miércoles, 29 de junio de 2016

CAPITULO IX

Pasaron un par de días y no sabía nada de Fabiola, ni mensajes, ni llamadas ni nada y yo tampoco hice nada por buscarla. Yo no sabía lo que pasaba con ella, ni lo que pensaba, pero si sabía que yo la estaba pasando muy mal, solo pensaba en lo que nos habíamos dicho, pero el enojo que sentí cuando me reclamó no cedía aun, estaba presente y eso no me permitía hablarle, estaba siendo orgullosa y no sentía que debía buscarla.
Pero como todo, el enojo empezó a ceder y fue cuando pensé que a lo mejor debí de haber sido un poco más comprensiva en vez de ponerme tan a la defensiva con ella.
Esa semana llegó a su fin y el sábado, saliendo del club, Diego me alcanzó en el estacionamiento, había estado evadiéndolo y me imagino que estuvo esperando a que saliera.
—hola nena… que tienes planeado hacer hoy? No quieres ir a cenar conmigo?
—Diego no, la verdad es que no tengo ánimos.
—por qué? Puedo ayudarte en algo?
—no, solo… no es nada… nos vemos después — me subí al carro sin decirle más y él se quedó mirándome algo confundido.
Llegué a mi casa y me metí a bañar (ni siquiera para eso quise quedarme más tiempo en el club), después me dejé caer en la cama y prendí la tele. Mi celular sonó varias veces pero ni siquiera me molesté en ver quién era.

Empezó a obscurecer y sentía una presión en el pecho que casi me ahogaba. Sin pensarlo, y en un arranque que tuve cuando la cabeza se me hubo enfriado (y haber tratado de haberme puesto en el lugar de Fabiola), me subí al carro y cuando menos pensé ya estaba afuera de su casa. Iba a tocar, pero cuando puse la mano frente a la puerta, la mamá de Fabiola la abrió, iba saliendo y me dijo que pasara, que Fabiola estaba en su cuarto y que subiera a buscarla. Mientras subía las escaleras sentía que el corazón me llevaba ventaja.
—mamá? Se te olvido algo? — escuché que gritó cuando me escuchó subir las escaleras. Abrí la puerta  de su cuarto con la mirada algo baja y Fabiola, al verme en la puerta, se levantó de la silla y corrió hacia donde estaba.
—Lulú… perdóname, no debí… — la tomé de la cara y ella me besó pasando sus manos por mi espalda. Nos besábamos como si no hubiera un mañana. Sus manos empezaron a pasear por mi cintura y me jaló dentro del cuarto llevándome en dirección a la cama, tropezando con algo que había en el suelo, no alcancé a ver que era, ni me importaba, estaba demasiado ocupada en los labios de Fabiola, lo bueno fue que alcanzamos a equilibrarnos entre las dos. Baje mis manos de su cara, y, al pasar sobre sus pechos, lo hice lentamente, hasta que llegue a su cintura. Fabiola supo en ese momento que no le pondría más trabas, pues sus manos empezaron a recorrerme por los lados para luego pasarlos al frente, sobre mis pechos, donde se tomó su tiempo y delicadamente empezó a recorrerlos. Bajó sus manos despacio por mi estómago mientras yo, en su cintura, luchaba por levantar un poco su blusa para poder sentir su piel. Entonces ella, metiendo sus manos debajo de mi blusa, empezó a levantarla, tuve que quitar mis manos de donde las tenía para levantar los brazos y Fabiola tuvo el camino libre para deshacerse de la blusa aventándola. Tomándome de nuevo por la cintura, me dejó caer en la cama, logrando así ver con lujo de detalles lo que había estado anhelando desde hacía mucho. Se hincó sobre una rodilla en la cama y gateó hasta quedar sobre mí sentándose a horcajadas y pasando sus manos a mi espalda desabrocho mi brasier, sus manos acariciaron mis hombros al bajar por ellos y los brazos librándose del él, y sin ningún obstáculo, empezó a acariciarme los pechos con sus manos y fue cuando no dejó lugar a dudas de que le pertenecían. Le quité la blusa y luego le desabroché el pantalón batallando un poco mientras ella, aprovechándose de eso, hizo lo mismo con el mío, pero sus manos se vieron más agiles y lo consiguieron primero. Se quitó los suyos y siguió recorriendo mi cuerpo haciéndome sentir que estaba en el cielo. Mi corazón estaba a punto de estallar. Logré desnudarla con un poco de su ayuda y fue cuando, estando las dos desnudas, logramos dejar todo atrás. Sus manos recorrían cada centímetro de mi ser y cuando puso una de ellas en mi entrepierna no se lanzó a las primeras, recorrió con la punta de su dedo cada línea de mis labios suavemente y poco a poco fue abriéndose paso, y yo, al sentirla tratando de entrar, me estremecí.
—relájate — dijo mientras me besaba en el cuello — quieres que me detenga? — lo único que atiné a hacer fue negar con la cabeza y luego sentí como sonreía en mi cuello y siguió entrando, luego salió y volvió a entrar despacio. Luego de algunos movimientos así, fue el turno de mi centro y fue cuando no pude contener un gemido haciendo que ella volviera a sonreír sobre mis pechos. Su movimiento aceleró un poco más pero después se detuvo. Sentí como movía su cuerpo sobre el mío, hasta que posicionó su cabeza entre mis piernas y su lengua continuó lo que su mano dejó inconcluso hasta que no pude más y, arqueando mi espalda, me hizo tener un orgasmo como nunca lo había tenido.
Después de pasada la excitación, Fabiola se quedó mirándome de pronto, no sabía lo que veía exactamente hasta que pasó sus dedos por mis brazos.
—estaba fuera de mi — me dijo aun con la vista fija en algún punto. Yo por un instante no sabía a lo que se refería, pero luego puso sus dedos sobre los que estaban dibujados en mi brazo, en moretón, aunque ya estaban borrándose.
—no te preocupes, no me dolió —dije sonriendo.
—tienes mis manos marcadas en los brazos… tuvo que dolerte?
—tanto… no me dolió tanto.
—jamás volveré a lastimarte… nunca — por su voz me di cuenta que en verdad se sentía mal por eso.
—ok… es una promesa? — asintió y le sonreí aún más y ella me besó.
Luego, en un instante, me volteó boca abajo. Yo no sabía lo que se proponía, solo me dejaba llevar. Cuando me puso como ella quería, comenzó a besarme el trasero, fue cuando me confeso, por primera vez, que le encantaba. Me volteé rápidamente, me moría de la pena. Desde entonces no perdió oportunidad jamás de tocarlo, besarlo, etc, y yo, pues con el tiempo, me acostumbre a que lo hiciera, y ahora simplemente la dejo hacerle lo que quiera.

—es un muy buen trasero el que tienes — le dijo Thomas para molestarla, aunque en verdad pensaba eso. Luisa le pego en el brazo con fuerza.
—simplemente olvida que te dije eso — su cara estaba roja como tomate.
—todo ese tiempo estuvo esperándote? — volvió a interrumpirla Thomas.
—sí.
—cuanto tiempo esperó?
—casi 8 meses. Ahora me doy cuenta que fue demasiado, y, además de que la trate mal en ciertas ocasiones, me arrepiento mucho de eso.
—bueno si, pero al final la recompensaste — Luisa le sonrió un tanto cohibida — o as bien tu trasero — dijo divertido y el golpe no se hizo esperar de nuevo.

Después de eso, siempre procuraba poner a Fabiola en primer lugar, pero hubo ocasiones en que me acompañaba con Cinthia y los demás a pesar de que sabía que no quería, ella accedía.
A Diego por otro lado, si lo había dejado un poco abandonado y me lo hacía saber, a veces tenía ganas de seguirle la corriente y otras no, y entonces decidí que lo mejor sería terminar con eso de una vez antes de que él se entusiasmara más (aunque por mi conducta apática hacia él no lo creía) y termináramos mal. Hablé con él y le expliqué que, por el momento, no quería una relación, ni nada, y no quería que él y yo arruináramos la amistad que teníamos por eso y esas cosas trilladas. Pareció entenderlo, aunque con evidente desilusión.
A partir de entonces, las cosas entre Fabiola y yo mejoraron mucho, ya no se sentía como al principio y eso era lo más importante. Aunque la situación no era la ideal, ambas poníamos de nuestra parte para no volver a caer en lo mismo, y Cinthia ya no me presionaba tanto, parecía comprender.
También había ganado el torneo del club y el agente me dijo que con eso había logrado hacerme notar y consiguiendo algunas invitaciones de otros torneos un poco más importantes y, por supuesto, había salido una que otra oferta de algún producto, nada estratosférico pero si muy buena participación. El tiempo pasó y Fabiola casi terminaba una maestría y mi carrera estaba encaminada.

Y un buen día en que iba saliendo del club, Fabiola me habló al celular. Tenía algo muy importante que decirme, parecía estar un poco acelerada, pero yo tenía que ir a mi casa a hacer unas cosas, mi mamá necesitaba que le ayudara y dijo que me vería ahí cerca de las 8. Fue muy puntual.
—espera — le dije cuando le abrí la puerta de mi casa — mi mamá está por irse — no le di oportunidad de decir nada, la agarré de la mano y la jalé adentro llevándola a la cocina donde mi mamá buscaba su bolsa. Una vez que se hubo ido, nos quedamos solas y nos sentamos en la mesa del desayunador que estaba en la cocina.
—quieres algo?
—no… agua… no, nada — la miré frunciendo el ceño y sonriéndole, estaba nerviosa. Le serví un vaso con agua y se tomó más de la mitad rápidamente.
—que me querías decir? — le pregunté sentándome frente a ella. Tragó saliva, parecía estar pensando las cosas muy bien antes de decirlas.
—me hicieron una oferta de trabajo — sentí que mis labios dibujaban una sonrisa — en un prestigioso laboratorio.
—en serió? — ella asintió mirándome como intrigada — que bien – me levanté de donde estaba y fui, y la abracé emocionada por su éxito, ella me besó en el cachete y me sentó en sus piernas — aceptaste ya? —  fue cuando se quedó seria.
—primero tenía que decírtelo.
—por qué? — pregunté confundida. Bajó su mirada a mis piernas y su manó empezó a acariciar mi rodilla — de que se trata? Acaso es fuera de aquí? — dije jugando, pero mi sonrisa se fue borrando poco a poco cuando vi que se quedaba seria, le levanté la cara de la barbilla — es fuera de la ciudad? — esta vez se lo pregunté con seriedad.
—no… del país — sentí como mis ojos se abrían por el asombro — en Vancouver — no supe que decirle y solo me quedé callada observándola, pero no por mucho tiempo, fui bajando la vista poco a poco, sentía su mirada penetrándome pero no me decía nada. Hacía dos días que me había dicho que quería vivir conmigo, eran planes a futuro, nada cercano, pero le había dicho que sí.
—deberías aceptarlo — le dije rompiendo el silencio y levantándome de sus piernas y fui y me recargué cerca de la ventana, dándole la espalda, no quería que viera mi expresión de decepción.
—¡NO! — giré sobre mis talones y volteé a verla algo sorprendida — no lo hare si significa que tengo que dejarte — seguí mirándola sin decirle nada — dime que vendrás conmigo — su tono se oyó suplicante, se me acercó y me agarró de las muñecas — si no vienes conmigo no hay forma de que lo acepte.
—pero… es que… — de pronto mi cabeza daba demasiadas vueltas, eso era demasiado para mí — no se… no pu… irme contigo? — terminé casi susurrando las últimas palabras. Mi vida estaba aquí, mi carrera estaba encaminándose bien y se veía prometedora, no sabía si podría dejarlo todo e irme con ella.
—entonces no aceptare, perdóname… — sus manos (que aún tenían mis muñecas entre las suya) comenzaron a temblar — no debí pedírtelo, tu carrera está aquí, tu agente… no, tienes razón, no acepto — me apretó las muñecas pero las soltó repentinamente. Sacó su celular de la bolsa del pantalón y empezó a marcar, y justo antes de que presionara el ultimo botón, le quité el celular de las manos.
—a quien le marcas?
—rechazaré la oferta.
—si vas a marcarles es para aceptar el trabajo — mi miró confundida — si — solté un gran suspiro, sabía que, inconscientemente, estaba presionándome de ese modo, pero no me importó — me iré contigo — sus ojos parecieron brillar esperanzados.
—estás segura? — su voz temblaba — yo aquí estoy bien, tengo trabajo, uno bueno y todo, tu allá… empezarías de nuevo, desde cero — dejé el celular sobre la formica, frente a la ventana y puse mi dedo índice sobre sus labios para callarla sonriéndole.
—si… hasta el fin del mundo te seguiría si es ahí a donde decides ir, no me importa si no puedo ser la mejor jugadora, ni siquiera seguir jugando, si no estás tú conmigo para serlo.
—pero no puedo pedirte…
—no tienes que pedirme nada, yo puedo jugar donde sea — la interrumpí de nuevo — aunque signifique empezar de nuevo.
—de verdad? — su sonrisa hacia que valiera la pena todo lo que dejaba por seguirla.
—sí, de verdad — no había pensado mucho las cosas, había aceptado por un impulso.
—no tendrás que preocuparte por nada princesa — se me echó encima abrazándome completamente loca de felicidad — me ofrecieron un gran sueldo, vamos a estar bien, no tendrás que preocuparte más que de seguir jugando así de bien como juegas, de lo demás me preocupare yo — me besó larga y apasionadamente y, agarrando mis piernas, me subió sobre la formica empujando el celular al suelo y colocándose entre mis piernas. Estaba por convertirme en mantenida.

Pero una vez que pasó esa euforia, yo tenía volver a la realidad y pensar en cómo romper el contrato con el agente, decirle a mis papás que me iría lejos y ver cómo reaccionaba Cinthia ante todo esto.
Primero decidí hablar con el agente, no fue nada fácil, teníamos un contrato y yo estaba tratando de incumplirlo, me dijo que podía verme en problemas legales y esas cosas. Solo dije que me iría a otra ciudad, que si estaba dispuesto a seguir siendo mi agente, estaba bien, pero no me detendría. Estuve explicándole lo mejor que pude de la situación en la que estaba, me preguntó cuál era la razón de irme, no le di detalles, solo que lo haría. Batallé pero después de estar tratando de convencerlo de liberarme lo hizo, no era mala persona pues de haberse tratado de alguien más seguro me hubiera demandando, pero al final solo rompió mi contrato, me había costado mucho convencerlo, aun así eso fue lo más fácil de hacer.
A mi mamá tendría que inventarle una mentira, pero debía ser una mentira bastante creíble, si la convencía a ella, mi papá no sería problema.
—mamá, tengo una idea en la cabeza y necesito que tan solo me comprendas.
—que tienes entre manos? — me miró inquisitivamente.
—hacer un viaje… un viaje largo.
—a dónde? — me dijo algo exaltada — y que pasara con el agente y el contrato que firmaste con él?
—eso lo puedo arreglar.
—a dónde quieres irte?
—no es que quiera, es que lo voy a hacer.
—a dónde?
—Vancouver — dije no muy segura.
—a Vancouver? Vancouver, Canadá? A que vas a Vancouver?
—resulta que existe allá un programa de tenis, muy bueno — a veces no sabía de dónde sacaba las mentiras — y si logro entrar podre despegar en el ranking mundial — mi mamá se quedó mirándome profundamente.
—pero aquí ya tienes agente y todo, porque dejarías lo seguro por la incertidumbre?
—creo que me iría mejor allá.
—pero…
—mamá — la interrumpí y me miró expectante — ya tomé la decisión.
—cuando?
—no sé, pero es un hecho.
—cuando tomaste esa decisión?
—hace días está rondándome la cabeza — le mentí un poquito más, otra mentira ya no sería problema.
—por qué? Quien te la puso ahí?
nadie… estuve viendo en internet y se me ocurrió.
—y que vas a hacer en lo que logras entrar a ese programa? — estar esperando a que Fabiola salga del trabajo, pensé… parecía que había logrado convencerla.
—ya lo veremos.
—pero…
—mamá… siempre puedo regresar, no?
—por supuesto que sí, esta es tu casa, pero no entiendo porque esa repentina dedición tan arriesgada.
—mejor ahora que después, no?
—pues no lo sé, pero si ya lo decidiste, que puedo hacer?
—nada… no voy a cambiar de opinión.
—te irás sola?
—Fabiola ira conmigo, al parecer una propuesta, y cuando le comenté lo que estaba pensando, me dijo que fuéramos juntas.
—ok — me dijo suspirando, me abrazó y me besó en la frente. Había salido mejor de lo que esperaba, e incluso, más sencillo de lo que imaginé.
Solo faltaba Cinthia, pero decidí mejor hacerlo después, Fabiola me había marcado y quería que fuera a verla.
Al llegar a su casa, me esperaba sentada en la puerta, parecía algo impaciente y entusiasmada.
—ven, vamos — me dijo abriendo la puerta del carro y agarrándome de la mano casi jalándome.
Me llevó dentro de la casa y, casi corriendo, subimos las escaleras hasta su cuarto.
—qué pasa? Porque la prisa?
—es que estoy algo impaciente.
—ya lo puedo ver… por qué? — me guio hasta la cama y me sentó ahí.
—desde que me dijiste que te irás conmigo no me puedo controlar — me dijo con una gran sonrisa — ya le dijiste a todos? — asentí sonriéndole — que te dijeron?
—a Cinthia no.
—porque no?
—porque en el momento que me hablaste iba a hablarle, vine para acá y decidí posponerlo hasta mañana — dije una mentirilla.
—sigues temiendo lo que pueda… sospechar?
—un poco, sí.
—y no crees que, después de todo este tiempo, ella ya se haya dado cuenta?
—puede ser — dije casi en susurro.
—y se lo dirás?
—aun no lo sé — soltó una risita y se acercó a mi tomando mi cara entre sus manos para levantarla, me besó y me empujó sobre la cama con ella sobre mí.
—quieres que te acompañe?
—eso puede ser una buena idea… en teoría.
—ok, entonces te estaré esperando con las maletas — Fabiola no podía dejar de sonreír y yo empecé a contagiarme de su felicidad y me olvidé de decirle a Cinthia por esa tarde.
Me besó en los labios, en el cuello, luego mis hombros mientras, recorría mi blusa en el transcurso de sus labios hasta que se hubo desechó de ella y lo mismo hizo con toda mi ropa.

Cuando le marque a Cinthia prefirió ir a mi casa para vernos. Estaba algo nerviosa, sabía que ella sabía que tenía algo que decirle, como haría para hacerlo? Cuando llegó tenía una expresión en la cara algo seria.
—la verdad me sorprendió un poco tu llamada — me dijo cuándo le abrí la puerta.
—exageras un poco las cosas — traté de sonreírle, estaba sintiendo un bochorno de los nervios que sentía.
—no… y no soy la única que lo piensa — entró a la casa y subimos a mi cuarto.
—quien más?
—Néstor, Carlos y Lorena, pero principalmente Sergio.
—en serió?
—sí, pero es más como una broma que preparan para ti más que nada — me sonrió.
—deberías esperar a lo que te voy a decir — dije en tono serio.
—qué cosa? — preguntó intrigada y yo solté un gran suspiro.
—voy a irme de la ciudad.
—tienes algún torneo?
—no… irme de la ciudad… — me miró pensativamente durante unos segundos.
—por cuánto tiempo?
—por… un buen tiempo…
—que tanto? — ahora su tono era demasiado serió.
—no lo sé… tal vez… por siempre — sentía que me miraba de una manera en que quería ver a través de mí, y duro así por un rato, el cual sentí eterno y yo ni siquiera podía verla a la cara, ya no digamos a los ojos.
—con Fabiola — dijo por fin — te vas a ir con ella? — no le dije nada pero no necesitaba, solo me quedé mirándola, ella ya lo sabía — por qué? A dónde? Luisa…
—me dijo que la acompañara… y le dije que sí.
—pero… Luisa y tu contrato con el agente?
—lo rompí — mi voz se quebraba.
—vas a dejar todo aquí… por irte con ella? — asentí lentamente. Ahora si no tendría dudas de lo que pasaba entre Fabiola y yo — Luisa… tú y…no, olvídalo, no me importa, al parecer — se levantó de la cama y se encaminó a la puerta.
—Cinthia… — me miró expectante, estaba lista para decirle todo, pero sentí como perdía el control de mi cuerpo y comenzaba a temblar, y, de pronto, un nudo en la garganta no me dejó pronunciar palabra, bajé la vista aterrada. Cinthia se acercó a mí y me agarró de las manos.
—ya se… no te preocupes… y lo entiendo — su actitud había cambiado.
—pero desde…
—hace algún tiempo… sé cómo te comportas cuando te gusta alguien… y más cuando sientes algo por ese alguien, como la miras… y tu estas perdidamente enamorada de ella — me quedé muda, mis sospechas no eran simple paranoia. Bajé la vista, soltó una de mis manos y me levantó la cara de la barbilla, yo tenía los ojos cerrados. No me dijo nada más, solo me abrazó y me dio un largo beso en el cachete — ahora que te irás con ella tendrás que pasar el resto de tus días aquí conmigo y los demás — asentí, las lágrimas salieron de mis ojos sin poder detenerlas y escondí mi cara en su hombro.
Después de eso, Cinthia me llevó a casa de Néstor, yo no tenía ganas pero me llevó de todos modos casi a rastras.
—Faby… te veo mañana? — le marqué cuando estaba afuera de casa de Néstor.
—ahorita no puedes?
—a menos de que no te importe que llegue muy tarde.
—como es tu especialidad — dijo entre risas.
—eso no es cierto.
—ok, solo lo has hecho dos veces, pero esas dos veces me hiciste sufrir.
—la última vez pudiste haber hecho algo al respecto.
—lo hice, pero al último pensé que sería mejor que decidieras por ti misma.
—eso no me convence demasiado — reía de nuevo.
—ok, que te parece si nos vemos mañana, tu ahora disfruta con tus amigos — no necesitaba decirle por qué no iría, salir con ellos era la única razón por la que no la veía, y ahora que me iría con ella, no me negaba nada.
—ok, mañana entonces.
—te marco temprano.
—no mucho.
ok, te amo.
—bye — cuando colgué, caminé a la puerta, pero me topé con Cinthia, quien me veía de manera graciosa, después movió su cabeza de un lado a otro sonriendo.
—ella te tendrá por el resto de sus días… debería de dejarte conmigo este tiempo por lo menos… cuándo es que se van?
—la verdad es que no sé exactamente cuándo, pero creo que es más o menos dos semanas.
—tendré que hablar con ella para que me deje esas dos semanas solo para mí — entramos a la casa y, antes de llegar junto con los demás, en el patio, Cinthia me detuvo — piensas decírselo a los demás?
—no… no podría soportar dar más explicaciones… les dirías tú? — me volteó a ver — cuando me haya ido.
—ok — dijo después de un par de segundos — pero Sergio se enojará, con las dos — la miré pensativa y sin decir nada más me jaló para ir con los demás.

Fabiola llegó a mi casa en la tarde. Estaba algo impaciente por saber que había pasado con Cinthia, si por fin le había dicho lo nuestro. Fuimos a mi cuarto, pues yo también quería preguntarle algunas cosas.
—cuando se supone que nos vamos? — mi voz tembló un poco en la última palabra, no sé si se daría cuenta.
—en tres semanas… estas teniendo dudas?
—jamás… Cinthia me preguntó cuándo y yo no sabía la fecha.
—y que te dijo Cinthia? — primero me quedé en silencio y deje que se pusiera algo expectante, más de lo que ya estaba — dime, no te quedes viéndome, me quiere golpear? — le sonreí.
—si es así no me lo dijo, pero, como sospechaba, ella ya sabía.
—y luego?
nada… solo que exigió el tiempo restante para ella — me miró algo confundida — sus palabras exactas fueron, “ya que ella te tendrá por el resto de sus días, merezco yo estos días que quedan”.
—estos días?
—eso creía yo y eso le dije, no tarda en hablarme de hecho, iras conmigo, verdad?
—ella quiere pasar el tiempo contigo princesa, no conmigo.
—no, me dijo que te llevara — frunció el ceño — en verdad, además tienes que entretener a Sergio para que no pregunte nada.
—no le has dicho? — negué con la cabeza — y a los demás? — volví a negar — no les dirás?
—Cinthia lo hará… pero cuando nos hayamos ido.
Al fin pude convencerla de que me acompañara después de insistirle un poco más.
El resto de esas tres semanas solo fueron fiestas y salidas con ellos. Cinthia se había tomado muy a pecho lo de solo estar con ella el tiempo restante y esos días fue muy poco lo que pude estar con ella realmente.

Ya solo faltaban tres días y Fabiola no me había dicho nada más, solo sabía el tiempo que quedaba y Cinthia no me daba descanso. Estaba cansada, no podía levantarme de la cama y Fabiola llegó a mi casa a sacarme de las sabanas, contrario a lo que siempre hacia, querer meterme en ellas.
—aun no te levantas? — dijo cuando entró a y me vio en la cama — pero si ya va ser la una.
—no me podía levantar — le dije con la voz ronca.
—Cinthia no te deja descansar?
—no, pareciera que quiere acabar conmigo matándome de cansancio.
—y alcohol.
—eso también.
—podrías decirle que necesitas por lo menos un día, que ella no se cansa?
—no sé, pensaba decirle que ahora me dejara en cama — en eso sonó mi celular — mira, hablando del diablo… Necesito decirte algo antes que me digas nada — dije al contestar el celular.
—me harás una propuesta indecorosa?
—casi… necesito que me des esta noche libre.
—mmm bueno, pero solo por esta vez.
—estas también cansada, no?
—no… si… pero un poco, pude haber aguantado perfectamente.
—sí, seguro… nos vemos mañana pues.
—bye.
—listo, me quedare en cama… quieres acompañarme? — le dije destapándome un poco.
—de hecho venia para ver si Cinthia te daba un tiempo libre y me acompañaras a hacer unas cosas, pero no te preocupes, tu descansa — se sentó enseguida de mí.
—no, a donde querías ir?
—tengo que ir a varias partes, a la agencia, ir por una maleta porque una de las que tenia se rompió.
—usa una de las mías, iremos a donde mismo — me sonrió.
—y tengo que ir a hacer otras cosas… por cierto, por qué no has hecho tus maletas?
—aún tengo tiempo, la tendré lista, no te preocupes.
—ok… entonces me voy — al levantarse, alcancé a detenerla de la mano.
—espera, me levanto y voy contigo.
—mejor descansa, vengo más tarde.
—no — no había soltado su mano, por lo que no pudo alejarse — iré contigo. Volveremos más tarde y me esconderé en la cama, pero ahora, puedo ir contigo — la solté y me levanté aun aflojerada.
—estás segura? — me preguntó con su sonrisa.
—completamente — me bañé rápido y me cambie mientras Fabiola solo me observaba a cada paso que daba.
Casi toda la tarde estuvimos de aquí para allá, comprando cosas, incluso haciendo algunos encargos de su mamá, al último, dijo que iríamos por una maleta nueva.
—es mucho lo que tienes que echar en esa maleta?
—no… no sé, no estoy muy segura.
—por qué no llevas a mi casa lo que te falta y vemos si cabe, si no compramos una.
—ok, es una buena idea — entonces nos dirigimos a mi casa — por cierto, tengo una canción mejor para ti — la miré con el ceño fruncido, Fabiola prendió el estero y empezó la canción — creo que es más apropiada — entonces escuche a Steven Tyler cantando fly away from here.
—me llevaras volando de aquí?
—haremos nuestras maletas y volaremos al cielo, donde nuestros sueños se encuentren — le sonreí y la besé. Debía admitirlo, la canción era perfecta ahora que estábamos por irnos, como dijo ella, era perfecta para nosotras.

Estuvimos en mi casa el resto del día, hasta muy noche que me quedé dormida y no desperté hasta el día siguiente y me di cuenta que Fabiola se había ido y entonces la llamé.
—no quise despertarte y me fui silenciosamente.
—debiste despertarme.
—no, era mejor que durmieras, ya lo dijo Cinthia, tendremos demasiado tiempo para recuperar.
—ok.
Esa noche Cinthia volvió a hacerme ir con ellos, y también la noche siguiente, a pesar de que le dije que volaría al día siguiente temprano. No me dejó quedarme en casa, ni terminar la maleta, que tenía hecha a medias a mitad del cuarto. Cinthia decidió llevarme a mi casa cerca de las tres y continúo con lo que toda la noche había estado haciendo, estar sobre mí, abrazándome y diciéndome que siempre me querría y que nunca fuera a olvidarla. Sergio y los demás la veían medio raro, pero asumieron que estaba algo pasada de copas y no hicieron mucho caso porque, al parecer, estaban ellos pasados de copas también. No quería saber cómo es que se pondría Sergio cuando Cinthia le dijera que me había ido, pero si sabía que se enojaría, y mucho.
—Cinthia, podrías no decirle a Sergio de… Fabiola y yo?
—no Luisa, no lo hare, eso solo yo lo sabré — me dijo sonriendo.
—ok.
—me da gusto que hayas confiado en decírmelo… aunque lo haya descubierto yo antes, y no me lo dijiste exactamente,  pero pudiste haberlo negado.
—iba a hacerlo… pero Fabiola me convenció que sería mejor que te dijera.
—Fabiola? En serió?
—aja – dije algo distraída — que debía confiar en ti — Cinthia me vio algo asombrada, creo que no estaba tan pasada de copas como creía — sí, algo debió de ver en ti que sabía que podía decirte.
—quien lo diría? — me volvió a abrazar y me dio otro beso largo, como cuando le dije de Fabiola.
Al fin se fue, entré a la casa y subí a mi cuarto, vi el tiradero que tenia de la maleta a medio hacer, con las cosas que Fabiola había traído, no creía que cupieran. Me senté en la cama y me quedé solo viendo todo, pero tuve que ponerme a esa hora a terminar lo que había dejado inconcluso, solo que me ganó gano el sueño y me quedé dormida sobre una maleta.
Me desperté sintiendo que me movían, abrí los ojos y vi a Fabiola frente a mí.
—sabía que te quedarías dormida y no terminarías — me dijo sonriéndome — ni siquiera te quitaste los lentes?
—no — le dije tallándome los ojos, me vio pestañear demasiadas veces y me sonrió.
—ven — dijo dándome la mano — te ayudo a terminar de acomodar todo.
—qué hora es?
—las 6, a qué hora te acostaste… aquí?
—mmm, llegué a las tres pero de aquí a que Cinthia se fue entré a las cuatro.
—ay Lulú, que voy a hacer contigo?
—que tienes pensado hacer conmigo?
—ya veremos — dijo pellizcándome el cachete — por lo pronto terminemos aquí.
Terminamos de acomodar todo, no hubo tiempo a que me bañara, solo me cambie, mi hermano se había despedido de mi la noche anterior y mi mamá y papá nos llevaron al aeropuerto. La mamá de Fabiola no fue porque Fabiola no quiso, sabía que soltaría en llanto y no podría controlarla después, cosa que no fue muy diferente de lo que mi mamá hizo.
Una vez en el avión, me dejé caer en el asiento y justo después de despegar me empecé a sentir mal, solo que Fabiola iba preparada para eso y sacó algo de su bolsa y me lo dio.
—ya me conoces bien?
—no como quisiera — dijo sonriéndome — pero lo suficiente como para prever que te quedarías dormida, que te sentirías mal, también sé que eres bastante desordenada y algo torpe y que roncas cuando duermes… y sin embargo, esas son las cosas que hace que te amé más que a nada.
—de verdad? — Fabiola asintió con la cabeza — yo no ronco.
—lo haces, pero es un sonido hermoso — sonrió divertida.
Cuando me sonreía sentía que nada más importaba y podía convencerme de que todo en el mundo estaba bien, aunque no fuese así. Hizo un ademan de besarme, pero se contuvo y solo me agarró el cachete con la mano.
—como lo sabes?
—te he escuchado cuando dormíamos juntas, la primera vez cuando me ayudabas en mi trabajo y te quedaste dormida, recuerdas?
—como sabes que será para siempre? — me miró ahora un poco consternada — como sé que no cambiara nunca lo que siento ahora?
—no lo sabes princesa, por eso le llaman salto de fe…
—no es que este teniendo dudas — le dije al ver que se había puesto algo seria — es solo que quería corroborar.
—no pienso que las tengas, hiciste tu salto de fe al subirte al avión — dijo sonriéndome.
—y tu cuando lo hiciste? — pregunté cruzándome de brazos.
—cuando te besé la primera vez en la escuela, lo arriesgue todo al hacerlo — solo le sonreí.

Era cierto, había saltado sin pensarlo mucho cuando le había dicho que sí y al subirme al avión, y ahora era cuando los miedos, que debieron aparecer antes, aparecían. Ahora, justo ahora, en que estaba en camino de mi nueva vida.
Hicimos escala en Phoenix y yo seguía como zombie y tan solo me limitaba a seguirla por el aeropuerto hasta que, por fin, llegamos a la sala de abordaje y nos sentamos a esperar a que fuera hora del próximo vuelo pues venía algo retrasado.
Fabiola fue y compró algo para comer, pero yo no pude ni terminar la hamburguesa que me había comprado.
Se sentó y me recosté poniendo mi cabeza en sus piernas, y cuando menos pensé me había quedado dormida, mientras ella jugaba con mi pelo. Me despertó cuando debimos abordar y una vez que estuvimos en el avión y hubo despegado, sacó de su bolsa unas gotas para los ojos y me las dio, le sonreí y las tomé. Fabiola había previsto todo lo que necesitaría, no sé por qué, pero eso me hizo sentir algo de ansiedad en el pecho.
Después de un día de viaje, todo debido al retraso del vuelo, por fin llegamos a nuestro destino. Recogimos las maletas y salimos del aeropuerto, tomamos un taxi y Fabiola le dio la dirección, 1082 seymour st. Llegamos después de 20 minutos al lugar, era un edificio de apartamentos.
Lo primero que noté al bajarme del taxi fue que afuera del edificio, y a lo largo de toda la cuadra de hecho, estaban paradas mujeres demasiado arregladas, prostitutas. Evidentemente eran de tarifa alta, y de hecho, algunas eran bastante bonitas y jóvenes. También noté una limosina blanca que pasaba por la banqueta de enfrente deteniéndose por unos segundos para luego arrancar.
—a donde me trajiste a vivir? — le pregunté mientras pasaba un llaverito por el sensor enseguida de la puerta, dándonos acceso al edificio.
—me advirtieron de… la atracción turística, pero la compañía tiene aquí algunos apartamentos y dije que estaba bien —dijo sonriendo mientras pasábamos frente al escritorio del conserje del edificio, quien nos miró algo intrigado — como es que te fijaste en ellas si tú nunca te fijas en nada? — me encogí de hombros sonriéndole — no te preocupes, no es una mala zona — dijo guiñándome un ojo.
—si tú lo dices.
—confía en mí.
Entramos al elevador, y ahí, volvió a pasar el llaverito por un espacio arriba de los botones y presiono el 10
—el apartamento es algo chico, pero ya conseguiremos otro más grande después — entramos y, en efecto, corroboré que era algo chico.
En la entrada había un pequeño pasillo de no más de dos o tres pasos que terminaba en la cocina, tenía la estufa, el refrigerador y un horno de microondas arriba de la estufa, rodeada de puertas y cajones. De frente a la estufa había una barra que también tenía el fregador y arriba unos anaqueles. El apartamento era de una recamara, un baño con lavadora secadora dentro de este y un cuarto pequeño enseguida, imaginé que era la alacena o algo por el estilo. Estaba amueblado, también había frente a la barra un espacio que tenía una sala al final frente al balcón y una mesa con cuatro sillas más cerca de la barra. El apartamento era chico, sí, pero era bastante bonito también.
—qué te parece? — me preguntó en cuanto dejamos caer las maletas.
—para ti y para mí? Es perfecto — le dije sonriendo. La agarré de la mano y caminé con ella hasta el balcón — aquí viviremos? — ella asintió — por siempre?
—no… te conseguiré uno mejor que este, y ahí, es donde viviremos por siempre — su sonrisa era enorme y me había vuelto a dar esa confianza que había perdido por un momento en el avión.
—no quiero uno mejor — Fabiola me miró como confundida — si ya te seguí hasta aquí… hasta la isla de Capri, y todo el camino hacia Kuala Lumpur, te seguiré a donde sea que vayas – le dije recordando una canción pero sin saber si ella lo haría.
—hasta allá?
—incluso más lejos — me dio un largo beso.
—estas son tus llaves — la miré algo confundida — funcionan igual que las mías — me dijo mostrándome con las que había abierto.
Fuimos por las maletas y las metimos al cuarto, solo las abrimos para sacar las pijamas, cepillo de dientes y la pasta, nada más, aunque, por como terminaron las cosas, ni siquiera debimos en molestarnos en sacar las pijamas. Fabiola había decidido empezar nuestra nueva vida juntas dándome un orgasmo increíble, como todos los que tenía que ella me provocaba.

El día siguiente lo utilizamos en acomodarnos pues Fabiola debía presentarse dentro de dos días más en su trabajo. Necesitábamos comprar provisiones y salimos a ver dónde podíamos conseguirlas. Resultó que, saliendo del edificio, caminando a la derecha, en la esquina había un lugar apropiado para lo que buscábamos, nester’s. Fabiola llevó lo que realmente necesitábamos y yo me encargué de las galletas, nutella y cereales, aunque si lleve leche y pan. Una vez que teníamos todo volvimos al apartamento y continuamos desempacando.
Los dos días que siguieron se nos fue en lo mismo, y así, llegó el día en que Fabiola tenía que ir a su nuevo trabajo, algo que estaba temiendo, pues entonces me enfrentaría a la realidad de estar en un lugar completamente nuevo y extraño para mí, y lo haría sola.
—no quiero dejarte sola aquí.
—tu ve, ya veré yo en que me entretengo — le dije sonriendo, me besó y se fue a su primer día de trabajo.
En realidad no sabía qué hacer, me senté en la sala y prendí la tele y me estuve un rato ahí, pero estaba aburrida, me bañé, me vestí y terminé de sacar lo que quedaba en las maletas y las acomode, según yo, en el closet. Lo hice lentamente y casi utilicé el resto de la mañana y parte de la tarde. Fabiola volvió cerca de las 6 y ya había terminado de meter todo dentro del closet y estaba guardando las maletas en el pequeño cuarto.
—estas aquí? — preguntó cuándo entró.
—si — contesté desde adentro.
—que haces ahí?
—nada — le dije sonriendo y me miró con mirada interrogante — acomodaba las maletas.
—ahh, que hiciste durante el día?
—nada importante — la agarré de la mano y la llevé a la sala — mejor dime como te fue a ti?
—muy bien — sonrió como niña — el laboratorio esta genial, las instalaciones son de primera y los demás que trabajan ahí parecen ser buenas personas.
—los demás?
—sí, bueno, solo uno fue el que me prestó mucha atención — la miré levantando las cejas — no, espera, creo que está casado.
—crees?
—sí, esa impresión me dio, el caso es que él está en el mismo departamento que yo y me estuvo asesorando en las dudas que tenía.
—por cierto, nunca te pregunte en que trabajarías.
—zonza — se rió — en el apartamento de investigación y desarrollo.
—se oye importante.
—lo es, al menos para mí — me le eché encima y la besé.

Los siguientes días fueron muy parecidos a ese, solo que ahora el tiempo me pasaba un poco más lento. Ahora no tenía algo para desempacar y que me entretuviera, y no pude evitar sentir que se me iría la vida esperando a que Fabiola llegara de su trabajo, pero no quería decirle nada de cómo me sentía.
Había estado chateando con Cinthia, pero a ella tampoco le decía como me estaba sintiendo. De lo que si hablamos fue de cómo reaccionó Sergio cuando le dijo que me había ido, se había enojado bastante, incluso con ella por no decirle antes. Los demás también se habían enojado, pero no tanto como él. También me había dicho que mi ex agente la había visto jugar y le había ofrecido un contrato. Le dijo que otra tenista lo había dejado con el contrato a medias pero la tuvo que dejar ir por conflictiva. Era obvio para Cinthia que hablaba de mí, pero no se lo dijo, solo se aguantó la risa, ya que ella sabía lo que realmente había pasado. Fuera de eso, no me tenía ninguna noticia trascendental, la extrañaba, pero no se lo dije tampoco, me alegró saber de su contrato y que su carrera parecía estar yendo en la dirección correcta, después, me despedí de ella.
Como era medio día aun, decidí salir a pasear por los alrededores esperando y no perderme. Esta vez caminé del lado izquierdo al salir del edificio. Después de caminar una cuadra, me encontré con un Starbucks, entré solo para ver si tenían granos de espresso cubiertos de chocolate, no en todos los vendían y aproveché para ver si en este sí, corrí con suerte y me compré dos cajitas. Salí de ahí y seguí caminando por la calle davie, la cual me llevó a una playa, que después supe era english bay. Me di una vuelta por ahí, no muy lejos y después decidí volver cuando iban a ser las cinco. Al entrar en el apartamento Fabiola ya estaba ahí.
—vaya una semana en el trabajo y ya te sales antes?
—no — sonrió — Román necesitaba salir antes y me dijo que yo también podía, y vine corriendo para acá para ver que estabas haciendo — le sonreí — cuál es mi sorpresa que llego y tú no estás.
—fui a pasear un poco — puse la bolsa con los granos de espresso en la barra — y ver que tal estaba la ciudad… Román?
—es quien está conmigo en la misma sección, pero él está un poco más arriba que yo… y qué tal? Te divertiste? — se acercó a mí y puso su mano sobre mi pecho jugando con los botones de la blusa.
—no mucho, tuve que caminar hasta la playa.
—no te preocupes por eso, me van a dar un carro.
—en serió? — asintió con la cabeza — de verdad eres buena en lo que haces.
—no mucho, pero el laboratorio tiene esas prestaciones, que compraste? — soltó mi blusa y agarró la bolsa que había puesto en la barra.
—unos…
—chocolates.
—en realidad son granos de espresso cubiertos de chocolates.
—no puede ser, con chocolate solamente eres hiperactiva, que pasara si comes granos de espresso?
—son muy buenos — dije agarrando una cajita y abriéndola para sacar uno. Extendí la mano y se lo di en la boca.
—sí, son ricos, pero no estoy segura que sean buenos para ti… y menos tan tarde.
—aun no lo es — agarré uno y me lo metí en la boca.
—el fin de semana vamos a pasear por la ciudad a conocerla?
—no trabajaras?
—nop, solo hasta el viernes.
—ok, me parece buena idea — dije sonriéndole.
Después nos pusimos a hacer de cenar, y por nos pusimos, quiero decir que ella lo hacía, yo solo le ayudaba o miraba.

Fabiola me despertó el sábado temprano bastante emocionada, pero yo tarde un poco en poder despertar por completo.
—vamos, que quiero ir a pasear por la ciudad contigo.
—pero es muy temprano.
—no tanto, vamos levántate.
—cinco minutos más — dije volviendo a acomodarme sobre la almohada.
—no, esos cinco minutos serán media hora, y luego te dará más flojera.
—no, eso no es cierto.
—Lulú quiero que me lleves a dónde has ido a pasear, tú ya conociste pero yo no, no es justo.
—pero no fui muy lejos — me hizo una cara de reproche y no me que quedo más que reír — ok, ok, vamos — automáticamente su sonrisa apareció.
Bajamos al sótano por el carro que le habían dado, un jetta plateado. Salimos del edificio y Fabiola se dirigió sin rumbo siguiendo el sentido de las calles, pero yo empecé a medio cabecear, solo que ella, de repente ponía la mano sobre mi rodilla presionándola un poco ocasionando que me despertara.
—no me hagas eso — le dije tratando de contener una sonrisa — no lo soporto.
—lo sé, es para que no te duermas.
—eres mala conmigo… me levantas temprano y luego me haces eso.
—no seas así, tenía ganas de estar contigo desde muy temprano — la  miré reprochándole.
—ok, solo esta vez lo pasare — en realidad había estado pasándolo muchas veces y creo que seguiría haciéndolo.
Terminamos pasando por waterfront, aunque solo estuvimos paseando por el carro me dio una perspectiva diferente de la que tenia de la ciudad. Entonces le dije que se dirigiera a la playa a la que había estado yendo, batallé un poco para orientarme desde donde estábamos pero por fin lo conseguí, buscamos un estacionamiento y nos bajamos.
—es muy bonito por aquí — me dijo cuando estuvimos cerca de la playa — tienes viniendo todos los días?
—desde que llegaste y no estaba — paseamos por la playa y después seguimos por Stanley park, cerca de la orilla de la playa, hasta que empezó a obscurecer y después fuimos a buscar un restaurant para cenar.
Una vez en el apartamento, me comí lo último que quedaba de los granos de espresso y le di uno a Fabiola, ella solo me hizo un gesto con la cabeza moviéndola de un lado a otro, pero como insistí, sin más remedio lo aceptó, esa noche no pude dormir.
El domingo caminamos por la calle granville y nos metimos en un restaurant que alcancé a ver, wings. Su especialidad eran las alitas y las servían en varias salsas, comimos ahí y nos quedamos el resto de la tarde sentadas tomando unos tragos coquetos.

Entonces todo empezó de nuevo cuando amaneció el lunes. Fabiola se fue a su trabajo y yo me quedé en el apartamento pensando en que hacer de nuevo mientras ella volvía. Decidí salir a correr, pero esta vez no me fui por la playa, preferí entrar por Stanley park.
Volví al apartamento trotando, llegué, me bañé y me preparé un sándwich para comer.
El resto de la tarde estuve sentada en la sala viendo la televisión esperando a Fabiola. Cuando la escuché que entró me senté sobre las rodillas en el sillón recargada en el respaldo.
—que hiciste? — me dijo en cuanto me vio sonriente esperándola.
—nada.
—Lulú?
—fui a dar una vuelta… por el parque.
—y que pasó? — dibujo una sonrisa expectante.
—nada… solo di la vuelta.
—ok — me dijo sonriendo — comiste?
—aja — dejó sus cosas en la barra y vino y se sentó enseguida de mi recargándose sobre mis piernas — como te fue?
—algo cansado… esta vez tuve que entregar un ensayo sobre un virus en el que trabajo con Román, pero como no estoy muy familiarizada pues me tomó demasiado tiempo, aunque Román se muestra muy comprensivo y me ayuda mucho… aun así, fue algo tedioso.
—tienes que hacerlo en un formato especifico? — me puse a jugar con su pelo.
—sí, ese fue el motivo de mi retraso, no lo entendía muy bien.
—pero ya lo entendiste?
—no del todo.
—bueno, no te preocupes ya lo entenderás… si no, Román podrá ayudarte —no podía creer que hubiera dejado salir ese comentario.
—Román? Lulú, estas celosa de Román? — preguntó con una sonrisa en sus labios, aunque no la veía bien desde donde estaba, sabía que la tenía.
—nooo — por la manera en que estire ese “no” era obvio que Fabiola sabria que lo estaba — solo que no dejas de mencionarlo — se levantó de mis piernas y me miró a los ojos.
—es casado Lulú… y aunque no lo fuera, no es de mi agrado.
—está muy feo?
—no — dijo algo pensativo — pero… no es de mi agrado.
—ok — dije algo pensativa — por cierto estuve recordando algo.
—qué cosa?
—me dijiste que me dirías quien era tu novia... — Fabiola abrió los ojos como sorprendida y sonriendo — y ya que estamos acá puedes decirme.
—creí que lo habías olvidado.
—lo hice, pero lo recordé de pronto esta mañana —me miraba mientras no dejaba de morderse el labio inferior — dime, dijiste que me dirías — se quedó mirándome unos segundos más sin decir nada.
—Alexis — yo me quedó pensativa viéndola tratando de relacionar el nombre con una cara hasta que supe de quien hablaba.
—Alexis de la clase de química? — Fabiola cerró los ojos sonriendo y asintió — la misma que se sentaba enseguida de mí? — volvió a asentir — eso explica demasiadas cosas — terminé en tono pensativo.
—cómo qué?
—algunas cosas.
—cómo cuáles? — puso su mano sobre mi rodilla pero como estaba sobre ellas en cuclillas, no consiguió lo que se proponía y la miré sonriéndole traviesamente — dime, yo te dije quién era, dime qué cosas son las que explica? — era mi turno de hacerla sufrir un poco como ella lo hizo conmigo, el problema vino inmediatamente, mis piernas empezaron  a acalambrarse.
—algunas cosas, no son importantes — empecé a desdoblarme y me hizo espacio para poder extender las piernas, y así, lograr poner su mano sobre mi rodilla y empezar a presionarla — no creo que esta vez lo logres, me hormiguea muy feo y eso no lo siento.
—de verdad? — asentí y ella presionó y yo sentí ese entre calambrito y hormigueo (diferente del que ya sentía), y me recliné hacia ella tratando de que me soltara, pero no lo hizo — creo que te equivocaste, ahora dime.
—ok, pero primero dime, porque terminaste con ella?
—para que quieres saber?
—solo dime, si?
—no fue una razón precisamente — dijo suspirando — pero decidí terminar con ella.
—por qué?
—ya no sentía por ella lo mismo… de hecho nunca sentí algo tan especial por ella — la miré con el ceño fruncido — desde que te viera la primera vez me flechaste, y como me sentí contigo desde la primera vez que estuvimos juntas…, cuando la maestra te puso a mi cargo me sentí fuera de este mundo, pasaríamos tiempo juntas y tan solo eso era especial para mí — le sonreí — ahora dime, qué cosas se explican que fuera ella.
—cuando la maestra, muy disimuladamente por cierto, frente a todos, me dijo que te pondría como mi asesora en la clase se me hizo como que Alexis hizo un gesto de desagrado, no lo vi bien, y ni siquiera estoy segura, la veía de reojo. Luego cuando nos veía juntas en la biblioteca, o algún lado, se quedaba mirándonos fijamente, y también el hecho de que hacia mi vida imposible cuando podía.
—te dabas cuenta de todo eso pero no te percatabas como te veía yo? — me encogí de hombros sonriéndole.
—a veces me fijo en ciertas cosas.
—y en las que debes no.
—es que ella era demasiado obvia, incluso una vez me preguntó por ti, y fue cuando puse más atención.
—en serió? Qué te preguntó?
—quería saber cómo me iba contigo y que si como eras al enseñarme… esas cosas, lo hacía con cierto tono, como molesta, en ese entonces no sabía a qué se refería, pero ahora todo tiene sentido.
—y como te molestaba?
—no es importante ya, además, Cinthia se encargó de eso.
—cómo?
—no sabes cómo puede llegar a ser Cinthia, ni cómo puede llegar a mirar a alguien cuando quiere intimidarte.
—o no, si, lo sé perfectamente.
—nunca lo hizo contigo.
—lo hizo, sabes que fue a verme antes de venirnos? —abrí los ojos de la sorpresa —y me amenazó.
—que te dijo?
—más me valía no hacerte daño porque ella me perseguiría hasta el fin del mundo para asesinarme — no pude evitar reírme.
—perdón, es muy sobreprotectora.
—ya lo sé, pero bueno, por qué no me dijiste nunca?
—ya te dije, no sabía que pasaba con ella exactamente, no creí que fuera importante, además, Cinthia se encargó de ella— Fabiola se quedó pensativa — ella no quería terminar? — ella negó.
—ella sabía que me gustabas mucho… y me lo hizo saber — de pronto me preocupó un poco eso — pero le dije que no pasaba nada, y así era, pero para ella, era evidente que empezaba a sentir algo por ti.
—y no le dice a nadie?
—no, no es así, solo… estaba celosa de ti.
—pero yo no sabía nada.
—pero ella solo veía que la habías reemplazado.
—con razón a veces se portaba así conmigo — Fabiola me sonrió.
—quería volver, me decía que contigo jamás llegaría a nada, que tu jamás me harías caso, pero, como volver con ella después de haberte conocido, no importaba si jamás me tomaras en cuenta, yo era feliz con los momentos que pasaba a tu lado — me quedé mirándola algo seria.
—eres una manipuladora — le dije al fin tratando de sonar seria — no te quedaste en paz hasta que conseguiste meterte aquí — dije señalándome el corazón, volvió a sonreír y me besó.
—lo que me hiciste pasar valió la pena por haberlo logrado — era la primera vez que le decía algo así.
Volvió a besarme, y sus manos fueron recorriéndome todo el cuerpo para deshacerse por completo de mi ropa.
Terminamos las dos desnudas en la cama. Fabiola me tenía abrazada y yo le estaba dando la espalda, nuestras piernas estaban entrelazadas y yo pasaba mi mano sobre uno de sus brazos que me rodeaba mientras una de sus manos me acariciaba las pompis.
—Lulú, te arrepientes?
—de qué?
—de haberte venido conmigo.
—no, fue muy placentero — soltó una risita.
—no me refería a eso, te arrepientes de haberme seguido hasta acá.
—no — dije sin titubear, lo que me sorprendió incluso a mí.
—estás segura? Dejaste todo allá y aquí estas… con nada.
—estoy contigo.
—si pero aquí no juegas y sé que si te importa mucho… tus ojos no brillan como antes… al menos no todo el tiempo.
—no, eso no tiene importancia, de que me serviría ser la mejor tenista del mundo si no estás ahí conmigo para serlo.
—pero…
—Faby — dije volteando a verla — lo único que me importa es estar contigo — no me dijo nada, pero no estaba totalmente convencida, lo sabía por cómo me miraba. Sabía que necesitaba jugar, y aunque con ella me bastaba, los momentos en que estaba sola, me sentía desesperar.

En ese peso pasó otra semana más y solo deambulando por la ciudad. Había estado paseando por robson st., entraba a alguna de las tiendas pero no veía nada en específico y me salía después de un rato para repetir lo mismo en la siguiente tienda.
Para el viernes ya me había cansado de esa rutina, y de nuevo el fin de semana mi ánimo volvió,  pero sabía que solo duraría hasta el lunes que Fabiola volviera a su trabajo.
Al irse, no me sentía muy animada y prácticamente me estuve todo el día en el sillón viendo la tele y cuando Fabiola llegó me encontró ahí.
—si en verdad te sientes infeliz aquí dímelo — dijo acercándose al sillón, mas no sentándose junto a mí.
—no pasa nada — le dije levantándome — te digo… estoy bien — le sonreí, pero no estoy muy segura de que esa sonrisa fuera algo convincente.
—Lulú, se nota que no es cierto lo que dices y eso me hace sentir… triste.
—Fabiola… si tú estás triste, yo lo estoy, y si estas feliz, yo lo estoy, así que no te sientas así porque harás que me sienta mal yo.
—pero… — puse mi índice sobre sus labios para interrumpirla.
—Faby, no me arrepiento de nada — la vi a los ojos al decírselo — estaré contigo hasta el fin de los días — Fabiola me miraba algo seria, pero luego me sonrió.
Era verdad, no me arrepentía de haber venido con ella y dejado todo, pero si estaba sintiéndome algo frustrada por estar sin hacer algo, y esa frustración me tenía algo ansiosa, y tal vez desesperada, pero no había razón para decírselo y echarle a perder su gran oportunidad.

Teníamos dos meses  ya viviendo juntas en esa ciudad, era muy bonita, pero aun extraña para mí. Había empezado a conocerla, o por lo menos los alrededores del edificio, pero mi estado de ánimo solo subía cuando pasaba el tiempo junto a Fabiola, el resto solo disimulaba frente a ella.
Un día, decidí cambiar eso y modificar mi actitud, no me sería muy fácil que digamos, pero estaba decidida a no dejar que Fabiola me viera mas así y seguir preocupándola. Esa mañana, al irse ella, me puse unos leggins deportivos negros, mis tenis y una blusa, agarre  las llaves y el ipod, me puse los lentes y bajé por el elevador. Caminé de nuevo hacia davie st y de ahí hasta english bay para correr como debía haber estado haciéndolo. Esta vez me fui por el interior de Stanley park, aunque era enorme y jamás lo recorrería todo en esa tarde. Iba distraída escuchando música en el ipod y no me di cuenta exactamente ni por donde iba, cuando de pronto alcance a ver unas canchas de tenis. Me acerqué lentamente observando a los que estaban jugando y me detuve en la que estaba más cerca. Eran dos tipos, pero parecían estar jugando solo por entretenimiento, aunque uno era mejor que el otro. Cuando el que jugaba mejor le mandó una bola sencilla al otro y no alcanzó más que estrellarla en la red, no pude evitar soltar una risita.
—pareciera que sabes jugar mejor que él — me dijo el que jugaba mejor con un poco de arrogancia cuando me vio.
—bueno, yo habría hecho algo diferente de lo que hizo — le sonreí.
—ok, muéstranos lo que hubieras hecho — solté una risita — no?
—ok — le dije después de pensarlo unos segundos, aunque sabía que no estaba a mi máxima capacidad creí que podría con él. Entré en la cancha y el que no jugaba tan bien me dio su raqueta con una sonrisa en la cara.
—derrótalo — me dijo cuándo le di mis llaves y el ipod.
—trataré.
—te dejó servir primero — me dijo el que jugaba mejor en tono condescendiente y confiado.
—ok — solo le seguía la corriente. Así que serví fuertemente mandando la bola al fondo de la cancha y lejos de su alcance dejándolo parado, pues no esperaba ese saque.
—wow, definitivamente juegas mejor que él — solo le sonreí.
Volví a servir y esta vez sí pudo contestar, pero al devolvérsela la volví a mandar lejos de él y no alcanzó a llegar a la bola y el que no jugaba tan bien aplaudió sonriente. Volví a servir, pero de nada le valía lo que hiciera, no podía mantener el golpeteo de la pelota por mucho, lo que llevó a mi victoria de ese juego sin problemas. Ahora servía él, trató de hacer lo que yo en mi primer servicio, pero contesté sin problemas y él, apenas y llegó a la bola que le había mandado dejando la pelota a mi merced y ganándole de nuevo el punto. Solo ganó un punto de su servicio y se lo quebré. Volvía a servir yo y no hubo mucha diferencia en el juego y volví a ganar. El que no jugaba tan bien estaba extasiado al ver cómo le daba una paliza a su amigo. Gané los seis juegos del set sin problemas dejándolo en cero.
—ok, es obvio que juegas bien — dijo tragándose su orgullo con dificultad — donde aprendiste a jugar así?
—aquí y allá.
—no estaba en mi mejor forma, debes darme la revancha.
—crees que puedes hacerlo mejor?
—mañana a las 4?
—ok – le contesté sonriendo. Al salir de la cancha, el que no jugaba bien se despidió de mi sonriente y me dio mis cosas.

Volví al apartamento trotando, subí por elevador, entré y dejé todo sobre la barra y me metí a bañar y cuando me estaba vistiendo escuché que Fabiola llegaba.
—saliste de nuevo temprano? — le grité desde el cuarto, como si el apartamento fuera enorme.
—sí, de nuevo esos formatos que tengo que llenar pero Román… — escuche que rió por lo bajo cuando dijo su nombre y yo también — me dijo que los dejara así y que mañana los terminara. Pero me alegró de haberlo hecho — me miró de arriba abajo, me había agarrado a medio vestir y, aunque ya me había puesto el pantalón, no los había abrochado y aún estaba en brasier.
—tienes la especialidad de saber cuándo llegar — le dije jugando con la blusa en la mano. Se me acercó y puso sus manos sobre mi cintura besándome.
—ya comiste? — negué con la cabeza — que raro — dijo sarcásticamente — ni hablar princesa, vístete, vamos a comer que muero de hambre… por cierto, hoy te ves diferente, que hiciste cuando saliste a pasear?
—nada en especial — mentí un poco.
—segura? Tus ojos parece que brillan de nuevo.
—es porque te estoy viendo.
Fuimos a un restaurant que estaba cerca, en granville, y después volvimos. No le mencioné a Fabiola del juego que había tenido, ni de que jugaría al día siguiente, no quería que pensara que estaba diferente por eso y volver a tratar de convencerla que todo estaba bien.

Cuando Fabiola se fue al trabajo desayuné y me vestí para ir a trotar, había perdido el interés en ir a jugar contra ese tipo que se creía que jugaba muy bien, así que solo volví al apartamento. Pero cambié de opinión de nuevo y, a las 3 y media, volví a salir trotando para ir hacia las canchas.
Al acercarme, alcancé a ver que los dos tipos ya me esperaban, me había retrasado un poco.
—pensé que ya no venias — me dijo el que jugaba mejor.
no, solo me retrasé un poco.
—ok, juguemos— sonaba determinado a vencerme.
Entramos a la cancha, el que no jugaba tan bien me preguntó que si quería usar su raqueta y sonreí asintiéndole.
—vuelve a humillarlo — me dijo al dármela — lo hiciste enojar ayer… por favor, vuelve a hacerlo de nuevo — dijo bastante divertido.
El que jugaba mejor se acercó a mí no tan sonriente como el día anterior, pero trataba de hacer un esfuerzo, evidentemente aun molesto por su derrota, había herido su orgullo.
—te dejó servir de nuevo — me dijo en tono serió, asentí sonriéndole y fui al extremo de mi lado de la cancha. Serví como la primera vez, con mucha potencia, pero él, esperaba que hiciera eso y lo contestó, no fue muy fuerte su devolución y al recibirla decidí cambiarle el ritmo con una volea, al no llegar él a la pelota y yo conseguir el primer punto, la mirada que me hizo no fue nada agradable y yo no pude evitar sonreír traviesamente, lo mismo que su amigo. Estaba descubriendo que me divertía molestarlo de esa manera, incluso durante el partido seguí provocándolo con los cambios de jugada repentino y lo traje por toda la cancha. Él me ganó tan solo un juego esta vez. Cuando terminamos de jugar el set, estaba evidentemente molesto y su amigo riendo ayudaba a que su enojo fuera más serio de lo que merecía la pena.
—en realidad lo hiciste enojar — dijo el que no jugaba tan bien con una sonrisa burlona al acercárseme — especialmente siendo una mujer.
—porque es eso?
—no puede soportarlo… — en eso se acercó el que jugaba mejor.
—sabes? tengo un amigo que juega mejor y apuesto a que puede derrotarte.
—es tan bueno como tú? — le dije con algo de sarcasmo. Su amigo y yo reímos, pero el solo sonrió a fuerza.
—no, es mejor, quieres jugar contra él?
—ya veremos
—tienes miedo?
—no — sonreí una vez más — jugaré con él.
—ok, nos vemos mañana aquí de nuevo?
—no te cansas de perder tus apuestas?
—mañana, a las 4.
—no puedo a esa hora, más temprano?
—a qué hora puedes?
—al medio día.
—ok, mañana nos vemos.
Le di la raqueta a su amigo y salí de la cancha para irme caminando tranquilamente de vuelta al apartamento. En el camino, llegué al Starbucks y compré más granos de espresso. El haberle dado una paliza a ese tipo del parque (que, por supuesto aun no sabía cómo se llamaba ninguno de los dos) me había puesto de muy buen humor y el resto de la tarde estuve bastante alegre. Por supuesto Fabiola lo notó y me preguntó el motivo, no sabía si decirle lo que había hecho o no.
—fui al parque a correr — decidí decirle, no tenía por qué ocultárselo. Nos sentamos en el sillón y empecé a contarle lo que había pasado — me topé con unas canchas de tenis ayer — Fabiola me escuchaba atentamente — me acerqué a ver a quienes jugaban y ahí estaban unos tipos. Uno de ellos me dijo que jugara contra él y, al ganarle, parece ser que lo ofendí demasiado.
—por qué?
—eso me dijo su amigo, bueno, el caso es que me dijo que jugáramos ahora de nuevo, ya sabes la revancha y esas cosas — le dije haciendo gestos con las manos — volví a ganarle y eso hizo que se enojara aún más, según su amigo — ella sonreía mirándome atentamente.
—de ahí vienes? — asentí con la cabeza — y por qué no me dijiste ayer?
—no se… — me encogí de hombros – no quería que pensaras que esa era la razón de mi cambio de humor.
—y lo es?
—una parte pequeñita puede ser que si — le dijo presionando el índice y el pulgar frente a ella y cerrando un ojo con la cabeza ladeada — pero lo demás no.
—y porque me mentiste y dijiste que no era nada?
—no te mentí, en verdad era nada — le hice una mueca de niña traviesa y ella me sonrió.
—princesa… la próxima vez que te pregunte que si pasa algo, y así es, me lo dirás? — asentí sonriéndole — ok, y que más pasó con ese tipo?
—después de que le gané, me dijo que tenía un amigo, que seguro él si me ganaba, no le dije nada, pero lo tomó como si tuviera miedo y así me lo hizo saber.
—y le dijiste que jugarías? — asentí de nuevo — mañana?
—sí, pero ya me arrepentí — torcí la boca hacia la derecha con un ojo cerrado.
—por qué?
—no sé, es como si estuviera presumiendo de algo, no?
—no – dijo algo pensativa – no creo Lulú, deberías de ir, pero si no quieres, está bien, no tienes que hacerlo si no quieres.
—crees que deba hacerlo? — ella me asintió sonriente — y así me tendrá entreteniéndolo hasta que encuentre a alguien que si me gane.
—pues entonces, en ese caso, le dirás que querías darle una victoria entre tantas derrotas.
—eso me agrada… sí, eso suena bien.
—jugaras?
—sí.
—quisiera ir a verte — dijo con pesar.
—no tienes tiempo libre al medio día? — le dije agarrándole el cachete con la mano, y negó moviendo la cabeza de un lado a otro — no te preocupes, ya habrá más oportunidades, no?
—estoy segura —sonrió apesadumbrada.

Fabiola se fue a su trabajo temprano y me dijo que jugara a ganar. Yo desayuné y me alisté para irme, agarré mi raqueta y la guardé en mi maleta. Al llegar a las canchas, el que no jugaba tan bien se me acercó.
—esta vez trajiste tu raqueta, eh? — asentí — por cierto, cómo te llamas?
—Luisa.
—Luisa, mucho gusto, no te he agradecido por poner a Roberto en su lugar. A veces se pone insoportable por qué no puedo ganarle.
—y por qué juegas con él?
—porque me gusta jugar, pero no soy bueno.
—y conoces a su amigo que me va a derrotar.
—sí, se llama Thomas.
—y él por qué no juega con tu amigo?
—porque generalmente está ocupado siempre, tuvo que convencerlo para venir ahora.
—en serió?
—si… vas a ganarle a él también?
—no lo sé… por cierto cómo te llamas?
—Oscar… ven vayamos a la cancha para presentarte a tu rival.

—entramos a la cancha y ya estabas ahí, recuerdas?
—sí, de no haber sido por ese fantoche de Roberto  no te habría conocido, te dejé ganar.
—no es cierto, te gané limpiamente, aunque si me hiciste batallar, pero solo un poco.
—te digo que te dejé ganar.
—no, no lo hiciste, te gané justamente.

Terminaron de jugar y fue cuando Luisa se percató de que había varias personas viéndolos. Al parecer, se había corrido la voz de que jugarían. Luisa le había ganado por 6 juegos a 4 a Thomas y el juego había resultado bastante entretenido para los que ahí se encontraban. Thomas le dijo entonces que él era entrenador en el hollyburn Country Club, quería saber si podría darse una vuelta la próxima semana para hablar con ella y practicar unos cuantos golpes para ver que resultaba de todo eso.

Llegué al apartamento y después de bañarme me metí al refri a buscar algo de comer, terminé haciéndome dos sándwiches y en eso llegó Fabiola.
—como te fue? — me preguntó en cuanto entró y dejaba sus cosas sobre la barra.
—volví a ganar — le dije con una gran sonrisa — aunque esta vez sí batallé un poco.
—y quien era contra quien jugaste?
—resultó ser un entrenador de tenis de no me acuerdo que club — Fabiola abrió los ojos sorprendida — al terminar de jugar, me dijo que si podía ir a verlo la semana que entra — levanté las cejas y le sonreí.
—para qué? — me preguntó con suspicacia.
—no se — dije pensativa — pero mencionó algo de practicar unos cuantos golpes, entonces creo que a lo mejor él también quiere la oportunidad de desquitarse, no?
—no creo princesa, a lo mejor te quiere hacer alguna propuesta — ahora era ella quien levantaba las cejas y sonreía.
—indecorosa? — hice una cara maliciosa.
—si es así, que es lo que harás?
—me estás haciendo una pregunta capciosa? — me sonrió y empezó a jugar con mi pelo sacándolo de detrás de mí oreja derecha.
—no… solo quiero saber qué harías?
—bueno, pues primero me indignaría con él, y después saldría corriendo antes de que se le ocurriera algo — Fabiola se rió.
—no creo que te quiera hacer una propuesta indecorosa.
—entonces que se propone?
—no lo sé — no era cierto, lo sabía.
—no me quieres decir?
—no.
—porque no?
—y si me equivoco?
—no es justo, me estás diciendo que te tengo que decir lo que pasa y tú no quieres decirme lo que piensas — se encogió de hombros.
—la vida a veces no es justa princesa — empezaba a sentir que cuando me decía así, llevaba las de perder con ella.
—eres mala conmigo — le hice un puchero de niña consentida.
Seguí corriendo por el parque y, después de que hubieron pasado algunos días del juego que tuve contigo, me volví a topar con Oscar. Él parecía estar corriendo también, y después de saludarme se me unió.

—sí, recuerdo que me lo dijo — la interrumpió Thomas.
—el caso es que empezamos a tratarnos más y nos hicimos amigos.
—aja, aun me pregunta por ti de vez en cuando — Luisa le sonrió.
—sí, y así llegó el día en que fui a verte al club. Fabiola me dijo que me quedara con el carro, pero tuve que ir a llevarla al trabajo y de ahí, fui contigo.
Luisa batalló un poco, pero al final, llego al club que estaba en west Vancouver. Aunque un poco retrasada, Thomas la esperaba, y cuando la vio bajarse del carro fue a su encuentro.
—hola, te esperaba — dijo al llegar junto a Luisa.
—sí, disculpa, me retrasé un poco.
—no importa, te perdiste?
—un poco — admitió algo apenada.
—no te preocupes, ven entremos — fueron a una oficina del club, cerca de los vestidores. Thomas le ofreció algo de tomar y Luisa aceptó una coca cola — ok, según me cuenta Oscar, eres muy buena jugando tenis, y pude constar que es cierto, no juegas con nadie? — Luisa puso una cara de confusión — o sea, no tienes entrenador?
—no, tenía, pero vine a vivir aquí… y ya todo eso quedó atrás — dijo con un poco de pesar que Thomas creyó detectar, pero no estaba seguro, no la conocía bien.
—genial, quería proponerte, si quieres, que yo te entrene.
—entrenar para qué?
—para jugar… — soltó una risita — el club realiza un torneo cada año y quisiera que jugaras en él, y si todo sale bien, podrían ofrecerte que fueras una de sus jugadoras.
—que ganas tú con eso? — preguntó Luisa entrecerrando los ojos al mirarlo y cruzándose de brazos.
—pues.. — Thomas soltó otra risita, pero esta, era una nerviosa al verse descubierto — necesito tener una jugadora que yo entrene en el club.
—por qué?
—me están presionando de la mesa directiva, necesitan tener una jugadora con potencial y tu pareces tenerlo, tal vez eres un poco mayor para iniciar, pero no importa, tu apariencia ayuda.
—que no tienen más jugadores?
—sí, pero quieren una cara nueva.
—ahh — dijo Luisa algo pensativa.
—qué te parece?
—pues no sé, es algo repentino.
—lo sé, pero no pierdes nada al intentarlo, no?
—no, creo que no — Luisa seguía con el mismo tono serió y monótono.
—como está tu status? — Luisa lo miró algo confundida — en el país? Tienes visa?
—de turista.
—cuanto falta para que se te venza?
—como tres meses, más o menos.
—no te preocupes, entonces arreglamos eso y juegas para mí?
—ok… no hay truco verdad?
—no — le contestó soltando una risita una vez más — es una solución bipartita, tú me ayudas con mi problema ante la mesa directiva, y yo te arreglo tu residencia.
—ok… suena bien.
—perfecto, entonces, déjame tu teléfono y te hablarte para empezar con todo, ok?
—ok — Thomas la llevó de nuevo hasta su carro.
De camino de regreso, Luisa iba muy pensativa y algo abrumada por la oferta que le acababan de hacer. Volvió al centro de Vancouver, aunque batallando un poco, pero una vez que volvió a terreno conocido decidió pasear por las calles en el carro en lo que daba la hora de ir por Fabiola.

Apenas se subio al carro, Fabiola me preguntó muy ansiosamente que tal me había ido.
—y bien, qué tal te fue?
—bueno, primero quisiera saber que era lo que creías que me diría?
—por qué? No quisiera equivocarme.
—compláceme mi amor — Fabiola se derritió.
—no sé, supongo que quería hacerte una oferta para jugar con él, no? — me quedé mirándola con expresión entre escéptica e incrédula.
—tu sabias que lograrías enamorarme, verdad? — le dije mirándola entrecerrando los ojos.
—estas enamorada de mí? — si sonrisa era enorme.
—no — seguía viéndola de la misma forma — puedes saber lo que las personas piensan, o que harán y todo eso? – Fabiola rió.
—no, pero era lo más lógico, te ofreció un contrato?
—si – dije después de unos segundos — algo así.
—y que te propuso?
—quiere ser mi entrenador y que juegue para su club.
—en serió? — Fabiola estaba muy emocionada, quizá más que yo, solo que en ese momento estaba mostrándole mi cara seria.
—si… y dijo que me arreglara la residencia — sus ojos se abrieron de la sorpresa.
—eso es mucho mejor. Había estado tratando de hacer algo pero, a menos que… dijéramos la razón de estar juntas, no se podría.
—ya no tienes que preocuparte por eso… ni debiste hacerlo de hecho.
—cómo no? No podía dormir a veces pensándolo.
—bueno pues ya lo solucioné — le sonreí al fin.

Thomas le habló al día siguiente, quería ver a Luisa para agilizar todo. Al parecer, el torneo estaba cerca, pero en realidad faltaban como seis meses y quería empezar cuanto antes a entrenar.
Y así lo hicieron, Fabiola le había dejado el carro de planta a Luisa y ella la llevaba y la recogía al laboratorio. Empezó a entrenar en el club, y una vez que Thomas hubo arreglado todo lo de la visa, se dedicó de lleno a prepararla para el torneo. Él quería que ganara, pero Luisa no se sentía tan confiada. Lo bueno de todo era, que, como había estado corriendo casi todos los días, eso la había ayudado a no perder la condición y su juego aun lo tenía. Roberto y él mismo lo habían corroborado. Además, Thomas se sentía muy confiado, había descubierto que Luisa era ambidiestra y eso le daría, pensó él, ventaja sobre sus oponentes.
Fabiola estaba muy emocionada con lo que le pasaba a Luisa, poco a poco, ella había vuelto a ser la misma de la que se había enamorado. Sus ojos brillaban como antes, y su sonrisa volvió a ser la misma de siempre.
La mesa directiva del club parecía estar conforme con la nueva jugadora que Thomas les había llevado, y esperaban con ansias el torneo, que después supo Luisa, resultaba ser el abierto de Vancouver.
Por fin se llegó la fecha esperada del torneo. La mesa directiva estaba muy entusiasmada, al igual que Thomas y Fabiola, pero Luisa estaba algo nerviosa y desconfiada.
—quiero ir a verte — le dijo Fabiola cuando se levantaron esa mañana.
—por qué no te tomas el día libre?
—no sé si pueda… pero vas a jugar otro día, no?
—si gano hoy, sí.
—entonces tendré otra oportunidad — le dijo sonriente. Salieron del apartamento y se dirigieron al trabajo de Fabiola — te hablo cuando salga? Parece que será algo tarde — le dijo al abrir la puerta para bajarse.
—ok — le dijo Luisa sonriente.
Al llegar al club, Thomas la esperaba impaciente. La ayudó con sus cosas y casi la llevó corriendo a los vestidores donde todas las demás jugadoras se preparaban para sus respectivos partidos.
Llegó la hora, y Luisa salió acompañada de Thomas a la cancha donde jugaría su primer partido de su primer torneo desde que llegara a esa ciudad, estaba muy nerviosa. Tocó servir a su contrincante, quien, creía recordar que Thomas le había dicho, que era otra de las jugadoras del club.
Luisa recibió muy cómodamente ese servicio y lo devolvió potentemente al igual que la otra jugadora. Ese juego fue relativamente fácil, aunque Luisa no gano el primer punto por estar nerviosa, una vez que se aclimató y se relajó, se llevó el primer juego quebrando el servicio de su contrincante, ahora solo debía mantener el suyo. Consiguió hacerlo, y poco a poco consiguió ganar ese set y, en el segundo, ganó su primer servicio, pero no quebró el de su contrincante hasta que iban por el cuarto juego y eso le fue suficiente para eliminarla y pasar ella a la siguiente ronda. Thomas estaba muy contento con el resultado obtenido, la felicitó y, después de toda la algarabía, la acompañó al carro donde se despidió diciéndole que descansara para su próximo partido.
En cuanto subió al carro, el celular que Fabiola le había comprado comenzó a sonar.
—felicidades princesa, te dije que tendría oportunidad de ir a verte.
—dónde estás?
—en el laboratorio, pero me las ingenié para verte.
—como lo lograste?
resulta que televisaron el partido, fui a la cafetería y lo vi, y ahí estaban algunos viéndolo también.
—como trabajan — Fabiola rio — ya saliste?
—no, pero no te preocupes, haré que Román me llevé.
—será muy tarde?
—no, un rato más.
—pues apenas estoy en el estacionamiento del club.
—quieres venir?
—sí.
—ok, aquí te espero.

En su siguiente partido, cuando Luisa llegó al club, en lugar de pasar por los vestidores, se fue a la cancha directamente, había llegado un poquito tarde ese día y no quiso perder más tiempo.
Volvió a ganar relativamente fácil, y lo mismo pasó con el siguiente. Thomas estaba feliz con el avance de Luisa en el torneo y, según le dijo, la mesa directiva también. Y con esa racha ganó el partido de semifinal, dándole pase a la final.
—no esperaba poder llegar tan lejos — le dijo a Thomas al salir de la cancha.
—tengo buen ojo, te dije que podrías hacerlo.
—sí pero no creí llegar hasta la final.
—y ganaras.
—de eso no estoy tan segura, será muy difícil.
—ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos ahí, por lo pronto ve, a tu casa, descansa y relájate.

Fabiola le saltó encima de Luisa sorpresivamente apenas ya entró al apartamento, de no haber estado la pared, se habrían caído.
—vas a ser la campeona del abierto de la ciudad — le dijo exaltada — en el laboratorio todos hablaban de ti, de lo bien que jugabas y que resultaste ser una gran novedad.
—en serió? — dijo sin ánimos y bajando la cara, estaba apenada.
—sí, muchos apostaban a que serás la campeona del torneo, y yo aposté también.
—no debiste, la otra jugadora, según se, ya lo ha ganado antes y, pues al parecer, es muy buena jugadora — Fabiola le dio un golpecito en la nuca a Luisa.
—no, no pienses así— tu eres mejor que ella, la jugadora más sexy y más hermosa y le vas a ganar.
—ya veremos eso — Luisa la besó y terminó de entrar al apartamento. Se sentía un poco intimidada por la rival que le esperaba, y el hecho de que Fabiola le dijera que estaba ganando toda esa atención no le ayudó mucho.
La final había atraído demasiado interés entre el público, una nueva cara contra una ganadora anterior era bastante atractivo y el día del partido el estadio estaba repleto. Fabiola ese día se lo había tomado libre, no quería perderse el momento en que Luisa se convirtiera en campeona, solo que no le dijo que iría, no quería ponerla más nerviosa de lo que ya estaba.

Cuando las dos jugadoras entraron en la cancha se soltó un murmullo por todo el estadio y Luisa alcanzó a escuchar perfectamente como la otra jugadora soltaba una risita, solo que no entendió a que se debía.
Comenzó el juego, Luisa recibió el servicio que su oponente le mandó respondiéndolo muy bien. Estuvieron intercambiando golpes hasta que Luisa logró colocar el primero llevándose el primer punto, lo que la llevó a sentirse un poco más confiada de lo que había entrado a la cancha y la ayudó a ganar el segundo punto, pero después su contrincante ganó el siguiente y quedaron 15 – 30. Luisa volvió a ganar el siguiente punto dejándola a uno para quebrar el servicio, pero la otra jugadora no iba a dejar que se lo quebrara tan fácilmente y se recuperó, logrando empatar este primer juego dejando el marcador en deuce. Luisa conseguía la ventaja para el quiebre, pero su contrincante volvía a poner el marcador en deuce, después ella la conseguía y Luisa volvía a ponerlo en empate. Mantuvieron ese ritmo un par de veces, hasta que, al encontrarse en desventaja, Luisa recibió un passing shot al que no pudo llegar, lo que dio por concluido ese juego, el cual, para ser el primero, había estado demasiado intenso. El segundo, Luisa comenzó sirviendo, y, al igual que el primer juego, el intercambio de golpes de pelota se estuvo peleado, pero esta vez, Luisa defendió su servicio sin tener que llegar al deuce, aunque por momentos parecía que lo harían. Iban cuatro juegos ganados cada una y estaban 30 iguales, pero la contrincante de Luisa cambio su juego de pronto, tomándola desprevenida por unos segundos y, al mandarle una volea, Luisa apenas llegó, pero la estrelló en la red poniéndose en peligro de que le quebraran el servicio. Entonces, sirviendo de nuevo, decidió mandarla fuertemente hacia el lado izquierdo logrando que apenas le contestaran el servicio, parecía que tenía el control de nuevo para lograr empatar, pero la distracción que había tenido un poquito antes la había sacado de concentración y, al cometer otro error, su contrincante logró ese punto que ambas estaban deseando y le quebró el servicio, dejándola arriba en el marcador. Luisa bajó la cabeza agarrándosela tratando de acomodar sus pensamientos al caminar hacia su banca. El murmullo en las gradas no le ayudaba mucho, era demasiada la gente que había ido a ver el partido y, de pronto, eso la hizo sentirse con mucha falta de confianza. Entonces, al volver al juego recibía el saque pero parecía que no podía concentrarse, estrelló la pelota en la red al devolverla. Luisa empezó a sentirse frustrada al perder ese juego y por consecuencia el set.
Mientras esperaba sentada a que empezara el siguiente set, Thomas le lanzó miradas y le hizo señas para que se calmara y que inhalara, ella le sonrió y asintió y el devolvió la sonrisa y levantándole el pulgar.
Al volver a la cancha, Luisa lo hizo con paso un poco lento, sacudió la cabeza al llegar a la línea de fondo y respiró hondo, como le había dicho Thomas. Vio cómo su oponente botaba la pelota en el suelo y sirvió, el saque que recibió era muy bueno, pero ella la devolvió con fuerza con su mano izquierda y de nuevo se encontraron en el intercambio de golpes las dos. Aunque algunas veces, Luisa alcanzaba a penas a devolverla y perdió el primer punto, los nervios seguían haciendo de las suyas. “Tranquila”, se dijo sacando su mente de la cancha, “es solo el primero, aun puedo quebrar el servicio, deja de pensar en todo y concéntrate”. Con esas palabras en la cabeza, Luisa volvió a la cancha, jaló aire profundamente y al recibir, decidió cambiar el juego a su oponente como había hecho ella antes, golpeó una volea y la bola apenas alcanzó a cruzar la red, pero le dio a Luisa la oportunidad perfecta y consiguió el punto, Luisa ganó ese juego y conservó su servicio. Quería quebrar el de su oponente, y se lo grabó en la mente. La concentración había vuelto a ella y ni siquiera se enteraba de lo que pasaba en las gradas. Lo consiguió en el quinto juego, y para el sexto, logró llevarse el set. Estaban empatadas dos set para cada una, Luisa empezó jugando rápida y fuertemente, y su cambio de manos la ayudó bastante, lo que sacó de concentración un poco a su rival, lo que aprovechó para volver a quebrarle el servicio y ponerse en ventaja.
Luisa consiguió ganar el set en un apretado último juego cambiando el deuce por ventajas y desventajas, y así, se coronó como la campeona del torneo y el estadio parecía caerse con los gritos y aplausos del público.
—muy buen juego, es casi imposible leerte con esos cambios quede mano que haces — le dijo su oponente al acercarse a darle la mano sobre la red — te esperan muchas victorias como esta.
—gracias — dijo sonriéndole apenada. Thomas saltó a la cancha y la abrazó felicitándola.
—te dije que podrías lograrlo.
Cuando le entregaron el trofeo, y después de contemplarlo por largo rato, Luisa no podía creerlo, su oponente volvió a felicitarla abrazándola y los flashes no dejaban de parpadear.

Thomas asentía sonriendo cuando recordaron esa vez y Luisa continuo contándole lo que había pasado después.

Después de la rueda de prensa y todo el alboroto que pasa después de la premiación, volví al apartamento. Batallé un poco para bajar del carro con la maleta y el trofeo, pero me las ingenié. En el elevador iban dos personas conmigo, dos mujeres, jóvenes  y guapas. Y de pronto noté que me observaban demasiado, lo que me puso algo incomoda. Traté de bajar la cabeza en un intento pobre de hacerme invisible y luego, una de ellas se animó al fin y me habló directamente.
—no eres tú la que tenista que acaba de ganar el abierto de Vancouver? —le sonreí tímidamente asintiendo y dando un paso hacia atrás, pero la pared del elevador me detuvo — y ganaste ese trofeo de hecho.
—si — dije cohibía por ellas — soy yo — ni siquiera las veía de frente.
—muchas felicidades, vives en este edificio?
—aja — me recargué más en el rincón en donde trataba de que la pared me tragara sin éxito.
—eres nuestra vecina — me dijo entusiasmada — oye, podrías darnos un autógrafo? — eso hizo que me sintiera aún más incómoda, no me gustaba ese reconocimiento público.
—si — el elevador llegó al piso diez y abrió las puertas. Saqué de la maleta dos pelotas y la puse en el suelo.
—es tu piso?
—si — contesté deteniendo las puertas.
—déjame ayudarte — me dijo una quitándome el trofeo de las manos, mientras la otra me pasaba un marcador. Solo puse un garabato mi nombre en las pelotas que había sacado (ni siquiera sabía si debía poner solo mi nombre o con la firma bastaba) y se las di — muchas gracias — me dijeron sonrientes, me dieron el trofeo y me retiré de las puertas dejando que se cerraran — nos estaremos viendo — me dijo una y solo les dijo adiós con la mano.

Al abrí la puerta del apartamento, Fabiola ya me esperaba y me saltó encima ocasionando que tirara la maleta, el trofeo lo alcanzó a agarrar apenas, pero me dio un arañazo en la pierna.
—perdón, perdón, pero es que estoy muy emocionada, no sabes cómo estaban las tribunas.
—fuiste al juego? — Fabiola asintió con una enorme sonrisa — y por qué no me dijiste?
—no quería ponerte nerviosa, y cuando perdiste la concentración, pensé que había sido lo mejor. Te dije que ganarías.
—fue suerte solamente, la otra jugadora se desconcentró también y ya no pudo recuperarse.
—pero solo fue porque sabía que no podría contigo, desde el primer juego la gente estaba asombrada contigo, y cuando te caíste en el primer set, y volviste con todo en el segundo, fue la locura, todos estaban emocionadísimos, incluso les causo gracias las señas que te hacia Thomas desde las gradas — solo sonreía aun algo cohibida, en parte por lo del elevador  y en parte porque Fabiola me había puesto en un pedestal demasiado alto y me daba miedo caerme.
—lo viste?
—la cámara los enfocó. Los espectadores no dejaban de decir que eras maravillosa.
—creo que estas exagerando.
—nada, fuiste la sensación del torneo y te hiciste de un nombre con tu cambio de manos — reí nerviosa.
—al menos desquité lo que Thomas invirtió en mí.
Agarró el trofeo y lo observó orgullosa y luego lo puso sobre unos anaqueles que estaban enseguida de la mesa y se retiró de espaldas contemplándolo
—exageras demasiado — le dije mientras ella seguía sonriendo, me abrazó por la cintura desde mi espalda.
—tendremos que poner unos anaqueles más grandes para los próximos trofeos — eso hizo que me  sonrojara más — no tienes por qué sentirte así, es tu triunfo y debes festejarlo en grande.
—ya sé, pero eso me incomoda… no me siento a gusto con tanta atención pública.
—ya se… ven vamos a ver la tele a ver si dicen algo de ti — le di un golpecito en el hombro y la seguí hasta el sillón. Fabiola empezó a ponerme alcohol en el arañazo de la pierna y me puso un curita.
—sabes? estoy pensado en hacer un doctorado — me dijo mientras ponía todo en la mesa.
—en serió?  Qué bien, que te detiene?
—nada… apenas se me ocurrió.
—pues hazlo.
—piensas que debería? — asentí sonriente — perfecto — era ella quien me sonreía ahora muy entusiasmada y yo sentía que algunas mariposas bailaban en mi estómago — deberíamos ir a celebrar.
—no, mejor nos quedamos aquí.
—por qué? No es cualquier torneo el que ganaste.
—ya sé, pero… no sé y si la prensa anda por ahí?
—ok — dijo riendo con expresión divertida — pero si te compré esto — sacó una botella de champaña y la abrió y la tomamos mientras veíamos la tele.
La noticia había corrido rápido y mis papás y mi hermano me hablaron para felicitarme, Cinthia estaba con ellos, estaban como Fabiola de emocionados. Mi mamá me dijo que debía reconocer que había hecho bien en haberme ido. Luego Cinthia habló conmigo, le pregunté por Sergio, pero él, al parecer, seguía molesto, lo que me puso un poco triste.

Después de toda la algarabía y de que Fabiola se le pasara la emoción se metieron a la cama, pero justo había apagado las luces, cuando sonó el teléfono. Fabiola contestó lamentándose un poco.
—Luisa? Te desperté?
—un segundo… es para ti.
—bueno.
—te desperté? Qué pena, quien me contestó?
—no, me acababa de acostar.
—ok… te digo rápido, podemos vernos mañana?
—ok.
—a las 2? Y comemos juntos, ok? Pasó por ti a esa hora.
—ok, bye.
—era Thomas?
—aja… quiere decirme algo — volví a acomodarme en la cama dándole la espalda a Fabiola, y ella, me abrazó pasando sus manos por mi cintura y acercándome a ella.
—es guapo Thomas — solté una risita.
—aja.
—y joven… es de tu edad?.
—no… creo que me lleva como cinco años.
—en serió?
—aja… no le pregunté, pero hizo un comentario que me dio esa impresión.
—entonces es como tú que se te ves más chica de lo que realmente eres.
—entonces no sé cuántos tendrá — Fabiola me besó en la nuca — y según recuerdo, mi edad es casi la misma que la tuya.
—pero no es la misma.

—de ahí fue cuando despegaste y ya no has parado desde entonces — le dijo Thomas interrumpiéndola de nuevo.

Thomas pasó por Luisa al día siguiente como le había dicho y la llevó al restaurant Wings, Luisa no recordaba haberle dicho que le gustaba comer ahí, pero al ver cómo había sonreído, Thomas no necesitó que se lo dijera.
—la mesa directiva está encantada contigo — le dijo en cuanto ordenaron — después de que te fueras ayer, el presidente de esta me habló y me lo hizo saber, quieren que seas parte de su equipo — Luisa le sonrió mientras le daba un trago a la coca cola que había ordenado y levantaba las cejas.
—vaya, no pierden el tiempo — dijo Luisa en tono algo sereno.
—no, dicen que el partido ha sido uno de los mejores que se han visto en una final, desde el principio, entraron las dos sin querer ceder un punto — Luisa soltó una risita — mira — Thomas le pasó el periódico — incluso lo dicen aquí — Luisa leyó la nota que venía acompañada por su foto sonriente y con el trofeo en manos.




NUEVA CAMPEONA EN EL ABIERTO DE VANCOUVER

Novata sorprende en el abierto de Vancouver coronándose como campeona en un cerrado juego que dejó a los espectadores con ganas de más tenis. Incluso la veterana se mostró complacida con el juego que la novata, Luisa Licano, mostró durante el torneo, y, ante el cual, se vio doblegada. Al recibir el trofeo de máxima campeona, la veterana felicitó a la ganadora dándole un fuerte abrazo mostrando esa actitud deportiva que siempre la ha caracterizado. Luisa Licano no dio declaraciones, pero su entrenador dijo que estaba muy complacida por haber ganado el torneo, sorprendiéndose ella misma con el resultado.

—qué pena, porque dijiste eso de mí?
—que querías que dijera? Además, debiste haber dado una declaración, pero los directivos no dijeron nada porque estaban muy complacidos con el resultado.
—no quiero tener que dar declaraciones, eso no me gusta mucho — Thomas soltó una risita.
—tendrás que hacerlo.
—no, no podrías hacerlo siempre tú?
—ya veremos eso, ahora, déjame decirte lo que realmente vine a decir. Esta mañana me habló un agente preguntándome si tenías ya quien te representara y le dije que no sabía, quiere hablar contigo — Luisa se quedó algo pensativa — tienes?
—qué? — preguntó algo confundida.
—agente — Thomas sonrió, empezaba a acostumbrarse a la mente dispersa de Luisa.
—ah, no.
—perfecto, lo conozco, es bueno, sabrá conseguirte buenos contratos.
—quién es?
—se llama Paris Geller, le diré que te llame.
—ok — dijo algo distraída.
—ahora dime, quien me contestó ayer en tu casa?
—una amiga — sonrió nerviosa.
—las desperté a las dos?
—no, acabábamos de acostarnos.
—por cierto, Oscar ha estado pidiéndome tu número, dice que por mi culpa ya no corres con él.
—en serió? Y que le dijiste? — le preguntó algo divertida.
—se lo doy?
—ok — le dijo después de unos segundos de pensarlo.
—saldrás con él?
—ya veremos.
—ganas un torneo, consigues agente, y encima ya tienes pretendiente — le dijo Thomas en tono de broma — está empezando a irte muy bien. Por cierto, como premio por ganar el torneo, te regalaron un apartamento.
—un apartamento?
—sí, es relativamente cerca de donde vives ahora, dos recamaras, estudio y no sé qué más.
—en serió? No es demasiado?
—es fuera de lo común, sí, pero, al parecer, quieren mantenerte contenta y asegurarse que nunca dejes el club — Thomas sonreía divertido.

—vengo cayendo en cuenta — dijo Thomas de pronto — solo utilizaste a Oscar entonces? — Luisa asintió un poco apesadumbrada — sabes que aún me pregunta por ti?
—ya me dijiste... que le dices?
—que no quiero meterme en medio de los dos y por eso no te doy sus recados.
—él quería algo en serió y yo…
—solo una pantalla — Luisa asintió de nuevo con cara de lamento.
—no quería jugar con él, por eso cuando se quiso poner serió, lo corté de tajo.
—él en verdad estaba interesado, nunca lo había estado así con nadie.
—ya no me digas nada, ya me sentía mal desde antes… ahora me siento la peor persona del mundo. Quisiera haberle correspondido…
—pero uno no elige de quien enamorarse — dijo en tono serió, más para él que para ella.
—no… no se puede elegir, yo traté de hacerlo muchas veces, pero nadie puede ganarle a cupido.

Llegué y le di la noticia a Fabiola y no lo podía creer, como yo. Fuimos a ver el apartamento nuevo y comprobamos que era más grande y bonito, el edificio de hecho tenía alberca.
—111 west virgina — dijo Luisa sonriente — que te parece como nueva dirección?
—me parece estupendo.

Nos quedamos en donde estábamos por un tiempo. Tardamos en irnos al nuevo apartamento por decidía de ambas, y hasta que no estuvimos conformes en como lo habíamos arreglado, a mí me gustaba el otro apartamento aunque fuera masa chico, ahí había sido donde habíamos empezado a vivir juntas y no me sentía con prisa en dejarlo ir, tardamos un tiempo en irnos, cuando finalmente lo hicimos, lo hicimos con tristeza, Fabiola no me lo dijo, pero sé que se sentía igual que yo.

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