Lejos de Aqui
viernes, 26 de noviembre de 2021
lunes, 22 de agosto de 2016
EPILOGO
Había estado todo el día
en la oficina por razones que ni siquiera tenían que ver con ella pero al fin
iba de camino a su casa. Manejaba más despacio de lo que acostumbraba, estaba
cansada y lo que quería era llegar ya y dejarse caer en la cama, pero iba
posponiendo el momento de su encuentro, a veces la abrumaba con tanto afecto
que le daba. Daba vueltas por la ciudad esperando que al llegar Morfeo hubiera
llegado antes que ella a su casa.
Luisa pensó que lo había
conseguido al entrar y encontrar todo a obscuras. Entró a la cocina y se tomó
una pastilla para el dolor de cabeza y de ahí fue hacia el cuarto dispuesta a
dormir hasta que el mundo se acabara.
La cama estaba vacía, lo
que se le hizo raro. No era que Morfeo hubiera llegado primero, es que el
apartamento estaba solo, por eso la obscuridad. Entró al baño a quitarse los
lentes, se puso la pijama y fue a perderse en la cama.
—preciosa, ya llegué — le
dice su esposo al entrar al cuarto y hace por entrar a la cama — como te fue
hoy? — no puede creer que estuvo a punto de lograrlo.
—bien — contesta sonriéndole
sosamente — a ti?
—también pero moría por
llegar y encontrarte despierta y besarte — se le acerca y, uniendo la acción a
la palabra, la besa — casi no te vi en el club.
—estuve todo el día con
Paris.
—está tratando de robarme
a mi esposita?
—solo me usa para atraer
más clientes, pero me resulta muy cansado a veces.
—bueno, descansa — dijo
con algo de decepción. Había estado esperando todo el día para verla y
estrecharla en sus brazos y solo tuvo que conformarse con besarla — esperemos y
mañana te deje descansar.
—tengo que ir de nuevo
mañana pero quisiera mejor escaparme.
—entonces te llevaré a la
playa.
—no tienes que ir al club?
—me escaparé por ti —
Luisa le sonrió pensando rápido en una mentira.
—no te preocupes, le diré
a Cinthia que me acompañe ella, creo que está aquí.
—segura? No me importaría
hacerlo yo.
—sí, iremos tu y yo,
después — volvió a besarla y ella se durmió rápidamente.
El pato se despertó antes
que Luisa. Se levantó sigilosamente y salió de la cama dándole un leve beso en la
frente. Ella ni cuenta se dio de eso y apenas despertó le mandó un mensaje a
Paris diciéndole que estaba indispuesta y no podría ir por un par de días. Su
llamada no tardó y le inventó algún malestar. Después de mucho estar peleando
por eso, él al final cedió de mala gana.
Cada vez que Luisa le
hablaba a Cinthia ella corría a su lado desde donde estuviera, y esta vez no
fue la excepción, solo que ahora lo haría desde México, había tocado la mala
suerte que no estaba en Vancouver en ese momento.
Siempre había sido muy
protectora con ella, pero hacia cinco años que lo era de más.
Luisa se iría adelantando
a Victoria. Cuando Cinthia llegó no lo hizo sola, Sergio iba con ella, lo que
fue una agradable sorpresa para Luisa, hacía mucho que no lo veía.
A el aún le gustaba mucho
Fabiola pero hacia mucho que había perdido esperanzas.
Una vez que estuvieron los
tres juntos fueron a cenar y ponerse al corriente de lo que pasaba. Cinthia
sabía que Luisa quería escaparse de su realidad, la mayoría de las veces que lo
hacia la llamaba para eso (cuando no se iba sola), pero con Sergio ahí no
tendría mucha oportunidad de saber que le pasaba.
—el otro día vi que Thomas
subió una foto de Dany, está muy grande ya —
trataba de preguntar cosas sin importancias para que no llegaran a donde
no querían.
—sí, es como si creciera
casi todos los días.
—lo ves a diario — Luisa negó.
—es el pato quien lo ve más. Thomas lo
lleva con regularidad al club, yo casi ya no voy.
—es muy parecido a él, de verdad que es
suyo — Luisa medio sonrió.
—no has visto a Fabiola? —
preguntó de pronto Sergio. Hacía mucho que no le preguntaba por ella y eso la
tomó por sorpresa. Afortunadamente Cinthia estaba ahí y pudo salir en su ayuda.
—no puede ser que aun
preguntes por ella — trataba de atraer la atención de Sergio, Luisa había
colgado la cara hasta el suelo.
—jamás dejare de hacerlo,
fue la única que se me escapó.
—volverás a acosarla
entonces?
—dejare que sola venga a
buscarme.
—eres un tonto, lo sabias?
— parecía que había funcionado. La veía de reojo y estaba cabizbaja con su
mirada triste, aun no podía escuchar su nombre sin que le afectara.
—sí, lo sabía, pero eso no
te molesto antes.
—no que tú supieras.
—admítelo, sin mi morirías
de aburrimiento.
—no lo haría — Sergio le
sacó la lengua y la discusión terminó.
—tu esposo nos alcanzara?
— no lo escuchó. Cinthia tuvo que darle un leve golpecito en la pierna para que
reaccionara.
—qué pasa?
—el pato, vendrá?
—no, tiene compromisos en
el club.
—bueno, seremos los tres
solamente, mejor así, no es que me caiga mal, pero te robo de mí y eso no se lo
perdonare — logró que Luisa sonriera.
Ahora sería tarea de
Cinthia que no se deprimiera si no quería que Sergio empezara con sus preguntas
de niño de 4 años acerca de por qué Fabiola y ella ya no eran amigas, o lo que
Sergio no sabía, novias.
lunes, 25 de julio de 2016
CAPITULO XI
Al volver a su apartamento Fabiola se sentía más triste
que nunca. Luisa acababa de decirle que
existía la posibilidad de que ya no sintiera lo mismo por ella y eso
hizo que todo su mundo se le viniera encima. Todo lo que había hecho hasta ese
momento no valía la pena para ella, estaba a punto de perder a Luisa, esta vez,
para siempre. No importaba que ella hubiera decidido no volver a su vida, ese
reencuentro había avivado sus esperanzas, y ahora estaba muriendo y era
horrible, no sabía cómo podría superar esto. Luisa estaba recordando lo que
había pasado entre ellas, pero parecía que no era suficiente con eso, le había
dicho que tal vez ya no sintiera lo mismo por ella. Parecía que Luisa había
dejado de amarla, los recuerdos volvieron, pero el amor que solía tenerle no, las
dudas de Luisa estaban matando a Fabiola.
Ludovika se acercó a ella reclamándole por su falta de
interés en esos días, Fabiola quiso levantarla, pero Ludovika no se dejó,
estaba enojada con ella.
—solo eso me faltaba — dijo en voz alta conteniendo las lágrimas
— que tú tampoco quieras nada conmigo — Fabiola bajó la mano llamándola, la
perrita se hizo de rogar un poco, pero después corrió hacia ella dejándose consentir.
Lo sabía, la había estado ignorando los últimos días que había estado siendo rechazada.
Román no soportaba ver a su amiga con ese estado de ánimo
tan decaído, tenía la tristeza dibujada en la cara. Así que una tarde decidió
llevársela a comer a la fuerza y sacarla del ambiente del laboratorio. La llevó
al italian kitchen y, estando ahí, trató de convencerla de que volviera a salir
con David, pero Fabiola se negó y él no pudo convencerla de lo contrario y rindiéndose
decidió cambiar de tema.
—ya tengo a un sospechoso — Fabiola lo miró confundida —
el problema de fuga que tenemos… en el laboratorio.
—sí, si… es cierto… como va eso?
—pues, fuera de que me lo dejaste todo a mí, ya tengo un
sospechoso.
—perdona… es que tengo unas… cosas en la cabeza.
—si puedo verlo — dijo en tono sarcástico.
—bueno, y quién es?
—Miguel… de investigación.
—ahh si, si, se quién es… es él?
—es lo más probable, estamos revisando sus cuentas y
demás… solo estamos esperando confirmación.
—pueden revisar sus cuentas?
—el jefe lo autorizó.
—y que dijo de que te dejé solo?
—no te preocupes, te cubrí la espalda y le dije que lo
hicimos entre los dos — ella le sonrió, pero borró esa sonrisa rápidamente — me
debes una, y no creas que no me cobraré.
—lo sé — dijo en tono pensativo.
—me dirás que es lo que pasa contigo — Fabiola no le dijo
nada, solo lo miró a la cara — no te preocupes, ahora no quiero saberlo, pero
pronto, ok?
—ok.
—presentarme a tu amiga podría ser una buena forma.
—si pudiera lo haría — dijo sin ánimos.
—algún día lo harás?
—espero que si — no insistió más. Sabía que debían estar
peleadas porque tenían algo que no se veían, no quiso presionar más y le siguió
platicando cómo fue que llegó a la conclusión de que era Miguel el soplón.
Fabiola lo escuchaba, pero solo eso, apenas si había tocado su plato. De pronto
alcanzó a ver a Luisa en una mesa con alguien (justo como la vez que la había
visto con Ulises) pero no alcanzaba a ver quién era.
—qué te pasa? — Román la sacó de su ensimismamiento — de
pronto pareciera como si hubieras visto un fantasma.
—nada — contestó apenas, pero él no le creyó. Siguió su
mirada y se dio cuenta de a quien veía.
—no es tu amiga?
—sí, si es — contestó sombríamente, seguía observándola,
parecía que estaba contenta, le sonreía a su compañero, aunque Fabiola creyó ver
que era su sonrisa falsa, no podía estar segura por la distancia.
—con quien está?
—no lo sé — contestaba
distraídamente.
—parece que es ese tenista… Kenny Scott, no?
—puede ser… no lo veo bien.
—oye, es tu oportunidad perfecta para presentármela, o
siguen distanciadas? — las palabras salieron sin que pudiera evitarlo, había
decidido no presionarla más y a las primeras de cambio ahí estaba el,
preguntándole precisamente eso.
—estamos distanciadas — dijo secamente, eso era más fácil
de explicar que la verdad.
—por qué? Qué pasó? — jamás había sacado algo de ella tan
fácil y pensó en probar suerte.
—problemas.
—es por lo que sospecho, verdad?
—no podrías estar más alejado de la verdad Román.
—bueno, espero y resuelvas todo con ella, y me la
presentes — le sonrió y paró su interrogatorio — a ver si me animo a ir más
tarde, pero deberías de volver a salir con ella, eras más feliz cuando tú y
ella eran amigas — Fabiola solo lo miró. Él tenía toda la razón, pero ahora no
podía hacer nada al respecto para volver a estar con ella, ya lo había
intentado y había fracasado.
***
Luisa realmente disfrutaba mucho al salir con Kenny,
incluso se la pasaba mucho mejor con él que con Ulises. Aun así, sentía que no
llegarían muy lejos, era la misma sensación que tenía con todos los demás que
había salido (lo que le había dado la fama que tenía ante la prensa).
Un tipo se acerca a ellos de pronto interrumpiéndolos y
tomándola desprevenida, parecía un poco nervioso, se le hizo algo familiar pero
no presto mucha atención a eso.
—hola, lamento interrumpir, podrías darme tu autógrafo? —
dijo el tipo mientras le daba una hoja y una pluma.
—claro que si — contestó Luisa con la misma sonrisa con
la que le sonreía a Kenny.
—muchas gracias, me encanta como juegas, ojala te
recuperes pronto.
—sí, gracias — se puso roja al ver como la miraba Kenny
sonriente.
—porque te sonrojaste? No debería darte pena — le dijo en
cuanto el tipo se fue.
—sí, pero no me gusta mucho la atención publica
—lo sé — dijo sonriente — pero por qué?
—no sé, no me gusta ser el centro de atención, ni que
fuera artista o algo así — en eso se fijó en el tipo que le había pedido el
autógrafo y vio donde estaba sentado y con quien.
Al ver a Fabiola sintió como si un cubetazo de agua
helada cayera sobre ella. La estaba observando y, por unos segundos, estuvieron
cruzando miradas, hasta que Luisa reaccionó y le sonrió levemente saludándola
pero volteando si mirada rápidamente. Fabiola no esperaba eso y trató de
sonreírle igual, pero sus labios apenas dibujaron un semicírculo hacia arriba. Luego,
Luisa volteó su mirada hacia Kenny y fingió que le interesaba lo que él le
decía. Román se dio cuenta de todo lo que había pasado entre las dos.
—creí que habías dicho que estaban distanciadas.
—fuiste tú el que lo dijo.
—y tú lo confirmaste. Si se llevan bien, me habrías
ahorrado la pena de ir a pedirle el autógrafo.
—lo siento — el ánimo de Fabiola (ya de por si decaído)
logró llegar más allá del suelo — prometo que te compensare — aunque no sabía
si podría cumplir esa promesa.
Terminaron de comer (Fabiola ni siquiera probó bocado) y
salieron del lugar, y cuando lo hacían, Luisa les sonrió a los dos sin saber
siquiera por qué.
—porque fue que pelearon? — preguntó de pronto Román — tú
y ella eran muy amigas, que pasó?
—digamos que nos separamos por algún tiempo y… las cosas
no volvieron a ser las mismas.
—pues deberías volver a buscarla.
—si — sonrió con tristeza — trataré.
Román acompañó la acompañó a su apartamento. Sabía que
estaba triste, probablemente por desamor, pero ella no le decía nada, él solo
quería ayudarla, pero ella no se lo permitía.
—sabes? Un día me tendrás que contar quien es quien te hace
sentir esa tristeza — le dijo al dejarla en la puerta del edificio — lo pondré
en su lugar.
—un día… a lo mejor — se despidieron y ella entró al
edificio.
En el elevador, recordaba a Luisa riendo en el restaurant
con ese jugador. No era su sonrisa falsa, ella la había olvidado, no había nada
más que hacer, como en el juego de cartas, el ganador se lleva todo y el perdedor
se tiene que retirar, y ella había perdido. Entró en el apartamento y, sin
prender ninguna luz, se dejó caer en el sillón sin poder contener las lágrimas.
La sra. Dalia hacia mucho rato que se había ido y solo Ludovika la recibió. Se
le acercó y se subió a sus piernas. Solo ella la acompañaba cuando estaba a
solas en su apartamento sumida en la tristeza. La había perdido para siempre.
Habían pasado unos días después del encuentro que había
tenido con Fabiola y Luisa aún estaba enojada por lo que le habían hecho ella y
Thomas, incluso Cinthia.
Con Thomas no estaba tan enojada realmente, pero si
estaba resentida. Aunque Thomas no dejaba que lo alejara de ella, si estaba
algo seria con él. Y Cinthia, porque se lo había ocultado? No, podía
entenderlo. Pero su orgullo le decía que ella también era culpable y debía
estar enojada con ella, sin importar cuantas llamadas le hiciera al día, le
había mentido y ocultado todo. Sabía que no tardaba en personificarse frente a
su puerta, pero por el momento, prefería evitarla.
Thomas llevaba a Luisa de su revisión con el doctor y
decidió dar una vuelta por la ciudad antes de llegar al apartamento. Iban
pasando por la calle granville y se
detuvo en un semáforo. Luisa miraba distraída por la ventana, cuando de pronto
vio a Fabiola sentada en un Starbucks, estaba con alguien, pero Luisa no la
conocía.
—se llama Angélica — dijo de pronto Thomas tomándola
desprevenida. Luisa solo volteó y arrugó la nariz, casi imperceptiblemente, que
de no haberla estado viendo, lo habría pasado por alto. Volvió a mirarlas y en
eso, ve como Fabiola le sonríe a Angélica. No era una sonrisa hermosa, sus ojos
estaban tristes, pero aun así, supo que estaba perdida. La sonrisa de Fabiola
la había conquistado, y de pronto, recordó que, precisamente esa sonrisa, siempre
la había tenido cautivada. Y recordó entonces que era la sonrisa más hermosa
del planeta, a pesar de que no tenía nada de especial, era una sonrisa normal,
como la de cualquiera, pero a ella le gustaba y cada vez que sonreía, Luisa se
enamoraba más de ella. Su enojo de pronto había desaparecido con tan solo verla
sonreír. Thomas arrancó al cambiar el semáforo a verde y Luisa sonrió para sí
derrotada. Y como para terminar de rematarla, en el radio ponen una canción del
recuerdo, fly away from here. Más
cosas volvieron a su memoria y en ese momento tomó una decisión.
Unas horas después de haber llegado al apartamento, su
memoria había estado volviendo casi por completo. Cuando eso pasó, le dijo a
Thomas que la llevara a verla.
Angélica había llevado a Fabiola al Starbucks para
sacarla del encierro en el que se había puesto desde que viera a Luisa en el
restaurant con el otro jugador. Al volver al apartamento, Angélica pensó que el
humor de Fabiola había mejorado un poco, pero solo un poco, con eso se conformó
por el momento, ella le había contado que era definitivo que Luisa jamás la
perdonaría.
Fabiola cerró la puerta al irse Angélica y se dejó caer
en el sillón, como había tenido por costumbre los últimos días, y sin poderlo
evitar, las lágrimas salieron de nuevo de sus ojos sin darle oportunidad a
nada. Esta vez la sra. Dalia estaba ahí, la consoló diciéndole que todo se
resolvería pero ella solo le decía que jamás volverían a estar juntas. La dejó
un poco más calmada cuando se fue, lo hizo sin mucha convicción pero Fabiola le
dijo que todo estaría bien.
Cuando estuvo de nuevo sola volvió a soltar el llanto y
durante un buen rato estuvo en el sillón sin poder controlarse, hasta que lo
logró, pero no se levantó, se quedó ahí recostada, hasta que el cansancio casi
la había vencido, cuando escuchó que tocaban la puerta. Primero pensó que lo
había imaginado, pero luego escuchó que de nuevo tocaban y Ludovika se quería
volver loca ladrándole a la puerta. Se levantó en peso y se talló los ojos de
camino a la puerta, pero como estaba obscuro, y no se preocupó por verse en un
espejo, no se dio cuenta del desastre de ojos que llevaba por haber estado
llorando. El corazón de Fabiola quiso salírsele del pecho al ver a Luisa de pie
frente a ella.
***
Luisa tocó la puerta del apartamento con la mano
temblorosa. Tenía la cabeza inclinada mirando el suelo, no podía levantarla,
estaba recargada en las muletas y solo escuchaba que ladraba la perrita de Fabiola
detrás de la puerta. Cuando sintió la mirada de Fabiola al abrir la puerta,
levantó la cara y se dio cuenta que tenía los ojos rojos, y creyó que un poco
hinchados. Se quedaron viéndose la una a la otra a los ojos en silencio, hasta
que Luisa reaccionó dando un paso, pero por los nervios que sentía, y sumado a
eso las muletas, dio un tropezón. Fabiola reaccionó rápidamente y la alcanzó a
sostener en sus brazos, quedando sus caras muy cerca la una de la otra.
Ludovika saltaba a los pies de Luisa exigiendo su atención, pero ella ya ni la
escuchaba, estaba perdida en el olor de Fabiola, y eso, la hizo estremecerse. Fabiola
lo notó y acercó su cara lentamente a la de ella sin animarse a besarla.
—me dijiste que estarías conmigo por siempre — dijo Luisa
con voz temblorosa. Ella solo asintió y, por fin, junto sus labios con los de
ella. Después de un par de segundos, Luisa abrió un poco la boca y correspondió
ese beso y la abrazó más fuerte, apretando su cuerpo contra el de ella temiendo
que tan solo fuera un sueño — y me dejaste.
—fue un caso extremo. En ninguna otra situación lo habría
hecho, créeme por favor — entonces Luisa soltó las muletas dejándolas caer al
piso (y casi golpeando a Ludovika) y pasó sus brazos alrededor de su cuello.
—te amo — dijo Luisa sin separar sus labios — como el día
en que me llevaste a no sé dónde, con no sé quién, a que te sacaran de mi mente
— Fabiola soltó una risita pero llorando al mismo tiempo. Luisa, la que nunca
expresa sus sentimientos y se los guarda para ella, estaba diciéndole que la
amaba — no ha cambiado nada.
—al verte riendo con él en el restaurant pensé que te
había perdido, que habías dejado de quererme.
—estaba enojada — Fabiola rió de nuevo mientras las lágrimas
seguían rodando por su cara — aun lo estoy — le limpio las lágrimas con su
mano.
—lo sé.
—pero gracias a una estúpida canción no pude contenerme
más y recordé todo, o casi todo… esta me la vas a pagar.
—lo sé… siempre y cuando estés a mi lado, no me importa pagar
el precio — la abrazó aún más fuerte y la jaló dentro del apartamento. Entre
tropezones, llegaron al sillón, casi pisando a Ludovika, quien aún exigía
atención de ambas. Fabiola no quería soltarla, sus labios querían recuperar el
tiempo perdido, las dos sentían que si se separaban, aunque fuera un instante, podrían
separarse de nuevo.
Fabiola empezó a recorrer sus manos por la espalda de Luisa
para lograr deshacerse de su blusa, y ella a su vez trató de hacer lo mismo,
pero sus manos no cooperaban mucho, estaba nerviosa, por lo que decidió dejarlo
para después y pasó a su pantalón, solo que este tampoco se lo hizo fácil. Como
pudo se lo desabrochó, pero solo eso consiguió, Fabiola no la dejo seguir,
cuando menos pensó, ya le había quitado la blusa sin tanto problema como ella
había tenido, estaba con el short, pero al tratar de quitárselo, la férula que tenía
en la pierna, lo complicó todo.
—espera… espera, no quiero lastimarte — Fabiola hizo
acopio de toda su fuerza para poder detenerse mientras que Luisa la miró algo
confundida — la rodilla, no quiero lastimarte y provocar retrasar tu regreso al
juego.
—voy a retirarme — le dijo sonriendo.
—por qué? — preguntó sin creerlo. Ludovika saltó en eso a
las piernas de Luisa y ella, por fin, le prestó atención acariciándola, aunque
con algunas reservas.
—me he lastimado muchas veces.
—pero no es tan grave, puedes recuperarte fácilmente — la
respiración de Fabiola estaba entrecortada.
—no, tú lo dijiste — la miró confundida — no es la
primera vez que me la lastimo. Además, la muñeca y el tobillo también los tengo
lesionados, no creo que aguante mucho sin lastimarme de nuevo.
—pero… tu…
—ya jugué lo suficiente.
—estás segura?
—como que estoy aquí — Fabiola sonrió y el corazón de Luisa
empezó a saltarle en el pecho — además ya no es lo mismo… ya no me parece tan
divertido jugar como antes, eso y que ya estoy algo grande — Fabiola la besó de
nuevo y la abrazó con fuerza, no quería dejarla ir. Ludovika quedó atrapada
entre las dos y se movía de un lado a otro.
—ella también te extrañó demasiado.
—yo no — dijo torciendo la boca a un lado junto con su
cabeza — ya la tenías? — preguntó algo dudosa.
—tú me la regalaste, sabias que me gustaban — la cargó y
la puso frente a su cara y luego se puso a jugar con ella estrujándola mientras
Fabiola las veía divertida.
—me la dieron a mi… una niña? — le asintió sonriente.
—que canción fue? — Luisa la miró confundida — que
canción escuchaste que te hizo recordar?
—una viejita… — la miraba confundida — de aerosmith — se
quedó pensativa un par de segundos.
—fly away from here? — Luisa le sonrió.
Fabiola estaba deseosa de recorrer su piel, apenas se podía
contener, pero puso el freno de pronto a su deseo, tenía el resto de sus días
para hacerlo, ahora lo que importaba era que ella estaba de nuevo a su lado y
aun la amaba. La abrazó de nuevo pasándose a su espalda y se recostó en el
sillón con ella sobre si, entre sus piernas, incluso Ludovika estaba de muy
buen humor.
—que fue lo que hiciste? — le preguntó Luisa de pronto.
—que hice? — la había tomado desprevenida.
—porque te viste en la necesidad de… hacer todo esto? — se
quedó en silencio sin saber que decirle. Jamás pensó en el momento en que Luisa
le preguntara por lo que había hecho y no sabía cómo responderle a eso.
—no quieres saberlo — dijo en tono triste después de unos
segundos.
—si… dime qué fue lo que hiciste que ameritara lo que me
hiciste a mí — Luisa la agarró de la mano y empezó a pasar su dedo por todo el
contorno.
—si supieras lo que hice no podrías comprenderlo — dijo
en tono pensativo — soy un monstruo —creyó escuchar un leve temblor en su voz,
pero no estaba segura.
—no Fabiola, no digas eso.
—sí, lo soy — Fabiola presionó su mano que estaba jugando
con la suya — no tienes una idea de lo que hice.
—no importa, quiero saberlo.
—¡NO! — dijo levantándose y haciendo que Luisa se sentara
provocándole un tironcito en la rodilla, ella solo frunció el ceño, pero no le
dijo nada — no soportaría que supieras eso de mí.
—pero…
—no me verías igual que lo haces ahora — la interrumpió de
golpe, su tono parecía ansioso.
—nada va a cambiar eso.
—si… lo hará, soy un monstruo y nada de lo que haga podrá
borrar eso — Luisa se volteó trabajosamente para quedar frente a frente con ella,
aunque sentada.
—podrías hacer lo que me hiciste — trató de bromear un
poco para que se relajara y lograr que le sonriera, pero no fue así.
—no mi amor… jamás quiero repetir lo que pasó… no quiero
que pienses que soy de lo peor y termines odiándome.
—pero Faby, si no lo hago después de lo que me hiciste,
no lo hare nunca… eso jamás pasara.
—créeme, lo que te hice no se compara con eso.
—pero te amo, ni siquiera el que me borraras la memoria pudo
cambiar eso.
—no sé cómo es que lo haces… no merezco que lo hagas.
—¡Fabiola! ahora creo que pecas de mártir, nada podrá
cambiar eso — estiró los brazos para que ella se acerara, lo hizo y la abrazó y
la beso en la frente — olvídalo ya, me lo dirás después, cuando estés lista, y si
nunca lo estás, no lo hagas, yo solo quiero estar contigo.
—no lo desearías si…
—¡olvídalo! — la interrumpió — no quiero saberlo si te
pondrá así, mejor llévame a dar una vuelta para que lo olvides — trató de
levantarse pero no pudo y Fabiola la ayudo. Una vez de pie, salieron del
apartamento y bajaron por el elevador al lobby y caminaron calle arriba hasta
llegar a un Starbucks junto con Ludovika.
Las cosas salían muy bien para Fabiola. Su vida estaba en
caminada a ser lo que era antes, bueno, no exactamente, ahora tenía a Angélica
en su vida. Ella se había convertido en parte importante. Con Thomas, que
aunque a regañadientes, se hicieron muy unidos, y Román e había demostrado que
era un verdadero amigo.
Por otro lado, Luisa encontró la estabilidad que no había
tenido durante ese tiempo. Fabiola era el ancla que necesitaba para dejar de
andar a la deriva, era quien la hacía feliz y completa.
Cuando la sra. Dalia supo que Luisa al fin era la de
antes no pudo evitar abrazarla fuertemente. Ella la recordaba, y ahora no tenía
que fingir que acababa de conocerla. Duraron una tarde completa sentadas en la
sala platicando y riéndose entre las dos. Fabiola estaba con ellas, pero la
parte central de esa platica eran ellas, ella solo escuchaba sonriente las
ocurrencias de las dos.
En cuanto Cinthia supo que Luisa había recuperado sus
recuerdos sus llamadas fueron más insistentes que antes pero no obtenía
respuesta. Entonces voló inmediatamente desde su país dejando incluso
compromisos pendientes. Sabía que estaría Luisa estaría enojada con ella y,
ahora que ya no tenía que guardar secretos, podía enfrentarse a Fabiola. Pero
sabía también que Luisa terminaría perdonándola, estaba completamente enamorada
de ella. Aun cuando no tenía sus recuerdos, ella podía ver que seguía en su
corazón, solo que eso no ayudó a que no estuviera furiosa con Fabiola, por su
culpa, ahora Luisa no respondía a sus llamadas.
Del aeropuerto fue directo al apartamento de Luisa, ella
no sabía que el rio ya había vuelto a su caudal y ahora estaba en su otro
apartamento. Al no encontrarla ahí volvió a marcarle con desesperación pero el
resultado no cambiaba. Hasta que contestaron, pero no era quien ella esperaba.
—si?
—quién es? Fabiola?
—Cinthia…
—te dije que pagarías muy caro lo que le habías hecho,
pero ahora soy yo la que pagando lo que le hiciste. Voy a hacer que te
arrepientas de todo — estaba gritando en el lobby del edificio — dime dónde está?
Ahora que es lo que le hiciste?
—Cinthia cálmate,
no le hice nada.
—¡POR SUPUESTO QUE SÍ, Thomas y yo fuimos los que tuvimos
que fingir que no pasaba nada cuando su vida se desmoronaba porque ella estaba
a la deriva, y ahora pretendes volver como si no hubiera sido nada lo que tuvo
que pasar?!
—sí, lo hice, no lo
niego, y ojalá puedas perdonarme por ponerte en esa posición…
—¡no puedo creer que me estés pidiendo eso, ella me está
evadiendo, y todo por tu culpa — la interrumpió gritando!
—lo sé, y no sabes
lo que daría porque ella no se hubiera enojado contigo pero…
—¡pero nada, tuviste tu oportunidad con ella, no vuelvas
a desbaratar su vida de nuevo, dime dónde está!
—salió un momento y
dejó su celular aquí, quieres venir? — se quedó callada por un momento,
Luisa y Fabiola juntas? Podría ser que hubiera doblegado su orgullo? — Cinthia?
—ella ya no está enojada, verdad? — se había calmado un
poco.
—claro que sí, pero
ya no está enfurecida. Ven, no está en este momento pero llegará más tarde.
Ella te necesita, es mejor que se arreglen cuanto antes, además… necesito
pedirte disculpas de frente.
Fabiola estaba un poco nerviosa por tener de frente a
Cinthia. Su mirada parecía que la quería matar, y no la culpaba, pero ahora
Luisa no estaba tan enojada y ellas podían arreglarse. Aun así, había
ocasionado esa pelea entre ellas y se sentía muy mal por eso.
—sé que no tengo disculpa, pero me gustaría que me
perdonaras. Yo jamás hubiera querido provocar esto, pero no tuve otra opción.
—pudiste decirle todo — dijo Cinthia con desdén.
—tu sabes que ella hubiera hecho algo, la policía,
enfrentarse al tipo ese, que se yo. Hubiera sido peor — Cinthia sabía que tenía
razón.
—ok… tienes razón, aun así…
—lo sé, y si pudiera cambiar las cosas, créeme, lo haría,
no habría perdido tanto tiempo sin ella a mi lado — el enojo de Cinthia
disminuía poco a poco, sabía que Fabiola la había pasado mal y después de todo,
lo había hecho por el bien de Luisa.
—yo solo te acepté porque ella me lo pidió.
—lo sé — Cinthia se quedó pensativa un par de segundos y
luego suspiro.
—ya te lo dije cuando la alejaste de mí una vez, y te lo
digo de nuevo, si la lastimas te voy a perseguir por todo el mundo y te voy a
asesinar — Fabiola medio sonrió.
—lo se… me perdonas entonces? — se quedó mirándola un par
de segundo y luego le sonrió y la abrazó. Fabiola no se lo esperaba, pero le
alegró que lo hiciera. Ambas se apreciaban mucho por lo que significaba cada
una para Luisa.
—si algo así vuelve a pasar dime, quizás entre las dos
encontremos una mejor solución.
—lo prometo.
Apenas había entrado Luisa al apartamento, Cinthia se
echó encima de ella sin darle oportunidad a nada. La había abrazado
aprisionando sus brazos de modo tal que no podía salir de su abrazo por más que
lo intentara. Cuando Luisa rió después de los muchos besos que Cinthia le daba
en el cachete (alguno que otro con un poco de baba), las cosas entre las dos
volvieron a ser las de antes. Fabiola las veía divertida, y sabía que Cinthia
le robaría a su princesa por todo lo que quedaba de la tarde, incluso del día
siguiente. Era demasiado tiempo para ella, pero no podía hacer mucho, sabía que
de ese modo se cobraría.
Cuando por fin se la devolvieron, Fabiola le presentó a
Angélica y le dijo dónde y cómo la había conocido, evitando mencionarle la
relación que se había desarrollado entre ellas. Luisa se comenzó a portar
distante con ella desde el principio, no era grosera con ella ni nada por el
estilo, y tampoco era muy notorio, mantenía su distancia, no sabía porque, pero
sentía que algo no le cuadraba con respecto a ella. Fabiola le dijo que todo era
producto de su imaginación y no insistió más, pero siguió comportándose igual
con ella, había algo que no le gustaba de ella con el modo que tenia de ver a
Fabiola en ocasiones, o su actitud, aunque no sabía que era exactamente.
A Thomas si le había caído bien y no entendía el
comportamiento de Luisa hacia ella, pero la conocía bien como para saber de
antemano que, a menos que ella cambiara de opinión por sí sola, no podría
persuadirla de que lo hiciera.
En ese tiempo, la rodilla de Luisa había sanado y ya no
necesitaba la férula, pero aun no volvía a la actividad física normal. Le había
dicho a Thomas que estaba pensando en retirarse, le explicó sus razones y una
de ellas era que ya no le llenaba tanto estar jugando como antes, y sumado a
eso, las lesiones que no dejaban de aparecer, así que lo mejor era dejarlo.
Después de mucho insistir y persuadirla, Thomas logró convencerla de que se
esperara por lo menos un año más para pensar mejor las cosas y probar suerte y
ver si podría ganar los cuatro torneos grandes, cosa que Luisa no creía que
pasara.
Un día, después de haber estado entrenando con Thomas en
el club, volvía al apartamento y, al entrar, no encontró a Fabiola, ni siquiera
la sra. Dalia, solo a Ludovika. Dejó sus llaves y su celular en la mesita de la
estancia y se dio cuenta que Fabiola había dejado la laptop abierta sobre ella,
entonces supuso que no tardaría. Pero luego la curiosidad se encendió automáticamente
y, sin pensarlo mucho, se sentó en el sillón frente a la laptop, con Ludovika
en brazos, y empezó a ver en lo que trabajaba Fabiola. En eso estaba cuando se
topa con un archivo llamado M. Alexander. El nombre le pareció raro y lo abrió.
Era algún tipo de diario que Fabiola había llevado, pero se le hizo algo
extraño, sabía que no escribía ningún diario. También venían algunas fórmulas en
ese archivo, lo que era un poco más extraño. Estaba atentamente leyendo, cuando
Fabiola entró al apartamento, y al verla frente a la laptop, su sonrisa se borró
de inmediato. Luisa la veía con una mirada que sintió como si la juzgara por lo
que hubiera leído y de pronto sintió pánico.
—Lulú no… que… — corrió hacia donde estaba y cerró la
laptop de golpe. Ella se levantó abruptamente dejando caer a Ludovika a sus
pies.
—quien es M. Alexander? — preguntó en tono distante.
—no es nadie — dijo Fabiola confirmando su temor — no, no
tiene nada que ver contigo…
—en verdad hiciste eso que dice ahí? — preguntó señalando
la laptop. Fabiola sintió como si le quitaran el piso, no sabía que
contestarle.
—no… si… es que…
—Fabiola — dijo en tono calmado, pero determinante — lo
hiciste?
—si — contestó después de unos segundos con las lágrimas
por salir — pero no…
—ese virus — la interrumpió de nuevo. Fabiola pensó que
la perdería, la perdería después de todo lo que había tenido que pasar para recuperarla
— es la razón por la que me borraste la memoria? — asintió lentamente — y fue
el que usaron en ese parque que mencionas ahí? — señaló la laptop de nuevo, y
de nuevo, asintió. Luego se quedó en silencio, Fabiola estaba aterrada de que
pensara que era un monstruo — M. Alexander es quien te obligó a hacerlo?
—si — contestó bajando la cabeza y sentándose en el
sillón devastada.
Luisa no le decía nada, pero ella podía sentir su mirada
sobre ella, juzgándola.
Después de unos segundos, Luisa se sentó frente a ella en
la mesita, le levantó la cara de la barbilla y le sonrió.
—era eso lo que no querías contarme cuando te pregunté
antes? — asintió aun con expresión de miedo.
—es algo horrible lo que hice, no… — Luisa puso su dedo
sobre sus labios callándola.
—tú no hiciste nada, bueno si, me borraste la memoria — dijo
guiñándole un ojo — eso aún me la debes, pero fuera de eso, no tienes nada de
que sentirte culpable, entiendo porque lo hiciste.
—pero yo hice ese virus — su expresión ahora era de
remordimiento.
—pero no porque quisieras — volvió a sonreírle — olvida
todo eso y concéntrate en compensarme por lo que me hiciste — Fabiola le sonrió
levemente y Luisa la besó tiernamente en la nariz. Era la primera vez que lo
hacía desde que habían vuelto a estar juntas, y entonces supo en ese momento,
que todo volvería a ser como antes. La besó en los labios y la agarró de las
manos levantándose para guiarla hacia el cuarto, al mismo cuarto que había sido
testigo de lo que sentían la una por la otra hacia tanto tiempo y lo sería una
vez más y esta vez para siempre.
lunes, 18 de julio de 2016
CAPITULO X
Había pasado una semana desde que Angélica besara a Fabiola
y parecía que Angélica estaba en su olvido. Había perdido la esperanza de que Fabiola
llegara a algo más con ella, pero una noche,
en que se disponía a cenar, tocaron a su puerta, era Fabiola, sus ojos
estaban algo vidriosos y rojos, había estado llorando y bebiendo.
—espero no haberte interrumpido.
—no — dijo con una gran sonrisa — por supuesto que no.
—no sabía qué hacer, estaba viendo las noticias y… — se
quedó como en pausa frente a Angélica.
—no te preocupes — dijo agarrándole la mano y jalándola
dentro de su apartamento — estaba por cenar, ven.
Fabiola se dejó guiar por Angélica, aunque aún estaba
algo reacia a dejar ir su recuerdo de Luisa, pero había pensado en eso toda la
semana, ella había dejado ir a Luisa, había borrado todo rastro de su relación
de su memoria, no podía seguir pensando que ella estaría esperándola, no lo
hacía, acababa de ver en la tele que su relación con su nuevo galán estaba muy
bien encaminada y ella debía seguir adelante, necesitaba alguien que la sacara
de esa depresión en la que se había hundido y Angélica parecía estar dispuesta
a ser esa persona.
Angélica la tomó entre sus brazos sacándola de sus
pensamientos y empezó a besarla. Fabiola, al principio no respondió, pero
después lo hizo, aunque no con mucho entusiasmo. Angélica empezó a pasar sus
manos por su espalda y Fabiola decidió seguir adelante y dejar que Angélica la
ayudara a salir de su depresión, al menos por esa noche, mañana sería otro día.
Se dejó llevar por Angélica, quien la dirigió hasta el
cuarto y, una vez ahí, empezó a pasar sus manos por todo su cuerpo. Fabiola
solo se dejaba llevar mientras que Angélica, tomándola entre sus brazos, la
llevó a la cama donde comenzó a quitarle su ropa.
Fenarda despertó algo mareada y luego, empezó a recordar
lo que había pasado la noche anterior. Vio a Angélica durmiendo junto a ella y
lo recordó. Se levantó tratando de no hacer ruido, se vistió, y se fue a su apartamento,
se bañó y luego bajó al laboratorio, y cuando entró, se relajó un poco al ver
que Angélica aún no había llegado. Fabiola decidió empezar con las tareas que
tenían que hacer cuanto antes.
Al rato, llegó Angélica con una gran sonrisa, pero Fabiola
ni siquiera volteó a verla, se quedó con las gafas de seguridad puestas sobre lo
que estaba haciendo y no le dijo nada.
—me quedé dormida — le dijo Angélica al sentarse junto a
ella — y al despertar no te vi ahí — le dijo en susurro.
—si — contestó un poco nerviosa y sin voltear a verla —
me tuve que ir.
—ok, pero debiste haberme despertado.
—no quise hacerlo — le dijo apenas — este compuesto tiene
un agente que no debería — cambió el tema rápidamente — podrías checarlo? Iré a
subir unas cosas a la laptop.
—ok — dijo Angélica un tanto desconcertada, y vio cómo se
iba sin voltearla a ver.
Fabiola entró a su oficina y tecleó en la laptop durante
un rato. No era que se arrepintiera de haber dormido con Angélica, solo la
estaba utilizando y, aunque parecía que a ella no le importaba, Fabiola se
sintió mal por eso en ese momento. Volvió con Angélica y le preguntó por lo que
le había encargado, Angélica la miraba directamente, pero Fabiola evitaba el
contacto visual con ella.
—sabes… en algún momento tendrás que dejar de lado esa
actitud — dijo Angélica de pronto.
—cual actitud? — Fabiola trató de fingir demencia
volteándola a verla y bajando su vista rápidamente poniendo su cara sobre un
microscopio.
—esa actitud en donde dejas de pretender que anoche no
pasó nada y me miras a los ojos directamente.
—no… no sé a qué te refieres, no estoy tomando ninguna
actitud — se había puesto un poco nerviosa, pero trataba de disimular.
—claro que sí, apenas y me miras… mira — le dijo agarrándola
de los hombros y dejándola frente a ella — yo sé que anoche fuiste a verme
porque estas muy triste por estar lejos de quien amas… y supongo que el whisky
que tomaste influyó más — Fabiola soltó una risita nerviosa — pero si me dejas,
yo puedo tratar de que, el tiempo que te quede aquí… que nos quede aquí, sea
menos terrible — Fabiola soltó un suspiro y volteó a verla a los ojos.
—perdona… es que al despertarme me sentí…
—como si estuvieras siendo infiel? — asintió bajando la
mirada de nuevo — no tienes por qué sentirte así… te está esperando?
—no… ni siquiera me recuerda — sintió un nudo en la
garganta. Angélica la agarró de la mano y la llevó en dirección del elevador y
entraron cuando este abrió las puertas.
—como que ni siquiera te recuerda? — le preguntó
confundida. Fabiola se dio cuenta que le había dicho demasiado.
—si… no, olvídalo — trató de bajarse del elevador presionando
cualquier botón, pero Angélica la detuvo.
—dime, que fue lo que pasó para que llegaras aquí con esa
tristeza a cuestas?
—no pasó nada — Fabiola trataba de sonar lo más convincente
posible, pero Angélica no se dejaba convencer tan fácilmente. Las puertas del
elevador se abrieron y Angélica la llevó de la mano fuera del edificio, lejos
de Irving y el malacariento.
—no podrás evitar decirme que es lo que pasó contigo, así
que dímelo de una buena vez.
—para que quieres saberlo? no tiene nada que ver contigo,
así déjalo.
—porque necesito saberlo… si no, no podré ayudarte.
—no quiero que me ayudes… solo quiero salir de aquí lo
más pronto posible — Fabiola sentía que las lágrimas querían traicionarla, pero
hizo su mejor esfuerzo por contenerlas.
—déjame ayudarte… no eres la única que está en esa
situación… aunque si pareciera que eres a la que más afectó — Fabiola la miró
un poco confundida — eres a la única que amenazaron con alguien a quien amas — no
pudo más y dejó paso libre a las lágrimas, Angélica la abrazó y la llevó a su apartamento.
Una vez dentro, se sentaron en el sillón y Fabiola soltó
el llanto que casi todas las noches la acompañaba mientras Angélica la consolaba.
—hice que le borraran la memoria — dijo por fin cuando se
hubo calmado un poco — borré todo recuerdo de mi… no sabría quién soy si me
llegara a ver.
—por qué hiciste eso?
—porque me amenazaron con… matarla — dijo saliendo de sus
brazos, con las lágrimas rodando por su cara — y no podía permitir que eso
pasara… preferí saberle con vida… aunque estuviera con alguien más.
—como sabes que esta con alguien más?
—porque lo sé… pasaron un reportaje en la tele donde
decían que estaba saliendo con alguien.
—en la tele? — Angélica estaba algo confundida.
—si… es algo así como una figura pública.
—en serió? Quién es? — Fabiola solo se quedó mirándola y
le dio una leve sonrisa — anda dime, no puedes dejarme con la duda.
—si… si puedo — le sonrió de nuevo, aunque Angélica se
dio cuenta que su mirada era triste, por lo menos parecía que recobraba un poco
de humor.
—no… no seas así de mala conmigo — se le ocurrió que
podría ser su amiga, pero desechó la idea rápidamente.
—lo siento… no puedo.
—ok — no quiso insistir más por el momento — al menos me
dejaras estar… a tu lado? — Fabiola se quedó mirándola pensativamente, hasta
que, después de unos segundos, le sonrió — eso es un sí?
—es un tal vez — Angélica le hizo un gesto de desilusión
fingida, para luego, acercar a Fabiola hacia ella y besarla. Ella no le
correspondió inmediatamente, pero después se dejó llevar y entonces Angélica la
llevó al cuarto sin dejar de besarla, pero una vez estando sobre la cama Fabiola
la detuvo.
—si no me dejas besarte entonces dime quien es tu amor — solo
le sonrió y se sentó en la cama recargándose en la cabecera — entonces?
—por qué quieres saber? — del llanto ya solo quedaba sus
ojos y nariz rojos.
—porque sí, quiero saber quién corrió con tanta suerte — Fabiola
soltó una risita aun algo reacia a decirle.
—la que corrió con suerte fui yo.
—eso es difícil de creer, anda dime — Fabiola solo la
miraba — solo quiero saber… no lo andaré divulgando por ahí… incluso si
llegamos a salir de aquí — después de unos segundos en los que Angélica la
observaba atenta y esperanzada recargada sobre sus codos, Fabiola se inclinó
sobre el buró que estaba junto a la cama suspirando, abrió el cajón y sacó un
portarretratos que le dio a Angélica — es… ella?
—si… por que la sorpresa?
—es la tenista? … Luisa Licano? — le preguntó más
sorprendida aun levantándose y quedando sobre sus piernas porque había estado
en lo cierto. Fabiola asintió mientras ella observaba la foto donde estaban las
dos con sus narices pegadas y sonriendo — jamás lo imaginé — terminó diciendo más
para ella que para Fabiola.
—ella nunca quiso que se supiera — Fabiola dijo también en
susurro.
—porque no?
—no sabe manejar la presión pública… casi nunca da
entrevistas de hecho, y cuando lo hace, es un desastre — dijo sonriendo y
Angélica vio como cambiaba su mirada al recordarla.
—sí, creo haber visto alguna foto de las dos, pero decían
que eran amigas y no sé qué… ella sale con otros tenistas, no? Y con bastantes
diría yo.
—sí, pero solo eso… es su tapadera.
—y eso no te molesta? O molestaba?
—no, sé que ella nunca me hubiera traicionado.
—cómo puedes estar tan segura?
—la conozco muy bien, se cómo reacciona ante cualquier
situación y se cómo actúa también.
—también cuando te decía que te quería nunca cambio?
siempre fue igual en su manera de hacerlo?
—Lulú no es muy de decir lo que siente, pero lo hace de
otras formas… cuando la necesité a mi lado ella estuvo ahí sin dudarlo siquiera…
dejando todo por seguirme, en ese momento supe que ella sentía lo mismo por mí.
No necesito que me diga que me quiere todo el tiempo… solo me basta ver cómo me
sonríe… y me lo demuestra.
—nunca te lo dice? — Fabiola negó — nada?
—muy pocas veces, contadas diría yo.
—y como sabes cuando algo pasa por su mente?
—se cierra cuando de sentimientos se trata… o de lo que
sea, te digo, no es muy expresiva, y puede ser hasta algo misteriosa, pero una
vez que sabes descifrarla y logras comprender como actúa, y sus reacciones, es
bastante trasparente… creo que solo su entrenador, aparte de mí, la conoce así
de bien.
—la conocen demasiado bien entonces, no? — Fabiola
asintió — eres muy afortunada… eres correspondida… pero no te molesta tener que
esconderse?
—ella me pregunto varias veces lo mismo, al principio
cuando salía con alguien, que no lo haría si me molestaba, e incluso me dijo
que lo dijéramos, pero yo no podría hacerle eso… sé que no soportaría la
presión que eso conllevaría… nunca fue buena para manejar la atención pública y
menos manejar al prensa.
—y como es que puede jugar delante del público?
—de eso se encarga su entrenador, no sé cómo se las
ingenia… nunca has visto uno de sus partidos?
—sí, de hecho sí.
—no te has fijado nunca que siempre empieza torpemente? —
le dijo sonriendo — aunque Lulú es así, muy torpe, pero cuando se adueña de la
cancha, es una excelente jugadora… nunca comprendí como era posible eso.
—que sea tan torpe y dentro de la cancha sea todo lo contrario?
— Fabiola asintió – es su territorio, probablemente sea por eso, solo ahí
destaca.
—aja… pero al momento de salir de la cancha, vuelve a ser
ella misma y cuando no se tropieza, se le caen las cosas o rompe algo — Fabiola
soltó una risita.
Angélica agarró el control de la tele y la prendió, pero
siguió observando la foto de Fabiola y Luisa.
—donde la conociste? — dijo sin levantar la vista de la
foto.
—en la escuela.
—en la… tienen la misma edad? Pero… se ve más chica.
—estas insinuando que estoy muy grande?
—no, para nada, pero… es que si se ve ella más chica.
—si — le dijo Fabiola sonriendo — y de hecho ella es
mayor que yo.
—en serió? — asintió sonriente mientras Angélica
observaba más detenidamente la foto.
—solo son dos años, pero al fin mayor, no?
—eso no lo vi venir — Angélica le devolvió la foto a Fabiola
y ella la guardó en el cajón — porque la tienes guardada ahí y no afuera?
—no necesito una foto para recordarla, y esa solo me
recuerda que ya no está conmigo, pero tampoco puedo deshacerme de ella — la
sonrisa de Fabiola se había desvanecido.
—bueno, no te preocupes, aquí estaré yo para que tu animo
no decaiga — Fabiola le sonrió, pero de nuevo, con esa sonrisa triste.
Poco a poco, Angélica fue logrando que la relación entre
ella y Fabiola creciera, aunque era una relación en la que Fabiola se refugiaba,
Angélica no se quejaba. Pasaban la mayor parte del tiempo libre juntas, eso
cuando Fabiola no se escondía en su recamara sin querer ver a nadie,
incluyéndola.
—quieres verla en un partido? — dijo Angélica entrando al
apartamento intempestivamente y encontrándola sentada en el sillón con la
laptop en sus piernas.
—en un partido? — preguntó algo confundida.
—sí, están pasando uno de sus partidos, lo vemos? — se quedó
indecisa y Angélica tomó la decisión por ella. Se sentó junto a ella y prendió
la tele con el control remoto. No era la primera vez que la veían en la tele,
pero nunca habían visto un partido completo suyo y este era en vivo.
Luisa estaba recibiendo en el primer set estando 4 juegos
iguales, si quebraba este servicio se pondría en ventaja para ganar el set. Entones
recibió el servicio y lo contestó, no había sido de los mejores tiros, pero era
lo suficiente como para mandarla al fondo, su oponente le había devuelto la
pelota y Luisa y ella empezaron un intercambio de golpes hasta que, al tratar
de alcanzar una pelota profunda, al golpearla, Luisa se resbala y cae,
quedándose sobre el césped de espaldas, la pelota no siquiera llegó a la red. Angélica
sintió como Fabiola se estremeció un poco al verla caer, pero entonces Luisa se
levantó con una sonrisa en la cara y Angélica sintió cuando se relajó.
—a veces no puede dejar de ser ella
misma ni siquiera en la cancha… su sonrisa es como de niña traviesa — le dijo Fabiola
con expresión divertida — siempre estoy hablando de ella — dijo disculpándose.
—está bien.
—pero…
—no, está bien… tu así te sientes mejor y a mí me gusta
estar contigo, no me importa que solo hables de ella, es una situación donde
todos ganan — Fabiola le sonrió y ella se acercó a besarla.
Siguieron viendo el partido mientras Angélica la veía de
reojo, estaba ensimismada en la pantalla.
—tiene un juego bastante interesante — Fabiola volteó a
verla con el ceño fruncido — sabe manejar a su oponente.
—es muy inteligente, muchísimo más que yo. Su problema es
que es muy distraída y no puede enfocarse en una cosa, pero cuando se lo
propone y se concentra, no hay nada que su cerebro no pueda resolver.
Después de ganar el primer set, Luisa iba arriba por 4
juegos a dos. Estaba sirviendo ella, lanzó la pelota golpeándola mal y, como
resultado, el servicio fue algo débil, dándole a su oponente la oportunidad de
cambiarle el juego, pero en eso, Luisa cambiando la raqueta a su mano izquierda,
y, respondiendo con tal habilidad que cualquiera diría que era zurda, logró
recuperarse. Angélica se sorprendió un poco de eso, pero al ver que Fabiola no,
no quiso quedarse con la duda.
—cambio de manos como si nada — Fabiola volteó a verla —
puede usar sus dos manos sin problemas?... Es ambidiestra?
—si — le contestó secamente Fabiola — por qué?
—no se…no es algo en lo que me hubiera dado cuenta antes.
—así ha salido de muchos aprietos, que de no serlo, no
podría contestar el golpe — entonces el comentarista menciona que ese cambio de
manos era clásico de Luisa, no había muchos tenistas que fueran ambidiestros
como ella, lo cual, justo como acaba de decir Fabiola, la sacaba de muchos
apuros como el de ese momento. Angélica volteó a ver a Fabiola y ella le
sonrió.
—tiene bonitas piernas — dijo Angélica de pronto. Nunca
lo había hecho, pero ahora que sabía que era ella su competencia, por así
decirlo, estaba observándola con lupa, fijándose en cada detalle.
—preciosas… perfectamente torneadas — le contestó mirando
la tele — y un cuerpo de diosa que envidiaría cualquier modelo, incluso tiene
el vientre plano… y su trasero, su perfecto trasero, redondito y paradito…
perfecto, me quita el aliento su trasero.
—lo sé… vi unas fotos de ella en bikini una vez — Fabiola la miró un poco
desconcertada — eran de unas vacaciones en las que estaba, vi el reportaje en
la tele… supongo que debiste de ser tú la amiga que decían iba con ella — le
sonrió.
—después de ese reportaje no pude hacerla volver a la
playa. Se enojó mucho porque le tomaron esas fotos sin que se diera cuenta…
incluso antes de borrarle la memoria hice un intento por qué fuéramos de nuevo,
pero no se dejó convencer.
—nunca posó para alguna revista?
—se lo ofrecieron muchas veces. Paris trató de
convencerla hasta el cansancio, pero ella nunca aceptó. Y le ofrecían bastante
dinero, pero nada pudo lograr que lo hiciera… supongo que seguirán ofreciéndole
contratos — en eso pasan una toma de un tipo en las gradas que observa
atentamente a Luisa.
—quien es él? ya van varias veces que lo pasan.
—es Thomas… el entrenador de Lulú.
—y con quién está? — Fabiola se quedó pensativa mientras
veía bien a quien estaba con Thomas en las gradas tratando de ubicarlo.
—supongo que… es con quien está saliendo Lulú ahora,
Sebastián creo que se llama… al parecer ya no sale con el tal Alfredo — terminó en susurro.
—es muy guapo.
—siempre conoció tipos guapos — Fabiola ahora hablaba en
tono pensativo.
—y aun así no te molestaba?
—no… ella salía con ellos, pero nunca dejaba que la
relación progresara, siempre hizo lo mismo… parece que sigue haciéndolo.
—y nunca sentiste celos… aunque fuera poquitos?
—si — sonrió al oír que tenía razón — pero no por que
saliera con ellos, bueno si, pero eso no era mucho, al contrario, incluso me
gustaba a veces.
—entonces de que sentías celos? Y que te gustaba?
—ellos querían estar con Lulú, pero era conmigo con quien
volvía corriendo todos los días… todas la noches … a mis brazos… pero sí, me
daban celos, pocos, pero me daban… ellos podían estar con ella en público… si
yo hubiera querido besarla en la calle no me lo hubiera permitido… o a lo mejor
sí, pero con recelo, volteando a todos lados para ver quien la veía… solo eso
les envidiaba.
—fuera de eso… ella te complementaba?
—completamente… no había cosa que yo no quisiera que ella
no haría por mi… excepto eso, y no había cosa que yo no hiciera por ella.
—incluso alejarla de ti — Fabiola la observó y asintió tristemente.
***
Luisa había terminado con Alfredo después de salir con él
por ocho meses, la prensa lo agregó a la lista de los caídos. Ahora había
empezado a salir con Sebastián. La prensa no lo sabía pero ya había salido con
él antes, y había vuelto a insistir tanto, que Luisa decidió darle una segunda
oportunidad. Parecía que ahora era él quien llenaba sus expectativas. Alfredo
había quedado en el olvido, a pesar de que insistió después de que ella le
dijera que todo terminaba, la prensa se enteró de eso también, lo que había
provocado que Luisa se molestará, a veces sentía que publicaban más de su vida
personal que de la profesional.
***
La relación que Angélica y Fabiola empezaron evolucionó
con el tiempo, lo mismo que el trabajo que hacían, ahora, creándolo en una
cantidad mayor, en la que Marcus Alexander les pedía. Luisa jamás dejó los
pensamientos de Fabiola. Veía sus partidos, se enteraba con quien salía y se
quedaba en silencio al ver los reportajes y bastante pensativa.
Supo por la prensa que ya no salía con Sebastián, y no
solo eso, ya habían pasado otros cuatro, y ahora estaba con el quinto. Todo ese
tiempo había pasado ya en ese lugar con estira y afloja en enfrentamientos con
Marcus Alexander presionándola para que terminara, pero ella solo le decía que
no podía acelerar las cosas de más, y el, enojado, terminaba accediendo de muy
mala gana.
La prensa siempre había hablado de Luisa acerca de su tan
seguido cambio de novios, desde antes que Fabiola se alejara. Parecía que no
quería relacionarse con nadie en formalmente, pero ahora decían que nunca
tomaba en serió a los hombres, y tan pronto se cansaba de uno, ya estaba
saliendo con otro. Algunas reporteras la defendían diciendo que hacia bien,
otros no la criticaban, pero había quienes decían que jamás sentaría cabeza con
alguien, aunque esos eran pocos, a la mayoría les caía bien y la apoyaban.
Y Angélica hacia lo que podía para levantarle el ánimo cuando
veía esos reportajes, pero a veces no lo lograba. Llevaban casi 2 años de
relación dependiente y casi 4 en ese lugar.
No había querido saber en dónde utilizarían su arma
letal, ni siquiera si ya lo había hecho, pero si una pequeña muestra que le
había preparado había ocasionado un grave desastre en ese parque aquella vez,
que pasaría ahora que era mucho más? Trataba de no pensar en eso, pero a veces,
no podía evitarlo, Marcus Alexander le había destrozado la vida y encima,
acababa también con su conciencia.
Una tarde que Fabiola estaba en su apartamento viendo la
tele recostada en la cama, Benjamín se comunicó con ella. Por suerte, Angélica
no estaba con ella en ese momento, pero no sabía cuánto tardaría en llegar.
Había decidido que sería mejor no decirle que estaba pasándole información a la
CSIS, ya no quería involucrar a más personas en esa complicada situación en la
que estaba.
—ya tenías demasiado tiempo que no te comunicabas — le
dijo en cuando abrió el comunicador y recibió su imagen.
—sí, no quería
arriesgarme a que terminaran por captar la señal, no podemos confiarnos — ella
solo asintió — tu jefe ha estado algo
quieto y nos preguntamos qué pasa.
—no lo sé, solo lo veo cuando me está presionando, pero hace
días que no se de él.
—no se encuentra en
casa?
—probablemente.
—puedes entrar a su
oficina?
—no lo creo, a menos que me llame él, no puedo ir.
—que mal… como van
con la producción.
—lo retraso lo más que puedo, pero
ya todos sospechan y, aunque no me dicen nada directamente, si me hacen
preguntas obvias.
—puedes retrasarlo
una semana más? En lo que damos tiempo que el señor Alexander haga aparición y
puedas ir a su oficina.
—haré lo que pueda — en eso, escuchó cómo se abría la
puerta del apartamento — tengo que irme, alguien viene — cerró el comunicador y
lo guardó rápidamente en su bolsa.
Angélica entró al cuarto, subió a la cama y la besó
abrazándola y desvistiéndola con cierta urgencia. Ella presentía que pronto
terminaría su estancia en esas instalaciones y por ende, su dependiente relación,
por lo que se decidió a aprovechar el tiempo que le quedara con ella. Fabiola
lo sabía, pero era su vía de escape, después lidiaría con Angélica y lo que
pasaría entre ellas y sus consecuencias, lo principal era terminar todo ahí.
Esa semana se pasó
tratando de pensar en la excusa perfecta para entrar a la oficina de Marcus
Alexander y poder enlazarse con su computadora, pero nada se le ocurría. Solo
que cuando menos lo pensó, la oportunidad perfecta se la dio el mismo Marcus
Alexander al aparecerse de pronto. Después de su ausencia, le mandó decir que
necesitaba verla. Fue a su oficina y cogió el comunicador de la bolsa, se lo
escondió entre el sacó y el pantalón y salió de prisa de su oficina ante la miraba
extrañada de Angélica, pero ella apenas y se dio cuenta de eso, se dirigió al
elevador casi corriendo y subió a la oficina del jefe.
Cuando entró a la oficina, el jefe le preguntó algo
impaciente cuánto tiempo más le tomaría terminar la producción, estaba
terminado, pero le había pedido a Angélica que no lo dijera aun. Después de
unas preguntas que no contestó, Angélica lo dejó por la paz y dijo que
guardaría el secreto unos días.
Al enterarse que faltaba poco, Marcus Alexander se mostró
un poco decepcionado, pero no la presionó demasiado, aunque moría por hacerlo,
se contuvo. Ella aprovechó el momento para conseguir lo que Benjamín le había
pedido, y una vez que consideró haberlo hecho, quiso irse rápido, no soportaba
estar frente a él, pero Marcus Alexander había decidido acompañarla al laboratorio
de vuelta, quería ver cómo iba el proceso de su petición en persona y
cerciorarse de que realmente faltaba poco.
No pudo evitar sentir un poco de nervios, pero no podía
hacer nada, así que, con el temor de que descubriera el comunicador, llegaron
juntos al laboratorio. Fueron directamente a donde estaba Angélica y, lo único
que atinó a hacer ella, fue verlos con expresión confundida.
—como va ese trabajo? — le preguntó directamente, Fabiola
movió la cabeza muy levemente y Angélica comprendió.
—bien… falta poco — contestó no muy segura.
—cuál es el contratiempo? — esta vez volteó a ver a Fabiola.
—ninguno señor… solo que no queremos apresurarnos y
provocar alguna deficiencia… en sus particularidades.
—bien… entonces avísenseme en cuanto esté listo — dio
media vuelta, avanzó unos pasos y se detuvo — sin más demoras — y siguió su
camino.
Las dos se quedaron viendo cómo se iba hasta que entró en
el elevador y sus puertas se cerraron. Fue entonces cuando Angélica la confrontó.
—por qué le dices que aún no está listo?
—nada más — le contestó de manera cortante.
—Fabiola, si se entera que le estamos mintiendo nos irá
mal.
—no te preocupes, sí se entera, seré la única
responsable.
—pero…
—Angélica, por favor, no más preguntas — ella se quedó
mirándola directamente.
—ok — dijo después de unos segundos — pero por lo menos
dime que tramas.
—no más preguntas significa eso precisamente — le dijo de
mala gana y se fue a su oficina.
Tener el comunicador consigo estaba poniéndola nerviosa y
quería ir lo más pronto posible a esconderlo. Entró a su oficina, agarró sus
cosas y se fue casi corriendo a su apartamento sin decir nada a nadie. Benjamín
se había comunicado con ella casi de inmediato de recibir los datos que le
había mandado, solo que no pudo contestar hasta que no estuvo a solas.
—parece que el
señor Alexander esta solo esperando a que le entregues lo que pide.
—pudiste ver que intenciones tiene? — el tono de Fabiola
sonaba consternado.
—si… pero tú no
debes preocuparte por eso, solo haz lo que te diga y no pienses en nada más.
—pero…
—no, solo eso debe
preocuparte, lo demás déjamelo.
—qué piensa hacer con el polvo?
—cuanto más puedes
retrasarlo? — evadió la pregunta.
—qué piensa hacer con el polvo? — no iba a dejar que no
le dijera, él guardo silencio por unos segundos.
—piensa esparcirlo
por un pueblo — le dijo al fin suspirando sin
remedio — quiere presionar al gobierno
canadiense de esa manera.
—qué pueblo?
—Fabiola, no ganas
nada torturándote así.
—solo dímelo.
—Tofino… — Fabiola
se quedó en silencio unos segundos.
—Lulú y yo fuimos una vez ahí — dijo pensativa — estuvimos
en wickaninnish inn, le dije que la llevaría de nuevo… solo quiero terminar con
esto e irme de aquí.
—aguanta, falta muy
poco — terminaron la comunicación y Fabiola guardó el comunicador en el
compartimento secreto de su bolsa. No era el lugar más seguro, pero no podía
confiar en dejarlo en el apartamento mientras ella estaba encerrada en ese laboratorio
por tantas horas.
Fue a la cocina y abrió el refri, pero en realidad no
tenía hambre, lo cerró y fue y se sentó en la estancia, prendió la tele y se
quedó sentada ahí.
Al rato escuchó que tocaban la puerta, no pensaba abrir,
pero parecía ser insistente y se levantó sin remedio. Al abrir, se topó con una
Angélica que tenía una cara de tristeza.
—no es que... no quería… pero… no se… — Fabiola la
interrumpió abrazándola tratando de consolarla. Sabía que la había tratado mal
en la mañana, y ella era quien menos debía pagar lo que le pasaba a ella —
jamás fue mi intención hacerte enojar de esa manera, discúlpame — le dijo casi suplicante.
—no, no es tu culpa, no tienes por qué disculparte,
estaba enojada desde la mañana y tu terminaste pagándomela… discúlpame tu a mí.
—pero…
—Angélica, olvida todo — la guio dentro del apartamento,
cerró la puerta y la besó en la frente. Luego fueron y se sentaron frente a la
pantalla de la estancia en el sillón.
Un rato después de estar viendo la tele, y una vez que
Angélica estuvo más tranquila, Fabiola creyó escuchar el comunicador. Se levantó
intempestivamente, agarró su bolsa y fue al cuarto cerrando la puerta tras de
sí. Benjamín le había mandado un mensaje diciéndole que pronto terminaría su
pesadilla. Guardó de nuevo el comunicador y volvió a la sala, Angélica la
miraba algo extrañada, pero no quiso preguntarle qué era lo que había pasado,
no quería arriesgarse a que le hablara de nuevo mal, prefirió irse con cautela.
—el virus esta lista — le dijo de pronto — y pronto el
jefe lo tendrá en sus manos — Fabiola solo volteó a verla con expresión algo
confundida sin saber a donde quería llegar — lo que significa que pronto
saldremos de aquí —creyó que esas serian buenas noticias, pero su tono dejaba
ver que era todo lo contrario.
—eso es lo que hemos estado esperando — dijo aun
confundida.
—tal vez tu… pero yo he estado deseando que no terminaras
nunca — Fabiola frunció el ceño sin saber que era lo que quería decirle — sé
que, en cuanto salgas de aquí… terminaras conmigo — su voz temblaba — en el
fondo siempre supe que este día llegaría, solo que no pensé que llegaría tan
rápido — Fabiola solo la miraba sin saber que decirle — en cuanto estés libre
iras a buscarla… y te olvidaras de mí.
—no voy a ir a buscarla — le dijo en tono triste,
Angélica la miró algo desconcertada — no sabe quién soy… ella no me recuerda.
—si — le dijo aguantado las lágrimas — es cierto… pero
aprovecharas la oportunidad de volver a estar con ella.
—no… no puedo volver a su vida como si nada…
—porque no? solo haces que te recuerde y listo.
—no es tan fácil… ella siguió su vida… sin mí.
—entonces… que pasara? — le preguntó un poco esperanzada,
Fabiola tardó unos segundos en contestarle.
—no lo sé — dijo al fin — no sé qué va a pasar — también
su voz temblaba. No se había puesto a pensar en lo que haría saliendo de ese
lugar, hasta que Angélica se lo preguntó.
—no piensas buscarla entonces? — quiso saber, aunque en
el fondo sabía que terminaría con ella.
—no… cuando tomé la decisión de borrar su memoria, lo
hice por su bien… y para siempre, no sabría cómo llegar y enfrentarla — unas lágrimas
rodaron por su cara.
—pero no piensas seguir conmigo — dijo en susurro, estaba
afirmándolo. Fabiola no le dijo nada inmediatamente, se tomó su tiempo para
organizar lo que pensaba.
—no — le dijo por fin y ella sintió una puñalada en el
corazón — no puedo seguir haciéndote eso.
—pero a mi…
—no — la interrumpió — estamos aquí encerradas las dos,
pero en el mundo real, solo estaría perjudicándote… además, no puedo seguir
recargándome en ti, no sería justo… nunca lo fue.
—pero a mí no me importa, nunca me ha importado… tú lo
sabes, yo solo quería estar contigo, aunque la amaras a ella.
—no Angélica, no podría seguir haciéndote eso… no debí
hacerte eso nunca. Perdóname.
—no tengo nada que perdonarte — dijo bajando la mirada —
me hiciste feliz este tiempo y con eso quedo en deuda contigo.
—no… no pienses así… me ayudaste a poder sobrellevar este
infierno y, de no haber sido por ti, no lo hubiera logrado, pero no puedo
seguir dañandote. Debemos terminar.
—no quiero que termine — Angélica agarró sus manos entre
las suyas — no quiero que me dejes, si no vas a buscarla por que terminar lo que
para las dos fue algo bueno?
—créeme… es lo mejor… aunque por el momento no lo creas —vio
como las lágrimas rodaban por su cara, soltó una de sus manos y se las limpió,
pero Angélica volvió a tomarla apretándola contra su cachete, llevándola hasta
su boca y dándole un largo beso.
—no tiene por qué ser ahora… aun no volvemos al mundo
real — Fabiola soltó un largo suspiro.
—por que seguir, si sabes que terminará?
—lo he sabido desde que comenzó.
—y aun así lo hiciste?
—si… siempre supe que yo solo era alguien de quien te
sostenías, pero tú para mi fuiste lo mejor que me ha pasado, eres lo mejor que
me ha pasado. Yo te amo Fabiola.
—no me digas eso, por favor — dijo levantándose — me
haces sentir la peor de las personas.
—bueno, jamás serás alguien como Marcus Alexander — apenas
le sonrió. Angélica se levantó y la abrazó por la espalda y empezó a buscar sus
labios recorriendo su cuello. Se resistió al principio, pero terminó cediendo a
sus intenciones.
Benjamín le dijo a Fabiola por mensaje que Marcus
Alexander estaba a unos días de soltar su nueva arma en Tofino.
—no hay nada que puedan hacer para evitarlo? — le preguntó
algo consternada cuando pudieron hablar.
—trabajamos en eso,
tu solo debes de ocuparte de pasar desapercibida como hasta ahora.
—pero dime, dime que lograran evitarlo… le prometí a Lulú
que la llevaría de nuevo ahí…
—pronto podrás
llevarla al fin del mundo si así lo quisieras.
—no — la voz de Fabiola se oyó melancólica — no lo hare…
no me recuerda.
—eso lo podemos
arreglar.
—no creo que sea justo para ella.
—no lo es para ti
tampoco.
—eso es lo de menos, mientras ella sea feliz.
—ya lo arreglaremos
a su debido tiempo, por lo pronto, trataremos de evitar que use el virus, te
avisaré cuando para sacarte de ahí.
—será pronto? — sonó algo esperanzada, aunque no quería
hacerse muchas ilusiones.
—al parecer sí,
todo depende de cuánto tardes en entregárselo y lo que él decida en esparcirlo,
te avisaré.
—ok, bye — guardó el comunicador y luego fue y sacó del
fondo del closet la blusa de Luisa y se recostó en la cama abrazándola. Había
tenido que guardarla ahí, Angélica pasaba mucho tiempo en su cama y no quería
que la blusa perdiera la esencia de Luisa, aunque ya no existiera dicha esencia.
Después de la plática que habían tenido, Fabiola había
notado a Angélica triste, pero ella trataba de no hacérselo saber. Trataba de
actuar normal, y de hecho, solo quería estar en la cama con ella, sabía lo que
estaba haciendo, ella lo había hecho la última noche con Luisa.
En el laboratorio prácticamente solo estaban pasando el
rato, su tarea la habían terminado y Angélica ya no le preguntaba el porqué del
retraso, se cansó de las evasivas y de nunca obtener una respuesta.
Y luego, una semana después del último contacto con
Benjamín, Fabiola recibió un mensaje de
él informándole que estaban listos, podía entregar el virus y pronto le
avisaría cuando pasarían por ella. No pudo evitar poner una sonrisa en sus
labios cuando terminó de leer, la hora de terminar su pesadilla estaba cada vez
más cerca.
Fue directo a la oficina de Marcus Alexander con paso
determinante. Cuando la secretaria de su jefe la anunció no la hizo esperar y él
mismo salió para recibirla.
—espero y venga con buenas noticias — dijo señalándole la
silla frente a su escritorio.
—de hecho vine a decirle que el virus está listo… sí.
—perfecto, justo la cantidad que le pedí? — sonrió
malévolamente.
—justo eso — contestó secamente.
—bien, parece que ha cumplido su tarea, se tardó
demasiado, pero al fin lo hizo — Fabiola frunció el ceño.
—que pasara ahora?
—bueno, ahora pasaremos a la siguiente etapa del plan —lo
miró interrogante — pero no debe preocuparse, eso ya no es parte de su trabajo,
solo la tendremos por si acaso.
—por si acaso qué?
—por si acaso la necesitamos, ahora solo estará
descansando en su apartamento.
—jamás me dejara ir? — su voz tembló un poco.
—por supuesto que sí, siempre cumplo mis promesas, y se
lo prometí a usted, pero por el momento necesito tenerla aquí.
—no quiero seguir aquí — su voz seguía temblando, pero
ahora se escuchó con un poco más de determinación.
—lo entiendo… pero le ruego que considere quedarse un
poco más.
—usted me dijo que solo hiciera el virus, está terminado,
no veo razón para quedarme.
—podríamos llegar a necesitar de sus servicios una vez
más.
—no hay motivo, el virus está perfectamente.
—lo sé… pero no me gusta arriesgarme — dijo como si no
fuera gran cosa de lo que hablaban. Fabiola sintió que se alejaba esa alegría
que había sentido hacia unos momentos.
—pero…
—doctora Martorelli — la interrumpió de golpe — tengo una
junta a la que ir, hablaremos más tarde, vaya a su apartamento y descanse — se
quedó mirándolo unos segundos directamente y después, se levantó molesta.
Apenas entró, buscó el comunicador y le mandó un mensaje
a Benjamín diciéndole de su plática con Marcus Alexander. La respuesta no tardó
en llegar, la sacarían de ahí cuanto antes, solo debía tener un poco más de paciencia,
algo que había empezado a perder.
Para Fabiola, los siguientes días pasaron lentamente. Estaba
a la espera de que Benjamín le dijera la fecha exacta de salida, pero también
podría ser que Marcus Alexander tocara su puerta por algo que necesitara de ella.
Tenía los nervios de punta, andaba por el apartamento como león enjaulado y
fumaba como loca. Angélica le preguntaba que le sucedía, pero ella solo le daba
evasivas como siempre.
En uno de esos paseos por todo el apartamento, había decidido
que Angélica se iría con ella, Benjamín tendría que arreglarlo, no podía usarla
y dejarla ahí.
Después de varios días de no saber que pasaba, y la rara
actitud de Fabiola, Angélica no lo resistió más y se dirigió a su apartamento
decidida a obtener respuestas, sin importar si se enojaba o no.
—necesito que me digas que sucede — le dijo entrando
intempestivamente — y no me darás más evasivas — ella la miró detenidamente.
—evasivas? — fue lo único que atinó a decirle.
—si — dijo cerrando la puerta y acercándosele — estas más
distraída que de costumbre, te la vives dando vueltas por el apartamento y
pareciera que tus nervios están a punto de estallar.
—creo que alucinas cosas — dijo de nuevo tratando de
fingir demencia y dándole la espalda.
—no — caminó hacia ella y la agarró por los hombros
obligándola a verla a la cara — sabes a lo que me refiero, no me digas que
alucino cosas, que es lo que estas tramando? — no le contestó nada, solo se
quedó mirándola — dime, que es lo que te pasa?
—no creo… no creo que debas saberlo.
—porque no?
—es mejor así — volteó la cara para no verla a los ojos.
—por qué? Que es lo que pretendes?
—una solución… pero debes confiar en mí
—pero…
—no — la interrumpió volteando a verla — confía en mí — ahora
era ella quien la miraba directamente a los ojos, no quería quedarse con la
duda, pero Fabiola parecía estar muy firme, más que ella al entrar y, una vez
más, sus respuestas no llegaron.
—ok — dijo por fin y sintiendo inmediatamente como Fabiola
relajaba los músculos — pero tarde o temprano tendrás que decirme que pasa.
—lo sabrás… a su debido tiempo, pero por lo pronto, es
mejor que no — asintió lentamente. Después de eso, Angélica la abrazó y se
sentaron en el sillón hasta que se quedaron dormidas.
Fabiola despertó por el ruido de su comunicador, era lo
único que esperaba escuchar y apenas lo oía se lanzaba sobre él.
—no sé si podremos
hacerlo para dos.
—tienen que encontrar la forma, no puedo dejarla aquí,
fue ella quien me ayudó en esto.
—hare lo que pueda,
pero no prometo nada.
—más vale que lo hagas, confié en ti y no puedes
decepcionarme.
—sabes? — dijo
Benjamín soltando un suspiro — sabes
chantajear a las personas muy bien.
—lo sé — dijo sonriendo — me lo acaban de hacer saber.
—ok, te mandare la
información que necesitas más tarde — cuando terminó la comunicación guardó
el comunicador en la bolsa, dio media vuelta y vio que Angélica estaba
despierta y escuchándola.
—eso es parte de lo que no me quieres decir? — preguntó
señalando la bolsa.
—si — soltó un suspiro de resignación y dejando la bolsa
en un sillón.
—entonces no me dirás nada?
—si — se sentó junto a ella — mañana te lo contaré todo.
—y por qué no ahora? — Fabiola soltó una risita.
—de pronto me recordaste a Lulú — volteó a verla — no,
solo esta vez, eres muy diferente a ella, pero esa es la clase de preguntas que
hace cuando tratas de mantenerle algo en secreto.
—perdona, es que no pude contenerme, guardas demasiados
secretos desde que llegaste que simplemente
no lo soporté más.
—tranquila, no más secretos — dijo sonriéndole.
Angélica sonrió sinceramente por primera vez desde la
tarde anterior, y desde que supo que Fabiola terminaría con ella.
Pero eso fue solamente momentáneo, ella estuvo casi todo
el día en su sillón, estaba demasiado deprimida y nada parecía alegrarla
excepto cuando Fabiola le sonreía o le decía algo.
Benjamín le mandó un mensaje diciéndole simplemente que,
en tres días, deberían estar detrás del edifico de donde estaban los apartamentos,
ahí las esperaría un par de agentes que las sacarían de ahí, debían estar a las
2:45 de la madrugada en punto.
Fabiola fue y se sentó junto a Angélica, quien estaba
recostada, poniendo sus piernas sobre las de ella, tratando de hacer que se
animara y le prestara atención.
—tres días — volteó a verla confundida — en tres días nos
iremos de aquí — Angélica bajó la mirada.
—nos iremos?
—sí, las dos… no te voy a dejar aquí.
—pero al final me dejaras — le dijo en susurro y con
evidente tristeza.
—no pienses en eso — le dijo casi lamentándose — sabias
que tarde o temprano esto llegaría.
—pensé que sería más tarde… pero resultó que llegó muy
pronto — vio como las lágrimas rodaban por su cara.
—Angélica…
—no, lo sé, nunca me prometiste nada, yo sabía en lo que
me metía, pero eso no evita que me resulte difícil terminarlo — se quedó
callada unos momentos quedándose con las piernas de Angélica sobre las suyas.
—en tres días… a las 2:45 de la madrugada debemos estar
detrás de este edificio.
—detrás? — Fabiola asintió — por qué?
—no lo sé, creo que pensaron que sería más seguro ahí.
—y la hora?
—tampoco lo sé.
—creo que no sabes mucho — le sonrió pero Angélica apenas
y movió los labios.
No volvió a intentar acercarse a Fabiola por el resto del
día, a pesar de que se moría por hacerlo. Mientras que ella siguió paseándose
por todo el apartamento nerviosa, pero ya no parecía estar tan desesperada como
cuando la había confrontado, sentía la mirada de Angélica sobre ella,
haciéndola sentir más culpable aun.
A media tarde, Angélica no soportó más estar en la misma
habitación que ella y se levantó para irse a su apartamento, pero al alcanzar
la puerta, Fabiola la detuvo de la muñeca.
—no te vayas — su tono era suplicante — no quiero que…
estemos solas en estos días.
—y si es lo que necesito? — siguió mirando la puerta, su
voz le temblaba un poco.
—de verdad es lo que necesitas?
—lo que necesito no puedes dármelo, así que mejor
dejémoslo así.
—a lo mejor no, pero puedo ayudarte…
—ok — volteó a verla y trató de sonreírle, pero no pudo
sostenerla demasiado — por lo pronto iré
mi apartamento.
—ok — dijo soltándola lentamente. No quería estar sola,
pero tampoco quería obligarla a que se quedara sabiendo lo que significaba para
ella.
Salió de ahí y Fabiola volvió a su caminar. Apenas podía
dormir, temía que Marcus Alexander llegara de improviso habiéndola descubierto.
Al día siguiente, Angélica volvió sorprendiendo a Fabiola
al sentirse alegre de verla de nuevo, y la recibió con una gran sonrisa.
—me alegra que decidieras volver —
le dijo mientras cerraba la puerta.
—si… después de todo, tengo que acostumbrarme — su tono
parecía taciturno. Fabiola borró su sonrisa y puso un gesto de consternación —
que estabas haciendo? — le preguntó antes de que le dijera algo.
—esperar… a que el tiempo pase… y decidieras volver — le
sonrió y le hizo señas de que se acercara y fueron a sentarse en el sillón
frente a la tele.
Los nervios de Fabiola se calmaron un poco con Angélica
ahí. Y ella, aunque aún triste, parecía que su ánimo se había empezado a
levantar. No sabía que era lo que había hecho esa noche pero lo que fuera,
había funcionado, volvía a tener a su amiga/amante de vuelta.
Angélica prendió la tele mientras Fabiola estaba algo
distraída, pensante, sin ella tener idea de lo que pasaba por su mente, pero no
quería preguntar, sabía que probablemente estuviera pensando en ella, en quien
le había robado el corazón y la había dejado sin oportunidad mucho antes de que
llegaran ahí.
Puso una película y se quedaron sentadas en el sillón
casi toda la tarde. Y luego Angélica, después de todo ese rato, cambio de
posición y se recostó en el sillón colocando la cabeza sobre las piernas de Fabiola.
Ella, moviendo sus manos, la dejó y empezó a jugar con su pelo distraídamente. Angélica
por su parte, se puso a pasar su mano por sus rodillas, pero Fabiola apenas y
las sentía.
De pronto se percató de que, esas manos que apenas sentía,
empezaron a bajar por sus piernas hasta los tobillos y de regresó a la rodilla
sugestivamente. Fabiola no le dijo nada y tampoco la detuvo, estaba distraída, pero
también empezaba a sentirse un poco excitada.
Angélica no tenía idea de por qué estaba haciendo eso,
sabía que la dejaría, de hecho ya lo había hecho, pero era algo que simplemente
no podía evitar, no sabía si respondería a lo que se proponía, o si estaba
poniéndole algo de atención siquiera. Su respuesta no se hizo esperar, Fabiola
empezó a dejar de jugar con su pelo y pasó sus dedos lentamente hasta su oreja,
entreteniéndose un poco en el lóbulo, y de ahí, hasta su cuello, dibujando
pequeños círculos con la yema de sus dedos. Angélica dibujo una sonrisa en sus
labios, devolvió sus manos hasta las rodillas, y una vez ahí, se levantó de
pronto dejando su cara cerca de la de Fabiola. Ella solo la miraba expectante.
Comenzó a acercársele poco a poco y, al ver que ella no la rechazaba, puso sus
labios sobre los de ella. Fabiola le correspondió apenas, estaba indecisa en si
dejar que pasara de nuevo, pero al final, Angélica no le dejó muchas opciones a
rehusarse y terminó cediendo a sus besos y sus caricias.
Angélica dormía, estaba cansada pues no había dormido
nada desde que corriera a su apartamento el día anterior, pero eso Fabiola no
lo sabía, aun así, la dejó dormir. Solo la veía, sentada en la cama recargada en
el respaldo, estaba tapada con las sabanas y prendió la tele con el volumen
bajo. Pasaron una nota rápida de Luisa y su nuevo galán. Cada vez que veía esas
notas, sentía una opresión en el estómago, pero había aprendido a vivir con
ello. Después pasaron un comercial promocionando el spa wickaninnish inn en Tofino,
un lugar tranquilo donde, dependiendo de la temporada, se podía observar la
tormenta que los azotaba cada año. No pudo evitar recordar los días que pasó
con Luisa ahí y como las dos habían disfrutado de esa tormenta que decían.
Había batallado para convencerla de ir, y lo logró solo porque Luisa quiso
complacerla, además de que si no era ese lugar seria la playa, así se lo
planteó. Y una vez ahí, ella había estado maravillada con el lugar.
—sabes? — dijo Angélica algo somnolienta sacándola de sus
recuerdos y agarrándola desprevenida, no
sabía que ya había despertado — ya sería tiempo que me dijeras lo que te tiene
tan nerviosa — Fabiola sonrió evadiendo su mirada y volteando a otro lado.
—por qué quieres saber? — preguntó recargando la frente
en las rodillas.
—a estas alturas ya estoy más que intrigada por saber qué
es lo que te tenia paseando por todo el apartamento, con esos cambios de humor
y fumando como puta desocupada – no pudo evitar sonreír por la comparación.
—pero al decírtelo podría afectarte, sabes? — dijo
girando la frente sobre sus rodillas para verla.
—yo sabré manejarlo.
—y si no?
—confía en mí.
—la última vez que lo hice me arrepentí mucho por tu
reacción — dijo en susurro.
—te dije que yo sabía en lo que me metía… como te lo digo
ahora.
—sí, pero eso te hundió en una tristeza que me hizo
sentir la más miserable de todas las personas en el planeta.
—no lo hagas — dijo sentándose junto a ella y de frente —
mejor dime lo que pasa — le sonrió mientras ponía su pelo detrás de la oreja.
—no sé si deba — quería decirle todo, desahogarse con
ella, pero aún tenía dudas.
—dímelo… por favor — soltó un suspiro y, después de un
par de segundos, le dijo todo. Le contó acerca de Benjamín Sanders y de cómo había estado pasándole información
del virus, incluso una muestra del mismo. También le dijo que había creado la
vacuna pero aún no estaba al 100 por ciento, terminó contándole todo. Angélica
solo la interrumpía para hacerle alguna pregunta ocasional, pero fuera de eso,
estuvo atenta a lo que le decía. Una vez que terminó de contarle, se quedó en
silencio pensativa, bajo su mirada expectante y nerviosa.
—ahora muchas cosas tienen sentido — le dijo por fin.
—muchas cosas?
—las secuencias de cadenas que me ponías a hacer, y que
no encontraba sentido para que las querías — le sonrió — los cambios de humor
también.
—no soy una enojona.
—no lo eres — Angélica le sonreía — pero a veces te
desquitabas con nosotros.
—no era contra ustedes, había veces en que me peleaba con
Benjamín, y así me dejaba todo el día, o a veces era el jefe.
—como se te ocurrió ir con la CSIS?
—no lo sé… simplemente se metieron con Lulú y no pensaba
dejar que se saliera con la suya habiéndola amenazado.
—pero… a mí no se me ocurrió… evidentemente. No pensaba
con claridad, me aterré… no se me ocurrió nada más que ceder a lo que me decía
para que no le hiciera nada a mi hermana.
—sí, eso pensé también yo, pero no podía permitir que se
atreviera siquiera a amenazarla, y quería que pagara por haberlo hecho, así que
investigué y fui a dar con ellos. Cuando llegué no me tomaban muy en serio,
pero cuando les dije de lo que se trataba, y mencioné a Marcus Alexander, me
pusieron en prioridad y me dijeron que siguiera la corriente y que hiciera todo
lo que me pidiera, les puse algunas condiciones y aceptaron.
—qué condiciones?
—Lulú… debían de asegurarse que estuviera a salvo —
Angélica se quedó pensativa unos segundos.
—hiciste que ellos le borraran la memoria? — asintió —
pero por qué? — Fabiola se recostó en la cama.
—porque si no lo hubiera hecho así, Lulú habría
peligrado.
—pero con solo…
—Lulú habría hecho cualquier cosa por qué no lo hiciera…
o incluso dejar su carrera — una mirada triste asomó de pronto en sus ojos — y
eso no lo podía permitir de nuevo.
—de nuevo?
—si — le sonrió — es otra historia — iba a preguntarle
algo, pero Fabiola se le adelantó — no, no te la diré, querías que te contara
esta y solo se puede una.
—pero por qué no sabía que había otra historia.
—lo siento — dijo sonriéndole — debiste de investigar
primero.
—pero…
—no, nada, no te contaré más — agarró la almohada y le
dio un golpecito con ella haciendo que se callera de espaldas sobre la cama,
luego se levantó y se puso una bata — no tienes hambre? — le gritó de camino a
la cocina.
—un poco — la siguió envolviéndose en una sábana.
Hicieron pasta y abrieron una botella de vino y la
comieron frente a la televisión.
El resto del tiempo que les quedaba solo esperaban. La
larga espera solo mantenía sus nervios de punta y estaba empezando a contagiar
a Angélica con ellos. Luego, a la segunda se le ocurrió algo para mantenerlas ocupadas
mientras esperaban. La pasaron de la cama al sillón y del sillón a la cama. Tal
vez Fabiola pudo haberse resistido, pero optó por aprovecharse de ella una
última vez, sabía que ella no se lo merecía, pero era preferible pasar el
tiempo en sus brazos a solo estar mirando el reloj. Además, ella no le daba oportunidad
siquiera de vestirse.
Así, llegó el momento de irse de ahí. Fabiola por fin
consiguió que Angélica la dejara ponerse ropa al salir de la regadera y ella
empezó a vestirse también a regañadientes.
—el jefe ya no vino en estos días — dijo Fabiola de
pronto — eso me pone más nerviosa.
—más? — dijo con sarcasmo.
—ashh — le dio un golpecito en la frente — sabes a lo que me refiero.
Estuvieron listas en el apartamento de Fabiola desde muy
antes de la hora en que Benjamín les dijo que debían estar en el punto de
encuentro. Lo único que Fabiola se llevó consigo de ese lugar fue su laptop, la
foto que tenía en el buró junto a su cama, y una de las blusas que le habían
traído por error (la que, según ella, aún tenía su olor) y lo guardó todo en la
maleta de la laptop, incluyendo la memoria donde estaba la foto de Luisa. Angélica
por otro lado no se había querido llevar nada.
Los nervios estaban acabando con las dos, al fin saldrían
de ese lugar. Angélica vería de nuevo a su hermana, era su única familia, pero
al mismo tiempo sabía que salir de ahí significaba que perdería su frágil
relación con Fabiola, que aunque no era idónea para ella, había sido de lo
mejor.
A la hora establecida, decidieron bajar por las
escaleras. El elevador atraería atención que no deseaban, y una vez en el lobby,
abrieron la puerta con bastante precaución para verificar quien se encontraba afuera
vigilando. Solo habia un guardia que había visto en contadas ocasiones y otro
que no había visto nunca. No sabía cómo saldrían del cubo de las escaleras, así
que se quedaron ahí, esperando y pensando que hacer, hasta que la oportunidad
se presentó sola. Ambos guardias decidieron salir del edificio a dar un paseo
en lo que fumaban un cigarro. Estaban acostumbrados a pasar las noches
tranquilamente sin que nadie, a excepto de alguno que otro que se quedaba hasta
tarde en la oficina, pasara por ahí.
Una vez que los dos guardias no estuvieron en el lobby
ellas salieron del cubo de la escalera. Se acercaron a la puerta y esperaron a
que los dos guardias la descuidaran por un momento. En el momento que lo
hicieron, Fabiola jaló a Angélica arrastrándola hasta llegar a la parte donde
empezaba el túnel de la entrada al edificio para resguardarse en las sombras.
Había luna llena, Fabiola maldijo su mala suerte, la noche estaba demasiado
clara y podían ser vistas con demasiada facilidad si no tenían cuidado.
Los guardias, confiados en la rutina de todas las noches,
fueron caminando sin rumbo y sin prestar demasiada atención a su alrededor, lo
que Fabiola aprovechó y de nuevo, jaló a Angélica del brazo para que la
siguiera, logrando bordear el túnel de la entrada a su edifico, y lograr llegar
al costado del mismo. Una vez ahí, debieron cerciorarse de que no hubiera más
guardias cerca que pudieran verlas. Angélica solo la seguía haciendo lo que le
decía, seguía en un tipo trance por el próximo fin de su relación y nada más en
el mundo le importaba, exceptuando volver a ver a su hermana.
Una vez que hubo verificado que tenían libre el paso
siguieron el camino que Benjamín le había dicho, pero faltando pocos metros
para llegar al lugar donde debían esperarlo, un guardia se cruza en su camino
haciendo su ronda. Alcanzaron a esconderse de puro milagro, quedando
pegadísimas a la pared, como lagartija al sol. El guardia camina unos pasos
cerca de ellas para luego quedarse cerca de donde estaban. Fabiola sentía que
el corazón estaba a punto de delatarlas de lo fuerte que golpeaba su pecho,
pero guardó la calma, y sin más remedio, esperaron a que el guardia prendiera
un cigarro. Fabiola solo se preguntaba cómo era que de pronto todos habían
empezado a fumar. Comenzaba a desesperarse y sentía que el tiempo se le venía
encima. Cuando, por fin, el guardia dejó el camino libre fueron lo más rápido
posible a la dirección en que necesitaban ir, llegando al lugar sin saber si
habían tenido que irse o si aún no habían llegado por ellas. Nada podían hacer
más que esperar y rezar porque no hubieran llegado demasiado tarde.
Habían pasado cerca de quince minutos esperando, pero las
dos los como si tuvieran horas ahí. Empezaban a impacientarse, Angélica estaba
sintiendo miedo, podrían descubrirlas y seguramente lo pagarían muy caro. En
eso, le pareció escuchar algo, pero no veía nada, le hizo señas a Fabiola, pero
ella tampoco veía nada, y, al negarle con la cabeza, pensó que probablemente
eran sus nervios los que la estaban traicionando haciéndola escuchar cosas. De
pronto, Fabiola sintió que algo caía enseguida de ella. Volteó a ver nerviosa, era
algo como una cuerda negra que bailaba de un lado a otro. Confundida, estiró su
mano para asegurarse, mientras Angélica se aferraba a su brazo. Cuando tuvo la
cuerda en su mano, sintió como se tensaba un poco y la soltó volteando hacia
arriba, dándose cuenta de que una sombra bajaba por ahí. Su corazón se aceleró
un poco más, pensó que las habían descubierto y se hizo hacia atrás llevándose
a Angélica con ella. Pero luego recapacito y alcanzó a distinguir que la sombra
se trataba de alguien que bajaba por la cuerda. Se quedaron paralizadas y sin
poder reaccionar y ambas vieron como el tipo llegaba hasta el suelo. Mientras
desenganchaba el arnés, Angélica y Fabiola se fijaron en cómo iba vestido, les
parecía extraño, iba todo de negro, incluyendo un pasamontañas y una especie de
lentes. No estaba segura, pero creía que ese no era un atuendo que hubiera
visto en los guardias de ahí. Aun temerosa y con desconfiada, se acercó unos
pasos a él, Angélica trató de detenerla, pero ella presionó su mano alrededor
de su brazo para que se quedara ahí.
—la doctora Fabiola Martorelli? — preguntó el tipo susurrándole
en cuanto se quitó el pasamontañas y los lentes.
—si — dijo algo titubeante mientras volteaba hacia arriba
al ver que la cuerda se movía de nuevo y vio otra sombra.
—ok, están listas? — preguntó de nuevo mientras sacaba
algo de una de sus múltiples bolsas del pantalón.
—listas?
—para salir de aquí.
—salir?... si — dijo reaccionando de pronto — estamos
listas — el otro tipo cayó detrás del primero.
—perfecto — dijo estirando la mano dándole un arnés —
pónganse esto — el segundo tipo le dio otro a Angélica.
—cómo es que saldremos de aquí?
—por arriba.
—por arriba? Cómo?
—no deben preocuparse de nada, nosotros haremos todo y
las sacaremos de aquí.
—pero… — en eso, escucharon que alguien se acercaba y los
cuatro se pegaron a la pared lo más que pudieron para esconderse en las
sombras. Se quedaron ahí hasta que al guardia se le antojó, era el mismo que
había estado fumando cuando llegaron, era como si supiera que estaban ahí,
justo detrás de él, escondidos en las sombras entre los dos edificios y los
martirizaba con su presencia.
El guardia había empezado a caminar por toda el área
cerca de donde estaban, pero estaba distraído pensando en otras cosas que no se
había percatado de que ahí, justo a unos pasos de él, estaban cuatro personas
escondidas entre las sombras de los edificios.
Fabiola sintió de pronto que uno de los tipos que estaba
con ellas sacaba un cuchillo y se preparaba para usarlo, pero puso su mano
sobre el hombro del tipo, y, cuando este la volteó a ver, ella le negó con la
cabeza. Después de estar cambiando su mirada entre ella y el guardia, al final,
le asintió y guardó su cuchillo. Después de un rato, que nuevamente lo
sintieron eterno, el guardia se fue caminando lentamente de ahí y ellas
respiraron profundamente aliviadas. Los tipos de negro se pusieron frente a
cada una y las apresuraron con el arnés ayudándoles a ponérselo. Una vez listas,
el que había bajado primero agarró a Fabiola de la cintura sin previo aviso,
amarró su arnés junto con el de él a la cuerda, y, sosteniéndola fuertemente
contra su cuerpo, subieron intempestivamente por la pared del edificio. Una vez
arriba, los soltó de la cuerda y la mandó hacia abajo de nuevo mientras le
decía que aún no se quitara su arnés. De pronto, Fabiola se percató de que la
luz de la luna, que la había puesto nerviosa abajo, parecía estar titilante,
miraba atenta al techo del edificio intrigada, luego levantó la vista
lentamente y vio un enorme hélice interrumpiendo la luz de la luna sobre ella. Era
un helicóptero que no había escuchado, y no habría reparado en el, de no ser porque
la sombra de la hélice interrumpía el brillo de la luna. Supuso que era de esos
helicópteros silenciosos, recordaba haber leído un artículo donde decía que
habían creado esos helicópteros silenciosos, Sikorsky UH-60
Black Hawk, altamente
modificados y con empleo de tecnología furtiva para ser menos visibles al
radar. Estas modificaciones permitían operar con eficacia en operaciones
secretas. Imaginó que, su rescate, era una de esas operaciones secretas. El tipo la jaló hacia otra cuerda debajo del helicóptero y los
enganchó de nuevo.
—pero… Angélica? — le dijo al tipo.
—viene detrás, mi compañero la traerá.
—esperémoslos entonces.
—no es posible, tengo que asegurarme de que llegue al
helicóptero a salvo, solo podremos esperarlos una vez que estemos ahí — Fabiola
trató de voltear para ver si venían tras de ellos, pero no los veía. El tipo la
subió al helicóptero y fue cuando estuvo arriba que apenas iban subiendo y
llegando al techo.
—ahí están, vamos, súbanlos — dijo algo desesperada al
tipo que la había subido.
—no podemos esperarlos demasiado, tenemos que salir de
aquí, no sabremos cuanto tarden en detectarnos.
—súbanlos ya entonces que no me voy sin ella — lo amenazó
Fabiola.
—no podemos dejarla, es una orden de prioridad.
—¡NO! — le gritó — no nos vamos sin ella — el tipo se
quedó mirándola unos segundos y por fin reaccionó.
—ok, esperaremos — le gritó al piloto y luego la acomodó en
el asiento y se volteó para ayudarlos a subir. Fabiola sabía que probablemente
se arriesgaban demasiado a que los descubrieran, como él le había dicho, el
helicóptero no podía estar demasiado tiempo sobre el edificio sin que lo
notaran, y era muy probable que, si no lo detectaron a la hora de la llegada, al
estar esperando lo harían. Lo único que le importaba, y esperaba con
impaciencia, era el momento en que Angélica estuviera sentada junto a ella y
salir de ahí. Pero entonces, Fabiola sintió que estaban tardando demasiado, había
sucedido algún problema? Que era lo que pasaba allá abajo? Luego escuchó que el
piloto le decía a quien la había subido que parecía que el radar los había
captado. Sintió miedo, el tipo aludido no le contestó al piloto, seguía mirando
hacia abajo, estaba convencida que dejarían a Angélica abajo y se irían.
Y por fin, él tipo que la había subido, se movió de
repente moviendo la cuerda que colgaba del helicóptero.
—no… no podemos irnos dejándolos ahí abajo — le gritó Fabiola
agarrándolo fuertemente del brazo con las dos manos.
—por favor siéntese — le dijo en el tono más calmado que
pudo — trato de hacer mi trabajo y usted me lo complica un poco.
—pero…
—no… hare todo lo posible por subirla, pero si surgen
complicaciones tendremos que dejarla — se volteó hacia ella agarrándola de los
hombros y la sentó de nuevo en donde estaba, poniéndole el cinturón esta vez.
Empezó a subir la cuerda, su corazón estaba a punto de detenerse, y el piloto
solo decía que debían irse en ese momento sin más espera.
En eso, se escucha una sirena, volteó a ambos lados y ve
como las luces empiezan a prenderse, los habían descubierto. Justo en eso, por
fin vio la cara de Angélica asomarse al helicóptero, el tipo la tomó de la
cintura y la subió como si hubiera sido una muñeca que no pesara mucho, y después
el segundo tipo subió. El piloto maniobró el helicóptero y empezó el camino
para salir de ahí, pero al tratar de salir, encontraron resistencia.
—abróchense los cinturones, será un vuelo algo agitado —
les dijo el piloto.
Empezaron a escuchar disparos, les disparaban desde abajo
y uno de esos disparos llegó muy cerca de ellos ocasionando que el helicóptero
perdiera balance. Los dos tipos que las habían subido habían empezado a
responder el fuego. Recobrando el control del helicóptero, el piloto se dirigió
hacia el cielo estrellado que los rodeaba. Pero Marcus Alexander no las dejaría
ir tan fácilmente, unos helicópteros (que ellas nunca habían visto) empezaron a
seguirlos. Solo escuchaban los disparos y al piloto diciéndoles a los otros que
empezaría con tácticas evasivas. También escuchó que informaba sobre la
situación, suponía que lo hacía a la base. Fabiola cerró los ojos y se sujetó
fuertemente de su asiento y empezó a pensar que no lograrían salir de ahí a
salvo. El helicóptero empezó a dar fuertes giros en el aire y las dos apenas
podían sostenerse de sus asientos mientras que los tipos de negro que iban con
ellas disparaban cada par de segundos, era como si solo quisieran defenderse,
no derribar a los helicópteros que los seguían.
—no hay más remedio, tendremos que derribar — dijo
resignado el tipo que había subido con Angélica, el otro solo asintió. Fue
cuando tomaron posturas diferentes, se sujetaron fuertemente, el piloto giró el
helicóptero y empezó a disparar las armas en contra de los que los seguían.
—están dispuestos a derribarnos — dijo el piloto.
—tendrás que evitarlo a toda costa, sácanos de aquí —
dijo el tipo que había subido con Angélica. Fabiola no supe exactamente cuánto
duraron en el intercambio de fuego que se había desatado en el cielo obscuro.
Abrió los ojos para ver que estaba pasando, el brillo de la luna se había visto
opacado por las ráfagas de los disparos. El helicóptero se sacudió de pronto y Fabiola
pensó que les habían dado y caían, pero luego escuchó los disparos saliendo del
helicóptero en donde iban y supuso que tan solo habían esquivado algún disparo.
Aquello se estaba poniendo bastante feo, volteó a ver a Angélica, tenía los
ojos cerrados y también se agarraba del asiento tan fuerte que sus nudillos
estaban blancos. De pronto, escuchó un estallido y se asustó, volteó por la
ventana y vio el fuego en el suelo, habían derribado un helicóptero y el piloto
estaba detrás del otro.
—parece que lograremos salir de esta — dijo el tipo que
había ayudado a Fabiola.
—aun no debemos cantar victoria — dijo el otro.
El piloto disparó y alcanzó a darle al otro helicóptero
en la parte de atrás ocasionando que diera giros en el aire y empezara a caer.
—lo derribaron? — preguntó Fabiola asustada.
—sí, parece que tendremos el camino libre — le contestó
el tipo que la ayudó a subir sonriéndole tratando de calmarla. Angélica abrió
los ojos lentamente y se topó con la mirada de Fabiola.
—lo logramos — dijo sonriente — por fin salimos de ese
lugar — le sonrió tristemente.
El resto del camino de regreso, iban sumidas en sus
pensamientos. Fabiola había decidido dejar a Luisa con la vida que había hecho
sin ella. No podía esperar que, después de 4 años, estuviera sola. No sabía que
había pasado con su vida personal fuera de lo que la prensa especulaba.
Angélica por otro lado, solo pensaba en ver a su hermana, era lo único que le entusiasmaba,
no sabía nada de ella desde que había llegado a ese lugar (un poco antes que Fabiola),
y por otro lado, ni siquiera se atrevía a mirar a Fabiola, sabía que la
extrañaría a morir y no quería derrumbarse en ese momento.
El trayecto duro casi una hora y media y luego descendieron
en unas instalaciones cercanas a un bosque.
—dónde estamos? — preguntó Fabiola.
—desde aquí la monitoreábamos — dijo el tipo que subió
con Angélica — el agente Sanders la está esperando, lo vera en cuanto
aterricemos.
—de verdad se acabó? — preguntó como si estuviera
temerosa de despertar de un sueño.
—sí, para usted todo terminó, nosotros nos encargaremos
de ese tipo de aquí en adelante — le contestó el tipo sonriéndole y ella le
devolvió la sonrisa.
Aterrizaron, les abrieron la puerta y las ayudaron a
bajar. En cuanto estuvo sobre el pasto, Fabiola se sintió liberada. Levantó la
vista y se topó con Benjamín, quien la recibió con una enorme sonrisa.
—un vuelo agitado? — preguntó agarrándola con la mano
izquierda y Fabiola le sonrió asintiéndole — dijeron que te pusiste
intransigente en cuanto a tu amiga, no sabíamos si podríamos sacarla.
—lo lograron, entonces si podían — dijo aun sonriendo.
Angélica apareció en eso detrás de ella.
—Benjamín Sanders — dijo tendiéndole la mano. Ella le
sonrió aun algo consternada por lo que pasaba a su alrededor y le dio la mano
con timidez — síganme, las llevare a sus cuartos para que descansen.
—que pasara con nosotras? — le preguntó Angélica con voz
un poco temblorosa. Fabiola se había dado cuenta de que no la había volteado a
ver desde que venían en el helicóptero, pero mientras volaban pensaba que era
porque estaba asustada, ahora sabía que algo pasaba.
—estarán a salvo aquí hasta que atrapemos al señor
Alexander.
—cuanto tiempo será eso?
—pues en este momento está en camino un equipo táctico,
pero con su fuga, lo más seguro es que él haya tomado la decisión de irse de
ahí cuanto antes, solo esperamos llegar antes de eso.
—y si no lo hacen? — Angélica estaba asustada, Fabiola lo
notó por su tono al interrogar a Benjamín,
quien les hizo señas para que lo siguieran.
—lo haremos. Cuando Fabiola descargó los archivos de su
computadora también dejó instalado un archivo que nos dice los movimientos que hacía,
y el señor Alexander no se irá a ningún lado sin esa computadora.
—al parecer piensas en todo — le dijo Fabiola con sarcasmo,
él solo le sonrió.
Las llevó a través de una serie de pasillos que parecían
ser oficinas, pero no estaban muy seguras. Subieron por un elevador hasta el
piso 8, donde había un pasillo con puertas a los lados. Benjamín se paró frente
a una de esas puertas y la abrió con una llave electrónica.
—este será tu cuarto — le dijo a Angélica dándole la
llave — y tu estarás en aquel — le dijo al seguir caminando a dos puertas de la
de Angélica — mañana vendré a verlas — abrió la puerta y esperó a que Fabiola
fuera hacia él y le dio la llave — descansen, estoy seguro que lo necesitan. Él se dirigió al elevador, Angélica entró a su
cuarto sin voltear a ver a Fabiola. Ella se quedó mirando el pasillo, hasta que
Benjamín desapareció al cerrar las puertas del elevador, y después, entró en su
cuarto, se quitó los zapatos y se recostó en la cama. Pensó en dormir, pero se
levantó intempestivamente y se dirigió hacia el cuarto de Angélica, tocó la
puerta y esperó a que le abriera, lo que tardó unos segundos.
—estabas quedándote dormida? — le preguntó al verla con
los ojos somnolientos.
—no — contestó bajando la mirada. Entonces notó que no
era somnolencia lo que había en sus ojos.
—puedo pasar?
—no necesitas descansar? — evadió la pregunta mirando el
suelo.
—después, tengo que decirte algo — no le dijo más y la
dejó pasar (después de quedarse algunos segundos pensándolo), y se sentó en la
cama en silencio.
—Angélica — Fabiola se sentó junto a ella — porque me
estas evadiendo?
—no te evado.
—si… lo haces, ni siquiera quieres mirarme a la cara.
—eso… no es cierto — dijo volteando a verla, pero bajando
la cara de nuevo y la voz.
—Angélica — esperó a que volteara a verla, pero no lo
hizo — no quiero que nos distanciemos — no reaccionó a lo que le decía — cuando
volvamos a nuestras vidas — levantó la cara lentamente y la miró interrogante —
puedo conseguirte trabajo en el laboratorio.
—con qué fin?
—claro, si eso es lo que quieres… eres alguien muy
importante para mí, no quiero perder tu amistad. Sé que soy un poco egoísta al
pedírtelo, pero si consideras que no puedes ser mi amiga lo entenderé — se quedó
mirándola pensativamente por largo rato, sabía que era a todo lo que podía
aspirar.
—ok — los labios de Fabiola empezaron a curvarse hacia
arriba formando un semicírculo hasta que sonrió completamente — hagamos eso.
—será perfecto — dijo abrazándola — pero estas segura que
no te afectara?
—si — dijo sonriendo tristemente tratando de disimular —
estoy segura.
Angélica se resignó a tenerla solo como amiga, pero cerca
de ella.
Esa noche, Fabiola la paso abrazada de Angélica, aunque
solo durmiendo. Y lo hizo durante toda la noche, algo que no pasaba desde hacía
tres años y medio.
Quien despertó primero fue Angélica, pero no despertó a Fabiola,
más bien se quedó contemplándola hasta que dio señas de que no tardaba en
despertar. Cuando abrió los ojos, se topó con su mirada, la cual, ya no era
melancólica como lo había sido el día anterior, pero aún estaba triste, parecía
que había aceptado la amistad sincera que Fabiola le ofrecía.
—hola — le dijo en cuanto hubo despertado.
—hola… hace mucho que estas despierta?
—no — le mintió — apenas antes que tú.
—será mejor que nos levantemos — dijo Fabiola sentándose
en la cama — no ha de tardar en venir Benjamín.
—crees que logren atraparlo?
—eso espero… si no, no sé lo que pasara con nosotras.
—aun no estamos cerca de volver?
—estamos más cerca que antes — Angélica se había
imaginado que no volverían hasta que no atraparan a Marcus Alexander, y eso
podría ser en uno o dos días, o hasta un año, o dos. Al menos estaban fuera de
su alcance, solo esperaba estar lo suficientemente lejos y a salvo — iré a
cambiarme.
—ok.
—cuando estés lista vuelvo… o mejor ve, te estaré
esperando.
Una vez que se bañó y cambió fue con Fabiola. Entró en su
cuarto y se sentó en la cama cabizbaja. Fabiola se estaba cepillando el pelo.
—que haremos aquí? — le preguntó.
—supongo que esperar.
—a que lo atrapen? — Fabiola asintió — y mientras tanto?
—no lo sé — contestó después de unos segundos soltando un
suspiro.
En eso tocaron la puerta y Fabiola fue a abrir, era
Benjamín.
—bien, que bueno que están juntas — dijo parado en la
puerta — están listas? — las dos asintieron — vamos a desayunar, pero primero —
se inclinó hacia un lado y se levantó con algo en brazos — creí que querrías
térnela contigo — Fabiola vio que lo que Benjamín traía en brazos era una
perrita, Ludovika, su perrita.
—¡LUDOVIKA! — dijo emocionada y casi gritando y corrió a
cogerla — te extrañé mucho, tú la cuidaste todo este tiempo? — la perrita se
retorcía en sus brazos, al parecer, ella también la había extrañado y estaba
feliz de verla.
—sí, volví a tu apartamento antes que lo saquearan con
tus cosas y me la encontré ahí. Estaba bastante nerviosa y me la llevé a mi
casa. Sabía que la extrañarías y querrías estar con ella cuando todo esto
terminara.
—gracias… de verdad — estaba feliz de tenerla consigo, la
había abandonado cruelmente al irse sin procurar dejarla con nadie, pero ahora
parecía que Ludovika le perdonaba eso.
—no es nada, ahora, vamos a desayunar.
Volvieron por el mismo elevador por el que habían llegado,
pero se bajaron en el primer piso. Al abrir las puertas, se encontraron con un
enorme comedor que tenía un enorme ventanal del lado derecho por donde se veía
un enorme jardín. Tenía también varias mesas y un buffet del lado izquierdo y había
algunas personas desayunando. Se sentaron en una mesa cerca del ventanal, se
acercó un mesero y les ofreció café, los tres aceptaron. Angélica notó cuando
se fue el mesero que algunas personas de las que ahí se encontraban volteaban
de reojo a verlas.
—este es el comedor, como ya se habrán dado cuenta, no
hay una hora específica para comer, pueden llegar a la hora que sea que tengan
hambre — Angélica seguía observando que se pasaban la voz señalándolas.
—que pasó anoche? Atraparon a Alexander? — preguntó Fabiola
directamente y sin rodeos.
—no, no
lo encontraron — se quedó mirándolo seriamente mientras Ludovika seguía
brincando en sus brazos feliz por volver a estar con ella.
—qué pasará si no lo encuentran?
—lo encontraremos — dijo en tono firme.
—y mientras lo hacen? — preguntó Angélica uniéndoseles.
—mientras eso pasa estarán aqui.
—y que haremos aquí? — quiso saber Fabiola.
—esperar.
—eternamente?
—no…
no deben desesperarse, ahora están a salvo.
—pero…
—pueden verlo como unas vacaciones — la interrumpió de golpe —
no podemos devolverlas a su vida de antes sin antes haberlo atrapado — las dos
se quedaron en silencio. Si, habían salido de su encierro, pero solo para caer
en otro, aunque era preferible mil veces estar ahí, no era lo ideal — sé que no
es lo que esperaban, pero no podíamos dejarte más tiempo allí, él tenía fuertes
sospechas de ti y no quisimos arriesgarnos más.
—entiendo — dijo casi susurrando — tu estarás aquí con
nosotras?
—unos dias, en lo que se aclimatan, después tendré que
involucrarme en la búsqueda de Alexander. Pero no te preocupes, estaré al
pendiente de ustedes y en contacto.
—que es este lugar? — preguntó Angélica.
—una instalación secreta del gobierno. Nadie puede localizarnos
aquí. Es parecida a la tecnología que usaba Alexander para esconderse.
—y cómo podemos estar seguras de que no nos encontrará?
—estamos en medio de la nada… además, desde aquí
estuvimos monitoreándote… confía en mí, ya lo has hecho antes — dijo Benjamín
con una leve sonrisa — no encontraran este lugar, el bosque lo oculta muy bien.
Benjamín terminó de explicarles el funcionamiento de las
instalaciones. Básicamente podían andar por donde quisieran, siempre y cuando
no salieran del perímetro que estaba perfectamente señalado alrededor.
Después de que revisaron que la laptop de Fabiola no
tuviera algún rastreador y se la devolvieran y ella continuo en lo que se había
quedado al irse, y que poco había conseguido avanzar durante ese tiempo. Ahora
disponía de todo el tiempo del mundo para seguir con su trabajo, pero sin un laboratorio
acondicionado como el que solía tener, todo se quedaba en la pantalla.
Así se entretenía durante los días. Angélica por otro
lado, sentía que se volvía loca. Todo el día paseaba por las instalaciones,
pero pronto llegó a aburrirle esa rutina. De vez en cuando jugaba con Ludovika
y se la llevaba a pasear, pero tampoco ni eso la entretuvo. Aunque fue así como
llegó a enterarse de el por qué las habían observado así la primera mañana en
el comedor. Había escuchado a algunos platicar en sus tantas vueltas sin que se
dieran cuenta de que ella estaba cerca. Al parecer, todos en ese lugar estaban
enterados de con quién habían estado trabajando, todos estaban de alguna manera
involucrados. También el hecho de que Fabiola fuera una doctora de renombre no
ayudaba a pasar desapercibidas, pareciera como si todo el mundo había escuchado
de ella, independientemente de su conexión con Marcus Alexander.
Fabiola de vez en cuando acompañaba a Angélica a dar
paseos por el bosque. El lugar en si no estaba mal, parecía tipo un spa por
donde ellas estaban, si no fuera porque estaban sintiéndose ahogadas, podrían
llegar a disfrutarlo bastante.
Benjamín Sanders estuvo siempre cerca de ellas hasta el
momento en que tuvo que dejarlas para incorporarse a la misión de la captura de
Marcus Alexander. Angélica estaba pensando que jamás lo atraparían, y eso,
empezaba a provocarle una impaciencia, que estaba contagiándosele a Fabiola. Ya
no dormían en el mismo cuarto, Fabiola pensó mejor las cosas y supuso que eso
no sería muy conveniente, pues no sabría cómo podría afectar a Angélica.
Una tarde, después de 6 meses que tenían ahí (ya habían
juntado los cuatro años en total), Fabiola estaba, como siempre, pérdida en la
pantalla de su laptop, y Angélica estaba particularmente inquieta, mientras
Ludovika brincaba cerca de ellas. Las cosas entre las dos habían dejado la
tensión de los primeros días y ahora su relación era de amistad normal, como si
no hubiera pasado nada entre ellas. Aunque Angélica, de vez en cuando, se
sentía nostálgica por eso, pero lo disimulaba bastante bien. En ese lugar no
tenían acceso a las noticias del mundo exterior más que lo que se enteraban por
algunas personas que salían ocasionalmente de ahí, así que no tener noticias de
Luisa era bueno para eso, al menos por un lado, pues Fabiola a veces sentía que
necesitaba saber de ella.
—vamos, acompáñame a dar una vuelta por el bosque, no
aguanto más estar aquí.
—pero estoy tratando de ver cómo resolver esto.
—lo puedes hacer mañana, además, también te hace falta
salir a tomar aire, descansar incluso, esas ojeras se te empiezan a marcar.
—en serió? — preguntó un tanto preocupada.
—sí, y mira que para que se te noten esta difícil… anda
vamos.
—pero…
—nada, vamos, además, Ludovika también necesita salir a
correr — la agarró de la mano y la arrastró con ella hacia afuera. Era un día
nublado, fresco, Fabiola volteó a ver a Angélica y le sonrió agradecida.
—a Lulú le gustan estos días.
—hace mucho que no la mencionabas — dijo sonriéndole
también.
—si — dijo pensativamente.
—de verdad no la buscaras? — negó con la cabeza. Angélica
iba a decirle otra cosa, pero en eso alcanzó a ver qué Benjamín venia hacia
ellas. Fabiola siguió su mirada y se topó con su sonrisa.
—paseando?
—sí.
—es muy aburrido estar aquí? — las dos asintieron —
entonces déjenme mostrarles algo — dijo sonriendo más aun y dándoles un
periódico. Angélica lo extendió y Fabiola se acercó a ella rozando su espalda
con uno de sus pechos por accidente para verlo, y al hacerlo, Angélica sintió
como la piel se le erizaba, pero no hizo movimiento alguno. En la primera plana
del periódico estaba la foto de Marcus Alexander con un título en la noticia,
“Terrorista atrapado por el gobierno de Canadá después de una larga búsqueda”. Fabiola
no leyó la nota y volteó a ver a Benjamín expectante.
—esto es cierto? — él solo le sonreía — por fin lo
atraparon?
—hace una semana justamente.
—y por qué no habías venido a decírnoslo?
—estaba ocupado en el papeleo, pero en cuanto pude, vine
hacia acá.
—y por qué nadie nos había dicho nada? — preguntó
Angélica sacando su cara del periódico.
—eso si no lo sé, el punto es que están libres por fin,
pueden volver a sus vidas.
—de verdad? — preguntaron sin poder creerlo.
—de verdad.
—eso es perfecto — estaba feliz, como Fabiola no le veía
hace mucho — cuando nos podemos ir?
—en cuanto estén listas para hacerlo — Ludovika estaba
ladre y ladre junto a ellas al verlas tan exaltadas.
—perfecto, iré a recoger mis cosas, mañana?
—mañana será — Angélica apenas podía contenerse, por fin serian
libres del todo. Se encaminó dentro del edificio haciéndole señas a Fabiola
para que la siguiera. Ella y Benjamín la empezaron a seguir, pero no podían
darle alcance, ellos iban caminando calmadamente y ella prácticamente corría.
—lo atrapamos por fin — le dijo Benjamín — volverás a tu
trabajo, a tu vida.
—eso es lo que menos importa — dijo en un tono algo
triste, más para ella que para él.
—tu vida volverá a ser la igual que antes… casi igual…
sabes que podemos restaurarle la memoria?
—sí, pero…. no, es mejor así… con que ella sea feliz es
suficiente para mi… no podría soportar que me mirara con sus ojos sabiendo lo
que hice.
—te obligaron.
—es lo mismo, pude no hacerlo.
—hiciste algo al respecto… no te preocupes, ahora que
vuelves a tu vida de antes podrás seguir con tu investigación, serás la misma
persona que eras, no tendrás nada que puedan reclamarte… nadie.
—si… eso parece — entraron al elevador, Angélica los
esperaba impaciente. Luego las puertas abrieron y salieron al pasillo.
—está impaciente por salir de aquí — dijo Benjamín sonriente
y señalando a Angélica. Le dio una palmadita en el hombro a Fabiola al dejarla
en la puerta de su cuarto y luego se devolvió. Mientras esperaba el elevador se
volteó hacia ella — deberías de buscarla.
—lo más seguro es que tenga su vida hecha… no puedo
llegar de la nada a romperle esa rutina que tiene.
—seguiremos mandando el suero a su entrenador entonces —
el elevador abrió las puertas y Benjamín se puso justo en donde cerraban las
puertas para detenerlas — aunque sé que ha estado saltando de una relación a
otra, más que de costumbre. Creo que algo le falta y no logra encontrarlo —
terminó cerrándole un ojo.
—a lo mejor — dijo pensativamente.
—piénsalo… siempre podemos dejarla como nos la entregaste
— entró al elevador, las puertas se cerraron y Fabiola se quedó ahí, escuchando
como Angélica brincaba de un lado a otro en su cuarto.
—mañana será cuando nos iremos? No está diciéndolo solo
por decirlo? — le pregunto Angélica al entrar a su cuarto como niña con juguete
nuevo, y ella, sonrió por verla tan feliz.
—probablemente no sea mañana, pero en dos o tres días
estaremos fuera de aquí — Angélica le sonrió, se acercó para besarla, pero contuvo
el impulso, al final pasó su índice por el camino de su nariz deteniéndose en
la punta. Fabiola retrocedió inconscientemente — Lulú solía hacerlo — dijo
excusándose al ver la cara que había puesto — pero con sus labios.
—siempre? — preguntó medio sonriendo, Fabiola negó.
—a modo de saludo, o cuando se despedía… me encantaba que
lo hiciera.
—probablemente tu nariz le gustara demasiado — se alejó
de ella y se sentó en la cama.
—probablemente… nunca me dijo nada y yo nunca le pregunté.
Por fin, el día que habían estado esperando llegó,
volverían a sus vidas, no más encierro. Benjamín llegó por ellas con una
sonrisa en la cara. Se asomó en el cuarto de Angélica pero no la encontró y
supuso que estarían en el de Fabiola
—listas para irse? — preguntó recargándose en el marco de
la puerta.
—si — contestó Angélica con una enorme sonrisa.
—ok, entonces vámonos — Fabiola le sonrió y él y Angélica
salieron del cuarto, para pasar por las cosas de Angélica que se llevaría
consigo. No eran muchas, solo las cosas que le habían dado ahí, había llegado
sin nada. Fabiola agarró su maletín y su portafolio y fue tras de ellos, pero
se detuvo en la puerta y se devolvió sentándose a un lado de la cama. Abrió el
cajón del buro que estaba enseguida y sacó la foto que le había enseñado a
Angélica hacía ya tanto tiempo. Se quedó observándola unos segundos y sonrió
con tristeza, la guardó en su maletín y fue a alcanzarlos.
Benjamín las acompañó hasta un helicóptero que ya las
esperaba y ayudó a subir a Angélica.
—estás segura que no quieres que le restauremos la
memoria? — le preguntó por última vez antes de que subiera al helicóptero. Fabiola
solo le sonrió con tristeza y se siguió para subirse.
Despegaron y comenzaron su camino de regreso, Fabiola
veía por la ventana como Benjamín se hacía cada vez más pequeño y se alejaba, él
les decía adiós con la mano y Fabiola sonrió de nuevo.
El helicóptero las dejó cerca de Vancouver, en un
despoblado, y de ahí, un carro las llevó de vuelta a la ciudad, al apartamento
que había dejado hacia cuatro años. Fabiola abrió la puerta y se quedó
estática, no sabía si podría con los recuerdos que vivían ahí y que de pronto la
invadieron. Cuando por fin entró, lo hizo lentamente, dejo sus cosas en el piso
y recorrió el apartamento con la mirada. Todo estaba justo como lo había dejado,
a excepción de la capa de polvo que cubría todo. Fuera de que Luisa no estaba
con ella, su vida volvía a ser la misma de antes, regresó a su trabajo y se
dedicó de lleno a él. Y para su sorpresa, la sra. Dalia también volvió a
trabajar con ella. Eso le alegró mucho pues ella era su confidente, era quien
las cuidaba antes y les cuidaba su secreto celosamente, se habían encariñado
con ella y tenerla de vuelta la hizo sentir en casa.
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