lentes de contacto y una vez que las dos entraron en la cama Fabiola le dio el control de la tele (aunque Luisa no tenía muchas ganas de verla) y ella siguió con su laptop. Después de un rato de estar cambiándole a todos los canales Luisa pensó que sería mejor decirle a Fabiola lo que tenía rondándole en la mente desde la tarde.
—estas muy ocupada?
para ti nunca — dijo mientras seguía tecleando — necesitas algo? — volteó a verla.
—no, es solo que… de verdad no te molestó? — la intención de Luisa era poner cara de lamento por interrumpirla, pero con las drogas que le habían dado (y por la cara que le hizo Fabiola,) Luisa no sabía exactamente qué expresión tenia.
—no — dijo sonriéndole y poniendo su mano sobre el cachete de Luisa — dime que tienes en mente — cerró la laptop.
—en la tarde, cuando estaba en el estacionamiento camino al hospital con Thomas… — trató de sentarse en la cama, pero con la muñeca lastimada no logró mucho y optó mejor por permanecer sobre las almohadas — es molesto para ti… no… no poder ir? — se quedó en silencio y Luisa no sabía que pensaba — tú quieres decirlo.
—eso no tiene importancia — dijo después de unos segundos — ya te lo dije — tenía un tono serió.
—sí, pero esta tarde… por primera vez vi el problema de no hacerlo — puso una expresión de confusión — yo quería que fueras… y parecía que tú también querías ir… de saberse no hubiera habido inconveniente — se quedó muy seria, pensativa — si quieres lo decimos — Luisa tenía problemas para enfocar bien y Fabiola lo notaba.
—mira Lulú, ya te lo dije antes — seguía sonando seria — decirlo para mí no es ningún problema y para ti sí, y sí, me gustaría mucho gritárselo a todo el mundo, pero yo no soy una figura pública como tú. No podría hacer algo que te perjudique así.
—sí pero…
—no princesa, eso es algo que no me perjudica en nada — dijo interrumpiéndola — así que…
—pero es que… — Fabiola puso dos dedos sobre los labios de Luisa para callarla.
—parece que las pastillas aun te están haciendo efecto — dijo sonriéndole — duérmete ya mejor.
—pero…
—no sería capaz de pedirte que hagas de nuevo un sacrificio tan grande… sé que no podrías soportar la presión pública — se reclinó sobre Luisa y la acomodó lo mejor que pudo en la cama  arropándola, como lo hacía a veces que se enfermaba —  porque después de estos años aun sigues pensando en eso? — Luisa solo se encogió de hombros – duérmete princesa… iré a traerte las pastillas.
—ya me las tome.
—cuando?
—hace rato, cuando llegaba.
—con razón tienes esos ojos de loca — solo sonrió. Terminó de acomodarla en la cama, le besó la frente y apagó la tele
—se lo diré a Thomas.
—quieres decirle? — trató de disimular su sonrisa. Luis asintió — no tienes que hacerlo — la besó luego se quedó dormida casi de inmediato. Fabiola la escuchó roncar y sonrió. No esperaba que lo hiciera pero la determinación con que lo dijo le bastó. Abrió la laptop de nuevo y siguió trabajando en ella pero solo por un rato, después decidió que ese ronroneo de Luisa la llevara con Morfeo, donde ella estaba.

Luisa se despertó cuando la luz del sol que se colaba por la ventana le empezó a dar de lleno en la cara y comenzó a moverse por la cama, mientras tanto, Fabiola seguía durmiendo.
—te vas a marear — le dijo Fabiola con voz ronca después de que Luisa estuviera moviéndose mucho y al fin la despertara.
—creí que estabas dormida.
—estaba, pero me despertaste… ya pasó el efecto o por eso sigues dando vueltas? — dijo sentándose en la cama.
—ya, pero me siento pesada, cansada… — seguía acostada boca arriba, totalmente desparramada.
—es el efecto de las pastillas que te dieron… y las que te tomaste.
—podemos quedarnos en la cama?… por todo lo que queda de vida.
—podríamos, pero que pasará cuando tengas algún juego? Thomas te buscara por cielo mar y tierra — Luisa recordó lo que le había dicho Thomas cuando la traía del hospital el día anterior y se quedó algo seria, lo que no pasó desapercibido para Fabiola, solo que ella pensaba que era por lo que le había dicho, aunque creía que existía la posibilidad de que no lo recordara — que pasa, porque pusiste esa cara?
—por nada, es que me siento algo aletargada.
—tienes hambre? quieres desayunar?
—no, mejor quedémonos otro ratito aquí — dijo moviéndose y recostándose sobre su hombro izquierdo.
—ok — se acomodó acostándose sobre su hombro derecho, para quedar frente a frente con Luisa, y Luisa empezó a pasar su dedo índice sobre su nariz — porque de pronto empezó a preocuparte que yo quisiera anunciarlo? — le preguntó de pronto.
—por nada — Luisa detuvo su dedo en la punta de la nariz haciendo círculos pequeños, Fabiola sabía que mentía y Luisa lo sabía — porque… no sé, de pronto lo pensé… cuando me dijiste que querías decirle a la gente que escuchabas en los partidos.
—pero no te lo dije por que quisiera decirlo, solo lo dije porque a veces pienso que sería genial hacerlo, pero solo por presumir que era yo la dueña de tus sexys labios. Era más por presumida que por otra cosa, ya no pienses en eso.
—pero…— Fabiola presionó su dedo sobre sus labios, ella había olvidado que le había dicho que le diría a Thomas.
-mejor vamos a desayunar, creo que se te bajó el azúcar y por eso estas así — se levantó de la cama, la rodeó y la levantó en peso — vamos, te prepararé waffles — Luisa puso una gran sonrisa en sus labios y la siguió a la cocina — abre la puerta a Ludovika por favor.
—sabes? ayer me dejaste una promesa inconclusa — le dijo mientras Fabiola sacaba los waffles congelados del refri.
—no podíamos hacer eso, en el estado en el que estabas hubiéramos corrido el riesgo de que te ahogaras — le dijo con una enorme sonrisa en la cara.
—tu pudiste estar debajo mío cuidándome… o sobre… o a un lado — Fabiola le dio con la palma en el brazo sonriendo cuando estuvo a su lado.
—ya veremos que sucede.
Luisa empezó a servir café para Fabiola y leche para ella en la barra y en eso Fabiola lleva los primero waffles a la barra y los sirve abrazando a Luisa por la espalda al mismo tiempo que le besaba el cuello. Luisa se voltea para quedar frente a ella y Fabiola la besó en los labios tiernamente, luego los besos se hicieron más apasionados, pero el teléfono del apartamento sonó en ese instante.
—que oportuno el que llama, tengo malos recuerdos del celular sonando — se quejó Fabiola y fue a contestar mientras Luisa reía.
Era Thomas, Fabiola le llevó el teléfono a la cocina a Luisa y terminó con los demás waffles.
—bueno.
-hola, te marqué para saber cómo amaneciste — dijo Thomas — pero estoy suponiendo que bien, no? — trataba de hacerse el gracioso.
—creo que en este momento no me caes bien Thomas — no le había funcionado muy bien.
—tranquila Luisa que no lo hago para molestarte.
—eso pareciera.
mira — dijo en tono más serió — ya te lo dije, no tienes de que preocuparte conmigo — Fabiola la miró desconcertada, nunca la había oído hablarle en ese tono a Thomas.
—ok… — seguía con su tono serió — estoy bien.
—bueno, mañana nos vemos? — le preguntó temeroso de que en verdad la hubiera molestado.
—mmm, bueno…
mañana te marco entonces, bye — le colgó antes que dijera alguna excusa.
—estas enojada con Thomas? — preguntó Fabiola en cuanto colgó.
—no.
—entonces? — la miró interrogante.
—no pasa nada — sabía que Fabiola no dejaría el tema de lado tan fácilmente, era algo sobreprotectora con ella, lo cual no le molestaba en absoluto, de hecho le gustaba, pero por la forma de ser de Luisa, a veces no le gustaba decirle algunos malos entendidos que tenía, ya sea con Thomas o Paris, no por no decirle, si no por evitar darle vueltas al mismo asunto una y otra vez. Siempre había sido muy reservada con sus cosas, Fabiola había logrado que se abriera más, pero aun no del todo. Luisa le sonrió — en verdad, es solo un… pequeño mal entendido que tenemos — Fabiola siempre sabia cuando Luisa mentía, volvía a preguntarse si lo había olvidado.
—eso no es cierto, estabas muy seria con él… como si estuvieras molesta — o incomoda, pensó Luisa.
—si… bueno, no, no me siento muy a gusto con lo que piensa hacer estas tres semanas, me matara corriendo por toda la ciudad y no quiero — muy pocas veces Luisa lograba engañar a Fabiola (y no es que lo hiciera muy a menudo, pero Luisa sabía que Fabiola tampoco le contaba todo lo que pasaba en su trabajo, y cuando llegaba a sentir la necesidad de ocultarle algo lo hacía) y, al dejar de mirarla como si quisiera atravesarla, Luisa supo que esta había sido una de esas veces.
—pues estas lastimada, deberás decirle que ahora es cuando te tiene que consentir — pasó sus manos por su cintura y la guió hasta uno de los bancos para que se sentara.
—eso probablemente funcionaría si me hubiera lastimado el tobillo o la rodilla… aunque probablemente si pueda hacerlo las primeras tres semanas, por lo de la inmovilidad — le sonrió y Fabiola a ella y siguieron desayunando.

Ese día estuvieron en la estancia viendo tele o jugando con Ludovika. A Luisa se le había olvidado lo del jacuzzi y estaba ensimismada pensando en que es exactamente lo que le diría a Thomas. Mientras tanto, Fabiola estaba trabajando en su laptop pero de pronto se dio cuenta de que Luisa estaba en otro planeta, solo que no sabía si seguir presionándola. Por el momento había optado que el efecto de las pastillas no estuviera tan reciente. De cualquier modo, Fabiola sabia como hacer que le dijera todo aunque ella no se diera cuenta de que terminaba haciéndolo, solo que esta vez estaba un tanto impaciente.
—porque estas molesta con Thomas? — le preguntó después de un buen rato de estar sentadas en el sillón frente a la tele sin poder esperar más, a pesar de que había decidido lo contrario.
—porque… me dijo unas cosas — dijo después de unos segundos soltando un suspiro, al fin cedía.
—qué cosas? — Fabiola seguía tecleando en la laptop mientras le preguntaba, como si no fuera nada de lo que hablaban, sabía que eso ayudaba a Luisa a que le dijera.
—no tiene caso que te diga — se levantó del sillón mientras se lo decía — además, no estoy molesta con él — fue a la cocina y agarró una botella de agua del refri.
—y entonces? — Luisa volvió a suspirar.
—no lo vas a dejar de lado verdad?
—no — volteó a verla. Luisa caminó de nuevo hacia la estancia y se sentó junto a Fabiola, quien la miraba expectante.
—ok…cuando Thomas me traía del hospital… — en ese momento sonó el teléfono, ambas voltearon a verlo y luego se vieron mutuamente — salvada por la campana — le dijo a Fabiola sonriendo y se levantó a contestar, era del laboratorio.
—no te escaparas tan fácilmente — le dijo al agarrar el teléfono.
Al parecer había alguna emergencia y le llevó bastante tiempo terminar la llamada.
Luisa mientras tanto, empezó a deambular por la casa, se bañó (con bastantes problemas), buscó en el refri algo de comer sin éxito, se sentó de nuevo junto a Fabiola a ver la tele para luego levantarse de nuevo. Ludovika la había seguido como podía con su tamañito por todo ese caminar que hizo por el apartamento, y por fin colgó Fabiola.
—lo siento — le dijo levantándose del sillón — hicieron un desastre con unas muestras y hubo que tratarlas con un método especifico y tuve que seguirlos paso a paso — se recargó sobre Luisa, quien estaba recargada con los codos sobre la barra por sobre un banco — tengo hambre — Luisa asintió — salgamos a comer, me baño rápido.
—tú que si puedes — le dijo en tono sarcástico.
—si me hubieras esperado te hubiera ayudado — le guiñó un ojo.
—probablemente no saldríamos hasta muy tarde si lo hubiera hecho.
—bueno, entonces…?
—digamos que lo juntamos con la deuda del jacuzzi   dijo con una gran sonrisa recordándolo de pronto.
—ok — Fabiola le sonrió también y la besó — me baño y nos vamos, ok? — fue al cuarto y se metió a bañar y una vez que estuvo lista bajaron al sótano — olvidé mis llaves dijo Fabiola buscándolas en su bolso.
—espera — la detuvo Luisa cuando se encaminaba de nuevo al elevador — traigo las mías.
—pero no puedes manejar — le quitó las llaves — manejare yo y esta vez escogeré yo el restaurant.
—a dónde vamos?
—wings? — después de pensarlo un par de segundos asintió — caminemos entonces, no esta tan lejos.
—vamos en skytrain mejor — subieron al lobby se dirigieron a la estación de stadium, se bajaron una estación más allá, en granville, y de ahí caminaron calle abajo hasta el restaurant.

Fabiola ordenó cinco onzas de alitas Lousiana sweet y Luisa (que no podía comer nada picante pues no lo soportaba) escogió unas de honey garlic, ambas ordenaron el aderezo ranch, Luisa pidió una coca y Fabiola sprite.
—no deberías de tomar tanta coca — le dijo Fabiola cuando el mesero se fue.
—me gusta mucho.
—ya lo sé, pero eso no le quita lo mala que es.
—algún vicio debía de tener, no? — Fabiola sonrió derrotada, no la convencería para dejarla, sabía que no lo lograría. De postre Luisa quiso chocolate chunk cookie a la’mode y Fabiola un baked apple crisp (Luisa tenia por debilidad el chocolate, aunque cuando comía demasiado solía terminar vomitando de lo agresivo que era para su estómago, pero decía que haber disfrutado algo tan delicioso valía la pena el malestar de después).
Al servirlo el mesero Luisa empezó a comer el suyo pero ocasionalmente metía su cuchara en el plato de Fabiola para probarlo.
Terminando de comer, Fabiola pidió un Martini girls nite out y Luisa pidió whiskey con agua y estuvieron ahí bastante tiempo, lo suficiente para ordenar dos tragos más cada una.
Al salir del restaurant decidieron pasear por granville st., ya estaba completamente obscuro y la calle estaba iluminada por los diferentes locales que había ahí. Mientras pasaban enfrente del caprice sonó el celular de Luisa.
—si… no… ahora no, fíjate que no estoy nada aburrida… de verdad… tal vez otro día… ok, bye.
—quien era?
—recuerdas que te dije que un admirador tuyo me dijo que eras muy guapa? — ella asintió — era él — terminó juntando los labios hacia dentro y tratando de sonreírle así.
—entonces mi admirador no era si consiguió tu teléfono — había un dejo de reclamo que Luisa creyó escuchar.
—después de admirarte y decir que eras muy guapa… guapa e inteligente, a lo cual estuve completamente de acuerdo — Luisa se colgó de su brazo izquierdo y Fabiola asintió sonriendo y derrotada tan solo con ese gesto — se presentó, Paris me marcó en ese momento y cuando guardaba el celular me lo quitó y consiguió mi número, pensé que sería un candidato perfecto para “mis citas” — siguió caminando colgada del brazo de Fabiola.
—probablemente lo sea — cedió Fabiola dejando su tono de reclamo de lado.
Fabiola no era celosa con Luisa, sabía que ella jamás la traicionaría, era más un acuerdo que tenían, Luisa salía con algunos tipos de vez en cuando pues eso la ayudaba con su imagen, incluso había salido con algún que otro tenista, pero ella no dejaba que llegara a nada serió, Fabiola rara vez sentía celos de eso y cuando llegaba sentirlos eran mínimos, los cuales Luisa se encargaba de desaparecer.
Caminaron un rato más y después decidieron volver a casa, se pusieron las pijamas y se metieron en la cama a ver tele, Fabiola estaba boca arriba y Luisa estaba sobre la mitad de su cuerpo del lado derecho. De pronto, terminó jugando con el pecho derecho de Fabiola por sobre la pijama, la tele no le llamaba mucho la atención. Batalló un poco con su mano inmóvil hasta que consiguió lo que quería. Fabiola la agarró del codo y la acostó sobre la espalda para quedar como Luisa había estado sobre ella y jugar, ahora ella con sus dos pechos mientras Luisa se las ingenió para meter su mano buena debajo de la blusa de la pijama de Fabiola hasta lograr pasarla por sobre su cabeza, el reflejo de la luz de la tele provocaba sombras sobre los pechos de Luisa y entonces ella se puso a jugar con sus manos provocando nuevas sombras y provocando también a Fabiola. Luego ella desnudó a Luisa pasando sus labios por todo su cuerpo y cuando subió de nuevo besando su hombro Luisa consiguió quitarle la pijama a ella también. Luego Fabiola bajaba por en medio de sus pechos dejando un camino de besos hasta llegar a su ombligo donde le dio pequeños mordiscos alrededor mientras sus manos seguían el tramo más abajo, a su entrepierna.
Al terminar, Luisa usaba a Fabiola de colchón mientras ella acariciaba el pelo de Luisa hasta que las dos se quedaron dormidas.

Luisa despertó y se dio cuenta que Fabiola no estaba en la cama, pero le había dejado una nota donde le recordaba que no se le olvidara tomarse las pastillas y que esperaba que no tuviera tanto dolor durante ese día, también decía que volvería por la noche aunque trataría de salir temprano. Eso pasaba cuando no tenía torneos o entrenamientos, solo la esperaba todo el día.
Mientras paseaba por el apartamento buscando en que entretenerse su celular sonó, lo buscó en la mesa de la estanca frente a la pantalla y lo alcanzó a contestar en el último momento. Era París, quien le hablaba para decirle que debían ir a comer con “los cuatro” de la compañía del jugo, querían realizar un último intento por convencerla. Paris sabía que no podía manejar muy bien y pasó por ella a la una.
Fueron a un restaurant que quedaba en robson st., matoi sushi, estaba muy cerca de donde ella vivía y llegaron muy rápido. “Los cuatro” ya estaban esperándolos, se disculparon por la demora y ordenaron. El lugar era tranquilo, por lo que se prestó muy bien para lo que los llevaba ahí, negocios. “Los cuatro” empezaron a plantearles la nueva propuesta y al final de la presentación Luisa seguía sin estar muy convencida, al contrario de Paris que estaba muy entusiasmado. Ella solo  les dijo que lo pensarían muy seriamente (aunque sabía que la rechazaría de antemano) y les harían llegar la respuesta, no es que lo que ofrecían no era atractivo, es solo que no quería hacer el comercial. “Los cuatro” se despidieron de ellos y al quedarse solos le dijo a Paris que no lo haría, no quería ser imagen de otro producto. Paris accedió a desechar la propuesta  a regañadientes pues esta vez Luisa estaba inflexible.


Fabiola aún no había llegado cuando Luisa volvió y en ese momento deseó que debería de pasar menos tiempo en el laboratorio, incluso pensó en la manera de decírselo, pero no se le ocurrió una buena idea sin que sonara a reclamo por lo que mejor se sentó a ver la tele en la estancia y esperar a que regresara mientras Ludovika jugaba con sus pies.