jueves, 31 de marzo de 2016

Capitulo V

Fabiola llegó al día siguiente a mi casa cerca del mediodía, mi mamá y mi hermano no estaban así que estaríamos solas.
Resultó que el trabajo en que quería que la ayudara no era demasiado pesado, solo pasar notas.
—en realidad era una excusa para poder verte hoy — me dijo sonriendo.
—pero… no tienes que inventar excusas — dije algo apenada y bajando la mirada.
—también quería… aclarar algo contigo — me dijo en tono más serió — aunque si tengo que entregar esta investigación y ya estoy un poquito atrasada.
—y prefieres aclarar primero o avanzar el trabajo?
—el trabajo, te parece?
—lo que decidas está bien por mí.
—ok, trabajamos, luego platicamos — y nos pusimos a trabajar (ella más que yo).
Era un trabajo de investigación que no entendía muy bien, por lo que ella me ayudaba en lo que hacía (a pesar de que sería al revés). Sentía que era más un retraso que una ayuda, y prácticamente lo que me tenía haciendo era un resumen de unas hojas que traía impresas.
Estuvimos en mi cuarto haciendo la dichosa investigación por un buen rato y nos entretuvimos en eso, tanto que no sentí que pasó del tiempo hasta que llegó Cinthia.
—vaya, de verdad te hicieron interesarte en la química — dijo en cuanto nos vio pero sentí que el tono que había utilizado era igual al del día anterior, yo solo esperaba que Fabiola no se hubiera dado cuenta y mi mirada reclamándole no se hizo esperar.
—solo la estoy ayudando con esta investigación… que por cierto para qué es? — ignoré a Cinthia por unos segundos y solo veía a Fabiola y ella, ante eso, solo se sentó en la cama enseguida de mí y fue cuando de nuevo la volteé a ver.
—un trabajo de investigación para un laboratorio — las dos la miramos interrogantes — es para una beca que están ofreciendo, hicieron una convocatoria para ver a quien se la dan y, pues es una oportunidad muy buena para entrar ahí — Cinthia y yo la vimos por unos segundos algo asombradas y volteé a ver las hojas que tenía en la mano.
—es eso lo que estamos haciendo? — ella asintió — y no temes que lo eche a perder? — ella sonrió.
—no, lo estás haciendo bien.
—bueno — Cinthia se levantó de la cama suspirando — venía para ver si querías ir con Carlos pero como estas ocupada nos hablamos más tarde.
—si — la mirada que Cinthia le dio a Fabiola me dijo que aún se sentía desplazada por ella — te marco más tarde.
—ok, nos vemos… Fabiola.
—adiós — en cuanto Cinthia se fue Fabiola me miró directamente — si quieres podemos dejar hasta aquí para que vayas con ella — la miré pensativa.
—no, te dije que te ayudaría y lo hare… además Cinthia esta de un humor medio raro últimamente.
—sí, lo noté — bajó su vista y siguió tecleando en la laptop. Había notado que Cinthia le estaba haciendo mala cara y terminado con mi esperanza de que solo yo lo notara.
—no le hagas caso.
—la ignoro?
—no, eso no sería buena idea — me miró profundamente y no me quedó más remedio que decirle lo que pasaba — ok, te diré, pero queda entre tú y yo, ok?
—como todo — me hizo una sonrisita algo torcida.
—que simpática — le aventé una almohada y ella solo rió.
—ok, perdona, bueno, dime lo que me ibas a decir.
—veras, Cinthia se siente… relegada? No sé si esa sea la palabra adecuada, bueno, el caso es que siente como que… — Fabiola me miraba directamente y yo solo daba rodeos — desde que apareciste en escena…
—Lulú — volteé a verla — dímelo tal cual, sin rodeos.
—Cinthia esta como… celosa de… ti — Fabiola me miró con expresión confundida — sí, no me mires así, es cierto.
—pero… por qué? — me levanté de la cama suspirando y me arrodillé frente a ella en el suelo.
—según ella, desde que nos conocimos la “reemplacé” contigo — seguía viéndome confundida — se siente relegada por ti, ahora solo estoy contigo, según ella, como ahorita que vino, por eso te hizo mala cara.
—ahh… pero… eso no es cierto, yo no busco desplazarla como tu amiga.
—eso lo sabemos tu y yo… y puede ser que Sergio se lo haya tratado de decir — me dio un golpecito con un lápiz en el brazo y le sonreí, luego, retrocedí para recargarme en la cama — pero así se siente. Anoche traté de decirle que no era el caso, pero al haberte encontrado aquí, creo que no importó nada de lo que le dije ayer — Fabiola sonrió y no le dio mucha más importancia al tema y continuamos con lo que hacíamos, ella más bien — si consigues la beca en este laboratorio que pasara?
—pues con esa beca podré realizar algunos estudios sobre bacteriología y después podrían contratarme.
—en verdad?, entonces sería muy bueno que la consigas… y aun así te fías de lo que pueda estar haciendo? Me da como miedo que por mi culpa no lo consigas.
—ya te dije, no te preocupes, lo que estás haciendo lo estás haciendo muy bien.
—tienes demasiada confianza en mí — dije mirando de nuevo las hojas que tenía.
—y tu muy poca en ti… lo bueno es que eres hermosa — la miré y le sonreí tímidamente pero sin poder sostenerle la mirada y entonces ella dejó la laptop en el suelo y se acercó a mí junto al pie de la cama, arrodillándose frente a mí — y juegas como a nadie he visto jugar — empezó a jugar con mi pelo que sacó detrás de mí oreja.
—no has de haber visto a muchos — Fabiola sonrió y yo la volteé a ver.
—quisiera saber una cosa — la miré intrigada y puso me pelo donde lo había agarrado, pero en eso sonó mi celular y ella solo me miró resignada y me lo pasó.
—no, dime qué quieres saber — dije dejando que se fuera la llamada.
—no, mejor atiende — de nuevo sonaba — no quiero que digan que te mantengo alejada del mundo — dijo en tono sarcástico levantándose, la detuve agarrándola de la mano, ella me vio con una mirada que no supe descifrar, la llamada se perdió de nuevo.
—dime, que pasa? Desde ahorita querías decirme algo — justo cuando abrió la boca para decírmelo el celular sonó una vez más.
—contesta — me quedé mirándola y ella fue y se sentó en donde había dejado la laptop.
—bueno… porque no alcance a contestar… si, que te dijo?... en serió?... si, si me dijo… mmm, no se… si, aquí esta… pues yo te aviso… ok bye — Fabiola no me dijo nada cuando colgué, solo me miraba — era Sergio — las dos nos veíamos en silencio — seguimos? — dije de pronto y ella me sonrió asintiendo.

Estuvimos un buen rato más haciendo su trabajo y de vez en cuando me surgían dudas de lo que tenía que hacer pero ella muy pacientemente me explicaba. Mientras seguía con las hojas que me había dado haciendo algunas anotaciones y en un momento dado sentí que Fabiola se quedó mirándome fijamente.
—no es que puedas cambiar la raqueta de manos con facilidad — dijo aun mirándome fijamente y yo volteé a verla un poco confundía — eres ambidiestra, escribes con las dos manos — le sonreí asintiendo — porque no me lo dijiste antes que te dije lo de la raqueta? Debiste pensar que era una tonta.
—no… casi nadie se da cuenta, además no es algo que ande publicando, “hola soy Luisa y soy ambidiestra”.
—no, creo que no, pero aun así debiste decírmelo, me siento algo tonta.
—no, no te sientas así, Cinthia no se dio cuenta hasta no hace mucho… de hecho eres la primera que se da cuenta tan rápido.
—que más puedes hacer con las dos manos? — se había entusiasmado con eso y se acercó a mí como hacía rato, arrodillándose frente a mí.
—no lo sé — sonreí nerviosa — a veces me pinto con las dos, dependiendo que tan apurada este… me peino, escribo, todo, de hecho, a veces uso la izquierda y a veces la derecha.
—que practico — acomodó mi pelo detrás de mis orejas de nuevo y volvió a su laptop y seguimos en lo que estábamos hasta que después de dos horas la cerró de golpe.
—ya me cansé — me veía de modo extraño — tu no?
—pues… no, la verdad no, tu eres la que hace el trabajo pesado.
—prefieres seguir?
—si tú quieres, no sé exactamente cuándo debas entregarlo.
—aún tengo tiempo y ya casi lo acabamos, quieres salir?
—ok — dije algo titubeante — a dónde quieres ir?
—pues con tus amigos, que te parece?
—quieres ir ahí en serió? — pregunté dudosa.
—sí, pero solo con una condición.
—cuál?
—no me vayas a dejar sola.
—no — me reí.
—pero en serió, no vaya a ser que Cinthia me linche o Sergio quiera volver al ataque — solté una carcajada — no te rías — se puso sobre sus rodillas y se acercó a mí para golpearme con la almohada que le había aventado hacía rato, me hice a un lado y terminé recargada sobre mi codo derecho, lo cual aprovechó muy bien y se puso sobre mí besándome y provocándome de nuevo esa sensación de estar en las nubes, dejándome sin aliento hasta que el celular sonó de nuevo — ese celular tuyo, terminaré aventándolo por un puente — le sonreí y contesté.
—bueno… si… es la segunda vez que me hablas para eso… bueno… yo sé… ok… si en serió, deja de molestar… bye — colgué y Fabiola ya había empezado a guardar todo en su mochila — bueno, parece que si tendremos que ir.
—tendremos?
—si — puse una gran sonrisa en mis labios — tendremos, fuiste requerida — una vez que guardó todo nos fuimos a casa de Carlos.
En su carro, de nuevo en el estéreo se escuchaba muse, pero ahora era uprising.
—que buen gusto tienes.
—lo sé — me pellizcó el cachete suavemente.
—me refería a la música.
—lo sé — sonrió divertida.

Estuve al lado de Fabiola toda la noche justo como me había pedido. Sergio estaba también por ahí, pero ya no estaba en el plan de antes, o al menos se había estado absteniendo. Pero por otro lado, Cinthia no se había acercado a mí en todo el rato que llevábamos ahí, evidentemente estaba sentida conmigo, por lo que decidí dejar a Fabiola con Sergio sola (a pesar de sus insistencias de no hacerlo) y fui a hablar con ella.
—no quiero que te pongas así conmigo — le dije en cuanto estuve a su lado.
—así como? — actuaba como si no pasara nada, al menos lo trataba, no quería que me diera cuenta que seguía celosa, pero alcanzaba a captar cierto recelo en su voz.
—sé que estas enojada conmigo.
—no, no estoy enojada — ni siquiera me miraba.
—mira, ella jamás te va a suplantar, tu eres mi mejor amiga — le dije agarrándola del brazo para que volteara a verme.
—pues pareciera que tienes una nueva mejor amiga — ahí estaba, no había podido controlarse, si tan solo supiera que no tenía esas intenciones y que no debía de preocuparse.
—no, no seas tonta, las cosas no son así.
—es que siento que me hiciste a un lado — su tono de voz había cambiado, ya no estaba a la defensiva conmigo.
—sí, perdón por eso, no lo hice a propósito, pero es que me pasaron demasiadas cosas al mismo tiempo.
—y por qué no me dijiste nada?
—pues… creí que podría resolverlo sola.
—ok — volvía ese recelo a su voz.
—estamos bien? — ella asintió pensativa y después me abrazó fuertemente. Néstor se acercó en eso a nosotras y nos abrazó a las dos.
—ya hicieron las paces?
—ya… cállate — le dijo Cinthia.
—ya puedes dejar de tratar con desdén a Fabiola? — Cinthia me sonrió y asintió — y tú también, ya sé que le haces mala cara.
—la seguirás trayendo? — preguntó Néstor.
—a veces, no soy yo, es Sergio quien la solicita — Cinthia asintió riéndose.
Luego de eso, Cinthia sugirió que fuéramos a rescatar a Fabiola de las garras de Sergio y cuando llegamos le ofreció un vaso de whisky muy amablemente, ella aceptó algo sorprendida y me volteó a ver, le sonreí y el resto de la noche estuve libre de tensión, salvo ocasionalmente cuando Fabiola me tocaba, no importaba que fuera un leve toque o accidental, eso me ponía bastante nerviosa que se dieran cuenta de lo que realmente pasaba entre las dos.
Cerca de la una, cuando ya todos estaban más que alegres, y yo iba en camino hacia allá, Fabiola me alejó un poco de todos.
—estas bien? — me preguntó presionándome el codo suavemente provocándome un hormigueo que fue recorriendo mi brazo hasta llegar al pecho haciendo que mi corazón se acelerara.
—sí, bastante — respondí sonriendo como una tonta.
—estás segura?
—si, por qué? Me dirás lo que me has querido decir toda la tarde y no te animas?
—ok, está bien — sonrió nerviosa.
—entonces? — se quedó dubitativa viéndome.
—pues… — se acercó para susurrarme al odio, lo que provocó que sintiera una revolución en mi estómago — solo quisiera saber cómo estamos? — volteé a verla confundida y casi toco sus labios, volteé a ver hacia los demás un tanto asustada, pero ellos estaban en lo suyo y parecía que no nos tomaban en cuenta — tu y yo.
—pues… bien me miró reprochándomelo — es broma…  no sé… dímelo tú.
—yo sé lo que quiero pero creo que eres tú la que no lo sabe — la miré con expresión seria — yo te dije lo que siento por ti y quise darte tiempo para que lo asimilaras, pero no puedo estar sobre castillos en el aire.
—no, no puedes, pero yo tampoco puedo darte una respuesta en este momento, no una que te satisfaga.
—no quiero que busques complacerme… solo quiero saber en dónde estoy parada.
—no puedo, ya te dije… lo único que puedo decirte es que desde que me besaste la primera vez no dejo de pensar en eso, me moviste la tierra cuando lo hiciste y ahora cuando estoy cerca de ti mi corazón pareciera que quisiera salírseme del pecho, me haces temblar de pies a cabeza y apenas puedo controlarme… y aun así ni siquiera yo sé dónde estoy parada — Fabiola solo se quedó mirándome pero Cinthia se acercó a nosotras en ese momento.
—que hacen acá? vengan con nosotros — tuvimos que dejar inconclusa la discusión, discusión que continuó en el carro de Fabiola, de vuelta a mi casa, justo donde nos habíamos quedado.
—ni tu ni yo podemos estar así — solo la escuchaba — tienes que aclarar tus pensamientos.
—lo sé.
—por qué no tratas de decirme que es lo que pasa, yo puedo ayudarte.
—por qué no sé qué es lo que me pasa — empecé a exaltarme y ella lo notó.

—ahora que pienso en como actué despectiva con ella no sé cómo pudo quedarse conmigo, la traté muy mal.
—la verdad si — dijo Thomas en tono de broma.

—no te preocupes — me dijo en un tono demasiado calmado — no tienes que preocuparte de nada — no sabía a lo que se refería exactamente, pero parecía decidida — ya lo descubrirás — me dejó en mi casa y esta vez no se despidió como acostumbraba, yo solo me bajé del carro y entré a mi casa sin decirle nada, ni siquiera volteé a ver.

Y luego, desde que despertara, estuve dándole vueltas al asunto y seguía sin tener ninguna respuesta que darle. Fabiola no me llamó ni me mandó mensaje ni nada, y yo, al no tener nada que responderle, tampoco lo hice. Creía entender su postura, yo no podía aclarar lo que sentía y ella no podía estar así conmigo, pero cerca de las nueve de la noche, mostró signos de estar viva y me mandó un mensaje al fin:

Estuve pensando las cosas y evidentemente necesitas tiempo y espacio para que te des cuenta de quién eres realmente y que es lo que quieres. Como ya te dije, tú ya sabes lo que siento por ti y pienso que no debí decírtelo, pero ya nada puedo hacer al respecto, solo te pido que, por favor, no me lastimes en el proceso.

No le contesté, y por el contrario seguí en mi estado aletargado en mi cuarto hasta que me quedé dormida.
Cinthia llegó al día siguiente por mí y me sacó de la cama, al parecer el papá de Carlos había desistido del castigo y lo había dejado salir, así que decidieron que fuéramos a comer y después veríamos que haríamos.
Llegamos al decker, y para Cinthia fue bastante obvio que algo me pasaba, empezó a tratar de animarme pero yo no reaccionaba mucho.
—qué pasa? Porque estas tan seria y distante.
—nada, no pasa nada — le dije pero con la mirada que me hizo supe que no me había creído.
—discutiste con Fabiola? — la miré intrigada bueno pues es que no la trajiste hoy y ayer parecía que estaban discutiendo.
—no, no pasa nada con ella.
—mira, si es porque estuve haciéndole la guerra no te preocupes, es que estaba un poco celosa de ella, pero en realidad me cae bien — solo sonreí — además es divertido ver como Sergio se la pasa junto a ella a pesar de que ya le dijo que está saliendo con alguien.
—eso le dijo?
—sí, Sergio me dijo que le preguntó, de hecho, tú estabas con ellos cuando le dijo, no? — asentí dándole la razón.
—ya recordé.
—entonces?
—no te preocupes, estoy bien.
—ok, yo le hablare a Fabiola para decirle que venga — la miré confundida — lo que quiero es que no estés tan seria.
—no, ya te dije, no es nada — y de cualquier forma no podrías hacer nada, pensé — ya se me pasara.
—ok, más vale, si no, Sergio y Néstor te obligaran — me dijo sonriendo y siguió comiendo.
Una vez que terminamos de comer, decidieron que nos quedáramos ahí, como estábamos en la parte del bar a la hora que anocheció el ambiente del lugar cambio totalmente y nosotros seguimos bebiendo, últimamente lo hacíamos demasiado. No sé si los demás trataban de recuperar lo que no habíamos podido tomar mientras entrenábamos, pero casi todos los días terminábamos así. Y lo peor, yo no debía de estar haciendo eso, debía de estar descansando y entrenando.
Al pasar la noche y las copas dejé de lado los pensamientos que me atormentaban, y de hecho comencé a pasármela bien, como había dicho antes, nada que una buena terapia de alcohol no arreglara.
Terminé llegando a mi casa algo tarde y bastante mareada, y Cinthia se quedó conmigo porque estaba peor que yo y no podía manejar.
Y como era de esperarse, al otro día nos despertamos tarde, cerca de las doce y decidimos ir a desayunar algo para la cruz que cargábamos, pero mi mamá nos detuvo en seco bajando las escaleras.
—adónde van? — nos preguntó con tono serió.
—a… dar una vuelta — le dije algo atontada todavía.
—no señoritas, no las dejare, se han portado bastante mal — tocaron la puerta en ese momento y mi mamá fue a abrir, era Sergio.
—que hacen ahí paradas? — dijo Sergio algo confundido al vernos en las escaleras paradas después de saludar de beso a mi mamá.
—no Sergio — le dijo mi mamá antes de que pudiéramos decir algo — estas niñas estarán castigadas, así que mejor regresa por donde viniste.
—porque? si nunca se portan mal.
—anoche llegaron más que servidas de tragos, te parece una conducta apropiada? Además, Luisa tiene que comportarse, no creo que le parezca divertido a tu nuevo agente lo que estás haciendo.
—tiene razón — le dijo Sergio — pero si les levanta el castigo yo cuidare de ellas.
—y quien cuidara de ti Sergio? eres peor que ellas — el tono de mi mamá ya era más de broma que de enojo y supimos que nos habíamos librado de esta.
—entre todos nos cuidamos — mi mamá sonrió resignada.
—váyanse ya, no me digan más mentiras por favor — mi mamá se fue a la cocina y nosotras salimos de mi casa.
Nos fuimos en el carro de Sergio buscando algo para sentirnos mejor, ya que él también estaba igual.
—deberíamos descansar, por lo menos un día — les dije con los ojos entrecerrados, a pesar de traer los lentes obscuros, el sol me tenía casi derrumbada en el asiento 3 todos los días hemos estado tomando, eso ya es exceso.
—sí, puede ser, pero como el entrenador nos tenía prohibido hacerlo ahora tenemos que recuperar el tiempo — justo lo que había pensado.
—y tenemos que acabarnos la reserva de la ciudad en eso? — preguntó Cinthia con algo de sarcasmo.
—ok, hoy no tomaremos — dijo Sergio cediendo al fin al vernos unidas en esto.
—sí, aunque los demás se opongan debemos imponernos nosotros — le dijo Cinthia con tono de convicción que probablemente no sentía — no vaya a ser que le arruinemos la oportunidad a Luisa con su agente — se rió al decirlo.
Después de comer nos sentimos mucho mejor los tres y fuimos a dar la vuelta por la ciudad, ninguno tenía ganas de salir. Dieron las nueve de la noche y fue cuando le dije a Sergio que me llevara a mi casa, estaba cansada y mis ánimos aun no arribaban del todo. Al llegar, Cinthia subió a su carro y se fue, y Sergio hizo lo mismo, entré y me encontré a mi mamá estaba en la cocina.
—vaya, por fin llegaste temprano esta semana — sonreí y le dije que me iría dormir, así sin más. Entré a mi cuarto, me puse la pijama y me metí a la cama. Prendí la tele para verla un rato pero la apagué pronto pero no me quede dormida inmediatamente, di unas cuantas vueltas hasta que el sueño me venció.
Y fue Cinthia quien de nuevo llegó a sacarme de la cama, yo aún no me había despertado, era como si quisiera ganarle el tiempo a Fabiola.
—vamos, has estado este par de días muy desanimada, vamos a comer, Sergio no tarda en llegar por nosotras, mejor metete a bañar.
—pero no tengo ganas de salir.
—solo iremos a comer.
—prométeme que no haremos nada en la noche.
—sí, nada, tampoco tengo ganas de salir, esperemos mejor a mañana.
—ya veremos — me metí a bañar y en eso Sergio llegó.
Comimos en el decker de nuevo, pero esta vez con la sentencia de no alargarnos como siempre.
Casi terminando de comer, Néstor le marcó a Cinthia y Lorena me marcó a mí. Tanto Cinthia como yo les dijimos que ahora fuéramos al cine, Lorena estuvo de acuerdo inmediatamente pero Néstor si puso algo de resistencia pero luego aceptó, ya estando nosotros de acuerdo, con Carlos y Jorge no sería tanto problema.
Nos vimos en el cine y una vez ahí empezamos a ver cuál película veríamos. Sergio, Carlos y Néstor querían ver la de atracción peligrosa, Jorge y Lorena querían ver sepultado y Cinthia y yo queríamos ver sucker punch, solo a nosotras nos gustaban esas películas fantasiosas y las de ciencia ficción. Alex me llevaba a verlas, aunque no le gustaban mucho, pero ahora generalmente iba con Cinthia, aunque de vez en cuando Néstor nos acompañaba.
La de atracción peligrosa estaba agotada, sepultado a nadie más nos llamó mucho la atención, por lo que la descartamos sin ver si quiera el horario, la única disponible fue la sucker punch, así que Cinthia y yo nos salimos con la nuestra y entramos a ver esa, y, al contrario a lo que pensaban todos, la película estuvo bastante divertida. Me había distraído en el cine pero cuando me pareció ver a un amigo de Fabiola de lejos (aunque no estaba segura que fuera él, pues no conocía mucho de su círculo amistoso) lo único que consiguió fue recordarme lo que estaba pasando con ella y durante la cena volví a estar distraída a todo lo que pasaba a mí alrededor.
—es todo, préstame tu celular — miré a Cinthia confundida — necesito hacer una llamada — lo saqué de la bolsa y se lo di. Ella empezó a buscar los contactos y luego se me ocurrió a quien quería marcarle.
—serias capaz de hablarle en serió? — dije nerviosa.
—por lograr que vuelvas  a ser la de antes? Sí.
—ok, voy a dejar el mal humor detrás.
—eso ya me lo dijiste antes.
—pero esta vez es en serió — de pronto, y gracias a Cinthia, veía las cosas más claras y creía saber qué es lo que tenía y quería hacer.
—ok — Cinthia me devolvió el celular un tanto dudosa pero siguió platicando con los demás, una plática a la que me uní, solo que después de un rato le dije a Sergio en el odio que me prestara su carro.
—pero nos dejaras aquí — dijo provocando que Cinthia se diera cuenta de lo que le pedía.
—Néstor o Carlos los pueden llevar.
—préstaselo — le dijo Cinthia sorprendiéndome — tiene que ir a hacer las paces — me guiñó un ojo en complicidad, sabría Cinthia lo que realmente pensaba hacer?
—ok — sacó sus llaves del pantalón no muy convencido y me las dio.
—te marcó más tarde para devolverlo — salí de ahí sin saber exactamente lo que iba a hacer, solo me subí al carro, acomodé el asiento a mi estatura y arranqué y empecé a manejar sin rumbo mientras luchaba por sacar mi celular de la bolsa, hacía unos días, desde la última vez que vi a Fabiola y su mensaje. Mi bolsa me lo estaba poniendo difícil y no podía encontrarlo así que  dejé de buscar mi celular desesperada y me dirigí a su casa sin más.
Me estacioné afuera al llegar pero no sabía qué hacer, no sabía si estaba en su casa o si había salido a algún lado o si estaba dormida, en resumen, no sabía nada, solamente sabía lo que quería… por fin. Me bajé del carro y estando frente a su puerta el valor que había tenido de pronto me había abandonado y pensé mejor las cosas, pues a decir verdad era algo tarde, no todos salían todas las noches como nosotros. Me devolví al carro y empecé a buscar de nuevo mi celular pero no lo encontraba y me senté en el asiento del copiloto resignada y pensando donde lo pude haber dejado y solo miraba el tablero cuando de repente siento que vibra en la bolsa del pantalón, era un mensaje de Cinthia.

No te preocupes si no puedes volver, lo entiendo, solo asegúrate de no seguir haciéndome a un lado, tú serás siempre mi amiga y eso nunca cambiara por nada del mundo, sin importar que pase.

Era como si lo supiera, o al menos lo sospechaba, me asustaba un poco ese hecho y definitivamente tenía que averiguarlo mañana sin falta, pero por lo pronto marqué el número que quería realmente marcar.
—bueno.
—estabas dormida?
—no… estoy terminando la investigación.
—entonces… te marcó después…
—¡NO!, que pasa?
—segura que no te interrumpo?
jamás — mi corazón latía muy rápido.
—necesito… — se me atoraban las palabras en la garganta, como esperaba decir lo que venía a decirle si no podía articular palabra.
—sigues en el cine? — su amigo era más rápido para chismear que yo en decidirme en venir.
—no… estoy afuera de tu casa de hecho — escuché como se levantaba e imaginé que estaría asomándose por la ventana.
—no veo tu carro solo…
—es de Sergio.
—que estás haciendo con el carro de Sergio?
—no traía el mío y se lo pedí prestado pues de pronto sentí la necesidad de decirte algo que no podía esperar más tiempo… — en eso escuché que se abría la puerta de su casa y Fabiola salía en pijamas, había bajado muy rápido.
—que sucede? — bajé mi celular, ella también y caminó hacia el carro acercándoseme. No sabía por dónde empezar.
—es que… resulta… pensé… no se… — los pensamientos se me enredaron de pronto y solo podía balbucear incoherencias y me rascaba la cabeza con la mirada perdida. De pronto me tomó de la mano y me bajó del carro y agarró mi cara entre sus manos.
—relájate… respira y ordena tus pensamientos— creí sentir que sus manos le temblaban, pero no estaba segura.
—ya lo hice por fin, algo coherente — descubrí que es lo que quiero — sus ojos me miraban expectantes — y quiero… estar contigo, no sé si este lista para gritárselo al mundo, pero sí sé que no puedo dejar de pensar en ti — no dijo nada de momento, solo me miraba y yo solo pensaba que era demasiado tarde.
—y solo te tomó tres días averiguarlo — dijo sonriéndome de pronto.
—es mucho tiempo?
—para mí fue una eternidad — se acercó y me besó y yo rodeé su cintura con mis brazos — no estabas tomando?
—no.
—me lo dices en tus cinco sentidos? — asentí y me sonrió con una sonrisa que me iluminó la noche — cuando no me contestaste el mensaje pensé que todo había acabado antes de empezar.
—estaba confundida… — me interrumpió besándome.
—estas asustada? — no necesité contestarle, ella sabía de antemano la respuesta — no tienes que preocuparte, yo te voy a cuidar — no podía hacer que mis manos dejaran de temblar, Fabiola soltó mi cara y las tomó entre las suyas por detrás de su espalda y apoyó su frente en la mía — no tenemos que hacer nada que no quieras, incluso estar siempre… en silencio — separé mi frente de la suya y la miré directo a los ojos — lo único que quiero es estar contigo — soltó mis manos y me agarró la cara de nuevo — no me vayas a traicionar jamás — sonó más como una súplica, casi al borde del llanto.
—jamás lo haría — diciéndole eso la besé, era el primer beso que yo le daba, era el beso más grandioso que jamás había dado y se lo estaba dando a ella. Me asustaba decirlo, sí, pero más me asustaba el hecho de estar descubriendo que yo también me estaba enamorando de Fabiola y no era nada físico… era puro y verdadero amor.
Estuvimos un buen rato afuera de su casa abrazadas y con los labios conectados hasta que un ruido me hizo reaccionar asustándome.
—cálmate, solo es el vecino… quieres entrar?— me llevó de la mano y trató de guiarme dentro de su casa.
—no, probablemente es mejor que me vaya ya — yo seguía volteando asegurándome que no estuviera nadie alrededor.
—no creo que sea lo más prudente, tus manos siguen temblando demasiado y no puedes manejar así.
—no creo que no pueda manejar, solo voy a mi casa — le dije frunciendo el ceño con una sonrisa algo torcida.
—no, confía en mí, no puedes — Fabiola no podía dejar de sonreír y dejé que me llevara dentro de los dos pilares que protegían la puerta y me recargó en la pared — ven, entremos — su sonrisa era enorme, me tenía deslumbrada, como hipnotizada.
—no, es mejor que me vaya, mañana nos vemos mejor.
—qué diferencia hace de ahora a mañana?
-realmente ninguna, pero es que no sé porque me siento algo cansada.
—la película fue demasiado extenuante?—– su tono estaba cargado de sarcasmo.
—que chismoso es tu amigo, más tarde yo en decidirme en venir que él en hablarte — Fabiola se rió.
—si te tardaste una eternidad — me reí de su expresión — no te vayas, además necesito que me ayudes con el trabajo.
—ok—– terminé cediendo — pero solo un ratito — subimos a su cuarto.
Una vez en su cuarto tratamos de continuar con su trabajo, Fabiola incluso se sentó en el escritorio para seguir en la laptop y yo me senté en la cama y seguí haciendo lo que había estado haciendo la última vez pero me era difícil concentrarme y Fabiola se dio cuenta de eso, por lo que se levantó del escritorio, me quitó la carpeta que tenían las hojas de su investigación y los dejó caer al suelo sentándose junto a mí en la cama sobre su pierna dejando su rodilla derecha sobre mi pierna y tomó mi brazo para pasar sus dedos por él.
—así no creo que termines pronto.
—no… mañana me pondré al corriente — no podía dejar de sonreír, tenía que dolerle los cachetes y yo sin poder contenerme puse mi mano libre sobre su cara para ver si tenía algún tipo de calambre o algo, pero ella se me acercó al yo hacerlo y me besó, me recostó en la cama y se colocó sobre mí recargando su barbilla en mi pecho.
—entonces… dónde estamos? — me preguntó de nuevo y yo solté una risita.
—en donde quieras estar — le contesté mientras su mano derecha entrelazaba mi mano y con la otra jugaba con mi pelo sacándolo detrás de mí oreja,  como la última vez.
—donde es eso?
—justo aquí… tu y yo, sin nadie más — volvió sonrió.
—entonces… somos una pareja? — por fin lo había dicho y mi corazón se había sobresaltado al escucharla y temí que su barbilla se diera cuenta de eso.
—sí… somos una pareja — le dije sonriendo y sustituyó su barbilla en mi pecho por su oreja, ahora si era seguro que escucharía el palpitar de mi corazón.
Nos quedamos así, recostadas en su cama un buen rato, ella jugaba con mis manos hasta que me quedé dormida sin darme cuenta.
Me desperté sobresaltada de momento  al desconocer la cama, pero cuando vi a Fabiola recostada junta a mí recordé rápidamente lo de la noche anterior.
—no puede ser que me quedara dormida — dije levantándome intempestivamente — qué hora es?
—van a ser las 6, de verdad que estabas cansada.
—sí, te dije... donde están mis llaves?
—las puse allá — señaló el escritorio, junto a la laptop.
—me va a matar mi mamá, porque me dejaste dormir tanto? — los lentes de contacto me lastimaban y veía todo borroso.
—por que en verdad te veías cansada y estabas durmiendo tan plácidamente que no quise despertarte.
—no tendrás algunas gotas o algo así? — me miró algo confundida — bueno, me pondré un poco de agua — fue rápido y trajo un poco y me ayudó a humedecer los ojos — me voy — me levanté y bajé las escaleras con Fabiola detrás de mí — nos vemos más tarde… si es que no me matan.
—ok, nos vemos — me besó — Sergio no se enoja por su carro?
—no — fruncí el ceño pensativa — no creo… de todos modos si está enojado ya me ayudaras a que se le pase — sonreí traviesamente y ella hizo un gesto que no distinguí bien.
—no puedo, yo ya estoy con alguien — sonrió como niño.
Me subí al carro y me fui directo a mi casa esperando que nadie se hubiera levantado aun. El carro de Cinthia ya no estaba. Entre sigilosamente, parecía que nadie se había despertado aun así que subí rápido a mi cuarto, me desvestí y me puse la pijama, me quité los lentes y me acosté en la cama volviéndome a dormir casi de inmediato.

Volví al mundo cerca de las doce y cuando bajé mi mamá estaba en la cocina y me esperaba.
—de quien es el carro de afuera? — a veces mi mamá era medio metiche.
—de Sergio.
—se le olvidó? —preguntó sarcásticamente.
—no… me lo traje yo.
—tan mal se puso?
—no, de hecho no, pero tuve que irme temprano para… arreglar unas cosas y se lo pedí y ya me dio algo de flojera llevárselo anoche.
—quieres desayunar? — me dijo después de quedar medio conforme con mi explicación.
—un poco de fruta y me esperó a la comida.
—ok — me sirvió un poco de papaya, manzana y pera junto con un vaso de leche y no dijo más, no se había dado cuenta a qué hora había llegado.
Y al rato me marcó Sergio buscando su carro.
por qué no volviste?
—Cinthia te dijo que era muy probable que no lo hiciera.
no, no me lo dijo.
—bueno, lo insinuó, no te enojes y veras que se te recompensará enormemente.
cómo?
—no lo sé la verdad, ya se me ocurrirá algo.
—más te vale, Cinthia maneja fatal y no me quiso dejar manejar a mí, yo no sé cómo puedes tu andar con ella en el volante.
—es cuestión de costumbre.
—a lo mejor… ven por mí y luego vamos a comer no?
—ok, pero antes le pondré el chisme a Cinthia.
—no… no lo hagas.
—lo pensare, voy en un rato — pero lo primero  que hice fue ir por Cinthia, quien se subió hablando con Lorena por celular.
—no… si deberíamos… pues acaba de llegar por mi… si es que creí que era Sergio…  porque se me olvidó que se llevó su carro ayer… bueno pasamos por él y luego vamos por ti. Creo que Lorena  quiere repetir lo de ayer, ya no quiere antrear.
—pienso igual que ella.
—no creo que quieran ir al cine de nuevo.
—ahorita vemos si los convencemos… y espero que sí, mis ojos parecen ya de elefante con tanta desvelada.
—oye por cierto, dime qué pasó? —la miré confundida — con Fabiola, fuiste con ella ayer, no?
—si — le dije apenas y algo nerviosa pero mi celular me salvó y Cinthia hizo una mueca de desenfado, era mi nuevo agente.
que pasa contigo? Has estado entrenando?
—si… no como de costumbre pero si — le mentí mientras arrancaba el carro.
—deberías de hacerlo como siempre, es más, el doble, que por cierto, eso me lleva a lo que te quería decir, necesito que nos veamos, quiero presentarte a alguien para ver si te agrada y que sea tu nuevo entrenador, estas libre ahora?
—si… a qué hora?
pues que te parece en dos horas? — miré el reloj, eran las 2.
—ok.
perfecto, te veo en el decker.
—ok, bye.
—quien era? — me preguntó Cinthia en cuanto colgué.
—el agente.
—quiere que lo veas?— asentí — cuando?
—en dos horas.
—y por qué le dijiste que ahora?
—y querías que le dijera que mejor mañana porque a lo mejor ustedes me llevaban de fiesta?
—probablemente eso no hubiera sido buena idea, deja que te conozca por si solo — en eso llegamos con Sergio y ya no esperaba afuera, se subió al carro a la parte de atrás y después  fuimos a casa de Lorena — entonces tendrás que dejarnos?
—sí, un rato, pero luego los alcanzaré… me prestaras tu carro de nuevo? — miré a Sergio por el retrovisor sonriéndole y él asintió devolviéndome la sonrisa.
Llegamos por Lorena y de ahí nos fuimos al tonic a pesar de ser algo temprano.
—el hecho de que vengamos aquí no quiere decir que sigamos de largo la fiesta — les dijo cuándo estacionábamos.
—si — saltó Lorena desde atrás — por qué mejor no vamos a otro lado? Aquí no está padre el ambiente a esta hora.
—a dónde quieres ir? — le pregunto Sergio cruzándose de brazos.
—burguer King es lo más rápido — le dije antes de que Lorena contestara y sabiendo que no era opción viable.
—ok, de ahí vamos a casa de Néstor… Luisa a burguer King — me dijo dejándome asombrada de que hubiera aceptado, así que no le dije nada por su bromita.
Una vez que estuvimos en casa de Néstor, y se dio la hora en que tenía que verme con el agente, me fui en el carro de Sergio. Resulta que al llegar ellos ya estaban ahí, me presentó con el susodicho, Alberto Castañeda, era como de unos 35 años.
Después de las presentaciones empezó la conversación en torno a mi desempeño y entrenamientos. El agente me dijo que ordenara, pero yo ya había comido y solo pedí una coca cola, que después se convirtió en dos y luego en tres. El tal Alberto Castañeda no me desagradaba del todo, pero había algo que no me terminaba de gustar, solo que en ese momento no dije nada, ni creí que fuera el momento, después le diría, no quería tener que iniciar con el sin que me agrade del todo. Estuvimos cerca de una hora y media, la plática no solo era a lo que habíamos ido, se iban mucho por la tangente, terminaron de comer y yo iba por el quinto vaso de coca cola, las cuales habían empezado a hacer efecto y necesitaba ir al baño, y ninguno de los dos parecía tener apuro por lo que, sin más remedio, tuve que ir. Al volver a la mesa seguían con algunos temas en los cuales yo no participaba directamente, solo asentía distraídamente sin participar de lleno en lo que hablaban, al fin dijo el tal Alberto Castañeda que debía irse y mi agente también, traté de que él se quedara conmigo en el restaurant pero no lo conseguí. Salimos los tres al estacionamiento y mi oportunidad nunca llegó, tendría que hablarle después pero ya sería hasta el día siguiente.

De vuelta en casa de Néstor estaban ya todos esperándome, y al entrar le di las llaves a Sergio y empezaron a decidir (o ya tenían rato pero no podían llegar a un acuerdo) si nos quedaríamos ahí o saldríamos.
—yo no quiero salir, o vamos al cine — dijo Lorena.
—otra vez? — dijeron al mismo tiempo Jorge y Carlos.
—yo también prefiero ir al cine — les dije.
—ok, luego podemos volver aquí — dijo Néstor apoyándonos. Cinthia se me acercó aprovechando el alboroto de todos.
—entonces… qué tal te fue? — la miré algo confundida, había olvidado que el celular la interrumpió en la tarde — con Fabiola? — dijo algo exasperada.
—ahh… bien – dije sonriéndole apenas.
—como bien? Dime qué pasó?
—no pasó nada solo… hablamos.
—solo eso? — de pronto me tensé.
—si… que más querías?
—no lo sé… — se quedó mirándome profundamente — el caso es que todo bien? Ya no estarás distraída?
nole sonreí — ya no.
—ok – me abrazó y me besó en el cachete — sabes que siempre serás la misma para mí, verdad? — ahí estaban otra vez esos comentarios, la miré algo confundida y asentí lentamente. Me ponía cada vez más nerviosa con sus comentarios con trasfondo pero Sergio me salvó y preguntó a Cinthia si quería hacer lo que proponíamos, ella asintió observándome y él, sin más remedio, decidió lo mismo dejando a Carlos y Jorge sin más opción que doblar las manos.
Al rato recibí un mensaje de Fabiola:

Espero y no hayas tenido problemas en la mañana, estaba trabajando en la investigación y me di cuenta que te necesito… y la investigación casi la termino…

—en la mañana? — me preguntó Cinthia al ver el principio del mensaje sobre mi hombro, quité rápidamente el celular de su vista pero no supe si había alcanzado a verlo todo — estuviste hasta en la mañana en su casa?
—pudiera ser que me quedara dormida.
—te quedaste a dormir en su casa? — dijo pensativamente para sí misma — que hicieron toda la noche?
—te digo que me quedé dormida, me dijo que la ayudara en su trabajo pero me dormí y no me quiso despertar — me miraba de una forma en que sentía que podía verme hasta los pensamientos.
—ok — sabía que no era un simple “ok”, me sonrió y le preguntó a Sergio que haríamos como si nada, pero yo cada vez estaba más segura que ella sabía lo que pasaba entre Fabiola y yo y eso me aterraba.
—sabes? no tengo ganas de quedarme — le dije a Cinthia en cuanto Sergio se descuidó — no te enojas si me voy? — me miró con cara de decepción pero no me reclamó nada.
—ok — dijo suspirando — pero solo esta vez la dejare ganar — dijo señalándome con el índice y guiñándome el ojo.
—ok — le dije con una leve sonrisa. De nada servía seguir fingiendo que no sabía de qué hablaba si ella ya lo sabía o lo sospechaba, de todos modos lo averiguaría después, aunque eso no aminoró mi temor.
Le marqué a Fabiola en cuanto salí para saber si podía pasar por mí y más tarde yo en llamarla que ella en acceder. Al llegar me salí sin decirle a nadie más que a Cinthia quien solo me sonrió.
Al subirme al carro de Fabiola me fijé primero si nadie de la casa nos veía y después dejé que me besara.
—terminaste el trabajo? — le pregunté en cuanto arrancó.
—no… pero me falta muy poco — estiró la mano y prendió el radio.
—eso dijiste la última vez.
—esta vez es en serió — empezó a sonar the world is not enough de garbage.
—esa canción me gusta — dije subiendo un poco el volumen y ella volvió a sonreírme.
Terminamos en un parque cerca de mi casa, nos bajamos y nos subimos a los columpios.
—creo que Cinthia sabe — dije de pronto y ella me miró pensativa.
—crees que sabe? — preguntó después de unos segundos.
—sí, no hace más que decirme indirectas… no sé si será paranoia mía, la verdad.
—probablemente… pero sería tan malo que lo descubriera? — la volteé a ver sin hacer ningún gesto, pero creo que captó que no me parecía gracioso — calma, no me veas así — dijo sonriéndome y acercando su columpio al mío — te lo repito, yo solo hare lo que tú quieras… incluyendo escondernos — le sonreí pero estaba algo seria.
Fabiola jaló mi columpio hacia ella para tratar de besarme pero no fue muy habilidosa y perdimos el equilibrio y terminaos cayendo de espalda en el suelo. Estando ahí, una posición más conveniente para su objetivo, se puso sobre mí y me besó. Sus manos se pusieron curiosas y, de empezar en mis hombros, empezaron a recorrerme y bajaban muy lentamente hacia mis pechos mientras sus labios habían empezado a recorrer mi cuello llegando al lóbulo de mi oreja provocándome sensaciones que jamás había sentido. Su mano derecha había comenzado a acariciarme un pecho, pero en ese momento me senté de golpe un tanto nerviosa interrumpiendo su caricia, solo que al hacerlo hice que nos golpeáramos con el columpio.
—espera… yo no — empecé a tartamudear y ella, quitándose de encima mío y sentándose a mi lado, me agarró la cara entre sus manos.
—perdóname… me dejé llevar — estaba sonriéndome y yo empezaba a darme cuenta que el que cubriera así mi cara realmente me calmaba un poco.
—perdón… es que…
—cálmate, fui yo la que se excedió — estaba entre asustada y nerviosa, pero parecía que Fabiola estaba muy calmada — sé que esto es nuevo para ti… pero yo tengo mucha paciencia — su sonrisa podía quitarme lo asustada, le sonreí y la besé.
—me puse algo nerviosa pero… — su índice no me dejo seguir hablando y me fue empujando lentamente hacia atrás hasta quedar acostada de nuevo. Luego Fabiola puso su codo izquierdo en el suelo y recargó su cabeza en la mano y con la otra mano empezó a jugar con su dedo sobre mi blusa haciendo figuras sin sentido — has estado… con alguien más?
—si — seguía jugando con su dedo sobre mi blusa — tres.
—nunca saliste con un hombre?
—con algunos… pero en serió solo con uno.
—y que pasó?
—nada… no funcionó.
—así nada más?
—así nada más… me di cuenta que no era lo que quería.
—y quién era ese en serió?
—para que quieres saber? — dijo sonriendo.
—porque si — también sonreía.
—no tiene sentido ni que lo mencione, mejor olvídalo.
—ok, entonces… quienes eran esas tres?
—no creo que las conozcas.
—porque no? son de la escuela? — le pregunté en tono travieso.
—una — me gustaba verla sonriendo así.
—la última? — asintió — quién es?
—no la conoces.
como sabes qué no?
—conoces a toda a escuela?
—dime, la conozco verdad?
—creo que si — seguía sonriendo, solo que ahora de modo diferente, la había descubierto.
—dime quién es? — me recargué sobre los codos para quedar a su altura.
—no, no me insistas más — acercó su cara a la mía y su nariz rozó mis labios y dejándome llevar por un impulso la besé, me gustaba mucho su nariz a pesar de ser un poco grande, para mí era perfecta, afilada.
—anda, dime — ahora era yo quien la ponía sobre su espalda en el suelo sujetándola de los hombros.
—para que quieras saber? — me dijo riendo.
—necesito satisfacer una necesidad… curiosidad — le dije sonriendo traviesamente.
—por qué?
—no lo sé, no podré dormir si no me lo dices, dímelo por fa.
—es que no se si deba decirte — ella seguía sonriendo y parecía que estaba a punto de ceder, pero no lograba convencerla del todo.
—porque no?
—por qué… no se… déjame pensarlo.
—no, luego me saldrás con que pensaste que siempre no me dirás — se rió.
—mira, hagamos esto… te diré algunas cosas y lo descubrirás tu sola.
—y si no lo descubro?
—pues ni modo — me levanté y quedé sobre ella a horcajadas poniendo cara de reproche y golpeándome de nuevo con el columpio.
—es broma — volvió a reír y me agarró donde me había pegado— te diré quién es si después de eso no lo descubres.
—es una promesa?— la señalé con el índice.

—si — se levantó sentándose y me agarró el cachete con la mano — es una promesa — después me besó, yo me recosté sobre ella de nuevo y terminamos de nuevo besándonos acostadas en el parque, sobre el césped, debajo de los columpios.

lunes, 14 de marzo de 2016

CAPITULO IV

Para cuando Thomas terminó de explicarle por qué Fabiola había decidido borrarle la memoria, Luisa seguía confundida, enojada y se sentía engañada… todos esos sentimientos empezaron a invadirla sin poder dejarla articular palabra alguna ni dejarla pensar claramente las cosas.
—cálmate — le dijo Thomas al ver que empezaba a temblar, él supuso que por el enojo — no ganas nada poniéndote así, ordena tus pensamientos primero antes de hacer cualquier cosa.
—porque pensó que esto era la mejor solución?
—ya te dije, se vio acorralada y eso le pareció lo mejor en ese momento. Tuvo muy poco tiempo para pensar en algo mejor.
—porque la ayudaste?
—que querías que hiciera? — dijo exaltándose también — se metió en problemas y me pidió ayuda, no tenía amistad con ella, solo te teníamos a ti en común y los dos buscábamos el mismo fin — lo miró confundida — tu bienestar… al explicarme lo que le pasaba decidí ayudarla.
—y todo este tiempo te lo callaste? Estuviste en contacto con ella siempre?
—no… no la volví a ver desde el día en que te… borraron hasta el día en que la vimos en el estacionamiento del club — Luisa trataba de asimilar lo que le estaba diciendo, pero se le hacía muy de ciencia ficción todo como para que le estuviera pasando en realidad.
—Cinthia sabe todo esto? — él solo se quedó mirándola, no hizo falta que contestara nada, Luisa sabía que su amiga también estaba al tanto de todo.
Se levantó del sillón, batallando, se fue a su cuarto y se encerró hasta el día siguiente.
Solo le dijo a Thomas que la llevara con Fabiola, necesitaba respuestas y Thomas no le decía más que lo mismo. Al verla tan decidida él la llevó sin decir nada más.
Afuera del edificio del apartamento de Fabiola, Luisa le dijo a Thomas que la esperara en el carro. Se bajó quitándole el celular y se fue ayudada por las muletas, o más bien batallando pues a estas alturas aun no podía dominarlas del todo.
Fabiola se sorprendió al abrir la puerta y verla ahí y ella lo notó.
—porque lo hiciste? — preguntó sin darle tiempo de nada y de manera hosca.
—porque no me resistí más, no…
—¡NO! — la interrumpió de golpe — porque decidiste… borrarme?
—quieres pasar? — dijo Fabiola soltando un suspiro y evitando la pregunta — es tu casa después de todo — le dio la espalda y caminó dentro del apartamento mientras agarraba a Ludovika (que estaba ladrando) para que se calmara.
—quiero que me expliques porque lo hiciste en lugar de decírmelo — estaba muy alterada y Fabiola la conocía demasiado bien como para saber que ella no entendería razones hasta que le dijera lo que quería saber. Se sentó en el sillón de la estancia dejando a Ludovika junto a ella y subiendo las piernas pegándolas a su pecho. Luisa entró por fin, pero se quedó en la entrada.
—me dijeron que te lastimarían — dijo en cuanto cerró la puerta empujándola con una de las muletas — si no hacia lo que me decían, yo no hubiera podido soportar que te hubiera pasado algo por mi culpa, era preferible saberte a salvo… viva… aunque no fuera conmigo.
—quienes? — seguía gritándole — quienes lo hicieron?
—un… terrorista.
—y como dio contigo?
—no lo sé, solo llegaron a mi oficina un día y me dijeron que debía de fabricarles lo que me pidieran, al negarme… me amenazaron contigo.
—por qué no me lo dijiste?
—porque si te hubiera dicho algo seguramente habrías hecho algo para evitarlo — Fabiola estaba conteniendo el llanto, le dolía recordar todo eso — incluso dejar tu carrera, y yo sé cuánto te amas jugar, simplemente no podía dejarte hacerlo… no por mi culpa… no otra vez.
—pero… otra vez?
—es mejor que te sientes — dijo señalándole la pierna, pero Luisa no le hizo caso.
—no crees que esa era una decisión mí?
—tuve que tomarla por ti.
—sabes que no recuerdo… — su tono se había vuelto un poco más arisco, como si tratara de lastimarla a propósito.
—ese era el propósito de…
—que estaba muy bien sin saber nada… ahora no sé qué es real y que no lo es.
—tu insististe en que te dijéramos y Thomas pensó que era mejor… que me trataras de nuevo antes de que lo supieras.
—tratar no es lo mismo que… besarme — Luisa bajó la vista.
—antes no te molestaba — dijo casi susurrándolo.
—¡ANTES NO EXISTE PARA MÍ! — Fabiola solo se quedó en silencio pero Ludovika se alteró un poco y Luisa empezó a sentirse frustrada, dio media vuelta y salió por la puerta.
Cuando subió al carro no le dijo nada a Thomas, estaba enojada con él también por no haberle dicho nada, incluso con Cinthia. Una vez que llegaron a su apartamento lo único que Luisa hizo fue encerrarse en su cuarto, alejando a Thomas de ella poniendo la puerta de por medio, que era lo más podía hacer pues sabía que si le decía que se fuera él no lo haría.

Mientras tanto Fabiola necesitaba desahogarse y a quien le marcó fue a Angélica y ella fue corriendo a consolarla. Le contó todo lo que había estado pasando los últimos días y ella solo la consolaba diciéndole que todo estaría bien, que la reacción de Luisa era normal y que solo necesitaba darle tiempo a asimilar lo que estaba pasándole. Ella pensó por un momento que Angélica tenía razón, pero estaba temerosa de que pudiera equivocarse. Le decía que esa era la reacción ante lo desconocido, primero necesitaba asimilarlo, solo que en el transcurso la estaba haciendo sufrir, como lo había hecho la primera vez que la besara, y como en aquella ocasión, en el fondo tenía miedo de que jamás la perdonara. También sabía que no era justo lo que le hacía a Angélica contándole sus penas sabiendo lo que sentía por ella, pero Angélica era la única con la que podía desahogarse y eso era lo único que le interesaba realmente en ese momento.

Thomas comenzaba a preocuparse por Luisa, ya había pasado un par de días que no le abría, no le contestaba, no le mostraba señales de vida, nada. No había comido y Thomas estaba desesperado sin saber qué hacer, así que, en su momento de desesperación decidió hablarle a Fabiola y decirle lo que estaba pasando. Ella decidió ir aunque sabía que era muy probable que no quisiera ni verla.
Trató de abrir la puerta del cuarto de pero estaba cerrada.
—te lo dije, está encerrada — Fabiola suspiró y tocó la puerta pero no recibió respuesta alguna.
—no tienes la llave? — Thomas negó — tírala entonces — él la miró confundido — sí, tírala.
—pero…
—bueno entonces que propones? — se quedó viéndola y después de pensarlo unos cuantos segundos creyó que esa era la mejor solución. Estando a punto de darle un buen golpe a la puerta se detuvo acordándose de unas herramientas que había dejado ahí hacía tiempo y fue por ellas. Consiguió un desarmador y aflojó la chapa de la puerta logrando abrirla. Fabiola entró al cuarto, estaba obscuro, las persianas de la ventana estaban completamente cerradas y Luisa estaba recostada en la cama. Quiso saber si estaba bien y le dijo también que debía de salir de ahí pero solo recibía el silencio como respuesta. Después de ella lo intentó Thomas pero obtuvo el mismo resultado. lo intentaron por un par de días pero no cambio el resultado.
Dejaron pasar un día más y Fabiola lo volvió a intentar recibiendo la misma respuesta, solo que esta  vez la ignoró y Luisa, al ver que no se iba, por fin le dijo algo, le dijo que se fuera pero ella no lo hizo, era la más indicada para hacerse escuchar y decidió intentarlo.
—no puedo — dijo sentándose en la cama, quedando espalda con espalda con Luisa — no puedo dejar que te abandones de esta manera.
—no tuviste problema para hacer lo que me hiciste antes, esto te será mucho más fácil — sintió que ese había sido un golpe bajo.
—no, si los tuve… eres lo que más amo y no puedo permitir que te estés haciendo esto.
—sabes que lo que me dices no significa nada para mí? No recuerdo nada —sintió un golpe en el estómago, pero ella no sabía que Luisa le estaba mintiendo, ella recordaba, los últimos días había estado recordando, aunque no todo, pero lo suficiente como para estar completamente confundida, y conforme los días pasaban, más cosas recordaba.
—ok, si así lo dices — sabia por Thomas que la droga ya no le estaba haciendo el mismo efecto, pero aún seguía en su organismo, era cuestión de tiempo que recordara solo que no sabía cuánto tiempo exactamente, ella creía que lo que le decía en ese momento era cierto y eso le dolió en el alma — lo que importa ahora es que te levantes y salgas de aquí.
—vete por favor.
—lo hare… pero levántate primero — Luisa no le dijo nada — por favor.
—si lo hago te irás? por fin un avance.
—si — soltó un suspiro y se colocó boca arriba. Fabiola se levantó y la observó mientras se sentaba en la cama y trataba de levantarse pero batalló un poco, y ella la ayudó agarrándola del brazo, quiso soltarse pero no se lo permitió y cerró más su mano aferrándose a Luisa y ella, al verse vencida, solo dejó de resistirse y bajó la mirada sintiéndose derrotada y cerrando los ojos. Fabiola se sentó junta a ella soltándole el brazo para agarrarle la cara entre sus manos. Ella abrió los ojos y agarró a Fabiola por las muñecas fuertemente, teniendo otro flashazo de recuerdos en su cabeza.
—te amo, nada, ni nadie, ni aunque pasen mil años, van a cambiar eso, y si hice lo que hice fue por eso… porque te amo… lo hice porque preferí saber que estabas viva donde quiera que estuvieras aunque no fuera conmigo — a Fabiola  empezaron a rodarle unas lágrimas por los cachetes mientras Luisa seguía presionándole las muñecas. Se sentía como en un deja vu pero la confusión la estaba envolviendo y no le dijo nada a Fabiola, ella simplemente la soltó y Luisa también lo hizo y salió del cuarto. Thomas la esperaba afuera y al decirle a grandes rasgos lo que había pasado él solo suspiró y entró al cuarto mientras Fabiola salía del apartamento.
Se dirigió al suyo en modo automático, se sentía aturdida por lo que había pasado, jamás pensó que estarían separadas cuando logró que Luisa la aceptara.
Entró a su apartamento y se sentó en la estancia frente al televisor pero no la prendió, Ludovika exigía su atención pero ella apenas si la notaba. Y de pronto, algo vino a su mente y recordó algo de lo que Luisa le había dicho el día que había estado exigiéndole respuestas.

—sabes que no recuerdo…
—ese era el propósito de…
—que estaba muy bien sin saber nada… ahora no sé qué es real y que no lo es.

Entonces se dio cuenta que Luisa le había mentido, estaba recordando y cayó en cuenta del porque estaba reaccionando así. Angélica tenía razón, estaba asustada por lo que estaba recordando, solo esperaba que Thomas pudiera ayudarla a aclarar su mente. Fabiola sabía por qué estaba reaccionando de ese modo, no había contado con que esta vez fuera igual, y comenzó a desear con todas sus fuerzas que resultara como la última vez que Luisa la había tratado así y corriera a sus brazos al final. Pero prefería no hacerse ilusiones, había pasado demasiado tiempo desde aquella vez y habían pasado demasiadas cosas también y no sabía si terminaría volviendo a buscarla justo como aquella vez.

***

Thomas entró a ver a Luisa y la encontró sentada en la cama, justo como Fabiola la había dejado. Se sentó junto a ella y solo la abrazó y ella empezó a llorar.
—cálmate, no pasa nada — había apoyado su cabeza en su hombro y le acariciaba el pelo — todo va a estar muy bien, solo tienes… que recordar un poco.
—no quiero seguir… no quiero recordar — dijo entre sollozos pero a Thomas no le pasó desapercibido que ella había dicho “seguir”.
—una vez que recuperes todos tus recuerdos esto será solo un trago amargo que tuviste que pasar.
—no tuve por qué haberlo pasado.
—tu insististe en que te lo dijéramos.
—no tenía idea de que era algo como esto lo que escondían… ahora sé porque se me hacía conocida cuando la veía — Thomas soltó una risita.
—porque insistes en decirle que no recuerdas nada? — le preguntó de golpe.
—no recuerdo — dijo más calmada y sonando muy segura, tanto que casi convence a Thomas.
—a mí no tienes por qué mentirme Luisa.
—no lo hago.
—solo Fabiola te conoce tan bien como yo, y tal vez… solo tal vez pudiste engañarla a ella, pero a mí no — Luisa se levantó de la cama y se dirigió a la cocina con él siguiendo sus paso. Una vez ahí, agarró una botella de agua del refri, la abrió y la tomó casi hasta el final — tienes hambre? — solo se quedó mirándolo — iré por comida, algo en especial?
—una hamburguesa con queso.
—Burguer King? — le asintió — con coca?... no crees que sea muy pesado después de estos días sin comer? — se encogió de hombros — bueno, a ver qué pasa.
Después de que comieron (Luisa había dejado la mitad), se sentaron frente a la tele y Thomas empezó a acosarla de nuevo.
—entonces… por qué le haces creer a Fabiola que no recuerdas nada? — no contestó, solo tomó el control de la tele y empezó a cambiarle — sabes que tarde o temprano se dará cuenta? — silencio de nuevo, actuaba como si no estuviera diciéndole nada. Thomas soltó un suspiro desesperado y le arrebató el control — quiero saber.
—¡qué?! — le dijo exaltada — que quieres saber?
—porque lo haces? — él también alzó la voz — porque le dices que no recuerdas?
—por qué no, porque no lo hago.
—no lo haces? — la agarró de los hombros — no sigas más con eso, necesito que reacciones y salgas de la burbuja en la que te metiste, yo sé que si recuerdas — y una vez más nada, solo silencio de parte de Luisa — no entiendo por qué esconder lo que recuerdas.
—¡PORQUE ESTOY ENOJADA CON ELLA, ESTOY ENOJADACONTIGO, CON CINTHINA INCLUSO… PORQUE ME HICIERON ESTO? PORQUE NO ME DIJERON LO QUE PENSABAN HACER?! — gritó zafándose de su apretón en que la tenía y prefirió esperar a que se calmara un poco pues al fin había obtenido una respuesta.
—por qué te conocemos demasiado bien y casi podíamos adivinar lo que hubieras hecho — le dijo calmadamente.
—¡qué?, que era lo que, según ustedes, habría hecho?!
—habrías dejado todo de lado y ella no quería eso, o incluso hubieras sido capaz de provocar que cumplieran la amenaza llevando las cosas demasiado lejos… si no te hubiéramos borrado la memoria no habrías querido separarte de Fabiola y eso era un riesgo que ninguno de los dos estaba dispuesto a correr — Luisa se quedó mirándolo aun con los ojos encendidos del enojo pero no dijo más.
Luego, Thomas vio como volvió a su burbuja poco a poco y no quiso sacarla, no por el momento, no quería desgastarla más. La agarró entre sus brazos y la llevó al cuarto, la recostó en la cama y le acomodó la pierna izquierda a modo que estuviera cómoda y luego se recostó enseguida de ella y la abrazó hasta que se logró quedarse dormida.

***

Fabiola estaba en su cama acostada tratando de dormir, pero no lo conseguía. Su teléfono sonó en eso y evitó que siguiera con su pobre intento de quedarse dormida.
—te desperté? — era Thomas.
—no, no puedo dormir. Qué pasó?
—nada… pero al fin conseguí que comiera.
—como lo lograste?
—fuiste tú de hecho, al irte fui con ella, salió por su propio pie… cojeando — Fabiola soltó un intento triste de una risita — y comió.
—bien…
—no vendrás mañana?
—no.
—porque no?
—no quiero… enfrentarme más a ella — su voz tembló un poco y él lo notó.
—no tienes por qué hacerlo… ya lo hice por ti.
—por mí? — se notaba confundida.
—sí.
—cómo?
—eso no importa, el caso es que debes seguir presionándola.
—no… no quiero que me siga diciendo… esas cosas, no sé si lo soportaría.
—está enojada por lo que le hicimos, por eso te las dice, pero sabes que cuando el enojo empiece a ceder ella vera las cosas desde otro punto.
—si recuerda? — fue más confirmando lo que ya sospechaba que una pregunta.
—sí, recuerda, la droga deja de hacer efecto más rápido de lo que esperábamos — el corazón de Fabiola dio un brinco al escucharlo decir “si” — no todo, pero tiene algunos recuerdo — él no la veía pero sabía que estaba sonriendo — vendrás a verla?
sí, pero mañana no… y probablemente pasado tampoco.
—quieres esperar a que se le pase el enojo? — su tono ahora era un poco burlón.
—si — Thomas notó que su voz sonaba distinta a como le contestó — cuando se enoja así tarda en que se le pase el enojo… no sabes lo que ha recordado?
—no, no he querido preguntarle.
—ok, no importa… solo… cuídala bien, ok?
—por supuesto, nos vemos en dos días.
Siguió sin poder dormir después de colgar pero ahora era por la emoción que sentía, Luisa recordaba lo que habían vivido y para ella no existía mejor noticia que esa.

***

Fabiola se mantuvo alejada de Luisa como lo había dicho, aunque moría de ganas de ir a verla, solo que sabía que debía de darle espacio para dejar pasar su enojo y de paso que recordara más cosas. Mientras tanto, se dedicó de lleno a trabajar en el laboratorio, y por supuesto Román notó inmediatamente su cambio de actitud, aunque no llevara su sonrisa dibujada en los labios, su mirada era diferente.
—que has estado haciendo? — le preguntó parado desde la puerta de su oficina.
—haciendo de qué? — contestó levantando la vista de la laptop algo confundida.
—no se… te noto… diferente.
—diferente cómo?
—no se explicártelo, pero pareciera que sonríes?
—eres un tonto — dijo sonriendo — siempre sonrió.
—no, antes si, hace mucho tiempo, pero ya no…
—exageras.
—ok sí, pero, no sé, lo que estés haciendo sigue haciéndolo, eres hermosa cuando sonríes — ella volvió a sonreírle — tú y tu amiga volvieron a verse?
—aun no, pero quizá pronto.
—no lo olvides, quisiera conocerla por fin — ella asintió y Román se fue su oficina dejándola volver a su trabajo.
Incluso Angélica había notado su cambio de humor y cuando se lo hizo saber, Fabiola no pudo evitar mostrarle una gran sonrisa contándole todo, aunque ella aun la rechazaba, tenía confianza en que volvería a sus cabales, para ella no existía la posibilidad de que Luisa ya no la amara.

***

Tan solo unos días habían pasado desde que Fabiola obligara a Luisa a salir de su burbuja (aunque allá sido por unos momentos), ella seguía en su mismo estado de ánimo pero ya no estaba tan enojada con Thomas ni se la pasaba encerrada, ya comía, no como de costumbre, pero Thomas no la quería obligar, se conformaba con que ya lo hiciera, aunque fuera un poco.
—Oliver ha estado marcándote muchas veces — dijo mientras desayunaban sentados en la mesa cerca de la cocina, pero Luisa no dijo nada, ni siquiera despegó la vista de su plato — la próxima vez no te cubriré.
—deberías hacerlo, me debes una grande — dijo en tono molesta y sin voltear a verlo.
—y estar de tu niñero no es suficiente? — contestó sarcásticamente.
—no — contestó pensativamente — no lo es.
—no lo es? ok, entonces piensa en esto, qué harías un día sin que yo te esté ayudando? — Luisa lo fulminó con la mirada — no sería nada fácil verdad?
—no lo sé — seguía diciendo las palabras tono monótono — aun así creo que no alcanza para lo que mi hiciste.
—pero es que no te hice nada.
—sí, tú y… ella confabularon en contra mía.
—no, eso no es confabular… ok, a lo mejor sí, pero fue por tu bien.
—no importa las intenciones que hayan tenido, me hicieron a un lado y me ocultaron todo.
—o sea que lo que te molesta de todo esto es que te hayamos hecho a un lado?
—no, bueno si un poco, pero no tanto como el hecho de que me lo ocultaran… que no fueran capaces de confiar en mí — ahora había un poco de emoción en su voz y Thomas pensaba aprovechar la recta.
—no es que no fuéramos capaces de confiar en ti, ya te dijo Fabiola, ella no quería, que por su culpa, o al menos ella así se sentía, dejaras lo que más te gusta en la vida — Luisa se quedó pensativa durante unos minutos.
—pero… — en eso sonó el teléfono interrumpiéndolos. Thomas se levantó a contestar y después de unos segundos volvió con el teléfono en la mano.
—es Oliver.
—por qué no le dijiste que no estaba? — preguntó susurrando, él solo se encogió de hombros sosteniéndole el teléfono — bueno.
—Luisa, hasta que puedo encontrarte, donde te habías metido?
—por aquí y allá… ya sabes.
me imagino… como es que Thomas te deja andar de arriba para abajo con la rodilla así?
­—pues no sé, sabe que puedo manejarme sola — Thomas la miró entrecerrando los ojos.
—probablemente... bueno hablo para ver si, en tu tan ocupada agenda, puedes ir a comer conmigo, tal vez ahora? O mañana, como te sea mejor.
—pues no lo sé, deja preguntarle a Thomas si no hay nada para mañana — lo miró buscando apoyo.
—no, mañana estas libre — lo miró desafiante pero él estaba como si nada.
—mañana será entonces — dijo resignada.
—perfecto, paso por ti a las dos.
—ok, nos vemos.
—a lo mejor no es con quien deberías salir, pero es una solución temporal — dijo sonriéndole burlonamente.
—por qué no inventaste algo?
—no quieres salir con él?
—no quiero salir, punto.
—porque no? es lo que necesitas, aunque repito, él no es la mejor opción.
—y con quien debería salir, según tú?
—con Fabiola — Luisa puso una expresión seria que él no pasó por alto — pero por lo pronto él bastara — se levantó y puso los platos en el lavavajillas.
—no lo hare — se movieron a la estancia y se pusieron a ver tele.
—tu otro apartamento es más grande que este — le dijo sin más y Luisa lo miró confundida — el de Fabiola — Luisa se quedó en silencio — tan solo por eso deberías de dejar ese enojo de lado.
—no… es tan simple.
—porque no? una extraña para ti no es.
—sí lo es.
—si buscas bien adentro de aquí — le dijo señalándose la sien — te darás cuenta de que no.
—que puedo buscar ahí?
—el complemento de los recuerdos que te han estado llegando — lo miró entre sorprendida y confundida — si Luisa, sé que estas recordando y no, no soy el único que lo sabe.
—y por qué no me lo dice? — le preguntó de pronto.
—porque no quiere presionarte demasiado — Luisa se quedó mirando el vacío y no dijo más.
Thomas se acercó a ella y la abrazó besándola en la cabeza muy paternalmente.

Oliver llegó por Luisa puntualmente y como siempre ella no estaba lista. Peleaba con Thomas por haberla hecho salir con él, ella aún no se sentía con ánimos de hacerlo pero no tenía más remedio, así que salió (mas a empujones de Thomas que por animo propio) a donde la esperaba.
Fueron a un restaurant italiano y mientras ordenaban, Oliver pidió una botella de vino, el mesero la llevó y les sirvió la primera copa en lo que la comida estaba lista.
***

Fabiola estaba en su oficina bastante concentrada en su trabajo, lo había tenido un poco abandonado y estaba poniéndose al día. Aunque no estaba retrasada para nada, siempre tenía todo adelantado al estar todo el día metida en el laboratorio o su oficina. En eso, Román entró intempestivamente sacándola de concentración.
—el jefe quiere que vayamos a comer.
—por qué? — lo miró confundida.
no lo sé, es bueno que ahora tengas ese humor… diferente, porque no creo que de esta nos podamos zafar.
—seguro? Tengo que hacer algunas cosas aun.
—no creo que eso te sirva de excusa — en eso su jefe, Martyn Douglas, entró en la oficina.
—qué bueno que los veo juntos, necesito platicar con ustedes dos, vamos a comer y les digo todo ahí.
—pero estoy actualizando las cosas de la semana pasada de…
—no, no — agitó su mano para interrumpirla — eso puede esperar, es importarte discutir algunas cosas — sin más remedio salieron de la oficina siguiendo a su jefe.

***

Llegó el mesero con la orden, Luisa había pedido hand-roller gnocchi, aunque en realidad quería pedir un corte pero mejor optó por ese plato. Oliver ordenó un tenderloin de 10 onzas. Inmediatamente que el mesero se fue Luisa metió su tenedor en el plato de él y le robó unos espárragos sonriéndole.
—no comprendo cómo es que te gustan esas cosas — Luisa se encogió de hombros y siguió comiéndolos.
En otra mesa del mismo restaurant, no cerca pero si a la vista, Fabiola estaba sentándose junto con su jefe Martyn Douglas  y Román Smith, su compañero. Les tomaron la orden y Martyn Douglas empezó  a contarles la urgencia que tenía.
—los registros de la semana pasada pareciera que tienen algunos cambios. Tu Fabiola, que estabas haciendo las actualizaciones, debiste de haberte dado cuenta.
—sí, de hecho había una que otra incoherencia pero como no había avanzado mucho pensé que sería algún error mío.
—no, de hecho está plagado de esos cambios intencionales una vez que te fijas bien — Martyn Douglas se quedó observándola — evidentemente hay alguien que está provocándolos,  probablemente con la intención de retrasarnos y sacar la información correcta del laboratorio y entorpecer nuestro trabajo — esperó a ver como reaccionaban antes de seguir pero los dos solo lo miraban expectantes — y tenemos que averiguar de quien se trata.
—entonces está diciendo que confía en nosotros? — preguntó Román.
—si… sé que no es ninguno de los dos — les dijo al fin.
—y como puede estar tan seguro? — preguntó Fabiola confundida.
—por qué los he estado vigilando de cerca a los dos.
—desde cuándo?
—hace algunas semanas — Fabiola se sintió como un niño atrapado en la travesura, había estado faltando mucho los últimos días.
—entonces, fuera de nosotros dos, todos son sospechosos? — Martyn Douglas asintió — y cómo piensa encontrarlo?
—ahí es dónde ustedes van a ayudarme — los señaló a ambos con el índice y ambos lo miraban expectantes — van a actuar como si nada y como tu Fabiola estas actualizando todo, deberás darte cuenta de lo que les digo. No dirás nada, solo se lo comentaras a Román de vez en cuando frente a algunos, el siguiente frente a otros y así sucesivamente. Tendrán que estar atentos de la reacción de todos y decirme que opinan. Como solo los jefes de departamento tienen su computadora propia es imposible saber quién hace los cambios, incluso aunque encontremos la máquina de la que lo hicieron.
—pero por la hora puede saberse quien fue, no? — preguntó Román.
—eso pensé, pero no podemos acusar al que este frente a la computadora en ese momento. Pudieron haber puesto cierta clave que, al acceder cualquiera, los cambios se realizan, o pueden incluso hasta ser dos los que trabajan en la misma computadora. No podemos más que hacer una investigación a fondo solo nosotros tres.
—y solo nosotros sabemos de esto? — preguntó Fabiola.
—otro directivo, pero él lo dejó en nuestras manos, no es muy hábil para esas cosas — dijo sonriéndoles. Luego siguió diciéndoles lo que tenía pensado hacer, pero Fabiola empezó a distraerse de la plática cuando alcanzó a distinguir a lo lejos sentada en una mesa a Luisa, estaba con el tipo con el que la había visto el día de su cita con David.
La veía que estaba comiendo del plato de él y veía como le sonreía al hacerlo y sintió unos celos incontrolables. Luisa solía hacer eso con su plato y sabía también que no lo hacía con cualquiera, él tenía que ser alguien muy cercano a ella y eso fue terrible, la felicidad que había estado sintiendo los últimos días se esfumó así de fácil.

***

Luisa no se sentía incomoda estando con Oliver pero no tenía muchas ganas de platicar. El parecía entenderlo y no lo tomó personal cuando la notaba un poco seria. Se sentía bien cuando robaba sus espárragos y las brúcelas de su plato y le sonreía, a él no le gustaban, y aunque así fuera, no le importaría dárselas.
Casi había terminado su plato cuando comenzó a tener la sensación de ser observada. Al principio pensó que era paranoia por haber estado encerrada algunos días, pero después lo sintió más intensamente y mientras Oliver le contaba lo que le había pasado, localizó la fuente de aquella sensación. Fabiola estaba como a cinco o seis mesas de ella, y por un par de segundos, las dos se miraron a los ojos provocando que el corazón de ambas se acelerara.
—te aburro? — le preguntó Oliver sacándola del trance.
—no — le sonrió pero luego borró la sonrisa — claro que no.
—qué pasa? Porque de pronto te pusiste… más seria?
—nada, no pasa nada… estaba pensando cuanto más tendría que aguantar la férula — Luisa decidió ignorar a Fabiola y no mirarla más y actuar como si no estuviera ahí y de hecho mostrarse más amigable con Oliver — me siento algo cansada, podemos irnos ya? pero prefirió no soportar más aquello, aunque ella decidiera ignorarla presentía que Fabiola no lo haría.
—pero… ok — le hizo señas al mesero para que le trajera la cuenta, aún no habían terminado, les faltaba poco, pero Oliver no dijo nada, Luisa le había dado una gran sonrisa y eso lo desarmó.
Se levantaron, él ayudó a Luisa con las muletas y salieron del restaurant. Luisa no volteó a ver a Fabiola para nada pero sentía su mirada sobre ella.

***

A partir de eso, Fabiola se quedó en completo silencio, Román lo notó pero no dijo nada hasta que  su jefe se levantó al baño y aprovechó el momento.
—qué pasó? Te cayó de peso lo que nos dijo? De pronto te pusiste seria… igual que antes.
—que antes? — dijo distraídamente.
—si… cuando lo único que hacías era trabajar.
—no, sigo igual… igual que ayer y que siempre.
—no, ayer no eras igual que siempre, pero hoy si estas igual que siempre.
—no, no es cierto — seguía distraída — imaginas cosas.
—no, no lo hago… cuando te conocí eras una persona muy alegre. Te fuiste de “vacaciones”, que por cierto, nadie sabe que trabajó hiciste para el jefe durante cuatro años, y cuando regresaste tu humor era taciturno, como este que tienes. Por qué no me dices lo que te pasa, que es lo que te tiene con esos altibajos? A donde fue que fuiste?— Fabiola se quedó observándolo. Iba a hacerlo, iba a decirle todo, abrió la boca para contarle por fin que era lo que le pasaba y a donde había ido, pero su jefe arruinó la oportunidad al llegar en ese momento. Román solo maldijo entre dientes,  sabía que había perdido la oportunidad, única tal vez, de que Fabiola le dijera que era lo que estaba pasando con ella y se lamentó enormemente.

***

En el camino de regreso, Luisa iba muy seria, ya no sonreía como lo hizo en el restaurant, incluso lo ignoraba, y cuando Thomas la vio entrar con la cara hasta el suelo, Oliver le contó a grandes rasgos que había pasado sin que ella se diera cuenta, estaba algo seria pero platicaba y de pronto se puso pálida y se quiso ir y así es como estuvo todo el camino.
—se puso pálida? — le preguntó algo preocupado — se sintió mal?
—no me dijo nada, solo que se quería ir y eso hicimos.
—iré a ver que tiene.
—me avisas? — Thomas le asintió y se dirigió a verla mientras Oliver se iba.
Al entrar al cuarto ella estaba sentada en la orilla de la cama con la mirada como perdida.
—te sentiste mal? — se sentó junto a ella y puso su mano en la frente de Luisa.
—no.
—entonces que pasó? — se quedó observándola mientras Luisa decidía si decirle o no, pero luego de pensarlo bien decidió hacerlo pues seguramente Fabiola lo haría de todos modos.
—la vi… a Fabiola — la miró con el ceño fruncido — en el restaurant — dedujo al instante lo que había pasado pero quiso escuchar su versión.
—y que pasó? Te dijo algo?
—no… solo me miraba… desde su mesa.
—y que hiciste?
—nada… hice lo mismo, no podía creer que me la topara ahí — Luisa bajó su cara apoyando su frente en la palma de su mano y Thomas sonrió divertido.
—y que pasó?
—nada, solo eso, pero no me quise quedar y le dije a Oli que me trajera.
—ese Oliver — le dijo sin poder quitar su sonrisita — haces lo que quieres con él. Sigues enojada conmigo? — Luisa asintió — y con Fabiola? — volvió a asentir — más con ella que conmigo? — le pregunto aun sonriendo y después de pensarlo un par de segundos Luisa negó con la cabeza — y si te doy esto? — sacó un snicker de la bolsa de la pantalonera que traía.
—lo pensare — dijo agarrando el chocolate.
—que tal con Cinthia?
—ella me las va a pagar en cuanto venga.
—sabes que ella no tiene la culpa de nada, verdad?
—aun así, me lo ocultó igual que ustedes.
El celular de Thomas sonó en eso en la estancia y el corrió a contestarlo.
es una broma? — le dijo Fabiola en cuanto le contestó — la saco de su burbuja para que salga con él?
—no deberías de verlo desde ese punto.
—entonces de cuál?
—que él la está sacando de la burbuja a la que se metió de nuevo — Fabiola se quedó callada — sí, volvió a meterse ahí después de que la sacaras, por eso insistí en que saliera… aunque fuera con él.
—estaba comiendo de su plato — le dijo con desesperación.
—a veces hace eso con él.
—ella no come del plato de nadie que no sea cercano.
—lo sé.
—a él le gusta… vi como la miraba — dijo más calmada.
—sí, le gusta — de nuevo silencio de parte de ella — por eso deberías de apresurar tus movimientos.
—a que te refieres? — preguntó intrigada.
—tú lo dijiste, a él le gusta y ella está enojada… eso deberá de hacértelo interesante — quiso saber si con eso dejaría la indecisión y enfrentara de una buena vez a Luisa — por qué no lo haces ahora mismo?
—no creo que sea oportuno — Fabiola ya estaba algo más calmada, parecía que su plan había funcionado.
—así no llegaras a ningún lado.
—ya veremos mañana — Fabiola dedujo lo que intentaba hacer.
—ven, habla con ella.
—me tengo que ir, nos vemos mañana.
—ok — contestó sonriéndose a sí mismo al ver que Fabiola no había caído en su pequeño juego.

***

De vuelta en el laboratorio, Fabiola y Román no podían evitar mirar a todos sus compañeros de diferente manera.  Lo que el jefe les había dicho los había regresado con una desconfianza hacia todos.
—ahora hasta siento que me ven raro — le dijo Román a Fabiola.
—a ti siempre te ven raro.
—a que te refieres?
—a nada — le sonrió.
—no, cómo raro?
—bueno, siempre andas de aquí para allá, haces gestos graciosos y tus comentarios a veces están fuera de contexto — la miró confundido — nadie los entiende.
—por eso me ven raro? — entraron a la oficina de Fabiola y Román cerró la puerta.
—bueno, más bien es por tu hiperactividad pero lo demás también influye.
—y por qué no me lo habías dicho? — le preguntó sentándose frente a su escritorio.
—no lo sé, tú le dirías a… ok a lo mejor tu si — dijo después de pensarlo rápidamente — pero los demás que tenemos un poco de sentido común no lo hacemos, decimos indirectas.
—a mí me está pareciendo muy directo — Fabiola sonrió.
—te lo digo porque, a pesar de todo, me caes bien.
—en serió? — preguntó algo escéptico y ella asintió — que sería si no te cayera bien?
—no te hagas el mártir, a mí no me parece irritante tu forma de ser.
—eso quiere decir que has convivido con alguien como yo.
—no, nadie es como tu… pero si, unas poquitas de tus… cualidades las tiene… vete a trabajar — de pronto su estado serió volvió de nuevo.
—quien, quien las tiene?
—nadie, vete.
—tu amiga? Luisa? — Fabiola lo miró seria y Román se dio cuenta que había tenido su segunda oportunidad en el día de saber algo más de Fabiola, pero ella había cambiado de opinión en el último momento y ahora solo lo miraba con el brazo extendido señalándole la puerta.

Pasaron los días siguientes haciendo lo que su jefe les había dicho que hicieran, pero no habían visto nada fuera de lo normal. Algunas veces preguntaban a los demás cosas que pudieran decirles algo, pero nada escuchaban que les hiciera pensar que alguien estuviera cambiando la información o algo por el estilo.
Fabiola había vuelto al modo en el que solo el trabajo existía para ella desde el día en que viera a Luisa en el restaurant. Sentía una especie de opresión en el pecho cuando recordaba cómo le sonreía a ese tipo, era lo único en lo que pensaba, estaba muriendo de celos a pesar de que ella nunca había sido celosa ni posesiva, pero desde esa tarde, lo era. No hacía más que imaginarla feliz y sonriente, como era ella, con él.
—volviste a tener esa… actitud — Román la sacó de sus pensamientos. Ella solo lo miraba en la puerta — desde el otro día, en el restaurant.
—porque preguntas tanto sobre mis cambios de actitud?
—porque, y aunque no lo creas, me importa lo que te pase — Fabiola soltó un profundo suspiro.
—no puedo decirte lo que me pasa — dijo por fin recargándose en su silla y soltando la pluma.
—porque no?... tu eres el infiltrado?
—no — le sonrió.
la sonrisa no te dura como hace días.
—vaya… quien diría que fueras tan perceptivo.
—es que ahora solo en ti puedo confiar.
—un día te lo diré… todo.
—ok, es una promesa… mientras tanto, David quiere salir contigo.
—no… no puedo.
—porque no? que tienes que hacer? — no le contestó, solo se quedó mirando la nada — ahh, David tiene competencia — de nuevo silencio — quién es?
—nadie.
—vamos, jamás me tomaste por tonto.
—no, jamás lo hice…
—entonces dime.
—no, no puedo.
—se quién es — Fabiola lo miro directamente y un tanto nerviosa — Angélica está enamorada de ti, lo sabias? — respiro relajándose.
—por qué lo dices?
—he visto cómo te mira, ella te ama — solo le sonrió, ella lo sabía, él no obtendría mucho de Fabiola por ese momento — oye, hace días quería preguntarte — dijo cambiando de tema drásticamente —  tu amiga, la has visto? — Román hizo que Fabiola sintiera nervios de nuevo pero lo disimuló, si tan solo él supiera que era ella quien le robaba la tranquilidad.
—la vi, poco.
—nunca me dijiste porque te peleaste con ella, es por eso que recuperaste tu humor?
—no me peleé con ella, solo… dejamos de vernos.
—aja, te lo repito Fabiola, no soy un tonto, tu tuviste una discusión con ella, fue por algún tipo? Por eso te empeñas en no salir con nadie? — se levantó de la silla y rodeó el escritorio.
—vamos, hay que ir con el jefe.
—no me dirás que pasó? — negó con la cabeza y Román la siguió resignado.
No comprendía porque Fabiola tenía tanto secretismo respecto a su vida. Lo pensó detenidamente y se dio cuenta que, durante los años que habían trabajado juntos (eso sin contar las “vacaciones” tan largas que se había tomado) sabía muy poco de su vida personal. Todo lo que sabía era contado por ella, pero no era nada importante. Sabia donde vivía pero no si lo hacía con alguien, las pocas veces que fue a su casa parecía estar sola. También sabía que le gustaba la comida china y creía recordar que alguna vez le dijo que le gustaba cocinar. Le gustaba el tenis pues la había encontrado algunas veces viendo algún partido, sabía que Angélica y ella eran muy unidas, y sabia también de su amistad con la tenista famosa pero no sabía por qué habían dejado de frecuentarse. Nada más y entonces decidió ponerse la tarea de que lograría que le contara todo de ella.

***

Casi una semana había pasado desde que se topara en el restaurant con Fabiola, por fin había salido de su burbuja, solo que seguía con el ánimo por los suelos, aunque su cabeza no dejaba de pensar en lo que estaba pasándole. Mientras tanto, Thomas le hacía compañía en su casa.
Esa tarde estaban viendo un capítulo de los Simpson y él pensaba en cómo seguir provocándola para que reaccionara. Pero en eso, y tomándolo por sorpresa, se levanta intempestivamente del sillón, caminó hacia la puerta y salió sin decirle nada. Él no sabía lo que se proponía por lo que salió detrás de ella pero se frenó al verla esperando el elevador, ella lo sintió llegar pero ni siquiera volteó a verlo.
—a dónde vas?
—necesito ir… a un lado.
—no quieres que te lleve?
—no…
—segura? — negó con la cabeza, el elevador abrió las puertas — espérame, te llevaré — cuando volvió con las llaves del carro ella seguía igual que como la había dejado.
—no sé si quiera que me lleves — tenía una expresión de confusión.
—a dónde vas?
—no sé si deba ir — Thomas la miró confundido.
—quieres ir con Fabiola? — negó con la cabeza sin convicción — ven — le extendió la mano — yo te llevaré cuando estés lista… mañana, tal vez — entraron al apartamento y se volvieron a sentar en el sillón a ver la tele, solo que no la veían realmente.
El resto de la tarde ella volvió a ensimismarse, más de lo que ya había estado. Thomas sabía lo que pasaba por su cabeza pero prefirió que ella sola se las arreglará sola esta vez y esperó el momento oportuno para hablarle.
—quieres que le hable y le diga que venga? — ella solo negó con la cabeza.
—qué crees que debo hacer? — le preguntó después de unos minutos con expresión confusa.
—no puedo decirte que hacer Luisa… tu qué quieres hacer? — solo se quedó mirando hacia al frente — mira, es obvio que tus recuerdos volvieron y por eso estas confundida, pero si aún sientes lo que sentías por ella pues no sé qué es lo que estás haciendo aquí sentada pensándolo tanto.
—no sé qué es lo que siento… — Luisa lo miró desesperada — no sé qué es lo que sentía…aun no tengo las cosas claras.
—debes de tenerlas claras… concéntrate — puso sus dedos índices sobre las sienes de Luisa y empezó a hacer círculos — que te dice tu cabeza?
—no… se… ella y yo estuvimos juntas… hace mucho… en ese apartamento… y…
—quieres que la llame? — habían empezado a salir lágrimas de sus ojos y no le contestó — si?
—y que le digo?
—no le tienes que decir nada solo deja que ella te diga lo que tiene que decirte.
—no sé si quiera estar con ella.
—bueno, pues no lo sabrás hasta que no hables con ella… si descubres que no quieres ahí estaré.
—no sé si sea capaz de sentir lo que sentía… puede pasar eso?
—si — dijo algo consternado — puede ser que la hayas olvidado… que no la quieras —
—me hicieron lo que Clementine hizo para olvidar a Joel — Thomas no pudo evitar reír.
Se quedaron los dos en silencio sentados hasta que Thomas tomó el teléfono sin decirle nada y marcó.
—puedes venir?... si… pues no mucho… confundida — Luisa volteó a verlo al comprender con quien hablaba y negaba con la cabeza pero él no le hizo caso — aja… si, mejor de una vez… ok… bye.
—te dije que no.
—es mejor así, confía en mí.
—empiezo a dejar de hacerlo — el a miró profundamente.
—no deberías — se levantó y fue a la cocina volviendo a los pocos segundos con un vaso con agua una pastilla.
—qué es?
—un calmante — le dijo sonriendo.

***

Fabiola estaba en su oficina y en cuanto colgó con Thomas guardó todo lo que estaba haciendo y salió al estacionamiento. Román trató de preguntarle qué pasaba pero ella solo siguió caminando sin decirle nada. Subió a su carro mientras los nervios la mataban, un camino que generalmente recorrería en menos de 20 minutos lo hizo casi en media hora. No sabía que esperar cuando llegara pero, si Thomas le había dicho que fuera, era porque Luisa estaba más calmada.
Una vez que estuvo frente a la puerta del apartamento se quedó parada ahí, solo mirando la puerta y, después de estar otros quince minutos pensándolo, decidió irse, dio dos pasos para atrás y luego se detuvo y volvió a observar la puerta desde ahí. ¡Qué demonios!, pensó para sí y se lanzó sobre la puerta tocándola en un acto de pura impulsividad.
Thomas abrió y la hizo pasar, Luisa estaba en el sillón acostada con la pierna lastimada del lado del respaldo del sillón, parecía estar dormida.
—le di un calmante, pero creo que me excedí.
—sí, ya veo — dieron unos pasos en dirección al sillón y se quedaron los dos parados viéndola. En eso abrió los ojos y vio que la miraban pero como no veía muy bien tuvo que esperar a que su vista se enfocara. Giró la cabeza y buscó sus lentes en la mesita, Thomas se acercó para alcanzarlos y dárselos y luego se fue a la cocina dejando a Fabiola ahí.
Fabiola avanzó unos pasos y se sentó en la esquina de la mesita lentamente. Luisa se puso los lentes sin levantarse e inmediatamente su vista se aclaró.
—sigues… sin querer verme? — su voz temblaba un poco pero Luisa no le dijo nada — porque yo…
—podrías decirme si, después de todo este tiempo, aun… sientes algo… — su tono era calmado, nada que ver con la histeria que había estado en su voz los últimos días, el calmante que le había dado Thomas surtía efecto.
—sí… aun te amo, te lo dije, eres lo único en lo que pensaba durante este tiempo.
—pero no sabías si volverías a verme.
—no lo sabía, pero eso no importaba.
—y por qué decidiste aparecer de nuevo? — Luisa no se había levantado, solo se limitaba a interrogarla desde su posición nerviosa, incluso sus manos temblaban un poco, solo que Fabiola tenía sus propios pensamientos en la cabeza como para darse cuenta de eso.
—no lo decidí a la ligera, cuando menos pensé ya estaba en el estadio, y en el momento en que te vi de nuevo sentí como mi mundo se estremecía… eso es lo que me ocasionas — Luisa movió su cabeza de un lado a otro y se quedó mirando el respaldo del sillón.
—no pensaste que yo podría haber tenido una vida hecha… sin ti?
—sí, lo pensé, lo creí de hecho… pero lo único que quería era verte, desde que vi ese anuncio en el periódico y vi tu nombre empecé a actuar sin sentido.
—evidentemente — susurró pero Fabiola la escuchó.
—no quise provocarte ningún problema pero…
—pero solo pensabas en ti.
—no, eso no es cierto. Durante 6 años solo he pensado en ti, me distancie de ti porque creí que era lo mejor, pero simplemente ya no pude más… y Thomas pensó lo mismo — Luisa se levantó un poco recargándose en sus codos.
—esa no es excusa... — seguía calmada pero Fabiola notaba que aún estaba algo enojada, su cara estaba roja por el coraje que sentía, era como si hubiera viajado en el tiempo cuando se enamoró de ella y Luisa estaba confundida y asustada por descubrir que ella también de Fabiola — moviste todo lo que pensaba había hecho… y ahora ya no sé qué creer.
—no tienes más que saber la verdad — Fabiola se movió un poco a la izquierda quedando más cerca de su cara — y la verdad es esta… te amo, siempre lo he hecho y jamás dejare de hacerlo. No sabes el esfuerzo que tengo que hacer para no lanzárteme encima y besarte, y acariciarte, y amarte como antes, pero tengo que detenerme, lo hago porque es lo que necesitas y yo daría lo que fuera por darte todo lo que quieras y necesites, sin importar que lo que yo necesite.
—pero… — Luisa había empezado a perder el control y su corazón se aceleraba — aún no se… que es lo que…
—no tienes que saberlo ahora, no pienso presionarte de ninguna manera, solo quería decirte todo esto.
—ok — apenas le había salido la voz — pero aun así… que pasará cuando lo recuerde todo y descubra que no… siento lo mismo… que antes?
—entonces simplemente te dejare en paz — Luisa notó como la voz de Fabiola se quebraba, las dos quedaron en silencio durante un buen rato.
—el día del restaurant… que hacías ahí? — rompió el silencio y volvió a recostarse en el sillón.
—estaba con mi jefe y un compañero del trabajo.
—si — dijo para sí misma — trabajas en un laboratorio?
—si… ese día me sentí… fatal — Luisa la miró confundida — ese día estabas con él… y ya te había visto antes con él también, caminando de su mano en la calle… sonriéndole, el solo hecho de que pudieras estar con él… solo pensaba en que antes habías sido mía y eras feliz en mis brazos — las lágrimas de Fabiola empezaron a rodar por sus cachetes sin que pudiera controlarlas — y mientras yo estaba sufriendo por ti tú podrías estar con alguien más… con él — Luisa se alegró, su plan había funcionado, la había hecho sentir celosa.
—eso que me dices no lo recuerdo — a Luisa le tembló la voz al decir esa mentira, ese día había estado teniendo recuerdos fugaces de lo que le estaba diciendo.
—tú y yo… teníamos algo — Fabiola sospechó que lo que le decía no era cierto, pero no estaba 100 por ciento segura y no quiso confrontarla — vivíamos juntas — buscó algo en su bolsa y se deslizó aún más hacia la cara de Luisa para dárselo, era un portarretrato, el mismo que había estado con ella durante ese tiempo que estuvieron separadas — nunca fui celosa ni posesiva, los celos siempre me parecieron algo estúpido e inmaduro, y ahora no puedo evitarlos, no importa quien se te acerque, yo muero de celos — su voz sonaba algo alterada pero era obvio que se estaba controlando con todas sus fuerzas — eras mía y me dijiste que siempre lo serias, y ese día cuando te vi de nuevo con él en el restaurant me volví loca, quise levantarme en ese momento y tomarte entre mis brazos… como antes… pero no podía — Luisa se quedó acostada sin decirle nada, lo que le había dicho lo recordaba, y claramente, ahora que se lo había contado.
Estiró su mano para agarrar la de ella, pero al tocarla, Luisa sintió una descarga eléctrica que la hizo quitarla inmediatamente. Fabiola la conocía muy bien y sabía por lo que debía estar pasando, justo como la primera vez, debía darle su espacio para que asimilara todo, si es que, como le había dicho, no había dejado de sentir lo que solía sentir por ella. Se asustó de tan solo pensar que así fuera, dejó el portarretrato sobre la mesa, se levantó y se encaminó a la puerta en silencio.

—me moriría si al final descubres que todo este tiempo hizo que dejaras de amarme — dijo de frente a la puerta antes de irse — pero si es así, no sabrás de mi jamás — Luisa temblaba, y al escucharla decir eso, casi siente como se le detiene el corazón al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse cuando Fabiola salió del apartamento.