martes, 21 de junio de 2016

CAPITULO VIII

Después de ver como el agente Sanders se llevara a Luisa en brazos para sacarle de su cabeza todo lo que habían vivido juntas, Fabiola se dirigió de vuelta a la ciudad, se había quedado de ver con Thomas.  Al llegar, él le abrió la puerta de su apartamento y al ver su expresión inmediatamente supo que había llevado a Luisa a la CSIS.
—pasa… quieres algo? Fabiola solo negó con la cabeza y se sentó en la cocina.
—le tendrás que inyectar esto… cada mes — le dijo sacando un estuche de su bolsa y poniéndolo sobre la mesa — el agente del CSIS piensa que por ser su entrenador te será fácil convencerla que es alguna solución o alguna vitamina o que se yo, no me importa lo que le digas, pero pienso igual que él.
—ok.
—él te estará mandando cada cinco meses otro estuche como este con otras cinco ampolletas — Thomas abrió el estuche al pasárselo Fabiola y examinó las jeringas — cualquier cosa que pasé le mandas un correo y él te dirá que hacer — Fabiola anotó el correo en un pedazo de papel y se lo dio.
—aun no estoy completamente seguro de que esto sea la mejor opción — le dijo después de un momentito en silencio — no deberíamos hacerlo de esta manera.
—tienes una mejor solución?  Porque me encantaría escucharla — Thomas la miró directamente a los ojos y negó después de unos segundos — no quiero que deje todo de nuevo… esto es lo mejor.
—pero tu…
—es lo mejor para todos… incluyéndome.
—que hago si necesito contactarte?
—conmigo no volverás a hablar nunca más, después de hoy, tu y yo no volveremos a vernos, para cualquier cosa estará el agente Sanders.
—pero… desaparecerás así sin más?
—no tengo otra opción si quiero alejarla del peligro en que la metí.
—pero sabes que no es tu culpa, no?
—yo la arrastré hasta aquí… lo dejo todo una vez por mi… no pienso ponerla en esa situación de nuevo.
—estas tomando la decisión por ella, no deberías…
—es mejor así — lo interrumpió e ignoró lo que Thomas decía.
—no puedo decirte nada que te haga cambiar de opinión? — Fabiola negó con la cabeza. Thomas guardó el pedazo de papel donde Fabiola había escrito el correo dentro del estuche con las ampolletas quedándose los dos sumidos en un silencio sepulcral.
—hace cuanto estás enamorado de Lulú? — Fabiola rompió el silencio con esa pregunta mirándolo directamente y tomándolo por sorpresa y completamente desprevenido, haciendo que se pusiera nervioso.
—hace algún tiempo — le dijo por fin después de recobrarse de la sorpresa y sonriéndole nerviosamente, de nada servía negárselo, él sabía que no podría engañarla— pero ella no…
—lo sé — lo interrumpió de golpe — Lulú no sería capaz de darse cuenta que te mueres por ella a menos que se lo digas directamente — Fabiola sonrió levemente pero su sonrisa se borró inmediatamente, Thomas asentía.
—no sé cuándo, ni cómo pasó, pero no lo pude evitar — Thomas trataba de disculparse con Fabiola, sentía que debía justificarse con ella.
—tranquilo… no te estoy reclamando.
—cómo supiste?
—no fue muy difícil… Lulú hace lo que quiere contigo… y he visto como la miras.
—no sabía que era tan obvio… ella no se ha dado cuenta.
—no lo eres… pero yo estuve en tu lugar una vez y reconocí los síntomas que ella te ocasiona.
—es cierto — dijo Thomas pensativo — solo que a ti te fue mejor que a mí — Fabiola sonrió y luego se levantó y se dirigió a la puerta.
—te confié lo más importante de mi vida… cuídala bien Fabiola salió de ahí y de la vida de Luisa arrastrando los pies al caminar. Le pesaba el alma, tenía el corazón destrozado y se sentía la única culpable, y lo era, pues había decidido por las dos sin siquiera consultárselo, sabía que, si algún día ella recordaba todo, se lo reclamaría y lo haría enojada. No importaba, estaría feliz de volver a abrazarla y besarla, pero sabía también que eso era una posibilidad muy remota.

Benjamín Sanders había estado al pendiente del tratamiento que Luisa Licano estaba recibiendo en el borrado de su memoria. Solo querían eliminar a Fabiola y todo lo que tuviera que ver con ella de su cabeza, pero lo demás debía de quedar intacto. Esta misión que le había caído era la más importante que había tenido hasta ahora, pues el terrorista por el que iban era buscado internacionalmente, no debía de echar a perder nada en esta cacería, ya que impulsaría su carrera muy alto, por eso ponía especial atención a todo lo que tuviera que ver con ese caso.
Fue a ver a Fabiola para informarle de cómo estaban las cosas hasta ese punto.
—estamos terminando con su cerebro, no es nada fácil pero el jefe está supervisándolo todo para que no haya errores — le dijo mientras se sentaba en el sillón de la estancia — le dije a su entrenador que le dijera que había estado en un accidente automovilístico y que se había golpeado la cabeza — Fabiola solo asintió — ahora, tengo que decirte que trabajaras con ellos, hacerles creer que cooperaras, pero también nos estarás diciendo a nosotros lo que sucede ahí, serás nuestra agente encubierta.
—pero no sé cómo hacerlo, no se tiene un entrenamiento especial para eso, o algo así?
—generalmente sí, pero en este caso el tiempo nos apremia, no tienes de que preocuparte estaré ahí siempre que me necesites, confía en mí.
—no sé si pueda hacerlo.
—yo te estaré ayudando en todo momento — Fabiola no se sentía muy capaz de poder hacerlo pero no tenía opción.
—toma — le tendió la mano dándole un pequeño comunicador en forma de polvera — con esto podrás mandarnos lo que necesitamos, no se puede rastrear la señal que emite y podrás mandarme también mails — le explicó rápidamente como funcionaba.
Al salir del edificio donde había vivido Fabiola con Luisa, hasta hacia un par de días, el agente Sanders tuvo cuidado de observar a su alrededor, no sabían si aún la seguían, pero por si acaso debía cuidarse.
Fabiola se había quedado en el apartamento resignada a enfrentar lo que se le avecinaba. Le habían dicho que pasarían por ella en unos días, la llevarían al laboratorio donde haría lo que le pedían y le explicarían lo que necesitaban de ella y también conocería a quien estaba detrás de todo, el tal Marcus Alexander.

Fueron por ella los mismos hombres que habían ido a su oficina. Al salir del edificio, una limosina negra los esperaba y, una vez dentro, le dijeron que debía vendarse los ojos y le dieron un pañuelo para que lo hiciera. No veía el caso de eso si se suponía iría todos los días a ese lugar al que la llevaban. De pronto, recordó a Ludovika, la había dejado sola sin acordarse de ella si quiera y, ese pequeño detalle, olvidarse de la perrita que Luisa le había regalado, la entristeció más de lo que ya estaba e hizo que unas lágrimas salieran de sus ojos sin poderlas contener, pero por el pañuelo que la cubría no llegaron muy lejos.
Después de un rato de sentir el vaivén de la limosina, se detuvieron, bajaron y la subieron a un avión, no supo si era grande, pequeño, etc., solo supo que era avión por el ruido que hacían los motores y el despegue.
Por fin llegó a su destino, y la guiaron dentro de un edificio enorme. No sabía en donde estaba, pero si notó la seguridad que había cuando entraron. Uno de los que la acompañaba pasó una tarjeta por un lector en la puerta principal y, de ahí, al elevador donde volvió a pasar la tarjeta por otro lector. Subieron hasta el piso 23, el último, por un elevador al final de un lobby que había enseguida de una puerta que, Fabiola supuso, eran las escaleras. Saliendo del elevador había un pasillo no muy largo de piso de mármol. Entraron por las puertas que estaban al final de un pasillo que daban a una oficina con una gran ventana, escritorio de cristal y dos sillas blancas, un librero que estaba en la pared izquierda de la oficina y del otro lado varias computadoras con ciertas imágenes que no alcanzó distinguir en las pantallas, pero creyó que eran algunos planos. En eso, la silla que estaba detrás del escritorio giró y se levantó de ahí un tipo en traje negro a rayas con camisa blanca, corbata negra y un pisa corbata de oro. Era alto, de pelo negro peinado hacia atrás con mucho gel, tenía una barba de varios días pero bastante cuidada.
—doctora Fabiola Martorelli supongo — le dijo con una voz grave — siéntese por favor — Fabiola lo hizo después de unos segundos de contemplarlo detenidamente — entonces, hablemos de lo que necesitamos que haga para nosotros — Fabiola no dijo nada, solo observaba al tipo que estaba parado frente a ella — ok, soy Marcus Alexander y necesito que desarrolle un virus para mí, expansible por aire y deberá ser mortal, con efecto de unos diez minutos — Fabiola lo observaba ahora algo confundida, el tipo no era tan mal parecido.
—porque necesita un virus como ese? — le dijo por fin.
—eso es confidencial… en cuanto tiempo puede crearlo?
—no se… tendría que… analizar las condiciones que requiera y…
—perfecto — la interrumpió de golpe — mañana le mostrarán su nuevo laboratorio. Espero y lo encuentre a su entera satisfacción, si necesita algo por favor hágamelo saber, mientras tanto la acompañarán a su nuevo hogar — terminó sonriéndole.
—mi nuevo hogar?
—sí, vivirá en uno de los complejos de esta propiedad. Irving la acompañará y la ayudara a instalarse y se asegurara de que este lo más cómoda posible — dijo señalando a uno de los que la habían escoltado con la cabeza. Tardó unos segundos en volver a reaccionar y cuando se levantó por fin, lo hizo lentamente. El señalado como Irving la llevó de regreso por donde habían llegado, esa breve conversación marcó el principio de su estadía en, su ahora, nuevo hogar, su infierno personal.
Salieron del edificio de la misma manera en la que entraron, pero en lugar de seguir derecho rumbo a la limosina, dieron vuelta a la izquierda, caminaron un tramo y entraron por una puerta que conducía a través de un pequeño túnel a un lobby parecido al del otro edificio, pero aquí no había ningún lector para pasar alguna tarjeta. Subieron hasta el piso quince y, al salir, se encontraron con otro pasillo, pero este tenía una alfombra roja que combinaba con las paredes de color beige con algunas puertas a los lados de color negro. A Fabiola la escoltaron hasta la del final del pasillo, Irving abrió la puerta y la dejó entrar.
—mañana estaré aquí a las 9 para acompañarla a seguridad y que le den su tarjeta de acceso — Fabiola solo asintió.
Al irse Irving, Fabiola dio media vuelta y contempló donde viviría a partir de ese momento. Era un amplio apartamento con una gran ventana que ofrecía una vista de la propiedad, y supuso que, en las demás puertas del pasillo que había visto, vivía alguien más. Lo que se alcanzaba a ver por la enorme ventana era, básicamente, un jardín al frente, seguido por una gran extensión de asfalto que terminaba en un alambrado y no alcanzaba a ver mucho más allá. La ventana estaba frente a una sala con la cocina del lado derecho y al lado izquierdo había dos puertas, una era la recamara y la otra era un tipo estudio. Se dejó caer en el sillón y comenzó a llorar de nuevo recordando a su princesa.
Al obscurecer, tocaron la puerta de Fabiola, era una mujer como de 30 años, de pelo negro y ojos grandes y color avellana, parecía estar bronceada pero no estaba segura y Fabiola no pudo negar que era muy guapa.
—hola, soy Angélica, te traigo esto en lo que te traen tus cosas — le dijo dándole un gancho cubierto por una bolsa de lavandería — y para decirte que estoy aquí para lo que se te ofrezca — Fabiola le sonrió asintiendo — vivo a dos puertas de la tuya.
—gracias.
—ok, entonces nos veremos mañana, descansa — Fabiola dejó el gancho sobre el sillón de la sala frente al ventanal y se fue al cuarto y se acostó sobre la cama hasta que se quedó dormida.
Al levantarse al día siguiente, se puso lo que le había llevado Angélica, no desayunó nada, ni siquiera buscó en el refri si había comida, hacia días que estaba inapetente y hoy había amanecido con la misma sensación.

A las nueve en punto tocaron a su puerta, era Irving. Fabiola salió y este le dijo que trajera su laptop. Lo siguió de vuelta al edificio de enseguida, pero ahora bajaron del elevador en el quinto piso, era el de seguridad y ya la esperaban. Le tomaron una foto, sus huellas digitales y escanearon sus retinas, luego le pidieron dejar su laptop diciéndole que se la devolverían en cuanto seguridad la revisara sin borrarle sus archivos, ahora agradecía que hubiera sido precavida y guardado la foto de Luisa desnuda en la memoria, la traía consigo desde que habían ido por ella, en su brasier. Después, Irving la llevó al piso 18, era una pequeña habitación blanca con una puerta de metal, le dijo que pasara su tarjeta por el lector y colocara su barbilla sobre un cojincito enseguida y le escaneó la retina. La puerta de metal se abrió dejándole paso a un laboratorio completamente equipado. Algunas personas ya estaban ahí metidas en lo que hacían y alcanzó a ver de lejos a Angélica, quien le sonrió en cuanto la vio. Luego Irving la llevó hasta una oficina que estaba al fondo del laboratorio.
—esta es su oficina, el laboratorio está a su disposición por completo, algunos de los científicos que la ayudaran ya están aquí y los demás no deben de tardar — dicho esto Irving giró sobre sus talones y se fue dejando a una Fabiola confundida, parada en la puerta.
Caminó para sentarse detrás del escritorio lentamente, realmente no sabía exactamente lo que tenía que hacer, y entonces, se fijó detenidamente y se percató de que había un post – it pegado sobre el escritorio que decía simplemente mail y abajo una cuenta con la contraseña.  No tenía su laptop así que debía que esperar a que se la devolvieran, lo que no tardó demasiado, Irving llegó con ella a media mañana y se la dio, tenían prisa porque ella empezara a trabajar.
En el mail le decían que ese sería su nuevo correo y también venían instrucciones con las especificaciones del virus que debía desarrollar. De pronto una voz la sacó de su ensimismamiento.
—inmediatamente te pusieron a investigar? — era Angélica, sus grandes ojos la observaban directamente desde la puerta.
—si — contestó con apenas una sonrisa — estaba viendo que era lo que tenía que hacer.
—como te quedó la ropa?
—un poco grande, pero no mucho.
—bueno, calculé mal tu talla…yo seré tu asistente — le dijo sonriéndole — cualquier cosa que se te ofrezca estaré por allá — señaló un cubículo de cristal del lado izquierdo del laboratorio.
—ok, lo tendré en cuenta.
—será un placer trabajar contigo… admiro tu trabajo.
—gracias — le sonrió algo apenada comprendiendo un poco lo que Luisa sentía siempre que le pedían algún autógrafo. Ella no podía dejar su mente, no sabía cómo podría concentrarse si, por el momento, su cerebro solo sabía extrañarla.
Se quedó buscando en su laptop después de que Angélica se fue algo entre los archivos que tenía que pudiera ayudarle. No había hecho grandes avances, pero por ese día, decidió dejar las cosas hasta ahí, aún se sentía abrumada por todo lo que estaba pasándole.
Cuando volvió a su apartamento, se encontró con que todas sus cosas ya estaban ahí y, lentamente, empezó a acomodarlas en el closet del cuarto. Fue cuando se dio cuenta que se habían traído algo de más, unos tenis de Luisa, un rompe vientos y un par de sus blusas. Al verlos Fabiola no pudo evitar que las lágrimas rodaran por su cara, y llorando, las guardo en su closet, mientras que la blusa la había puesto en el cajón del buro junto a su cama.

El recorrido que había hecho un día antes con Irving ahora lo hacía sola y, al llegar al edificio del laboratorio, se sorprendió al verlo en la puerta de entrada, solo que esta vez no cruzaron palabra. Subió por el elevador y recapitulo donde se había quedado el día anterior, después de terminar de revisar, fue con Angélica parea preguntarle donde podría consultar algunas cosas. Ella la llevó del otro lado del laboratorio, a una pequeña biblioteca de investigación con computadoras en escritorios y libreros con una colección bastante amplia de libros. Realmente le habían dado todo de primera para su investigación.
Así se le fueron dos días, con la nariz metida en los libros y frente a la pantalla terminando algo tarde, pero ya que había tomado notas y se hizo una idea de cómo lo haría, empezó a trabajar en su laptop y una vez que hubo completado la secuencia como ella creía pasó a lo práctico.
En el laboratorio, su compañera de trabajo era Angélica. Comenzó por la incubación de la cepa del virus, pero Fabiola aún se resistía un poco a hacerlo. El agente Sanders le decía que cooperara, que de hecho debía hacerlo, pues era la única forma de que no sospecharan de ella, pero Fabiola se sentía algo atemorizada, incluso cuando se contactaba con él le daba pavor que la descubrieran. Generalmente lo hacía cuando estaba en su apartamento, pero era muy seguro que la tuvieran vigilada, por lo que solo lo hacía a veces.
Había realizado la incubación, pero aun no contaba con las especificaciones requeridas. Angélica le ayudaba en todo, pero prácticamente era Fabiola quien hacia la mayor parte, no quería que nadie más estuviera involucrado, aunque, en teoría, era para eso para lo que estaban los demás, para ayudarla.
—la investigación que realizabas sobre el cáncer, la dejaste incompleta? — preguntó Angélica en un momento en que estaban juntas.
—si… me abordaron y no me dieron oportunidad a negarme.
—sí, eso nos pasó a algunos de los que estamos aquí — le dijo medio sonriendo.
—y los demás están por gusto propio?
—pues… la verdad no lo sé bien... como hicieron para persuadirte de que trabajaras con ellos?
—pues… me amenazaron — dijo en algo evasiva.
—amenazaron a alguien de tu familia? A mí me dijeron que mi hermana se vería afectada en su tratamiento, tiene cáncer, y si no hacia lo que me decían ella pagaría las consecuencias. Por eso seguía tu investigación. A él – dijo apuntando a otro de los que le ayudaban a Fabiola que estaba enfrente de donde estaban — amenazaron a su esposa, al de más atrás a su hija y así, si te vas preguntando, resulta que a todos amenazaron, no a uno directamente, sino a alguien importante en nuestras vidas… con quien te amenazaron? — Fabiola no sabía si decirle de Luisa o no pues al fin de cuentas no veía como la afectaría.
—a mi… — en eso el que estaba frente a ellas las interrumpió.
—necesito ayuda, la cepa se me está complicando y no puedo con ella — Fabiola fue en su ayuda y se puso a solucionar el problema salvándose de contestarle a Angélica.

Después de algunos días inoculando el virus terminó la primera versión, pero aún no estaba como se lo habían pedido pues tan solo era la primera prueba de varias del verdadero.
Angélica estaba probándolo en una sala de contención mientras ella se tomaba un respiro escondiéndose en su oficina. Hojeaba un periódico que había encontrado en la mesa de uno de los otros científicos, y en una de esas hojeadas llegó a la parte deportiva y se encontró con noticias de Luisa, estaba participando en un torneo de Miami, key biscayne y había una foto de ella con su sonrisa tímida. Verla en el periódico la había puesto sentimental y su estado de ánimo, ya de por si bajo, había decaído más aún. La foto era nueva, podría incluso ser de ese mismo torneo. Angélica se dio cuenta de su humor al ir a darle los preliminares de la prueba que había hecho con el virus.
—qué te pasa?
—nada — dijo distraídamente.
—pero si estas con la cara hasta el suelo.
—es solo que estoy algo cansada… como resultó?
—pues bien… hasta que perdió todo efecto y se volvió inútil.
—hay que reconfigurar la estructura entonces… pero el efecto era el deseado? — ella asintió —ok, déjame modificarlo y te aviso — Angélica salió de la oficina de Fabiola dejándola pensativa y contemplando la foto de Luisa en el periódico, pero ella no se dio cuenta de eso.
Para cuando Fabiola volvió a su realidad ya había empezado a hacerse tarde por lo que decidió dejar de lado todo e irse a descansar.
Una vez que estaba sola en el apartamento, sacó de un fondo falso que su bolsa tenía el comunicador y empezó a teclear informando del avance que llevaba y lo que pasaba a su alrededor. Cuando terminó, se recostó en la cama y prendió la tele, y de nuevo un reportaje de Luisa comentando que avanzaba con paso firme en el torneo de key biscayne, al parecer, estaba causando revuelo en la prensa por tener un nuevo pretendiente con quien salía.

Cuando cambio la composición del virus, y se lo pasó a Angélica para que lo probara, esta volvió con mejores noticias pero aún era algo deficiente, así que Fabiola decidió hacer más investigación antes de volver a hacer algo más y puso a Angélica a ayudarle también y a uno que otro que estaban bajo su cargo.

Fabiola Martorelli llevaba cerca de un año y medio en ese lugar, retrasaba su trabajo lo más que podía, según le decía el agente Sanders, pero después de un tiempo (el cual ya no tardaría en llegar), tendría que terminarlo, a pesar de no querer hacerlo.
Estando frente a la laptop probando algunos ajustes que Fabiola creía podían funcionar, Marcus Alexander la interrumpió de golpe.
—el virus está tomando algo de tiempo, no?— Fabiola volteó a verlo sin hacer o decirle nada — ya tiene más de un año aquí.
—si… pero es algo que no había hecho jamás.
—un virus?… es a lo que te dedicas, no veo cual es el problema.
—nunca había hecho uno como este, no puedo solo hacerlo descuidadamente — el tono de Fabiola se había vuelto un poco arisco y Marcus Alexander lo notó, pero decidió dejarlo pasar.
—Angélica me dice que han hecho algunos avances… se toman algo de tiempo — su tono estaba cargado de sarcasmo.
—ya le dije, no puedo tomar decisiones a la ligera.
—ok le dije con una sonrisa algo tétrica después de unos segundos — necesitamos probar el virus… ya puede propagarse por aire?
—no… aun no.
—entonces apresúrese a hacer que lo haga — se dio media vuelta y se fue.
Fabiola se levantó del escritorio inmediatamente después que saliera Marcus Alexander y fue con Angélica directamente y con paso firme.
—como estuvo la última prueba? — estaba algo alterada y Angélica lo notó, pero supuso que la visita del jefe tenía algo que ver con eso.
—no muy bien, aún tiene algunas deficiencias.
—ok, puedes llevarlas a mi oficina? — Angélica asintió — luego podrías llenar las faltantes de aquí con estas secuencias? — le dio dos USB mientras asentía de nuevo.
De ahí, Fabiola fue a la pequeña biblioteca de investigación, estuvo un rato ahí y luego volvió a su oficina, introdujo en su laptop el USB que Angélica le había dejado sobre su escritorio y terminó de completar el virus.
Era algo tarde cuando quedó satisfecha con el resultado, estaba sola en el laboratorio, guardó su laptop y se dirigió a su apartamento.
Sacó el comunicador y tuvo una pequeña conversación con Benjamín donde le informaba que el virus estaba listo, aun debían hacerle la prueba que quería Marcus Alexander y solo unas pequeñas modificaciones después de eso, pero estaba listo, y solo le había tomado un poco más de un año para crearlo. El agente Sanders le dijo que retrasara dicha prueba lo más que pudiera, que no informara que ya estaba completo y luego se desconectaron.
Se metió en la cama pero no pudo dormir y prefirió prender la tele y de nuevo se topó con noticias de Luisa en la repetición del noticiero de la madrugada. Era como si hubieran conectado esos canales solamente en su tele para torturarla. Decían que había ganado apenas en su último partido por problemas que le habían surgido con la muñeca, la cual parecía que ya traía lastimada antes del torneo y no sabían si podría jugar su próximo partido pero estaban esperanzados. Fabiola supo que aún no se recuperaba de su lesión, apagó la tele y después vio por la ventaba como las estrellas y la luna empezaron a ceder ante el gris azulado en el cielo que precede al rojizo justo antes de la salida del sol. No había podido dormir después de ver a Luisa de nuevo en la tele. Decidió prender su laptop y comenzó a ver las fotos que tenía ahí, luego puso la memoria que tenía guardada y veía con melancolía la que le había tomado a Luisa desnuda el celular.


***

Luisa estaba de mal humor, la muñeca le había fallado y no sabía si podría continuar en el torneo. Thomas estaba revisándosela, pero por la expresión que tenía sabía que no podría seguir.
—mejor será retirarse — Luisa cerró los ojos al igual que los puños conteniendo el enojo, últimamente estaba de mal humor casi siempre — es lo mejor, no te molestes por esto, el próximo año lo consigues.
—últimamente me la paso retirándome le contestó presionando los dientes.
—bueno, al menos popularidad no pierdes, si no Paris ya te habría regañado — le dijo tratando de hacer por lo menos que sonriera, pero no lo logró.
Salieron del club rumbo al hotel, Luisa con la cara hasta el suelo, y una vez en el cuarto del hotel, el doctor la revisó y le puso una férula. Al irse, ella solo se quedó en la cama con la mirada perdida, aun de mal humor.
—sabes Luisa? no puedes seguir así — lo miró confundida — has estado de mal humor los últimos diez meses y soy yo el que topa con todo. Qué diablos te pasa?  
—no pasa nada — dijo toscamente.
—claro que sí, cuando no estás en ese plan, estas, no sé, como en depresión, te encierras en ti misma y nada te saca de ahí — Luisa abrió la boca para responderle algo pero Thomas no la dejó decir nada — no te atrevas a negarlo, soy yo quien te aguanta, y francamente ya no puedo más.
—bueno, pues eso tiene arreglo.
—sí, que lo dejes de lado y vuelvas a ser la de antes — le dijo firmemente y antes de que dijera más — tal vez si lo haces vuelvas a jugar como lo hacías y dejaras de lastimarte y así evitar que te retires siempre — salió del cuarto azotando la puerta y dejándola sola.
Thomas sabía cuál era la razón del mal humor de Luisa, desde que le inyectara ese suero para su memoria estaba así o sumergida en depresión.
Se lo había dicho a Benjamín y él le explicó que era un efecto secundario que sucedía con algunas personas solamente. Resultaba que muy dentro de su inconsciente (y a donde no podían llegar sin arriesgar a que dañaran más partes de la memoria) la persona borrada, en este caso Fabiola, estuviera arraigada. Pero la reacción en Luisa consistía en que ella sentía que algo le faltaba, solo que no sabía que era exactamente, por lo que estaba cambiante entre el mal humor y la depresión.
Luisa se la pasaba sumida en sus pensamientos, tenía bastante tiempo, como le había dicho Thomas, tratando de saber a qué se debía esa sensación de que algo le faltaba, pero no podía descubrirlo por más que trataba. Se sentía frustrada, y eso, provocaba su mal humor, como Thomas le acababa de decir.

El agente Sanders le había dado a Thomas una inyección con una dosis más alta, y le aseguró que con eso, y la dosis normal, se acabarían el mal humor, aunque, como reacción a la dosis, estaría vomitando dos o tres días, pero aseguró que era una reacción normal por la sobredosis.
Volvió con Luisa al día siguiente de haberse ido azotando la puerta, ella aún no se levantaba. Se sentó en la orilla de la cama, junta a ella, sacó su brazo de entre las sabanas y le puso la inyección. En cuanto la aguja perforó su piel y entró en su vena, Luisa dio un pequeño tirón al brazo pero Thomas lo tenía bien agarrada pues había previsto eso.
—estas poniéndome demasiadas de esas — le dijo aun en tono cortante — no creo necesitarlas más.
—el entrenador soy yo y por lo tanto quien sabe lo que es mejor para ti — le contestó también algo cortante, pero no como ella y sin levantar la vista de su brazo.
—ya no las quiero más — Thomas sacó la aguja de su vena lentamente.
—desafortunadamente — Thomas volteó a verla directamente a los ojos — no siempre tenemos lo que queremos — se levantó y salió del cuarto, solo que ahora no azotó la puerta como el día anterior.
Y justo como le había dicho Benjamín, Luisa estuvo los siguientes dos días vomitando lo poco que conseguía comer y el último ni siquiera lo intentó.

***

Fabiola llegó al laboratorio taciturna, con paso lento y pesado. Entró a su oficina y se dejó caer en la silla sin más. Había ido más por obligación que por deseo de terminar.
—te ves cansada — le dijo Angélica desde la puerta — no dormiste bien?
—no dormí — se talló los ojos.
—pesadillas? — se sentó frente a ella en la única silla que tenía.
—si — dijo pensativa — podría decirse.
—necesitas algo para dormir? — Fabiola la miró confundida, lo único que se le ocurría era que su princesa estuviera a su lado y podría dormir como un bebe — nuestro jefe podrá no tener muy buenas intenciones con lo que nos tiene haciendo, pero cuida bien de nosotros. Cuando yo no podía dormir me consiguió unos somníferos, aún tengo algunas, quieres que te las de?
—no, pero gracias… si vuelve a pasar esta noche te los pediré — trató de sonreír pero no podía.
—ok — Angélica si le sonrió — como quedaron los cambios que me pediste ayer? Terminaste el virus?
—no… aun no, los agregaré hoy mismo.                             
—ok — se levantó de la silla y se dirigió a la puerta — sabes dónde encontrarme si necesitas algo.
—lo haré — Fabiola sacó su laptop y la abrió.
Había terminado el virus, pero no debía entregarlo aún, así que se puso a revisar sus notas del virus que había dejado incompleto antes de que la llevaran a ese lugar. Ese era ahora su propósito, adelantaría lo que pudiera estando ahí, y, algún día, volvería a volcar todo en lo práctico para terminarlo, pues en el fondo, esperaba que su pesadilla terminara pronto.

Entre las presiones de Alexander para que terminara su encargo, y los constantes interrogatorios de Angélica, logró dejar pasar el tiempo por algunos meses más entre evasivas y distracciones. Angélica tenia sospechas que el virus estaba terminado hace mucho, pero no se explicaba el por qué Fabiola seguía negándolo, y cuando le preguntaba por eso, ella solo desviaba el tema.
Fabiola entonces, comenzó a sentir que la presión de tener que entregar el virus de una buena vez la estaba sobrepasando, así que una tarde tomó su bolsa y salió del laboratorio sin más. Al entrar en el elevador y empezaran a cerrarse las puertas, Angélica las detuvo haciendo que volvieran a abrir.
—a dónde vas?
—afuera, necesito tomar un poco de aire — le dijo esperando disimular su ansiedad. Angélica la observó no muy convencida, Fabiola metió su mano a la bolsa y sacó una cajetilla de Marlboro blancos y se la enseñó sonriendo.
—no sabía que fumabas — pareció convencida.
—si, a veces… sé que es un feo habito, pero lo tengo — se encogió de hombros sonriéndole.
—ok, te acompañaría pero tengo que hacer unas cosas, muero por uno también.
—más tarde iremos — al lograr disuadirla, bajó por el elevador y salió del edificio con paso apresurado. Irving le sonrió cuando pasó junto a él, había llegado a platicar varias veces con él y Fabiola se dio cuenta que tenía una imagen completamente equivocada del hombre que la había llevado hasta ese lugar. Al contrario del otro, que nunca se había molestado siquiera en saludarla, de hecho aún no sabía ni como se llamaba.
Una vez que estuvo afuera prendió el cigarro y sacó el comunicador marcando y asegurándose que la escucharan los dos fingiendo que era el teléfono inalámbrico del laboratorio.
—sí, Angélica?
—Fabiola, que pasa? — le contestó Benjamín.
—se me está ocurriendo una secuencia para poder terminar realizar la prueba.
—te están presionado para terminarlo?
—aja — Fabiola le dio una jalada al cigarro mientras veía a Irving y el otro en la puerta de reojo.
—no puedes retrasarlo más?
—no, tal vez podrías poner lo que hiciste hace dos días — poco a poco Fabiola se fue alejando de donde estaban los guardias.
—bueno, retrásala un par de días si puedes si no pues ni modo, llévala a cabo.
—no quisiera hacerlo — le dijo susurrando.
—no podemos arriesgarnos a que sospechen que estas en contacto conmigo, eso si es que no sospechan ya, debes hacer la prueba —sabían que esa llamada era demasiado arriesgada, pero él no le dijo nada, suponía que ella lo sabía.
—ok — dijo resignada.
Terminó el cigarro y lo tiró pisando la colilla, y, al volverse hacia el edificio, casi choca con el guardia que no le agradaba. Fabiola se puso nerviosa, no sabía si la había escuchado.
—que sucede? — le preguntó en un tono nada amistoso.
—nada… terminé el cigarro — trataba de disimular los nervios, el cigarro que se acababa de fumar ayudaba un poco — ahora tengo que ir adentro a continuar con mi trabajo — le sonrió y siguió su camino. El guardia se quedó mirándola y cuando llegó a la puerta del edificio Irving salió y le sonrió abriéndole la puerta, debía ser más cuidadosa, no podía descuidarse de esa manera.

Fabiola pudo retrasar la prueba una semana más con excusas cada vez más pobres y carentes de credibilidad, pero lo había conseguido, y el día que Marcus Alexander se personificó en su oficina para preguntar qué pasaba, Fabiola simplemente le dijo que estaba listo, y el día siguiente se fijó para hacer la prueba y se marchó sin más. En cuanto se fue del laboratorio, Angélica entró a su oficina.
—mañana lo probará — le dijo Fabiola antes que ella dijera algo.
—donde?
—no lo sé, solo eso me dijo — Angélica se quedó algo pensativa.
—porque tardaste tanto en dárselo? — Fabiola se quedó mirándola pensativamente.
—porque… — le dijo después de unos segundos soltando un suspiro — no me convencía que estuviera bien.
—pero… — Angélica sabía que tenía otros motivos, pero no creía que Fabiola se los fuera a decir — ok.

Amaneció, era el día de la prueba y Fabiola llegó al laboratorio directamente a la mesa de Angélica, recogió la muestra del virus que ella ya le tenía preparado y volvió sobre sus pasos para bajar nuevamente al vestíbulo. Al salir del elevador, Marcus Alexander la esperaba, y junto a él estaban Irving, el malacariento y otras cinco personas que Fabiola había visto de vez en cuando pero no sabía quiénes eran.
—bien, temprano como siempre — dijo sonriéndole.
Fabiola lo siguió fuera del edificio, la limusina en la que la habían traído estaba esperándolos y, en cuanto se acercaron, Irving se adelantó un poco y les abrió la puerta. Marcus Alexander le cedió el paso a Fabiola y el subió inmediatamente después.
—aún no está del todo listo… faltan algunos…
—bueno, por eso le llaman prueba — la interrumpió de golpe.
—a dónde vamos?
—ya lo verá — agarró el portafolio de Fabiola y se lo pasó al tipo malacariento.
Volvieron a darle un pañuelo y le dijeron que se vendara los ojos.
Marcus Alexander se lo quitó gentilmente después de cerca de dos horas y Fabiola vio que iban pasando por un parque, y entonces pensó que hubiera sido una buena idea haber puesto atención al vaivén del carro, pero ya era algo tarde para eso, no sabía dónde estaban. De pronto la limosina se estacionó e Irving les abrió la puerta.
—puede transportarse por aire? — le preguntó Marcus Alexander antes de bajarse de la limusina.
—sí pero… aún no tiene la capacidad para estar activo mucho tiempo — le contestó algo temerosa por lo que pudiera tener en mente.
—pues probemos que tan poco es ese tiempo que dice — se bajó de la limosina y el malacariento le dio el portafolio de Fabiola.
Esperó a que Fabiola bajara de la limosina y una vez que lo hizo, Marcus Alexander caminó unos pasos dentro del parque con Fabiola detrás de él y los otros cinco, abrió el portafolio y sacó la probeta que contenía el virus en forma de polvo. En ese momento, Fabiola se dio cuenta que en el parque había varias familias, algunos muchachos jugando y otros parecían estar en parejas de picnic. Marcus Alexander se inclinó y agarró tantito pasto para luego levantarse y soltarlo frente a él. El viento se lo llevó en dirección hacia donde estaban todas esas personas y Fabiola sintió pánico.
—qué piensa hacer? — en la voz de Fabiola se notaba el temor.
—ya se lo dije — dijo como si no fuera nada — probaremos el virus — le pasó la probeta al malacariento.
—pero… hay niños ahí… personas inocentes — Fabiola había empezado a temblar.
—nadie es totalmente inocente… son blancos perfectos para probar tu creación — cuando Marcus Alexander dijo esas palabras, Fabiola sintió como si le quitaran el piso y empezó a sentirse mareada y por poco se cae, pero Irving la alcanzó a detener y le preguntó si estaba bien — libéralo — le dijo al malacariento.
—¡NO! — le gritó Fabiola tratando de detenerlo, pero no pudo pues Irving la había sujetado de los hombros en cuanto sintió que se movía.
Todos se quedaron observando el rumbo que tomaba el polvo una vez que lo soltaron conteniendo la respiración, lo vieron llegar a todo el parque alcanzando a las personas que se encontraban ahí. Y entonces, comenzó a suceder, uno de los niños empezó a toser de pronto sin razón aparente, luego otro, luego los jóvenes que estaban cerca, y así sucesivamente pasaba conforme el viento hacia que el virus avanzara. Pero entonces el virus fue perdiendo su poder, y los que corrieron con la suerte de estar en el otro extremo del parque, no tenían efectos tan marcados como los primeros, que eran alrededor de 15 personas. Fabiola se sentía como un monstruo, había sido ella quien había ocasionado eso, y al volver a ver las personas afectadas, ya comenzaban a ahogarse con la tos, algunas incluso ya empezaban a expulsar un poco de sangre de la boca. Ella sabía desde in principio que el ese virus seria usado en algo así, pero eso era muy diferente a ver en vivo los efectos que causaba. Fabiola había creado un antídoto al mismo tiempo que creaba el virus sin decirle a nadie y deseó tenerlo ahí mismo y usarlo. El virus aun no era lo suficientemente mortal, aun no era capaz de matar al instante, pero si no recibían el antídoto pronto, lo haría después de 8 horas. Tenía que comunicarse con Benjamín lo más pronto posible.
—cuanto tardara en acabarlos? — le preguntó Marcus Alexander, pero Fabiola estaba abstraída en lo que estaba pasando en el parque y pensando en cómo ingeniárselas para pasar el antídoto — ¡Cuánto! — le gritó de nuevo para llamar su atención.
—8… 8 horas — dijo titubeante.
—muy bien… solo debe arreglar el tiempo de efectividad y la vida en el aire… vámonos.
—pero… no hará nada para ayudarlos? — Fabiola estaba realmente consternada por la indiferencia que mostraba Marcus Alexander.
—no — volteó a ver lo que sucedía a las personas — quiero ver hasta dónde llega el efecto — el malacariento les abrió la puerta y Marcus Alexander esperó a que Fabiola entrara a la limosina, Irving la soltó y entró con paso lento.

Volvieron a las instalaciones dentro de la propiedad privada en la que ahora pasaba sus días, pero al estar Fabiola conmocionada por lo que acababa de ver de nuevo no puso atención al movimiento del carro en el camino de regreso.
Bajó de la limosina y se quedó frente al edificio parada mientras todos los que habían ido a la prueba se habían ido a sus respectivos lugares.
—estas bien? — le preguntó Irving sacándola de sus pensamientos.
—si — dijo apenas Fabiola.
—segura? — ella asintió, Irving le dio su portafolio y se fue junto al malacariento a rondar por el vestíbulo.
Fabiola entró a su apartamento y sacó de su bolsa inmediatamente el comunicador. Debía de avisarle a Benjamín lo que había pasado y darle la secuencia del antídoto. Tan solo esperaba que pudieran recrearlo a tiempo y que logaran salvar a esas personas en el parque. Él le dijo que harían lo posible, le dijo que no era su culpa y trató de convencerla de eso, pero no había logrado mucho. Cuando terminó la comunicación con él, Fabiola se sentía muy mal, ella había puesto en peligro a esas personas y si no podían hacer el antídoto a tiempo seria la culpable de todas esas muertes.
Después de lo que había pasado se había encerrado en su apartamento dos días seguidos hasta que alguien vino y tocó la puerta, no quería abrir pero era algo insistente.
—vaya que mal te ves — era Angélica — te sientes mal?
—de lo peor — le contestó entrando de nuevo y dejándole la puerta abierta.
—estas resfriada o…
—no… es ese virus… ese tipo me convirtió en un monstruo — Angélica pudo imaginarse, por la expresión de Fabiola, lo que le pasaba.
—que fue lo que pasó?
—lo soltó… en un parque — Angélica levantó las cejas de la sorpresa — había niños… personas…
—no pienses en eso… eso no te ayudará.
—ayudarme en qué?
—a seguir con lo que tienes que hacer.
—no lo entiendes? Jamás voy a olvidar lo que les pasó… yo lo ocasioné.
—no, no te hagas eso, no tenías remedio… como muchos de nosotros.
—como haces para callar tu conciencia?
—supongo que ayuda el hecho de que nunca he visto sus efectos como tú.
—pero sabes lo que se propone…
—si… supongo que simplemente no pienso en eso — Fabiola la observó unos segundos y deseo ser como ella y poder hacer a un lado su remordimiento, y luego pensó en Luisa, qué pensaría de ella si supiera lo que hizo? Luisa, la necesitaba, la extrañaba con locura, si tan solo ella estuviera a su lado no se le haría tan pesado lo que estaba viviendo.

Al día siguiente de que Angélica fuera a verla, Fabiola volvió al laboratorio, pero se encerró en su oficina y solo vio la pantalla de su laptop prácticamente todo el día. Angélica fue a preguntarle que si estaba todo bien cerca del atardecer pero ella apenas y le contestó afirmativamente, se quedó mirándola un par de segundos y luego la dejó sola desistiendo de sacarla de ese estado en el que estaba, ya insistiría más mañana.
Cuando Angélica llegó al laboratorio, al día siguiente, se dio cuenta que Fabiola estaba en su oficina, ella tenía que hacer unas cosas y se fue a su cubículo a terminar, pero al medio día fue y sacó a Fabiola de su oficina.
—ven, vamos a tomar aire.
—no puedo — ni siquiera volteó a verla. Angélica entonces, rodeó el escritorio de Fabiola, retiró su silla y la agarró de la mano haciendo que se levantara y la llevó hasta el elevador sin soltarla. Lo hizo una vez que estuvieron dentro del elevador y la agarró por los hombros.
—tienes que entender que lo que pasó no es tu culpa, no puedes andar todos los días con ese cargo de conciencia, te comerá desde adentro si lo permites.
—no puedo evitarlo — Angélica creyó ver que los ojos de Fabiola se ponían algo acuosos pero no estaba muy segura.
—tendrás que aprender cómo, si no, eso no te dejara vivir — se abrieron las puertas del elevador, Angélica de nuevo agarró a Fabiola de la mano y la llevó hasta afuera. Irving les sonrió cuando pasaron junto a él en el vestíbulo y, una vez afuera, prendieron el cigarro que había estado anhelando Angélica y siguió tratando de que olvidara lo que había pasado, o por lo menos, de lograr mitigar su culpa.

Al volver al laboratorio, Fabiola aún seguía sintiéndose como un monstruo, pero Angélica había conseguido que lograra entender que no era su culpa. Aun así, decidió irse a su apartamento por el resto de la tarde.
Apenas se había acomodado en el sillón cuando se le ocurrió revisar la polvera, tenía un mensaje de Benjamín y se comunicó con el inmediatamente.
—debemos vernos, es urgente — le dijo apenas y llamó.
—pero cómo? Me tienen vigilada.
—tendremos que ingeniárnosla, ve que puedes hacer, mañana habláremos a esta hora, de acuerdo?
—ok — Fabiola fue a su cuarto, abrió el closet y agarró una de las blusas de Luisa del fondo. Después se puso la pijama y se metió en la cama abrazando la blusa como si fuera a Luisa a quien abrazaba y fue como logró quedarse dormida, con el olor que la blusa aun tenia de ella.

En medio de la madrugada, el comunicador empezó a emitir un bip que la despertó. Fue a su bolsa y lo sacó, Benjamín tenía algo urgente que decirle.
—necesito que prendas el emisor de señales del comunicador para poder localizar en donde estas.
—pero eso no hará que lo detecten?
—no queda más remedio, tenemos que arriesgarnos, solo será por cinco minutos, después lo apagas inmediatamente.
ok — Benjamín le dijo a Fabiola como prenderlo y después de los cinco minutos lo apagó como habían acordado.
Volvió a la cama, pero no pudo dormir de nuevo y solo se quedó abrazada de la blusa de Luisa hasta que llegó la hora de levantarse.
Todo el día estuvo encerrada en su oficina con la cara pegada en la pantalla de la laptop tratando  de hacer menos letal el virus, pero luego lo pensaba mejor y lo dejaba como estaba para luego volver a cambiarlo y volver a dejarlo como al principio. Se sentía frustrada, ella jamás había querido terminar haciendo eso en su vida, pero a veces, los planes que uno tiene terminan yéndose a la basura pues el destino tiene sus propios planes para ti.
Al final lo dejó como estaba en un principio, sin haber corregido lo que le había dicho Marcus Alexander y se fue a su apartamento, se sentó en la sala frente a la enorme ventana viendo como la luz del día se iba, dejándola en la obscuridad, y luego su comunicador empezó a emitir un bip como el de la noche anterior.
—estás en tu apartamento?
—si no, no contestaba.
—bien… tenemos que vernos, estoy cerca de ti.
—cerca? — le preguntó algo confundida — que tan cerca?
—puedes salir a dar la vuelta sin que sea sospechoso? Tenemos que aprovechar el cambio de guardia.
—creo que si… donde exactamente estas?
—cerca de los edificios del frente, detrás de la reja.
—de los edificios de enfrente?
—sí, hay toda una instalación de otros edificios detrás de estos… creo que no te dieron el tour completo. Te veo entonces ahí.
—ok — Fabiola se levantó, agarró una chamarra ligera y se llevó los cigarros. Había empezado a fumar cuando conoció a Luisa, ella lo hacía de vez en cuando y le pasó el vicio, aunque nunca entendió como es que Luisa, siendo una deportista, es que lo hacía. Era tan indisciplinada, hacia cosas que no debía y que afectaban su rendimiento deportivo, pero eso parecía no surtir efecto en ella y lo hacía sin consecuencias. Fabiola la amaba, y no importaba lo indisciplinada que fuera, de hecho era una de las razones por lo que lo hacía, a pesar de que ella le enseñara ese feo hábito, hábito que últimamente había empezado a crecer en ella.
Fabiola empezó a caminar por enfrente de los edificios con el cigarro prendido, los guardias no le dijeron nada, era algo usual verla hacer eso y solo la observaban y, al ver que prendía el cigarro, dejaron de prestarle atención. Caminó unos cuantos metros hasta que escuchó como Benjamín le susurró cuando estuvo cerca de él y la guio lejos de la vista de los guardias.
—necesitamos que nos pases la secuencia del virus y que descargues información de la computadora que tiene Marcus Alexander en su oficina.
—y como piensas que lo hare?
—con esto — le pasó una polvera de plata, parecía ser antigua — puedes guardar esta memoria ahí, y para la computadora, solo tienes que estar cerca de ella y hará la transferencia.
—y como esperas que me acerqué a la computadora?
—no lo sé… pero realmente lo necesitamos.
—sabes lo que me estas pidiendo?
—sí, lo sé, pero si no lo haces no podremos hacer mucho — Fabiola se quedó en silencio.
—pudieron desarrollar el antivirus a tiempo? — ahora era Benjamín quien se quedaba callado.
—no lo hicimos a tiempo — Fabiola sintió un hueco en el estómago — solo salvamos a unos pocos. Realmente eres la mejor en lo que haces, no pudieron recrearlo a tiempo por la complejidad que tenía.
—pero…
—no te culpes por eso… el único responsable es Marcus Alexander, es por eso que tienes que ayudarnos a atraparlo.
—ok — le dijo después de quedarse en silencio nuevamente — dime cómo funciona.
Benjamín le explicó a detalle cómo funcionaba la polvera, le dijo dónde estaba el botón que activaría la transferencia y como ocultar la memoria dentro. Fabiola la agarró y se la guardó en la bolsa de la chamarra. Antes de irse quería preguntarle algo, pero no estaba segura de si realmente quería escuchar la respuesta.
—ella esta…
—está perfectamente. Hubo un pequeño problema con la dosis que le administrábamos para su memoria, y quien pagaba los platos rotos era Thomas, pero ahora todo está bien, es la misma de siempre.
—y su mente… no recuerda nada? — tenía un nudo en la garganta.
—no, mientras Thomas siga inyectándole el suero ella no recordara que te conoció — Fabiola sintió que las lágrimas amenazaban con salir.
—ok… —volvió a su apartamento y se recostó en la cama llorando hasta que se quedó dormida. Ella lo había querido así, pero eso no evitaba que le doliera el saber que ni siquiera recordaba haberla conocido, ya no decir que olvidara lo que habían vivido juntas.
Al otro día, Fabiola estuvo pensando en la mejor excusa para ir a la oficina de Marcus Alexander pero no se le ocurría nada y, mientras pensaba en algo, había cargado la pequeña memoria que le había dado Benjamín con la información del virus para adelantar. También tenía la esperanza que su opresor le dijera que fuera a su oficina, pero eso parecía un poco improbable ya que él se había personificado varias veces en el laboratorio, y desde su primer día ahí, no había vuelto a poner un pie en su oficina.
Angélica había notado el cambio en Fabiola, pero no sabía exactamente qué es lo pasaba por su mente, y como no recibía muchas respuestas de ella, solo podía imaginar lo que pasaba. Pero había llegado a su límite y decidió confrontarla.
—que es lo que tramas? — Fabiola levantó la vista de la pantalla algo sorprendida cuando Angélica la interrumpió.
—que tramo? Nada — dijo algo confundida. Angélica entró, cerró la puerta y se sentó frente a ella.
—estas tramando algo, solo quiero decirte que sea lo que sea, no lo hagas, no arriesgues tu vida.
—no estoy arriesgando mi vida — le dijo frunciendo el ceño y ella se quedó mirándola detenidamente.
—aun así, no lo hagas, él nos trata bien porque sabe que por las malas no conseguirá nada…
—amenazarte no es tratarte bien — la interrumpió Fabiola.
—y podría cumplir su amenaza — Fabiola se quedó mirando a Angélica pensando en eso — no quieres eso verdad? —negó lentamente con la cabeza — a quien amenazaron??
—no tiene caso que te diga — le dijo soltando un suspiro y volviendo la vista a la pantalla — lo que importa es que funcionó.
—vamos, no complacerás mi curiosidad? — Fabiola volvió a negar pero con una sonrisa apenas visible — dime, de quien se trata?
—sabes? No creo que sea prudente que lo sepas.
—ay Fabiola — le dijo derrotada — siempre llena de misterios — solo una sonrisa obtuvo por respuesta — un día me lo dirás? — no pudo evitar recordar a Román y su insistencia por saberlo todo de ella.
ya veremos —Angélica se levantó sonriéndole y fue a su lugar, una vez más se iba con las manos vacías.
Al volver a estar a solas, Fabiola siguió pensando en la excusa perfecta, pero su mente siguió en blanco. Decidió irse a su apartamento en vista de que la frustración no ayudaba en nada.

En la mañana se sintió más decidida, el descanso le había hecho bien y sin pensarlo mucho fue con Irving y le dijo que si podía llevarla con Marcus Alexander. Esperó un momento hasta que la secretaria del jefe le dijo que podía pasar, Irving se fue por donde habían llegado y Fabiola entró a la oficina, al fin.
—qué puedo hacer por usted? — le dijo en un tono amable cuando Fabiola entró haciéndole señas para que se sentara.
—el virus está listo — le dijo llanamente.
—perfecto — Marcus Alexander se levantó de su silla con una gran sonrisa y rodeo el escritorio, lo que aprovechó Fabiola para meter la mano a la bolsa del pantalón y presionar el botón y prender el receptor de la polvera — entonces es perfectamente capaz de desplazarse por aire y su tiempo  vida ha aumentado?
—si — no la sintió vibrar, no estaba lo suficientemente cerca de la computadora y la polvera no podía enlazarse.
—que tanta cantidad ha elaborado?
—un poco más de lo que le di la última vez.
—bien, cuadruplíquelo.
—cuadruplicarlo? Pero eso terminaría en un desastre mucho mayor al del parque — Fabiola se levantó de la silla algo consternada.
—cuanto tardara? — él la ignoró.
—no… no lo sé… — aprovechó para acercarse a la computadora.
—entonces será mejor que vaya a iniciar la producción… la doctora Angélica le ayudara a apresurar las cosas — Fabiola se quedó observándolo con una expresión de duda — sabe, la señorita Licano ha estado jugando muy bien, se ha enterado? — la presionaba de la manera en la que sabía que Fabiola no se negaría a hacer lo que le pedía, la polvera había vibrado.
—si… me enteré — trató de sonar lo más normal que pudo, pero el nudo en el estómago que se le formó no la había dejado.
—es muy buena jugando… curioso, no?
—qué cosa? — Fabiola se sentía enojada, él no era nadie para hablar de Luisa como si la conociera, ni siquiera para mencionar su nombre.
—sus mundos no tiene nada que ver y sin embargo las dos… terminaron juntas, ambas conquistando sus respectivos — le dijo con una sonrisa irónica. Fabiola lo miró con resentimiento pero no le dijo nada, la polvera había vuelto a vibrar anunciando que había terminado, así que solo salió de la oficina, pero antes de subir al elevador, Marcus Alexander la alcanzó — espero y haya encontrado la inspiración necesaria para trabajar en tiempo record — las puertas del elevador se abrieron y Fabiola entró dejándolo parado observándola.
Volvió al laboratorio bastante enojada, entró a su oficina y se sentó frente a la laptop. Si no podía evitar que lo lanzaran por lo menos reduciría el tiempo de vida del virus en el aire. Mandó llamar a Angélica, y cuando esta entró en su oficina, le dio la formula terminada para que comenzara a crearla diciéndole que volvería más tarde. Fue a su apartamento y sacó su comunicador del compartimento secreto de su bolsa y le informó a Benjamín que había entregado el virus y estaban en el proceso de darle vida. Él dijo que siguiera así, debía cumplir con lo que le pedían, le mandó los datos que le había pedido y terminó la conversación para volver al laboratorio a ayudar a Angélica.

Ella sabía que Fabiola estaba tramando algo, pero no podía averiguar que era, y en ese momento al verla tan enojada solo se limitó a seguir sus instrucciones. Una vez que terminaron con la cepa del virus, Fabiola le dijo que se fuera a descansar y mañana continuarían con la producción. Fabiola fue a su apartamento y se recostó en el sillón de la sala frente al ventanal. Prendió la tele pero realmente no la veía, se sirvió un vaso de whiskey y en eso tocaron a su puerta, era Angélica.
—no puedes decir que no nos tratan bien — le dijo al verla con el vaso en la mano.
—no, no puedo.
—hace días que actúas algo extraño… y necesito que me digas que pasa.
—no pasa nada — le dijo caminando hacia dentro del apartamento y dejándola entrar — solo quiero salir de esto lo más pronto posible — Angélica entró y cerró la puerta.
—no, hace días actúas extraño… más de lo normal.
—de lo normal? — se sentó en el sillón con el vaso aun en la mano — que es lo normal para ti en esta situación en la que estamos? — el tono que usó era poco amigable, seguía molesta.
—últimamente estas más ausente que de costumbre.
—y tú me conoces perfectamente para saber lo que me pasa? — seguía a la defensiva con Angélica.
—no, pero por lo que te he tratado sé que tú no eres así, que es lo que pasa? Que es lo que te dijo el jefe que empezaste a actuar así?
—no me dijo nada — le contestó tajantemente y bebió del vaso.
—te dijo que mataría… a quien quiera que amenazó? — se puso tensa.
—no es algo que te importe — en la tele empezaron a pasar un reportaje deportivo y Fabiola volteó a verlo ignorando por un segundo a Angélica sin que esto pasara desapercibido por ella.
—están hablando de alguien que te importa?
—no — le dijo secamente volteando a verla de nuevo.
—a quien amenaza el jefe es quien te tiene despierta en las noches? — Fabiola sintió una punzada en el estómago, estaba por quebrarse — él tiene poder sobre ti porque tú se lo das — se acercó a ella en el sillón — debes olvidar toda tu vida pasada para lograr sobrevivir a esto.
—tú lo hiciste?— el tono de Fabiola había cambiado, ahora sonaba como desesperada.
—no pude… es mi hermana a quien amenazó, no puedo simplemente dejar que no me importe.
—pues estoy en la misma situación — dijo más para ella que para Angélica.
—esa persona te robó el corazón — era una afirmación y ella solo asintió — debe ser la persona más afortunada del mundo — Fabiola levantó la vista lentamente hasta sostenerla en Angélica mirándola algo confundida — quien quiera que te haya robado el corazón debe de ser alguien muy especial… y por lo que se ve, es tenista — Fabiola seguía mirándola confundida. Angélica entonces tomó una decisión basada en meras suposiciones, se acercó a ella y tomó la cara de Fabiola entre sus manos, como ella hacía con Luisa, se acercó más y más a ella hasta que sus labios rozaron los de Fabiola. Ella se sintió confundida y reaccionó de golpe retrocediendo.
—lo siento — le dijo excusando — es que… no… me…
—cálmate, no tienes que justificarte — le dijo Angélica interrumpiéndola y temiendo haberse equivocado con respecto a las preferencias de Fabiola.
En cambio ella solo pensaba en que había reaccionado justo como Luisa lo hizo cuando la había besado la primera vez, ahora los papeles se habían cambiado, la misma historia se repetía con diferentes actores.
—perdona, pero creo que nunca hice algo que te hiciera pensar que estoy interesada — parecía que seguía pidiendo perdón.
—no, no lo hiciste… es solo que no pude contenerme más… desde que te vi la primera vez al darte ese traje me dejaste impactada.
—perdón… — estaba repitiéndose la misma historia, solo que ahora estaba del otro lado.
—no te disculpes… fui solo yo… jamás pensé que al venir acá te conocería y sentiría… esto por ti.
—pero yo…
—lo sé — le dijo interrumpiéndola de nuevo con una sonrisa — estas enamorada de alguien más… es bastante obvio, no sabes cómo envidio a ese alguien más — Fabiola no sabía que decirle, jamás se imaginó que Angélica sintiera algo por ella, jamás la vio más que como su compañera. En eso, puso su mano sobre su rodilla, la rodilla que Luisa a veces presionaba haciéndola sentir cosquillas increíbles, pero en cambio Angélica no provocaba eso, aun así, Fabiola no quitó la mano y ella tomó esto como una señal y se lanzó de nuevo en busca de los labios de Fabiola, esta vez ella no la rechazó, incluso le correspondió pero después de unos segundos se retiró lentamente.
—perdón… no quise…
—está bien — le dijo con una sonrisa — mañana nos veremos en el laboratorio — se levantó y se encaminó a la puerta, se detuvo justo ahí y se volvió para sonreírle a Fabiola, ella le devolvió una tímida sonrisa y luego se fue.
Fabiola se quedó muy confundida sentada en el sillón mientras daba sorbos al vaso de whiskey. Lo estaba tomando puro, algo que no había aprendido de Luisa, eso se había dado solo estando casi dos años  en ese lugar. Se levantó y se fue a la cama, se metió en ella y acercó la blusa de Luisa hacia ella dando una gran aspirada para que el olor de Luisa entrara en su nariz invadiéndola. La esencia de Luisa casi había desaparecido, pero para ella era algo que le ayudaba, imaginar que aún estaba ahí. Repitió la misma acción tres veces más y luego se quedó dormida, con la blusa entre sus brazos.
Al entrar en el laboratorio y ver a Angélica de lejos sintió un poco de nervios y retrasó lo más que pudo el acercarse a ella. Cuando ya no tuvo más remedio, actuó como si nada hubiera pasado, solo que Angélica estaba demasiado sonriente, y cuando llegaba a tocarla, se ponía un poco nerviosa. No sabía si era obvio, pero Fabiola lo notaba, y no sabía cómo actuar respecto eso, ella sabía que no podría sentir algo por nadie más que no fuera Luisa, no importaba si estuviera a su lado o no, o incluso si ella estuviera con alguien más, le había dado su corazón y no había remedio para eso, pero Angélica le mostraba una situación en la que no había pensado jamás.
En ese momento, llegó uno de los otros científicos sacándola de sus pensamientos con unas dudas que tenía, lo cual le sirvió para concentrase en lo que hacía y no pensar más en el asunto.
El resto del día, lograron avanzar en su tarea, no demasiado, pero si lo suficiente como para que el jefe estuviera complacido. Al caer la tarde, e ir todos de vuelta a sus respectivos apartamentos, Angélica alcanzó a Fabiola frente a las puertas del elevador, solo que no estaban solas y no pudo más que disimular un poco.
—mucho trabajo, no? — le dijo con una gran sonrisa.
—si — le sonrió tímidamente también — un poco.
—tienes planeado algo especial esta noche?
—no… solo pensaba acostarme temprano… estoy algo cansada.
—sí, te entiendo — le dijo con evidente decepción. Las puertas del elevador se abrieron y todos entraron — el jefe está complacido con lo que hacemos.
—aja — dijo algo distraída.
—deberíamos decirle que necesitamos unos días libres.
—no creo que te los concedan — salieron del elevador y se dirigieron fuera del edificio hacia el túnel que las llevaba al lobby del edificio de apartamentos, solo que no todos, un par se fue caminando tomando un poco de aire.
—tal vez no… pero vale la pena intentarlo no crees? — de nuevo subieron al elevador, y de ahí, se bajaron en su piso. Angélica se detuvo en su puerta y Fabiola siguió a la suya — si te sientes algo aburrida… ya sabes… puedes venir a visitarme.
—lo tendré en cuenta — Fabiola apenas la miró.
Después de eso, los días siguieron normalmente en el laboratorio, la incubación del virus iba en proceso, y Fabiola retrasándolo cuanto podía, pero no era mucho el tiempo que ganaba y las comunicaciones con Benjamín se hicieron algo más esporádicas pues no podían seguir arriesgándose a que los descubrieron.

***

Después de un par de días que tuvo que quedarse en el hotel de Miami, Luisa por fin pudo salir y dirigirse al aeropuerto para volver a Vancouver.
En el avión de regreso, Thomas iba sentado a su lado, pero no se dirigieron mucho la palabra, Luisa aun sentía un poco de malestar y Thomas no sabía si la sobredosis que le habían inyectado había resultado por lo que no quiso arriesgarse a uno de sus desplantes.
Al llegar a Vancouver, y después de recoger sus maletas, Thomas notó que Luisa estaba algo pálida y ojerosa. Decidió acelerar el paso para llevarla a que se recostara lo más pronto posible, pero luego de recuperar todas sus cosas, se dio cuenta que habían algunos reporteros en la puerta, saco rápidamente los lentes de Luisa y se los dio para que se los pusiera, pero aun no sabía cómo haría para sacarla rápidamente.
—saldremos lo más rápido que podamos, no hay que dejar que te tomen fotos con esa cara — le dijo en tono de broma y logrando sacarle una sonrisa, parecía que la sobredosis comenzaba a funcionar.
—donde está el carro?
—en el estacionamiento — dijo Thomas con pesar — tendremos que caminar muy rápido para llegar hasta allá.
—no creo que logremos salir ilesos — le dijo resignada y con cara de pesar, y, sin más remedio, decidieron enfrentarlos, pero el celular de Thomas sonando evitó que salieran en ese momento.
—dónde están? Falta mucho para que salgan? — era Paris.
—estas afuera?
—sí, se coló en la prensa la información de que Luisa se había enfermado después de retirarse y la oficina se volvió loca.
—se coló? Como que se coló?
no lo sé, pero la esperan, quieren entrevistarla, pero no podemos permitir eso sin decirle cuidadosamente que dirá.
—eso sí, dónde estás?
—justo enfrente, salgan rápido.
—ok. Nos salvamos, Paris está enfrente esperándonos, saldremos sin que digas nada, como siempre, ok?
—ok.
Se dirigieron a la salida lo más rápido posible, aunque Thomas era quien llevaba la mayoría de las maletas, Luisa llevada una y eso impedía un poco que se apresurara.
Al llegar junto a los reporteros, uno de ellos le pegó accidentalmente en la mano derecha con la cámara lastimándola un poco, Luisa hizo una mueca de dolor y el periodista empezó a pedirle perdón algo desesperado. Pero eso hizo que los demás reporteros no dejaran de enfocar sus cámaras sobre de ella y no paraban de preguntarle sobre su lesión y por su enfermedad. Luisa solo se limitó a agachar la cabeza aun torciendo un poco la boca a un lado por el dolor de la muñeca y tratando de no terminar encandilada por todos los flashes.
Apenas se acercó al carro, Paris bajó y agarró su maleta y se subió al carro en la parte de atrás rápidamente. Después lo hicieron Paris y luego Thomas.
—cómo fue que se enteraron? — le preguntó Luisa en cuando arrancó el carro.
—no lo sé, solo sé que los teléfonos no han dejado de sonar en la oficina, alguien de allá seguramente pasó la información.
—habrá que dar una rueda de prensa? — quiso saber Thomas.
—es lo más probable.
—yo? — preguntó Luisa algo preocupada.
—no… creo que poder hacerlo yo, solo debemos ponernos de acuerdo que decir.
—ok — dijo Thomas algo más relajado — te lastimaron mucho la muñeca?
—no, solo fue un pequeño doblón hacia atrás.
—de todos modos la revisare llegando.
—ok — siguieron su camino, Luisa iba atrás del carro en silencio mirando por la ventana mientras Thomas le contaba a Paris como les había ido.

Como aún se sentía algo débil, Luisa se estuvo descansando en su apartamento un par de días. Cinthia llegó y se estuvo con ella haciéndole compañía, pero en cuanto se sintió mejor, ella viajó de regreso, tenía cosas que hacer y las había dejado en suspenso.
Una vez que se despidió de ella, Luisa decidió salir a dar una vuelta y terminó yendo a comprar un té chai al Starbucks. Al recoger su té y dirigirse a la salida se le acercó un tipo.
—hola, disculpa que te interrumpa — le dijo el tipo sonriéndole — pero es que tengo un problema y quisiera saber si podrías ayudarme — Luisa se quedó mirándolo intrigada antes de contestarle.
—que problemas tienes? — preguntó con curiosidad.
—veras, desde que te vi entrar note la férula de tu muñeca — le dijo señalándole el brazo — seguro has de batallar mucho por eso, no?
—ese es tu problema? Que yo batalle mucho por tener la muñeca lastimada?
—no, no es eso, es que me cruzó por la mente como es que te la lastimaste? — Luisa soltó una risita.
—de nuevo, ese es tu problema?
—no — le dijo sonriendo — mi problema es que cuando entraste me deslumbraste completamente y no te he podido quitar la vista de encima — Luisa sonrió apenada bajando la cara — en la mañana al levantarme jamás imaginé que me toparía contigo — se puso un poco tensa de nervios, el tipo la había reconocido.
—creo que estas exagerando — trató de seguir hacia la puerta, pero él le cortó el paso.
—no, no te vayas, por favor.
—tengo que irme — le dijo señalando la puerta y borrando su sonrisa.
—ok — dijo con algo de pesar — pero no seas mala, quisiera… quisiera pedirte, si no te molesta, tu… tu teléfono — el tipo había empezado a tartamudear un poco, ella frunció el ceño.
—mi teléfono? — el tipo asintió — por qué habría de dártelo?
—debes admitir que hice un gran esfuerzo al venir a hablarte — sonrió nerviosamente.
—ese no es un buen motivo para dártelo.
—y si te invito a cenar? — volvió a reír.
—eso suena a soborno, no crees?
—podrías considerarlo un premio por tu paciencia conmigo.
—que persistente eres.
—algo… saldrías conmigo a cenar?
—no, ni siquiera te conozco — trató de seguir su camino de nuevo pero el tipo la tomó del brazo impidiéndoselo otra vez.
—no, no, espera — no le había agradado mucho que la agarrara así y el tipo pareció darse cuenta por su mirada y la soltó inmediatamente, la estaba exasperando pero Luisa era demasiado amable como para decírselo — existe la ligera posibilidad de que me haya sobrepasado contigo al llegar así, pero podrías tratar de entender que esta es una oportunidad que no volverá a presentárseme?
—y eso porque es mi problema? — ya no había más sonrisas en su cara, el tipo estaba perdiendo su oportunidad.
—tienes razón, no lo es, pero dijiste que me ayudarías con mi problema — volvió a sonreírle, apenas.
—solo pregunte cual era tu problema — el tipo puso una cara de niño suplicante que ella no pudo resistir más — ok, deja de hacer esa cara — el disgusto se le había pasado, la había recuperado.
—me lo darás? — preguntó esperanzado. Entonces Luisa lo pensó un par de segundos, le dijo el teléfono rápidamente sin darle oportunidad de que lo anotara y siguió su camino. Al salir por la puerta, notó a dos hombres y una mujer que reían observando hacia donde había estado ella con el tipo, seguramente eran amigos de él.

Salió de ahí y olvidó el tipo por completo el incidente y siguió su paseo por la ciudad para después de un rato volver a su apartamento donde la esperaba Thomas. Él no sabía muy bien de que humor la encontraría por lo que decidió irse con cautela con ella.
—tienes mucho esperando? — Thomas creyó escucharla normal, como era ella, pero decidió seguir con cuidado.
—no, cinco minutos si mucho… comiste? — Luisa negó con la cabeza — quieres ir a comer?
—ok — le dijo después de unos segundos de pensarlo y, entonces Thomas supo que la sobredosis había funcionado, tenía de vuelta a Luisa.
Mientras comían, Thomas respiró aliviado, Luisa volvía a ser la misma de siempre, sus ojos brillaban cuando sonreía, aunque no como antes y él sabía la razón, solo que no se mortificaría por eso, no podía resolver todo y eso era algo de lo que nada podía hacer.
Al casi terminar de comer, el celular de Luisa comenzó a sonar. Había decidido ignorar la llamada, pues pensaba que se trataba de Paris, pero lo pensó mejor y, en el último momento, contestó.
—bueno.
—menos mal que lo recordé — le dijo una voz de hombre — lo repetí un millón de veces hasta que conseguí donde anotarlo.
—perdón… quién eres? — preguntó confundida mientras Thomas la miraba, ella solo se encogió de hombros.
—Alfredo.
—Alfredo? Cual Alfredo?
—es cierto, lo recuerdo, no me presente, soy el de esta mañana en el café, Alfredo.
—Alfredo, claro… así que lo recordaste después de todo.
—sí, mis amigos se rieron de mi por repetirlo tanto pero funcionó.
—puedo imaginarlo.
—entonces… saldrás a cenar conmigo?
como sabes que no estoy saliendo con alguien ya?
—la prensa dice que no.
—la prensa no lo sabe todo.
—a lo mejor no, pero tienes que recompensar mi esfuerzo.
—hasta ahora solo me pareces un acechador.
—podría llegar a confundirse con eso, pero es una línea muy delgada — soltó una risita y Thomas sintió un poco de celos, quien era quien la hacía reír? Él había tenido que toparse con su mal humor como para que a primeras de cambio alguien simplemente llegara y ella riera con él así, sin dramas ni nada vamos, no pierdes nada.
—ok — le dijo después de pensarlo unos segundos — ya te avisare cuando.
—me llamarás?
—no lo sé.
—ok te llamo, cuando?
—bye — colgó el teléfono.
El mesero se acercó y les ofreció un postre, Luisa pidió pastel de chocolate y Thomas un pay de queso.
—un galán nuevo? — le preguntó en cuanto el mesero se fue.
—no… bueno si —sonrió algo apenada — un tipo en la mañana se me acercó en el Starbucks y me pidió mi teléfono,
—y se lo diste?
—fue bastante convincente — trató de justificarse.
—eso hiciste con el tal Sebastián, no? que por cierto, no saliste con él?
—una vez pero nada más, aún sigue insistiendo un poco.
—no pierde la fe? — negó con la cabeza sonriéndole, esta vez estuvo ciento por ciento seguro de que la tormenta había pasado. El mesero les trajo sus postres y Luisa empezó a comer del suyo pero no pudo evitar meter su cuchara para comer del de Thomas también, él solo la dejaba sonriente y feliz de haberla recuperado después de todo lo que tuvo que aguantar.

Alfredo hizo su mejor esfuerzo y al fin la persuadió de que saliera con él. Empezaron a salir y el creía que la relación iba bastante bien , pero eso no era lo que ella opinaba.
Una tarde en que Thomas y Luisa estaban sentados en la estancia del nuevo apartamento ella viendo la tele (Thomas la había convencido que ella lo había comprado hacia unos meses, batalló, pero al fin lo logro, o eso creía el, ella aún tenía sus dudas pero como no recordaba mucho de eso no quiso discutir mas) pasaron una nota de ella donde se veía cómo iba saliendo con Alfredo de un restaurant, decían que era su última conquista y que esperaban que él si durara.
—te sorprendieron ahí? — preguntó Thomas.
—si… y como no podía quedarme en el restaurant por siempre tuve que salir.
—no les dijiste nada?
—no, que les iba a decir si lo que quería era desaparecer de ahí.
—esperemos y este te dure, sino, la prensa no te quitará la etiqueta que te pusieron — se quedó pensativa, pero ya no le dijo nada a Thomas al respecto — no te molesta que digan esas cosas de ti? — volteó a verlo con expresión seria.
—no — le dijo por fin — no puedo hacer nada si me deja de gustar, que hago? sigo con él con tal de que la prensa no hable de mí?
—no… tienes razón — le dijo sonriéndole — no puedes vivir complaciéndola.
—exacto — le dijo sonriéndole también.
Ahora pasaban mucho tiempo juntos, debía estar atento lo que pasaba a su alrededor, cuidar de que algo pudiera traerle algún indicio de lo que le habían borrado, o eso era de lo que él quería convencerse.
La prensa siguió sorprendiéndolos a donde quiera que fueran. No dejaban de fotografiarlos cuando salían a cenar, o cuando paseaban por la ciudad y cada nota era pasada por televisión. Decían que Alfredo había logrado superar el límite de los seis meses y bromeaban al respecto de que, al parecer, había encontrado con quien sentar cabeza. Luisa incluso le había preguntado a Alfredo si tanta atención de la prensa no le molestaba.

—es el precio que tengo que pagar por estar a tu lado — él no lo supo pero con eso firmó sus sentencia. Luisa sintió en ese momento el mismo rechazo que sentía con todos los demás en cuanto las cosas se enseriaban demasiado, y supo que Alfredo pasaría a ser parte de la lista de los caídos.

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