lunes, 25 de julio de 2016

CAPITULO XI

Al volver a su apartamento Fabiola se sentía más triste que nunca. Luisa acababa de decirle que  existía la posibilidad de que ya no sintiera lo mismo por ella y eso hizo que todo su mundo se le viniera encima. Todo lo que había hecho hasta ese momento no valía la pena para ella, estaba a punto de perder a Luisa, esta vez, para siempre. No importaba que ella hubiera decidido no volver a su vida, ese reencuentro había avivado sus esperanzas, y ahora estaba muriendo y era horrible, no sabía cómo podría superar esto. Luisa estaba recordando lo que había pasado entre ellas, pero parecía que no era suficiente con eso, le había dicho que tal vez ya no sintiera lo mismo por ella. Parecía que Luisa había dejado de amarla, los recuerdos volvieron, pero el amor que solía tenerle no, las dudas de Luisa estaban matando a Fabiola.
Ludovika se acercó a ella reclamándole por su falta de interés en esos días, Fabiola quiso levantarla, pero Ludovika no se dejó, estaba enojada con ella.
—solo eso me faltaba — dijo en voz alta conteniendo las lágrimas — que tú tampoco quieras nada conmigo — Fabiola bajó la mano llamándola, la perrita se hizo de rogar un poco, pero después corrió hacia ella dejándose consentir. Lo sabía, la había estado ignorando los últimos días que había estado siendo rechazada.

Román no soportaba ver a su amiga con ese estado de ánimo tan decaído, tenía la tristeza dibujada en la cara. Así que una tarde decidió llevársela a comer a la fuerza y sacarla del ambiente del laboratorio. La llevó al italian kitchen y, estando ahí, trató de convencerla de que volviera a salir con David, pero Fabiola se negó y él no pudo convencerla de lo contrario y rindiéndose decidió cambiar de tema.
—ya tengo a un sospechoso — Fabiola lo miró confundida — el problema de fuga que tenemos… en el laboratorio.
—sí, si… es cierto… como va eso?
—pues, fuera de que me lo dejaste todo a mí, ya tengo un sospechoso.
—perdona… es que tengo unas… cosas en la cabeza.
—si puedo verlo — dijo en tono sarcástico.
—bueno, y quién es?
—Miguel… de investigación.
—ahh si, si, se quién es… es él?
—es lo más probable, estamos revisando sus cuentas y demás… solo estamos esperando confirmación.
—pueden revisar sus cuentas?
—el jefe lo autorizó.
—y que dijo de que te dejé solo?
—no te preocupes, te cubrí la espalda y le dije que lo hicimos entre los dos — ella le sonrió, pero borró esa sonrisa rápidamente — me debes una, y no creas que no me cobraré.
—lo sé — dijo en tono pensativo.
—me dirás que es lo que pasa contigo — Fabiola no le dijo nada, solo lo miró a la cara — no te preocupes, ahora no quiero saberlo, pero pronto, ok?
—ok.
—presentarme a tu amiga podría ser una buena forma.
—si pudiera lo haría — dijo sin ánimos.
—algún día lo harás?
—espero que si — no insistió más. Sabía que debían estar peleadas porque tenían algo que no se veían, no quiso presionar más y le siguió platicando cómo fue que llegó a la conclusión de que era Miguel el soplón. Fabiola lo escuchaba, pero solo eso, apenas si había tocado su plato. De pronto alcanzó a ver a Luisa en una mesa con alguien (justo como la vez que la había visto con Ulises) pero no alcanzaba a ver quién era.
—qué te pasa? — Román la sacó de su ensimismamiento — de pronto pareciera como si hubieras visto un fantasma.
—nada — contestó apenas, pero él no le creyó. Siguió su mirada y se dio cuenta de a quien veía.
—no es tu amiga?
—sí, si es — contestó sombríamente, seguía observándola, parecía que estaba contenta, le sonreía a su compañero, aunque Fabiola creyó ver que era su sonrisa falsa, no podía estar segura por la distancia.
—con quien está?
—no lo sé — contestaba  distraídamente.
—parece que es ese tenista… Kenny Scott, no?
—puede ser… no lo veo bien.
—oye, es tu oportunidad perfecta para presentármela, o siguen distanciadas? — las palabras salieron sin que pudiera evitarlo, había decidido no presionarla más y a las primeras de cambio ahí estaba el, preguntándole precisamente eso.
—estamos distanciadas — dijo secamente, eso era más fácil de explicar que la verdad.
—por qué? Qué pasó? — jamás había sacado algo de ella tan fácil y pensó en probar suerte.
—problemas.
—es por lo que sospecho, verdad?
—no podrías estar más alejado de la verdad Román.
—bueno, espero y resuelvas todo con ella, y me la presentes — le sonrió y paró su interrogatorio — a ver si me animo a ir más tarde, pero deberías de volver a salir con ella, eras más feliz cuando tú y ella eran amigas — Fabiola solo lo miró. Él tenía toda la razón, pero ahora no podía hacer nada al respecto para volver a estar con ella, ya lo había intentado y había fracasado.


***

Luisa realmente disfrutaba mucho al salir con Kenny, incluso se la pasaba mucho mejor con él que con Ulises. Aun así, sentía que no llegarían muy lejos, era la misma sensación que tenía con todos los demás que había salido (lo que le había dado la fama que tenía ante la prensa).
Un tipo se acerca a ellos de pronto interrumpiéndolos y tomándola desprevenida, parecía un poco nervioso, se le hizo algo familiar pero no presto mucha atención a eso.
—hola, lamento interrumpir, podrías darme tu autógrafo? — dijo el tipo mientras le daba una hoja y una pluma.
—claro que si — contestó Luisa con la misma sonrisa con la que le sonreía a Kenny.
—muchas gracias, me encanta como juegas, ojala te recuperes pronto.
—sí, gracias — se puso roja al ver como la miraba Kenny sonriente.
—porque te sonrojaste? No debería darte pena — le dijo en cuanto el tipo se fue.
—sí, pero no me gusta mucho la atención publica
—lo sé — dijo sonriente — pero por qué?
—no sé, no me gusta ser el centro de atención, ni que fuera artista o algo así — en eso se fijó en el tipo que le había pedido el autógrafo y vio donde estaba sentado y con quien.
Al ver a Fabiola sintió como si un cubetazo de agua helada cayera sobre ella. La estaba observando y, por unos segundos, estuvieron cruzando miradas, hasta que Luisa reaccionó y le sonrió levemente saludándola pero volteando si mirada rápidamente. Fabiola no esperaba eso y trató de sonreírle igual, pero sus labios apenas dibujaron un semicírculo hacia arriba. Luego, Luisa volteó su mirada hacia Kenny y fingió que le interesaba lo que él le decía. Román se dio cuenta de todo lo que había pasado entre las dos.
—creí que habías dicho que estaban distanciadas.
—fuiste tú el que lo dijo.
—y tú lo confirmaste. Si se llevan bien, me habrías ahorrado la pena de ir a pedirle el autógrafo.
—lo siento — el ánimo de Fabiola (ya de por si decaído) logró llegar más allá del suelo — prometo que te compensare — aunque no sabía si podría cumplir esa promesa.
Terminaron de comer (Fabiola ni siquiera probó bocado) y salieron del lugar, y cuando lo hacían, Luisa les sonrió a los dos sin saber siquiera por qué.
—porque fue que pelearon? — preguntó de pronto Román — tú y ella eran muy amigas, que pasó?
—digamos que nos separamos por algún tiempo y… las cosas no volvieron a ser las mismas.
—pues deberías volver a buscarla.
—si — sonrió con tristeza — trataré.
Román acompañó la acompañó a su apartamento. Sabía que estaba triste, probablemente por desamor, pero ella no le decía nada, él solo quería ayudarla, pero ella no se lo permitía.
—sabes? Un día me tendrás que contar quien es quien te hace sentir esa tristeza — le dijo al dejarla en la puerta del edificio — lo pondré en su lugar.
—un día… a lo mejor — se despidieron y ella entró al edificio.
En el elevador, recordaba a Luisa riendo en el restaurant con ese jugador. No era su sonrisa falsa, ella la había olvidado, no había nada más que hacer, como en el juego de cartas, el ganador se lleva todo y el perdedor se tiene que retirar, y ella había perdido. Entró en el apartamento y, sin prender ninguna luz, se dejó caer en el sillón sin poder contener las lágrimas. La sra. Dalia hacia mucho rato que se había ido y solo Ludovika la recibió. Se le acercó y se subió a sus piernas. Solo ella la acompañaba cuando estaba a solas en su apartamento sumida en la tristeza. La había perdido para siempre.

Habían pasado unos días después del encuentro que había tenido con Fabiola y Luisa aún estaba enojada por lo que le habían hecho ella y Thomas, incluso Cinthia.
Con Thomas no estaba tan enojada realmente, pero si estaba resentida. Aunque Thomas no dejaba que lo alejara de ella, si estaba algo seria con él. Y Cinthia, porque se lo había ocultado? No, podía entenderlo. Pero su orgullo le decía que ella también era culpable y debía estar enojada con ella, sin importar cuantas llamadas le hiciera al día, le había mentido y ocultado todo. Sabía que no tardaba en personificarse frente a su puerta, pero por el momento, prefería evitarla.

Thomas llevaba a Luisa de su revisión con el doctor y decidió dar una vuelta por la ciudad antes de llegar al apartamento. Iban pasando por la calle granville y se detuvo en un semáforo. Luisa miraba distraída por la ventana, cuando de pronto vio a Fabiola sentada en un Starbucks, estaba con alguien, pero Luisa no la conocía.
—se llama Angélica — dijo de pronto Thomas tomándola desprevenida. Luisa solo volteó y arrugó la nariz, casi imperceptiblemente, que de no haberla estado viendo, lo habría pasado por alto. Volvió a mirarlas y en eso, ve como Fabiola le sonríe a Angélica. No era una sonrisa hermosa, sus ojos estaban tristes, pero aun así, supo que estaba perdida. La sonrisa de Fabiola la había conquistado, y de pronto, recordó que, precisamente esa sonrisa, siempre la había tenido cautivada. Y recordó entonces que era la sonrisa más hermosa del planeta, a pesar de que no tenía nada de especial, era una sonrisa normal, como la de cualquiera, pero a ella le gustaba y cada vez que sonreía, Luisa se enamoraba más de ella. Su enojo de pronto había desaparecido con tan solo verla sonreír. Thomas arrancó al cambiar el semáforo a verde y Luisa sonrió para sí derrotada. Y como para terminar de rematarla, en el radio ponen una canción del recuerdo, fly away from here. Más cosas volvieron a su memoria y en ese momento tomó una decisión.
Unas horas después de haber llegado al apartamento, su memoria había estado volviendo casi por completo. Cuando eso pasó, le dijo a Thomas  que la llevara a verla.

Angélica había llevado a Fabiola al Starbucks para sacarla del encierro en el que se había puesto desde que viera a Luisa en el restaurant con el otro jugador. Al volver al apartamento, Angélica pensó que el humor de Fabiola había mejorado un poco, pero solo un poco, con eso se conformó por el momento, ella le había contado que era definitivo que Luisa jamás la perdonaría.
Fabiola cerró la puerta al irse Angélica y se dejó caer en el sillón, como había tenido por costumbre los últimos días, y sin poderlo evitar, las lágrimas salieron de nuevo de sus ojos sin darle oportunidad a nada. Esta vez la sra. Dalia estaba ahí, la consoló diciéndole que todo se resolvería pero ella solo le decía que jamás volverían a estar juntas. La dejó un poco más calmada cuando se fue, lo hizo sin mucha convicción pero Fabiola le dijo que todo estaría bien.
Cuando estuvo de nuevo sola volvió a soltar el llanto y durante un buen rato estuvo en el sillón sin poder controlarse, hasta que lo logró, pero no se levantó, se quedó ahí recostada, hasta que el cansancio casi la había vencido, cuando escuchó que tocaban la puerta. Primero pensó que lo había imaginado, pero luego escuchó que de nuevo tocaban y Ludovika se quería volver loca ladrándole a la puerta. Se levantó en peso y se talló los ojos de camino a la puerta, pero como estaba obscuro, y no se preocupó por verse en un espejo, no se dio cuenta del desastre de ojos que llevaba por haber estado llorando. El corazón de Fabiola quiso salírsele del pecho al ver a Luisa de pie frente a ella.

***

Luisa tocó la puerta del apartamento con la mano temblorosa. Tenía la cabeza inclinada mirando el suelo, no podía levantarla, estaba recargada en las muletas y solo escuchaba que ladraba la perrita de Fabiola detrás de la puerta. Cuando sintió la mirada de Fabiola al abrir la puerta, levantó la cara y se dio cuenta que tenía los ojos rojos, y creyó que un poco hinchados. Se quedaron viéndose la una a la otra a los ojos en silencio, hasta que Luisa reaccionó dando un paso, pero por los nervios que sentía, y sumado a eso las muletas, dio un tropezón. Fabiola reaccionó rápidamente y la alcanzó a sostener en sus brazos, quedando sus caras muy cerca la una de la otra. Ludovika saltaba a los pies de Luisa exigiendo su atención, pero ella ya ni la escuchaba, estaba perdida en el olor de Fabiola, y eso, la hizo estremecerse. Fabiola lo notó y acercó su cara lentamente a la de ella sin animarse a besarla.
—me dijiste que estarías conmigo por siempre — dijo Luisa con voz temblorosa. Ella solo asintió y, por fin, junto sus labios con los de ella. Después de un par de segundos, Luisa abrió un poco la boca y correspondió ese beso y la abrazó más fuerte, apretando su cuerpo contra el de ella temiendo que tan solo fuera un sueño — y me dejaste.
—fue un caso extremo. En ninguna otra situación lo habría hecho, créeme por favor — entonces Luisa soltó las muletas dejándolas caer al piso (y casi golpeando a Ludovika) y pasó sus brazos alrededor de su cuello.
—te amo — dijo Luisa sin separar sus labios — como el día en que me llevaste a no sé dónde, con no sé quién, a que te sacaran de mi mente — Fabiola soltó una risita pero llorando al mismo tiempo. Luisa, la que nunca expresa sus sentimientos y se los guarda para ella, estaba diciéndole que la amaba — no ha cambiado nada.
—al verte riendo con él en el restaurant pensé que te había perdido, que habías dejado de quererme.
—estaba enojada — Fabiola rió de nuevo mientras las lágrimas seguían rodando por su cara — aun lo estoy — le limpio las lágrimas con su mano.
—lo sé.
—pero gracias a una estúpida canción no pude contenerme más y recordé todo, o casi todo… esta me la vas a pagar.
—lo sé… siempre y cuando estés a mi lado, no me importa pagar el precio — la abrazó aún más fuerte y la jaló dentro del apartamento. Entre tropezones, llegaron al sillón, casi pisando a Ludovika, quien aún exigía atención de ambas. Fabiola no quería soltarla, sus labios querían recuperar el tiempo perdido, las dos sentían que si se separaban, aunque fuera un instante, podrían separarse de nuevo.

Fabiola empezó a recorrer sus manos por la espalda de Luisa para lograr deshacerse de su blusa, y ella a su vez trató de hacer lo mismo, pero sus manos no cooperaban mucho, estaba nerviosa, por lo que decidió dejarlo para después y pasó a su pantalón, solo que este tampoco se lo hizo fácil. Como pudo se lo desabrochó, pero solo eso consiguió, Fabiola no la dejo seguir, cuando menos pensó, ya le había quitado la blusa sin tanto problema como ella había tenido, estaba con el short, pero al tratar de quitárselo, la férula que tenía en la pierna, lo complicó todo.
—espera… espera, no quiero lastimarte — Fabiola hizo acopio de toda su fuerza para poder detenerse mientras que Luisa la miró algo confundida — la rodilla, no quiero lastimarte y provocar retrasar tu regreso al juego.
—voy a retirarme — le dijo sonriendo.
—por qué? — preguntó sin creerlo. Ludovika saltó en eso a las piernas de Luisa y ella, por fin, le prestó atención acariciándola, aunque con algunas reservas.
—me he lastimado muchas veces.
—pero no es tan grave, puedes recuperarte fácilmente — la respiración de Fabiola estaba entrecortada.
—no, tú lo dijiste — la miró confundida — no es la primera vez que me la lastimo. Además, la muñeca y el tobillo también los tengo lesionados, no creo que aguante mucho sin lastimarme de nuevo.
—pero… tu…
—ya jugué lo suficiente.
—estás segura?
—como que estoy aquí — Fabiola sonrió y el corazón de Luisa empezó a saltarle en el pecho — además ya no es lo mismo… ya no me parece tan divertido jugar como antes, eso y que ya estoy algo grande — Fabiola la besó de nuevo y la abrazó con fuerza, no quería dejarla ir. Ludovika quedó atrapada entre las dos y se movía de un lado a otro.
—ella también te extrañó demasiado.
—yo no — dijo torciendo la boca a un lado junto con su cabeza — ya la tenías? — preguntó algo dudosa.
—tú me la regalaste, sabias que me gustaban — la cargó y la puso frente a su cara y luego se puso a jugar con ella estrujándola mientras Fabiola las veía divertida.
—me la dieron a mi… una niña? — le asintió sonriente.
—que canción fue? — Luisa la miró confundida — que canción escuchaste que te hizo recordar?
—una viejita… — la miraba confundida — de aerosmith — se quedó pensativa un par de segundos.
fly away from here? — Luisa le sonrió.
Fabiola estaba deseosa de recorrer su piel, apenas se podía contener, pero puso el freno de pronto a su deseo, tenía el resto de sus días para hacerlo, ahora lo que importaba era que ella estaba de nuevo a su lado y aun la amaba. La abrazó de nuevo pasándose a su espalda y se recostó en el sillón con ella sobre si, entre sus piernas, incluso Ludovika estaba de muy buen humor.
—que fue lo que hiciste? — le preguntó Luisa de pronto.
—que hice? — la había tomado desprevenida.
—porque te viste en la necesidad de… hacer todo esto? — se quedó en silencio sin saber que decirle. Jamás pensó en el momento en que Luisa le preguntara por lo que había hecho y no sabía cómo responderle a eso.
—no quieres saberlo — dijo en tono triste después de unos segundos.
—si… dime qué fue lo que hiciste que ameritara lo que me hiciste a mí — Luisa la agarró de la mano y empezó a pasar su dedo por todo el contorno.
—si supieras lo que hice no podrías comprenderlo — dijo en tono pensativo — soy un monstruo —creyó escuchar un leve temblor en su voz, pero no estaba segura.
—no Fabiola, no digas eso.
—sí, lo soy — Fabiola presionó su mano que estaba jugando con la suya — no tienes una idea de lo que hice.
—no importa, quiero saberlo.
—¡NO! — dijo levantándose y haciendo que Luisa se sentara provocándole un tironcito en la rodilla, ella solo frunció el ceño, pero no le dijo nada — no soportaría que supieras eso de mí.
—pero…
—no me verías igual que lo haces ahora — la interrumpió de golpe, su tono parecía ansioso.
—nada va a cambiar eso.
—si… lo hará, soy un monstruo y nada de lo que haga podrá borrar eso — Luisa se volteó trabajosamente para quedar frente a frente con ella, aunque sentada.
—podrías hacer lo que me hiciste — trató de bromear un poco para que se relajara y lograr que le sonriera, pero no fue así.
—no mi amor… jamás quiero repetir lo que pasó… no quiero que pienses que soy de lo peor y termines odiándome.
—pero Faby, si no lo hago después de lo que me hiciste, no lo hare nunca… eso jamás pasara.
—créeme, lo que te hice no se compara con eso.
—pero te amo, ni siquiera el que me borraras la memoria pudo cambiar eso.
—no sé cómo es que lo haces… no merezco que lo hagas.
—¡Fabiola! ahora creo que pecas de mártir, nada podrá cambiar eso — estiró los brazos para que ella se acerara, lo hizo y la abrazó y la beso en la frente — olvídalo ya, me lo dirás después, cuando estés lista, y si nunca lo estás, no lo hagas, yo solo quiero estar contigo.
—no lo desearías si…
—¡olvídalo! — la interrumpió — no quiero saberlo si te pondrá así, mejor llévame a dar una vuelta para que lo olvides — trató de levantarse pero no pudo y Fabiola la ayudo. Una vez de pie, salieron del apartamento y bajaron por el elevador al lobby y caminaron calle arriba hasta llegar a un Starbucks junto con Ludovika.

Las cosas salían muy bien para Fabiola. Su vida estaba en caminada a ser lo que era antes, bueno, no exactamente, ahora tenía a Angélica en su vida. Ella se había convertido en parte importante. Con Thomas, que aunque a regañadientes, se hicieron muy unidos, y Román e había demostrado que era un verdadero amigo.
Por otro lado, Luisa encontró la estabilidad que no había tenido durante ese tiempo. Fabiola era el ancla que necesitaba para dejar de andar a la deriva, era quien la hacía feliz y completa.

Cuando la sra. Dalia supo que Luisa al fin era la de antes no pudo evitar abrazarla fuertemente. Ella la recordaba, y ahora no tenía que fingir que acababa de conocerla. Duraron una tarde completa sentadas en la sala platicando y riéndose entre las dos. Fabiola estaba con ellas, pero la parte central de esa platica eran ellas, ella solo escuchaba sonriente las ocurrencias de las dos.

En cuanto Cinthia supo que Luisa había recuperado sus recuerdos sus llamadas fueron más insistentes que antes pero no obtenía respuesta. Entonces voló inmediatamente desde su país dejando incluso compromisos pendientes. Sabía que estaría Luisa estaría enojada con ella y, ahora que ya no tenía que guardar secretos, podía enfrentarse a Fabiola. Pero sabía también que Luisa terminaría perdonándola, estaba completamente enamorada de ella. Aun cuando no tenía sus recuerdos, ella podía ver que seguía en su corazón, solo que eso no ayudó a que no estuviera furiosa con Fabiola, por su culpa, ahora Luisa no respondía a sus llamadas.
Del aeropuerto fue directo al apartamento de Luisa, ella no sabía que el rio ya había vuelto a su caudal y ahora estaba en su otro apartamento. Al no encontrarla ahí volvió a marcarle con desesperación pero el resultado no cambiaba. Hasta que contestaron, pero no era quien ella esperaba.
—si?
—quién es? Fabiola?
—Cinthia…
—te dije que pagarías muy caro lo que le habías hecho, pero ahora soy yo la que pagando lo que le hiciste. Voy a hacer que te arrepientas de todo — estaba gritando en el lobby del edificio — dime dónde está? Ahora que es lo que le hiciste?
—Cinthia cálmate, no le hice nada.
—¡POR SUPUESTO QUE SÍ, Thomas y yo fuimos los que tuvimos que fingir que no pasaba nada cuando su vida se desmoronaba porque ella estaba a la deriva, y ahora pretendes volver como si no hubiera sido nada lo que tuvo que pasar?!
—sí, lo hice, no lo niego, y ojalá puedas perdonarme por ponerte en esa posición…
—¡no puedo creer que me estés pidiendo eso, ella me está evadiendo, y todo por tu culpa — la interrumpió gritando!
—lo sé, y no sabes lo que daría porque ella no se hubiera enojado contigo pero…
—¡pero nada, tuviste tu oportunidad con ella, no vuelvas a desbaratar su vida de nuevo, dime dónde está!
salió un momento y dejó su celular aquí, quieres venir? — se quedó callada por un momento, Luisa y Fabiola juntas? Podría ser que hubiera doblegado su orgullo? — Cinthia?
—ella ya no está enojada, verdad? — se había calmado un poco.
—claro que sí, pero ya no está enfurecida. Ven, no está en este momento pero llegará más tarde. Ella te necesita, es mejor que se arreglen cuanto antes, además… necesito pedirte disculpas de frente.

Fabiola estaba un poco nerviosa por tener de frente a Cinthia. Su mirada parecía que la quería matar, y no la culpaba, pero ahora Luisa no estaba tan enojada y ellas podían arreglarse. Aun así, había ocasionado esa pelea entre ellas y se sentía muy mal por eso.
—sé que no tengo disculpa, pero me gustaría que me perdonaras. Yo jamás hubiera querido provocar esto, pero no tuve otra opción.
—pudiste decirle todo — dijo Cinthia con desdén.
—tu sabes que ella hubiera hecho algo, la policía, enfrentarse al tipo ese, que se yo. Hubiera sido peor — Cinthia sabía que tenía razón.
—ok… tienes razón, aun así…
—lo sé, y si pudiera cambiar las cosas, créeme, lo haría, no habría perdido tanto tiempo sin ella a mi lado — el enojo de Cinthia disminuía poco a poco, sabía que Fabiola la había pasado mal y después de todo, lo había hecho por el bien de Luisa.
—yo solo te acepté porque ella me lo pidió.
—lo sé — Cinthia se quedó pensativa un par de segundos y luego suspiro.
—ya te lo dije cuando la alejaste de mí una vez, y te lo digo de nuevo, si la lastimas te voy a perseguir por todo el mundo y te voy a asesinar — Fabiola medio sonrió.
—lo se… me perdonas entonces? — se quedó mirándola un par de segundo y luego le sonrió y la abrazó. Fabiola no se lo esperaba, pero le alegró que lo hiciera. Ambas se apreciaban mucho por lo que significaba cada una para Luisa.
—si algo así vuelve a pasar dime, quizás entre las dos encontremos una mejor solución.
—lo prometo.

Apenas había entrado Luisa al apartamento, Cinthia se echó encima de ella sin darle oportunidad a nada. La había abrazado aprisionando sus brazos de modo tal que no podía salir de su abrazo por más que lo intentara. Cuando Luisa rió después de los muchos besos que Cinthia le daba en el cachete (alguno que otro con un poco de baba), las cosas entre las dos volvieron a ser las de antes. Fabiola las veía divertida, y sabía que Cinthia le robaría a su princesa por todo lo que quedaba de la tarde, incluso del día siguiente. Era demasiado tiempo para ella, pero no podía hacer mucho, sabía que de ese modo se cobraría.

Cuando por fin se la devolvieron, Fabiola le presentó a Angélica y le dijo dónde y cómo la había conocido, evitando mencionarle la relación que se había desarrollado entre ellas. Luisa se comenzó a portar distante con ella desde el principio, no era grosera con ella ni nada por el estilo, y tampoco era muy notorio, mantenía su distancia, no sabía porque, pero sentía que algo no le cuadraba con respecto a ella. Fabiola le dijo que todo era producto de su imaginación y no insistió más, pero siguió comportándose igual con ella, había algo que no le gustaba de ella con el modo que tenia de ver a Fabiola en ocasiones, o su actitud, aunque no sabía que era exactamente.
A Thomas si le había caído bien y no entendía el comportamiento de Luisa hacia ella, pero la conocía bien como para saber de antemano que, a menos que ella cambiara de opinión por sí sola, no podría persuadirla de que lo hiciera.

En ese tiempo, la rodilla de Luisa había sanado y ya no necesitaba la férula, pero aun no volvía a la actividad física normal. Le había dicho a Thomas que estaba pensando en retirarse, le explicó sus razones y una de ellas era que ya no le llenaba tanto estar jugando como antes, y sumado a eso, las lesiones que no dejaban de aparecer, así que lo mejor era dejarlo. Después de mucho insistir y persuadirla, Thomas logró convencerla de que se esperara por lo menos un año más para pensar mejor las cosas y probar suerte y ver si podría ganar los cuatro torneos grandes, cosa que Luisa no creía que pasara.

Un día, después de haber estado entrenando con Thomas en el club, volvía al apartamento y, al entrar, no encontró a Fabiola, ni siquiera la sra. Dalia, solo a Ludovika. Dejó sus llaves y su celular en la mesita de la estancia y se dio cuenta que Fabiola había dejado la laptop abierta sobre ella, entonces supuso que no tardaría. Pero luego la curiosidad se encendió automáticamente y, sin pensarlo mucho, se sentó en el sillón frente a la laptop, con Ludovika en brazos, y empezó a ver en lo que trabajaba Fabiola. En eso estaba cuando se topa con un archivo llamado M. Alexander. El nombre le pareció raro y lo abrió. Era algún tipo de diario que Fabiola había llevado, pero se le hizo algo extraño, sabía que no escribía ningún diario. También venían algunas fórmulas en ese archivo, lo que era un poco más extraño. Estaba atentamente leyendo, cuando Fabiola entró al apartamento, y al verla frente a la laptop, su sonrisa se borró de inmediato. Luisa la veía con una mirada que sintió como si la juzgara por lo que hubiera leído y de pronto sintió pánico.
—Lulú no… que… — corrió hacia donde estaba y cerró la laptop de golpe. Ella se levantó abruptamente dejando caer a Ludovika a sus pies.
—quien es M. Alexander? — preguntó en tono distante.
—no es nadie — dijo Fabiola confirmando su temor — no, no tiene nada que ver contigo…
—en verdad hiciste eso que dice ahí? — preguntó señalando la laptop. Fabiola sintió como si le quitaran el piso, no sabía que contestarle.
—no… si… es que…
—Fabiola — dijo en tono calmado, pero determinante — lo hiciste?
—si — contestó después de unos segundos con las lágrimas por salir — pero no…
—ese virus — la interrumpió de nuevo. Fabiola pensó que la perdería, la perdería después de todo lo que había tenido que pasar para recuperarla — es la razón por la que me borraste la memoria? — asintió lentamente — y fue el que usaron en ese parque que mencionas ahí? — señaló la laptop de nuevo, y de nuevo, asintió. Luego se quedó en silencio, Fabiola estaba aterrada de que pensara que era un monstruo — M. Alexander es quien te obligó a hacerlo?
—si — contestó bajando la cabeza y sentándose en el sillón devastada.
Luisa no le decía nada, pero ella podía sentir su mirada sobre ella, juzgándola.
Después de unos segundos, Luisa se sentó frente a ella en la mesita, le levantó la cara de la barbilla y le sonrió.
—era eso lo que no querías contarme cuando te pregunté antes? — asintió aun con expresión de miedo.
—es algo horrible lo que hice, no… — Luisa puso su dedo sobre sus labios callándola.
—tú no hiciste nada, bueno si, me borraste la memoria — dijo guiñándole un ojo — eso aún me la debes, pero fuera de eso, no tienes nada de que sentirte culpable, entiendo porque lo hiciste.
—pero yo hice ese virus — su expresión ahora era de remordimiento.
—pero no porque quisieras — volvió a sonreírle — olvida todo eso y concéntrate en compensarme por lo que me hiciste — Fabiola le sonrió levemente y Luisa la besó tiernamente en la nariz. Era la primera vez que lo hacía desde que habían vuelto a estar juntas, y entonces supo en ese momento, que todo volvería a ser como antes. La besó en los labios y la agarró de las manos levantándose para guiarla hacia el cuarto, al mismo cuarto que había sido testigo de lo que sentían la una por la otra hacia tanto tiempo y lo sería una vez más y esta vez para siempre.


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