viernes, 5 de febrero de 2016

Capitulo II

Mientras esperaba que se diera la hora de ir a la oficina, Luisa estaba sentada en un Starbucks tomando un moka. Iría con su agente, Paris, quien le había dicho que estuviera puntual, tenían cita con unos patrocinadores que querían contratarla para ser la imagen de su producto. A Luisa no le agradaba demasiada tanta publicidad, pero Paris decía que era bueno para su carrera y muchas de las veces terminaba accediendo sin protestar mucho por evitarse el discurso que siempre le daba.
Alternaba el moka con el periódico de ese día, no había encontrado nada mejor que leer pues las noticias no eran algo que le llamara mucho la atención, siempre se encontraba con una de ella y eso la llenaba de pena. En el periódico había un artículo sobre una científica que estaba implementando un virus que había desarrollado recientemente, el cual estaban utilizando para un tratamiento para combatir el cáncer. El artículo decía que apenas empezaba con la investigación pero prometía mucho, incluía una foto de la científica sonriendo, con el pelo suelto más rubio que castaño, pero sin llegar a serlo del todo, algunos de sus cabellos caían sobre su hombro derecho, su piel, dorada, contrastaba a la perfección con su pelo y al final de la nota la mencionaban a ella solo como referencia a su amistad.
—es muy guapa — escuchó de pronto que le decían sobre el hombro — la científica — dijo un tipo que estaba sentado detrás de ella apuntando la foto del periódico. Era atractivo, tenía los ojos verdes, el pelo negro y la piel blanca — inteligente y muy guapa, una combinación letal — Luisa soltó una risita por su comentario.
—sí, bastante letal.
—crees que lo logre? — Luisa lo miró confundida — prevenirlo? — dijo señalando el artículo de nuevo.
—pues podría ser, no? tu qué opinas? — dijo volviendo la vista al periódico.
—pues si lo logra será algo grandioso, no?
—sí, ya lo creo que sí… esperemos y lo consiga.
—si… me llamo Sebastián — dijo tendiéndole su mano — y tú?
—Luisa — también le dio la mano sonriéndole después de pensarlo unos segundos.
—mucho gusto Luisa… podrías decirme que hace alguien tan bonita como tu leyendo el periódico aquí sola?
—estoy haciendo tiempo — la miró intrigado — tengo una cita.
—no me digas que es con tu novio — sonrió divertida.
—no, no, es… del trabajo.
—ah menos mal, ya estaba lamentándome.
—lamentándote? — preguntó frunciendo el ceño.
—sí, si tenías cita con tu novio no aceptarías salir conmigo —ella rió.
—y que te hace suponer que saldré contigo?
—oh vamos, no seas así, no podrías negármelo.
—si — dijo en tono pensativo — de hecho si podría — parecía que el tipo no la reconocía, eso fue lo que hizo que Luisa siguiera platicando con él.
—ay no, serias tan cruel conmigo? — fingió decepción.
—sí, sí podría… me gusta ser cruel — dijo levantando las cejas y reclinándose hacia el cómo diciéndole un secreto.
—no puede ser, tan bonita y tan cruel, es peor que la combinación de la científica — dijo sonriendo y haciéndola reír de nuevo. En ese momento sonó el celular de Luisa, era Paris, quería recordarle la cita que tenían y asegurarse que no se le olvidara. En cuanto colgó, Sebastián le quitó el celular al tratar de guardarlo en la bolsa.
—que haces?, dámelo — Luisa estaba algo sorprendida por lo que el tipo había hecho.
—espera — se puso a moverle al celular pero vio que tenía clave — que desconfiada eres, porque lo tienes con clave?.
—por si me lo quita en una cafetería algún acosador.
—vaya, así que atraes a puros acosadores? con más razón necesito tener tu teléfono y tú el mío, en caso de que te encuentres alguna otra vez en esa situación y que harás? Me llamas inmediatamente — volvió a reír — o cuando quieras ir al cine y no tengas con quien ir — terminó diciéndole con una gran sonrisa, Luisa se quedó mirándolo un par de segundos pensativa y luego accedió.
—tienes razón, algún día de estos puede ser que me encuentre aburrida sin saber qué hacer.
—de acuerdo.
—me tengo que ir — dijo en cuanto le dio su número.
—pero por qué? Si ya conseguiste darme tu número — ella volvió a reír.
—sí, pero recuerdas la cita que te mencioné? — asintió — era del trabajo de donde me hablaron, así que ya me tengo que ir — tomó lo que le quedaba del moka y se levantó, él lo hizo junto con ella — me hiciste pasar un buen rato.
—ok, eso es bueno,  entonces quedamos para cuando estés aburrida, ok?
—ok.
—me alegró conocerte, nos vemos.
—adiós — Luisa salió de la cafetería, subió a su carro y se dirigió a la oficina de Paris.

Su representante la esperaba ansioso y cuando entró estaba dando vueltecitas por la oficina, al verla respiró aliviado, los patrocinadores aún no llegaban.
—bien, que bueno que llegaste, déjame decirte rápido lo que pasa. Los patrocinadores son de una embotelladora y quieren que representes un jugo de frutas.
—un jugo? — el tono de Luisa sonó algo exasperado — por un jugo tendré que salir corriendo de aquí al juego?
—demonios es verdad, a qué hora?
—a las 4:30.
—bien, tenemos tiempo… ahora el jugo.
—no creo que el jugo sea una buena opción.
—no lo rechaces de entrada — dijo Paris acomodándose la corbata frente a un espejo que tenía arriba del sillón que había en su oficina — a lo mejor ofrecen una buena suma.
—a ti solo te interesa el dinero.
—igual que a ti reina.
—sí, pero no tanto como a ti, yo sí puedo dejar pasar algunas ofertas, tú en cambio quieres que las acepte todas.
—bueno… si, pero deja que lleguen y veamos si nos conviene.
—no lo sé, creo que esta vez yo decidiré, lo del cereal en el que te empeñaste en aceptar… aun lo lamento — Luisa lo señalaba con el dedo índice a modo de advertencia.
—bueno, pero pagaron bien.
—no importa, otra de esas no lo aceptaré.
—bueno ya, esperemos a que vengan… ahora, que tal se ve esta corbata — preguntó después de haber estado todo ese rato jugando con ella.
—bien… por qué? — preguntó distraídamente — quieres impresionarlos?
—no, es que iré al dentista más tarde.
—ahh, ok… entonces, tu dentista debe de ser muy guapa? — dijo en tono de burla.
—sí, es muy guapa — dibujo una gran sonrisa.
—creí que salías con… Denise?
—sí, bueno… ya no, ahora me gusta Cristina.
—es difícil seguirte el paso — hizo un ademan con la mano de desenfado.
—mira quien lo dice, tu deberías de dejar de tener solo citas y enseriarte con alguno.
—yo no salgo solo en citas.
—si tú lo dices, yo en cambio sí planeo tener algo serió con Cristina.
—a pesar de lo que ella diga?
—no, pero voy a insistir mucho… como sea, como me veo?
—bien — apenas lo miró. Traía un traje gris obscuro, con una camisa morada, la corbata también gris y zapatos negros. París era alto, delgado, era blanco y el cabello lo tenía castaño claro, lo usaba en puntas hacia arriba, muy moderno, según él.
En ese momento la secretaria entró avisándoles que los patrocinadores habían llegado y Paris le dijo que los hiciera pasar. Cuando entraron, Luisa seguía sentada en el sillón debajo del espejo donde Paris se había arreglado la corbata. Eran cuatro los que entraron y Paris los presentó inmediatamente. Al primero que mencionó dijo llamarse Héctor Grant, era gordito, calvo y parecía tener unos cincuenta años. El segundo era Gavin Holt, más joven, como de treinta y cinco años, delgado y muy alto, como Paris. Del tercero y cuarto no escuchó los nombres porque en ese momento sonó su celular, lo puso en silencio rápidamente y pretendió que había captado sus nombres, el tercero era como de cuarenta años, pensó que se veía atractivo, el cuarto era el más joven, tendría veintiocho o veintinueve años a lo mucho y Luisa notó que usaba el pelo parecido al de Paris.
—ella es Luisa Licano — dijo Paris.
—mucho gusto — dijeron todos.
—soy tu fan, me gusta mucho como juegas — añadió el número cuatro un tanto nervioso.
—no soy tan buena — dijo Luisa bajando la cara sonrojada.
—sí, si lo eres, ganaste el abierto de estados unidos como prueba.
—si… — sentía que le ardía la cara de la pena y volteó a ver a Paris para que la auxiliara.
—bueno señores — dijo antes de que el número cuatro pudiera decir algo mas — no trato de presionarlos pero al hacer esta cita olvidé por completo que Luisa tenía un partido a las 4:30 — su tono sonó algo apenado, aunque Luisa sabía muy bien que lo fingía — así que… hablemos de negocios.
—sí, de acuerdo — dijo el mayor de todos quisiéramos que nuestro producto llevara su imagen en el empaque y que realizara algunos comerciales — directo al grano, pensó Luisa.
—en concreto, nos gustaría que fuera la imagen de la compañía — dijo el tercero.
—pero al ser la imagen de la compañía representaría a todos sus productos, no? — dijo Luisa antes que empezara de nuevo el gordito calvo — o sea que podrían usar mi imagen en cualquier producto que lancen? — volteó a ver a Paris, quien también parecía algo confundido.
—señores — al fin intervino — ustedes me dijeron que solo la querían para el jugo, no?
—sí, así es — dijo el numero uno — así era en un principio, pero nuestro joven amigo — dijo señalando al número cuatro — nos ha mostrado por que propuso a la señorita Licano como posible representante del producto y a todos nos pareció mejor idea que representara a toda la compañía.
—sí, pero eso terminaría en una propuesta diferente de la que le planteé a la señorita Licano.
—sí, lo sabemos y nos disculpamos por eso, lo acabamos de decidir esta mañana — iban a ser las tres de la tarde y Luisa le hizo señas a Paris mostrándole el reloj disimuladamente para decirle que no debía extenderse.
—ok señores, hagamos esto, les parece si preparan la propuesta en forma tal y como la pensaron esta mañana y la mandan para que la revisemos y mientras tanto, quisieran acompañarnos al juego de ahorita? — los ojos del número cuatro se abrieron desmesuradamente, lo mismo que los de Luisa.
—en serió? — dijo sorprendido.
—sí, vamos? — preguntó Paris a los demás, el número cuatro esperaba ansioso por que los demás aceptaran, al fin el numero uno aceptó y Paris hizo los arreglos.
—oye pero traigo mi carro — le dijo apartándolo de los cuatro con una sonrisa — y que si te veo allá?
—y me dejaras con ellos solo? — puso cara de incomodidad.
—si…
—mejor vente con nosotros y así te van dando una idea de lo que propondrán.
—no, mejor ve tú con ellos y después me platicas, pero que quede claro, pasara por mi aprobación antes esta vez, ok? — dijo señalándolo con el dedo de nuevo advirtiéndole.
—ok, ok… ya veremos — se entretuvo un poco en la oficina disimuladamente en lo que Paris se iba con los cuatro. Luisa bajó en el elevador después hasta el estacionamiento y de ahí fue al club.

Al llegar al club deportivo, Luisa se estacionó en el lugar que tenía reservado y Thomas ya la esperaba. Bajó rápido, cogió sus cosas de la cajuela  y corrió a los vestidores, se cambió rápido y salió a la cancha para empezar a calentar. Thomas estaba detrás de ella al entrar a la cancha, donde ya estaba su contrincante. Empezó con los ejercicios de calentamiento, la jugadora contraria estaba haciendo lo mismo, aunque no era un partido muy importante, y en si el torneo que había organizado el club tampoco, debía quedar bien con los de la mesa directiva por lo que se había visto obligada a participar, según le había dicho Thomas, y con tal de evitarse la discusión, aceptó sin más. Luisa suponía que su oponente estaba en la misma situación que ella pues era otra de las jugadoras del club, pero no se llevaba mucho con ella. Después del calentamiento requerido, el árbitro hizo indicaciones que se prepararan para empezar.
El primer servicio fue de la otra jugadora  e inmediatamente después de contestar dicho saque Luisa supo que el haberse desvelado hacia dos días, y no recuperarse debidamente, le dificultaría su desempeño durante el partido, debió de haberse tomado más en serió este torneo. Jugó con un esfuerzo más del normal, lo que se notó al ganarle en un cerrado marcador que quedó en dos sets a favor de Luisa en contra de uno. Se saludaron y Luisa fue a su banca a recoger sus cosas y cuando iba a los vestidores Paris la hizo llegar antes junto a los cuatro patrocinadores y algunos espectadores se acercaron a pedirle autógrafos y ella, tímidamente, los daba.
—vaya, parece que ella te la puso difícil — dijo el número cuatro.
—si… bueno en parte es mi culpa, desvelarse dos días seguidos es malo para el rendimiento y tuve que pagar las consecuencias — dijo sonriéndole.
—bueno, para el próximo no lo harás imagino — dijo el número tres.
—sí, aprendí mi lección — Paris la miró de un modo extraño, casi podía adivinar que estaba pensando en cómo usar esto para que aceptara la oferta que le ofrecían aquellos cuatro, e inmediatamente concretó una nueva cita con ellos y luego se fueron.
—no me digas nada, esperemos a ver qué es lo que proponen — dijo Paris adelantándose en cuanto estuvieron solos — nos vemos mañana? — Luisa asintió — ok, me tengo que ir, se me hace tarde para mi cita con la dentista — se fue muy sonriente y saludó a Thomas rápido de camino.

Estaba por subirse a su caro cuando una niña, seguida de su mamá, se le acercó. Eran socias del club y la conocían bien. La niña traía un perrito chiquito en los brazos y le dijo que quería regalárselo. Luisa al principio se negó pero la niña y su mamá insistieron tanto que no le quedó más remedio que aceptarla, era una perrita de raza pug. A Luisa no le agradaban mucho los perros pero este era de raza pequeña y la niña le había asegurado que eran muy bien portados por lo que terminó aceptándola.

No había nadie cuando entró a su apartamento, así que puso a la perrita sobre una caja en el estudio y le puso un plato de agua. Desde que Fabiola había sido ascendida en su trabajo, el tiempo que pasaba en el laboratorio era demasiado y ahora estaba a la par que su compañero Román en puesto. A Luisa le parecía muy bien eso, su única queja era el tiempo que no pasaba con ella.
Se sentó frente a la pantalla de la estancia a ver la tele pero después de pasar por varios canales, y no encontrar algo que le llamara la atención, fue a bañarse dejando la tele prendida. Se puse la pijama y volvió a la estancia, sabía que si se recostaba a verla en el cuarto seguro se dormiría. Tenía hambre también pero estaba lo suficientemente cansada como para no ir a la cocina y buscar algo de comer. No tardó mucho e empezar a sentirme adormilada pero en ese momento entró Fabiola.
—hola — le sonrió en cuanto entró — como te fue?
—bien — contestó Fabiola también sonriéndole — a ti?
—más o menos.
—por qué?
—hoy estuve en una cafetería en lo que pasaba el tiempo antes de ir con Paris — Fabiola la miraba expectante — estaba leyendo el periódico mientras tanto, un artículo sobre ti… y un tipo enseguida  de mi vio tu foto y me dijo que eras muy guapa.
—en serió? — preguntó algo sorprendida.
—si… sentí celos — sonrió aún más y dejó su portafolio en la mesa del centro de la estancia y se acercó a Luisa sentándose a horcajadas sobre ella.
—bueno… no tienes que sentirlos — agarró sus cachetes entre sus manos — a mí solo me gustas tú — la besó tiernamente además, a mí siempre me dicen eso sobre ti y yo solo me aguanto.
—eso no creo que sea del todo cierto — dijo con algo de escepticismo. Sabía que Luisa no era muy consciente de lo hermosa que era.
—sí, es cierto — puso cara pensativa — los de la oficina lo dicen todo el tiempo, y de hecho, en algunos de tus partidos he escuchado a algunos espectadores lo que dicen de ti, y yo solo quisiera decirles que yo, y solo yo puede besarte — unió la acción a la palabra — y tenerte — hizo una expresión traviesita.
—y quisieras hacerlo? — dijo después de unos segundos algo seria — decírselo a todos? — cada cuando Luisa le preguntaba lo mismo.
—si… lo sabes, no me causaría ningún problema, y de hecho sería feliz diciéndoles a todos que eres mía — le sonrió mientras lo decía — pero a ti te causaría problemas, así que entonces no. Lo único que quiero es estar contigo y que tú seas feliz conmigo y nada más… y si para eso tengo que actuar como si solo fuéramos amigas estando en público, entonces que así sea, ya te lo he dicho muchas veces.
—estás segura? —pasó su índice por el cuello de Fabiola y bajaba lentamente por su brazo, observando el recorrido.
—completamente… además, tampoco me sería muy fácil que digamos — su tono trataba de quitarle la seriedad al asunto, pero Luisa seguía pensativa, así que Fabiola llamó su atención — en que piensas?
—en nada, no te preocupes — pero no era del todo cierto, pensaba en lo que ella acababa de decirle acerca de ese tema. Sonrió y ella se levantó, le preguntó si tenía hambre y Luisa asintió.
—te hare una cena deliciosa — dijo encaminándose a la cocina — casi puedo apostar que ni siquiera has venido a la cocina.
—estaba muy cansada — dijo sonriendo.
Fabiola preparó una pasta al pomodoro, el cual Luisa disfrutó mucho, aunque a ella todo lo que Fabiola cocinaba se le hacía delicioso, por simple que fuera. La pasta la acompañaron de una botella de vino. Terminando de cenar se fueron a la recamara para dormir pero en eso Luisa recordó la perrita que le regalaron y salió de pronto del cuarto dejando a Fabiola un poco desconcertada.
—se me olvidaba, te traje algo.
—en serió? — dijo mientras la veía salir del cuarto para regresar con la perrita en los brazos — no puedo creerlo, y ese perrito?
—es perrita, me la regalaron, te gusta?
—está preciosa — dijo agarrándola y empezando a jugar con ella — quien te la dio?
—una niña del club.
—como se llama?
—no sé, creo que no tiene nombre aun.
—que nombre te gusta? — Fabiola no podía dejar de juguetear con la perrita.
—es tuya, tu escógelo.
—no lo sé, lo pensare.
Fabiola estuvo jugando con la perrita un buen rato en lo que Luisa se quedó dormida y después la llevó a donde la había puesto antes.

Al día siguiente Luisa no tendría juego, por lo que estaría todo el día de floja, y como la perrita no las había dejado dormir al llorar toda la noche, aprovecharía muy bien ese descanso.
Fabiola en cambio sí había tenido que levantarse a la misma hora de siempre, se bañó y se vistió mientras Luisa preparaba café en la cocina lentamente.
—que harás hoy? — le preguntó mientras veían un programa de repetición de Lost, Fabiola tomaba café y Luisa leche.
—me quedare todo el día descansando — dijo sonriendo — cuidando a la que no tiene nombre.
—que rico — dijo Fabiola mirándola como reprochándole algo y con algo de envidia.
—quédate haciéndome compañía — trató de tentarla — tienes demasiado trabajo?
—no mucho… cuando es tu próximo juego?
—el sábado.
—ok — dijo pensativa — ese día me escapare del laboratorio, que te parece?
—perfecto — contestó Luisa. Fabiola agarró su portafolio, la besó y se encaminó hacia la puerta.
—me dejaras aquí solita? — gritó antes que Fabiola saliera.
—no hagas travesuras mientras no estoy — dijo desde la puerta con una gran sonrisa.
tratare.
—volveré temprano, traeré la cena.
—ok, que te vaya bonito.
Luisa estuvo todo el día descansando justo como había dicho y de vez en cuando checaba a la perrita, no quería apenas ganar en su próximo partido como había pasado el día anterior así que dormitó casi todo el día.
 A media tarde Fabiola llegó y rompió su monotonía.
—saliste temprano?
—si — le sonrió — decidí volver antes de que se te ocurriera hacer algo — la miró entrecerrando los ojos — tienes todo el día encerrada aquí — dijo Fabiola levantando los hombros y las cejas, como justificándose — tu cerebro no tardaría en pensar en hacer algo que probablemente nos provoque problemas a las dos… si es que no la hiciste ya — Luisa la miraba con una sonrisa traviesa.
—no — le dijo después de algunos segundos — apenas iba hacia el balcón.
—llegué a tiempo entonces — dijo dejando su portafolio en la mesa de la entrada junto con sus llaves y luego Luisa se le acercó y la besó en la nariz tiernamente — ya tengo un nombre —la miraba expectante — Ludovika, te gusta?
—esta gracioso… si, me agrada.
—perfecto, Ludovika será entonces… quieres ir a cenar o cenamos aquí? — se quedó pensativa y Fabiola decidió antes — mejor vamos, para que salgas a dar la vuelta — dijo burlonamente — solo hago unas cositas rápido en la laptop y salimos.
—perfecto.
Mientras hacía eso, Luisa se bañó, se vistió y una vez que estuvieron listas las dos, bajaron al sótano por el carro de Fabiola, un lexus LS hibrido negro. Mientras decidían entre italiana y japonesa Fabiola daba la vuelta por la ciudad, estaba obscureciendo y el poco sol que había salido, dejaba paso a las primeras estrellas de la noche
—entonces, que será? — dijo mientras pasaban por robson st. — japonesa? — la miró a tratando de convencerla.
—mejor italiana, no?
—pero ayer cenamos pasta.
—pero ahora también queremos — recargó su cabeza en su hombro izquierdo y puso la mano en su rodilla.
—queremos? — empezaba a ceder, aunque aún seguía resistiéndose un poco.
—sí, vamos, ándale — presionó la rodilla con su mano y estuvo perdida.
En el restaurant  se sentaron en una mesa medio escondida y mientras cenaban, Paris habló al celular de Luisa para decirle que los cuatro patrocinadores del día anterior habían mandado la propuesta.
—la mandaron algo tarde, no?
—no, de hecho yo soy el que te llama tarde, perdona, vienes en la mañana o te la llevo a tu casa.
—mejor nos vemos en tu oficina… que tal se ve?
—pues no esta tan mal… nada mal.
—ok, mañana la veo, bye.
—Paris quiere otra comisión? — preguntó Fabiola cuando colgó mientras partía en varios pedazos una albóndiga de su plato.
—sí, pero no estoy muy segura de que me convenga… como que es demasiada publicidad ya, no crees?
—te están explotando — medio se burló de ella.
—sí, definitivamente me sobreexplota — dijo mientras metía su tenedor en el plato de Fabiola robándole un pedazo de albóndiga, ella solo le sonrió.
Acabando de cenar fueron a dar una vuelta y después al apartamento, como ya iban a ser las 11 se lavaron los dientes, se pusieron la pijama y se metieron en la cama y una vez acostadas Fabiola sacó su laptop y trabajó un poco en lo que Luisa veía la tele un rato.

Al despertar, Fabiola saltó de la cama y corrió a bañarse, se había quedado dormida. Se cambió y salió corriendo hacia el laboratorio. En cambio Luisa decidió quedarse un rato más en la cama y una hora más tarde se levantó para desayunar un cereal, luego de bañarse y vestirse bajó al sótano por su carro, un mustang rojo convertible (siempre le había gustado ese carro, a pesar de que Fabiola no era muy fan de ellos, por eso ella se había decidido por el hibrido, pero no pensaba así cuando paseaban con la capota abajo por la ciudad) y se dirigió a la oficina de Paris. Llevaba a Ludovika pues aún no se atrevía a dejarla sola.
—aquí tengo la propuesta — Paris le dio una carpeta apenas entró por la puerta — revísalo y me dices que piensas, aunque creo que es bueno. Quien es esa preciosura? — mientras Luisa leía la propuesta Paris jugaba con Ludovika.
—tú solo estas interesado en el dinero, no quiero anunciar tantos productos, no me gusta tanta publicidad, ya te lo he dicho — dijo en tono molesto.
—la publicidad es buena, no la rechaces a la primera.
—pero ya son varios productos, los tenis,  el refresco, la marca de ropa,  incluso un teléfono, mejor este lo dejamos pasar —puso la carpeta sobre el escritorio.
—no podemos rechazarlos.
—porque no?
—la oferta es muy tentadora.
—eso dijiste de los demás productos.
—es que este es muy bueno en verdad — la agarró del brazo para hacerla verlo a la cara.
—no, mejor no, con los demás basta.
—no, como que no, necesitamos más publicidad.
—MAS? — casi gritó — pero si ya es demasiada.
—no creo que sea demasiada.
—tú no, yo sí, mejor no.
—pero…
-pero nada, querían que representara a toda la compañía, no solo un producto — se quedó mirándola y soltó un gran suspiro.
—pero… está bien — al fin se dio por vencido — les diré que siempre no quisimos — dijo resignado.

Manejó de vuelta al apartamento y al llegar decidió ir a correr, por lo que se puso unos leggins deportivos negros que le llegaban abajito de la rodilla, una camiseta tipo polo morada, los tenis y un rompe vientos negro. Agarró su iPhone de la mesita de la estancia (donde casi siempre estaba) y se dirigió al elevador bajándose en el lobby del edificio. El parque Stanley estaba a 15 minutos, por lo que se fue caminando y una vez ahí corrió 10 km. No creía que en ese ratito le pasara algo a Ludovika, además le serviría para que se fuera acostumbrando a estar solita y portarse bien, aunque para eso habría que educarla, pero pensó que Fabiola seria quien se encargaría de eso, ella no tenía la menor idea de cómo hacerlo.
El camino de regreso lo hizo trotando lentamente, debió de haber ido al club deportivo para entrenar, pero le pareció que con esa corrida que acababa de hacer sería suficiente para no cansarse demasiado.
Al estar como a cinco minutos para llegar al edificio Thomas le marcó al celular.
—que pasa contigo, porque no viniste a entrenar?
—no quería estar demasiado cansada mañana — estaba algo agitada, había bajado la velocidad pero no se había detenido  — pero si corrí 10 km.
—menos mal que no estuviste de floja, para la otra avísame que no vendrás  en eso empezó a llover.
—si te avisaba no lo hubieras permitido.
—bueno, mañana llega como dos horas antes, ok? No quiero contratiempos ni nada, ya deja de correr que empezó a llover y no quisiera que te enfermes.
—ok, ahí estaré, bye — llegó al apartamento y se metió a bañar. Después fue a la cocina para contemplar el interior del refri y tratar de ver que comía, no era buena cocinando, eso siempre se le dio mejor a Fabiola por lo que al final abrió una lata de atún, le puso algo de mayonesa y zanahoria rallada y apio picado y lo sirvió en un plato, sirvió un poco de coca y fue a la estancia a comerlo mientras veía la tele. No encontraba nada interesante que ver hasta que se topó con un capítulo de criminal minds, era repetido pero igual y lo vio. Después de estar sentada un rato creyó escuchar su celular pero no estaba muy segura, lo escuchaba lejos. Lo buscó por el sillón pero no lo encontró, se levantó y fue a buscarlo en el cuarto, pero al entrar se tropezó con los tenis que había dejado a mitad del cuarto y cayó sobre su mano derecha, sintiendo el dolor en la muñeca.
—estoy por llamar a Héctor Grant — dijo Paris cuando contestó — estás segura de que no queremos esta propuesta, verdad?
—si… completamente… demonios.
qué te pasa? — su tono sonó preocupado de pronto.
—me caí… sobre la muñeca…
en serió? Cuando?
—no, solo estoy jugando… claro que es en serió… me caí ahorita, justo antes de contestarte.
—como te caíste?… Thomas va a matarme.
—me tropecé con los tenis.
esa costumbre tuya de dejar todo tirado por ahí.
—y tu como sabes?
Thomas se queja que siempre lo haces… no te lastimaste?
—no sé, me duele un poco pero creo que es el golpe.
iré por ti para llevarte al hospital, no quiero riesgos.
—no, no creo que me haya lastimado, de todos modos me pondré hielo.
—estás segura? Si quieres puedo mandar a Thomas a que te revise.
—sí, de verdad.
—ok… entonces… de verdad no quieres que le llame?
תsegura, nos vemos mañana, ok?
—ok, ponte algo más que hielo.
—lo prometo, bye — era raro que Paris se preocupara por algo, pero tratándose de alguna lesión de Luisa lo hacía en verdad, y casi peor que Thomas y Fabiola, aunque Luisa pensara que era por interés, Paris de verdad apreciaba mucho a Luisa y se preocupaba por ella genuinamente cuando algo le pasaba.
Cuando colgaron, fue directo a la cocina y llenó una bolsita ziploc con hielo, la acomodó alrededor de su muñeca lo mejor que pudo y se sentó frente a la tele. Al principio sentía que el hielo le quemaba pero una vez adormecida la muñeca pudo soportarlo.
Al derretirse el hielo fue a la cocina tirar la bolsita en la basura pero en eso llegó Fabiola encontrándola ahí.
que haces tú en la cocina? — preguntó con asombro.
—tirando… esto — le enseñó la ziploc.
—que había ahí?
—hielo — la miró desconcertada — me… caí y me lastime la muñeca, me puse hielo — le mostró la mano y su muñeca estaba aún roja por el hielo.
—ay princesa, déjame ver, te duele?
—ya no — movió la muñeca de Luisa en círculos pero ella ya no sentía tanto dolor.
—de todos modos te pondré algo, déjame ver que tenemos — buscó en un cajo de abajo enseguida del refri y sacó un tubo de crema con desinflamatorio — ven, solo iré por algo para cubrirte y te arreglo — la llevó hasta el cuarto y la sentó en la cama — no puedo dejarte sola — dijo sonriéndole — si no haces alguna travesura, te lastimas.
—no es cierto, esto fue un accidente — también le sonreía algo apenada mientras le untaba el des inflamatorio.
—segura? — miró alrededor del cuarto y vio los tenis atravesados — te tropezaste con los tenis? — casi era una afirmación.
—no…
—no, como voy a creer eso, verdad? — empezó a enredarle una venda y le apretó en el primer giro — ves, por eso no debes de ser tan desordenada.
—prometo poner más atención la próxima vez.
—en lugar de recoger tus cosas y ponerlas en su lugar — dijo moviendo su cabeza de un lado a otro — por cierto, no le hiciste nada a Ludovika?
—no, está en el balcón.
—sana y salva? — Luisa asintió sonriente — ok.
—se me había olvidado reclamarte — la miró acusantemente en cuanto recordó algo — dijiste que te escaparías del laboratorio para ir al juego, pero tú los sábados no vas a trabajar — Fabiola solo le sonreía. Le terminó de poner la venda y la agarró de la mano para llevarla a la cocina.
—que comiste? — preguntó tratando de cambiar de tema.
—atún — sonrió y no le reclamó más. Se sentó en unos de los bancos de la barra que había en la cocina — pero no me lo comí — dijo señalando la mesa de la estancia de la entrada, Fabiola se puso pensativa pues había pensado hacer una ensalada de atún.
—ok, cómelo entonces — Luisa la miró entrecerrando los ojos no?
—no, mejor mañana.
—entonces pollo será.
—no tuviste mucho trabajo? No quieres que mejor pidamos algo o salgamos?
—no princesa, prefiero cocinar — le pellizcó el cachete izquierdo sonriéndole.
—de verdad? A mí no me importa salir.
—ya sé, si dependiera de ti, viviríamos ordenando o cenando fuera — le dio unos golpecitos en la frente con una cuchara — además a mí me gusta cocinar — cerró la discusión y sacó un paquete con pechugas de pollo del refri. Luisa la ayudó con las verduras (que en realidad solo las bajó del congelador y las cuidó en el sartén).
Terminando de cenar, Fabiola ayudó a Luisa a meter los platos al lavavajillas por miedo de que terminara quebrándolos todos y una vez que los platos estaban dentro se sentaron a ver la tele un rato en la estancia, pero más que verla Fabiola le platicaba como había estado su día. Estaba algo frustrada con un químico que trabajaba con ella, ya que era demasiado terco y, según creía, estaba creando conflictos entre los demás en el laboratorio y no sabía si despedirlo o qué hacer con él, Luisa se limitó a decirle que lo despidiera, pero solo como sugerencia, al final ella sabría qué hacer. A Luisa no le gustaba opinar sobre su trabajo ya que no entendía mucho y prefería mantenerse al margen, después Fabiola le preguntó que había hecho, le platicó a grandes rasgos y siguieron con cosas sin importancia. Luego fueron al cuarto y se metieron en la cama, Fabiola la abrazó por la espalda y se quedaron dormidas.

Luisa se despertó al escuchar el despertador a las seis y media de la mañana. Quería quedarse en la cama un rato más, pero sabía que si lo hacía se le haría tarde. Sin más remedio se levantó apesadumbrada y se dirigió al baño. Abrió la regadera, entró y estuvo solo ahí parada debajo del agua aun medio dormida, pero Fabiola sabiendo que podría estar pasando, entró, dio unos golpecitos en el cancel para que volteara a verla.
—es mejor dormir ahí que en la cama?
—el agua está muy rica y no lo pude evitar — dijo sonriéndole.
—y planeas quedarte ahí toda la mañana?
—eso había pensado pero luego recordé el partido — Fabiola le sonrió.
—no piensas ir a jugar entonces?
—sí, creo que sí.
—como amaneciste de la muñeca?
—pues, ya no me duele — dijo levantando la mano y mirándola. Fabiola abrió el cancel y agarró su mano para asegurarse de que no estuviera lesionada sin importarle mucho que se salpicara con el agua cayendo — no quieres acompañarme? — le preguntó Luisa y ella sonrió pensando en la proposición.
—si quiero princesa, pero si lo hago se te va a hacer tarde y lo lamentarás — sacó fuerzas de donde pudo para resistirse.
—no, no lo creo — seguía sonriéndole maliciosamente.
—cuando volvamos entramos al jacuzzi, te parece? — le propuso guiñándole un ojo y cerrando el cancel.
—es una promesa — gritó cuando Fabiola salía del baño.
Luego de que Luisa terminara entró Fabiola y luego desayunaron juntas, faltaban quince minutos para las nueve y Thomas le había dicho a Luisa que llegara dos horas antes al club deportivo.
—no se te hace tarde?
—si — se levantó de la barra de la cocina al mirar el reloj del microondas.
—como pierdes el tiempo — dijo más para sí que para ella.
Fue al baño casi corriendo a lavarse los dientes, tomó su maleta y le dio una revisada rápida por si le faltaba algo y se dirigió a la puerta.
—vas a ir? — le preguntó al abrir la puerta.
—claro… ahí estaré — dijo con una gran sonrisa.
Bajó hasta el sótano y puso su maleta en la cajuela del convertible rojo y se dirigió al club deportivo. Estaba a 25 minutos de su apartamento y evidentemente no llegaría a las nueve por lo que la llamada de Thomas no se hizo esperar.
—dónde estás? Porque me pones nervioso a propósito?
—se me hizo un poquito tarde pero ya voy para allá.
—quiero que estés aquí ya, te estoy esperando en el estacionamiento.
—pero el partido es a las once, cálmate aún hay tiempo suficiente.
—no puedo calmarme, me acaba de hablar Paris y me dijo que te habías lastimado la muñeca.
—ese chismoso… le dije que no era nada, Fab… me puse un desinflamatorio ayer y amanecí muy bien, sin dolor ni nada — se puso nerviosa por ese momento de descuido que había tenido al casi mencionar el nombre de su novia.
—no importa, quiero revisarla y asegurarme personalmente que no tienes nada — Thomas no se había dado cuenta de nada por estar con la preocupación de que se haya podido lastimar.
—ok — dijo más calmada al ver que se había puesto nerviosa por nada — ya casi llego.
—aquí estoy esperándote.
Llegando al estacionamiento del club deportivo Thomas la esperaba, justo como había dicho cruzado de brazos.
—enséñame la muñeca — le dijo abriendo la puerta del convertible. Luisa se la mostró sin bajarse del carro — porque no me hablaste en cuanto pasó? — estaba molesto y preocupado.
—porque no sentí que me hubiera lastimado, me puse hielo y el desinflamatorio.
—y no te duele, ni nada?
—no.
—bájate, vamos adentro — Luisa abrió la cajuela y Thomas sacó su maleta y la llevó por ella.
La llevó directo a la enfermería donde prosiguió con su revisión lo mejor que podía en ese momento. Movía la muñeca de Luisa en círculos, justo como Fabiola había hecho la noche anterior, pero él además agarró la raqueta de la maleta de Luisa y se la dio.
—extiende tu brazo y sostén la raqueta — lo hizo y parecía que no había problemas — ok, ahora haz círculos con la raqueta — hizo lo que le decía solo que ahora, al girarla en contra de las manecillas del reloj, sintió una punzada — te dolió? — preguntó algo preocupado.
—no… fue más una punzada solamente — la vio con reproche, sabía que podía estar lesionada.
—no creo que debas jugar hoy — se quedó observándola pensativo — hagamos unos ejercicios de calentamiento para ver qué tal te sientes — le dijo no muy convencido.
Los ejercicios que Thomas le había puesto parecían que lograban su cometido, pero Thomas aún estaba dudando en dejarla jugar. En eso llegó Paris, también algo preocupado.
—qué pasó? se lesionó?
—creo… aunque con estos ejercicios de calentamiento parecer ir todo bien — el semblante de Thomas era el mismo que el de Paris y por esta vez, Luisa pensó que tal vez su manager estaba realmente preocupado por ella — qué opinas? — le preguntó Thomas, Luisa solo se limitaba a observarlos.
—es tu decisión, lo que sea que decidas, te apoyo.
—tu cómo te sientes? — quiso saber Thomas tomándolo en cuenta por fin.
—a mí no me duele.
—puedes jugar? — ella asintió.
—siempre puedo usar la otra mano — ambos soltaron una risita.
—bueno, en cuanto sientas el menor dolor o punzada o algo nos retiramos, ok? — Luisa asintió de nuevo, Thomas le puso una muñequera para asegurarla  y los tres se dirigieron a la cancha.

Fabiola salió del apartamento después de asegurarse de que Ludovika tenía agua en su plato, ya había comido y como estaba haciéndole horario su próxima comida seria hasta la noche, debía buscar tiempo para entrenarla, sabía que si se lo dejaba a Luisa la perrita crecería desordenadamente.
Bajó al sótano para subir a su carro y dirigirse al club deportivo, no le gustaba mucho que Luisa y ella tuvieran vidas separadas, pero no podía hacer nada, Luisa no quería anunciarlo (o más bien no podía) y ella no quería presionarla con eso, sin importar que de vez en cuando ella dijera que no le molestaba, en el fondo sabía que eso no era cierto. Luisa ya había renunciado a mucho por ella y nunca se lo había echado en cara así que no haría algo que sabía que la afectaría sin importar cuanto lo deseara.
Al llegar al club deportivo buscó sentarse no muy cerca de la cancha, en las gradas ya empezaba a acumularse gente y la oponente de Luisa estaba ya en su banca sacando su raqueta de la maleta, acababa de llegar también. Las dos empezaron a calentar y practicar sus saques y después de unos minutos, el árbitro principal les marcó que el juego empezaría.
—no te aguantes el dolor — le dijo Thomas desde las gradas gesticulando bastante obvio, ella solo le asintió.
Las dos jugadoras fueron a su respectivo lado de la cancha para comenzar el partido. Las gradas habían acumulado más gente, aunque no estaba lleno, si era considerable la gente que había ido al partido.
Luisa empezó sirviendo, no sintió nada en la muñeca, aunque no la sentía tan fuerte como siempre y se notaba en sus saques, como no tenía fuerza al servir, tendría que jugar los puntos a ganar.
Iba arriba con los primeros cinco juegos del primer set contra tres de su contrincante y al iniciar el otro juego empezó a sentir que la muñeca no respondía del todo como ella quería, al forzarla en uno de sus servicios la movió mal y a consecuencia de eso, se lastimó, provocándole un dolor que hizo que frunciera el ceño dándole a saber a Thomas lo que pasaba. Pero ella decidió no hacerle mucho caso y continuó jugando, gran error. Como no podía mover demasiado la muñeca sin ocasionarse dolor empezó a perder el control de la bola y a perder puntos, lo cual resultó muy evidente, lo que aprovechó su oponente para tratar de alcanzarla en el marcador, llevándolo a cinco juegos cada una dejándolas empatadas. Ya había empezado a jugar solo con la mano izquierda prácticamente, Thomas quería sacarla pero ella le hacía señas para que no lo hiciera y jugó como si fuera zurda, solo que involuntariamente cambiaba a la derecha y eso provocaba que se lastimara, y por ende, se ocasionaba más dolor. Es cuando Thomas decide ignorarla y avisa que se retirara del juego, perdiendo automáticamente y dándole el pase a la siguiente ronda a su rival.
—mejor dejemos pasar este torneo, en dos meses es el abierto de EU y no quiero que te lesiones de mas — dijo Thomas en cuanto salieron de la cancha como restándole importancia a ese torneo. Luisa, con ayuda de Thomas, recoge sus cosas y los dos se encaminan al estacionamiento seguidos de Paris, y en el camino suena el celular de Luisa, era Fabiola.
—estas bien?
—sí, solo vamos al hospital para que Thomas se asegure que no es nada serió — dijo en un tono burlón más para Thomas que para ella — dónde estás?
—saliendo al estacionamiento… justo detrás de ti de hecho — no podía voltear a pesar de querer hacerlo.
—ven, vamos al hospital.
—no, mejor te espero en casa, seguro que Ludovika está deseando que lleguemos — Luisa creyó notar que trataba de disimular su decepción por su tono de voz, y así era, pero Fabiola jamás se lo haría saber.
—segura? — se detuvo dudando y Thomas le hacía señas impaciente parea que siguiera caminando.
—sí… segura, ve, serian demasiadas explicaciones — Fabiola trató de no darle importancia al asunto.
—pero...
no, de verdad Lulú, te espero en casa — la interrumpió e inmediatamente después colgó para no darle oportunidad a decirle más.

Fabiola  fue a dar una vuelta por la ciudad al salir del club deportivo, buscaba que llevar para cenar pero después pensó que lo más probable seria que Luisa llegara tarde y sin hambre. Compró una hamburguesa y se la llevó al apartamento para comerla ahí, pero apenas y la mordisqueó.
Estaba sentada en la estancia frente a la pantalla, solo mirando su celular tentada a marcarle, pero sabía que era muy probable que fuera Thomas o Paris quien contestara, no se sentía celosa porque ellos estuvieran con ella, era de suya y de nadie más y era quien podía recorrer su cuerpo con sus labios, aun así, deseaba estar con Luisa en esos momentos y saber cómo estaba.
No se atormentaría más con eso, prendió la laptop y se puso a trabajar y después de un rato se puso la pijama, se metió en la cama y siguió tecleando en la laptop esperando que Luisa llegara y la sacara de su monótona tarde. Aun, al solo verla, Luisa podía hacer que todos sus problemas desaparecieran.

En el hospital, Thomas se encargó de que ingresaran a Luisa a radiografía lo más pronto posible. El doctor Jackson la examinó meticulosamente y diagnosticó un esguince grado II, lo cual llevó a enyesar la muñeca y parte de la mano para evitar que la moviera. Le informaron a Thomas que por un mínimo de tres semanas tendría que tener el yeso, continuando con inmovilizaciones de forma intermitente por otras tres semanas, luego Luisa comenzó a quejarse de mucho dolor y el doctor le dio un sedante algo fuerte y luego les dio una receta para ibuprofeno. Thomas le preguntó al doctor a solas si al dejar la mano completamente inmóvil podría recuperarse más rápido, le dio la opción de usar corticoides para acelerar la recuperación, pero también le dijo que eso podría provocar artrosis y Thomas no quiso arriesgarse más y prefirió dejar las cosas así.
Saliendo del hospital Thomas le dijo a Paris que el la llevaría a su casa y Paris aprovechó para ir a una cita con Cristina, ya le había cancelado pero corrió para alcanzarla.
—mañana tu amiga… Fabiola puede ayudarte con tu carro — le dijo a Luisa cuando iban de camino. Luisa sintió una punzada en el estómago, a pesar de ir algo atontada por los medicamentos que le habían dado — seguro tu no podrás manejar — le sonrió para quitarle la tensión al ambiente que había creado cuando mencionó a Fabiola, pero Luisa se había quedado en silencio un buen tramo del camino hasta que Thomas decidió romperlo.
—Luisa, tu sabes que no solo soy tu entrenador — ella escondía la cara de Thomas mirando por la ventana — y si no me quieres decir que pasa con… tu vida, está bien, probablemente no me he ganado tu confianza como quisiera — no decía nada ni movió la cabeza — pero quiero que sepas que tú siempre serás la misma para mí y siempre seré tu amigo incondicional, sin importar nada — Luisa no cambiaba su actitud y Thomas no sabía si le había parecido mal que le dijera todo eso, pero él no podía seguir haciendo como si no supiera nada, o al menos lo que sospechaba que pasaba con Luisa.
—no es que no te quiera decir — dijo por fin sin dejar de ver la ventana y Thomas se relajó un poco al escuchar su voz — es solo que…
—tranquila — dijo poniendo su mano sobre su rodilla — no me tienes que decir nada en este momento, esperare a que estés lista — Luisa giró la cabeza por fin para verlo y le medio sonrió, y él le sonrió de vuelta y siguió manejando hasta el apartamento de Luisa dejándola en la puerta.
—segura que puedes tu desde aquí? Estas algo… mareada — dijo sonriéndole y conteniendo una risita.
—sí, segura — Thomas se despidió de ella dándole un fuerte abrazo y se fue.

Fabiola la estaba recostada en la cama con la tele prendida y la laptop en las piernas cuando Luisa entró buscándola.
—que te dijeron? — preguntó dejando la laptop de lado al verla y levantándose para acercarse a ella mientras, Luisa se sentaba sobre la cama para quitarse los tenis torpemente.
—me esquincé la muñeca — le mostró el yeso — tengo que usarlo por tres semanas… y luego otras tres semanas.
—o sea que al final si te lastimaste ayer?
—pues sí… y con el peso de la raqueta y el golpeteo de la bola de hoy me la lastimé más.
—pobrecita — se acercó junto a ella — y te duele mucho? — dijo sosteniéndole la muñeca con cuidado.
—ya no — sacó una bolsita que contenía la receta y las pastillas que le había dado el doctor.
—y con estas te pusiste así? — le dijo sonriéndole.
—no, esas fueron otras, estas son las que deberé tomar — dijo señalando torpemente la receta que sostenía Fabiola en la mano.
—que suertuda, seguro te dieron de las buenas, con razón tienes la mirada como perdida.
—ahh, es que las tomé con un poco de vino.
—no, creo que es por las pastillas — dijo en tono de seriedad fingida — Thomas jamás te dejaría hacer eso.
En eso, Luisa se levantó de la cama para ponerse la pijama pero tropezó y casi cae sobre la muñeca recién enyesada en la cama, pero Fabiola la alcanzó a detener — si sin estar drogada te tropiezas con todo, ahora que si estas, corremos peligro no solo tú, si no quien este a tu alrededor — dijo riéndose y Luisa le respondió con un leve pellizco en el brazo — perdón, las cosas se ponen en tu camino.
Fabiola la ayudó a desvestirse y ponerse la pijama, incluso le quitó los lentes de contacto y una vez que las dos entraron en la cama Fabiola le dio el control de la tele (aunque Luisa no tenía muchas ganas de verla) y ella siguió con su laptop. Después de un rato de estar cambiándole a todos los canales Luisa pensó que sería mejor decirle a Fabiola lo que tenía rondándole en la mente desde la tarde.
—estas muy ocupada?
para ti nunca — dijo mientras seguía tecleando — necesitas algo? — volteó a verla.
—no, es solo que… de verdad no te molestó? — la intención de Luisa era poner cara de lamento por interrumpirla, pero con las drogas que le habían dado (y por la cara que le hizo Fabiola,) Luisa no sabía exactamente qué expresión tenia.
—no — dijo sonriéndole y poniendo su mano sobre el cachete de Luisa — dime que tienes en mente — cerró la laptop.
—en la tarde, cuando estaba en el estacionamiento camino al hospital con Thomas… — trató de sentarse en la cama, pero con la muñeca lastimada no logró mucho y optó mejor por permanecer sobre las almohadas — es molesto para ti… no… no poder ir? — se quedó en silencio y Luisa no sabía que pensaba — tú quieres decirlo.
—eso no tiene importancia — dijo después de unos segundos — ya te lo dije — tenía un tono serió.
—sí, pero esta tarde… por primera vez vi el problema de no hacerlo — puso una expresión de confusión — yo quería que fueras… y parecía que tú también querías ir… de saberse no hubiera habido inconveniente — se quedó muy seria, pensativa — si quieres lo decimos — Luisa tenía problemas para enfocar bien y Fabiola lo notaba.
—mira Lulú, ya te lo dije antes — seguía sonando seria — decirlo para mí no es ningún problema y para ti sí, y sí, me gustaría mucho gritárselo a todo el mundo, pero yo no soy una figura pública como tú. No podría hacer algo que te perjudique así.
—sí pero…
—no princesa, eso es algo que no me perjudica en nada — dijo interrumpiéndola — así que…
—pero es que… — Fabiola puso dos dedos sobre los labios de Luisa para callarla.
—parece que las pastillas aun te están haciendo efecto — dijo sonriéndole — duérmete ya mejor.
—pero…
—no sería capaz de pedirte que hagas de nuevo un sacrificio tan grande… sé que no podrías soportar la presión pública — se reclinó sobre Luisa y la acomodó lo mejor que pudo en la cama  arropándola, como lo hacía a veces que se enfermaba —  porque después de estos años aun sigues pensando en eso? — Luisa solo se encogió de hombros – duérmete princesa… iré a traerte las pastillas.
—ya me las tome.
—cuando?
—hace rato, cuando llegaba.
—con razón tienes esos ojos de loca — solo sonrió. Terminó de acomodarla en la cama, le besó la frente y apagó la tele
—se lo diré a Thomas.
—quieres decirle? — trató de disimular su sonrisa. Luis asintió — no tienes que hacerlo — la besó luego se quedó dormida casi de inmediato. Fabiola la escuchó roncar y sonrió. No esperaba que lo hiciera pero la determinación con que lo dijo le bastó. Abrió la laptop de nuevo y siguió trabajando en ella pero solo por un rato, después decidió que ese ronroneo de Luisa la llevara con Morfeo, donde ella estaba.

Luisa se despertó cuando la luz del sol que se colaba por la ventana le empezó a dar de lleno en la cara y comenzó a moverse por la cama, mientras tanto, Fabiola seguía durmiendo.
—te vas a marear — le dijo Fabiola con voz ronca después de que Luisa estuviera moviéndose mucho y al fin la despertara.
—creí que estabas dormida.
—estaba, pero me despertaste… ya pasó el efecto o por eso sigues dando vueltas? — dijo sentándose en la cama.
—ya, pero me siento pesada, cansada… — seguía acostada boca arriba, totalmente desparramada.
—es el efecto de las pastillas que te dieron… y las que te tomaste.
—podemos quedarnos en la cama?… por todo lo que queda de vida.
—podríamos, pero que pasará cuando tengas algún juego? Thomas te buscara por cielo mar y tierra — Luisa recordó lo que le había dicho Thomas cuando la traía del hospital el día anterior y se quedó algo seria, lo que no pasó desapercibido para Fabiola, solo que ella pensaba que era por lo que le había dicho, aunque creía que existía la posibilidad de que no lo recordara — que pasa, porque pusiste esa cara?
—por nada, es que me siento algo aletargada.
—tienes hambre? quieres desayunar?
—no, mejor quedémonos otro ratito aquí — dijo moviéndose y recostándose sobre su hombro izquierdo.
—ok — se acomodó acostándose sobre su hombro derecho, para quedar frente a frente con Luisa, y Luisa empezó a pasar su dedo índice sobre su nariz — porque de pronto empezó a preocuparte que yo quisiera anunciarlo? — le preguntó de pronto.
—por nada — Luisa detuvo su dedo en la punta de la nariz haciendo círculos pequeños, Fabiola sabía que mentía y Luisa lo sabía — porque… no sé, de pronto lo pensé… cuando me dijiste que querías decirle a la gente que escuchabas en los partidos.
—pero no te lo dije por que quisiera decirlo, solo lo dije porque a veces pienso que sería genial hacerlo, pero solo por presumir que era yo la dueña de tus sexys labios. Era más por presumida que por otra cosa, ya no pienses en eso.
—pero…— Fabiola presionó su dedo sobre sus labios, ella había olvidado que le había dicho que le diría a Thomas.
-mejor vamos a desayunar, creo que se te bajó el azúcar y por eso estas así — se levantó de la cama, la rodeó y la levantó en peso — vamos, te prepararé waffles — Luisa puso una gran sonrisa en sus labios y la siguió a la cocina — abre la puerta a Ludovika por favor.
—sabes? ayer me dejaste una promesa inconclusa — le dijo mientras Fabiola sacaba los waffles congelados del refri.
—no podíamos hacer eso, en el estado en el que estabas hubiéramos corrido el riesgo de que te ahogaras — le dijo con una enorme sonrisa en la cara.
—tu pudiste estar debajo mío cuidándome… o sobre… o a un lado — Fabiola le dio con la palma en el brazo sonriendo cuando estuvo a su lado.
—ya veremos que sucede.
Luisa empezó a servir café para Fabiola y leche para ella en la barra y en eso Fabiola lleva los primero waffles a la barra y los sirve abrazando a Luisa por la espalda al mismo tiempo que le besaba el cuello. Luisa se voltea para quedar frente a ella y Fabiola la besó en los labios tiernamente, luego los besos se hicieron más apasionados, pero el teléfono del apartamento sonó en ese instante.
—que oportuno el que llama, tengo malos recuerdos del celular sonando — se quejó Fabiola y fue a contestar mientras Luisa reía.
Era Thomas, Fabiola le llevó el teléfono a la cocina a Luisa y terminó con los demás waffles.
—bueno.
-hola, te marqué para saber cómo amaneciste — dijo Thomas — pero estoy suponiendo que bien, no? — trataba de hacerse el gracioso.
—creo que en este momento no me caes bien Thomas — no le había funcionado muy bien.
—tranquila Luisa que no lo hago para molestarte.
—eso pareciera.
mira — dijo en tono más serió — ya te lo dije, no tienes de que preocuparte conmigo — Fabiola la miró desconcertada, nunca la había oído hablarle en ese tono a Thomas.
—ok… — seguía con su tono serió — estoy bien.
—bueno, mañana nos vemos? — le preguntó temeroso de que en verdad la hubiera molestado.
—mmm, bueno…
mañana te marco entonces, bye — le colgó antes que dijera alguna excusa.
—estas enojada con Thomas? — preguntó Fabiola en cuanto colgó.
—no.
—entonces? — la miró interrogante.
—no pasa nada — sabía que Fabiola no dejaría el tema de lado tan fácilmente, era algo sobreprotectora con ella, lo cual no le molestaba en absoluto, de hecho le gustaba, pero por la forma de ser de Luisa, a veces no le gustaba decirle algunos malos entendidos que tenía, ya sea con Thomas o Paris, no por no decirle, si no por evitar darle vueltas al mismo asunto una y otra vez. Siempre había sido muy reservada con sus cosas, Fabiola había logrado que se abriera más, pero aun no del todo. Luisa le sonrió — en verdad, es solo un… pequeño mal entendido que tenemos — Fabiola siempre sabia cuando Luisa mentía, volvía a preguntarse si lo había olvidado.
—eso no es cierto, estabas muy seria con él… como si estuvieras molesta — o incomoda, pensó Luisa.
—si… bueno, no, no me siento muy a gusto con lo que piensa hacer estas tres semanas, me matara corriendo por toda la ciudad y no quiero — muy pocas veces Luisa lograba engañar a Fabiola (y no es que lo hiciera muy a menudo, pero Luisa sabía que Fabiola tampoco le contaba todo lo que pasaba en su trabajo, y cuando llegaba a sentir la necesidad de ocultarle algo lo hacía) y, al dejar de mirarla como si quisiera atravesarla, Luisa supo que esta había sido una de esas veces.
—pues estas lastimada, deberás decirle que ahora es cuando te tiene que consentir — pasó sus manos por su cintura y la guió hasta uno de los bancos para que se sentara.
—eso probablemente funcionaría si me hubiera lastimado el tobillo o la rodilla… aunque probablemente si pueda hacerlo las primeras tres semanas, por lo de la inmovilidad — le sonrió y Fabiola a ella y siguieron desayunando.

Ese día estuvieron en la estancia viendo tele o jugando con Ludovika. A Luisa se le había olvidado lo del jacuzzi y estaba ensimismada pensando en que es exactamente lo que le diría a Thomas. Mientras tanto, Fabiola estaba trabajando en su laptop pero de pronto se dio cuenta de que Luisa estaba en otro planeta, solo que no sabía si seguir presionándola. Por el momento había optado que el efecto de las pastillas no estuviera tan reciente. De cualquier modo, Fabiola sabia como hacer que le dijera todo aunque ella no se diera cuenta de que terminaba haciéndolo, solo que esta vez estaba un tanto impaciente.
—porque estas molesta con Thomas? — le preguntó después de un buen rato de estar sentadas en el sillón frente a la tele sin poder esperar más, a pesar de que había decidido lo contrario.
—porque… me dijo unas cosas — dijo después de unos segundos soltando un suspiro, al fin cedía.
—qué cosas? — Fabiola seguía tecleando en la laptop mientras le preguntaba, como si no fuera nada de lo que hablaban, sabía que eso ayudaba a Luisa a que le dijera.
—no tiene caso que te diga — se levantó del sillón mientras se lo decía — además, no estoy molesta con él — fue a la cocina y agarró una botella de agua del refri.
—y entonces? — Luisa volvió a suspirar.
—no lo vas a dejar de lado verdad?
—no — volteó a verla. Luisa caminó de nuevo hacia la estancia y se sentó junto a Fabiola, quien la miraba expectante.
—ok…cuando Thomas me traía del hospital… — en ese momento sonó el teléfono, ambas voltearon a verlo y luego se vieron mutuamente — salvada por la campana — le dijo a Fabiola sonriendo y se levantó a contestar, era del laboratorio.
—no te escaparas tan fácilmente — le dijo al agarrar el teléfono.
Al parecer había alguna emergencia y le llevó bastante tiempo terminar la llamada.
Luisa mientras tanto, empezó a deambular por la casa, se bañó (con bastantes problemas), buscó en el refri algo de comer sin éxito, se sentó de nuevo junto a Fabiola a ver la tele para luego levantarse de nuevo. Ludovika la había seguido como podía con su tamañito por todo ese caminar que hizo por el apartamento, y por fin colgó Fabiola.
—lo siento — le dijo levantándose del sillón — hicieron un desastre con unas muestras y hubo que tratarlas con un método especifico y tuve que seguirlos paso a paso — se recargó sobre Luisa, quien estaba recargada con los codos sobre la barra por sobre un banco — tengo hambre — Luisa asintió — salgamos a comer, me baño rápido.
—tú que si puedes — le dijo en tono sarcástico.
—si me hubieras esperado te hubiera ayudado — le guiñó un ojo.
—probablemente no saldríamos hasta muy tarde si lo hubiera hecho.
—bueno, entonces…?
—digamos que lo juntamos con la deuda del jacuzzi   dijo con una gran sonrisa recordándolo de pronto.
—ok — Fabiola le sonrió también y la besó — me baño y nos vamos, ok? — fue al cuarto y se metió a bañar y una vez que estuvo lista bajaron al sótano — olvidé mis llaves dijo Fabiola buscándolas en su bolso.
—espera — la detuvo Luisa cuando se encaminaba de nuevo al elevador — traigo las mías.
—pero no puedes manejar — le quitó las llaves — manejare yo y esta vez escogeré yo el restaurant.
—a dónde vamos?
—wings? — después de pensarlo un par de segundos asintió — caminemos entonces, no esta tan lejos.
—vamos en skytrain mejor — subieron al lobby se dirigieron a la estación de stadium, se bajaron una estación más allá, en granville, y de ahí caminaron calle abajo hasta el restaurant.

Fabiola ordenó cinco onzas de alitas Lousiana sweet y Luisa (que no podía comer nada picante pues no lo soportaba) escogió unas de honey garlic, ambas ordenaron el aderezo ranch, Luisa pidió una coca y Fabiola sprite.
—no deberías de tomar tanta coca — le dijo Fabiola cuando el mesero se fue.
—me gusta mucho.
—ya lo sé, pero eso no le quita lo mala que es.
—algún vicio debía de tener, no? — Fabiola sonrió derrotada, no la convencería para dejarla, sabía que no lo lograría. De postre Luisa quiso chocolate chunk cookie a la’mode y Fabiola un baked apple crisp (Luisa tenia por debilidad el chocolate, aunque cuando comía demasiado solía terminar vomitando de lo agresivo que era para su estómago, pero decía que haber disfrutado algo tan delicioso valía la pena el malestar de después).
Al servirlo el mesero Luisa empezó a comer el suyo pero ocasionalmente metía su cuchara en el plato de Fabiola para probarlo.
Terminando de comer, Fabiola pidió un Martini girls nite out y Luisa pidió whiskey con agua y estuvieron ahí bastante tiempo, lo suficiente para ordenar dos tragos más cada una.
Al salir del restaurant decidieron pasear por granville st., ya estaba completamente obscuro y la calle estaba iluminada por los diferentes locales que había ahí. Mientras pasaban enfrente del caprice sonó el celular de Luisa.
—si… no… ahora no, fíjate que no estoy nada aburrida… de verdad… tal vez otro día… ok, bye.
—quien era?
—recuerdas que te dije que un admirador tuyo me dijo que eras muy guapa? — ella asintió — era él — terminó juntando los labios hacia dentro y tratando de sonreírle así.
—entonces mi admirador no era si consiguió tu teléfono — había un dejo de reclamo que Luisa creyó escuchar.
—después de admirarte y decir que eras muy guapa… guapa e inteligente, a lo cual estuve completamente de acuerdo — Luisa se colgó de su brazo izquierdo y Fabiola asintió sonriendo y derrotada tan solo con ese gesto — se presentó, Paris me marcó en ese momento y cuando guardaba el celular me lo quitó y consiguió mi número, pensé que sería un candidato perfecto para “mis citas” — siguió caminando colgada del brazo de Fabiola.
—probablemente lo sea — cedió Fabiola dejando su tono de reclamo de lado.
Fabiola no era celosa con Luisa, sabía que ella jamás la traicionaría, era más un acuerdo que tenían, Luisa salía con algunos tipos de vez en cuando pues eso la ayudaba con su imagen, incluso había salido con algún que otro tenista, pero ella no dejaba que llegara a nada serió, Fabiola rara vez sentía celos de eso y cuando llegaba sentirlos eran mínimos, los cuales Luisa se encargaba de desaparecer.
Caminaron un rato más y después decidieron volver a casa, se pusieron las pijamas y se metieron en la cama a ver tele, Fabiola estaba boca arriba y Luisa estaba sobre la mitad de su cuerpo del lado derecho. De pronto, terminó jugando con el pecho derecho de Fabiola por sobre la pijama, la tele no le llamaba mucho la atención. Batalló un poco con su mano inmóvil hasta que consiguió lo que quería. Fabiola la agarró del codo y la acostó sobre la espalda para quedar como Luisa había estado sobre ella y jugar, ahora ella con sus dos pechos mientras Luisa se las ingenió para meter su mano buena debajo de la blusa de la pijama de Fabiola hasta lograr pasarla por sobre su cabeza, el reflejo de la luz de la tele provocaba sombras sobre los pechos de Luisa y entonces ella se puso a jugar con sus manos provocando nuevas sombras y provocando también a Fabiola. Luego ella desnudó a Luisa pasando sus labios por todo su cuerpo y cuando subió de nuevo besando su hombro Luisa consiguió quitarle la pijama a ella también. Luego Fabiola bajaba por en medio de sus pechos dejando un camino de besos hasta llegar a su ombligo donde le dio pequeños mordiscos alrededor mientras sus manos seguían el tramo más abajo, a su entrepierna.
Al terminar, Luisa usaba a Fabiola de colchón mientras ella acariciaba el pelo de Luisa hasta que las dos se quedaron dormidas.

Luisa despertó y se dio cuenta que Fabiola no estaba en la cama, pero le había dejado una nota donde le recordaba que no se le olvidara tomarse las pastillas y que esperaba que no tuviera tanto dolor durante ese día, también decía que volvería por la noche aunque trataría de salir temprano. Eso pasaba cuando no tenía torneos o entrenamientos, solo la esperaba todo el día.
Mientras paseaba por el apartamento buscando en que entretenerse su celular sonó, lo buscó en la mesa de la estanca frente a la pantalla y lo alcanzó a contestar en el último momento. Era París, quien le hablaba para decirle que debían ir a comer con “los cuatro” de la compañía del jugo, querían realizar un último intento por convencerla. Paris sabía que no podía manejar muy bien y pasó por ella a la una.
Fueron a un restaurant que quedaba en robson st., matoi sushi, estaba muy cerca de donde ella vivía y llegaron muy rápido. “Los cuatro” ya estaban esperándolos, se disculparon por la demora y ordenaron. El lugar era tranquilo, por lo que se prestó muy bien para lo que los llevaba ahí, negocios. “Los cuatro” empezaron a plantearles la nueva propuesta y al final de la presentación Luisa seguía sin estar muy convencida, al contrario de Paris que estaba muy entusiasmado. Ella solo  les dijo que lo pensarían muy seriamente (aunque sabía que la rechazaría de antemano) y les harían llegar la respuesta, no es que lo que ofrecían no era atractivo, es solo que no quería hacer el comercial. “Los cuatro” se despidieron de ellos y al quedarse solos le dijo a Paris que no lo haría, no quería ser imagen de otro producto. Paris accedió a desechar la propuesta  a regañadientes pues esta vez Luisa estaba inflexible.


Fabiola aún no había llegado cuando Luisa volvió y en ese momento deseó que debería de pasar menos tiempo en el laboratorio, incluso pensó en la manera de decírselo, pero no se le ocurrió una buena idea sin que sonara a reclamo por lo que mejor se sentó a ver la tele en la estancia y esperar a que regresara mientras Ludovika jugaba con sus pies.

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